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Algunos tumores cerebrales específicos

Por

Steven A. Goldman

, MD, PhD, Sana Biotechnology

Última revisión completa mar. 2021
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Los distintos tipos de tumores cerebrales (véase también la tabla Algunos tumores que se originan en el cerebro o cerca del mismo Algunos tumores que se originan en el encéfalo o en sus alrededores* Algunos tumores que se originan en el encéfalo o en sus alrededores* ) pueden variar en cuanto a sus características, como su ubicación, las personas a quienes afectan con mayor frecuencia y los síntomas que causan.

Gliomas

Los gliomas son: astrocitomas, oligodendrogliomas y ependimomas. Los astrocitomas son el tipo de glioma más común.

Algunos astrocitomas y oligodendrogliomas crecen de forma lenta y puede que inicialmente solo causen convulsiones. Otros, como los astrocitomas anaplásicos y los oligodendrogliomas anaplásicos, crecen rápidamente y son cancerosos. (Anaplástica significa que una célula no se ha especializado para realizar una función específica, es decir, la célula no está diferenciada; las células indiferenciadas en un tumor sugieren que el tumor está creciendo rápidamente). Los astrocitomas tienden a desarrollarse en los jóvenes. Pueden llegar a ser más agresivos y en ese caso se les denomina glioblastomas. Los glioblastomas tienden a desarrollarse en la edad adulta. Los glioblastomas pueden crecer con tanta rapidez que aumenten la presión en el cerebro, causando cefaleas y ralentización del pensamiento. Si la presión llega a ser lo bastante alta, aparece somnolencia seguida de estado de coma.

Los ependimomas se desarrollan a partir de células que recubren los espacios intercerebrales (ventrículos). Los ependimomas, que son poco frecuentes, se desarrollan principalmente en niños y adultos jóvenes. Son poco frecuentes después de la adolescencia.

Los síntomas de los gliomas varían en función de la localización del tumor.

  • Lóbulos frontales Cerebro Cerebro (ubicados detrás de la frente): los tumores localizados aquí pueden causar convulsiones, problemas para caminar, necesidad imperiosa de orinar, pérdida involuntaria de orina (incontinencia urinaria) y parálisis. Los afectados pueden no ser capaces de prestar atención o pensar con claridad. Pueden volverse letárgicos. Si se desarrollan tumores en el lóbulo frontal dominante (el lóbulo izquierdo en la mayoría de las personas y el lóbulo derecho en algunas personas zurdas), causan problemas relacionados con el lenguaje. Los afectados pueden tener dificultades para expresarse a pesar de que saben lo que quieren decir.

  • Lóbulos parietales Cerebro Cerebro (situados detrás de los lóbulos frontales): los tumores localizados en esta zona pueden causar pérdida del sentido de la posición (saber qué partes del cuerpo están en el espacio) y alteraciones sensitivas. Los afectados pueden ser incapaces de decir si se les está tocando en un lugar o en dos. En algunos casos se pierde parcialmente la visión en ambos ojos de forma que ninguno de los dos puede ver el lado del cuerpo opuesto al tumor. Los afectados pueden sufrir convulsiones.

  • Lóbulos temporales Cerebro Cerebro (situados por encima de las orejas, en las sienes): los tumores localizados en esta zona ocasionan convulsiones y, si se desarrollan en el lado dominante, incapacidad para comprender y utilizar el lenguaje. Se puede perder parcialmente la visión en ambos ojos de forma que ninguno de los dos puede ver el lado opuesto al tumor.

  • Lóbulos occipitales Cerebro Cerebro (hacia la parte posterior de la cabeza, por encima del cerebelo): los tumores localizados en esta zona causan pérdida parcial de la vista en ambos ojos, Alucinaciones visuales (ver cosas que no están ahí) y convulsiones.

  • En el interior del cerebelo Cerebelo Las funciones del encéfalo son tan admirables como extraordinarias, dependen de miles de millones de neuronas y de la comunicación interna entre ellas. En el encéfalo se generan el pensamiento... obtenga más información Cerebelo o cerca de este (por encima de la parte posterior del cuello): los tumores localizados en esta zona pueden causar nistagmo (movimiento rápido de los ojos en una única dirección seguido de una lenta vuelta a la posición original), incoordinación, inestabilidad de la marcha y, algunas veces, pérdida de audición y vértigo. A veces obstruyen el drenaje de líquido cefalorraquídeo, produciendo una acumulación de líquido en los espacios intercerebrales (ventrículos). Como resultado, los ventrículos se dilatan (trastorno denominado hidrocefalia) y aumenta la presión intracraneal. Entre los síntomas se incluyen dolores de cabeza, náuseas, vómitos, dificultad para levantar la vista, problemas de visión (como visión doble) y letargo. En los bebés, la cabeza aumenta de tamaño. Si el aumento de presión es muy intenso se produce hernia cerebral, que puede evolucionar con coma y muerte.

Los médicos diagnostican los gliomas basándose principalmente en los resultados de la resonancia magnética nuclear (RMN) y la biopsia. Para facilitar la visualización de las estructuras, la RMN proporciona mejores resultados si se utiliza un agente de contraste (gadolinio). En cambio, para realizar una biopsia, los médicos pueden tomar una muestra de tejido tumoral antes o durante la cirugía. Si la muestra se toma antes de la cirugía, se perfora un pequeño orificio en el cráneo y se inserta una aguja para extraerla. A continuación, se analiza la muestra para determinar con exactitud el tipo de tumor. También se analiza la muestra para detectar mutaciones genéticas que afectan el crecimiento del tumor. Esta información puede ayudar a guiar el tratamiento.

El pronóstico varía ampliamente según el tipo de glioma, la ubicación del glioma, la presencia de mutaciones genéticas y la extensión de la diseminación del tumor.

Meduloblastomas

Los meduloblastomas se desarrollan principalmente en niños y adultos jóvenes. Se desarrollan en el cerebelo (ubicado en la parte posterior de la cabeza, justo por encima de la nuca). Por tanto, pueden obstruir el drenaje de líquido cefalorraquídeo de los espacios intercerebrales (ventrículos). En tales circunstancias se puede acumular líquido en los ventrículos, aumentando su tamaño (un trastorno conocido como hidrocefalia). Como consecuencia, la presión sobre el cerebro aumenta. Estos tumores causan nistagmo (movimiento rápido de los ojos en una dirección, seguido de una desviación lenta a la posición original), pérdida de coordinación e inestabilidad en la marcha.

Los meduloblastomas pueden diseminarse a través del líquido cefalorraquídeo (el líquido que rodea el encéfalo y la médula espinal), por encima del cerebro y por debajo de la médula espinal.

El tratamiento de los meduloblastomas depende del tipo de meduloblastoma, de la edad de la persona y de la extensión de la diseminación del tumor. Por lo general, en niños mayores de 3 años, los médicos extirpan de forma segura la mayor cantidad de tumor posible. A continuación se utiliza quimioterapia y, si es necesario, radioterapia. Los niños muy pequeños reciben varios medicamentos de quimioterapia después de la cirugía para intentar retrasar la radioterapia o evitarla. (En los niños, algunos tejidos son más sensibles a la radiación que en los adultos). En los adultos, primero se realiza radioterapia y, a continuación, cirugía. Añadir quimioterapia puede mejorar la supervivencia.

Con el tratamiento, el porcentaje de personas que sobreviven 5 años después (la tasa de supervivencia) varía según la edad. En general, las tasas son aproximadamente

  • 50% o más a los 5 años

  • 40% a los 10 años

Meningiomas

Los meningiomas son algunos de los tumores cerebrales más frecuentes. Suelen ser benignos pero pueden reaparecer después de su extirpación.

Los meningiomas son el único tumor cerebral que es más frecuente entre las mujeres. Suelen aparecer en personas con edades comprendidas entre los 40 y los 60 años, aunque pueden comenzar a crecer durante la infancia o en edades más avanzadas. Estos tumores no invaden directamente el cerebro, pero pueden comprimir el cerebro o los nervios craneales, bloquear la absorción del líquido cefalorraquídeo o ambas cosas. Los meningiomas también pueden crecer hasta formar huesos en la cabeza, dando lugar en ocasiones a cambios visibles que afectan la visión y la audición.

Los síntomas de los meningiomas dependen del lugar en donde se desarrolla el tumor. Causan debilidad o entumecimiento, convulsiones, alteración del sentido del olfato, alteraciones de la vista, dolores de cabeza y alteración de la función mental. En personas de edad avanzada, un meningioma puede causar demencia.

El diagnóstico de los meningiomas se suele basar en los resultados de la resonancia magnética nuclear (RMN) que utiliza un agente de contraste para facilitar la visualización de la estructura.

Si los meningiomas no causan síntomas y son pequeños, el tratamiento consiste en realizar periódicamente pruebas de diagnóstico por la imagen para controlarlos. Si los meningiomas causan síntomas, aumentan de tamaño o se localizan en ciertas áreas críticas del cerebro, los médicos, si es posible, los extirpan, a veces utilizando radiocirugía ya que no requiere una incisión. En cambio, utilizan radiación enfocada para destruir el tumor.

Tumores de la glándula pineal (pinealomas)

Los tumores pueden desarrollarse cerca de la glándula pineal, una pequeña estructura ubicada en el cerebro profundo. Los tumores de la glándula pineal suelen desarrollarse durante la infancia y con frecuencia causan pubertad precoz, sobre todo en niños varones. Si obstruyen el drenaje del líquido cefalorraquídeo alrededor del cerebro, dan lugar a hidrocefalia (acumulación de líquido en los ventrículos cerebrales, provocando su aumento de tamaño). Como consecuencia, la presión sobre el cerebro aumenta.

El tipo más frecuente de tumor pineal es un tumor de las células germinativas. (Los tumores de células germinales se originan en las células que se desarrollan en el sistema reproductor masculino y femenino [células denominadas células germinales].)

Los síntomas de los tumores hipofisarios consisten en la incapacidad para levantar la vista y cambios en la posición del párpado. Los ojos pueden ser incapaces de adaptarse a los cambios de luz.

Para determinar el diagnóstico de los tumores pineales, se suele realizar una resonancia magnética nuclear (RMN) seguida de una biopsia. A veces se hacen análisis de sangre.

La radioterapia, la quimioterapia, la radiocirugía y la cirugía se utilizan solas o en combinación. Los tumores de células germinales son muy sensibles a la radioterapia y se suelen curar.

Tumores hipofisarios

La hipófisis (glándula pituitaria), situada en la base del encéfalo, controla gran parte del sistema endocrino (hormonal) del organismo. La mayoría de los tumores hipofisarios son adenomas hipofisarios, que suelen ser benignos. Los adenomas hipofisarios pueden secretar cantidades excesivas de hormonas hipofisarias o bloquear su producción. Cuando se secretan grandes cantidades de hormonas, los efectos variarán dependiendo de cuál sea la hormona secretada.

Los tumores hipofisarios bloquean la producción hormonal mediante la destrucción de los tejidos de la hipófisis encargados de secretar las hormonas, dando lugar finalmente a niveles insuficientes de estas hormonas en el organismo.

Con frecuencia se producen dolores de cabeza. Cuando el tumor ejerce presión sobre el nervio óptico, la visión queda afectada. Con muy poca frecuencia, se produce sangrado en el interior del tumor, que provoca una cefalea repentina y pérdida de visión.

Se sospecha la presencia de tumores hipofisarios en personas con cefaleas inexplicables, problemas visuales característicos o problemas debidos a anomalías en la producción de hormonas. El diagnóstico de este tipo de tumores se suele basar en la resonancia magnética nuclear (RMN) y en los análisis de sangre que indican las concentraciones de hormonas producidas por los tumores hipofisarios.

Tratamiento

  • Cirugía o fármacos

El tratamiento de los tumores hipofisarios depende de la hormona que se produce en exceso. Por ejemplo, los tumores hipofisarios debidos a la hormona del crecimiento se extirpan quirúrgicamente. En ocasiones, sobre todo si el tumor no se puede extirpar quirúrgicamente o si hay mucho tejido afectado, se requiere radioterapia.

Los adenomas que producen en exceso prolactina se tratan con medicamentos que actúan como la dopamina, la hormona cerebral que bloquea la producción de prolactina. Estos fármacos (tales como la bromocriptina, el pergolida y la cabergolina) reducen los niveles sanguíneos de prolactina y a menudo disminuyen el tamaño del tumor. Por lo general no se requiere ni cirugía ni radioterapia.

NOTA: Esta es la versión para el público general. MÉDICOS: Hacer clic aquí para la versión para profesionales
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