Gripe

(Gripe)

Revisión completa: jul 2026 PorSophie Katz, MD, MPH, Vanderbilt University Medical Center | Revisión de colegas realizada porBrenda L. Tesini, MD, University of Rochester School of Medicine and Dentistry
Última actualización: jul 2026
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Vista para pacientes

La influenza es una enfermedad viral causada por los virus de la influenza. Con mayor frecuencia, causa fiebre, coriza, tos, cefalea y malestar general. La infección puede ser mortal durante las epidemias estacionales, particularmente entre los pacientes de alto riesgo (p. ej., pacientes institucionalizados, en los extremos de edad, con insuficiencia cardiopulmonar o en etapas avanzadas del embarazo); durante las pandemias, incluso los pacientes jóvenes y sanos pueden fallecer. El diagnóstico suele basarse en la evaluación clínica y depende de los patrones epidemiológicos locales. El tratamiento antiviral reduce la duración de la enfermedad y debe considerarse especialmente en pacientes de alto riesgo o con enfermedad grave. La vacuna antigripal debe administrarse anualmente a todos los pacientes elegibles que no tienen una contraindicación.

La gripe se refiere a la enfermedad causada por los virus de la gripe, pero el término suele utilizarse con frecuencia, y a menudo de forma incorrecta, para referirse a enfermedades similares causadas por otros virus respiratorios. Los virus de la gripe se clasifican en los tipos A, B, C o D según sus nucleoproteínas y proteínas de la matriz (1). La infección por el virus tipo C no causa enfermedad gripal típica y no se describirá en esta sección. La infección por el virus de la gripe D afecta principalmente al ganado bovino y no es una causa reconocida de enfermedad en el ser humano (2).

El tipo A causa la mayoría de los casos de influenza en el ser humano (por lo general > 70% en una temporada típica), y la mayor parte de los casos restantes son causados por el tipo B (3).

Los virus de la influenza infectan a diversas especies animales, como patos, gallinas, cerdos, caballos, ballenas y focas (4). Para obtener información sobre las enfermedades veterinarias causadas por los virus de la influenza, véanse Influenza aviar en aves de corral y aves silvestres, Enfermedades virales de los mamíferos marinos, Influenza equina y Influenza canina (gripe canina).

Véase Virus de la gripe A en cerdos para más información sobre la enfermedad porcina; véase también Gripe porcina.

Antígenos del virus influenza

Los virus de la influenza poseen 2 glucoproteínas antigénicas de superficie principales: la hemaglutinina (H) y la neuraminidasa (NA). La hemaglutinina permite que el virus se una a los receptores de ácido siálico de la célula hospedadora, se fusione con su membrana y penetre en su interior. La neuraminidasa elimina enzimáticamente el ácido siálico de la membrana de la célula hospedadora, lo que favorece la liberación de los virus recién formados desde el interior de la célula infectada. Existen 18 tipos de hemaglutinina (H) y 11 tipos de neuraminidasa (NA), lo que da lugar a 198 combinaciones posibles; sin embargo, en la naturaleza solo existe un subconjunto de estas combinaciones, de las cuales solo unas pocas son patógenas para el ser humano (1). Ambas glucoproteínas son clínicamente importantes porque constituyen las principales dianas moleculares de los anticuerpos neutralizantes, siendo la H el principal antígeno diana de la inmunidad inducida por las vacunas (p. ej., las vacunas trivalentes autorizadas en los Estados Unidos) (5, 6).

La deriva antigénica se refiere a mutaciones relativamente menores y progresivas en combinaciones preexistentes de antígenos de hemaglutinina (H) y neuraminidasa (NA), que conducen a la aparición frecuente de nuevas cepas virales (7). Estas nuevas cepas pueden causar epidemias estacionales debido a que disminuye la protección conferida por los anticuerpos (respuesta inmunitaria humoral) generados frente a la cepa anterior.

El cambio antigénico se refiere a un cambio mayor, relativamente infrecuente y por lo general brusco, causado por la aparición de nuevas combinaciones de antígenos de hemaglutinina (H) y/o neuraminidasa (NA), que resulta del reordenamiento de subunidades del genoma viral (7). El cambio antigénico puede producir pandemias, ya que los anticuerpos frente a otras cepas (que pueden ser generados por la inmunidad humoral tras la vacunación o la infección natural) ofrecen escasa o nula protección cruzada frente a las nuevas cepas.

Referencias generales

  1. 1. Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Types of Influenza Viruses. September 26, 2025. Accessed April 21, 2026.

  2. 2. World health Organization (WHO). Influenza (seasonal). February 28, 2025. Accessed April 22, 2026.

  3. 3. Zanobini P, Bonaccorsi G, Lorini C, et al. Global patterns of seasonal influenza activity, duration of activity and virus (sub)type circulation from 2010 to 2020. Influenza Other Respir Viruses. 2022;16(4):696-706. doi:10.1111/irv.12969

  4. 4. CDC. About Influenza. February 26, 2026. Accessed April 21, 2026.

  5. 5. Lambert LC, Fauci AS. Influenza vaccines for the future. N Engl J Med. 2010;363(21):2036-2044. doi:10.1056/NEJMra1002842

  6. 6. Grohskopf LA, Blanton LH, Ferdinands JM, Reed C, Dugan VG, Daskalakis DC. Prevention and Control of Seasonal Influenza with Vaccines: Recommendations of the Advisory Committee on Immunization Practices - United States, 2025-26 Influenza Season. MMWR Morb Mortal Wkly Rep. 2025;74(32):500-507. Published 2025 Aug 28. doi:10.15585/mmwr.mm7432a2

  7. 7. CDC. How Flu Viruses Can Change: "Drift" and "Shift". September 17, 2024. Accessed April 21, 2026.

Epidemiología de la gripe

La influenza es un importante desafío de salud pública a nivel mundial, que causa cada año 1000 millones de casos y de 3 a 5 millones de casos graves en humanos (1). La gripe causa enfermedad diseminada 1 vez al año durante el otoño y el invierno en zonas con climas templados (epidemia estacional). En otras regiones del mundo, en particular en las zonas tropicales, la influenza puede aparecer a lo largo de todo el año y causa brotes irregulares (1). Se estima que cada año mueren 389 000 personas por enfermedad respiratoria grave asociada a la influenza. La mortalidad es mayor en los grupos de alto riesgo (en especial en los adultos > 65 años) (2).

Las epidemias estacionales son causadas por los virus influenza A y B; desde 1968, la mayoría de las epidemias de gripe estacional se han debido al virus H3N2 (un virus de influenza A). Los virus de la influenza tipo B pueden causar enfermedad más leve, aunque a menudo ocasionan epidemias con enfermedad moderada o grave, sea por el virus circulante predominante o junto con influenza A.

La mayoría de las epidemias de gripe se debe a un tipo o subtipo de virus predominante, pero pueden aparecer distintos virus de la gripe de forma secuencial en una zona, o bien de manera simultánea, predominando un virus en un lugar y otro en otro distinto.

En los Estados Unidos, sólidos programas de vigilancia de la influenza (la Red de Vigilancia de Enfermedad Tipo Influenza en Pacientes Ambulatorios [ILINet], la Red de Vigilancia de Hospitalizaciones por Influenza [FluSurv-NET] y los Datos de Vigilancia de Mortalidad del Centro Nacional de Estadísticas de Salud [NCHS]) clasifican las estadísticas de gravedad, morbilidad y mortalidad a partir de diversas fuentes de datos (3). En los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos se dispone de un informe de vigilancia semanal de la gripe estacional FluView.

El Global Influenza Programme (Programa mundial para la gripe) de la Organización Mundial de la Salud proporciona semanalmente informes de vigilancia y monitoreo global sobre la actividad viral respiratoria (incluida la gripe).

Las pandemias son mucho menos frecuentes. Se han registrado 6 grandes pandemias de gripe, que generalmente reciben su nombre según el lugar donde supuestamente se originaron:

  • 1889: influenza rusa (H2N2)

  • 1900: influenza antigua de Hong Kong (H3N8)

  • 1918: influenza española (H1N1)

  • 1957: influenza asiática (H2N2)

  • 1968: influenza de Hong Kong (H3N2)

  • 2009: gripe porcina (gripe A[H1N1]pdm09)

Los virus de la gripe pueden transmitirse a través de:

  • Gotitas aerosolizadas

  • Contacto interpersonal

  • Contacto con elementos contaminados

Grupos de alto riesgo

Algunos pacientes presentan un alto riesgo de sufrir complicaciones derivadas de la gripe:

  • Niños < 5 años; los niños <2 años presentan un riesgo particularmente elevado

  • Adultos > 65 años

  • Personas con enfermedades crónicas (p. ej., enfermedad cardiopulmonar, diabetes mellitus, insuficiencia renal o hepática, hemoglobinopatías, inmunodeficiencia)

  • Pacientes en el segundo o tercer trimestre de gestación

  • Pacientes con trastornos que afectan el manejo de las secreciones respiratorias (p. ej., disfunción cognitiva, trastornos neuromusculares, accidente cerebrovascular, trastornos convulsivos)

  • Pacientes ≤ 18 años en tratamiento con aspirina (por el riesgo de síndrome de Reye)

La morbimortalidad en estos pacientes puede ser secundaria a la exacerbación de la enfermedad aguda, el desarrollo de síndrome de dificultad respiratoria aguda, neumonía primaria por gripe o neumonía bacteriana secundaria.

Referencias de epidemiología

  1. 1. World Health Organization (WHO). Influenza (seasonal). February 28, 2025. Accessed April 22, 2026.

  2. 2. Paget J, Spreeuwenberg P, Charu V, et al. Global mortality associated with seasonal influenza epidemics: New burden estimates and predictors from the GLaMOR Project. J Glob Health. 2019;9(2):020421. doi:10.7189/jogh.09.020421

  3. 3. Centers for Disease Control and Prevention (CDC). How CDC Classifies Flu Severity each Season in the United States. April 1, 2026. Accessed April 22, 2026.

Síntomas y signos de la gripe

El período de incubación de la gripe oscila entre 1 y 4 días, con un promedio de 48 horas (1). Cuando la enfermedad es leve, muchos síntomas son similares a los de un resfriado común (p. ej., odinofagia, rinorrea), aunque también puede desarrollarse conjuntivitis leve. A diferencia del resfriado común, los síntomas de la influenza suelen incluir cefalea, escalofríos y fiebre.

En los adultos, la gripe suele caracterizarse por la aparición súbita de escalofríos, fiebre, postración, tos y dolores generalizados (especialmente en la espalda y las piernas). La cefalea es intensa y a menudo se asocia a fotofobia y dolor retrobulbar. Los síntomas respiratorios pueden ser leves al comienzo de la enfermedad, con irritación faríngea, sensación de ardor subesternal, tos no productiva y a veces rinitis. Más adelante predominan los síntomas de las vías respiratorias inferiores y la tos puede ser persistente, áspera y productiva.

Las infecciones por algunas cepas de la influenza A (p. ej., H5N1) pueden cursar con síntomas gastrointestinales (2). Los niños infectados por estas cepas pueden experimentar náuseas intensas, vómitos o dolor abdominal, y los lactantes pueden presentar un síndrome similar a la sepsis (p. ej., fiebre, letargo, irritabilidad, taquicardia, hipoperfusión).

A los 3 a 7 días, los síntomas agudos de la mayoría de las infecciones no complicadas remiten rápidamente (3). La tos y el malestar general pueden persistir varios días o, en ocasiones, más de 2 semanas.

Complicaciones

Cuando la tos empeora y aparece esputo sanguinolento, disnea y estertores, debe sospecharse una neumonía. La persistencia o la reaparición de la fiebre y la tos tras la aparente resolución de la enfermedad primaria indica el desarrollo de una neumonía bacteriana secundaria. La influenza es un conocido factor desencadenante de la reagudización de enfermedades pulmonares subyacentes (p. ej., exacerbaciones del asma, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y la fibrosis quística) (4). En casos graves, la gripe puede provocar síndrome de dificultad respiratoria aguda.

La encefalitis, la miocarditis, la pericarditis y la mioglobinuria, a veces con lesión renal aguda, aparecen con poca frecuencia tras la infección por los virus de la gripe A o B. El infarto de miocardio y la insuficiencia cardíaca pueden presentarse en pacientes con cardiopatía preexistente (4).

La gripe puede provocar convulsiones febriles en los niños. El síndrome de Reye, caracterizado por encefalopatía, esteatosis hepática (con aumento de las enzimas hepáticas o la concentración de amoníaco), hipoglucemia e hiperlipidemia, se observó a menudo en pacientes afectados por la epidemia por gripe tipo B, en particular en niños con antecedentes de haber consumido aspirina.

Referencias de los signos y síntomas

  1. 1. CDC. About Influenza. February 26, 2026. Accessed April 21, 2026.

  2. 2. Bullock TA, Pappas C, Uyeki TM, et al. The (digestive) path less traveled: influenza A virus and the gastrointestinal tract. mBio. 2025;16(9):e0101725. doi:10.1128/mbio.01017-25

  3. 3. CDC. Clinical Signs and Symptoms of Influenza. February 4, 2026. Accessed April 22, 2026.

  4. 4. Uyeki TM, Hui DS, Zambon M, Wentworth DE, Monto AS. Influenza. Lancet. 2022;400(10353):693-706. doi:10.1016/S0140-6736(22)00982-5

iagnóstico de la gripe

  • Anamnesis y examen físico

  • Varias pruebas diagnósticas de confirmación (pruebas rápidas, reacción en cadena de la polimerasa [PCR], inmunofluorescencia, cultivo celular, serología)

  • Oximetría de pulso y radiografía de tórax en pacientes con síntomas respiratorios graves

Por lo general, el diagnóstico de la gripe es clínico en la mayoría de los pacientes ambulatorios con un cuadro clínico típico cuando hay constancia de que el virus circula en la comunidad (1).

Todos los pacientes hospitalizados con sospecha de gripe deben someterse a pruebas diagnósticas. Las pruebas diagnósticas para la gripe deben realizarse cuando los resultados sean necesarios para guiar las decisiones clínicas, en particular el inicio del tratamiento antiviral (1, 2). Las pruebas también pueden prevenir el uso innecesario de antibióticos, orientar las medidas de control de infecciones y ayudar a determinar si los brotes de enfermedad respiratoria se deben a la gripe. Los ensayos multiplex que detectan simultáneamente el virus de la gripe, el SARS-CoV-2 y el virus sincitial respiratorio son especialmente útiles cuando estos virus cocirculan, ya que la diferenciación clínica es difícil y las estrategias de tratamiento difieren.

Para consultar una lista de los métodos diagnósticos disponibles en los Estados Unidos, consulte el sitio web de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC): Influenza Virus Testing Methods.

Las pruebas diagnósticas de la gripe suelen incluir:

  • Pruebas de diagnóstico rápido de la gripe (basadas en antígenos): resultados en 10 a 15 minutos, alta especificidad, sensibilidad baja a moderada, disponibles con mayor frecuencia como pruebas domiciliarias de venta libre para pacientes ambulatorios.

  • Ensayos moleculares rápidos (basados en ácidos nucleicos): resultados en 15 a 30 minutos, alta especificidad, alta sensibilidad; de elección frente a las pruebas rápidas de antígenos para pacientes ambulatorios.

  • PCR con transcriptasa inversa (RT-PCR) y otros ensayos moleculares: resultados en 1 a 8 horas según la prueba, especificidad y sensibilidad muy altas, permiten diferenciar entre tipos y subtipos virales, recomendados para pacientes hospitalizados y algunos pacientes ambulatorios de alto riesgo.

Otras pruebas que no son tan útiles desde el punto de vista clínico, pero que pueden realizarse en algunos entornos, son las siguientes:

  • Ensayos de inmunofluorescencia directa e indirecta (IFD, IFI): resultados en 1 a 4 horas, requieren personal especializado para su interpretación

  • Serología: la comparación de los títulos de anticuerpos en la fase de convalecencia frente a los de la fase aguda tarda semanas, y se realiza principalmente con fines de vigilancia.

  • Cultivo celular: útil con fines de investigación (p. ej., desarrollo de vacunas)

En los pacientes con signos y síntomas correspondientes a las vías respiratorias inferiores (p. ej., disnea, estertores auscultados durante un examen pulmonar), debe solicitarse oximetría de pulso para detectar hipoxemia y radiografía de tórax para identificar neumonía. La neumonía primaria por gripe se manifiesta con infiltrados localizados o generalizados o con un síndrome de dificultad respiratoria aguda. La neumonía bacteriana secundaria tiene más probabilidades de ser lobular o segmentaria.

Referencias del diagnóstico

  1. 1. Uyeki TM, Bernstein HH, Bradley JS, et al. Clinical Practice Guidelines by the Infectious Diseases Society of America: 2018 Update on Diagnosis, Treatment, Chemoprophylaxis, and Institutional Outbreak Management of Seasonal Influenza. Clin Infect Dis. 2019;68(6):e1-e47. doi:10.1093/cid/ciy866

  2. 2. CDC. Overview of Influenza Testing Methods. December 19, 2025. Accessed April 22, 2026.

Tratamiento de la gripe

  • Tratamiento sintomático

  • A veces, medicamentos antivirales

En la mayoría de los pacientes con gripe, el tratamiento es sintomático (1–3); incluye reposo, hidratación y antipiréticos a demanda, pero debe evitarse el uso de aspirina en pacientes ≤ 18 años (debido al riesgo de síndrome de Reye).

Las infecciones bacterianas que complican la gripe deben tratarse con antibióticos apropiados.

Medicamentos para la gripe

Los medicamentos antivirales administrados en el plazo de 1 a 2 días desde el inicio de los síntomas disminuyen la duración de la fiebre, la gravedad de los síntomas y el tiempo para regresar a la actividad normal. Se recomienda el tratamiento con antivirales para los siguientes casos (4):

Los fármacos para la gripe de los tipos A y B son los siguientes:

  • Oseltamivir, zanamivir y peramivir (inhibidores de la neuraminidasa)

  • Baloxavir marboxil (inhibidor de la endonucleasa)

Los inhibidores de la neuraminidasa interfieren en la liberación del virus de la gripe por parte de las células infectadas y, de este modo, detienen la propagación de la infección.

El inhibidor de la endonucleasa baloxavir marboxil altera la replicación viral al bloquear la transcripción del ARN viral. Es activo frente a los virus de la gripe y constituye una importante opción terapéutica en caso de que se desarrolle resistencia a los inhibidores de la neuraminidasa.

El zanamivir se administra por vía inhalatoria; puede indicarse en pacientes ≥ 7 años con gripe. En ocasiones, el zanamivir causa broncoespasmo y no debe administrarse a pacientes con hiperreactividad bronquial (p. ej., asma) ni a pacientes que no puedan utilizar un dispositivo de inhalación.

El oseltamivir se administra por vía oral a pacientes de cualquier edad con gripe. En Estados Unidos, los CDC y la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP) recomiendan su uso en lactantes menores de 14 días. El oseltamivir puede causar náuseas y vómitos ocasionales. En los niños, el oseltamivir puede reducir la incidencia de otitis media, aunque no hay datos concluyentes que indiquen que el tratamiento de la gripe pueda prevenir sus complicaciones.

El peramivir se administra por vía intravenosa en dosis única y puede utilizarse en pacientes > 6 meses de edad con gripe que no toleran la medicación oral o inhalada. Los estudios sobre su uso en infecciones por el virus de la gripe B son limitados, pero han mostrado un beneficio clínico (5).

El baloxavir marboxilo se administra en dosis oral única a pacientes ≥ 5 años de edad con gripe no complicada que han presentado síntomas durante ≤ 48 horas y que, por lo demás, están sanos o tienen alto riesgo de presentar complicaciones (6, 7). Puede ser más eficaz que el oseltamivir para la influenza B.

Los adamantanos (amantadina y rimantadina) no se recomiendan para el tratamiento de la influenza a nivel mundial debido a los altos niveles de resistencia entre los virus de la influenza A circulantes, y porque carecen de actividad contra los virus de la influenza B (8). Los adamantanos bloquean el canal iónico M2, lo que interfiere sobre la desenvoltura viral dentro de la célula. Estos fármacos solo fueron eficaces contra los virus de la gripe tipo A (los virus tipo B carecen de la proteína M2).

Referencias del tratamiento

  1. 1. WHO. Clinical practice guidelines for influenza. September 12, 2024. Accessed April 22, 2026.

  2. 2. Uyeki TM, Bernstein HH, Bradley JS, et al. Clinical Practice Guidelines by the Infectious Diseases Society of America: 2018 Update on Diagnosis, Treatment, Chemoprophylaxis, and Institutional Outbreak Management of Seasonal Influenza. Clin Infect Dis. 2019;68(6):e1-e47. doi:10.1093/cid/ciy866

  3. 3. CDC. Clinical Guidance for Outpatients With Acute Respiratory Illness at Higher Risk of Severe COVID-19 and/or Influenza. December 19, 2025. Accessed April 22, 2026.

  4. 4. CDC. Influenza Antiviral Medications: Summary for Clinicians. March 10, 2026. Accessed April 22, 2026.

  5. 5. Xu M, Cai T, Yue T, et al. Comparative effectiveness of oseltamivir versus peramivir for hospitalized children (aged 0-5 years) with influenza infection. Int J Infect Dis. 2023;128:157-165. doi:10.1016/j.ijid.2022.12.043

  6. 6. Hayden FG, Sugaya N, Hirotsu N, et al. Baloxavir marboxil for uncomplicated influenza in adults and adolescents. N Engl J Med. 2018;379:913-923. doi:10.1056/NEJMoa1716197

  7. 7. Ison MG, Portsmouth S, Yoshida Y, et al. Early treatment with baloxavir marboxil in high-risk adolescent and adult outpatients with uncomplicated influenza (CAPSTONE-2): a randomised, placebo-controlled, phase 3 trial. Lancet Infect Dis. 2020;20(10):1204-1214. doi:10.1016/S1473-3099(20)30004-9

  8. 8. Uyeki TM, Hui DS, Zambon M, Wentworth DE, Monto AS. Influenza. Lancet. 2022;400(10353):693-706. doi:10.1016/S0140-6736(22)00982-5

Pronóstico de la gripe

La mayoría de los pacientes se recuperan completamente, aunque la recuperación puede tardar hasta 1 a 2 semanas. No obstante, la gripe y la neumonía asociada a esta son causas importantes de morbimortalidad en los pacientes de alto riesgo (1, 2). Las tasas de hospitalización y mortalidad son más altas en pacientes mayores de 65 años. La administración urgente de antivirales a estos pacientes parece disminuir la incidencia de enfermedad de las vías aéreas inferiores y la tasa de hospitalización. El tratamiento antibacteriano apropiado reduce la tasa de mortalidad secundaria a neumonía bacteriana secundaria.

En general, la tasa de letalidad es baja (p. ej., < 1%), pero dado que la incidencia de la enfermedad es alta, el número total de muertes puede ser considerable. Durante la temporada de gripe 2024-2025, hubo 709 861 hospitalizaciones y 44 938 muertes secundarias a la influenza estacional (3).

Referencias del pronóstico

  1. 1. World Health Organization (WHO). Influenza (seasonal). February 28, 2025. Accessed April 22, 2026.

  2. 2. Paget J, Spreeuwenberg P, Charu V, et al. Global mortality associated with seasonal influenza epidemics: New burden estimates and predictors from the GLaMOR Project. J Glob Health. 2019;9(2):020421. doi:10.7189/jogh.09.020421

  3. 3. CDC. Estimated US Flu Disease Burden. Accessed April 22, 2026.

Prevención de la gripe

Las infecciones por el virus de la gripe pueden prevenirse en gran medida mediante:

  • Vacunación anual

  • En ocasiones, quimioprofilaxis (es decir, con antivirales)

Vacunas contra la gripe

Para una discusión detallada de las vacunas antigripales, véase Vacuna antigripal. La vacunación está indicada para todos los pacientes elegibles, pero es especialmente importante para los pacientes de alto riesgo y los profesionales de la salud.

Según las recomendaciones de World Health Organization y Centers for Disease Control and Prevention (CDC), las vacunas antigripales se modifican anualmente para incluir las cepas de mayor prevalencia (por lo general, 2 cepas del virus de la gripe A y 1 o 2 cepas de la gripe B). A veces se usan vacunas ligeramente diferentes en los hemisferios norte y sur.

En los Estados Unidos, las vacunas antigripales comercializadas en la actualidad protegen contra una cepa estacional del virus de la gripe A H3N2, una cepa de la gripe A H1N1 y una cepa de la gripe B. Puede consultarse una lista completa de las vacunas antigripales para la temporada actual en el sitio web de los CDC (1).

Múltiples países han desarrollado y almacenado varias vacunas contra el H5N1 como parte de la preparación ante una pandemia. No hay vacunas disponibles en la actualidad para los otros virus de la influenza aviar raramente asociados con la enfermedad humana (H7N7, H9N2, H7N3, y H7N9).

Medicamentos antivirales

Los medicamentos antivirales también son eficaces como quimioprofilaxis. Sin embargo, la quimioprofilaxis no sustituye a la vacunación (2).

Durante una epidemia, puede considerarse la administración de fármacos antivirales como profilaxis previa a la exposición en pacientes:

  • Vacunados hace menos de 2 semanas

  • Con contraindicaciones para la vacunación

  • Inmunodeficientes, que no responderían a la vacunación

Los medicamentos antivirales no interfieren en el desarrollo de la inmunidad inducida por las vacunas inactivadas. Se pueden suspender 2 semanas después de la vacunación. Si la vacunación no es posible, la administración de antivirales debe mantenerse mientras dure la epidemia.

Los fármacos antivirales profilácticos posexposición por lo general están indicadas para personas potencialmente expuestas cuando se presentan grupos de casos en un ambiente cerrado (p. ej., un geriátrico o una unidad de un hospital). La profilaxis posexposición con zanamivir, oseltamivir o baloxavir probablemente disminuye el riesgo de influenza estacional sintomática en pacientes de alto riesgo y puede reducir la influenza zoonótica sintomática tras la exposición a nuevos virus de la influenza A (3). Estos fármacos también pueden administrarse a convivientes, contactos cercanos u otras personas expuestas con alto riesgo de presentar complicaciones por la gripe. Los patrones de resistencia pueden influir en la elección del fármaco.

Referencias de la prevención

  1. 1. Grohskopf LA, Blanton LH, Ferdinands JM, Reed C, Dugan VG, Daskalakis DC. Prevention and Control of Seasonal Influenza with Vaccines: Recommendations of the Advisory Committee on Immunization Practices - United States, 2025-26 Influenza Season. MMWR Morb Mortal Wkly Rep. 2025;74(32):500-507. Published 2025 Aug 28. doi:10.15585/mmwr.mm7432a2

  2. 2. Uyeki TM, Bernstein HH, Bradley JS, et al. Clinical Practice Guidelines by the Infectious Diseases Society of America: 2018 Update on Diagnosis, Treatment, Chemoprophylaxis, and Institutional Outbreak Management of Seasonal Influenza. Clin Infect Dis. 2019;68(6):895-902. doi:10.1093/cid/ciy874

  3. 3. Zhao Y, Gao Y, Guyatt G, et al. Antivirals for post-exposure prophylaxis of influenza: a systematic review and network meta-analysis. Lancet. 2024;404(10454):764-772. doi:10.1016/S0140-6736(24)01357-6

Conceptos clave

  • La deriva antigénica (variaciones menores) en los antígenos hemaglutinina (H), neuraminidasa (NA) o ambos produce cepas que causan epidemias estacionales; los saltos antigénicos (cambios mayores e infrecuentes) que generan nuevas combinaciones de antígenos H y NA tienen potencial pandémico y una importante mortalidad asociada.

  • La influenza en sí misma puede causar neumonía, o los pacientes con influenza pueden desarrollar una neumonía bacteriana secundaria.

  • El diagnóstico suele ser clínico, pero las pruebas diagnósticas moleculares sensibles y específicas (p. ej., RT-PCR) pueden diferenciar los tipos y subtipos del virus de la gripe, lo que ayuda a seleccionar el tratamiento antiviral y determinar si los brotes de enfermedad respiratoria se deben a este virus.

  • La mayoría de los pacientes puede recibir tratamiento sintomático.

  • Los antivirales administrados tempranamente pueden disminuir la duración y la gravedad de los síntomas, pero por lo general se utilizan solo en pacientes de alto riesgo; los diferentes tipos y subtipos del virus de la gripe son resistentes a distintos fármacos.

  • La vacunación está indicada en todos los pacientes candidatos; los fármacos antivirales pueden usarse durante una epidemia como profilaxis en pacientes inmunodeprimidos (que pueden no responder a la vacunación), pacientes vacunados hace menos de 2 semanas y pacientes con contraindicaciones para la vacunación.

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