El trastorno pedófilo se caracteriza por fantasías, impulsos o comportamientos sexualmente excitantes recurrentes que involucran actividad sexual con niños prepúberes (en general ≤ 13 años); sobre la base de los criterios clínicos, se diagnostica solo cuando el paciente tiene ≥ 16 años y es ≥ 5 años mayor que el niño que es el blanco de las fantasías o comportamientos.
La pedofilia es una forma de parafilia que causa daño a los demás y por lo tanto se considera un trastorno parafílico. Múltiples estudios sugieren que hay diferencias estructurales y funcionales en los cerebros de los pedófilos en comparación con los de los controles, tanto en las áreas corticales como subcorticales (p. ej., sistema límbico, región frontoestriatal) (1).
Las agresiones sexuales contra los niños constituyen una parte importante de los actos sexuales criminales que se informan. Para los adolescentes mayores (es decir, 17 a 18 años), el interés o la relación sexual continuos con adolescentes de 12 o 13 años puede no cumplir con los criterios clínicos de un trastorno, como estipulan los criterios del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, 5th edition, Text Revision (DSM-5-TR) (Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales, 5ª edición, Revisión de texto), ya que el agresor debe ser mayor de 16 años y el individuo que ha estado involucrado en la actividad sexual debe ser al menos 5 años menor que el agresor. No obstante, los criterios legales pueden ser diferentes de los psiquiátricos. Por ejemplo, la actividad sexual entre un joven de 19 años y un joven de 16 años, puede ser un delito pero no un trastorno pedófilo, dependiendo de la jurisdicción. Las pautas sobre la edad al diagnóstico en los sistemas de clasificación occidentales, incluido el DSM-5-TR, pueden no aplicarse a todas las culturas. Muchas culturas aceptan la actividad sexual, el matrimonio y la maternidad a edades más tempranas que en occidente y diferencias de edad mucho mayores entre parejas sexuales. En una revisión sistemática de individuos sin antecedentes penales, se informó que la atracción sexual hacia menores está presente en el 2 al 24% de los hombres en todo el mundo (2).
La mayoría de los pedófilos son varones. La prevalencia es desconocida, pero se estima que alcanza hasta el 3% de la población masculina adulta y es sustancialmente menor en las mujeres (3). Pueden sentirse atraídos a niños o adolescentes de uno o más de un género. Sin embargo, los pedófilos prefieren niños del sexo opuesto en una proporción de 2:1 respecto de los niños del mismo sexo (3). En la mayoría de los casos, el adulto conoce al niño y puede ser un miembro de la familia, un padrastro o una persona con alguna autoridad (p. ej., un maestro, el clero, un entrenador). Mirar a los niños desvestidos y acariciar sus genitales parece más frecuente que el coito en los casos de pedofilia sin incesto (5).
Los pedófilos exclusivos se sienten atraídos solo por niños; los tipos no exclusivos también pueden sentirse atraídos por los adultos; algunos se sienten atraídos solo por niños con quienes están relacionados (incesto).
Los pedófilos depredadores, muchos de los cuales tienen un trastorno de personalidad antisocial, pueden obligar y amenazar con hacer daño físicamente al niño o a las mascotas del niño si revela el abuso. Se ha demostrado que los tratamientos para el trastorno de personalidad antisocial y pedofilia simultáneos tienen un valor limitado en comparación con los administrados a personas solo con pedofilia, lo que se determina por el aumento de las tasas de abandono del tratamiento y el aumento de las tasas de reincidencia en individuos con ambas condiciones (5, 6).
La evolución de la pedofilia es crónica y los autores de este crimen a menudo presentan abuso o dependencia de sustancias y depresión. Es frecuente la disfunción familiar permanente, antecedentes personales de abuso sexual y los conflictos conyugales. Otros trastornos comórbidos incluyen el trastorno por déficit de atención/hiperactividad, trastornos de ansiedad y el trastorno por estrés postraumático.
Referencias generales
1. Kirk-Provencher KT, Rebecca J Nelson-Aguiar RJ, Spillane NS. Neuroanatomical differences among sexual offenders: A targeted review with limitations and implications for future directions. Violence Gend. 7(3):86-97, 2020. doi: 10.1089/vio.2019.0051
2. Savoie V, Quayle E, Flynn E. Prevalence and correlates of individuals with sexual interest in children: A systematic review. Child Abuse Negl. 2021;115:105005. doi:10.1016/j.chiabu.2021.105005
3. Seto MC, Kingston DA, Bourget D. Assessment of the paraphilias. Psychiatr Clin North Am. 37(2):149-161 2014. doi: 10.1016/j.psc.2014.03.001
4. Freund K, Watson RJ. The proportions of heterosexual and homosexual pedophiles among sex offenders against children: An exploratory study. J Sex Marital Ther. 18(1):34-43, 1992. doi: 10.1080/00926239208404356
5. Hall RC, Hall RCW. A profile of pedophilia: Definition, characteristics of offenders, recidivism, treatment outcomes, and forensic issues. Mayo Clin Proc. 82(4):457-471, 2007. doi: 10.4065/82.4.457
6. Cohen LJ, Galynker II. Clinical features of pedophilia and implications for treatment. J Psychiatr Pract. 8(5):276-289, 2002. DOI: 10.1097/00131746-200209000-00004
Diagnóstico del trastorno pedófilo
Evaluación psiquiátrica
El uso extensivo de la pornografía infantil es un indicador fiable de la atracción sexual hacia los niños y a veces puede ser el único indicador de la enfermedad. Sin embargo, el uso o posesión de pornografía infantil por sí mismo no cumple con los criterios para el trastorno de pedofilia, aunque es generalmente ilegal.
Si un paciente niega atracción sexual hacia los niños, pero las circunstancias sugieren lo contrario, algunas herramientas de diagnóstico (típicamente en un ámbito legal) pueden ayudar a confirmar dicha atracción. Las herramientas incluyen pletismografía peniana (hombres), fotopletismografía vaginal (mujeres), y el tiempo de visualización de materiales eróticos estandarizados; sin embargo, la posesión de este tipo de material, incluso para fines diagnósticos, puede ser ilegal en ciertas jurisdicciones.
Los criterios clínicos para el diagnóstico del trastorno pedofílico del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, 5th edition, Text Revision (DSM-5-TR) incluyen los siguientes (1):
Recurrentes fantasías, impulsos o conductas sexualmente excitantes e intensas, que involucran a un niño prepúber o niños (normalmente ≤ 13 años) que han estado presentes durante ≥ 6 meses.
La persona ha actuado sobre los impulsos o está muy angustiado o menoscabado por los impulsos y fantasías. La experiencia de angustia por estos impulsos o comportamientos no es un requisito para el diagnóstico, dado que muchos individuos con esta condición niegan sentir angustia o disfunción.
La persona tiene ≥ 16 años y es ≥ 5 años mayor que el niño, que es el blanco de las fantasías o comportamientos (pero con exclusión de un adolescente mayor que tiene una relación continua con un adolescente de 12 o 13 años de edad).
Al establecer el diagnóstico, el médico debe especificar si
El paciente tiene una atracción exclusiva por los niños prepúberes (tipo exclusivo) o una atracción tanto por niños como por adultos (tipo no exclusivo).
El paciente se siente atraído sexualmente por hombres, mujeres o ambos.
Los comportamientos/impulsos/fantasías se limitan al incesto.
La identificación de un paciente como un pedófilo potencial a veces plantea una crisis ética para los médicos. Sin embargo, los médicos tienen la responsabilidad de proteger a la comunidad de los niños. Si los médicos tienen sospechas razonables de abuso sexual o físico infantil, la ley establece que debe ser comunicado a las autoridades. Los médicos deben conocer los requerimientos de notificación de su Estado, ya que estos pueden variar (2).
Referencias del diagnóstico
1. American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders. 5th ed, Text Revision. American Psychiatric Association Publishing; 2022:792-796.
2. Child Welfare Information Gateway. State Statutes Search. Accessed August 25, 2025.
Tratamiento de los trastornos pedófilos
Psicoterapia individual y/o grupal
Tratamiento de trastornos comórbidos
Tratamiento farmacológico (p. ej., antiandrógenos, inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina [ISRS])
Aunque hay pocos ensayos aleatorizados sobre tratamientos para la pedofilia, generalmente es necesaria psicoterapia individual o grupal a largo plazo, en particular terapia cognitivo-conductual. Este enfoque puede ser especialmente eficaz cuando se integra en un plan de tratamiento multimodal que incluye entrenamiento en habilidades sociales, tratamiento de trastornos físicos y psiquiátricos comórbidos, y terapia farmacológica de privación androgénica (1).
Se ha sospechado que el tratamiento de la pedofilia es menos eficaz cuando existe una orden judicial, aunque muchos agresores sexuales juzgados se han beneficiado de los tratamientos, como la psicoterapia de grupo junto con antiandrógenos (2). Algunas clínicas que han tratado a pacientes autorreferidos y derivados por un tribunal han acumulado estudios de seguimiento a largo plazo utilizando monitorización falométrica. Se han informado mejoras significativas con el tratamiento a largo plazo, con bajas tasas de reincidencia (3).
Algunos pedófilos que están comprometidos con el tratamiento y el monitoreo pueden abstenerse de la actividad pedófila y ser reintegrados a la sociedad. Tales resultados tienden a ser más probables cuando no hay otros trastornos psiquiátricos, en particular trastornos de la personalidad.
Medicamentos
Acetato de medroxiprogesterona de depósito
A veces los agonistas de la hormona liberadora de gonadotropina (GnRH)
Terapia cognitivo-conductual
Los medicamentos son más eficaces cuando se usan como parte de un programa de tratamiento multimodal que involucra terapia cognitivo-conductual.
Mediante el bloqueo de la liberación de la hormona luteinizante (LH) y la hormona folículoestimulante (FSH) de la glándula hipófisis, la medroxiprogesterona reduce la producción de testosterona y por lo tanto disminuye la líbido. En Europa se utiliza el acetato de ciproterona, que bloquea los receptores de la testosterona. Es necesario controlar la testosterona en suero y mantenerla en el rango normal para las mujeres en los varones. El tratamiento suele hacerse a largo plazo porque las fantasías pedófilas habitualmente recidivan entre semanas y meses después de interrumpirlo. Deben realizarse pruebas hepáticas y se debe monitorizar la presión arterial, la densidad ósea mineral y los hemogramas, según sea necesario.
Los agonistas de la hormona liberadora de gonadotropina (GnRH) (p. ej., leuprolida, goserelina), que reducen la producción pituitaria de LH y FSH y por ende reducen la producción de testosterona, son también una opción y requieren inyecciones IM con menos frecuencia (en intervalos de 1 a 6 meses) que la medroxiprogesterona (4). Se informa que el inicio de la acción terapéutica ocurre 2 semanas después de la inyección inicial. Sin embargo, el coste suele ser considerablemente mayor.
La utilidad de los antiandrógenos en las mujeres pedófilas no se conoce con tanto detalle.
Además de los antiandrógenos, datos limitados no cegados sugieren que los ISRS pueden ser útiles (4). Un estudio no replicado mostró cierta eficacia con benperidol (5).
Referencias del tratamiento
1. Castro Rodrigues J, Vieira M, da Silva BF, Ribeiro LM. What’s new on the treatment of pedophilia and hebephilia?. Eur Psychiatry. 2023;66(Suppl 1):S1098. Published 2023 Jul 19. doi:10.1192/j.eurpsy.2023.2333
2. von Franqué F, Briken P. Mandated or Voluntary Treatment of Men Who Committed Child Sexual Abuse: Is There a Difference?. Front Psychiatry. 2021;12:708210. Published 2021 Sep 30. doi:10.3389/fpsyt.2021.708210
3. Federoff JP. Pedophilia: Interventions that work. Psychiatric Times. 33(7): 2016.
4. Hall RCW, Hall RCW. A profile of pedophilia: Definition, characteristics of offenders, recidivism, treatment outcomes, and forensic issues. Mayo Clin Proc. 82(4):457-471, 2007. doi: 10.4065/82.4.457
5. Tennent G, Bancroft J, Cass J. The control of deviant sexual behavior by drugs: a double-blind controlled study of benperidol, chlorpromazine, and placebo. Arch Sex Behav. 1974;3:261–71



