Toxicidad y abstinencia de opioides

Revisión completa: jun 2026 PorMashal Khan, MD, NewYork-Presbyterian Hospital | Evguenia Makovkina, MD, New York-Presbyterian Hospital-Weill Cornell | Revisión de colegas realizada porMark Zimmerman, MD, South County Psychiatry
Última actualización: ago 2026
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Vista para pacientes

Los opioides son potentes analgésicos y euforizantes con el potencial de causar sedación y depresión respiratoria. Las dosis altas pueden provocar depresión respiratoria, que puede tratarse con antídotos (p. ej., naloxona) en caso de sobredosis. El umbral a partir del cual puede producirse depresión respiratoria varía entre individuos, ya que está directamente relacionado con los niveles de tolerancia a los opioides. La toxicidad por opioides complicada con depresión respiratoria grave puede tratarse con naloxona y soporte respiratorio cuando sea necesario. El síndrome de abstinencia de opioides es principalmente un diagnóstico clínico y puede tratarse mediante el manejo de la abstinencia y el inicio de la terapia de mantenimiento.

El término opioide se usa para referirse a sustancias naturales (originalmente derivadas de la planta del opio o adormidera) y sus análogos semisintéticos y sintéticos, que se unen a los receptores opioides. Los opioides son analgésicos potentes que son objeto frecuente de uso indebido debido a su amplia disponibilidad y a sus efectos euforizantes, y su uso puede provocar adicción; véase también Analgésicos opioides y Trastorno por consumo de opioides y rehabilitación.

La tolerancia y la dependencia fisiológica en los receptores opioides se desarrollan con el tiempo, y el grado de cada una depende de la dosis y de la duración del consumo de opioides. Si existe dependencia fisiológica y el opioide se suspende de forma repentina, aparecen síntomas de abstinencia. (Véase también Tolerancia y resistencia).

La abstinencia tiene componentes tanto fisiológicos como psicológicos y puede solaparse con los síndromes de abstinencia de otras sustancias. Cuatro signos son específicos de la abstinencia de opioides:

  • Midriasis

  • Piloerección

  • Lagrimeo/rinorrea

  • Bostezos

La abstinencia de opioides es un diagnóstico clínico; los análisis toxicológicos de orina para detectar opioides son de utilidad.

Los síntomas de abstinencia pueden tratarse mediante sustitución con un opioide de acción prolongada (p. ej., metadona) o buprenorfina (un agonista opioide parcial). Además de la terapia con agonistas, pueden emplearse medicamentos de apoyo como clonidina, ondansetrón, paracetamol, loperamida y ansiolíticos para el alivio sintomático.

Fisiopatología del uso y la tolerancia de opioides

Hay 3 receptores principales para opioides en el cerebro: delta, kappa y mu. Los receptores de opioides se encuentran en todo el sistema nervioso central, pero en particular en las áreas y las vías asociadas con la percepción del dolor. Los receptores opioides se encuentran también en los nervios periféricos, en los mastocitos y en el tubo digestivo, donde ayudan a regular la motilidad intestinal (1). Cada subtipo de receptor tiene un patrón de distribución diferente en los tejidos centrales en comparación con los periféricos; por ejemplo, ciertas regiones cerebrales (caudado, núcleo accumbens, cerebelo) presentan una alta concentración de receptores opioides mu (2), lo que implica a los receptores mu en la vía de la recompensa y en la neurobiología de la adicción.

Los receptores de opioides son estimulados por las endorfinas endógenas, que producen analgesia y una sensación de bienestar. Los opioides exógenos se utilizan con fines terapéuticos, principalmente como analgésicos. Los opioides exógenos varían en su actividad sobre los receptores y algunos (p. ej., buprenorfina) tienen acciones agonistas y antagonistas combinadas. Los compuestos con actividad antagonista pura bloquean los efectos de los agonistas opioides, pero se utilizan con fines diferentes. La naloxona se usa para revertir una sobredosis, mientras que la naltrexona se usa para prevenir la recaída después de la desintoxicación de opioides.

Los opioides exógenos pueden consumirse por casi cualquier vía: oral, intravenosa, subcutánea, rectal, intranasal o por inhalación de humo. Los efectos máximos se alcanzan unos 10 min después de la inyección IV, de 10 a 15 min después de la insuflación nasal y 90 a 120 min después de la ingestión oral, aunque el tiempo hasta los efectos máximos y la duración del efecto varían considerablemente según el medicamento específico.

Cuando se utilizan opioides exógenos durante un período prolongado sin interrupción, se produce tolerancia a los opioides mediante cambios neuroadaptativos en los receptores opioides (3). La presencia de tolerancia a los opioides provoca síntomas de abstinencia cuando se suspende un opioide exógeno. La gravedad del síndrome de abstinencia de opioides se correlaciona con el grado de tolerancia a los opioides de cada individuo. Los síntomas característicos de activación autonómica asociados con la abstinencia aguda de opioides (midriasis, piloerección, rinorrea, lagrimeo, bostezo, diaforesis, malestar gastrointestinal) son atribuibles a la actividad no contrarrestada de la vía de señalización del AMPc, que se regula al alza con la activación crónica del receptor opioide mu.

Efectos crónicos

La tolerancia a los opioides puede desarrollarse rápidamente, lo que a menudo conlleva un aumento progresivo de las dosis necesarias para alcanzar el mismo grado de alivio del dolor o euforia. Con frecuencia, la tolerancia a los diferentes efectos de los opioides se desarrolla en forma desigual. Las personas que usan opioides de forma crónica pueden volverse relativamente tolerantes a los efectos euforizantes y depresores respiratorios de la droga, pero siguen presentando miosis y estreñimiento asociado a los opioides.

Tras el consumo durante solo algunos días, puede aparecer un síndrome de abstinencia menor a los opioides. La gravedad del síndrome aumenta con la dosis diaria de opioides y la duración de la dependencia.

El uso a largo plazo de opioides puede causar una variedad de síntomas, que incluyen estreñimiento crónico (a veces complicado por obstrucción intestinal), náuseas y vómitos, hiperhidrosis, hiperalgesia inducida por opioides, prurito, mareos, fatiga, somnolencia, alteraciones del estado de ánimo e hipogonadismo en los hombres (4, 5). Estos síntomas parecen ser bien tolerados desde el punto de vista fisiológico, incluso por personas que han consumido metadona durante décadas. Los consumidores de opioides que se los inyectan por vía intravenosa corren el riesgo de sufrir efectos adversos por contaminantes (p. ej., talco) y adulterantes (p. ej., xilacina, medicamentos estimulantes de venta libre), así como daño cardíaco, pulmonar y hepático debido a infecciones como la infección por HIV, endocarditis y hepatitis B o C, que se propagan a través de técnicas de inyección no estériles y el uso compartido de agujas (véase Drogadicción intravenosa).

Embarazo

El uso de opioides durante el embarazo puede causar dependencia de opioides en el feto con el consiguiente síndrome de abstinencia neonatal (SAN) al nacer. El tratamiento de pacientes gestantes con trastorno por uso de opioides (TUO) mediante agonistas opioides produce una mejora tanto en los resultados neonatales como en los maternos (6). Si bien tanto la metadona como la buprenorfina son eficaces para el manejo del trastorno por uso de opioides (TUO) durante el embarazo, la buprenorfina se asocia con resultados neonatales más favorables, incluida una menor incidencia y gravedad del síndrome de abstinencia neonatal (7). Sin embargo, la metadona se ha asociado con tasas más altas de retención en el tratamiento tanto durante el embarazo como en el posparto. El embarazo puede ser un momento de gran motivación para que las futuras madres busquen tratamiento. En términos generales, las pacientes gestantes con trastorno por uso de opioides (TUO) en tratamiento de mantenimiento tienen menos probabilidades de abandonar el tratamiento que las pacientes no gestantes (8, 9).

Las leyes varían según el estado en cuanto a las consecuencias legales del consumo de sustancias durante el embarazo y tras el parto, lo cual repercute en la forma en que las pacientes gestantes abordan su consumo continuo de sustancias con los profesionales de la salud. Los estudios han demostrado que los estados con políticas punitivas respecto al consumo de sustancias durante el embarazo presentan un menor acceso a los medicamentos para el trastorno por uso de opioides (TUO) y tasas más bajas de atención prenatal y posparto (10, 11).

Referencias de fisiopatología

Signos y síntomas de la toxicidad por opioides y abstinencia de opioides

Efectos agudos de la intoxicación

La intoxicación aguda por opioides se caracteriza por euforia y somnolencia. Son frecuentes los efectos de los mastocitos (p. ej., eritema facial, prurito), sobre todo con la morfina. Los efectos gastrointestinales incluyen náuseas, vómitos, disminución de los ruidos intestinales y estreñimiento.

Toxicidad o sobredosis

El principal efecto tóxico de la sobredosis de opioides es la depresión respiratoria, caracterizada por la disminución de la frecuencia respiratoria y la reducción de la ventilación, que puede derivar en apnea. Otras complicaciones (p. ej., edema pulmonar, que en general aparece en minutos a unas pocas horas después de la sobredosis del opioide) y la muerte se producen sobre todo por la hipoxia. Las pupilas se muestran mióticas en caso de sobredosis. También puede haber delirium, hipotensión, bradicardia, disminución de la temperatura corporal y retención urinaria.

El síndrome serotoninérgico aparece ocasionalmente cuando se administra fentanilo, meperidina, tramadol, metadona, codeína u oxicodona de forma concomitante con un medicamento que tiene efectos serotoninérgicos (p. ej., inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, inhibidores de la monoaminooxidasa). El síndrome serotoninérgico se caracteriza por una o más de las siguientes manifestaciones:

  • Hipertonía

  • Temblor e hiperreflexia

  • Clonus espontáneo, inducible u ocular

  • Sudoración e inestabilidad autónoma

  • Agitación

  • Temperatura > 38°

No obstante, se ha descrito leucoencefalopatía espongiforme tras el consumo de heroína, principalmente mediante la inhalación de sus vapores («perseguir el dragón»), aunque también por otras vías (1, 2). Los síntomas dependen del momento de la presentación y pueden incluir agitación motora, apatía, ataxia o parálisis. Los síntomas pueden resolverse o progresar a desregulación autónoma y muerte.

Abstinencia

El síndrome de abstinencia a los opioides suele incluir signos y síntomas de hiperactividad del sistema nervioso central. El inicio y la duración del síndrome dependen de cada droga en particular y su semivida. Los síntomas pueden aparecer tan pronto como 4 h después de la última dosis de heroína, con un máximo entre las 48 y las 72 h, y desaparecen después de una semana. La ansiedad y el deseo irresistible de conseguir la droga son seguidos de aumento de la frecuencia respiratoria en reposo (> 16 respiraciones/min), en general con sudoración, bostezo, lagrimeo, rinorrea, midriasis y espasmos gástricos. Más tarde, pueden aparecer piloerección ("piel de gallina"), temblores, fasciculaciones musculares, taquicardia, hipertensión, fiebre y escalofríos, anorexia, náuseas, vómitos y diarrea.

La abstinencia presenta un componente tanto fisiológico como psicológico. La abstinencia aguda de opioides se manifiesta inicialmente como ansiedad y deseo intenso de consumir la droga —el componente psicológico de la abstinencia—, seguida de signos fisiológicos como aumento de la frecuencia respiratoria, diaforesis, bostezos, lagrimeo, rinorrea, midriasis, piloerección y calambres abdominales. Más tarde, pueden aparecer temblores, fasciculaciones musculares, taquicardia, hipertensión, fiebre, escalofríos, anorexia, náuseas, vómitos y diarrea. Los síntomas de abstinencia de opioides pueden solaparse con los síndromes de abstinencia de otras sustancias. Sin embargo, cuatro signos son específicos de la abstinencia de opioides: midriasis, piloerección, lagrimeo/rinorrea y bostezos. La abstinencia de opioides es un diagnóstico clínico; los análisis toxicológicos de orina para detectar opioides resultan de utilidad.

La abstinencia de opioides no suele causar fiebre, convulsiones ni alteración del estado mental; la presencia de estos síntomas requiere una evaluación diagnóstica adicional y el esclarecimiento del consumo concomitante de otras sustancias. Aunque sus síntomas pueden ser muy angustiantes, la abstinencia de opioides en sí misma no es potencialmente mortal.

El síndrome de abstinencia en las personas que toman metadona (que tiene una semivida prolongada cuando se toma a diario) se desarrolla más lentamente y puede ser menos grave en su fase aguda que la abstinencia de heroína, aunque los usuarios pueden describirlo como peor. Incluso después de que el síndrome de abstinencia remita, el letargo, el malestar general, la ansiedad y las alteraciones del sueño pueden persistir entre varias semanas y varios meses. El deseo irresistible de conseguir la droga puede persistir durante años.

Referencias de los signos y síntomas

Diagnóstico de la toxicidad por opioides y la abstinencia de opioides

  • Anamnesis y examen físico

  • A veces, análisis de drogas en orina

  • A veces, una escala de abstinencia validada

El diagnóstico suele hacerse por la clínica y, a veces, mediante pruebas para la detección de drogas en orina; las pruebas de laboratorio se realizan según sea necesario para identificar las complicaciones relacionadas con la droga. En general, no se miden las concentraciones de fármaco.

El uso de la Escala Clínica de Abstinencia de Opioides (COWS, por sus siglas en inglés) puede ser de utilidad para evaluar la gravedad de la abstinencia de opioides mediante un valor numérico y puede orientar el manejo clínico en entornos sanitarios.

Tratamiento de la toxicidad por opioides y la abstinencia de opioides

El tratamiento difiere según si el paciente requiere el manejo de una sobredosis (toxicidad) o de la abstinencia. El tratamiento para la abstinencia también incluye el inicio de la terapia de mantenimiento.

Toxicidad o sobredosis

  • Apoyo respiratorio cuando sea necesario

  • Naloxona

La primera prioridad es el tratamiento para mantener la vía aérea y asegurar una ventilación adecuada.

Los pacientes con respiración espontánea pueden ser tratados con un antagonista opioide, por lo general naloxona, de 0,4 a 2 mg por vía intravenosa (IV) administrados en incrementos de 0,4 mg cada 2 a 3 minutos según sea necesario (para niños < 20 kg, 0,1 mg/kg); la naloxona no tiene actividad agonista y tiene una semivida corta (véase la tabla ). La naloxona revierte rápidamente la inconsciencia y la apnea debidas a opioides en la mayoría de los pacientes. Si no se dispone de inmediato de un acceso IV, la administración intramuscular, subcutánea o intranasal también es eficaz. Si no hay respuesta en el transcurso de 2 min, pueden administrarse dosis adicionales. La sobredosis y la intoxicación por opioides sintéticos potentes como los derivados del fentanilo podrían precisar dosis mayores de naloxona.

Algunos pacientes presentan agitación, delirio y agresividad al recuperar la consciencia, y como la naloxona precipita la abstinencia aguda, a veces se requiere el manejo de la agitación para la seguridad del paciente y del personal en los entornos sanitarios. Para atenuar la abstinencia en consumidores crónicos, algunos expertos sugieren titular dosis muy pequeñas de naloxona (0,1 mg) cuando la situación clínica no requiere la reversión de urgencia de la toxicidad grave por opioides.

Los pacientes de apnea inicialmente pueden ser tratados con 2 mg de naloxona IV si se puede dar sin demora; se debe tener en cuenta que la dosis es mayor que para los pacientes que solo están somnolientos. En los Estados Unidos y en algunos otros países, la naloxona está disponible sin receta médica para que los pacientes en apnea puedan ser rescatados por amigos o familiares. Cuando se dispone de naloxona y esta se administra en forma rápida, rara vez se requiere intubación endotraqueal.

Los pacientes deben ser observados durante varias horas después de que recuperan la respiración espontánea. Dado que la semivida de la naloxona es más corta que la de algunos opioides, la depresión respiratoria puede reaparecer en cuestión de horas tras una sobredosis de un opioide de acción prolongada, como la metadona, la oxicodona de liberación sostenida o la morfina de liberación prolongada. Por lo tanto, la duración de la observación estricta y la monitorización de los signos vitales debe variar según la semivida del opioide implicado. Por lo general, los pacientes con sobredosis de opioides de acción prolongada deben ingresar en el hospital para observación; los pacientes con sobredosis de opioides de acción corta pueden recibir el alta al cabo de varias horas.

Si se repite la depresión respiratoria, se debe volver a administrar naloxona en una dosis adecuada. No se ha identificado el mejor régimen de dosificación. Muchos médicos utilizan dosis en bolo repetidas de la misma dosis que fue eficaz inicialmente. Otros recomiendan una infusión continua de naloxona, que por lo general comienza con unos dos tercios de la dosis efectiva inicial por hora. En teoría, una infusión continua debería permitir ajustar la dosis para mantener la frecuencia respiratoria sin precipitar o empeorar la abstinencia; sin embargo, en la práctica puede resultar difícil, y existe el riesgo de que la depresión respiratoria reaparezca si se interrumpe la infusión (p. ej., por la pérdida de la vía intravenosa). Ambos regímenes requieren un estrecho control, típicamente en una unidad de cuidados intensivos.

Los pacientes deben observarse hasta que no se presente actividad farmacológica de la naloxona y no aparezcan síntomas relacionados con los opioides. La semivida en suero de la naloxona es de alrededor de 1 h, de modo que un período de observación de 2 a 3 h después del uso de naloxona debe definir el cuadro. La semivida de la heroína IV es relativamente corta y es raro que la depresión respiratoria por la heroína recidive después de la reversión con naloxona.

Se proporciona soporte respiratorio adicional a los pacientes apneicos o hipopneicos según sea necesario, junto con naloxona o, si esta no se encuentra disponible, mediante medidas que incluyen el manejo de la vía aérea, la ventilación con bolsa-mascarilla, la intubación endotraqueal y la ventilación mecánica.

El edema pulmonar agudo se trata con oxígeno y a menudo modalidades no invasivas o invasivas de soporte respiratorio (p. ej., presión positiva de dos niveles en las vías aéreas [BiPAP], intubación endotraqueal).

Manejo de la abstinencia y desintoxicación

El tratamiento incluye varias estrategias:

  • Sustitución por buprenorfina o metadona

  • Naltrexona intramuscular de acción prolongada

  • Medicamentos adyuvantes para el alivio de los síntomas

  • Intervenciones psicosociales y apoyo psicoterapéutico

El síndrome de abstinencia a opioides es autolimitado y, aunque es muy desagradable, no supone un riesgo vital. Los efectos metabólicos y físicos menores de la abstinencia pueden persistir hasta 6 meses. La abstinencia puede tratarse de forma ambulatoria, a menos que los pacientes requieran hospitalización por problemas médicos o conductuales concurrentes.

Las opciones para el tratamiento de la abstinencia incluyen el tratamiento con agonistas (con metadona o buprenorfina) junto con medicamentos adyuvantes como clonidina, paracetamol, loperamida y ondansetrón para el control sintomático del paciente. El uso exclusivo de medicamentos adyuvantes (desintoxicación) sin iniciar un medicamento de mantenimiento para el trastorno por uso de opioides (TUO) se asocia con un alto riesgo de sobredosis mortal de opioides (1, 2).

La buprenorfina, un agonista opioide parcial que suele administrarse por vía sublingual, se ha utilizado con éxito en el tratamiento de la abstinencia. Habitualmente se emplean dosis sublinguales de 8 a 24 mg/día. Los protocolos de inducción a dosis bajas permiten iniciar la buprenorfina en dosis reducidas e irlas incrementando gradualmente, mientras se utiliza un agonista completo concomitante, como la metadona, para tratar los síntomas de abstinencia (3). El propósito del método de inducción con dosis bajas es evitar que el síndrome de abstinencia a los opioides empeore al eludir un componente de abstinencia precipitada, el cual puede ocurrir si los agonistas opioides de acción prolongada —como el fentanilo— son reemplazados a nivel del receptor por la buprenorfina con demasiada rapidez. También existe un método de inducción a dosis altas de buprenorfina, que tiene mayor probabilidad de éxito cuando la persona ya está experimentando un síndrome de abstinencia grave a opioides. La buprenorfina sublingual puede servir como puente hacia la buprenorfina inyectable de acción prolongada; estas inyecciones se repiten mensualmente si la persona con trastorno por uso de opioides (TUO) decide continuar con el tratamiento de mantenimiento.

Se administra naloxona sublingual en combinación con buprenorfina para reducir el riesgo de uso indebido. La naloxona es inactiva cuando la combinación se administra por vía sublingual, pero precipita una abstinencia aguda si se administra por vía intravenosa. Por lo tanto, triturar la pastilla e inyectarla o inhalarla puede intensificar los síntomas de abstinencia y actuar como elemento disuasorio.

The Substance Abuse and Mental Health Services Administration (SAMHSA) proporciona información sobre la buprenorfina y la capacitación necesaria para prescribir el medicamento en los Estados Unidos, así como protocolos (disponibles para su descarga) para el uso de buprenorfina en la desintoxicación o la terapia de mantenimiento.

La metadona es un agonista opioide utilizado en el tratamiento de mantenimiento del trastorno por uso de opioides (TUO). En los Estados Unidos, el uso de metadona para el tratamiento de mantenimiento del trastorno por uso de opioides (TUO) debe supervisarse en un Programa de Tratamiento de Opioides (OTP) autorizado. Sin embargo, la metadona puede utilizarse en entornos de cuidados agudos para tratar el síndrome de abstinencia agudo de opioides, con ciertas restricciones respecto a la dosis máxima aplicable. El rango de dosis inicial habitual es de 10 a 40 mg (de 10 a 20 mg para quienes presentan niveles más bajos de tolerancia a los opioides o afecciones que puedan causar hipoxia; de 20 a 40 mg para pacientes que muestren signos de abstinencia). La titulación debe individualizarse, utilizando los síntomas de abstinencia y las ansias de consumo como guías para determinar la dosis necesaria para alcanzar la estabilidad. En el ámbito hospitalario, la dosis debe aumentarse gradualmente, sin superar los 10 a 20 mg al día. Se recomienda mantener la dosis estable durante aproximadamente 5 días tras cada incremento, a fin de permitir que la metadona alcance el estado de equilibrio. Una vez estabilizada la abstinencia inicial, la dosis diaria habitual es de 60 a 120 mg, aunque algunos pacientes pueden requerir dosis más altas para alcanzar la estabilidad debido a la presencia generalizada de fentanilo en los Estados Unidos en la actualidad (4).

Se dispone de escalas de síntomas para estimar la dosis adecuada. Si se observan signos de abstinencia, deben darse dosis mayores. Una vez establecida la dosis adecuada, esta debe reducirse de forma progresiva entre un 10 y un 20% al día, a menos que el paciente esté inscrito en un programa de metadona o tenga previsto hacerlo al recibir el alta (mantenimiento con metadona).

Se ha publicado que la metadona está asociada con la prolongación del intervalo QT y arritmias graves, incluyendo torsades de pointes (véase también Síndrome de QT largo y Torsades de Pointes). Por lo tanto, debe utilizarse con mucha precaución, con una adecuada evaluación del paciente y monitorización electrocardiográfica durante el inicio y el ajuste de la dosis.

Calculadora clínica

La naltrexona, un antagonista de los receptores opioides mu, bloquea los efectos de los opioides agonistas completos. Se dispone de una formulación intramuscular de depósito de administración mensual, la cual es el método de administración preferido para el tratamiento de mantenimiento del trastorno por uso de opioides (TUO). Dado que la naltrexona es un antagonista opioide, no debe administrarse dentro de los 7 días posteriores a la última administración de un agonista opioide completo, para evitar desencadenar un síndrome de abstinencia agudo. La naltrexona puede ser útil para los pacientes con dependencia menos grave, dependencia de opioides en etapa temprana y trastorno por consumo de alcohol comórbido.

La clonidina, un medicamento adrenérgico de acción central, puede suprimir los signos y síntomas autonómicos de la abstinencia de opioides. La dosificación inicial es de 0,1 mg por vía oral cada 4 a 6 h y podrá ser aumentada hasta 0,2 mg por vía oral cada 4 a 6 h según la tolerancia. La clonidina puede causar hipotensión y somnolencia, y su suspensión brusca puede precipitar inquietud, insomnio, irritabilidad, taquicardia y cefalea.

Otros medicamentos coadyuvantes para el alivio sintomático durante la abstinencia de opioides son el paracetamol, la clonidina, el ibuprofeno, la loperamida, el ondansetrón y las benzodiazepinas.

Se han evaluado protocolos rápidos y ultrarrápidos para el tratamiento de la abstinencia y la desintoxicación. En los protocolos de inducción rápida, se utilizan combinaciones de naloxona, nalmefeno y naltrexona para inducir la abstinencia, y clonidina y diversos fármacos adyuvantes para suprimir los síntomas de la abstinencia (5, 6). Los protocolos ultrarrápidos usaban grandes bolos de naloxona y diuréticos para aumentar la excreción de los opioides mientras los pacientes se encontraban bajo los efectos de la anestesia general; estos protocolos ultrarrápidos actualmente no se recomiendan porque tienen un alto riesgo de complicaciones y ningún beneficio adicional sustancial (4).

Las intervenciones psicosociales y el apoyo psicoterapéutico son componentes importantes del tratamiento, independientemente de la estrategia farmacológica elegida para el manejo de la abstinencia de opioides. Es importante ofrecer estas opciones una vez que el paciente se sienta lo suficientemente estable como para hacer uso de dichos servicios. El apoyo de pares con experiencia propia puede ser especialmente útil en entornos de atención médica aguda, donde los pacientes pueden haber desarrollado desconfianza tras repetidas experiencias con un trato estigmatizante. Se ha demostrado que involucrar a orientadores pares de recuperación en la atención del paciente durante la hospitalización por trastorno por uso de opioides (TUO) mejora la participación en la atención del TUO tras el alta y reduce la frecuencia de altas voluntarias del hospital (7, 8).

Referencias del tratamiento

Más información

El siguiente recurso en inglés puede ser útil. Tenga en cuenta que el MANUAL no es responsable por el contenido de este recurso.

  1. Findtreatment.gov

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