La coccidioidomicosis es causada por el hongo Coccidioides immitis o C. posadasii; en general, se manifiesta como una infección respiratoria aguda, benigna, asintomática o autolimitada. El espectro de la enfermedad varía desde neumonía aguda hasta enfermedad extrapulmonar diseminada (incluyendo meningitis). Si aparecen síntomas, son los de una infección respiratoria baja o de la enfermedad generalizada inespecífica de grado leve. El diagnóstico se sospecha en individuos con características clínicas y epidemiológicas determinadas y se confirma con radiografía de tórax, cultivo y pruebas serológicas. Si se requiere tratamiento, éste se realiza habitualmente con fluconazol, itraconazol y otros antifúngicos triazólicos, o anfotericina B.
La coccidioidomicosis es una infección micótica sistémica causada por la inhalación de artroconidios (esporas) transportados por el aire de los hongos dimórficos Coccidioides immitis y C. posadasii.
En América del Norte, las áreas endémicas para coccidioidomicosis son:
Sudoeste de los Estados Unidos
Norte de México
Las áreas afectadas son regiones áridas o semiáridas del sudoeste de los Estados Unidos que incluyen Arizona, la región central del valle de California, algunas partes de Nueva México y el área de Texas situada al oeste de El Paso. La región se extiende hasta el norte de México y se identificaron algunos focos en América Central y la Argentina. La coccidioidomicosis también ocurre en Utah, Nevada y el centro sur de Washington. Aproximadamente 20 000 casos se reportan anualmente a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) (1).
La coccidioidomicosis causa un 15 a 30% de las neumonías extrahospitalarias en áreas muy+ endémicas de Arizona, como las áreas metropolitanas de Tucson y Phoenix.
(Véase también Generalidades sobre las micosis).
Referencia general
1. Centers for Disease Control and Prevention (CDC): Reported Cases of Valley Fever (Coccidioidomycosis). Accessed July 22, 2025.
Fisiopatología de la coccidioidomicosis
La coccidioidomicosis se adquiere a través de la inhalación de esporas. Las esporas están presentes en el suelo y pueden ser transportadas por el aire en el polvo trasladado en la dirección del viento. Por lo tanto, ciertas ocupaciones (por ejemplo, agricultura, construcción) y actividades recreativas al aire libre se asocian con un mayor riesgo de infección. Las epidemias pueden ocurrir cuando hay fuertes lluvias, las cuales promueven el crecimiento de los micelios, que son seguidas por sequías y vientos. Como los pacientes suelen viajar y como resultado de la aparición tardía de las manifestaciones clínicas, las infecciones pueden evidenciarse fuera de las áreas endémicas.
Una vez inhaladas, las esporas de Coccidioides se convierten en grandes esférulas que invaden los tejidos. A medida que se agrandan y se rompen, cada una libera miles de pequeños endosporas, que pueden formar nuevas esférulas.
La enfermedad pulmonar se caracteriza por una reacción granulomatosa aguda, subaguda o crónica con grados variables de fibrosis. Luego, pueden cavitarse o formarse lesiones numulares.
En ocasiones, la enfermedad progresa y compromete los pulmones extensamente, se disemina sistémicamente, o desarrolla ambos mecanismos; pueden formarse lesiones localizadas en casi todos los tejidos, en particular en la piel, los tejidos subcutáneos, los huesos (osteomielitis), las articulaciones y las meninges (meningitis).
Factores de riesgo para la coccidioidomicosis progresiva
La coccidioidomicosis progresiva es infrecuente en personas sanas y tiene más probabilidades de suceder en los siguientes contextos:
Infección por VIH
Administración de inmunosupresores
Edad avanzada
Segundo o tercer trimestre del embarazo o posparto
Personas filipinas, negras, indoamericanas, hispanas o asiáticas (en orden decreciente de riesgo relativo)
Cáncer
Después de un trasplante de células madre o un órgano sólido
Síntomas y signos de la coccidioidomicosis
Coccidioiomicosis primaria
La mayoría de los pacientes con coccidioidomicosis primaria son asintomáticos, pero pueden aparecer síntomas respiratorios inespecíficos similares a los de la gripe, la bronquitis aguda o, con menor frecuencia, una neumonía aguda (es decir, neumonía adquirida en la comunidad) o un derrame pleural, a veces entre 1 y 3 semanas después de la infección inicial.
En orden decreciente de frecuencia, los síntomas de la coccidioidomicosis primaria incluyen fiebre, tos, dolor torácico, escalofríos, producción de esputo, odinofagia y hemoptisis.
Pueden no evidenciarse signos en la exploración física o estar limitados a estertores dispersos con áreas de matidez a la percusión de los campos pulmonares o sin ellas. Algunos pacientes pueden desarrollar hipersensibilidad a la infección respiratoria localizada, como una reacción tipo enfermedad del suero (también llamada tríada de la fiebre del valle), que se manifiesta en forma de artritis, conjuntivitis y erupción cutánea (ya sea eritema nodoso o eritema multiforme).
La hipersensibilidad a los antígenos del Coccidioides immitis puede manifestarse como eritema nudoso, artritis, conjuntivitis o eritema multiforme. Esta foto es un ejemplo de eritema multiforme debido a coccidioidomicosis.
En ocasiones, las lesiones pulmonares primarias producen lesiones nodulares en forma de moneda que deben distinguirse de tumores, tuberculosis y otras infecciones granulomatosas. A veces, se desarrollan lesiones cavitarias residuales, que pueden modificar su tamaño con el paso del tiempo y a menudo impresionan tener paredes delgadas. Un pequeño porcentaje de estas cavidades no se cierra espontáneamente. La hemoptisis o la amenaza de rotura hacia el espacio pleural pueden requerir cirugía en ciertas oportunidades.
Coccidioidomicosis progresiva
Varias semanas, meses o a veces años después de la infección primaria, aparecen síntomas inespecíficos, como fiebre no muy alta, anorexia, pérdida de peso y debilidad.
Las manifestaciones cutáneas se deben a erupciones reactivas inducidas inmunológicamente, diseminación de los microorganismos desde los pulmones o inoculación directa (infección cutánea primaria). El eritema nudoso es la erupción reactiva asociada con mayor frecuencia con la coccidioidomicosis y se caracteriza por múltiples nódulos subcutáneos, eritematosos, dolorosos y autolimitados, generalmente en los miembros inferiores que aparecen de 1 a 3 semanas después de los síntomas respiratorios iniciales. También se ha informado un exantema tóxico generalizado y eritema multiforme. La tríada de la fiebre del valle (conjuntivitis, artritis y erupción cutánea), una reacción de hipersensibilidad, puede ocurrir con la enfermedad progresiva.
Afectación pulmonar extensa es infrecuente en personas sanas y se produce principalmente en los que están inmunocomprometidos. Puede causar cianosis progresiva, disnea y esputo mucopurulento o sanguinolento.
La coccidioidomicosis que se disemina desde una infección pulmonar primaria puede manifestarse como una lesión cutánea única.
Los síntomas de las lesiones extrapulmonares dependen de su localización. A veces, se forman trayectos fistulosos de drenaje que conectan lesiones más profundas con la piel. Las lesiones extrapulmonares localizadas pueden cronificarse y recidivar con frecuencia, en ocasiones bastante tiempo después de un tratamiento antimicótico en apariencia satisfactorio.
La coccidioidomicosis no tratada suele ser fatal y, si aparece una meningitis, siempre lleva a la muerte a no ser que se implemente un tratamiento prolongado, incluso durante toda la vida del paciente. Las tasas de mortalidad en los pacientes con infección por VIH avanzada superan el 70% dentro del primer mes del diagnóstico y no se confirmó si el tratamiento es capaz de modificar las tasas de mortalidad (1).
Referencia de los signos y los síntomas
1. Singh VR, Smith DK, Lawerence J, et al. Coccidioidomycosis in patients infected with human immunodeficiency virus: review of 91 cases at a single institution. Clin Infect Dis. 1996;23(3):563-568. doi:10.1093/clinids/23.3.563
Diagnóstico de la coccidioidomicosis
Cultivos (convencional o para hongos)
Examen microscópico de las muestras en busca de esférulas de Coccidioides
Estudios de diagnóstico por la imagen (radiografías o TC de tórax)
Pruebas serológicas
Diagnóstico molecular
El diagnóstico de coccidioidomicosis se sospecha en función del historial y los hallazgos clínicos característicos, cuando son evidentes. La confirmación puede establecerse mediante cultivo micótico o visualización de esférulas de Coccidioides en esputo, líquido pleural, líquido cefalorraquídeo (LCR), exudado de secreciones de lesiones o muestras histopatológicas obtenidas mediante biopsia (1). Las esférulas intactas suelen medir entre 20 y 80 micrómetros de diámetro, presentan paredes gruesas y están llenas de endosporos pequeños (de 2 a 4 micrómetros). Los endosporos liberados hacia los tejidos cuando se rompen las esférulas pueden confundirse con levaduras sin gemación. Debido a que el cultivo de Coccidioides puede suponer un riesgo biológico grave para el personal del laboratorio, este debe ser notificado del diagnóstico sospechado.
Los hallazgos en los estudios de diagnóstico por imágenes del tórax pueden ser auxiliares útiles para el diagnóstico.
El estudio serológico de anticuerpos anticoccidioides incluye (2):
Inmunoensayo enzimático, que es muy sensible y se usa comúnmente para diagnosticar coccidioidomicosis
Inmunodifusión (para detectar anticuerpos IgM o IgG)
Fijación del complemento (para detectar anticuerpos IgG)
Los títulos ≥ 1:4 en el suero indican una infección actual o reciente, y los títulos elevados (≥ 1:32) significan que existe una probabilidad elevada de diseminación extrapulmonar. Los títulos de fijación del complemento pueden usarse para estimar la gravedad de la enfermedad (2); títulos altos sugieren una enfermedad más grave. No obstante, los pacientes inmunocomprometidos pueden tener títulos bajos. Los títulos normalmente descienden durante el tratamiento exitoso.
La presencia de anticuerpos fijadores de complemento en el líquido cefalorraquídeo permite diagnosticar meningitis por coccidios y se prefiere a los cultivos del líquido cefalorraquídeo porque rara vez producen resultados positivos.
Una prueba de antígeno en orina puede ser útil para diagnosticar coccidioidomicosis en pacientes inmunocomprometidos con formas graves de la enfermedad, incluyendo neumonía e infección diseminada.
La eosinofilia sérica puede ser una clave importante para la identificación de la coccidioidomicosis.
Las sondas de ADN pueden identificar rápidamente el hongo una vez que prolifera en el laboratorio. El uso de una técnica de PCR (reacción en cadena de la polimerasa) para analizar muestras de ADN de las vías aéreas inferiores puede proporcionar un diagnóstico más rápido. Sin embargo, esta prueba no está disponible en forma amplia.
Referencias del diagnóstico
1. Galgiani JN, Ampel NM, Blair JE, et al. 2016 Infectious Diseases Society of America (IDSA) Clinical Practice Guideline for the Treatment of Coccidioidomycosis. Clin Infect Dis. 2016;63(6):e112-e146. doi:10.1093/cid/ciw360
2. Miller JM, Binnicker MJ, Campbell S, et al. Guide to Utilization of the Microbiology Laboratory for Diagnosis of Infectious Diseases: 2024 Update by the Infectious Diseases Society of America (IDSA) and the American Society for Microbiology (ASM). Clin Infect Dis. Published online March 5, 2024. doi:10.1093/cid/ciae104
Tratamiento de la coccidioidomicosis
En presencia de enfermedad leve o moderada, fluconazol o itraconazol
Para la enfermedad grave, anfotericina B
En raras ocasiones cirugía
(Véase también Medicamentos antimicóticos).
Los pacientes con coccidioidomicosis primaria y factores de riesgo para la enfermedad grave o progresiva deben ser tratados.
La mayoría de los pacientes inmunocompetentes con infección pulmonar inicial leve no requieren terapia antimicótica, especialmente si son asintomáticos, pero se puede considerar la administración de fluconazol por vía oral durante 3 a 6 meses si los síntomas son prolongados o graves (1). Los síntomas se resuelven más rápidamente en los pacientes tratados que en los que no reciben un fármaco antimicótico. Sin embargo, el fluconazol puede disminuir la respuesta inmunitaria, y el riesgo de siembra hematógena en la infección primaria puede no ser lo suficientemente alto como para justificar su uso; ambos factores deben considerarse antes de iniciar el tratamiento. Los títulos elevados de anticuerpos fijadores del complemento indican diseminación y necesidad de tratamiento.
El compromiso extrapulmonar no meníngeo de leve a moderado debe tratarse con fluconazol o itraconazol. Los comprimidos de voriconazol o posaconazol de liberación retardada se consideran una alternativa, pero no han sido bien estudiados.
El tratamiento generalmente se extiende durante un período de 1 o 2 años en pacientes con afectación de la piel, tejidos blandos o huesos. Todos los pacientes con infección ósea y/o articular deben recibir tratamiento antimicótico con un triazol. El itraconazol puede ser más eficaz que el fluconazol, pero requiere monitorización de los niveles terapéuticos y conlleva un riesgo ligeramente mayor de eventos adversos e interacciones farmacológicas (2).
Para la enfermedad grave, se prefieren las fórmulas lipídicas de anfotericina B a la anfotericina B convencional. Los pacientes suelen poder continuar con triazoles por vía oral una vez estabilizados, en general tras algunas semanas de tratamiento intravenoso.
Los pacientes inmunocomprometidos con coccidioidomicosis requieren terapia de mantenimiento para prevenir recaídas; el fluconazol o el itraconazol por vía oral generalmente es suficiente y se administra hasta que el recuento de células CD4 sea > 250 células/mcL en la terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA).
En pacientes embarazadas, los antimicóticos triazoles deben evitarse en el primer trimestre debido al riesgo de teratogenicidad. Las mujeres con enfermedad leve a moderada en el primer trimestre generalmente no requieren tratamiento. Para las mujeres con enfermedad grave o extrapulmonar en el primer trimestre, se recomienda el tratamiento con anfotericina B. Después del primer trimestre, puede considerarse un antimicótico de tipo triazol. Las mujeres que adquieren la infección en el segundo o el tercer trimestre o dentro de las 6 semanas posteriores al parto tienen mayor riesgo de progresión de la enfermedad. Si no se tratan, deben ser controlados clínicamente mediante el seguimiento de los títulos seriados de fijación del complemento.
En presencia de coccidioidomicosis meníngea, debe indicarse fluconazol. La dosis óptima no está clara; una dosis oral elevada una vez al día puede ser más efectiva. Los pacientes deben continuar la terapia de mantenimiento con azol de por vida porque las recidivas son comunes y potencialmente letales.
Puede tener que indicarse la extirpación quirúrgica del hueso comprometido para curar la osteomielitis.
Cuando las lesiones pulmonares cavitarias residuales causan hemoptisis o es probable que se rompan, puede ser necesaria la cirugía.
Referencias del tratamiento
1. Galgiani JN, Ampel NM, Blair JE, et al. 2016 Infectious Diseases Society of America (IDSA) Clinical Practice Guideline for the Treatment of Coccidioidomycosis. Clin Infect Dis. 2016;63(6):e112-e146. doi:10.1093/cid/ciw360
2. Galgiani JN, Catanzaro A, Cloud GA, et al. Comparison of oral fluconazole and itraconazole for progressive, nonmeningeal coccidioidomycosis. A randomized, double-blind trial. Mycoses Study Group. Ann Intern Med. 2000;133(9):676–686. doi:10.7326/0003-4819-133-9-200011070-00009
Conceptos clave
La coccidioidomicosis es una infección micótica común en áreas endémicas y se adquiere a través de la inhalación de polvo cargado con esporas.
Es endémica en el sudoeste de los Estados Unidos y el norte de México; la enfermedad también ocurre en ciertas partes de América Central y del Sur.
La mayoría de los pacientes tiene una infección pulmonar asintomática o leve, pero los que están inmunocomprometidos o tienen otros factores de riesgo pueden desarrollar una enfermedad pulmonar progresiva grave o infección diseminada (generalmente en la piel y tejidos blandos, los huesos, o las meninges).
El diagnóstico se basa en cultivo, tinción y/o pruebas serológicas.
En presencia de enfermedad leve o moderada, administrar fluconazol o itraconazol.
En presencia de infección grave, administrar una formulación lipídica de anfotericina B.



