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Depresión

Por

William Coryell

, MD, Carver College of Medicine at University of Iowa

Última revisión completa mar. 2020
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Datos clave
NOTA: Esta es la versión para el público general. MÉDICOS: Hacer clic aquí para la versión para profesionales
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El trastorno por depresión se caracteriza por la existencia de un sentimiento de tristeza lo suficientemente intenso como para interferir en el desarrollo de las actividades habituales y/o por una reducción del interés o del placer en actividades que solían ser del agrado de la persona afectada. Puede sobrevenir tras la pérdida de un ser querido u otro acontecimiento doloroso, aunque con respecto a este resulta desproporcionado y de una duración mayor a la esperada.

  • Pueden contribuir a la depresión factores diversos: hereditarios, efectos secundarios de determinados medicamentos, acontecimientos dolorosos con elevada carga emocional y cambios en los niveles hormonales o de otras sustancias presentes en el organismo, entre otros factores.

  • La depresión genera un cuadro de tristeza y decaimiento y/o de pérdida del interés y del placer en la realización de actividades que solían ser del agrado de la persona afectada.

  • El médico basa el diagnóstico en los síntomas.

  • El tratamiento con antidepresivos, la psicoterapia y en ocasiones la terapia electroconvulsiva son beneficiosos.

El término depresión se utiliza a menudo para describir un estado de ánimo triste o desalentador que es consecuencia de acontecimientos emocionalmente angustiosos, como un desastre natural, una enfermedad grave o la muerte de un ser querido. Una persona puede decir que se siente deprimida en ciertos momentos, como durante las vacaciones (depresión vacacional) o en el aniversario de la muerte de un ser querido. Sin embargo, estos sentimientos no suelen implicar un trastorno. Por lo general estos sentimientos son temporales, ya que duran días y no semanas o meses y ocurren en oleadas que tienden a estar relacionadas con pensamientos o recuerdos del acontecimiento traumático. Además, estos sentimientos no interfieren sustancialmente con el funcionamiento normal de la persona durante ningún periodo de tiempo.

Después de la ansiedad, la depresión es el trastorno de salud mental más frecuente. Alrededor del 30% de las personas que acuden a la consulta de un médico de atención primaria presentan síntomas de depresión, pero menos del 10% de tales personas sufren depresión grave.

La depresión suele iniciarse en la adolescencia o entre los 20 y los 30 años, si bien existe la posibilidad de que comience a cualquier edad, incluida la infancia.

Si no se trata, un episodio de depresión suele durar alrededor de 6 meses, pero a veces se prolonga durante 2 años o más. Los episodios tienden a repetirse varias veces a lo largo de la vida.

Edad y salud: depresión

La depresión afecta aproximadamente a una de cada seis personas de edad avanzada. Algunos ancianos tuvieron episodios de depresión en etapas anteriores de su vida, otros los desarrollan por primera vez durante la vejez.

Causas de depresión en personas de edad avanzada

Algunas causas de la depresión pueden ser más frecuentes entre las personas de edad avanzada. Por ejemplo, las personas de edad avanzada son más propensas a experimentar acontecimientos emocionales traumáticos que impliquen pérdidas, como la muerte de un ser querido o la pérdida del entorno familiar (como una mudanza del domicilio habitual). También pueden contribuir otras fuentes de estrés, como los reducidos ingresos económicos, el empeoramiento de una enfermedad crónica, la pérdida gradual de independencia o el aislamiento social.

Los trastornos que pueden conducir a una depresión son frecuentes entre las personas de edad avanzada. Entre estos trastornos se encuentran el cáncer, el infarto de miocardio, la insuficiencia cardíaca, los trastornos tiroideos, los accidentes cerebrovasculares, la demencia y la enfermedad de Parkinson.

Depresión frente a demencia

En los ancianos, la depresión puede causar síntomas similares a los de la demencia: ralentización del pensamiento, disminución de la concentración, confusión y problemas de memoria. Sin embargo, los médicos diferencian la depresión de la demencia, ya que al tratar la depresión las personas afectadas recuperan su estado cognitivo previo. Las personas con demencia no. Además, los afectados por depresión se quejan amargamente de su pérdida de memoria y rara vez olvidan los acontecimientos importantes de actualidad o los asuntos personales. Por el contrario, los afectados por demencia suelen negar la pérdida de memoria.

Diagnóstico de la depresión en personas de edad avanzada

La depresión es a menudo difícil de diagnosticar en la población anciana por varias razones:

  • Los síntomas pueden ser menos perceptibles, ya que las personas mayores no suelen trabajar y tienen por lo tanto menos interacciones sociales.

  • Algunas personas creen que la depresión es un signo de debilidad y son reacios a explicar que sienten tristeza u otros síntomas.

  • La ausencia de expresión emocional se interpreta a veces como indiferencia y no como indicio de depresión.

  • Frecuentemente los familiares y las amistades consideran que los síntomas depresivos solo significan que la persona se está haciendo mayor.

  • Los síntomas pueden ser atribuidos a otras enfermedades, como la demencia.

Dado que la depresión es a veces difícil de identificar, es frecuente que los médicos realicen, de forma periódica, preguntas a la persona de edad avanzada acerca de su estado de ánimo. Los miembros de la familia deben estar atentos a cambios sutiles en la personalidad, en especial falta de entusiasmo y espontaneidad, pérdida del sentido del humor y aparición de despistes.

Tratamiento de la depresión en personas de edad avanzada

Los inhibidores de la recaptación selectiva de serotonina (ISRS) son, actualmente, la clase de antidepresivos de uso más frecuente en las personas mayores deprimidas, ya que suelen tener menos efectos secundarios. El citalopram y el escitalopram son particularmente eficaces.

Causas

La causa exacta de la depresión no se conoce bien. Hay una serie de factores que predisponen probablemente a la depresión. Los factores de riesgo incluyen

  • Una tendencia familiar (hereditaria)

  • Acontecimientos que provocan alteraciones emocionales, en especial las pérdidas

  • El sexo femenino, posiblemente en relación con los cambios en los niveles hormonales

  • Ciertos trastornos orgánicos

  • Efectos secundarios de algunos fármacos

La depresión no refleja debilidad de carácter y tampoco ha de estar necesariamente relacionada con un trastorno de la personalidad, un trauma infantil o una carencia en la atención de los progenitores. La clase social, la ascendencia y los aspectos culturales no parecen intervenir en la posibilidad de sufrir depresión alguna vez en la vida.

Los factores genéticos contribuyen a la depresión en aproximadamente la mitad de las personas que la padecen. Por ejemplo, la depresión es más frecuente entre los familiares de primer grado (sobre todo en un gemelo idéntico) de las personas con depresión. Factores genéticos pueden afectar a la funcionalidad de las sustancias que ayudan a las neuronas a comunicarse (neurotransmisores). La serotonina, la dopamina y la norepinefrina son neurotransmisores que pueden estar implicados en la depresión.

Las mujeres son más propensas que los varones a sufrir depresión, aunque las razones no se conocen bien. Los factores hormonales son los factores biológicos que parecen estar más implicados en la aparición de depresión. La alteración de los valores hormonales puede causar cambios de humor justo antes de la menstruación (tensión premenstrual), como parte del síndrome premenstrual, durante el embarazo y después del parto. Algunas mujeres sufren depresión durante el embarazo o durante las 4 primeras semanas después del parto (lo que se conoce como tristeza o melancolía puerperal o, si la depresión es más grave, depresión puerperal o posparto). Otro factor de predisposición bastante frecuente en las mujeres es la alteración funcional de la glándula tiroidea.

La depresión puede darse conjuntamente con una serie de trastornos o factores físicos o tener su origen en estos. Los trastornos físicos pueden causar depresión directamente (por ejemplo, cuando un trastorno tiroideo afecta a los niveles hormonales) o indirectamente (por ejemplo, cuando la artritis reumatoide causa dolor y discapacidad). Con frecuencia un trastorno físico causa depresión de forma directa e indirecta a la vez. Por ejemplo, la causa de la depresión por sida es directa si el virus causante de la enfermedad (virus de la inmunodeficiencia humana, VIH) lesiona el cerebro. En cambio, la causa de la depresión es indirecta cuando es debida a la repercusión globalmente negativa de la enfermedad en la vida de la persona.

Muchas personas refieren sentirse más tristes al final del otoño y durante el invierno, y atribuyen esta tendencia al acortamiento de las horas de luz natural y a las temperaturas más bajas. Sin embargo, en algunas personas, esta tristeza es lo suficientemente grave como para ser considerada un tipo de depresión (denominada trastorno afectivo estacional).

El uso de algunos medicamentos de venta con receta, como algunos betabloqueantes (utilizados para tratar la hipertensión), puede causar depresión. Por razones desconocidas, los corticoesteroides a menudo causan depresión cuando el organismo los produce en grandes cantidades como parte de un trastorno (como en el síndrome de Cushing), pero tienden a causar hipomanía (una forma más leve de manía) o, en muy pocos casos, manía, cuando se administran como medicación. A veces la interrupción de un tratamiento farmacológico puede causar una depresión temporal.

Existen diversos trastornos de la salud mental que predisponen a una persona a la depresión. Entre ellos se encuentran ciertos trastornos de ansiedad, el alcoholismo, otros trastornos por uso de sustancias y la esquizofrenia. Una persona que haya sufrido depresión tiene, en relación con las otras personas, mayor probabilidad de padecerla nuevamente.

Los acontecimientos angustiosos desde el punto de vista emocional, como la pérdida de un ser querido, pueden desencadenar a veces una depresión, pero por lo general solo en personas que están predispuestas a sufrirla, como las que cuentan con un historial familiar de depresión. No obstante, la depresión puede aparecer o empeorar sin que concurra ningún factor de estrés vital aparente o significativo.

Tabla
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Algunas causas de la depresión

Trastorno

Ejemplos

Trastornos del cerebro y del sistema nervioso

Demencia (en estadios iniciales)

Crisis epilépticas que afectan el lóbulo temporal (crisis epilépticas parciales complejas)

Cánceres

Cáncer diseminado por el organismo (metástasis)

Trastornos del tejido conjuntivo

Trastornos hormonales

Niveles altos de hormona paratiroidea (hiperparatiroidismo)

Niveles bajos o altos de hormona tiroidea (hipotiroidismo o hipertiroidismo)

Niveles bajos de hormonas hipofisarias (hipopituitarismo)

Niveles bajos de testosterona (hipogonadismo)

Infecciones

Sífilis (en fases finales)

Neumonía viral

Trastornos mentales distintos de los trastornos del estado de ánimo

Demencia en estadios iniciales

Trastornos de la alimentación

Pelagra (deficiencia de vitamina B6)

Anemia perniciosa (un tipo de deficiencia de vitamina B12)

Otros trastornos

Fármacos o sustancias

Anfotericina B

Betabloqueantes (algunos)

Cimetidina

Anticonceptivos orales

Corticoesteroides

Cicloserina

Terapia hormonal ( estrógeno o progesterona)

Interferón

Mercurio

Metildopa

Metoclopramida

Reserpina

Talio

Vinblastina

Vincristina

Síntomas

Los síntomas de la depresión evolucionan habitualmente de forma gradual a lo largo de días o semanas y pueden ser muy variables. Por ejemplo, una persona que se está deprimiendo puede mostrarse aletargada y triste, o irritable y ansiosa.

Muchas personas con depresión no son capaces de experimentar de forma normal ciertas emociones, como el duelo, la alegría y el placer. Puede parecerles que el mundo se ha vuelto carente de vida y de estímulos. Pierden interés en las actividades de las que solían disfrutar o no experimentan ninguna satisfacción al realizarlas.

Las personas deprimidas se preocupan con intensos sentimientos de culpabilidad y autodenigración, y es posible que pierdan la capacidad de concentrarse. Pueden experimentar sentimientos de desesperación, soledad e inutilidad. Suelen presentar dificultades para tomar decisiones; se muestran retraídas, con frecuentes sentimientos de desamparo y desesperanza que aumentan a medida que evoluciona la enfermedad, y piensan en la muerte y en el suicidio.

La mayoría de las personas depresivas tienen dificultad para conciliar el sueño y se despiertan repetidamente, sobre todo de madrugada. Algunas personas con depresión duermen más de lo habitual.

La falta de apetito y la pérdida de peso pueden conducir a la caquexia, y en las mujeres puede interrumpirse la menstruación. Sin embargo, el exceso alimentario y el aumento de peso son frecuentes en personas con depresión leve.

Algunas personas deprimidas descuidan su higiene personal e incluso a sus hijos, a otros seres queridos o a sus mascotas. Algunas se quejan de padecer una enfermedad física, que les ocasiona diversas molestias y dolor.

El término depresión se utiliza para describir varios trastornos relacionados:

  • Trastorno depresivo mayor

  • Trastorno depresivo persistente

  • Trastorno disfórico premenstrual

Trastorno depresivo mayor

Las personas con trastorno depresivo mayor están deprimidas la mayoría de los días durante 2 semanas por lo menos. Suelen presentar un aspecto triste y abatido, tener a menudo los ojos llenos de lágrimas, y mostrarse con el ceño fruncido y las comisuras de los labios hacia abajo. Pueden mostrarse decaídos y evitar el contacto visual. Apenas pueden moverse, muestran poca expresividad facial y hablan en un tono monótono.

¿Sabías que...?

  • La depresión implica más aspectos que el de sentirse triste de manera permanente: la persona se siente inútil y culpable, pierde interés en lo que habitualmente le resultaba placentero o satisfactorio, sufre trastornos del sueño y pérdida o ganancia de peso.

Trastorno depresivo persistente

La persona afectada por el trastorno depresivo persistente ha estado deprimida durante la mayor parte del tiempo a lo largo de 2 años o más.

Los síntomas comienzan gradualmente, a menudo durante la adolescencia, y pueden durar años o décadas. El número de síntomas que se encuentran presentes a la vez es variable y en ocasiones son menos graves que en una depresión mayor.

Las personas con este trastorno pueden ser taciturnas y pesimistas, escépticas, y pueden haber perdido el sentido del humor o la capacidad de divertirse. Algunas se muestran pasivas, apáticas e introvertidas. Algunas de ellas se quejan constantemente y son muy propensas a criticar a otros y a hacerse reproches a sí mismas. Puede preocuparles su propia incompetencia, el fracaso y los acontecimientos negativos, en ocasiones hasta el punto de encontrar un goce morboso en sus propios fracasos.

Trastorno disfórico premenstrual

Los síntomas graves se producen antes de la mayoría de los períodos menstruales y desaparecen una vez que estos terminan. Los síntomas causan un malestar significativo y/o provocan un deterioro funcional considerable en la persona que los padece. Los síntomas son similares a los del síndrome premenstrual pero son más graves, de modo que causan muchas molestias e interfieren negativamente en el funcionamiento normal en el trabajo y en las interacciones sociales.

El trastorno disfórico premenstrual puede aparecer por primera vez en cualquier momento después de que las niñas comiencen a menstruar. Puede empeorar a medida que las mujeres se acercan a la menopausia, pero termina después de la menopausia. Afecta al 2-6% de las mujeres que están menstruando.

Las mujeres con trastorno disfórico premenstrual tienen cambios de humor y, de repente, se entristecen y lloran. Se muestran irritables y se enojan fácilmente. Se sienten muy deprimidas, desesperadas, ansiosas y nerviosas. Pueden sentirse abrumadas o fuera de control. Suelen menospreciarse a sí mismas.

Al igual que ocurre en otros tipos de depresión, las afectadas por este trastorno pueden perder interés en sus actividades habituales, tener dificultad para concentrarse y sentirse cansadas y sin energía. Pueden comer demasiado y tener antojo de determinados alimentos. Pueden dormir demasiado poco o en exceso.

Como les ocurre a muchas mujeres cuyo periodo está a punto de comenzar, estas mujeres pueden notar los pechos hinchados y dolorosos a la palpación y/o los músculos y las articulaciones doloridos. Pueden sentirse hinchadas y aumentar de peso.

Especificadores

Los médicos utilizan ciertos términos para describir los síntomas específicos que pueden presentar las personas con depresión. Dichos términos incluyen

  • Desasosiego ansioso: la persona se siente tensa e inusualmente inquieta. Tiene dificultad para concentrarse porque teme que pueda suceder algo horrible o que pueda perder el control de sí misma.

  • Mixto: la persona también presenta tres o más síntomas de manía. Estos síntomas incluyen sensación de euforia y/o exceso de confianza y, además, la persona habla más de lo normal, duerme poco y muestra un pensamiento acelerado. Estas personas no presentan todos los síntomas requeridos para un diagnóstico de trastorno bipolar, pero corren riesgo de desarrollarlo.

  • Melancólico: las personas afectadas ya no experimentan satisfacción con ninguna de las actividades con las que solían disfrutar. Se muestran lentas, tristes y desanimadas. Hablan poco, dejan de comer y pierden peso. Se sienten culpables de modo exagerado y sin motivo real. A menudo se despiertan temprano y no pueden volver a dormirse.

  • Atípico: la persona se puede animar temporalmente cuando sucede algo bueno, como la visita de sus hijos. Puede aumentarles el apetito, por lo que ganan peso. Pueden dormir durante largos períodos de tiempo. Son excesivamente sensibles a lo que perciben como críticas o rechazos. Pueden sentirse lastrados, como si apenas pudieran mover las piernas.

  • Psicótica: las personas afectadas presentan creencias falsas (delirios); a menudo piensan que han cometido pecados o delitos imperdonables, que sufren enfermedades incurables o vergonzosas, o que están siendo observadas o perseguidas. Algunas tienen alucinaciones, por lo general voces que les acusan de delitos diversos o les condenan a muerte.

  • Catatónica: las personas afectadas se muestran muy retraídas. El pensamiento, el lenguaje y la actividad general disminuyen hasta el punto de cesar toda actividad voluntaria. Algunas personas imitan el habla (ecolalia) o los movimientos (ecopraxia) de otros.

  • Estacional: los episodios de depresión tienen lugar en una determinada época del año, que suele comenzar en otoño o en invierno y finalizar en primavera. Estos episodios son más frecuentes en las latitudes extremas del norte y del sur, donde el invierno es por lo general más largo y riguroso. La persona se muestra lenta. Se pierde el interés por las actividades habituales, y dejan de hacerlas. También puede dormir demasiado y comer en exceso.

Suicidio

Los pensamientos sobre la muerte son uno de los síntomas más graves de depresión. Muchos depresivos desean morir o sienten que valen tan poco que merecen morir. El 15% de las personas deprimidas que no reciben tratamiento acaba su vida suicidándose.

Una amenaza de suicidio es una situación de urgencia. Cuando alguien amenaza con quitarse la vida, el médico puede procurar su hospitalización con el fin de mantenerle bajo supervisión hasta que el tratamiento reduzca el riesgo de suicidio. Dicho riesgo es especialmente alto en los casos siguientes:

  • Cuando la depresión no es tratada o se trata de modo inadecuado

  • Al inicio del tratamiento (momento en que la persona comienza a sentirse más activa desde el punto de vista físico y psíquico, pero su estado de ánimo se mantiene sombrío)

  • Con motivo de un aniversario importante

  • Cuando existe una oscilación entre la depresión y la manía (trastorno bipolar).

  • Cuando la persona se siente muy ansiosa

  • Cuando la persona toma alcohol o consume drogas asociadas a la vida recreativa

  • En las semanas o meses después de que la persona haya intentado suicidarse, particularmente si utilizó un método violento

Abuso de sustancias

Las personas con depresión son más propensas a abusar del alcohol o de otras drogas recreativas en un intento de facilitarse el sueño o de sentirse menos ansiosas. Sin embargo, la depresión conduce al consumo de alcohol y a otros trastornos por consumo de sustancias con menos frecuencia de lo que se pensaba.

Se tiene una mayor propensión a fumar en exceso y a descuidar la salud. Por lo tanto, aumenta el riesgo de aparición o empeoramiento de otras enfermedades, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

Otros efectos de la depresión

La depresión puede reducir la capacidad del sistema inmunitario para responder frente a los invasores externos o peligrosos, tales como microorganismos o células cancerosas. En consecuencia, las personas con depresión tienen mayor probabilidad de sufrir infecciones.

Además, la depresión aumenta el riesgo de desarrollar trastornos cardíacos y vasculares (como infartos y accidentes cerebrovasculares). La razón puede ser que la depresión causa ciertas alteraciones físicas que incrementan este riesgo. Por ejemplo, el organismo produce más cantidad de sustancias que ayudan a la coagulación de la sangre (factores de coagulación), y el corazón tiene una menor capacidad para modificar la velocidad con la que late como respuesta a diferentes situaciones.

Diagnóstico

  • Evaluación médica

  • Pruebas que permiten identificar los trastornos que pueden causar depresión.

Generalmente, el médico diagnostica la depresión basándose en los síntomas. Los médicos utilizan listas específicas de los síntomas (criterios) para diagnosticar los diferentes tipos de trastornos depresivos. Para facilitar la distinción entre la depresión y los cambios normales del estado de ánimo, los médicos determinan si los síntomas están causando una angustia significativa a la persona afectada, o bien menoscaban de manera significativa su capacidad para desenvolverse. La existencia de antecedentes personales o familiares de depresión ayuda a confirmar el diagnóstico.

La presencia de una preocupación excesiva, ataques de angustia y obsesiones son frecuentes en la depresión, de modo que el médico puede pensar, erróneamente, que la persona tiene un trastorno de ansiedad.

En personas de edad avanzada, es difícil determinar la existencia de un trastorno depresivo, sobre todo si no trabajan o tienen poca interacción social. Además, la depresión puede confundirse con la demencia, porque sus síntomas pueden llegar a ser similares, como por ejemplo la confusión y la dificultad para concentrarse y pensar con claridad. Sin embargo, si tales síntomas son debidos a una depresión, se curan con el tratamiento antidepresivo. Cuando la causa es la demencia, no remiten.

Existen cuestionarios estandarizados que se emplean para la identificación de cuadros depresivos y para la determinación de su gravedad, pero no pueden utilizarse como única herramienta para diagnosticar la depresión. Dos de ellos son la escala de valoración de Hamilton, realizada de manera verbal por un entrevistador, y el inventario para la depresión de Beck, cuestionario que debe rellenar la persona afectada. Existe un cuestionario de escala de depresión geriátrica para las personas de edad avanzada. Los médicos también suelen preguntar a su paciente si piensa en dañarse a sí mismo o si tiene planes para ello. Tales pensamientos indican que la depresión es grave.

Pruebas complementarias

No hay pruebas que puedan confirmar la existencia de depresión. Sin embargo, las pruebas de laboratorio ayudan al médico a determinar si la causa de la depresión es un trastorno hormonal u otro tipo de trastorno orgánico. Por ejemplo, se suelen realizar análisis de sangre para detectar un trastorno tiroideo o un déficit vitamínico. En pacientes jóvenes es necesario realizar análisis para descartar la drogadicción.

Dado que la enfermedad de Parkinson también origina algunos síntomas similares a los de la depresión, se suele realizar un minucioso examen neurológico.

En personas con un grave trastorno del sueño se realizan pruebas (polisomnografía) para diferenciar los trastornos del sueño y la depresión.

Tratamiento

  • Tratamiento complementario

  • Psicoterapia

  • Fármacos, principalmente antidepresivos

La mayoría de las personas con depresión no requieren ser hospitalizadas. Sin embargo, algunas personas sí lo requieren, especialmente si tienen ideas de suicidio o lo han intentado, si están demasiado débiles por la pérdida de peso o si tienen riesgo de sufrir problemas cardíacos a causa de su estado de inquietud.

El tratamiento depende de la gravedad y del tipo de depresión:

  • Depresión leve: tratamiento complementario (incluyendo visitas frecuentes al médico y educación) y psicoterapia

  • Depresión entre moderada y grave: fármacos, psicoterapia, o ambos, y en ocasiones terapia electroconvulsiva.

  • Depresión estacional: fototerapia

Habitualmente, la depresión puede tratarse con éxito. Si se ha identificado una causa (como una sustancia o algún trastorno determinado), hay que corregirla en primer lugar, pero también pueden ser necesario el tratamiento farmacológico de la depresión.

Tratamiento complementario

El médico puede programar visitas o llamadas telefónicas cada semana o cada dos semanas para las personas con depresión. El médico explica a la persona afectada y a sus familiares que la depresión tiene causas físicas y que requiere un tratamiento específico, que suele ser eficaz. El médico les tranquiliza diciéndoles que la depresión no refleja un defecto de carácter, como una debilidad. Es importante que los miembros de la familia comprendan el trastorno, participen en el tratamiento y brinden apoyo.

Aprender acerca de la depresión puede ayudar a las personas a entender el trastorno y lidiar con él. Por ejemplo, se puede aprender que el camino hacia la recuperación es a menudo desigual y que los episodios de tristeza y de pensamientos oscuros pueden reaparecer, pero se detendrán. Así, se puede poner cualquier retraso en perspectiva y la persona afectada es más propensa a continuar con su tratamiento y no darse por vencida.

Ser más activo, por ejemplo dando paseos y haciendo ejercicio de forma regular, puede ser beneficioso, así como interactuar más con otras personas.

Los grupos de apoyo como la Depression and Bipolar Support Alliance, DBSA, pueden ser beneficiosos, ya que proporcionan la oportunidad de compartir experiencias y sentimientos comunes.

Psicoterapia

La psicoterapia como único tratamiento puede ser tan eficaz como la terapia farmacológica en el tratamiento de la depresión leve. Combinada con fármacos, puede ser eficaz en la depresión grave.

La psicoterapia individual o de grupo ayuda a la persona que sufre depresión a hacerse cargo gradualmente de sus anteriores responsabilidades y a adaptarse a las presiones normales de la vida. La terapia interpersonal se centra en los papeles sociales del pasado y presente de la persona, identifica los problemas que aparecen en la interacción con los demás y proporciona orientación cuando la persona se adapta a los cambios en los papeles de la vida. La terapia cognitivo-conductual puede ayudar a combatir el desánimo y los pensamientos negativos.

Terapia con medicamentos para la depresión

Existen varios tipos de fármacos antidepresivos disponibles (véase la tabla Fármacos utilizados para tratar la depresión) entre los que se incluyen los siguientes:

Los psicoestimulantes, entre ellos el metilfenidato y la dextroanfetamina, se suelen prescribir junto con los antidepresivos. Los psicoestimulantes se utilizan para aumentar el estado de alerta mental y la conciencia.

El hipérico (hierba de San Juan), una planta utilizada como suplemento dietético, se usa en algún caso para aliviar la depresión leve, aunque no se ha comprobado su efectividad. Debido a la existencia de interacciones potencialmente nocivas entre el hipérico y muchos tratamientos farmacológicos, las personas interesadas en tomar este suplemento dietético deben consultar con su médico sobre las posibles interacciones con su medicación.

Terapia electroconvulsiva

La terapia electroconvulsiva (TEC) (en el pasado denominada en ocasiones "terapia de choque") se usa algunas veces en el tratamiento de personas con depresión grave, incluyendo a personas psicóticas, que amenazan con suicidarse o se niegan a comer. Se utiliza también para tratar la depresión que acontece durante el embarazo, cuando los fármacos resultan ineficaces.

Este tipo de terapia suele ser muy eficaz y puede aliviar con rapidez los síntomas depresivos, a diferencia de la mayoría de los antidepresivos, cuyo efecto tarda en producirse incluso semanas. La velocidad con que actúa puede salvar vidas. Una vez se termina la terapia electroconvulsiva, los episodios de depresión pueden reaparecer. Para ayudar a evitar que reaparezcan, los médicos a menudo recetan antidepresivos.

En el procedimiento de la terapia electroconvulsiva, se colocan unos electrodos en la cabeza y se aplica una corriente eléctrica para inducir una convulsión en el cerebro. Por razones desconocidas, las convulsiones alivian la depresión. Generalmente se administran un mínimo de 5 a 7 sesiones, a días alternos.

Como la descarga eléctrica puede provocar contracciones musculares y dolor, es necesario aplicar anestesia general durante los tratamientos. La terapia electroconvulsiva puede originar alguna pérdida temporal de memoria y, en muy escasas ocasiones, una pérdida permanente de memoria.

Fototerapia

La fototerapia con una caja de terapia de luz es el tratamiento más eficaz para la depresión estacional, pero también puede ser beneficiosa para otros tipos de trastornos depresivos.

La fototerapia consiste en sentarse a una distancia determinada de una caja de luz que emite luz con la intensidad necesaria. A la persona se le indica que no mire directamente a la luz y que permanezca frente a esta durante 30 a 60 minutos diarios. La fototerapia puede realizarse en el propio domicilio.

Si la persona se acuesta tarde y se levanta tarde, la fototerapia es más efectiva por la mañana. Si la persona se acuesta temprano y se levanta temprano, la fototerapia es más efectiva a última hora de la tarde.

Otras terapias

Se pueden probar otras terapias que estimulan el cerebro cuando otros tratamientos no son efectivos. Entre estos factores se incluyen los siguientes

  • Estimulación magnética transcraneal repetitiva

  • Estimulación del nervio vago

Se cree que las células estimuladas liberan mensajeros químicos (neurotransmisores) que ayudan a regular el estado de ánimo y, por tanto, pueden aliviar los síntomas de la depresión. Estos tratamientos pueden resultar de utilidad a aquellas personas con depresión grave que no responden a los fármacos o a la psicoterapia.

En la estimulación magnética transcraneal repetitiva, se coloca una bobina electromagnética sobre la frente, cerca de la zona del cerebro que se cree que interviene en la regulación del humor. El electroimán produce pulsos magnéticos indoloros que los médicos piensan que estimulan las células nerviosas del área específica del cerebro que se desea activar. Los efectos secundarios más habituales son dolores de cabeza y molestias en la zona en la que se coloca el dispositivo.

Para la estimulación del nervio vago, se implanta un dispositivo parecido a un marcapasos bajo la clavícula izquierda y se conecta al nervio vago en el cuello con un cable que pasa por debajo de la piel. (El par de nervios vagos discurre desde el tronco cerebral, ubicado cerca de la base del cráneo, a través del cuello y descendiendo por cada lado del tórax y el abdomen hasta órganos como el corazón y los pulmones). El dispositivo se programa para estimular periódicamente el nervio vago con una señal eléctrica indolora. Puede ser útil para la depresión cuando otros tratamientos no son efectivos, pero por lo general tarda de 3 a 6 meses en tener efecto. Los efectos secundarios consisten en ronquera, tos y cambio en la voz, que se hace más profunda cuando se estimula el nervio.

Antidepresivos

Los tipos de antidepresivos son

  • Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina

  • Antidepresivos de nueva generación

  • Antidepresivos heterocíclicos

  • Inhibidores de la monoaminoxidasa (IMAO)

La mayoría de antidepresivos deben tomarse regularmente durante varias semanas, por lo menos, antes de que comiencen a actuar. La mayoría de la gente necesita tomar antidepresivos durante 6 a 12 meses para evitar recaídas. Las personas mayores de 50 años pueden tener que tomarlos durante un máximo de 2 años.

Los efectos secundarios varían con cada tipo de antidepresivo. A veces, cuando el tratamiento con un fármaco determinado no alivia la depresión, se prescribe otro tipo (clase) de medicamento o una combinación de fármacos antidepresivos.

El riesgo de suicidio después de comenzar un antidepresivo ha sido noticia. Unas cuantas personas se muestran más inquietas, deprimidas y ansiosas poco después de empezar el tratamiento con antidepresivos o tras el aumento de la dosis. En algunas personas, especialmente los niños más pequeños y los adolescentes, aumenta la propensión al suicidio si estos síntomas no se detectan y se tratan con rapidez. Se informó de este hallazgo por primera vez en referencia a los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), pero el riesgo probablemente es similar para todas las clases de antidepresivos. Si se produce un empeoramiento de los síntomas después de iniciar la toma de antidepresivos o de aumentar la dosis (o por cualquier motivo), se debe informar de ello al médico de la persona afectada. El hecho de tener pensamientos suicidas también es un síntoma de depresión, por tanto los médicos pueden tener dificultades para determinar qué papel desempeñan los antidepresivos en los pensamientos y conductas suicidas. Algunos estudios arrojan dudas sobre la conexión.

Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina

Los inhibidores de la recaptación selectiva de serotonina (ISRS) son, en la actualidad, el tipo de antidepresivos de uso más frecuente. Dichos fármacos son eficaces para tratar la depresión y otros trastornos de salud mental que a menudo coexisten con la depresión.

Aunque los inhibidores de la recaptación selectiva de la serotonina (ISRS) pueden producir náuseas, diarrea, temblor, pérdida de peso y dolor de cabeza, estos efectos secundarios suelen ser leves o desaparecen con su uso continuado. La mayoría de las personas toleran los efectos secundarios producidos por los inhibidores de la recaptación selectiva de la serotonina (ISRS) mejor que los producidos por los antidepresivos heterocíclicos. La probabilidad de afectación cardíaca es menor con los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina que con los antidepresivos heterocíclicos.

No obstante, algunas personas parecen más inquietas, deprimidas y ansiosas la primera semana después de empezar el tratamiento con inhibidores de la recaptación selectiva de serotonina (ISRS) o tras el aumento de la dosis. En dichas personas, especialmente niños pequeños y adolescentes, aumenta la propensión al suicidio si estos síntomas no se detectan y se tratan con rapidez. Las personas que siguen tratamiento con inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y sus familiares deben ser advertidos sobre esta posibilidad y sobre la necesidad de llamar al médico si los síntomas empeoran con el tratamiento. Sin embargo, dado que las personas depresivas que no siguen tratamiento a veces también cometen suicidio, los médicos deben sopesar con el paciente y con sus familiares el riesgo de la enfermedad y el riesgo del tratamiento.

Además, con el tratamiento a largo plazo, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) pueden tener efectos secundarios adicionales, como el aumento de peso y la disfunción sexual (en una tercera parte de los casos). Algunos ISRS, como la fluoxetina, causan pérdida de apetito. Durante las primeras semanas después del inicio del tratamiento con los ISRS, la persona puede sentirse adormecida durante el día, pero este efecto es temporal.

La interrupción brusca del tratamiento con algunos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) provoca un síndrome de suspensión (síndrome de discontinuación) que consiste en mareo, ansiedad, irritabilidad, fatiga, náuseas, escalofríos y dolorimiento muscular.

Antidepresivos de nueva generación

Los nuevos antidepresivos son tan eficaces y seguros como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y tienen efectos secundarios similares. Estos medicamentos son

  • Inhibidores de la recaptación de norepinefrina (noradrenalina)- dopamina (como bupropión)

  • Moduladores de la serotonina (como la mirtazapina y la trazodona)

  • Los inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina (como la venlafaxina y la duloxetina)

Como puede ocurrir con los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), el riesgo de suicidio es temporalmente mayor cuando se inicia el tratamiento con estos fármacos, y la suspensión brusca del tratamiento con inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina puede evolucionar con un síndrome de suspensión (síndrome de discontinuación).

Otros efectos secundarios varían según el medicamento (consulte la tabla a continuación).

Antidepresivos heterocíclicos (incluidos los tricíclicos)

Los antidepresivos heterocíclicos, que habían sido antiguamente los más utilizados, se prescriben actualmente con poca frecuencia porque tienen más efectos secundarios que otros antidepresivos. Suelen producir somnolencia y aumento de peso. También pueden causar un aumento de la frecuencia cardíaca y una disminución de la presión arterial cuando la persona se pone en pie (denominada hipotensión ortostática). Otros efectos secundarios, denominados efectos anticolinérgicos, incluyen vista borrosa, sequedad de boca, confusión, estreñimiento y dificultad para empezar a orinar. Los efectos anticolinérgicos suelen ser más graves en las personas de edad avanzada.

La interrupción repentina de los antidepresivos heterocíclicos, como ocurre con los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), puede dar lugar a un síndrome de suspensión (síndrome de discontinuación).

Inhibidores de la monoaminoxidasa (IMAO)

Los inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO) son muy eficaces pero rara vez se prescriben, salvo cuando otros antidepresivos no han dado resultado. Las personas que utilizan inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO) deben cumplir una serie de restricciones dietéticas y tomar precauciones especiales para evitar una reacción grave que entrañe un aumento súbito de la presión arterial con un dolor de cabeza intenso y punzante (crisis hipertensiva). Esta crisis puede causar un accidente cerebrovascular. Las precauciones son las siguientes

  • No ingerir alimentos ni bebidas que contengan tiramina, como cerveza de barril, vinos tintos (incluido el jerez), licores, alimentos demasiado maduros, salami, quesos muy curados, habas, extractos de levadura, higos secos, uvas pasas, yogurt, queso, cuajada, arenques, caviar, hígado, carnes muy ablandadas y salsa de soja

  • No tomar pseudoefedrina, una sustancia contenida en numerosos medicamentos para la tos y el resfriado de venta sin receta médica

  • No tomar dextrometorfano (un antitusígeno), reserpina (un fármaco antihipertensor) o meperidina (un analgésico)

  • Tener siempre a mano un antídoto, como la clorpromazina en comprimidos; en caso de aparición de dolor de cabeza intenso y pulsátil, tomar el antídoto de inmediato y acudir al servicio médico de urgencias más cercano

Las personas en tratamiento con inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO) también deben evitar tomar otro tipo de antidepresivos, incluidos los heterocíclicos, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), el bupropión, los moduladores de la serotonina- noradrenalina y los inhibidores de la recaptación de la serotonina-. Administrar un inhibidor de la monoaminooxidasa (IMAO) junto con otro antidepresivo puede provocar una elevación peligrosa de la temperatura corporal, acompañada de degradación muscular, fallo renal y convulsiones. Estos efectos, conocidos como síndrome maligno por neurolépticos, son potencialmente mortales.

La interrupción repentina de los IMAOs, como ocurre con los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), puede dar lugar a un síndrome de suspensión (síndrome de discontinuación).

Tabla
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Fármacos utilizados para tratar la depresión

Fármaco

Algunos efectos secundarios

Comentarios

Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina

Citalopram

Escitalopram

Fluoxetina

Fluvoxamina

Paroxetina

Sertralina

Vilazodona

Disfunción sexual (principalmente orgasmo retardado pero, en algunos casos, también pérdida de deseo y disfunción eréctil en algunas personas), náuseas, diarrea, cefalea, pérdida de peso (a corto plazo), aumento de peso (a largo plazo), síndrome de suspensión (síndrome de discontinuación)*, olvidos, emociones apagadas y tendencia a la formación de hematomas

Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina son la clase de antidepresivos que se utiliza con más frecuencia. También son eficaces para el trastorno de ansiedad generalizado, el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno de angustia, las fobias, el estrés postraumático, el trastorno disfórico premenstrual y la bulimia.

La intoxicación por sobredosis es menos grave que la producida por otros antidepresivos.

Los inhibidores de la recaptación de norepinefrina (noradrenalina) y dopamina

Bupropión

Dolor de cabeza, inquietud, síndrome de suspensión (síndrome de discontinuación)*, tensión arterial elevada (en muy pocos casos) y convulsiones (muy poco frecuente)

El bupropión es eficaz para las personas con depresión que también sufren trastorno de déficit de atención/hiperactividad (TDAH) o adicción a la cocaína y para quienes están dejando de fumar. El bupropión no causa disfunción sexual.

Moduladores de la serotonina (antagonistas de 5-HT2)

Mirtazapina

Somnolencia y aumento de peso

La mirtazapina no causa náuseas o disfunción sexual.

Trazodona

Somnolencia prolongada, erección dolorosa y persistente (priapismo) y un descenso excesivo de la tensión arterial cuando la persona está en pie

La trazodona se administra normalmente al acostarse en el caso de personas que sufren tanto depresión como insomnio.

Los inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina (noradrenalina)

Desvenlafaxina

Duloxetina

Levomilnacipran

Venlafaxina

Náuseas, sequedad de boca, síndrome de suspensión (síndrome de discontinuación)* y, si se toman dosis altas, aumento de la presión arterial

La mayoría de los efectos secundarios pueden evitarse o reducirse si se utilizan dosis bajas y si el cambio en la dosificación se produce lentamente.

Antidepresivos heterocíclicos (incluidos los tricíclicos)

  • Amitriptilina

  • Amoxapina

  • Clomipramina

  • Desipramina

  • Doxepina

  • Imipramina

  • Maprotilina

  • Nortriptilina

  • Protriptilina

  • Trimipramina

Somnolencia, aumento de peso, aumento de la frecuencia cardíaca y descenso de la presión arterial cuando la persona se pone en pie (hipotensión ortostática), sequedad de boca, confusión, visión borrosa, estreñimiento, dificultades para comenzar a orinar, orgasmo retardado y síndrome de suspensión (síndrome de discontinuación)*

Con la clomipramina y la maprotilina, convulsiones

Estos fármacos por lo general no se prescriben a las personas mayores porque en este caso los efectos secundarios suelen ser más pronunciados.

La sobredosis puede causar intoxicación grave, potencialmente mortal.

Inhibidores de la monoaminoxidasa (IMAO)

  • Isocarboxazida

  • Fenelzina

  • Selegilina

  • Tranilcipromina

Insomnio, náuseas, aumento de peso, disfunción sexual (pérdida de deseo, orgasmo retardado y disfunción eréctil), sensación de hormigueo, mareo, disminución de la presión arterial (sobre todo estando de pie) y síndrome de suspensión (síndrome de discontinuación)*

Las personas que utilizan dichos fármacos deben cumplir una serie de restricciones dietéticas y evitar el tratamiento con ciertos fármacos para prevenir una reacción grave que entrañe un aumento súbito de la presión arterial con un dolor de cabeza intenso y punzante (crisis hipertensiva).

La selegilina puede aplicarse en forma de parches. Si se utilizan los parches, no son necesarias las restricciones dietéticas a menos que la dosis contenida en el parche sea muy alta.

Psicoestimulantes

  • Dextroanfetamina

  • Metilfenidato

Nerviosismo, temblor, insomnio y sequedad de boca

Estos fármacos se utilizan generalmente junto con antidepresivos. Si se toman solos, por lo general son ineficaces como antidepresivos.

Antidepresivo melatoninérgico

Agomelatina

Dolor de cabeza, náuseas y diarrea

La agomelatina tiene menos efectos secundarios que la mayoría de antidepresivos. No causa somnolencia durante el día, insomnio, aumento de peso, o disfunción sexual.

Puede, no obstante, aumentar la concentración de enzimas hepáticas. Estos niveles deben medirse antes de iniciar el tratamiento y cada 6 semanas a partir de entonces.

Fármaco similar a la ketamina

Esketamina

Mareo, aumento de la presión arterial, sensación de desapego

La esketamina está relacionada con el anestésico ketamina.

La esketamina se usa en combinación con otros antidepresivos orales para la depresión resistente al tratamiento.

La esketamina se comercializa en forma de aerosol nasal

*El síndrome de suspensión (síndrome de discontinuación) consiste en mareos, ansiedad, irritabilidad, fatiga, náuseas, escalofríos y dolores musculares y se produce cuando se interrumpe de forma abrupta el uso de un fármaco.

Fármaco similar a la ketamina

La ketamina es un medicamento anestésico. Sin embargo, los investigadores han descubierto que los mecanismos cerebrales afectados por la ketamina desempeñan un papel en la depresión y que, cuando se administra a dosis subanestésicas, produce una mejoría rápida, aunque transitoria, de los síntomas depresivos. Recientemente, la esketamina, una forma de ketamina, recibió la aprobación de la FDA para su uso en personas con trastorno depresivo mayor que no han respondido a los tratamientos tradicionales. Se administra en forma de aerosol nasal. Se usa en dosis más bajas que las administradas para anestesia.

La mayoría de las personas que reciben esketamina presentan una disminución en los síntomas de depresión al cabo de 3 a 4 horas. Se trata de una respuesta muy rápida en comparación con la de la mayoría de los fármacos antidepresivos, que puede tardar varias semanas en ser efectivos. En la mayoría de los casos, el efecto de la esketamina comienza a disminuir pasadas una o dos semanas. Repetir la dosis cada semana más o menos generalmente ayuda, pero puede dejar de funcionar transcurridos unos meses, si bien algunas personas pueden mantener su mejoría con un solo tratamiento al mes.

Los efectos secundarios pueden aparecer al cabo de 1 o 2 horas de la administración del fármaco y consisten en aumento de la presión arterial, náuseas y vómitos y efectos mentales, como una sensación de desconexión de uno mismo (desrealización), sensación de distorsión del tiempo y el espacio y delirios. El medicamento se administra por lo general en el consultorio de un médico o en una clínica hospitalaria a fin de que los médicos puedan controlar la aparición de efectos secundarios durante las horas posteriores a su administración y porque la ketamina es un medicamento del que a veces se consume de forma recreativa.

Más información

  • Depression and Bipolar Support Alliance (DBSA), Depression: (Alianza para el apoyo a los afectados por depresión y trastorno bipolar [DBSA, por sus siglas en inglés]): Información general sobre la depresión, incluyendo el acceso a teléfonos de ayuda (líneas de crisis) y grupos de apoyo

  • Mental Health America (MHA), Depression: (Salud mental estadounidense [MHA, por sus siglas en inglés], Depresión): Información general sobre la depresión, incluyendo sus diversos tipos, acceso a teléfonos de ayuda (líneas de crisis) y grupos de apoyo, además de enlaces a otros recursos

  • National Alliance on Mental Illness (NAMI), Depression: (Alianza nacional para la salud mental [NAMI, por sus siglas en inglés]): Información general sobre la depresión, incluyendo sus causas, síntomas, diagnóstico y tratamiento

  • National Institutes of Mental Health (NIMH), Depression: (Institutos nacionales de salud mental [NIMH, por sus siglas en inglés]): Información general sobre muchos aspectos de la depresión, incluyendo el tratamiento y las terapias, materiales educativos e información sobre investigación y ensayos clínicos

NOTA: Esta es la versión para el público general. MÉDICOS: Hacer clic aquí para la versión para profesionales
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