Estrellas naranjas

Infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) en niños y adolescentes

PorGeoffrey A. Weinberg, MD, Golisano Children’s Hospital
Revisado porChristina A. Muzny, MD, MSPH, Division of Infectious Diseases, University of Alabama at Birmingham
Revisado/Modificado Modificado ene 2026
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Datos clave

La infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) es una infección vírica que destruye progresivamente ciertos glóbulos blancos y hace que las personas sean más vulnerables a otras infecciones y a algunos tipos de cáncer.

  • La infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) está causada por el virus del VIH, que puede transmitirse a través de relaciones sexuales vaginales o anales sin protección, transfusiones de sangre, agujas contaminadas y, en los bebés, puede adquirirse de la madre durante el embarazo, el parto o la lactancia.

  • Los signos de la infección en ninõs consisten en retraso del crecimiento, aumento de tamaño de los ganglios linfáticos en varias zonas del cuerpo, retraso del desarrollo, infecciones bacterianas recurrentes e inflamación pulmonar.

  • El diagnóstico se basa en análisis de sangre para la infección por VIH.

  • Los medicamentos contra el VIH (llamados terapia antirretrovírica o TARV) pueden controlar los efectos de la infección por VIH y permitir que los niños vivan sin complicaciones.

  • Las personas embarazadas infectadas por VIH pueden evitar la transmisión de la infección a sus hijos recién nacidos tomando terapia antirretroviral, alimentando a su bebé con leche de fórmula o leche de donante en lugar de su propia leche y, en algunas personas, sometiéndose a un parto por cesárea.

  • La profilaxis previa a la exposición (PrEP) es una pauta que consiste en administrar uno o más medicamentos que reducen en gran medida el riesgo de infección por el VIH en personas que no tienen el VIH pero que presentan un alto riesgo de infectarse.

(Véase también Infección por VIH en adultos.)

Existen dos virus de la inmunodeficiencia humana:

  • VIH-1

  • VIH-2

La infección por el VIH-1 es mucho más común que la infección por el VIH-2 en casi todas las áreas geográficas. Ambos destruyen progresivamente ciertos tipos de glóbulos blancos llamados linfocitos, una parte importante de las defensas inmunitarias del organismo. Cuando estos linfocitos son destruidos, el cuerpo se vuelve vulnerable al ataque de muchos otros microorganismos infecciosos. Muchos de los síntomas y complicaciones de la infección por VIH, incluida la muerte, son el resultado de otras infecciones y no de la propia infección por el virus VIH.

La infección por VIH deriva en diversas infecciones problemáticas por microorganismos que no suelen infectar a las personas sanas. Estas se denominan infecciones oportunistas porque se producen en un individuo con el sistema inmune debilitado. Las infecciones oportunistas pueden ser consecuencia de virus, parásitos, hongos y a veces bacterias.

La infección avanzada por VIH (también llamada síndrome de inmunodeficiencia adquirida o sida) es una etapa grave de la infección por VIH. Los niños con infección avanzada por VIH presentan al menos una infección oportunista o tienen un daño grave en su sistema inmunitario.

A nivel mundial, en 2024, alrededor de 1,4 millones de niños menores de 15 años tenían infección por VIH, y aproximadamente 120.000 de esos casos fueron nuevas infecciones.

Solo alrededor del 1% de las personas infectadas por el VIH en Estados Unidos han sido diagnosticadas cuando eran niños o adolescentes. La infección por VIH en niños ha disminuido considerablemente debido a una mayor generalización de las prueba y al tratamiento de las personas embarazadas infectadas por VIH. El tratamiento con medicamentos antirretrovirales antes y durante el parto puede ayudar a prevenir la transmisión de la infección de madre a hijo. En 2022, solo se diagnosticaron 62 casos nuevos en niños menores de 13 años.

En los Estados Unidos, cada año el número de niños y adolescentes recién diagnosticados de infección por VIH sigue disminuyendo. Sin embargo, el número de infecciones recientemente diagnosticadas en adolescentes y adultos jóvenes, en particular en hombres jóvenes que tienen relaciones sexuales con otros hombres, ha aumentado ligeramente en los últimos años debido a que sobreviven más tiempo. En 2022, se diagnosticaron más de 38 000 nuevos casos de infección por VIH en Estados Unidos. De estos nuevos casos, el 20% correspondieron a adolescentes y adultos jóvenes de 13 a 24 años de edad (la mayoría de los cuales tenían 18 años o más). Los varones resultan los más afectados y representan casi el 80% de los casos nuevos.

En 2023, en los Estados Unidos y sus territorios asociados, hubo 4496 muertes relacionadas con el VIH en personas de todas las edades. Menos de 10 de esas muertes correspondieron a niños de 13 años o más, y solo falleció 1 niño menor de 13 años. En todo el mundo, en 2024, fallecieron alrededor de 75 000 niños infectados.

Los programas creados para administrar terapia antirretroviral (TAR) a personas embarazadas y niños en Estados Unidos han reducido notablemente el número anual de nuevas infecciones infantiles y muertes en la infancia. Sin embargo, los niños infectados en todo el mundo aún no reciben TAR con tanta frecuencia como los adultos.

Transmisión de la infección por VIH

El VIH SE transmite mediante:

  • Semen

  • Líquidos vaginales

  • Fluidos rectales

  • Sangre

  • Leche humana (a través de la lactancia)

  • Agujas contaminadas (utilizadas para inyectar drogas ilícitas)

  • Embarazo y parto

El VIHNO se transmite mediante:

  • Alimentos

  • Agua

  • Aire

  • Tocar o usar los mismos objetos (por ejemplo, ropa, muebles, pomos de puertas y asientos de inodoro)

  • Contacto social en el hogar, en el lugar de trabajo o en el colegio

  • Saliva, lágrimas o sudor

  • Abrazar, toser, besar o dar la mano

  • Garrapatas, mosquitos u otros insectos

En casos muy poco frecuentes, el VIH se ha transmitido por el contacto con sangre infectada en la piel o a través del sexo oral. En casi todos estos casos, la superficie de la piel, principalmente alrededor de los genitales, se encuentra lesionada por rasguños o presenta llagas abiertas; las llagas en la boca (por ejemplo, úlceras bucales y encías sangrantes o dañadas) también aumentan el riesgo, pero en menor medida.

Aunque las lágrimas, la saliva y el sudor pueden contener el virus, no se conocen casos de transmisión de la infección por tos o besos.

Recién nacidos y niños pequeños

El VIH se transmite con mayor frecuencia a los niños por:

  • Una madre infectada, antes del nacimiento o durante el parto

  • Después del nacimiento a través de la lactancia

La gran mayoría de los niños con infección por VIH en Estados Unidos se infectaron antes o alrededor del momento del nacimiento (lo que se denomina transmisión vertical o transmisión de madre a hijo). A la mayoría de los otros niños se les administró sangre o hemoderivados contaminados, y unos pocos se infectaron por abuso sexual.

Debido a las mejoras en las medidas de seguridad respecto al cribado del VIH en sangre y productos sanguíneos, en los últimos años no se ha transmitido el VIH de esta manera.

Entre el 15 y el 40% de las personas que no reciben terapia antirretroviral (TAR) durante el embarazo o la lactancia transmitirán la infección a su bebé. La transmisión, muy a menudo, tiene lugar durante el periodo de dilatación y el parto.

El riesgo de transmisión es más elevado entre las madres que:

  • Contraen la infección por VIH durante el embarazo o durante la lactancia

  • Están gravemente enfermas debido a la infección por VIH

  • Tienen más virus en su organismo

  • Tienen un recuento bajo de glóbulos blancos (leucocitos)

Sin embargo, la transmisión ha disminuido significativamente en Estados Unidos desde cerca del 25% en 1991 hasta cerca del 1% en 2024. La transmisión de madre a hijo se ha reducido debido a un intenso esfuerzo para realizar un cribado y tratar a las mujeres embarazadas infectadas durante el embarazo y el parto.

El virus también se puede transmitir en la leche materna. Algunos lactantes que no contraen la infección al nacer adquieren la infección por VIH si reciben lactancia materna de una madre infectada por el VIH. En la mayoría de los casos, la transmisión se produce en las primeras semanas o meses de vida, pero puede producirse más tarde. La transmisión durante la lactancia es más probable en las madres que tienen niveles elevados de virus en su cuerpo, como las que adquirieron la infección durante el embarazo o durante el período de tiempo en el que amamantaron a su bebé. Sin embargo, una madre con infección por el VIH que recibe tratamiento antirretroviral (TAR) y cuyo nivel de virus del VIH en la sangre es sistemáticamente indetectable tiene menos del 1% de probabilidades de transmitir la infección a su bebé durante la lactancia.

¿Sabías que...?

  • En Estados Unidos, la transmisión del VIH de madre infectada a hijo se ha reducido del 25% en 1991 a aproximadamente el 1% en 2024.

Adolescentes

En los adolescentes, las formas en que se transmite la infección por VIH son las mismas que en los adultos:

  • Mantener relaciones sexuales vaginales o anales sin protección

  • Compartir agujas infectadas

Todos los adolescentes tienen un mayor riesgo de infección por el VIH si tienen relaciones sexuales sin protección. Los adolescentes que comparten agujas infectadas al inyectarse drogas también corren un mayor riesgo.

Síntomas de la infección por VIH en niños y adolescentes

Los niños nacidos con infección por VIH rara vez desarrollan infecciones u otros síntomas durante los primeros meses de vida, aunque el virus pueda debilitar su sistema inmunológico, incluso si no han recibido terapia antirretroviral (TAR). Si los niños permanecen sin tratamiento, los síntomas se suelen desarrollar alrededor de los 3 años de edad, aunque algunos niños pueden no desarrollarlos hasta los 5 años de edad o más. Sin embargo, muchos lactantes mayores que no reciben tratamiento pueden desarrollar en primer lugar una neumonía grave causada por Pneumocystis jirovecii.

Los síntomas de infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) contraído durante la adolescencia son similares a los de los adultos (véase síntomas de infección por VIH en adultos).

Niños con infección por VIH no tratada

En los Estados Unidos y en otros países de ingresos altos, la mayoría de los niños con infección por VIH reciben terapia antirretroviral. Sin embargo, si los niños no reciben terapia antirretroviral, los síntomas comunes de la infección por VIH consisten en:

  • Retraso del crecimiento y retraso de la maduración

  • Aumento de volumen de los ganglios linfáticos en diversas partes del cuerpo

  • Episodios repetidos de infecciones bacterianas (especialmente infecciones pulmonares, del oído y de los senos paranasales)

  • Diarrea recurrente

  • Aumento de tamaño del bazo y del hígado

  • Infección fúngica en la boca (candidiasis oral)

  • Anemia

  • Problemas cardíacos

  • Hepatitis

  • Otras infecciones oportunistas

A medida que el sistema inmunitario del niño se deteriora, aparece una variedad de síntomas y complicaciones.

A veces los niños mayores que no han recibido terapia antirretroviral tienen episodios repetidos de infecciones bacterianas, como infección del oído medio (otitis media), sinusitis, presencia de bacterias en la sangre (bacteriemia) o neumonía. Algunos niños con infección por VIH no tratada desarrollan inflamación pulmonar (neumonía intersticial linfoide).

Los niños no tratados suelen presentar al menos un episodio de neumonía por Pneumocystis jirovecii (véase Neumonía en personas con un sistema inmunitario debilitado). Esta infección oportunista grave puede ocurrir de manera tan precoz como a las 4 a 6 semanas de vida, pero se produce sobre todo en bebés de 3 a 6 meses de edad que adquirieron la infección por el VIH antes o durante el parto. Los lactantes y los niños mayores con neumonía por Pneumocystis jirovecii suelen desarrollar inflamación pulmonar con tos, dificultad respiratoria y fiebre. La neumonía por Pneumocystis es la causa principal de muerte en los niños y los adultos con infección avanzada por VIH.

En un número significativo de niños con infección por VIH no tratados, el daño cerebral progresivo evita o retrasa los hitos del desarrollo, como caminar y hablar. En estos casos también se observan deficiencias en la inteligencia y una desproporción a la baja del tamaño de la cabeza en relación con el resto del cuerpo. Algunos niños infectados sin tratamiento pierden progresivamente sus habilidades sociales y de lenguaje, así como el control muscular. Se les paraliza una parte del cuerpo o caminan con paso vacilante o bien se observa en ellos una cierta rigidez muscular.

La anemia (un recuento bajo de glóbulos rojos) es frecuente si la infección por VIH no se trata. Provoca que los niños se debiliten y se cansen con facilidad.

Algunos niños sin tratamiento pueden presentar problemas cardíacos, como mayor rapidez o irregularidad del ritmo del corazón o insuficiencia cardíaca.

Los niños sin tratamiento también suelen desarrollar inflamación hepática (hepatitis) o inflamación de los riñones (nefritis).

Los cánceres son muy poco frecuentes en los niños con infección avanzada por VIH, pero el linfoma no hodgkiniano y los linfomas cerebrales ocurren más frecuentemente que en los niños no infectados. El sarcoma de Kaposi es muy poco frecuente en niños infectados por VIH.

Niños con infección por VIH tratados con medicamentos antirretrovirales

La terapia antirretrovírica (TARV) ha cambiado significativamente la manera en la que la infección por VIH se manifiesta en los niños. La TAR es muy eficaz y permite a los médicos tratar la infección por VIH como una enfermedad crónica. Con la TAR, los niños con infección por VIH generalmente no desarrollan infecciones oportunistas ni tienen un crecimiento deficiente debido a la infección por VIH.

Aunque la TAR claramente reduce los efectos de la infección por VIH en el cerebro y el sistema nervioso, parece haber una mayor tasa de problemas conductuales, del desarrollo y cognitivos en niños con infección por VIH que son tratados con TAR durante períodos críticos del crecimiento y el desarrollo. No está claro si estos problemas están producidos por la infección con el VIH en sí, por los fármacos utilizados para tratar el VIH, o se deben a otros factores biológicos, psicológicos y sociales que son comunes entre los niños infectados por el VIH.

La TAR ha permitido que los niños sobrevivan durante muchos años, por lo que cada vez más personas que viven con VIH están desarrollando complicaciones a largo plazo debidas a la infección por VIH y a la TAR. Estas complicaciones incluyen obesidad, enfermedades del corazón, diabetes y enfermedades renales. Estas complicaciones pueden estar relacionadas con la infección por VIH en sí o con los efectos de los medicamentos de la TAR.

Diagnóstico de la infección por VIH en niños y adolescentes

  • Para las mujeres embarazadas, antes del nacimiento se realizan cribado y pruebas prenatales durante el trabajo de parto y el parto

  • Para los niños, después del nacimiento, análisis de sangre

  • Para los niños, después del diagnóstico, monitorización frecuente con análisis de sangre

Mujeres embarazadas

El diagnóstico de infección por VIH en los niños comienza con la identificación de la infección por VIH en las mujeres embarazadas gracias al cribado prenatal sistemático de la sangre. Las mujeres deben someterse a pruebas de detección de la infección por VIH al comienzo del embarazo y de nuevo en el tercer trimestre para poder detectar una infección por VIH recién adquirida.

Se pueden realizar pruebas rápidas para detectar el VIH utilizando sangre o saliva mientras las mujeres están en las unidades de trabajo de parto en el hospital. Los análisis pueden aportar resultados entre al cabo de unos minutos y al cabo de unas horas.

Todos los niños menores de 18 meses de edad

Para todos los niños menores de 18 meses de edad, incluidos los recién nacidos, las pruebas de sangre estándar para adultos que detectan anticuerpos o antígenos del VIH no son útiles, porque la sangre de un lactante nacido de una madre con infección por VIH casi siempre contiene anticuerpos del VIH que han atravesado la placenta incluso cuando el lactante no está infectado.

Por tanto, para diagnosticar de forma definitiva la infección por el VIH en niños menores de 18 meses de edad, se utilizan análisis de sangre especiales, denominados pruebas de los ácidos nucleicos (NAT, por sus siglas en inglés). El diagnóstico de infección por el VIH se confirma si las pruebas NAT detectan material genético del VIH (ADN o ARN) en la sangre del niño.

A los recién nacidos se les hacen pruebas al nacer. A continuación, se deben realizar a intervalos frecuentes las pruebas de los ácidos nucleicos (NAT, por sus siglas en inglés), en general en las primeras 2 semanas de vida, alrededor de 1 a 2 meses de edad, y entre los 4 meses y 6 meses de edad. Esta frecuencia en las pruebas permite identificar a la mayoría de los lactantes infectados por el VIH hacia los 6 meses de edad. Algunos lactantes que corren un mayor riesgo de desarrollar infección por VIH después del nacimiento pueden ser evaluados con mayor frecuencia. Este grupo de mayor riesgo incluye a los lactantes nacidos de madres que:

  • Corren riesgo de contraer una infección por VIH

  • No recibieron atención prenatal

  • No recibieron terapia antirretroviral (TAR) durante el embarazo o la recibieron solo después del parto

  • Iniciaron la TAR durante una etapa tardía del embarazo (durante el segundo trimestre tardío o el tercer trimestre)

  • Tenían un nivel desconocido o alto de virus en su cuerpo en las 4 semanas previas al parto (en particular si el parto fue vaginal)

  • Tuvieron una infección por VIH nueva o preexistente durante el embarazo y la lactancia (en cuyo caso se debe suspender la lactancia)

Niños mayores de 18 meses y adolescentes

En los niños mayores de 18 meses y en los adolescentes se pueden emplear los mismos análisis para diagnosticar la infección por VIH en adultos. Por lo general, estos son análisis de sangre que se realizan para detectar anticuerpos y antígenos del VIH. (Los anticuerpos son proteínas producidas por el sistema inmunitario para ayudar a defender el organismo contra el ataque y los antígenos son sustancias que pueden desencadenar una respuesta inmunológica en el organismo; véase pruebas que detectan anticuerpos o antígenos de microorganismos.)

Seguimiento

Una vez se ha diagnosticado la infección por VIH en un niño, los médicos realizan análisis de sangre regulares en intervalos de 3-4 meses para monitorizar la cantidad de linfocitos CD4+ (recuento de CD4) y el número de partículas víricas en la sangre (carga viral).

Los linfocitos son un tipo de glóbulo blanco. El recuento de linfocitos CD4+ disminuye a medida que empeora la infección por VIH. Si el recuento de CD4 es bajo, los niños son más propensos a desarrollar infecciones graves y otras complicaciones del VIH, tales como ciertos tipos de cáncer.

La carga viral aumenta a medida que empeora la infección por VIH. La carga viral ayuda a los médicos a predecir la rapidez con que disminuirá el número de linfocitos CD4 en los próximos años.

El recuento de CD4 y la carga viral ayudan a los médicos a determinar el grado de enfermedad del niño, la probabilidad de eficacia del tratamiento y si se necesitan otros medicamentos para prevenir o tratar infecciones complicadas.

Tratamiento de la infección por VIH en niños y adolescentes

  • Terapia antirretrovírica

  • Seguimiento continuo

  • Fomentar la adherencia al tratamiento

Medicamentos

Todos los niños con infección por VIH deben recibir terapia antirretroviral (TARV) inmediatamente o tan pronto como sea posible, idealmente dentro de 1 a 2 semanas del diagnóstico. Los niños se tratan con la mayoría de los mismos fármacos antirretrovíricos que los adultos (véase Tratamiento farmacológico de la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana [VIH]). Sin embargo, no todos los medicamentos utilizados para niños mayores, adolescentes y adultos están disponibles para bebés y niños pequeños, en parte porque algunos no están disponibles en forma líquida.

La terapia antirretroviral se adapta al niño, pero es muy similar a la que se administra a adolescentes y adultos, principalmente porque las pautas de medicación para estos grupos de edad incluyen las mismas combinaciones de 3 medicamentos antirretrovirales:

  • Dos inhibidores nucleósidos/nucleótidos de la transcriptasa inversa (INTI) más

  • Un inhibidor de la integrasa

En contadas ocasiones se administra un inhibidor no nucleósido de la transcriptasa inversa o un inhibidor de la proteasa (INNTI) junto con 2 INTI.

En general, los niños manifiestan las mismas reacciones adversas que los adultos, pero habitualmente a un nivel más bajo.

Ciclo vital simplificado del virus de la inmunodeficiencia humana

Como todos los virus, el VIH se reproduce (replica) utilizando la maquinaria genética de la célula que infecta, por lo general un linfocito CD4+.

  1. El VIH se une primero a su célula diana y penetra en ella.

  2. El VIH libera ARN, el código genético del virus, en la célula. Para que el virus pueda replicarse, su ARN debe ser convertido en ADN. El ARN se convierte por acción de una enzima llamada transcriptasa inversa (producida por el VIH). El VIH muta fácilmente en este punto porque la transcriptasa inversa es propensa a cometer errores durante la conversión del ARN vira en ADN.

  3. El ADN viral entra en el núcleo de la célula.

  4. Con la ayuda de una enzima denominada integrasa (también producida por el VIH), el ADN del virus se integra con el ADN de la célula.

  5. El ADN de la célula infectada produce ahora ARN vírico, así como las proteínas necesarias para ensamblar un nuevo VIH.

  6. Se ensambla un nuevo virus a partir de ARN y de pequeñas porciones de proteína.

  7. El virus sale a través de la membrana de la célula, envolviéndose en un fragmento de la membrana celular y llevándose al salir un pedacito de ella.

  8. Para ser capaces de infectar otras células, el virus que ha abandonado la célula debe madurar. Alcanza la madurez cuando otra enzima del VIH (la proteasa del VIH) escinde proteínas estructurales en el virus, lo que provoca su reordenación.

Los fármacos utilizados para tratar la infección por VIH se han desarrollado basándose en el ciclo de vida del VIH. Estos fármacos inhiben las tres enzimas (transcriptasa inversa, integrasa y proteasa) que utiliza el virus para replicarse o para adherirse y penetrar en las células.

Seguimiento

El médico supervisa la eficacia de la terapia antirretroviral midiendo regularmente la cantidad de virus presente en la sangre del niño (carga vírica) y el recuento de células CD4+ del niño (véase diagnóstico de la infección por VIH en niños). Los médicos solicitan de forma sistemática otras pruebas de laboratorio y someten a las adolescentes a una prueba de embarazo.

El aumento de la cantidad de virus en la sangre es un indicio de que el virus está desarrollando resistencia a los fármacos o de que el niño no está siguiendo el tratamiento. En uno y otro caso es a veces necesario que el médico prescriba otros fármacos. Para seguir el progreso del niño, el médico lo explora y realiza análisis de sangre a intervalos de 3 a 4 meses. Se realizan otros análisis de sangre y de orina a intervalos de 6 a 12 meses.

Adherencia

La adherencia consiste en tomar los medicamentos según las indicaciones. Es extremadamente importante cumplir con los horarios de dosificación de la terapia antirretrovírica. Si los niños toman los antirretrovirales con menos frecuencia de lo establecido, el VIH en su organismo puede desarrollar rápidamente resistencias a uno o más de los fármacos. Aun así, puede ser difícil para los padres y los niños seguir tratamientos farmacológicos complicados, lo que limita la efectividad de la terapia. Para simplificar los regímenes y mejorar la adherencia, se pueden administrar tabletas que contienen tres o más fármacos. La toma de estos comprimidos puede ser necesaria solo 1 o 2 veces al día. Las formas líquidas de los fármacos tienen ahora mejor sabor, lo que mejora la adherencia.

La adherencia al tratamiento antirretroviral puede ser más difícil en adolescentes que en niños más pequeños. Los adolescentes con otras enfermedades crónicas, como la diabetes o el asma, pueden tener dificultades para cumplir con las pautas del tratamiento (véase también Niños y jóvenes con necesidades especiales de atención médica). Quieren ser como sus compañeros y pueden sentirse apartados por su enfermedad. Omitir o interrumpir el tratamiento puede ser una forma de negación de la enfermedad. Estas y otras cuestiones adicionales que pueden complicar el tratamiento y reducir la adherencia en adolescentes con infección por VIH incluyen:

  • Autoestima baja

  • Un estilo de vida caótico y desestructurado

  • El miedo a ser señalado por causa de la enfermedad

  • A veces, la falta de apoyo familiar

  • Dificultades de transporte

  • Limitaciones financieras

  • Acceso limitado a instalaciones de atención médica

Además, los adolescentes pueden no entender completamente por qué son necesarios los fármacos cuando no se sienten enfermos, y pueden estar muy preocupados por los efectos adversos.

A pesar del contacto frecuente con un equipo de atención pediátrica, los adolescentes que se infectaron desde el nacimiento pueden temer o negar la infección por el VIH o desconfiar de la información proporcionada por el equipo de atención médica. En lugar de enfrentarse directamente con los adolescentes que carecen de adecuados sistemas de apoyo sobre la necesidad de seguir el tratamiento, los equipos de atención pueden ayudar al adolescente a que se centre en cuestiones prácticas tales como la forma de evitar las infecciones oportunistas, el acceso a información sobre la salud reproductiva, la vivienda, y el éxito académico (véase Transición al cuidado de pacientes adultos).

Prevención de las infecciones oportunistas

Para prevenir la neumonía por Pneumocystis, se administra el antibiótico trimetoprima/sulfametoxazol a los niños con infección por el VIH en función de su edad y de su , se administra el antibiótico trimetoprima/sulfametoxazol a los niños con infección por el VIH en función de su edad y de surecuento de CD4 (el número de un tipo específico de glóbulos blancos denominados linfocitos CD4) o del porcentaje de CD4 (la proporción del total de glóbulos blancos que están formados por linfocitos CD4). Todos los lactantes nacidos de mujeres infectadas por el VIH reciben trimetoprima/sulfametoxazol a partir de las 4 a 6 semanas de edad hasta que las pruebas muestran que no están infectados. A los niños que no toleran la trimetoprima-sulfametoxazol se les puede administrar dapsona, atovacuona o pentamidina.se les puede administrar dapsona, atovacuona o pentamidina.

Para prevenir la infección por el complejo Mycobacterium avium, se administra el antibiótico azitromicina o claritromicina a los niños con infección por VIH que tienen el sistema inmunitario significativamente debilitado, en función de su edad y de su , se administra el antibiótico azitromicina o claritromicina a los niños con infección por VIH que tienen el sistema inmunitario significativamente debilitado, en función de su edad y de surecuento de CD4. La rifabutina es un antibiótico alternativo.. La rifabutina es un antibiótico alternativo.

Vacunas infantiles de rutina

Casi todos los niños infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) deben recibir las vacunas infantiles de rutina, tales como:

El nirsevimab es un medicamento que contiene anticuerpos contra el virus respiratorio sincitial (VSR) y debe administrarse a lactantes con infección por VIH cuyas madres no hayan recibido la El nirsevimab es un medicamento que contiene anticuerpos contra el virus respiratorio sincitial (VSR) y debe administrarse a lactantes con infección por VIH cuyas madres no hayan recibido lavacunación adecuada contra el VSR durante el embarazo.

También se recomienda a los miembros del hogar la vacunación anual contra la gripe con vacuna inactiva o con virus vivos.

Algunas vacunas que contienen bacterias vivas, como la vacuna del bacilo de Calmette-Guérin (utilizada para prevenir la tuberculosis en algunos países fuera de los Estados Unidos), o virus vivos, como la vacuna oral contra el virus de la poliomielitis (no disponible en Estados Unidos, pero todavía se utiliza en otras partes del mundo), pueden causar una enfermedad grave o mortal en los niños con VIH cuyo sistema inmunitario está muy deteriorado. Sin embargo, la vacuna viva contra el sarampión, las paperas y la rubéola (triple vírica), la vacuna viva contra la varicela y, en algunas zonas del mundo, la vacuna viva contra la fiebre amarilla, la vacuna viva contra la encefalitis japonesa y la vacuna viva contra el virus del dengue se recomiendan para niños con infección por VIH cuyo sistema inmunitario no está gravemente deteriorado o que no presentan síntomas de infección por VIH.

Las vacunas pueden ser menos eficaces en niños con infección por VIH porque el virus daña su sistema inmunitario. Los niños con infección por VIH que tienen recuentos muy bajos de CD4+ se consideran en riesgo de contraer enfermedades prevenibles por vacunación cuando están expuestos a una de dichas enfermedades (como el sarampión, el tétanos o la varicela), independientemente de si han recibido la vacuna para esa enfermedad. Para reforzar el sistema inmunitario y prevenir así infecciones bacterianas graves o recurrentes, a estos niños se les administra inmunoglobulina por vía intravenosa. La inmunoglobulina intravenosa es una solución purificada de anticuerpos obtenidos de donantes voluntarios. Los médicos también administran inmunoglobulina intravenosa o vacunación inmediata con la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola a miembros del hogar no inmunizados que estén expuestos al sarampión.

Problemática social

A los niños con infección por VIH se les debe permitir asistir a la escuela sin restricciones, y no debe haber limitaciones en cuanto al acogimiento familiar, la adopción o el cuidado infantil de estos niños.

La cantidad de información y el momento en que se informa a los niños sobre su enfermedad dependen de su edad y madurez. Los niños mayores y los adolescentes deben conocer su diagnóstico y la posibilidad de transmisión sexual, y deben recibir un asesoramiento adecuado. Los sentimientos de culpa (especialmente en niños mayores y adolescentes) son comunes. Cualquier miembro de la familia que sufra depresión debe recibir asesoramiento psicológico.

Las familias pueden mostrarse reacias a compartir el diagnóstico con personas ajenas a la familia inmediata, ya que ello puede provocar aislamiento social y depresión en los niños afectados y en sus familiares. Dado el estigma asociado con la enfermedad, el uso generalizado de precauciones universales en escuelas y guarderías y el hecho de que el contagio de la infección a otros niños es muy poco probable, no es necesario que nadie, aparte de los padres, el médico y tal vez el personal de enfermería de la escuela sepa que el niño tiene la infección por el VIH.

Los niños infectados por el VIH han de participar en las actividades rutinarias de la infancia tanto como se lo permita su condición física. La interacción con otros niños mejora el desarrollo social y la autoestima.

Transición a la medicina del adulto en adolescentes con infección por VIH

Una vez que los adolescentes con infección por VIH alcanzan cierta edad (generalmente entre 18 y 21 años), hacen la transición de la atención pediátrica a la atención para adultos. La atención médica para adultos es bastante diferente de la atención pediátrica, por lo que la transición requiere tiempo y planificación anticipada.

El cuidado de la salud pediátrica típicamente está centrado en la familia, y el equipo de atención incluye un equipo multidisciplinario de médicos, enfermeras, trabajadores sociales y profesionales de la salud mental. Los adolescentes infectados al nacer pueden haber sido atendidos por un equipo de este tipo durante toda su vida.

En contraste, la atención de la salud típica de adultos tiende a estar centrada en el individuo, y los profesionales de la salud involucrados pueden estar ubicados en consultas separadas que requieren múltiples visitas. Los profesionales de la salud en las consultas y clínicas de atención de adultos a menudo manejan grandes volúmenes de pacientes, y las consecuencias de llegar tarde o faltar a las citas (que pueden ser más habitual entre los adolescentes) son más estrictas.

Planificar la transición durante varios meses y organizar sesiones de orientación o consultas conjuntas entre los adolescentes y los profesionales de la salud pediátrica y del adulto puede favorecer una transición más fluida y exitosa.

Pronóstico de la infección por VIH en niños y adolescentes

Antes de la terapia antirretrovírica (TAR), entre el 10 y el 20% de los niños de países de ingresos altos y entre el 60 y el 70% de los niños de países de ingresos bajos murieron antes de los 5 años de edad. Hoy en día, con la terapia antirretrovírica, la mayoría de los niños con infección neonatal por el VIH sobreviven hasta bien entrada la edad adulta. Un número cada vez mayor de estos adultos jóvenes que fueron infectados al nacer han tenido sus propios hijos.

Si los niños con infección por VIH no reciben terapia antirretrovírica, se producen infecciones oportunistas, en particular neumonía por Pneumocystis, y el pronóstico es malo. La neumonía por Pneumocystis es mortal en el 5 al 30% de los niños tratados y casi siempre mortal en los niños no tratados. El pronóstico también es malo para aquellos niños en los que el VIH se detecta de forma temprana (en la primera semana de vida) o que desarrollan síntomas en el primer año de vida y no reciben terapia antirretrovírica.

Debido a la forma en la que el VIH permanece oculto dentro de las células del huésped, los fármacos no eliminan por completo el virus del organismo. Incluso cuando las pruebas no detectan el virus, algunos virus permanecen en el interior de las células. Hasta la fecha, no hay cura para la infección por VIH y aún no se sabe si es posible curarla. Lo que sí se sabe, sin embargo, es que la infección por el VIH es tratable y que la supervivencia a largo plazo es posible si se administra un tratamiento antirretrovírico eficaz.

Los médicos recomiendan que la TAR no se interrumpa a ninguna edad.

Prevención de la infección por VIH en niños y adolescentes

(Véase también Tratamiento preventivo después de la exposición.)

Prevención de la transmisión de la madre infectada al hijo

La terapia preventiva actual para las mujeres embarazadas infectadas es muy eficaz para minimizar la transmisión. Las personas embarazadas con infección por VIH deben comenzar la terapia antirretroviral (TAR) tan pronto como se diagnostique la infección por VIH y estén listas para seguir el tratamiento según las indicaciones. Las mujeres embarazadas infectadas por el VIH que ya están en tratamiento antirretrovírico deberían continuar el tratamiento durante todo el embarazo. Las mujeres infectadas por VIH también deben continuar con la terapia antirretroviral (TARV) cuando intentan quedarse embarazadas.

Además del tratamiento antirretroviral, el medicamento antirretrovírico zidovudina (ZDV) se administra por vía intravenosa a la madre durante el trabajo de parto y el parto. A continuación, se administra ZDV al recién nacido expuesto al VIH por vía oral dos veces al día durante las primeras 2 semanas de vida (a veces junto con 4 a 6 semanas de medicamentos antivíricos adicionales para ciertos recién nacidos con mayor riesgo de contraer la infección por VIH). El tratamiento de madres e hijos con combinaciones de medicamentos antirretrovirales reduce la tasa de transmisión del 25% al 1% o menos. Además, la Además del tratamiento antirretroviral, el medicamento antirretrovírico zidovudina (ZDV) se administra por vía intravenosa a la madre durante el trabajo de parto y el parto. A continuación, se administra ZDV al recién nacido expuesto al VIH por vía oral dos veces al día durante las primeras 2 semanas de vida (a veces junto con 4 a 6 semanas de medicamentos antivíricos adicionales para ciertos recién nacidos con mayor riesgo de contraer la infección por VIH). El tratamiento de madres e hijos con combinaciones de medicamentos antirretrovirales reduce la tasa de transmisión del 25% al 1% o menos. Además, larealización de una cesárea (incisión cesárea) antes de que empiece el parto puede reducir el riesgo para el recién nacido de contraer la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Los médicos pueden recomendar el parto por cesárea en mujeres cuya infección no es bien controlada por la terapia antirretrovírica. Después del parto, la terapia antirretrovírica se continúa para todas las mujeres con infección por VIH.

El VIH puede transmitirse durante la lactancia y a través de la leche humana, pero el riesgo es muy bajo. Las madres que desean amamantar deben recibir asesoramiento y mantener conversaciones con profesionales de la salud para la toma de decisiones.

En países donde los riesgos de desnutrición e infecciones son altos y donde no se dispone de fórmula infantil segura y asequible o leche de donante pasteurizada de un banco de leche, los beneficios de la lactancia materna pueden superar el riesgo de transmisión del VIH. En estos países, las madres con infección por VIH que están bajo supervisión médica pueden continuar amamantando durante al menos 12 meses de vida del lactante. Los médicos pueden decidir administrar a los lactantes TAR (por ejemplo, nevirapina o lamivudina) durante todo el período de lactancia materna.En países donde los riesgos de desnutrición e infecciones son altos y donde no se dispone de fórmula infantil segura y asequible o leche de donante pasteurizada de un banco de leche, los beneficios de la lactancia materna pueden superar el riesgo de transmisión del VIH. En estos países, las madres con infección por VIH que están bajo supervisión médica pueden continuar amamantando durante al menos 12 meses de vida del lactante. Los médicos pueden decidir administrar a los lactantes TAR (por ejemplo, nevirapina o lamivudina) durante todo el período de lactancia materna.

Las madres con infección por VIH no deben donar su leche a los bancos de leche.

Las madres con infección por el VIH no deben premasticar los alimentos para los lactantes, ya que existe un riesgo poco frecuente de que sus secreciones orales contengan el virus y puedan contaminar la comida (como ocurre en las madres que tienen llagas abiertas en la boca o encías sangrantes).

Prevenir la transmisión de niños infectados a otras personas

Dada la probabilidad de ignorar que un niño está infectado por el VIH, todos los colegios y las guarderías deben adoptar medidas especiales para controlar los accidentes, tales como las hemorragias nasales, y limpiar y desinfectar las superficies contaminadas con sangre.

Durante la limpieza, el personal debe ser instruido para evitar el contacto directo de la piel con la sangre. Siempre deben utilizarse guantes y es necesario lavarse las manos después de quitárselos.

Las superficies contaminadas deben limpiarse y desinfectarse con una solución de lejía recién preparada que contenga una parte de lejía de uso doméstico y de 10 a 100 partes de agua.

Se siguen estas prácticas llamadas precauciones generales no sólo para los niños con infección por el VIH sino en todos los niños y en todas las situaciones en las que existe exposición a productos sanguíneos.

Dado que la infección por VIH no se transmite a través de la saliva ni de las lágrimas, se debe permitir a los niños con infección por VIH asistir a las escuelas y a las guarderías sin restricciones. Sin embargo, un niño pequeño con infección por VIH que pueda suponer un mayor riesgo para los demás (por ejemplo, un niño con llagas abiertas en la piel o que muerde agresivamente a otras personas) requiere precauciones especiales.

A los niños con infección por VIH se les deben enseñar buenas medidas de higiene y conducta (por ejemplo, el lavado de manos, el cuidado rápido de las heridas y la precaución de no compartir objetos personales, como cuchillas de afeitar o cepillos de dientes) para reducir el riesgo de contagio a otras personas.

Prevención de la transmisión en adolescentes

La prevención en los adolescentes es la misma que la prevención en los adultos.

Todos los adolescentes deben tener acceso a las pruebas del VIH y se les debe enseñar cómo se transmite el VIH y cómo se puede evitar, incluida la abstención de comportamientos de alto riesgo (como compartir agujas infectadas) y practicar sexo más seguro. Deben realizarse esfuerzos para incluir a los adolescentes con alto riesgo de contraer la infección por VIH, como los hombres adolescentes de ascendencia africana y los hispanos que tienen relaciones sexuales con otros hombres.

Tratamiento preventivo antes de la exposición

Tomar un fármaco antirretroviral antes de la exposición al VIH puede reducir el riesgo de infección por VIH. Este tratamiento preventivo se denomina profilaxis previa a la exposición (preexposure prophylaxis, PrEP según sus siglas en inglés). Los medicamentos para la profilaxis previa a la exposición son el fumarato de disoproxilo de tenofovir/emtricitabina (TDF/FTC), la alafenamida de tenofovir/emtricitabina (TAF/FTC), el lenacapavir y el cabotegravir.según sus siglas en inglés). Los medicamentos para la profilaxis previa a la exposición son el fumarato de disoproxilo de tenofovir/emtricitabina (TDF/FTC), la alafenamida de tenofovir/emtricitabina (TAF/FTC), el lenacapavir y el cabotegravir.

La PrEP es más efectiva si las personas toman el medicamento todos los días o según las instrucciones, pero puede ser costosa, por lo que se recomienda con mayor frecuencia para personas que no están infectadas con el VIH pero tienen un riesgo elevado de infectarse, como personas (incluidos adolescentes mayores) que tienen una pareja sexual infectada con VIH, hombres que tienen relaciones sexuales con hombres y personas transgénero. Los adolescentes con riesgo de contraer la infección por el VIH también pueden recibir la profilaxis previa a la exposición (PrEP), sobre todo si son sexualmente activos, pero las cuestiones relacionadas con la confidencialidad y el coste pueden hacer que la obtención de PrEP sea más compleja para ellos que para los adultos.

Las personas que usan la PrEP aún necesitan utilizar otros métodos para prevenir otras infecciones de transmisión sexual (ITS) o infecciones transmitidas por la sangre (por ejemplo, hepatitis B y hepatitis C), incluyendo el uso constante de condones y no compartir agujas para inyectarse drogas.

Información del fármaco para el tema

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