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Dolor crónico

Por

James C. Watson

, MD, Mayo Clinic

Última revisión completa abr. 2020
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Datos clave
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El dolor crónico es un dolor que dura o se repite durante meses o años.

Generalmente, el dolor se considera crónico si cumple una de las características siguientes:

  • Dura más de 3 meses.

  • Tiene una duración de más de 1 mes después de la remisión de la lesión o el trastorno que causaron inicialmente el dolor

  • Se repite con intermitencia a lo largo de meses o años

  • Se asocia a enfermedades crónicas (como cáncer, artritis, diabetes o fibromialgia) o a una lesión que no se cura

(Véase también Introducción al dolor.)

El dolor crónico puede hacer que el sistema nervioso sea más sensible al dolor. Por ejemplo, el dolor crónico estimula de manera reiterada las fibras y las células nerviosas que detectan, mandan y reciben las señales del dolor. Esta estimulación repetida puede modificar la estructura de las fibras y células nerviosas (lo que se denomina remodelación) o hacerlas más activas. Como resultado, el dolor aparece con estímulos que normalmente no son dolorosos, o los estímulos dolorosos pueden parecer más intensos. Este efecto se denomina sensibilización.

Además, algunas áreas de músculo o de tejido conjuntivo pueden llegar a ser muy sensibles y dolorosas a la palpación. Estas áreas se denominan puntos gatillo, porque tocarlas provoca frecuentemente dolor inexplicado que se irradia a otras áreas del cuerpo.

¿Sabías que...?

  • El dolor crónico altera físicamente el sistema nervioso, de manera que el dolor empeora y dura más.

Los trastornos crónicos (como el cáncer, la artritis, la diabetes o la fibromialgia) pueden causar dolor crónico. El dolor crónico también puede ser resultado de una lesión, incluso de una lesión leve si las fibras y las células nerviosas se han sensibilizado.

La ansiedad y otros factores psicológicos pueden ayudar a explicar por qué algunas personas experimentan el dolor de forma más desagradable que otras y por qué el dolor limita sus actividades más que en otras personas. Por ejemplo, las personas con dolor crónico saben que este se repetirá, y pueden volverse temerosas y ansiosas anticipándose al dolor. El miedo y la ansiedad disminuyen la producción de sustancias que rebajan la sensibilidad de las neuronas al dolor. Estos cambios en la sensibilidad al dolor explican en parte la persistencia del dolor después de la remisión de su causa, y el hecho de sentir un dolor superior a lo esperado.

Otros factores también influyen en la percepción del dolor. Si la persona tiene que demostrar continuamente que está enferma para obtener atención médica, cobertura del seguro médico o baja laboral, puede exagerar inconscientemente su percepción del dolor. Esta respuesta difiere de la simulación, que es una exageración consciente de los síntomas para obtener un beneficio. Los familiares y amigos pueden reforzar sin querer la percepción del dolor que tiene la persona afectada al preguntarle constantemente cómo se encuentra o al hacer cosas por ella.

A veces, la causa original del dolor es evidente, como, por ejemplo, cuando la persona afectada ha sufrido una lesión que ha dado lugar a un dolor crónico de espalda. O bien la causa puede ser desconocida, por ejemplo, cuando la persona afectada sufre un dolor de cabeza crónico.

Síntomas

Las personas con dolor crónico a menudo se sienten cansadas, tienen problemas para dormir, pierden el apetito y/o el gusto por la comida y bajan de peso. Pueden sufrir estreñimiento y su deseo sexual puede disminuir. Estos problemas pueden aparecer de forma gradual. El dolor constante puede impedir que la persona afectada haga lo que normalmente disfruta. Puede deprimirse y volverse ansiosa. Puede dejar de hacer sus actividades, aislarse socialmente y preocuparse por la salud física.

El dolor irruptivo es un brote de dolor a menudo intenso y de corta duración que puede aparecer durante el tratamiento para el dolor crónico. Se llama dolor irruptivo porque aparece a pesar del tratamiento pautado que se ha indicado para el control del dolor. El dolor irruptivo es diferente en cada persona, e impredecible.

Diagnóstico

  • Evaluación médica

  • A veces, una evaluación de la salud mental

Los médicos evalúan a fondo a la persona afectada para identificar la causa del dolor y sus efectos sobre la vida cotidiana. Si no se identifica ninguna causa, a continuación, los médicos se centran en aliviar el dolor y ayudar a mejorar la funcionalidad de la persona.

Los médicos le preguntan a la persona afectada si se siente deprimida, si siente ansiedad por el dolor y si está durmiendo bien. La identificación de dichos síntomas es crucial porque pueden empeorar el dolor y, si están presentes, deben tratarse para que el dolor se trate de forma eficaz. Puede ser necesaria una evaluación formal de la salud mental.

Tratamiento

  • Medicamentos para aliviar el dolor

  • Métodos físicos (como la fisioterapia)

  • Terapia psicológica y conductual

Si se identifica una causa de dolor crónico, se trata.

El tratamiento del dolor crónico puede incluir lo siguiente:

Si los tratamientos no son eficaces, el médico puede derivar a la persona afectada a una clínica del dolor.

Fármacos o sustancias

Dependiendo de la gravedad del dolor, se pueden utilizar los siguientes tipos de medicamentos para tratar el dolor crónico:

En la mayoría de las personas que toman medicamentos para el dolor (analgésicos) para el dolor crónico, la intensidad del dolor varía a lo largo del día. La intensidad varía por varias razones, tales como las siguientes:

  • Las características de los nervios afectados (por ejemplo, la rapidez con que envían señales y donde se encuentran situados)

  • Actividades que pueden causar dolor (tales como mover o tocar la zona afectada)

  • Estrés psicológico

  • Los cambios en los niveles sanguíneos de analgésicos

El médico puede cambiar la dosis y la pauta de administración de analgésicos para asegurarse de que los niveles sanguíneos de estos fármacos no llegan a ser demasiado bajos.

Las combinaciones de medicamentos por lo general alivian el dolor de manera más eficaz que un solo medicamento.

Los opiáceos se utilizan mayoritariamente para tratar el dolor entre moderado e intenso debido al cáncer o a otros trastornos que acortan el tiempo de vida (trastornos terminales). Los opiáceos también se utilizan como parte de los cuidados paliativos. Algunas veces los opiáceos se infrautilizan en las personas que se encuentran en estas situaciones, dando lugar a un dolor y un sufrimiento innecesarios.

Los opiáceos pueden estar infrautilizados porque los médicos

Sin embargo, en las personas con dolor debido al cáncer u otro trastorno terminal, las preocupaciones sobre los efectos secundarios no deberían limitar el uso de opiáceos, ya que sus efectos secundarios generalmente se pueden prevenir o controlar y la adicción no es tan importante en estos casos.

Los expertos han revisado recientemente las pautas sobre cómo deben usarse los opiáceos para tratar el dolor crónico debido a trastornos que no son cáncer y que no acortan la esperanza de vida. La razón de este cambio es el aumento de la conciencia sobre los efectos secundarios de los opiáceos, como el trastorno por consumo de opiáceos (adicción), la ralentización de la respiración (depresión respiratoria) y la muerte por sobredosis. Como resultado, los médicos suelen prescribir tratamientos no farmacológicos (como la fisioterapia) y analgésicos no opiáceos (como los AINE y los analgésicos adyuvantes) en lugar de opiáceos para las personas con uno de estos trastornos.

Sin embargo, para el dolor entre moderado e intenso debido a estos trastornos, los médicos pueden considerar los opiáceos si se dan todas las circunstancias siguientes:

  • El dolor persiste a pesar de la utilización de otras terapias y fármacos.

  • El dolor afecta a las actividades cotidianas.

  • Los beneficios superan a los riesgos.

  • Es probable que la persona regrese al consultorio del médico para un seguimiento y control regulares mientras toma opiáceos.

A la hora de decidir si prescribir o no opiáceos para el dolor debido a un trastorno que no es cáncer y no acorta la esperanza de vida, los médicos también consideran cómo se suele tratar el dolor debido a dicho trastorno y si otros tratamientos pueden ser eficaces. Los médicos disponen de directrices que les ayudan a decidir si el tratamiento con opiáceos es adecuado o no.

Antes de prescribir opiáceos para cualquier tipo de dolor crónico, los médicos formulan preguntas al paciente para determinar lo siguiente:

  • Si es posible que la persona haga un mal uso o abuse de estos fármacos, por ejemplo, si tiene un historial de abuso de alcohol o drogas o sufre o ha sufrido un trastorno psiquiátrico mayor, como una depresión

  • Si la persona está tomando otros medicamentos que pueden incrementar el riesgo al tomar un opiáceo (como fármacos contra la ansiedad o inductores del sueño)

  • Si es probable que la persona sufra los efectos secundarios de un opiáceo (como somnolencia, náuseas o un mayor riesgo de caídas)

  • Si existe probabilidad de que la persona haga uso de los medicamentos para otros fines (por ejemplo, para venderlos)

Los opiáceos se usan generalmente junto con otros tratamientos, incluidos los no farmacológicos, como la fisioterapia y la terapia psicológica.

Cuando los médicos prescriben un opiáceo para el dolor crónico, por lo general proporcionan a la persona afectada información escrita donde se describen los riesgos de tomar opiáceos. También le piden a la persona que firme un acuerdo en el que se especifican las condiciones necesarias para el consumo de opiáceos, como cualquier control especial que pueda ser necesario. Por ejemplo, los médicos pueden analizar periódicamente la orina de la persona para determinar si el fármaco está siendo tomado correctamente y por lo general restringir el acceso a una única farmacia para cumplimentar la receta del opiáceo.

Los médicos pueden derivar a la persona afectada a una clínica del dolor o a un profesional de la salud mental que tenga experiencia en el abuso de sustancias si existe un riesgo elevado de sufrir un problema. Por ejemplo, las personas que han sufrido una adicción suelen necesitar un informe de referencia.

Los médicos explican los riesgos y los efectos secundarios de los opiáceos. Se aconseja

  • No beber alcohol o tomar medicamentos contra la ansiedad o inductores del sueño cuando se toma el opiáceo

  • Tomar la dosis recomendada según la pauta recomendada y no cambiar la dosis

  • Guardar el opiáceo en un lugar seguro

  • No compartir el opiáceo con nadie

  • Ponerse en contacto con su médico si el medicamento le adormece o si usted presenta algún otro efecto secundario (como confusión, estreñimiento o náuseas)

  • Eliminación de las píldoras no utilizadas según las indicaciones

  • Tener a mano naloxona (un antídoto opiáceo) y aprender y enseñar a los miembros de la familia cómo administrarla si se produce una sobredosis de opiáceos

Durante el tratamiento con opiáceos, los médicos evalúan periódicamente la eficacia del fármaco, si mejora la funcionalidad de la persona y si se producen efectos secundarios. Muchas personas deciden que no pueden tolerar los efectos secundarios de los opiáceos o que el alivio obtenido no justifica continuarlos tomando. Los opiáceos proporcionan alivio a largo plazo solo en algunos casos y, por lo general, el dolor solo se alivia en parte.

Los opiáceos se toman habitualmente por vía oral o por medio de un parche cutáneo. Si es necesario, se pueden administrar mediante inyección en una vena, en un músculo o directamente en el espacio que rodea la médula espinal a través de una bomba. En este caso, los opiáceos se suelen administrar en un hospital o en un consultorio médico.

Se emplean antidepresivos y psicoterapia para tratar la depresión, si está presente.

Métodos físicos

Los fisioterapeutas y los terapeutas ocupacionales utilizan diversas técnicas para intentar aliviar el dolor crónico y ayudar a las personas afectadas a mejorar su funcionalidad. Si existen puntos gatillo, los profesionales de la salud pueden utilizar un pulverizador para enfriar la zona y luego estirar el músculo. Este método (llamado estiramiento y pulverización) puede ayudar a disminuir el dolor. Llevar una ortesis (un dispositivo que soporta las articulaciones, los ligamentos, los tendones, los músculos y los huesos lesionados) es beneficioso para algunas personas.

A veces, hacer ejercicios o aumentar el nivel de actividad ayuda. Por ejemplo, caminar regularmente puede ayudar a aliviar el dolor lumbar de forma más eficaz que el descanso en cama.

Los fisioterapeutas y los terapeutas ocupacionales pueden ayudar a las personas con dolor crónico a encontrar formas de realizar sus actividades cotidianas con menos dolor.

Medicina integrativa

La medicina integrativa (anteriormente denominada medicina alternativa complementaria) puede utilizarse para tratar el dolor crónico. Por ejemplo, los médicos pueden sugerir acupuntura, técnicas de cuerpo y mente (como meditación, yoga y tai chi), manipulación y terapias corporales (como la manipulación quiropráctica u osteopática o la terapia con masajes) y las terapias basadas en la energía (como el toque terapéutico y el Reiki).

Terapia psicológica y conductual

Varias técnicas psicológicas (como las técnicas de relajación, las técnicas de distracción, la hipnosis y la biorretroalimentación) a veces pueden ayudar a controlar el dolor. Las técnicas de distracción pueden consistir en visualización guiada. Por ejemplo, se le puede enseñar a la persona afectada a imaginar una escena calmante y reconfortante, como descansar en una playa o estar acostado en una hamaca.

La terapia conductual puede ayudar a mejorar la funcionalidad de la persona, incluso si no se reduce el dolor. El médico puede recomendar formas concretas de aumentar gradualmente las actividades físicas y sociales. Se aconseja a la persona afectada que no deje que el dolor interfiera con su compromiso de mejorar su funcionalidad. Cuando se utiliza este enfoque, muchas personas reportan una disminución del dolor. Los médicos aplauden el progreso, animan a la persona a seguir mejorando y continúan tratando el dolor según sea necesario.

También pueden hablar con los miembros de la familia o los compañeros de trabajo para disuadirlos de hacer cualquier cosa que mantenga a la persona afectada centrada en el dolor. Por ejemplo, no deben preguntar constantemente por la salud de la persona o insistir en que no haga las tareas.

Programas de rehabilitación del dolor

Los médicos pueden recomendar un programa de rehabilitación del dolor para las personas con dolor crónico. Estos programas son administrados por un equipo interdisciplinar, que incluye psicólogos, fisioterapeutas, médicos, personal de enfermería y, a veces, terapeutas ocupacionales y profesionales de la medicina integrativa. Los programas consisten en formación, terapia cognitivo-conductual, fisioterapia, simplificación del régimen farmacológico y, a veces, disminución gradual del consumo de analgésicos. Se centran en lo siguiente:

  • Restauración de la función

  • Mejora de la calidad de vida

  • Ayudar a las personas afectadas a controlar su propia vida, a pesar de su dolor crónico

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