Descripción general del maltrato infantil y la negligencia infantil

(Maltrato infantil)

PorAlicia R. Pekarsky, MD, State University of New York Upstate Medical University, Upstate Golisano Children's Hospital
Revisado/Modificado Modificado nov 2025
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El maltrato infantil incluye todos los tipos de maltrato y negligencia de un menor de 18 años por parte de un progenitor, un cuidador u otra persona que ejerza una función de custodia y que resulten en daño, daño potencial, o amenaza de daño a un niño. La negligencia infantil consiste en la incapacidad de satisfacer las necesidades físicas y emocionales básicas del niño. El maltrato infantil consiste en hacer algo que perjudica al menor.

  • Algunos factores que aumentan el riesgo de negligencia y maltrato infantil son los padres que son jóvenes o monoparentales, que han sufrido maltrato infantil o se descuidan a sí mismos, o sufren estrés personal o familiar (como inseguridad alimentaria, estrés financiero, violencia de pareja, aislamiento social, problemas de salud mental o un trastorno por consumo de sustancias).

  • Los menores que sufren negligencia o maltrato pueden parecer cansados, hambrientos, tener mala higiene o presentar lesiones físicas o problemas de salud emocional o mental, o pueden no tener signos evidentes de abuso o abandono.

  • Se debe sospechar maltrato cuando el patrón de lesiones sugiere que la lesión no ha sido accidental, cuando las lesiones no concuerdan con la explicación del cuidador, cuando el menor es incapaz, por su desarrollo, de llevar a cabo las cosas que podrían dar lugar a su lesión (como un lactante encendiendo una estufa).

  • Los menores deben ser protegidos contra daños posteriores por medios que pueden consistir en asesoramiento para cuidadores e hijos, ayuda a la familia para la prestación de una atención segura y apropiada y/o hospitalización. Se indica la participación de los servicios de protección infantil; las agencias de aplicación de la ley también pueden involucrarse.

El maltrato infantil incluye todos los tipos de abuso y negligencia sobre un niño menor de 18 años por parte de cualquier persona que desempeñe un rol de custodia y que den lugar a un daño, un daño potencial o la amenaza de un daño a un niño.

La negligencia consiste en la falta de satisfacción de las necesidades principales del niño: físicas, médicas, educativas y emocionales.

El maltrato puede ser físico, sexual o emocional.

La negligencia y el maltrato infantil a menudo se producen a la vez y junto con otras formas de violencia familiar, como el maltrato por parte del compañero sentimental.

Los niños pueden estar desatendidos, ser maltratados o sufrir un abuso por parte de los padres y otros cuidadores o familiares, personas que viven en el hogar del niño o personas que tienen responsabilidades de cuidado ocasionales (como maestros, entrenadores y clérigos).

El maltrato infantil afecta a millones de niños en Estados Unidos y a cientos de millones de niños en todo el mundo cada año. Las tasas de abuso sexual infantil son más altas para las niñas que para los niños, mientras que las tasas de maltrato físico son más altas para los niños que para las niñas. Muchos niños son victimizados a los 2 años de edad o menos, cuando son físicamente muy vulnerables e incapaces de defenderse verbalmente o pedir ayuda.

El abuso o la negligencia pueden provocar lesiones, enfermedades, desnutrición, retrasos del desarrollo, problemas psicológicos e incluso la muerte. Además del daño inmediato, la negligencia y el maltrato aumentan el riesgo de problemas duraderos, como las enfermedades mentales y los trastornos por abuso de sustancias. El maltrato infantil también está relacionado con un mayor riesgo de problemas de salud durante la edad adulta, como obesidad, enfermedades cardíacas y enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

En Estados Unidos, la mayoría de los informes de maltrato infantil son realizados por profesionales que están legalmente obligados a hacerlo, como médicos, personal de enfermería, maestros y trabajadores sociales.

Factores de riesgo del maltrato y la negligencia infantil

La negligencia y el maltrato infantil son resultado de una compleja combinación de factores individuales, familiares, comunitarios y sociales. Tener estrés económico o inseguridad alimentaria, tener un trastorno por consumo de sustancias o tener un problema de salud mental (como un trastorno de la personalidad o una baja autoestima) o una combinación de estos factores, puede hacer que el progenitor sea más propenso a descuidar o maltratar a un menor. Cuantos más factores de riesgo tenga un padre, mayor es la probabilidad de que ocurra maltrato infantil.

Los adultos que sufrieron maltrato emocional, físico o abuso sexual cuando eran niños son más propensos a maltratar a sus propios hijos o a abusar de ellos. Los padres primerizos, los padres adolescentes y los padres que tienen varios hijos menores de 5 años también corren un riesgo mayor de maltratar a sus hijos.

A veces no se desarrollan lazos emocionales intensos entre padres e hijos. Esta falta de unión es más frecuente en el caso de bebés prematuros o enfermos que han estado separados de sus progenitores desde etapas muy tempranas de la infancia o en el caso de menores con quienes no existe una relación biológica (por ejemplo, hijastros); en estos casos, el riesgo de maltrato aumenta.

Tipos de maltrato y negligencia infantil

Existen distintos tipos de negligencia y maltrato infantil. Algunas veces, estos distintos tipos se producen a la vez. Hay 4 tipos principales

Además, el hecho de causar intencionadamente, mentir o exagerar los síntomas médicos en un niño dando lugar a evaluaciones médicas e intervenciones potencialmente perjudiciales es una forma de maltrato llamada maltrato médico infantil.

Negligencia

La negligencia es el hecho de no cubrir o no ocuparse de las necesidades físicas, emocionales, educativas y médicas básicas de un niño. Los progenitores o los cuidadores pueden dejar al menor al cuidado de una persona pese a saber que puede maltratarlo o puede dejarlo solo, sin supervisión. Hay muchas formas de negligencia.

En la negligencia física, los progenitores o los cuidadores pueden no lograr proporcionar una alimentación adecuada, ropa, vivienda, supervisión y protección frente a posibles daños.

En la negligencia emocional, los progenitores o los cuidadores pueden no lograr proporcionar afecto o amor u otros tipos de apoyo emocional. Los menores pueden ser ignorados o rechazados o se les puede impedir que interaccionen con otros menores o con adultos.

En la descuido en la atención médica, los progenitores o los cuidadores pueden desatender los cuidados preventivos adecuados del menor, como la necesidad del tratamiento de lesiones o de trastornos físicos o mentales. Puede ocurrir que retrasen la obtención de asistencia médica cuando el menor está enfermo, exponiéndole a enfermedades graves e incluso a la muerte.

En la negligencia educativa, puede que los progenitores o los cuidadores no inscriban al menor en la escuela o que no aseguren que el menor asista a la escuela en un entorno convencional, como una escuela pública o privada, o bien en su domicilio.

La negligencia se diferencia del maltrato en que, a menudo, en el primer caso los progenitores y los cuidadores no tienen intención de hacer daño a los menores que están a su cargo.

La negligencia suele ser resultado de una combinación de factores como la mala crianza de los hijos, pocas habilidades para afrontar el estrés, sistemas familiares poco colaboradores y circunstancias vitales estresantes. La negligencia (descuido, destención) ocurre a menudo en familias que experimentan tensiones financieras y ambientales, sobre todo aquellas familias en las que los progenitores también sufren trastornos mentales no tratados (por lo general depresión, trastorno bipolar o esquizofrenia), tienen un trastorno por consumo de sustancias, trastorno por abuso de alcohol o limitación de la capacidad intelectual. Es importante señalar, sin embargo, que la pobreza no es un delito. Los niños en hogares vulnerables debido a determinantes sociales de la salud (por ejemplo, familias monoparentales, estrés financiero, inseguridad alimentaria o de vivienda) pueden correr riesgo de negligencia debido a la menor disponibilidad de recursos.

Maltrato físico

El maltrato físico consiste en maltratar o lesionar al menor, infligiéndole un castigo físico excesivo. Los ejemplos específicos incluyen sacudir, dejar caer, golpear, morder y quemar (por ejemplo con un líquido caliente o por contacto con un cigarrillo encendido). Este tipo de maltrato se encuentra entre las 10 principales causas de muerte en niños en Estados Unidos.

Los niños de cualquier edad pueden ser objeto de maltrato físico, pero los bebés y los niños pequeños son particularmente vulnerables a episodios repetidos de maltrato porque estos niños no pueden hablar por sí mismos. Además, durante estos periodos, los cuidadores se enfrentan a retos, se sienten frustrados y pierden el control de sus impulsos. Las cosas que los frustran pueden incluir las rabietas, el control de esfínteres, los patrones de sueño inconsistentes y los cólicos.

El maltrato físico es la causa más frecuente de traumatismos craneales graves en menores. Las lesiones abdominales resultantes de maltrato físico son más comunes entre los niños pequeños que en los lactantes. Los bebés y los niños pequeños también corren un mayor riesgo de sufrir lesiones en la cabeza y la columna vertebral porque su cabeza es grande en comparación con su cuerpo y porque tienen músculos del cuello relativamente más débiles.

La pobreza y la paternidad joven y soltera se asocian con un mayor riesgo de maltrato físico. El estrés familiar contribuye al maltrato físico. Los factores estresantes incluyen el desempleo, las mudanzas frecuentes de una casa a otra, el aislamiento social de amigos o familiares, y la violencia familiar continua. Los padres pueden sentirse más fácilmente frustrados y, por lo tanto, pueden ser más agresivos físicamente con los niños que tienen comportamientos difíciles (irritables, exigentes o hiperactivos) o que tienen necesidades especiales (discapacidades físicas o del desarrollo).

El maltrato físico se desencadena frecuentemente por una crisis que estalla en un ambiente de estrés. Esta crisis puede tener su origen en la pérdida de un trabajo, una muerte en la familia o un problema de disciplina. Los progenitores que tienen un trastorno por consumo de sustancias o alcohol pueden comportarse de manera impulsiva e incontrolada con sus hijos. Los niños cuyos progenitores sufren problemas de salud mental corren un riesgo mayor de ser maltratados.

Los progenitores que fueron objeto de maltrato o de negligencia durante su infancia pueden ser inmaduros desde el punto de vista emocional o tener una baja autoestima. Pueden ver a sus hijos como una fuente de afecto ilimitado e incondicional y esperar de ellos el apoyo que nunca recibieron. Como resultado, pueden crear expectativas poco realistas sobre lo que les pueden ofrecer sus hijos y frustrarse fácilmente, tener poco control sobre sus impulsos y ser incapaces de dar lo que nunca recibieron.

Abuso sexual

Se considera abuso sexual cualquier acción con un niño que tenga como objetivo la satisfacción sexual de un adulto o de un niño significativamente mayor (en términos de desarrollo o cronológico) o más poderoso (a veces definido como una diferencia de edad de 4 años) (véase Pedofilia).

El maltrato sexual comprende

  • Penetrar al menor por la vagina, el ano o la boca

  • Tocar al menor con intención sexual, pero sin penetración (abuso sexual)

  • Exponer los genitales por parte del agresor o mostrar pornografía a un menor

  • Compartir mensajes o fotografías con carga sexual (por lo general a través del teléfono celular) con mensajes sexuales o publicar imágenes de un niño

  • Forzar a un menor a participar en un acto sexual con otra persona

  • Usar a un menor en la producción de pornografía

El abuso sexual no incluye el juego sexual. El juego sexual generalmente se considera un comportamiento normal cuando ocurre entre niños de edad y desarrollo similar que se ven o se tocan el área genital sin fuerza ni intimidación. Cuando se trata de determinar si una situación particular entre menores se debe considerar abuso sexual, es importante tener en cuenta las relaciones de poder, como la edad de los menores, la fuerza, el tamaño y el estatus de popularidad. Típicamente, cuanto mayor es la diferencia de edad, mayor es también la diferencia en la madurez emocional e intelectual y en el estatus social entre el niño mayor y el niño más pequeño. Y, en algún momento (legalmente definido como una diferencia de 4 años en algunas jurisdicciones), estas diferencias son tan grandes que no se puede decir legítimamente que el niño más pequeño está "de acuerdo" con la actividad con un niño mayor.

Maltrato emocional

Utilizar palabras o acciones para maltratar psicológicamente al menor es un maltrato emocional. El maltrato emocional hace sentir a los menores que son despreciables, que tienen defectos, que no son amados, que son rechazados, que están en peligro o que solo son válidos cuando satisfacen las necesidades de otra persona.

El maltrato emocional comprende

  • Regañar duramente gritando

  • Desdeñar las capacidades y los logros del menor

  • Alentar una conducta desviada o delictiva, como cometer delitos o abusar del alcohol o de las drogas

  • Intimidar, amenazar o asustar al menor

El maltrato emocional tiende a darse durante un periodo prolongado.

Consideraciones especiales

Abuso médico infantil

El maltrato infantil médico (anteriormente llamado síndrome de Munchausen por poderes y ahora llamado trastorno facticio impuesto a otro) es un tipo menos común de maltrato infantil que ocurre cuando un padre o cuidador intenta deliberadamente hacer que los médicos crean que un niño sano está enfermo. El cuidador suele proporcionar información falsa sobre los síntomas del niño, por ejemplo, indicando que el niño ha estado vomitando o quejándose de dolor abdominal cuando el niño no ha estado vomitando ni quejándose de dolor. Sin embargo, los cuidadores a veces también cometen acciones que provocan los síntomas, como, por ejemplo, administrar al menor medicamentos que no están indicados o prescritos. A veces, los cuidadores hacen ver que el menor está enfermo añadiendo sangre u otras sustancias a muestras que se utilizan para pruebas de laboratorio.

Las víctimas de este tipo de maltrato infantil reciben evaluaciones, pruebas y tratamientos innecesarios y perjudiciales o potencialmente perjudiciales, incluidos procedimientos o cirugías.

Factores culturales

Las normas culturales varían y un individuo puede guiarse por las normas de una o más culturas que se definen según región, país, ciudad o pueblo, grupo social, grupo de edad, origen nacional, religión u otros factores. La distinción entre comportamiento socialmente aceptado y maltrato varía entre las diferentes culturas. Sin embargo, las normas culturales no deben utilizarse como razón para excusar cualquier comportamiento, aunque comprender qué es un comportamiento normal frente al maltrato puede ser un desafío.

Las diferentes culturas tienen maneras distintas de disciplinar a los niños. Algunas culturas usan el castigo corporal, es decir, cualquier castigo que es físico y que ocasiona dolor. El castigo corporal severo, que incluye latigazos, quemaduras y escaldaduras, se considera maltrato físico. Sin embargo, cuando se trata de un grado menor de castigo corporal, como los manotazos en las nalgas (azotes en las nalgas), la línea entre la conducta socialmente aceptada y el maltrato es borrosa entre las diferentes normas sociales.

Algunas prácticas que son aceptadas y valoradas como parte de tradiciones o rituales culturales o religiosos se consideran maltrato en contextos fuera de la cultura en la que se originaron dichas prácticas (por ejemplo, la mutilación genital femenina). Ciertos remedios populares (como el raspado con monedas y la terapia con ventosas), que pueden causar hematomas o quemaduras leves, pueden ser considerados maltrato por parte de algunas personas.

Las creencias de algunos grupos religiosos o culturales incluyen no buscar tratamiento médico, no consentir ciertos tipos de tratamientos médicos (por ejemplo, transfusión de sangre, vacunación) o considerar algo como una manifestación sagrada o espiritual en lugar de una enfermedad (por ejemplo, las convulsiones). Los miembros de estos grupos a veces no han conseguido obtener un tratamiento que salve vidas (p. ej. para la cetoacidosis diabética o la meningitis), lo que ha dado lugar a la muerte del niño. Esta omisión del tratamiento se considera habitualmente negligencia independientemente de cuáles sean las creencias de los progenitores o los cuidadores. Cuando los niños están enfermos, la negativa al tratamiento médico a veces da lugar a una intervención legal, que incluye la administración de tratamiento ordenada por un tribunal. El hecho de que la negativa a la vacunación u otro cuidado médico preventivo se considere legalmente negligencia médica varía según la jurisdicción.

Síntomas del maltrato y negligencia infantil

Los síntomas de negligencia y maltrato varían en parte según la naturaleza y la duración de la negligencia o del maltrato del menor y las circunstancias particulares. Además de lesiones corporales manifiestas, los síntomas incluyen problemas emocionales, conductuales y de salud mental. Tales problemas aparecen inmediatamente o más tarde y pueden persistir.

Negligencia física (abandono)

Los niños que son objeto de negligencia física pueden parecer desnutridos, cansados o sucios, o pueden carecer de ropa apropiada y pueden experimentar retraso del crecimiento. Faltan a la escuela con frecuencia. En casos extremos, pueden encontrarse viviendo solos o con hermanos, sin la supervisión de un adulto. Los niños sin supervisión pueden enfermarse o lesionarse. El desarrollo físico y emocional puede estar retrasado. En ciertos casos, los menores abandonados mueren de hambre o de frío.

Maltrato físico

Los hematomas, las quemaduras, las lesiones, las mordeduras o los rasguños son algunos de los signos de maltrato físico. Estas marcas pueden tener la forma del objeto usado para golpear, como un cinturón, una lámpara o un cable eléctrico. La piel del menor puede tener marcas de las huellas dactilares o de la mano entera causadas por bofetadas, agarrones o sacudidas. Las quemaduras con cigarrillos o agua caliente pueden ser visibles en brazos y piernas o en otras partes del cuerpo. Los menores que han sido amordazados pueden tener engrosamiento de la piel o cicatrices en las comisuras de los labios. A los menores que han recibido tirones de pelo les pueden faltar mechones de pelo o pueden tener el cuero cabelludo inflamado. Pueden producirse también lesiones graves no visibles en la boca, los ojos, el cerebro u otros órganos internos.

Sin embargo, los signos de maltrato físico son a menudo sutiles. Por ejemplo, pueden aparecer hematomas o puntos de color púrpura rojizo en la cara, en el cuello o en ambos. Los menores presentan a veces signos de lesiones antiguas, como fracturas, que ya han empezado a curarse. A veces las lesiones causan desfiguración.

Los bebés que han sido echados en agua caliente de forma intencionada (por ejemplo en una bañera caliente) pueden presentar escaldaduras. Estas quemaduras pueden localizarse en las nalgas y tienen forma de círculo. Las quemaduras no se ven en la piel que no ha entrado en el agua o que se ha presionado contra el fondo de la bañera, más frío. La salpicadura de agua caliente puede causar pequeñas quemaduras en otras partes del cuerpo.

Los bebés pueden sufrir una lesión cerebral como resultado de lo que actualmente se denomina traumatismo craneal por maltrato, que está provocado por sacudir y/o golpear violentamente la cabeza del niño contra un objeto firme. El término traumatismo craneal por maltrato ha sustituido el término "síndrome del bebé zarandeado" porque puede consistir en más que un zarandeo o sacudida. Los lactantes con traumatismo craneal por maltrato pueden estar nerviosos o con vómitos o bien puede que no presenten signos visibles de lesión y den la impresión de estar durmiendo con un sueño profundo. Esta somnolencia se debe al daño cerebral y a la hinchazón, que puede ser el resultado de una hemorragia entre el cerebro y el cráneo (hemorragia subdural). Los lactantes pueden sufrir también hemorragia retiniana, en la parte posterior del ojo. Las costillas y otros huesos (o los extremos de los huesos donde forman una articulación) pueden fracturarse.

Los niños que han sufrido maltrato durante mucho tiempo pueden aparecer temerosos e irritables. Con frecuencia duermen mal. A veces los niños maltratados parecen tener síntomas de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y son diagnosticados erróneamente con dicho trastorno. Están deprimidos y ansiosos y presentan síntomas de estrés postraumático. Son mucho más propensos a actuar de forma violenta o expresar ideación suicida.

Abuso sexual

Los cambios en el comportamiento son un signo frecuente de abuso sexual. Estos cambios pueden producirse bruscamente y ser extremos. Los menores se vuelven agresivos, se fugan o desarrollan fobias o trastornos del sueño. Los menores que son objeto de abuso sexual pueden mostrar un comportamiento sexual problemático, como tocarse a sí mismos en exceso o tocar a otros de forma no apropiada. Los que sufren abusos sexuales por parte de un progenitor u otro miembro de la familia tienen sentimientos conflictivos. Se sienten emocionalmente unidos al agresor, aunque traicionados.

El abuso sexual también provoca lesiones corporales. Los niños pueden tener moretones, desgarros, sangrado, llagas, protuberancias e irritación dentro y alrededor de los genitales, el ano y la boca. Al principio, las lesiones en las zonas de los genitales y el recto hacen difícil caminar y sentarse. Las niñas pueden presentar secreción vaginal, prurito, hematomas o sangrado. Los niños pueden presentar moretones, sangrado e irritación alrededor de los genitales. Pueden también presentarse infecciones de transmisión sexual, como gonorrea, clamidiasis, infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) u otras infecciones. Se puede producir embarazo.

Maltrato y negligencia emocionales

En general, los menores que sufren malos tratos emocionales tienden a ser inseguros y ansiosos acerca de su relación con los demás porque sus necesidades no han sido satisfechas de forma consistente o previsible. Existen otros síntomas que varían según el modo en que ha sido maltratado emocionalmente el menor. Los menores pueden tener una baja autoestima. Los menores aterrorizados o amenazados pueden parecen temerosos y retraídos. Pueder ser inseguros, desconfiados, poco expresivos y estar extremadamente ansiosos por complacer a los adultos. Pueden acercarse inapropiadamente a personas extrañas. Los menores a los que no se les permite interaccionar con los demás se muestran torpes en ciertas situaciones sociales y tienen dificultades para establecer relaciones normales. Otros pueden cometer delitos o desarrollar un trastorno por consumo de sustancias. Es posible que los niños más mayores no asistan a la escuela regularmente, no obtengan buenos resultados cuando asisten o tengan dificultades para establecer relaciones con los maestros y compañeros.

Los lactantes que han sido privados de cariño experimentan retraso del crecimiento y pueden parecer impasibles o indiferentes ante lo que les rodea. Su comportamiento puede confundirse con una discapacidad intelectual o un trastorno orgánico. A los menores abandonados emocionalmente les faltan habilidades sociales o son lentos en el desarrollo de habilidades del habla y del lenguaje.

¿Sabías que...?

  • La mayoría de las víctimas de abuso sexual conocen a su agresor.

Diagnóstico del maltrato y negligencia infantil

  • Historia y exploración por un médico

  • Fotografías de las heridas o lesiones

  • Para maltrato físico, a veces exámenes de laboratorio o pruebas de diagnóstico por la imagen como radiografías y tomografías computarizadas (TC)

  • Para el abuso sexual, a veces análisis para descartar infecciones y a veces recogida de muestras de fluidos corporales, pelo y otros materiales como pruebas forenses

El abandono (la negligencia) y el maltrato suelen ser difíciles de reconocer, a menos que los menores tengan aspecto de estar gravemente desnutridos o presenten lesiones evidentes, o que otras personas sean testigos del abandono y el maltrato. El abandono y el maltrato pueden no ser reconocidos durante años.

Hay muchas razones por las cuales la negligencia y el maltrato pasan desapercibidos. Los menores que sufren malos tratos pueden sentir que el maltrato es parte normal de la vida y no hablan de ello. Los menores que sufren abusos físicos y sexuales a menudo son reacios a proporcionar voluntariamente esta información por sentir vergüenza, por miedo a las represalias o, incluso, por la sensación de haber merecido el maltrato. Los menores que han sido objeto de malos tratos físicos y que son capaces de comunicar, suelen identificar a su agresor y describen lo que les ha sucedido si se les pregunta directamente. Sin embargo, los menores que han sido objeto de abuso sexual pueden haber jurado guardar el secreto o estar tan traumatizados que no son capaces de hablar sobre el abuso e incluso pueden negarlo cuando se les pregunta especificamente por ello.

Cuando los médicos sospechan abandono o cualquier tipo de maltrato, buscan signos de los otros tipos de maltrato. También realizan una evaluación completa de las necesidades físicas, ambientales, emocionales y sociales del menor. Los médicos también observan las interacciones entre el menor y sus cuidadores siempre que sea posible. Los médicos documentan el historial médico del menor anotando citas exactas si se hacen revelaciones y tomando fotos de cualquier lesión.

Negligencia y maltrato emocional

Los profesionales de la salud pueden identificar los casos de negligencia durante la valoración de un problema no relacionado, como una lesión, una enfermedad o un problema de comportamiento. Los médicos pueden notar que un menor no se desarrolla física o emocionalmente con normalidad o que ha faltado a muchas citas médicas o sesiones de vacunación. Los maestros y los trabajadores sociales son a menudo los primeros en percatarse de la situación de abandono. Los maestros pueden darse cuenta de la negligencia hacia el menor por las ausencias frecuentes e injustificadas de la escuela.

El maltrato emocional se suele identificar al evaluar otro problema, como un escaso rendimiento en la escuela o un problema de comportamiento. Los menores que sufren abusos emocionales son evaluados en busca de maltrato físico y abuso sexual. El médico obtiene un historial y realiza un examen físico que puede o no incluir un examen de los genitales externos con un colposcopio (un dispositivo especial que permite al médico obtener una vista ampliada de los tejidos genitales).

Maltrato físico

Se sospecha de maltrato físico si el bebé que aún no camina solo (camina cogido de la mano o apoyándose en los muebles) presenta hematomas o lesiones importantes. Los bebés que están inusualmente somnolientos o letárgicos son evaluados para descartar una lesión cerebral. Se puede sospechar maltrato cuando un niño pequeño o un niño más mayor presenta hematomas en lugares poco habituales, como la parte posterior de las piernas y las nalgas. Cuando los niños están aprendiendo a caminar, los hematomas o magulladuras son frecuentes, pero se suelen encontrar en zonas óseas prominentes de la parte delantera del cuerpo, como las rodillas, las espinillas, el mentón y la frente.

También se sospecha de maltrato cuando los padres parecen saber muy poco sobre la salud del niño, cuando no parecen preocuparse por lesiones manifiestas o cuando parecen preocuparse en exceso por una lesión grave. Los padres maltratadores son reacios a describir al médico o a los amigos cómo ocurrió la lesión. La descripción no es adecuada a la edad y la naturaleza de la lesión o se proporcionan distintas versiones cada vez que se cuenta la historia. Los progenitores maltratadores pueden no buscar tratamiento inmediato para la lesión del menor.

Si los médicos sospechan maltrato físico, generalmente toman fotografías de las lesiones externas (como moretones). Los médicos pueden indicar una prueba de imagen del cerebro (una tomografía computarizada [TC] o una resonancia megnética nuclear [RMN]). A veces se toman radiografías para detectar signos de lesiones anteriores y/o actuales. A menudo, si el niño es menor de 2 años, se toman radiografías de todos los huesos para comprobar la presencia de fracturas.

Fracturas costales en un bebé
Ocultar los detalles

Esta radiografía muestra fracturas costales (resaltadas en rojo) en un bebé que sugieren maltrato infantil.

PHOTOSTOCK-ISRAEL/SCIENCE PHOTO LIBRARY

Abuso sexual

A menudo, el abuso sexual se diagnostica sobre la base del relato del incidente por parte del menor o de un testigo. Sin embargo, muchos niños son reacios a hablar sobre el abuso sexual porque pueden sentirse avergonzados o pueden temer daños por parte del abusador u otras consecuencias si se lo dicen a alguien. El abuso puede sospecharse solo porque el comportamiento del niño cambia. Los médicos deben sospechar abuso sexual si un niño pequeño tiene una infección de transmisión sexual.

Si los médicos sospechan que un niño ha sido objeto de abusos sexuales, generalmente organizan una cita con una persona de enfermería especialista en examen de agresión sexual, incluso si tienen que remitir al niño a otra institución. Allí, el examinador recopila pruebas legales de posible contacto sexual, como muestras de fluidos corporales y superficies de la piel. Esta recogida de pruebas a menudo se llama un "kit de violación". Se toman fotografías de cualquier lesión visible. Por regla general, los médicos también realizan análisis para descartar infecciones de transmisión sexual y, en su caso, para descartar el embarazo.

Tratamiento del maltrato y negligencia infantil

  • Tratamiento de las lesiones

  • Medidas para garantizar la seguridad del niño, incluida la notificación a un organismo apropiado y, a veces, la salida del hogar

Las lesiones físicas y los trastornos se tratan según sea necesario. Algunos menores son hospitalizados para tratar las lesiones, la desnutrición grave u otros trastornos. Algunas lesiones graves necesitan cirugía. Los lactantes que pueden tener traumatismos craneales por maltrato suelen ser ingresados en el hospital. A veces, menores con buena salud son hospitalizados para protegerlos de potenciales malos tratos hasta que se determine una disposición segura. El maltrato físico, sobre todo los traumatismos craneales, pueden tener efectos a largo plazo sobre el desarrollo. Todos los niños con traumatismo craneal deben ser evaluados, ya que pueden necesitar servicios de intervención temprana, como logopedia y terapia ocupacional.

A algunos menores que han sufrido abusos sexuales se les administran fármacos para prevenir las infecciones de transmisión sexual (ETS), incluso, a veces, la infección por VIH. Cuando se sospecha maltrato a un menor, se le debe ayudar de inmediato. Los menores que sufren abusos sexuales, incluso los que parecen inicialmente no estar afectados, son remitidos a un profesional de la salud mental, ya que son muy frecuentes los problemas futuros. A menudo es necesario el asesoramiento psicológico a largo plazo. En caso de presentarse problemas emocionales o de comportamiento, los médicos remiten a los menores con otros tipos de maltrato a un asesoramiento psicológico.

Seguridad inmediata del niño

Los informantes obligatorios son personas a quienes la ley les exige que denuncien de inmediato los casos de sospecha de negligencia o maltrato infantil a una organización de servicios de protección infantil regionalmente apropiada. Muchas personas diferentes, no solo los médicos y los profesionales de la salud, que tienen contacto con niños en el curso de su trabajo o actividades voluntarias se consideran informantes obligatorios. Entre estas personas se encuentran maestros, profesionales del cuidado infantil, personal de los servicios de acogida, policía y personal de servicios legales. Los profesionales de la salud deben comunicar a los padres, aunque no están obligados a hacerlo, que se ha realizado una denuncia de acuerdo con la legislación y que una persona autorizada se pondrá en contacto con ellos, les entrevistará y les visitará en su domicilio. Dependiendo de las circunstancias, también se debe informar a las autoridades legales municipales.

A las personas que no son informantes obligatorios, pero que conocen o sospechan negligencia o abuso también se les anima a denunciarlo, si bien no están obligadas por ley a hacerlo. Cualquier persona que haga una denuncia de maltrato basado en causa razonable y de buena fe no puede ser arrestada o demandada por su acción. Se puede denunciar maltrato u obtener ayuda contactando con National Child Abuse Hotline (Línea directa nacional para ayuda a menores maltratados) en el número 1-800-4-A-CHILD (1-800-422-4453).

Las denuncias de maltrato a menores se estudian para detectar la necesidad de una mayor investigación. Todas las denuncias que requieren más investigación son investigadas por representantes del organismo municipal de los servicios de protección de menores, que intentan determinar los hechos y emiten recomendaciones. Los representantes de este organismo pueden recomendar la intervención de los servicios sociales (para el menor y sus familiares), la hospitalización temporal para la protección del menor o, si es necesario, apoyo nutricional o la reubicación temporal del menor en casa de familiares o en un hogar de acogida. Los médicos deciden qué hacer según las necesidades médicas inmediatas del niño, lo cual depende parcialmente de la gravedad de las lesiones. Los trabajadores sociales a menudo colaboran con estos médicos. Los representantes de la agencia de servicios de protección infantil determinan el plan de seguridad o la disposición del niño.

Cuidados de seguimiento

Un equipo formado por médicos, otros profesionales de la salud y trabajadores sociales trata las causas y los efectos del abandono y el maltrato. Este equipo trabaja conjuntamente con el sistema legal para coordinar los cuidados al menor. El equipo ayuda a los familiares a comprender las necesidades del niño y a acceder a recursos locales. Por ejemplo, se puede solicitar asistencia médica pública y gratuita para un menor cuyos padres no pueden pagar determinados servicios de atención sanitaria. Otros programas municipales y gubernamentales pueden proporcionar asistencia con alimentos y vivienda. Los progenitores con trastornos por consumo de sustancias o con problemas de salud mental pueden incorporarse a programas específicos de tratamiento.

En algunas zonas se dispone de programas de orientación parental y grupos de apoyo. El contacto periódico o continuo con un trabajador social, un defensor de la víctima o ambos puede ser necesario para la familia.

Salida del menor de su domicilio

El objetivo principal de los servicios de protección al menor es devolver a los menores a un ambiente familiar seguro y saludable. Dependiendo de la naturaleza del maltrato y de otros factores, los menores pueden volver a su hogar con sus familiares o ser alejados de su hogar y ubicados en casa de familiares o en un hogar de acogida temporal, donde los cuidadores pueden proteger al menor de maltratos posteriores. Esta situación suele ser temporal, por ejemplo hasta que los padres consigan albergue o un trabajo o hasta que puedan establecerse las visitas domiciliarias regulares de un trabajador social para el seguimiento. Por desgracia, las recurrencias de la negligencia y/o del maltrato son frecuentes.

En casos graves de abandono o de maltrato o abuso, se puede considerar la salida permanente del menor del domicilio familiar o puede interrumpirse de forma permanente la patria potestad. En tales casos, el menor permanece en un hogar de acogida hasta que sea adoptado o llegue a la mayoría de edad.

Prevención de la introducción al maltrato y negligencia infantil

La mejor manera de prevenir el maltrato y las situaciones de negligencia en menores es detenerlos antes de que comiencen. Los programas que proporcionan apoyo a los progenitores y que enseñan habilidades parentales positivas son muy importantes y necesarios. Los progenitores pueden aprender a comunicarse de manera positiva, a impartir disciplina de forma adecuada y a responder a las necesidades físicas y emocionales de sus hijos. Los programas para prevenir el maltrato y el abandono de menores también contribuyen a mejorar las relaciones entre progenitores e hijos y a ofrecer apoyo social a los progenitores.

Estos programas de apoyo para los progenitores se pueden seguir en el propio hogar, en las escuelas, en clínicas médicas o de salud mental o en otros centros de la comunidad. Los programas pueden incluir sesiones individuales o sesiones en grupo.

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