La criptococosis es una infección pulmonar o generalizada que se adquiere a través de la inhalación de tierra contaminada con las levaduras encapsuladas Cryptococcus neoformans o C. gattii. Los síntomas que produce son los de la neumonía, la meningitis o el compromiso de la piel, los huesos o las vísceras. El diagnóstico es clínico y microscópico y se confirma con cultivo o tinción en tejido fijado. La enfermedad diseminada y la meningitis criptocócica se tratan con la combinación de anfotericina B liposomal y flucitosina.
C. neoformans tiene una distribución global, mientras que C. gattii, aunque se encuentra predominantemente en regiones tropicales y subtropicales, se ha documentado esporádicamente en otras regiones (1). Se han producido brotes esporádicos de infección por C. gattii en la provincia canadiense de British Columbia, el noroeste del Pacífico de Estados Unidos, Papúa Nueva Guinea, el norte de Australia y en la región mediterránea de Europa.
C. neoformans está presente en el piso contaminado con excrementos de aves, en particular de palomas. C. gattii ha sido aislado de huecos deteriorados de ciertas especies arbóreas. C. gattii se asocia con más de 50 especies de árboles, especialmente el eucalipto en Australia. A diferencia de C. neoformans, C. gattii no se asocia con aves y es más probable que cause enfermedad en huéspedes inmunocompetentes (2).
Los factores de riesgo para la criptococosis incluyen:
Otros linfomas
Terapia con glucocorticoides durante un período prolongado
Trasplante de órgano sólido
Cirrosis hepática
La criptococosis es una infección oportunista determinante para pacientes con infección avanzada por VIH (típicamente asociada con recuentos de células CD4 < 100 células/mcL). En pacientes HIV negativos, la infección por C. gattii se ha asociado con una mortalidad menor en comparación con C. neoformans.
(Véase también Generalidades sobre las micosis).
Referencias generales
1. Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Cryptococcosis Facts and Stats. April 24, 2024.
2. Coussement J, Heath CH, Roberts MB, et al. Current Epidemiology and Clinical Features of Cryptococcus Infection in Patients Without Human Immunodeficiency Virus: A Multicenter Study in 46 Hospitals in Australia and New Zealand. Clin Infect Dis. 2023;77(7):976-986. doi:10.1093/cid/ciad321
Fisiopatología de la criptococosis
La criptococosis se adquiere por inhalación y típicamente afecta los pulmones. Muchos pacientes desarrollan lesiones pulmonares primarias asintomáticas autolimitadas. En los pacientes inmunocompetentes, las lesiones pulmonares aisladas suelen curar espontáneamente sin diseminarse, incluso sin tratamiento antimicótico.
Después de su inhalación, el Cryptococcus puede diseminarse, sobre todo al encéfalo y las meninges, lo que se manifiesta característicamente con lesiones intracerebrales multifocales microscópicas. Pueden identificarse granulomas meníngeos y lesiones encefálicas localizadas más grandes. Si bien el compromiso pulmonar rara vez es grave, la meningitis criptocócica amenaza la vida del paciente y requiere tratamiento intensivo.
La enfermedad también puede diseminarse a la piel, los extremos de los huesos largos, las articulaciones, el hígado, el bazo, los riñones, la próstata y otros tejidos. Salvo en la piel, estas lesiones suelen causar pocos o ningún síntoma. Rara vez puede aparecer una pielonefritis con necrosis papilar renal.
Los tejidos comprometidos contienen habitualmente masas quísticas de levaduras que impresionan gelatinosas debido a la acumulación del polisacárido capsular del criptococo, pero los cambios inflamatorios agudos son mínimos o faltan.
Síntomas y signos de la criptococosis
Las manifestaciones de la criptococosis dependen del sistema de órganos afectado.
Sistema nervioso central
Dado que la inflamación no es extensa, la fiebre suele ser baja o estar ausente y los signos meníngeos son habituales.
En los pacientes con infección avanzada por VIH, la meningitis criptocócica puede causar pocos o ningún síntoma, pero con frecuencia genera cefalea y a veces un estado mental alterado de progresión lenta. También pueden ocurrir lesiones focales cerebrales llamadas criptococomas.
Dado que la mayoría de los síntomas de la meningitis criptocócica se deben al edema cerebral, en general son inespecíficos (p. ej., cefalea, visión borrosa, confusión, depresión, agitación, otros cambios conductuales). Excepto la parálisis ocular o facial, los signos de foco no suelen manifestarse hasta un período relativamente avanzado de la evolución de la enfermedad. Puede desarrollarse ceguera como resultado del edema cerebral o el compromiso directo de los tractos ópticos.
En un huésped inmunocomprometido, la infección criptocócica puede manifestarse como lesiones cerebrales focales llamadas criptococomas.
Pulmones
Muchos pacientes con infección pulmonar criptocócica son asintomáticos. Los individuos con neumonía suelen tener tos y otros síntomas respiratorios inespecíficos. No obstante, la infección pulmonar criptocócica avanzada asociada con VIH puede manifestarse con neumonía grave y progresiva que provoca disnea aguda y un patrón radiológico compatible con infección por Pneumocystis.
Piel
La diseminación dermatológica (es decir, en la criptococosis diseminada) puede manifestarse con lesiones pustulosas, papulares, nodulares o ulceradas, que a veces remedan a las del acné, el molusco contagioso o el carcinoma basocelular.
La criptococosis diseminada puede manifestarse como lesiones cutáneas pustulosas, papulares, nodulares o ulceradas. Las lesiones pueden ser similares a las del acné, el molusco contagioso o el carcinoma basocelular.
Diagnóstico de la criptococosis
Tinción de tejido fijado
Cultivo de líquido cefalorraquídeo y esputo, urocultivo, hemocultivo
Pruebas en líquido cefalorraquídeo y suero para el antígeno criptocócico
Rara vez estudios de diagnóstico por imágenes
El diagnóstico clínico de la criptococosis se sospecha ante la aparición de síntomas de una infección indolente en un paciente inmunocompetente y de una infección progresiva más grave en aquellos inmunodeficientes.
El diagnóstico se sospecha con intensidad cuando un observador con experiencia identifica levaduras de gemación encapsuladas en muestras de líquidos corporales, secreciones, exudados u otras muestras. En los tejidos fijados, las levaduras encapsuladas también pueden identificarse y confirmarse como criptococos cuando ofrecen resultados positivos con tinción de mucicarmín o de Masson-Fontana.
El diagnóstico se puede confirmar mediante la identificación del microorganismo en el cultivo de esputo o de LCR (1). Los hemocultivos pueden ser positivos, en particular en pacientes con infección avanzada por VIH. En la criptococosis generalizada con meningitis, criptococos suelen cultivarse en la orina (los focos infecciones prostáticos a veces persisten a pesar de la eliminación exitosa de los microorganismos del sistema nervioso central).
La proteína elevada del LCR (líquido cefalorraquídeo) y la pleocitosis con predominio linfocitario son habituales en la meningitis criptocócica. La glucosa del LCR suele ser baja y pueden observarse levaduras encapsuladas que forman yemas de base estrecha en los frotis de tinta china, en especial en pacientes con infección avanzada por VIH (que suelen tener una carga micótica más alta que aquellos sin infección por VIH). En algunos pacientes con infección por VIH avanzada, los parámetros del líquido cefalorraquídeo son normales, salvo la presencia de numerosas levaduras en el preparado teñido con tinta china. Los estudios de diagnóstico por imágenes (p. ej., resonancia magnética cerebral) pueden ser un auxiliar útil e identificar lesiones focales.
Esta imagen es una microfotografía optica de C. neoformans coloreado con tinta china. La tinción con tinta china hace que las cápsulas alrededor de los microorganismos sean visibles como un halo (anillo luminoso).
CDC/Brinkman/SCIENCE PHOTO LIBRARY
El ensayo de inmunocromatografía de flujo lateral (LFA) para el antígeno capsular del criptococo se está convirtiendo en la prueba diagnóstica de elección en todo el mundo debido a su rápido tiempo de respuesta, facilidad de uso y excelentes características de rendimiento (sensibilidad y especificidad > 99%) para las infecciones por C. neoformans y C. gattii (2). Esta prueba se puede realizar en sangre o LCR y es útil incluso en ausencia de hallazgos clínicos o de laboratorio clásicos, lo que la convierte en el método diagnóstico de elección tanto para el tamizaje como para la confirmación de la criptococosis.
Referencias del diagnóstico
1. Chang CC, Harrison TS, Bicanic TA, et al. Global guideline for the diagnosis and management of cryptococcosis: an initiative of the ECMM and ISHAM in cooperation with the ASM. Lancet Infect Dis. 2024;24(8):e495-e512. doi:10.1016/S1473-3099(23)00731-4
2. Meya DB, Williamson PR. Cryptococcal Disease in Diverse Hosts. N Engl J Med. 2024;390(17):1597-1610. doi:10.1056/NEJMra2311057
Tratamiento de la criptococosis
Para la meningitis criptocócica, la anfotericina B con flucitosina, seguida de fluconazol
Para la criptococosis no meníngea, fluconazol (que suele ser eficaz)
(Véase también Medicamentos antimicóticos).
Pacientes sin infección avanzada por VIH
Los pacientes asintomáticos con diagnóstico incidental de infección criptocócica después de la resección de un nódulo pulmonar con resultado negativo en el antígeno criptocócico sérico pueden no requerir tratamiento antimicótico.
Los pacientes con síntomas pulmonares deben tratarse con fluconazol por vía oral durante 6 a 12 meses.
En los pacientes sin meningitis, las lesiones localizadas en la piel, el hueso u otros sitios requieren terapia antimicótica sistémica, típicamente con fluconazol oral durante 6 a 12 meses. Para la enfermedad más grave, se administra anfotericina B liposomal intravenosa con flucitosina oral, seguida de terapia de consolidación con fluconazol.
Para la meningitis, el tratamiento convencional consiste en lo siguiente:
Inducción con anfotericina B liposomal IV más flucitosina oral durante 2 a 4 semanas (si las formulaciones lipídicas de anfotericina B no están disponibles se puede usar anfotericina B desoxicolato.)
La inducción debe ser seguida por terapia de consolidación con fluconazol oral durante 8 semanas
Luego terapia de mantenimiento con fluconazol por vía oral durante 6 a 12 meses
También pueden ser necesarias punciones lumbares seriadas para reducir la presión intracraneana.
Pacientes con infección avanzada por VIH
Todos los pacientes con infección avanzada por VIH requieren tratamiento (1).
Los pacientes con síntomas leves a moderados de compromiso pulmonar localizado (confirmado por parámetros normales del líquido cefalorraquídeo, cultivos negativos de líquido cefalorraquídeo y orina y falta de evidencias de lesiones cutáneas, óseas o de otras áreas extrapulmonares) pueden tratarse con fluconazol por vía oral durante 6 a 12 meses.
Para la meningitis o la enfermedad pulmonar grave, el régimen estándar consiste en lo siguiente (2):
Terapia de inducción con anfotericina B liposómica IV una vez al día más flucitosina oral durante las primeras 2 semanas de tratamiento (puede ser necesaria una terapia de inducción más prolongada si la respuesta clínica es lenta o los cultivos siguen siendo positivos) (Si no se dispone de formulaciones lipídicas de anfotericina B, debe usarse anfotericina B desoxicolato.)
Terapia de inducción alternativa con dosis elevadas y únicas de anfotericina B liposomal IV (en el día 1) más flucitosina oral y fluconazol oral (ambos medicamentos por vía oral durante las primeras 2 semanas de tratamiento) (3)
La terapia de inducción debe ser seguida por terapia de consolidación con fluconazol oral durante 8 semanas
Una vez completada la terapia de inducción y consolidación, la terapia supresora (de mantenimiento) a largo plazo se realiza con fluconazol oral
Pueden ser necesarias punciones lumbares seriadas para reducir la presión intracraneana.
Casi todos los pacientes con infección avanzada por VIH también necesitan terapia de mantenimiento hasta que los recuentos de linfocitos CD4 sean > 100 células/mcL con terapia antirretroviral (4). Se prefiere el fluconazol oral, pero el itraconazol a la misma dosis es aceptable; no obstante, deben medirse las concentraciones séricas de itraconazol para confirmar que los pacientes absorban el fármaco.
Referencias del tratamiento
1. McHale TC, Boulware DR, Kasibante J, Ssebambulidde K, Skipper CP, Abassi M. Diagnosis and management of cryptococcal meningitis in HIV-infected adults. Clin Microbiol Rev. 2023;36(4):e0015622. doi:10.1128/cmr.00156-22
2. Perfect JR, Dismukes WE, Dromer F, et al. Clinical practice guidelines for the management of cryptococcal disease: 2010 update by the Infectious Diseases Society of America. Clin Infect Dis. 2010;50(3):291-322. doi:10.1086/649858
3. Jarvis JN, Lawrence DS, Meya DB, et al. Single-Dose Liposomal Amphotericin B Treatment for Cryptococcal Meningitis. N Engl J Med. 2022;386(12):1109-1120. doi:10.1056/NEJMoa2111904
4. ClinicalInfo.gov. Guidelines for the Prevention and Treatment of Opportunistic Infections in Adults and Adolescents with HIV: Cryptococcosis. Accessed July 22, 2025.
Conceptos clave
C. neoformans está presente en todo el mundo; C. gattii se encuentra predominantemente en regiones tropicales y subtropicales.
La criptococosis se adquiere por inhalación y típicamente afecta los pulmones.
En pacientes inmunocompetentes, la infección es generalmente asintomática y autolimitada.
En pacientes inmunocomprometidos, el Cryptococcus puede diseminarse a muchos sitios, generalmente al cerebro y las meninges, y a la piel.
El diagnóstico se basa en el cultivo, la tinción y/o el antígeno criptocócico en suero y líquido cefalorraquídeo.
Para la enfermedad pulmonar localizada, administrar fluconazol.
Para la meningitis u otra infección grave, se debe utilizar anfotericina B liposomal (si no está disponible, usar desoxicolato de anfotericina B) con flucitosina, seguida de fluconazol.



