Intubación traqueal

Revisión completa: jun 2026 PorAbdulghani Sankari, MD, PhD, MS, Wayne State University | Revisión de colegas realizada porDavid A. Spain, MD, Department of Surgery, Stanford University
Última actualización: jun 2026
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Vista para pacientes

La mayoría de los pacientes que requieren una vía aérea artificial pueden tratarse con intubación orotraqueal. La intubación orotraqueal se realiza mediante laringoscopia directa o videolaringoscopia (véase Cómo hacer la intubación orotraqueal mediante videolaringoscopia).

La intubación nasotraqueal es una técnica rara vez utilizada para pacientes despiertos que respiran en forma espontánea o en situaciones en las que no es posible la intubación por vía oral (1).

(Véase también Generalidades sobre el paro respiratorio y Establecimiento y control de la vía aérea).

Referencia general

  1. 1. Desilva M, Maan R, Helwany M, Shah SS. Refining the Clinical Pathway for Nasotracheal Intubation: An Updated Decision Making Algorithm. J Clin Med. 2025;14(21):7746. Published 2025 Oct 31. doi:10.3390/jcm14217746

Antes de la Intubación

Evaluación de la vía aérea

Cuando la situación clínica lo permite, el médico debe realizar una evaluación del riesgo de la vía aérea y obtener una anamnesis focalizada para identificar posibles factores que puedan sugerir una vía aérea difícil. Estos incluyen antecedentes de intubación difícil, anatomía distorsionada de las vías aéreas, ronquidos, apnea obstructiva del sueño, diabetes mellitus (1) y antecedentes de asfixia o aspiración (2).  

El examen físico de la vía aérea incluye el examen de los rasgos faciales y mandibulares (p. ej., traumatismo, artritis) que puedan impedir la apertura de la boca. Además, la apertura estrecha de la boca, las distancias hioideo-mentoniana y tiroideo-mentoniana a veces predicen una intubación difícil (3).

Sin embargo, las evaluaciones anatómicas y las puntuaciones para predecir dificultades durante la laringoscopia (p. ej., puntuación de Mallampati) no pueden obtenerse cuando el tiempo es limitado o en situaciones críticas, por lo que los médicos siempre deben estar preparados para utilizar una técnica alternativa (p. ej., videolaringoscopia, vías aéreas supraglóticas, ventilación con bolsa-válvula-máscara o de tipo ambú, vía aérea quirúrgica) si se encuentra una vía aérea difícil no prevista. Los médicos deben utilizar algoritmos establecidos para las vías aéreas difíciles apropiados para su entorno clínico (p. ej., quirófano, departamento de emergencias, unidad de cuidados críticos) que incluya vías aéreas alternativas (utilizadas como vías aéreas primarias y de rescate), así como técnicas de cricotirotomía de emergencia y de acceso a través de a cara anterior del cuello (2, 4).

Preparación para la intubación

Durante un paro cardíaco, las interrupciones de las compresiones torácicas deben reducirse al mínimo, incluso para los intentos de intubación (5). Como alternativa, puede continuarse con la ventilación con bolsa-mascarilla o colocarse una vía aérea supraglótica.

Antes de intentar la intubación traqueal, siempre están indicadas las maniobras para abrir la vía aérea mediante posicionamiento o con dispositivos adyuvantes de la vía aérea, y para ventilar y oxigenar al paciente. Los pacientes difíciles de ventilar con bolsa-válvula-mascarilla tienen diez veces más probabilidades de sufrir una intubación traqueal fallida (4). Una vez tomada la decisión de intubar, las medidas preparatorias incluyen:

  • Corrección de la posición del paciente (véase figura )

  • La preoxigenación con oxígeno al 100%

  • Preparación del equipo necesario (incluidos los dispositivos de aspiración, los laringoscopios y los dispositivos de respaldo)

  • En ocasiones, administración de fármacos

La preoxigenación con oxígeno al 100% desnitrogena a pacientes sanos y prolonga significativamente el tiempo de apnea segura (este efecto es menos marcado en aquellos con enfermedades cardiopulmonares graves).

Hay que tener preparado un dispositivo de aspiración rígido para limpiar las secreciones y otros materiales de la vía aérea.

Antes se recomendaba la compresión del cartílago cricoides anterior (maniobra de Sellick) antes y durante la intubación para prevenir la regurgitación pasiva. Sin embargo, esta maniobra puede ser menos eficaz de lo que se creía y puede comprometer la visión de la laringe durante la laringoscopia.

Los fármacos para facilitar la intubación, incluidos sedantes, relajantes musculares y, en ocasiones, vagolíticos, suelen administrarse a los pacientes conscientes o semiconscientes antes de la laringoscopia y la intubación.

Si el paciente con una vía aérea difícil prevista no está en paro respiratorio inminente, debe considerarse la intubación con el paciente despierto, porque esto permite preservar la respiración espontánea (2). El empleo de ventilación no invasiva para la preoxigenación durante la intubación endotraqueal de urgencia se traduce en un número significativamente menor de episodios de hipoxemia asociada a la intubación en comparación con el uso exclusivo de una mascarilla de oxígeno (6, 7). Los pacientes que se encuentran en shock antes de la intubación corren el riesgo de sufrir un colapso hemodinámico durante el procedimiento, y los médicos deben prever la necesidad de líquidos, medicamentos vasoactivos y, posiblemente, RCP (reanimación cardiopulmonar) u otra terapia de rescate.

Referencias para antes de la intubación

  1. 1. L'Hermite J, Nouvellon E, Cuvillon P, Fabbro-Peray P, Langeron O, Ripart J. The Simplified Predictive Intubation Difficulty Score: a new weighted score for difficult airway assessment. Eur J Anaesthesiol. 2009;26(12):1003-1009. doi:10.1097/EJA.0b013e32832efc71

  2. 2. Apfelbaum JL, Hagberg CA, Connis RT, et al. 2022 American Society of Anesthesiologists Practice Guidelines for Management of the Difficult Airway. Anesthesiology. 2022;136(1):31-81. doi:10.1097/ALN.0000000000004002

  3. 3. Brown III CA: Identification of the failed airway. In Brown III CA, Sakles JC, Mick NW, Mosier JM, Braude DB (Eds). Walls Manual of Emergency Airway Management, 6th ed, Wolters Kluwer, 2022.

  4. 4. Ahmad I, El-Boghdadly K, Iliff H, et al. Difficult Airway Society 2025 guidelines for management of unanticipated difficult tracheal intubation in adults. Br J Anaesth. 2026;136(1):283-307. doi:10.1016/j.bja.2025.10.006

  5. 5. Wigginton JG, Agarwal S, Bartos JA, et al. Part 9: Adult Advanced Life Support: 2025 American Heart Association Guidelines for Cardiopulmonary Resuscitation and Emergency Cardiovascular Care. Circulation. 2025;152(16_suppl_2):S538-S577. doi:10.1161/CIR.0000000000001376

  6. 6. Gibbs KW, Semler MW, Driver BE, et al. Noninvasive Ventilation for Preoxygenation during Emergency Intubation. N Engl J Med. 2024;390(23):2165-2177. doi:10.1056/NEJMoa2313680

  7. 7. Prekker ME, Driver BE, Trent SA, et al. Video versus Direct Laryngoscopy for Tracheal Intubation of Critically Ill Adults. N Engl J Med. 2023;389(5):418-429. doi:10.1056/NEJMoa2301601

Selección y preparación del tubo para la intubación

La mayoría de los adultos puede aceptar un tubo con un diámetro interno ≥ 8 mm; estos tubos son preferibles a los más pequeños porque:

  • Menor resistencia al flujo de aire (a través de la reducción del trabajo respiratorio)

  • Facilitar la aspiración de secreciones

  • Permite el paso de un broncoscopio

  • Puede ayudar en el retiro del respirador

Para lactantes y niños ≥ 1 año, el tamaño del tubo sin manguito se calcula por la fórmula (edad del paciente + 16)/4; así, un niño de 4 años debe tener un tubo endotraqueal de (4 + 16)/4 = 5 mm. El tamaño del tubo que sugiere esta fórmula debe reducirse en 0,5 (1 tamaño de tubo) si se utiliza un tubo con manguito (1). Las tablas de referencia (véase tabla ) o ciertos dispositivos como la cinta de Broselow para emergencias pediátricas o de Pedi-Wheel permiten identificar con rapidez los tamaños apropiados de las ramas del laringoscopio y tubos endotraqueales para lactantes y niños.

En los adultos (y a veces en niños), debe introducirse una guía rígida en el tubo, que debe detenerse a 1 o 2 cm antes del extremo distal del tubo endotraqueal, porque la punta del tubo debe permanecer blanda. El alambre guía o mandril se utiliza para poner recto el tubo hasta el comienzo del manguito distal; desde allí el tubo se flexiona hacia arriba unos 35° en forma de palo de hockey. Esta forma recta hasta el manguito mejora la introducción del tubo y evita obstruir la visión de las cuerdas vocales por parte del operador durante el paso del tubo. No se requiere la comprobación sistemática del manguito del tubo endotraqueal antes de su inserción. Si se emplea esta técnica, debe extraerse todo el aire antes de la inserción.

Calculadora clínica

Referencia de selección del tubo

  1. 1. Weiss M, Dullenkopf A, Fischer JE, Keller C, Gerber AC, European Paediatric Endotracheal Intubation Study Group. Prospective randomized controlled multi-centre trial of cuffed or uncuffed endotracheal tubes in small children. Br J Anaesth. 2009;103(6):867-873. doi:10.1093/bja/aep290

Técnica de inserción para la intubación

Es importante lograr la intubación exitosa en el primer intento. La repetición de la laringoscopia (≥ 3 intentos) se asocia con tasas mucho más elevadas de hipoxemia significativa, aspiración y paro cardíaco (1). Además de la posición correcta (véase figura ), se deben tener en cuenta otros principios generales para el éxito:

  • Visualización de la epiglotis

  • Visualización de las estructuras laríngeas posteriores (idealmente, los pliegues vocales)

  • No introducir el tubo hasta asegurar la introducción en la tráquea

El laringoscopio convencional está diseñado para sostenerse con la mano izquierda, e insertar la rama en la boca y se utiliza como retractor para desplazar la mandíbula y la lengua hacia arriba fuera de la vista del laringoscopista, revelando la faringe posterior. Se debe evitar el contacto con los incisivos y no ejercer presión indebida sobre las estructuras de la laringe.

Es muy importante identificar la epiglotis. Esta identificación permite al operador reconocer las estructuras de las vías aéreas y ubicar correctamente la rama del laringoscopio. La epiglotis puede apoyarse contra la pared posterior de la faringe, donde se une con el resto de las mucosas rosadas o se mezcla con las secreciones que existen invariablemente en la vía aérea de un paciente con paro cardíaco.

Una vez que localizada la epiglotis, el operador puede usar una de 2 técnicas para elevarla:

  • Abordaje típico de la vaina recta: el operador sostiene la epiglotis con la punta de la hoja del laringoscopio

  • Abordaje típico de la vaina curva: el operador levanta la epiglotis indirectamente y la desplaza de la línea de visión o mediante el avance de la rama hacia la valécula y la presión del ligamento hioepiglótico con ella.

El éxito con la rama curva depende de la posición correcta del extremo de la rama en la valécula y la dirección de la fuerza de elevación (véase figura ). Al elevar la epiglotis por cualquiera de las técnicas, se revelan las estructuras de la laringe posterior (cartílagos aritenoides, incisura interaritenoidea), la glotis y las cuerdas vocales. Si el extremo de la rama está demasiado profundo, pueden haberse omitido completamente las estructuras laríngeas y se puede confundir la abertura oscura redonda del esófago con la de la glotis.

Si la identificación de las estructuras es difícil, la manipulación de la laringe con la mano derecha sobre la cara anterior del cuello (mientras se mantiene el laringoscopio en la mano izquierda) puede optimizar la visión laríngea (véase figura ). Un asistente puede ayudar a manipular también la laringe. Otra técnica consiste en elevar la cabeza (levantando en el occipucio, no con extensión atlantooccipital), que desplaza la mandíbula y mejora la línea de visión. La elevación de la cabeza no es aconsejable en pacientes con posible lesión de la columna cervical y resulta difícil en personas con obesidad grave (que deben colocarse previamente en posición inclinada con la cabeza más elevada).

Si la visión es óptima, pueden verse claramente los pliegues vocales. Si éstas no son visibles, deben verse por lo menos las estructuras laríngeas posteriores de referencia y debe verse la punta del tubo pasando por encima de la incisura interaritenoidea y los cartílagos posteriores. El operador debe identificar claramente las estructuras laríngeas para evitar la intubación del esófago, que puede ser fatal. Si el operador no está seguro de que el tubo está en la tráquea, no debe introducir el tubo.

Una vez que se logra una visión óptima, se coloca el tubo a través de la laringe hacia la tráquea con la mano derecha (si el operador aplica presión en la laringe anterior con la mano derecha, un asistente debe continuar aplicando esta presión). Si el tubo no entra fácilmente, debe girarse 90° en sentido antihorario para ayudar a pasar los anillos traqueales anteriores. Después de que el manguito del tubo endotraqueal ha atravesado 1 a 2 cm más allá de las cuerdas vocales, se debe inflar el balón y retirar el estilete. Antes de retirar el laringoscopio, el operador debe confirmar que el tubo se encuentra entre las cuerdas. Una profundidad adecuada del tubo es de 21 a 23 cm en adultos y 3 veces el tamaño del tubo endotraqueal en niños (para un tubo endotraqueal de 4,0 mm, 12 cm; para un tubo endotraqueal de 5,5 mm, 16,5 cm). En los adultos, si se introduce demasiado el tubo, éste ingresará en el bronquio principal derecho.

La intubación no tiene éxito en hasta el 30% de los pacientes críticos, por lo que deben establecerse planes de contingencia ( 2). Cuando la intubación fracasa, debe priorizarse la oxigenación e implementarse intervenciones alternativas, reduciendo al mínimo el número de manipulaciones en la vía aérea para disminuir el traumatismo y otras complicaciones del procedimiento (3).

Laringoscopia bimanual

Se aplica presión sobre el cuello en dirección opuesta a la elevación del laringoscopio. Las flechas muestran la dirección de la elevación del laringoscopio y de la presión en la parte anterior del cuello.

Referencias sobre la técnica de inserción

  1. 1. Mort TC. Emergency tracheal intubation: complications associated with repeated laryngoscopic attempts. Anesth Analg. 2004;99(2):607-613. doi:10.1213/01.ANE.0000122825.04923.15

  2. 2. Higgs A, McGrath BA, Goddard C, et al. Guidelines for the management of tracheal intubation in critically ill adults. Br J Anaesth. 2018;120:323-352. doi: 10.1016/j.bja.2017.10.021

  3. 3. Ahmad I, El-Boghdadly K, Iliff H, et al. Difficult Airway Society 2025 guidelines for management of unanticipated difficult tracheal intubation in adults. Br J Anaesth. 2026;136(1):283-307. doi:10.1016/j.bja.2025.10.006

Dispositivos de Intubación Alternativos

Se pueden utilizar dispositivos y técnicas para intubación, ya sea por fracaso de una laringoscopia o como medio primario de intubación. Los dispositivos incluyen:

Cada dispositivo tiene sus propias particularidades; los médicos expertos en técnicas de intubación laringoscópica estándar no deben asumir que pueden usar uno de estos dispositivos (especialmente después de haber administrado relajantes musculares al paciente) sin antes familiarizarse a fondo con él.

Los laringoscopios con video permiten al operador mirar alrededor de la curvatura de la lengua y posibilitan una excelente visión de la laringe. La videolaringoscopia puede aumentar la tasa de éxito de la intubación y acortar el tiempo hasta la intubación exitosa en adultos con vías aéreas difíciles (1) o en adultos en estado crítico (2). Sin embargo, algunos videolaringoscopios requieren que el tubo endotraqueal tenga un ángulo de curvatura exagerado para rodear la lengua y, por lo tanto, puede ser más difíciles de manipular e insertar. Las guías clínicas recomiendan el uso de videolaringoscopio para la intubación traqueal en adultos, en particular cuando se prevé una vía aérea difícil (3). En los niños, la videolaringoscopia reduce el riesgo de intentos fallidos de primera intubación en comparación con la laringoscopia directa. Sin embargo, se necesita más evidencia para determinar si todos los dispositivos de videolaringoscopia proporcionan el mismo beneficio (4).

Algunas mascarillas laríngeas tienen un puerto que permite la intubación endotraqueal. Para introducir un tubo endotraqueal a través de una mascarilla laríngea, el operador debe saber colocar la máscara en posición óptima sobre la entrada de la laringe; puede haber dificultades mecánicas para introducir el tubo endotraqueal. Otras vías aéreas supraglóticas pueden permitir la colocación de una vía aérea si no se puede obtener una visualización laríngea óptima o si no se puede pasar un tubo endotraqueal a través de las cuerdas vocales (p. ej., anatomía anormal, estenosis subglótica). La intubación a través de un dispositivo supraglótico es una maniobra de alto riesgo y no debe realizarse a ciegas (5).

Los fibroscopios flexibles de fibra óptica y los mandriles ópticos son fáciles de maniobrar y pueden usarse en pacientes con una anatomía anormal. Sin embargo, se requiere práctica para reconocer las estructuras laríngeas desde la perspectiva del fibroscopio. En comparación con los laringoscopios de video, los fibroscopios son más difíciles de manejar y pueden tener problemas con la presencia de sangre o secreciones; además, estos no separan o dividen el tejido, sino que deben introducirse a través de canales abiertos.

Los introductores de tubo son mandriles semirrígidos que pueden utilizarse si la visualización laríngea es subóptima (p. ej., la epiglotis es visible, pero la abertura de la laringe no). En esos casos, el introductor se pasa sobre la superficie inferior de la epiglotis; desde este punto, es más fácil ingresar en la tráquea. La entrada a la tráquea se sugiere por el tacto, al sentir el extremo tocando los anillos traqueales. En ese momento, se introduce el tubo endotraqueal sobre el introductor. Durante el pasaje sobre un introductor de tubo, la punta del tubo a veces atrapa el pliegue ariepiglótico derecho. La rotación de los tubos 90° en sentido antihorario a menudo libera a la punta del tubo endotraqueal y le permite pasar con suavidad.

Referencias sobre las alternativas a los dispositivos de intubación

  1. 1. Su YC, Chen CC, Lee YK, Lee JY, Lin KJ. Comparison of video laryngoscopes with direct laryngoscopy for tracheal intubation: a meta-analysis of randomised trials. Eur J Anaesthesiol. 2011;28(11):788-795. doi:10.1097/EJA.0b013e32834a34f3

  2. 2. Prekker ME, Driver BE, Trent SA, et al. Video versus Direct Laryngoscopy for Tracheal Intubation of Critically Ill Adults. N Engl J Med. 2023;389(5):418-429. doi:10.1056/NEJMoa2301601

  3. 3. Ahmad I, El-Boghdadly K, Iliff H, et al. Difficult Airway Society 2025 guidelines for management of unanticipated difficult tracheal intubation in adults. Br J Anaesth. 2026;136(1):283-307. doi:10.1016/j.bja.2025.10.006

  4. 4. Perkins EJ, Begley JL, Brewster FM, Hanegbi ND, Ilancheran AA, Brewster DJ. The use of video laryngoscopy outside the operating room: A systematic review. PLoS One. 2022;17(10):e0276420. doi:10.1371/journal.pone.0276420

  5. 5. de Carvalho CC, Regueira SLPA, Souza ABS, et al. Videolaryngoscopes versus direct laryngoscopes in children: Ranking systematic review with network meta-analyses of randomized clinical trials. Paediatr Anaesth. 2022;32(9):1000-1014. doi:10.1111/pan.14521

Confirmación de la colocación del tubo

Se retira el mandril y se infla el manguito del balón con aire utilizando una jeringa de tamaño adecuado; cuando esté disponible, puede usarse un manómetro para verificar que la presión del balón sea < 30 cm de agua. El tamaño del tubo endotraqueal y el tamaño del manguito afectan el volumen de aire necesario para aplicar la presión correcta.

Después del inflado del balón, la colocación apropiada del tubo debe confirmarse mediante uno o más de los siguientes métodos:

  • Inspección y auscultación

  • Detección de dióxido de carbono

  • Dispositivos de detección esofágicos

  • A veces, radiografía de tórax

Si el tubo está correctamente colocado, la ventilación manual debe producir una elevación simétrica del tórax, buenos ruidos respiratorios en ambos campos pulmonares y ausencia de burbujeo en el abdomen superior que indicaría intubación esofágica.

El aire exhalado debe contener dióxido de carbono, a diferencia del aire gástrico; la detección del dióxido de carbono con capnografía cuantitativa de onda confirma la posición traqueal. La capnografía de onda continua para la detección del dióxido de carbono al final de la espiración (ETCO2) es el patrón de referencia y el método de elección cuando está disponible (1). Los dispositivos colorimétricos son alternativas aceptables, aunque menos completas, para confirmar y monitorizar la posición del tubo endotraqueal. No obstante, ambos métodos pueden ser poco fiables en casos de bajo gasto cardíaco. La capnografía de forma de onda cuantitativa puede no detectar ETCO2 en el período inicial si el paro cardíaco fue prolongado antes de la intubación. Sin embargo, la ETCO2 puede detectarse más tarde si los esfuerzos de reanimación tienen éxito. La detección de ETCO2 o el aumento de los niveles de ETCO2 refleja compresiones torácicas y ventilación eficaces.

En un paro cardíaco prolongado (es decir, con poca o nula actividad metabólica), ETCO2 puede no ser detectable incluso con la colocación correcta del tubo. En tales casos, se puede usar un dispositivo detector esofágico. Estos dispositivos utilizan un bulbo inflable o una jeringa larga para aplicar presión negativa al tubo endotraqueal. El esófago flexible se colapsa y no ingresa aire en el dispositivo; la tráquea, rígida, no se colapsa, y el flujo de aire resultante confirma la colocación traqueal.

La posición del tubo también se suele confirmar con una radiografía de tórax una vez que el paciente ya no se encuentra bajo reanimación activa.

Una vez confirmada la colocación correcta, debe asegurarse el tubo utilizando aparatos especiales o con una tira adhesiva o esparadrapo. Mediante adaptadores, se conecta el tubo endotraqueal a la bolsa del reanimador, a una pieza en T que brinda humedad y oxígeno, o a un respirador mecánico.

Los tubos endotraqueales pueden desplazarse, en especial en situaciones de reanimación caótica, por lo que es preciso controlar frecuentemente su posición. Si no se escuchan sonidos respiratorios a la izquierda, es probable que se haya intubado el bronquio principal derecho, aunque también puede tratarse de un neumotórax izquierdo a tensión, y deben considerarse ambas situaciones.

Referencia para confirmar la colocación del tubo

  1. 1. Wigginton JG, Agarwal S, Bartos JA, et al. Part 9: Adult Advanced Life Support: 2025 American Heart Association Guidelines for Cardiopulmonary Resuscitation and Emergency Cardiovascular Care. Circulation. 2025;152(16_suppl_2):S538-S577. doi:10.1161/CIR.0000000000001376

Intubación Nasotraqueal

La intubación nasotraqueal es una técnica poco frecuente que se utiliza en pacientes despiertos que respiran de forma espontánea, o en situaciones en las que se debe evitar la boca o esta no se puede abrir lo suficiente (p. ej., edema, movilidad mandibular limitada), o cuando el paciente debe permanecer despierto y/o en posición vertical hasta que la vía aérea esté controlada (p. ej., masa mediastínica anterior de gran tamaño) (1). Una complicación grave de la intubación nasofaríngea es la epistaxis. La sangre en la vía aérea puede obstruir la visión laringoscópica y complicar la intubación.

Si los pacientes tienen respiración espontánea, la intubación nasotraqueal se puede usar en ciertas situaciones de emergencia, como cuando presentan alteraciones orales o cervicales graves (p. ej., lesiones, edema, limitación de la movilidad) que dificultan la laringoscopia. La intubación nasotraqueal está absolutamente contraindicada en pacientes con fracturas de la parte media de la cara o fracturas de la base del cráneo basales documentadas o probables. Otros problemas de la intubación nasal incluyen la sinusitis (universal luego de 3 días), y el hecho de que rara vez puede introducirse un tubo lo suficientemente grande como para permitir una broncoscopia (p. ej., ≥ 8 mm) por vía nasotraqueal.

Cuando se realiza la intubación nasotraqueal, debe aplicarse un vasoconstrictor (p. ej., fenilefrina) y un anestésico tópico (p. ej., benzocaína, lidocaína) a la mucosa nasal y la laringe para prevenir el sangrado y frenar los reflejos protectores. Algunos pacientes pueden requerir también sedantes, opioides o agentes disociativos por vía IV. Se puede utilizar una vía aérea nasofaríngea blanda para asegurar la permeabilidad adecuada de la fosa nasal seleccionada, para servir de conducto en la administración de anestesia tópica en la faringe y la laringe, y para dilatar la nasofaringe.

Complicaciones de la intubación traqueal

Las complicaciones de la intubación traqueal son:

  • Traumatismo directo

  • Intubación esofágica

  • Erosión o estenosis traqueal

La laringoscopia puede dañar los labios, los dientes, la lengua y las áreas supraglóticas y subglóticas.

La introducción inadvertida del tubo en el esófago causa un fracaso de la ventilación y puede llevar a la muerte o producir una lesión hipóxica. La insuflación esofágica por un tubo produce regurgitación, que puede llevar a la aspiración, con compromiso de la ventilación con máscara ambú, y obstrucción de la visualización en los intentos de intubación siguientes.

El tubo translaríngeo produce daño a las cuerdas vocales; en algunos casos, puede ocurrir ulceración, isquemia y parálisis prolongada de las cuerdas vocales. Más tarde puede producirse la estenosis subglótica (luego de 3 a 4 semanas).

La erosión de la tráquea es rara. Se produce con mayor frecuencia por una presión excesivamente elevada en el manguito (> 30 cm de agua).

Rara vez se produce hemorragia de vasos principales (p. ej., tronco arterial braquiocefálico), fístulas (en especial traqueoesofágica) y estenosis traqueal. Usar manguitos de baja presión y gran volumen con tubos de tamaño apropiado y medir la presión del manguito frecuentemente (cada 8 h) para mantenerlo < 30 cm de agua para disminuir el riesgo de necrosis por presión isquémica, pero los pacientes en estado de shock, con bajo gasto cardíaco o con sepsis siguen siendo especialmente vulnerables.

En pacientes pediátricos, en ocasiones puede ocurrir laringoespasmo, que puede prevenirse con lidocaína tópica o intravenosa y tratarse con propofol y/o succinilcolina (1).

Referencias sobre las complicaciones de la intubación

  1. 1. von Ungern-Sternberg B, Sims C. Airway Management in Children. In: Sims C, Weber D, Johnson C (eds). A Guide to Pediatric Anesthesia. Springer, Cham. 2020. pp. 77–114. https://doi.org/10.1007/978-3-030-19246-4_4

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