Los cánceres que definen el VIH en estadio avanzado en pacientes con infección por VIH son:
Linfoma no Hodgkin (incluidos los subtipos linfoma de Burkitt, linfoma primario del sistema nervioso central (SNC) y linfoma inmunoblástico)
Otros cánceres cuya incidencia o gravedad parece aumentar de manera notable en los pacientes con infección por VIH son:
Linfoma de Hodgkin (especialmente el de celularidad mixta y con depleción de linfocitos)
Otros cánceres de piel y oculares superficiales
Las tasas de otros cánceres frecuentes (p. ej., carcinomas de pulmón, de cabeza y cuello, y de cuello uterino; hepatomas) son varias veces mayores en pacientes con infección por VIH que en la población general. Este hallazgo puede reflejar, al menos en parte, una mayor exposición a los virus o toxinas que causan estos cánceres: hepatitis B y C para el hepatoma, papilomavirus humano para el carcinoma cervical, anal, de pene y orofaríngeo, y alcohol y tabaco para los carcinomas de pulmón y de cabeza y cuello.
El leiomiosarcoma es una complicación infrecuente de la infección por VIH en los niños.
En general, la TAR reduce el riesgo de progresión del cáncer definitorio de VIH avanzado.
(Véase también Infección por el virus de inmunodeficiencia humana [VIH].)
Linfoma no Hodgkin
La incidencia de linfoma no Hodgkin es aproximadamente 25 veces mayor en los pacientes infectados por VIH (1). La mayoría de los casos corresponde a linfomas de células B agresivos de alto grado histológico. En el momento del diagnóstico suele haber afectación de sitios extraganglionares, que incluyen la médula ósea, el tubo digestivo y otros lugares que son inusuales en el linfoma no Hodgkin no asociado al VIH, como el SNC y las cavidades corporales (p. ej., pleural, pericárdica, peritoneal).
Esta neoplasia se manifiesta con mayor frecuencia con adenomegalias o masas extraganglionares que aumentan de tamaño rápidamente y con síntomas sistémicos (p. ej., descenso de peso, sudoración nocturna, fiebre).
El diagnóstico del linfoma no Hodgkin se confirma mediante biopsia, en la que se realizan exámenes histopatológicos e inmunoquímicos de las células tumorales. El hallazgo de linfocitos circulantes anormales o de citopenias de etiología desconocida sugiere el compromiso de la médula ósea y requiere la realización de una biopsia en ese sitio. La estadificación del tumor puede requerir pruebas adicionales (p. ej., examen del líquido cefalorraquídeo, estudios de diagnóstico por imágenes de tórax, abdomen y otras áreas) específicas para las áreas donde se sospechen tumores.
El tratamiento del linfoma no Hodgkin consiste en varios regímenes de quimioterapia sistémica, con múltiples fármacos que incluyen ciclofosfamida, doxorrubicina, vincristina, prednisona y etopósido (2). Estos medicamentos se combinan con rituximab intravenoso (un anticuerpo monoclonal anti-CD20) y se complementan con el tratamiento antirretroviral (TAR), antibióticos y antimicóticos profilácticos y factores de crecimiento hematológicos. El rituximab está indicado únicamente para los linfomas CD20 positivos. El tratamiento puede verse limitado por la aparición de una mielosupresión grave, en particular cuando se emplean combinaciones de fármacos antitumorales o antirretrovirales mielosupresores. La radioterapia puede reducir el tamaño de los tumores grandes y controlar el dolor o el sangrado.
El pronóstico desfavorable se predice ante los siguientes hallazgos:
Recuento de CD4 < 100 células/mcL
Edad > 35 años
Estado funcional deficiente
Compromiso de la médula ósea
Antecedente de infecciones oportunistas
Subtipo histológico de alto grado
Linfoma primario del sistema nervioso central
La incidencia de linfoma primario del SNC aumenta significativamente en los pacientes con infección por VIH y un recuento de CD4 muy bajo. Los linfomas del SNC en pacientes con infección por VIH se asocian frecuentemente a la infección por el virus de Epstein-Barr (VEB).
Los linfomas primarios del SNC están formados por células B malignas de grado intermedio o alto, que se originan en el tejido del SNC. Estos linfomas no se diseminan por vía sistémica, pero su pronóstico es malo; la supervivencia media es < 6 meses.
Los síntomas de presentación incluyen cefalea, convulsiones, deficiencias neurológicas (p. ej., parálisis de nervios craneales) y cambios del estado mental.
El diagnóstico del linfoma primario del SNC requiere la obtención de imágenes cerebrales (RM avanzada, TC) que muestren lesiones con realce en anillo, así como la realización de una punción lumbar para análisis citológico, reacción en cadena de la polimerasa y determinación de la carga viral del VEB.
El tratamiento agudo de los linfomas primarios del sistema nervioso central (SNC) requiere el control del edema cerebral con glucocorticoides (3). Aunque la radioterapia holocraneal y la quimioterapia antitumoral con dosis altas de metotrexato (solo o en combinación) se usan habitualmente, estos enfoques no se han evaluado en grandes ensayos aleatorizados y están respaldados principalmente por estudios observacionales y la experiencia clínica. La TAR en personas con infección por VIH se asocia a mejores resultados y debe iniciarse u optimizarse si aún no se ha instaurado.
Cáncer de cuello uterino
En las mujeres con infección por VIH, la prevalencia de infección por papilomavirus humano (HPV) es más elevada, los subtipos oncogénicos (principalmente los serotipos 16 y 18) persisten, la incidencia de neoplasia intraepitelial cervical (CIN) llega hasta el 60%, y aumenta la incidencia de cáncer de cuello uterino (4). De presentarse, los cánceres de cuello uterino son más extensos, más difíciles de curar y presentan tasas de recidiva más altas tras el tratamiento.
El riesgo de cáncer de cuello uterino en las mujeres con infección por VIH aumenta cuando la enfermedad está mal controlada, lo cual incluye una carga viral alta, un recuento bajo de CD4 o una respuesta insuficiente a la terapia antirretroviral.
El manejo de la displasia intraepitelial cervical o el cáncer de cuello uterino no cambia en presencia de infección por VIH (5). La realización frecuente de citología vaginal (Papanicolaou) es importante para controlar la progresión de la displasia intraepitelial cervical. La terapia antirretroviral puede inducir la resolución de la infección por HPV, la regresión de la neoplasia intraepitelial cervical y reducir significativamente los riesgos de cáncer de cuello uterino invasivo (6).
Carcinomas epidermoides del ano y la vulva
El cáncer epidermoide de ano y el cáncer epidermoide de vulva se deben a los mismos serotipos oncogénicos de HPV que producen el cáncer de cuello uterino y se identifican con mayor frecuencia en pacientes con infección por VIH. La mayor incidencia de neoplasias intraepiteliales y cánceres anales y vulvares en estos pacientes parece deberse tanto a conductas de alto riesgo (p. ej., relaciones sexuales anales receptivas) como a la inmunosupresión provocada por la infección por el VIH.
La displasia anal es habitual y los carcinomas epidermoides pueden resultar muy agresivos.
El tratamiento consiste en la extirpación quirúrgica (si es factible), radioterapia y quimioterapia combinadas con un régimen de mitomicina o cisplatino con el agregado de 5-fluorouracilo (7). También pueden emplearse inhibidores de puntos de control inmunitario (p. ej., retifanlimab).
Esta fotografía muestra los condilomas (1) y el cáncer epidermoide invasor (2) causado por la infección persistente por el virus del papiloma humano (HPV) en una persona con infección por VIH.
Edward R. Cachay, MD, MAS
Referencias
1. Chen Y, Zhao J, Sun P, et al. Estimates of the global burden of non-Hodgkin lymphoma attributable to HIV: a population attributable modeling study. EClinicalMedicine. 2023;67:102370. Published 2023 Dec 16. doi:10.1016/j.eclinm.2023.102370
2. National Comprehensive Cancer Network. NCCN Clinical Practice Guidelines in Oncology (NCCN Guidelines). B-Cell Lymphomas, version 3.2026. https://www.nccn.org/professionals/physician_gls/pdf/b-cell.pdf. Accessed April 13, 2026.
3. National Comprehensive Cancer Network. NCCN Clinical Practice Guidelines in Oncology (NCCN Guidelines). Central Nervous System Cancers, version 1.2026. https://www.nccn.org/professionals/physician_gls/pdf/cns.pdf. Accessed April 13, 2026.
4. Stelzle D, Tanaka LF, Lee KK, et al. Estimates of the global burden of cervical cancer associated with HIV [published correction appears in Lancet Glob Health 9(2):e119, 2021]. Lancet Glob Health. 2021;9(2):e161-e169. doi:10.1016/S2214-109X(20)30459-9
5. National Comprehensive Cancer Network. NCCN Clinical Practice Guidelines in Oncology (NCCN Guidelines). Cervical Cancer, version 2.2026. https://www.nccn.org/professionals/physician_gls/pdf/cervical.pdf. Accessed April 13, 2026.
6. Kelly H, Weiss HA, Benavente Y, de Sanjose S, Mayaud P; ART and HPV Review Group. Association of antiretroviral therapy with high-risk human papillomavirus, cervical intraepithelial neoplasia, and invasive cervical cancer in women living with HIV: a systematic review and meta-analysis. Lancet HIV. 2018;5(1):e45-e58. doi:10.1016/S2352-3018(17)30149-2
7. National Comprehensive Cancer Network. NCCN Clinical Practice Guidelines in Oncology (NCCN Guidelines). Anal Carcinoma, version 2.2026. https://www.nccn.org/professionals/physician_gls/pdf/anal.pdf. Accessed April 13, 2026.



