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Herramientas de prevención

Por

Magda Lenartowicz

, MD

Última revisión completa ene 2018
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NOTA: Esta es la versión para el público general. MÉDICOS: Hacer clic aquí para la versión para profesionales
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Recursos de temas

Existen muchas herramientas de prevención, incluyendo las siguientes herramientas principales:

  • La adopción de un estilo de vida saludable, que incluya hábitos tales como abrocharse el cinturón de seguridad, llevar una dieta sana, hacer suficiente ejercicio físico, utilizar protección solar y no fumar.

  • Vacunarse para prevenir enfermedades infecciosas tales como la gripe, la neumonía neumocócica y las enfermedades infecciosas infantiles

  • Seguir las recomendaciones relacionadas con los cribados para la detección temprana de enfermedades tales como la hipertensión y el cáncer.

  • Si las personas tienen un alto riesgo de desarrollar ciertos trastornos (como ateroesclerosis) o padecen un trastorno de este tipo, se recomienda el tratamiento farmacológico para prevenir que el trastorno se desarrolle o progrese (tratamiento farmacológico preventivo, también conocido como quimioprevención).

La terapia farmacológica preventiva incluye la administración de medicamentos para prevenir la ateroesclerosis, aspirina (ácido acetilsalicílico) para prevenir el infarto de miocardio o el accidente cerebrovascular (infarto cerebral o ictus), tamoxifeno para prevenir el cáncer de mama en mujeres con riesgo aumentado y medicamentos antihipertensivos para reducir la presión arterial y prevenir los accidentes cerebrovasculares.

¿Sabías que...?

  • Mantener una dieta sana, realizar ejercicio físico con regularidad y dejar de fumar ayudan a prevenir las tres principales causas de muerte en Estados Unidos (enfermedades cardíacas, cáncer y accidentes cerebrovasculares).

Estilo de vida saludable

El estilo de vida y la enfermedad están claramente relacionados. Por ejemplo, una dieta poco saludable (alta en calorías, grasas saturadas y ácidos grasos trans), no realizar ejercicio con regularidad, y el tabaquismo aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas, cáncer y accidentes cerebrovasculares, las tres principales causas de muerte en los Estados Unidos. La modificación de los hábitos de vida poco saludables puede ayudar a prevenir trastornos particulares y/o mejorar la condición física y la calidad de vida. Las conversaciones con el médico y otros profesionales de la salud pueden ayudar a tomar las decisiones adecuadas y a adquirir hábitos saludables. No obstante, adquirir y mantener un estilo de vida saludable es algo que solo puede hacer la propia persona interesada. Llevar metódicamente una dieta sana y realizar suficiente ejercicio físico resulta difícil para muchas personas, pero quienes lo consiguen reducen el riesgo de desarrollar enfermedades graves y suelen sentirse mejor y con más energía.

Llevar una dieta sana contribuye a prevenir o controlar enfermedades como la hipertensión, las cardiopatías, la diabetes, la osteoporosis y algunos tipos de cáncer. Las recomendaciones incluyen

  • Llevar una dieta que incluya en abundancia verdura, fruta, cereales integrales y pan integral, en parte porque una dieta de tales características aporta un alto contenido en fibra.

  • Limitar la cantidad de grasa en la dieta, por ejemplo, optando por alimentos lácteos bajos en grasa, pollo sin piel y carne muy magra.

  • Reducir el consumo de grasas saturadas y evitar los ácidos grasos trans, y en su lugar ingerir alimentos que contienen grasas saludables, como los ácidos omega-3, presentes en ciertos tipos de pescado.

  • Controlar bien las calorías para mantener el peso corporal recomendado (ver Índice de masa corporal (IMC))

  • Limitar la cantidad de sal que se consume.

  • Tomar suficiente calcio y vitamina D (en la dieta o mediante suplementos).

La actividad y el ejercicio físico ayudan a prevenir la obesidad, la hipertensión, las cardiopatías, el accidente cerebrovascular, la diabetes, algunos tipos de cáncer, el estreñimiento, las caídas y otros problemas de salud. La mejor rutina consiste en practicar actividad física moderada durante un total de 150 minutos semanales o bien actividad aeróbica intensa durante 75 minutos semanales (o una combinación de ambas). Los períodos de ejercicio deben durar al menos 10 minutos y lo ideal es que se repartan a lo largo de la semana. No obstante, incluso algo menos de ejercicio es mejor que nada. Por ejemplo, incluso quienes no pueden dedicar más de 10 minutos al ejercicio físico unas pocas veces por semana pueden obtener importantes beneficios al realizarlo, sobre todo si el ejercicio es vigoroso. Caminar es un ejercicio sencillo y muy eficaz, que agrada a muchas personas. Algunos tipos de ejercicio también pueden servir para superar o tratar algunos problemas específicos. Por ejemplo, los estiramientos mejoran la flexibilidad, lo cual ayuda a prevenir las caídas. Los ejercicios aeróbicos pueden disminuir el riesgo de infarto de miocardio y de angina de pecho.

Dejar de fumar también es importante si se quiere llevar un estilo de vida saludable. El médico puede proporcionar ánimos y consejo sobre las distintas maneras de dejar de fumar, incluyendo información y recomendaciones sobre el uso de productos sustitutivos de la nicotina, el bupropión y la vareniclina (medicamentos que ayudan a reducir el deseo de fumar), y otras herramientas.

Mantener relaciones sexuales seguras también es importante. La clave en las relaciones sexuales consiste en evitar las parejas de riesgo y permanecer mutuamente monógamos. Las personas que tienen más de una pareja sexual pueden reducir considerablemente el riesgo de contraer una enfermedad de transmisión sexual mediante el uso adecuado de un preservativo de látex cada vez que mantienen relaciones sexuales (ver Cómo usar el preservativo). Las personas alérgicas al látex pueden utilizar otros tipos de preservativos.

Limitar el consumo de alcohol es otra medida importante. Aunque el alcohol en pequeñas cantidades puede tener algún efecto positivo en la salud, especialmente el vino tinto, beber cantidades superiores a la considerada moderada (por ejemplo, 1 o 2 copas al día, posiblemente menos en las mujeres) suele ser perjudicial. Se considera una copa como 350 mL de cerveza, 150 mL de vino o 45 mL de licor con mayor concentración alcohólica, como el whisky.

Evitar las lesiones es uno de los puntos esenciales de un estilo de vida saludable. Puede reducirse el riesgo de lesiones adoptando determinadas precauciones.

Dormir lo necesario también es una parte fundamental de un estilo de vida saludable, sobre todo en lo que se refiere al humor y al estado mental. La falta de sueño es un factor de riesgo de padecer lesiones.

Seguridad 101

La adopción de las medidas de seguridad dictadas por el sentido común ayuda a evitar lesiones. Algunos ejemplos son:

Seguridad general

  • Aprender primeros auxilios.

  • Preparar o comprar un botiquín de primeros auxilios.

  • Aprender a aplicar la reanimación cardiorrespiratoria y otros métodos para liberar la obstrucción de las vías respiratorias, como la maniobra de Heimlich.

  • Ponerse el casco para ir en bicicleta o en moto, y un equipo de protección adicional para la práctica de ciertos deportes, como muñequeras para patinar (roller o skate).

  • Guardar las armas de fuego en lugar seguro.

  • No nadar nunca en solitario.

  • Si es necesario realizar movimientos repetitivos de muñeca (como teclear) hay que adoptar una posición que reduzca la probabilidad de padecer síndrome del túnel carpiano.

  • Practicar ejercicio regularmente y con seguridad.

  • Eliminar o limitar el consumo de alcohol.

Seguridad en el hogar

Prevenir caídas y lesiones producidas por caídas en los niños:

  • Instalar cierres de seguridad en las puertas de los sótanos.

  • Cerrar con pestillo las ventanas cuando haya niños presentes.

  • Reemplazar o proteger los cantos y perfiles de los muebles.

  • No utilizar caminadores infantiles.

  • Instalar protecciones en las ventanas, especialmente por encima del primer piso.

  • Utilizar barreras de seguridad en los extremos superior e inferior de las escaleras.

Para prevenir intoxicaciones:

  • No mezclar nunca productos de limpieza.

  • Mantener los productos limpiadores del horno y del baño, los pesticidas (plaguicidas), el alcohol y el anticongelante herméticamente cerrados y fuera del alcance de los niños.

  • Mantener los medicamentos en sus envases originales y utilizar frascos de píldoras con mecanismo de seguridad si viven niños pequeños en el hogar o si se encuentran allí de visita.

  • Siga las instrucciones sobre cómo desechar de forma segura los fármacos caducados y los medicamentos que ya no son necesarios (véase How to Dispose of Unused Medicines disponible en la página web de la Food and Drug Administration).

Para evitar incendios:

  • Instalar detectores de humos en todas las plantas de la casa, incluidos el sótano y todos los dormitorios.

  • Comprobar las baterías mensualmente e instalar baterías nuevas cada 6 meses.

  • Planificar una vía de salida de emergencia y ensayarla.

  • Tener un extintor de incendios en la cocina o muy cerca de ella.

  • Hacer revisar el sistema eléctrico por un profesional.

  • No dejar velas encendidas sin prestarles atención permanente.

  • No fumar en la cama.

Prevención del envenenamiento por monóxido de carbono:

  • Asegurar la ventilación correcta de las fuentes de combustión en espacios interiores (tales como hornos, calentadores de agua, estufas de leña o de carbón, y estufas de queroseno o de otros tipos).

  • Limpiar el tiro de las chimeneas regularmente y hacer revisiones periódicas para detectar posibles fugas.

  • Instalar un detector de monóxido de carbono en el hogar.

Para evitar la exposición al radón:

  • Mantener actualizado el control de radón en el hogar.

  • Asegurarse de que existe una ventilación adecuada, sobre todo en el sótano.

Para evitar la intoxicación por plomo:

  • Consultar al departamento de salud de la localidad y preguntar cómo detectar niveles tóxicos de plomo en el agua potable doméstica.

  • Averiguar si la pintura usada en la vivienda contiene plomo (es frecuente en las casas viejas); en caso de duda, arrancar un poco de pintura para hacer la prueba.

  • Comprobar el contenido en plomo de los platos de cerámica fabricados fuera de los Estados Unidos.

  • Si lo recomienda el pediatra, realizar una prueba de comprobación de los niveles de plomo en los niños.

Para evitar las quemaduras:

  • No utilizar agua caliente a más de 54 °C.

Seguridad alimentaria

  • Prestar atención a las indicaciones de caducidad en los envoltorios.

  • Meter en el refrigerador lo antes posible los alimentos perecederos.

  • No comprar alimentos enlatados ni ningún otro alimento con el envase abollado o con la tapa floja o abultada.

  • Mantener el refrigerador a 4 °C y el congelador a -18 °C.

  • Congelar los alimentos frescos (incluyendo el pescado y las aves) que no vayan a ser usados antes de 2 días.

  • Impedir que el jugo de la carne cruda gotee sobre otros alimentos.

  • Lavarse las manos antes de cocinar o manipular los alimentos.

  • Cocer los alimentos suficientemente.

  • No manipular nunca la carne cocinada con los mismos utensilios, ni depositarla en los mismos recipientes, que se han utilizado para la manipulación de la carne cruda.

  • Limpiar las mesas de la cocina, las tablas utilizadas para cortar y los utensilios culinarios con agua caliente y detergente después de usarlos.

Seguridad en el automóvil

  • Respetar los límites de velocidad y conducir en estado de alerta.

  • Asegurarse de que todos los pasajeros lleven abrochados los cinturones de seguridad.

  • Asegurar a los niños en el asiento con los dispositivos de seguridad adecuados a su estatura y peso.

  • No permitir en ningún caso que un bebé o un niño vayan sentados en el regazo de alguno de los pasajeros de un vehículo en marcha.

  • No beba ni use drogas o medicamentos que puedan producir somnolencia antes de conducir.

Vacunación

La vacunación ha supuesto una contribución muy importante para la salud. Enfermedades infecciosas peligrosas y a veces mortales, como la difteria, la tosferina, el tétanos, las paperas (parotiditis), el sarampión, la rubéola y la poliomielitis, han disminuido en más del 99% su número de casos gracias a la disponibilidad de vacunas eficaces y seguras, y a su empleo generalizado. Al mismo tiempo, las vacunaciones han supuesto en el coste de la atención médica un ahorro aproximado catorce veces superior a lo invertido en este tipo de prevención.

Se han atribuido muchos efectos secundarios a las vacunas (véase Preocupaciones relacionadas con la vacunación infantil). En realidad, los posibles efectos no deseados que pueden presentarse dependen de la vacuna, pero los más frecuentes suelen ser leves e incluyen hinchazón, dolor, reacciones alérgicas en el lugar de la inyección y, a veces, fiebre o escalofríos. También pueden presentarse otros efectos secundarios más graves. Incluyen reacciones autoinmunitarias (por ejemplo, el síndrome de Guillain-Barré, que causa debilidad o parálisis de forma temporal). No obstante, los efectos secundarios graves son muy poco frecuentes si las vacunas se utilizan adecuadamente.

Las investigaciones sistemáticas y amplias realizadas no han hallado ninguna relación entre las vacunas y otros efectos secundarios graves, como el autismo. Las informaciones que afirman que las vacunas provocan el sida o esterilidad, son «leyendas urbanas» que no tienen base real. Rechazar la vacunación para evitar efectos secundarios aumenta el riesgo de contraer una infección, que es una amenaza mucho mayor para la salud que los posibles efectos secundarios de la vacunación.

¿Sabías que...?

  • Las vacunas pueden beneficiar a otras personas además de a quienes se vacunan.

Los niños y los adolescentes, las personas mayores y aquellas cuyo sistema inmunitario está debilitado suelen ser los colectivos más vulnerables a las infecciones que las vacunas pueden evitar. También suelen ser las más propensas a desarrollar síntomas graves si contraen dichas enfermedades. Por ejemplo, la tosferina tiende a causar síntomas graves en los lactantes, pero puede ser tan leve como un resfriado en los adultos sanos. Si bien es importante la vacunación en las poblaciones más vulnerables, también es importante vacunar a las demás personas. De este modo se evita la enfermedad en la persona vacunada, al tiempo que se reduce el número de personas en la comunidad que la podrían contraer y, por lo tanto, transmitirla a la población más vulnerable. De este modo, los fallecimientos y las complicaciones graves se reducen mediante la vacunación del mayor número posible de personas. Este efecto se denomina inmunidad colectiva o de grupo.

Cribado

La detección sistemática, o cribado, se dirige a las personas consideradas de riesgo para una determinada enfermedad y que están asintomáticas (véase también Decisiones sobre pruebas médicas, Pruebas de cribado). El cribado puede permitir la detección temprana. La detección precoz permite iniciar el tratamiento en una fase temprana de la enfermedad, con lo que se evita en muchos casos una evolución que sería mortal. Por ejemplo, las anomalías en el cuello del útero (cérvix o cuello uterino) o en el colon pueden diagnosticarse y curarse antes de que se conviertan en cancerosas.

Los programas de cribado han reducido considerablemente el número de muertes causadas por algunos trastornos. Sirva como ejemplo el dato estadístico de Estados Unidos, donde, de modo similar a lo ocurrido en otros países desarrollados, la mortalidad por cáncer de cuello de útero se ha reducido en un 75% desde 1955. El cribado también permite diagnosticar enfermedades que, pese a ser incurables o crónicas, pueden tratarse antes de que produzcan grandes daños (por ejemplo, la hipertensión).

Las recomendaciones de detección provienen por lo general de organizaciones gubernamentales o profesionales y se basan en la mejor investigación disponible. Sin embargo, las distintas organizaciones algunas veces establecen diferentes recomendaciones. Existen varias razones para esto último. Incluso los mejores resultados de una investigación no siempre son concluyentes. Además, las recomendaciones de detección sistemática deben tener en cuenta cuánto riesgo y cuánto gasto están dispuestas a aceptar las personas afectadas, factores que no pueden conocerse con certeza. Por lo tanto, la atención debe ser individualizada y las personas deben discutir la realización de pruebas de detección sistemática con su médico personal para adaptarse a su situación individual.

¿Sabías que...?

  • Algunas pruebas diagnósticas realizadas antes de que aparezcan síntomas (pruebas de detección) pueden causar más daños que beneficios.

Es fácil pensar que debe realizarse cualquier exploración capaz de diagnosticar una enfermedad grave. Sin embargo, no es así. Aunque el cribado ofrece grandes beneficios, también causa ciertos problemas. Por ejemplo, en algunas ocasiones los resultados de la prueba de cribado son positivos en personas que no tienen la enfermedad, y a cierto número de ellas se les realizarán pruebas de seguimiento y/o tratamientos que serán innecesarios, por lo general caros y posiblemente dolorosos o peligrosos.

A veces, también, el cribado descubre anomalías que no pueden o no deben tratarse. Por ejemplo, en los hombres de edad avanzada, el cáncer de próstata evoluciona tan lentamente que es improbable que llegue a afectar su salud antes de que se produzca la muerte por otras causas. En estos casos, el tratamiento puede ser peor que la enfermedad. Otro ejemplo implica el uso de la tomografía computarizada de cuerpo entero para la detección sistemática (cribado) del cáncer en todas las personas. Estos escáneres no son recomendables porque no conllevan beneficios (tales como salvar vidas) que superen los riesgos asociados (como, por ejemplo, el desarrollo de trastornos causados por la exposición a la radiación, incluido el cáncer). Además, cuando se informa a una persona de que puede tener una enfermedad grave, desarrolla un estado de ansiedad perjudicial para su salud.

Teniendo en cuenta estas situaciones, el cribado solo es aconsejable en los siguientes casos

  • Cuando la persona tiene un riesgo real de desarrollar una enfermedad.

  • Si la prueba de detección es muy certera.

  • Cuando la enfermedad puede ser tratada más eficazmente si se diagnostica antes de que se desarrollen los síntomas.

  • Si los beneficios para la salud derivados de una prueba de detección adecuada justifican realmente su precio (coste-eficacia).

Algunas pruebas de cribado (como las de detección del cáncer de cuello de útero o del cáncer de colon) son recomendables para todas las personas de una edad o un sexo determinados. Para las personas en situación de riesgo a causa de otros factores, las pruebas son aconsejables a una edad más temprana o con una mayor frecuencia, e incluso pueden ser recomendables pruebas adicionales. Por ejemplo, a una persona con antecedentes familiares de cáncer colorrectal o con una enfermedad que aumenta las posibilidades de desarrollar cáncer colorrectal, como la colitis ulcerosa, hay que aconsejarle que se someta a una colonoscopia con más frecuencia de la que es recomendable en la población con un riesgo medio. A una mujer con antecedentes familiares de cáncer de mama se le deberían recomendar pruebas de resonancia magnética nuclear (RMN) para detectar un posible cáncer de mama, además de las mamografías.

Algunas medidas de cribado son recomendables para las personas que padecen ciertos trastornos o enfermedades. Por ejemplo, las personas diabéticas deben examinarse los pies por lo menos una vez al día para detectar zonas eritematosas y ulceradas que, si no se tratan a tiempo, podrían provocar una infección grave y finalmente la amputación.

Tabla
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Algunas pruebas de cribado recomendadas* ,†

Trastorno

Prueba

Para

Frecuencia

Ecografía abdominal

Hombres de 65 a 75 años de edad fumadores o que han fumado previamente

Una vez

Preguntas acerca de sus hábitos de bebida

Adultos

Una sola vez y periódicamente, cuando se produce un cambio de circunstancias (por ejemplo, en situaciones nuevas de estrés o de cambio en el estilo de vida)

Pruebas de visión y exploración de los ojos

Niños de 5 años de edad o menores

Una vez antes de los 6 meses y de nuevo entre los 6 meses y los 3 años, y entre los 3 y los 5 años

Consejo genético y posibles pruebas genéticas para detectar la mutación del gen BRCA, que indica un mayor riesgo de cáncer de mama y de ovario

Las mujeres con varios familiares próximos, por lo general de primer grado, que han tenido cáncer de mama o cáncer de ovario

Una vez

Mamografía

Mujeres de 50 a 74 años

Las mujeres menores de 50 años deben consultar con su médico acerca del cribado individualizado

Cada 2 años

RMN

Las mujeres con alto riesgo (como las que tienen familiares próximos que han tenido cáncer de mama)

Cuando se hace la mamografía

La prueba de Papanicolaou (citología) u otra prueba similar y en ocasiones una prueba para el virus del papiloma humano (VPH)

Todas las mujeres que han sido sexualmente activas y a quienes no se les ha extirpado el cuello del útero

Cada 2 a 5 años en mujeres entre 21 y 65 años

Enfermedad cardiovascular (incluyendo infarto de miocardio, accidente cerebrovascular)

Preguntas sobre factores de riesgo, medición de la presión arterial y el peso, análisis de sangre para determinar el colesterol (perfil lipídico) y la glucosa en sangre

Todos

Cuestionario anual sobre factores de riesgo y control de la presión arterial y del peso

Concentración de glucosa (azúcar) en sangre cada 3 años

Perfil lipídico cada 5 años

Prueba de ADN a partir de una muestra de orina o de una muestra tomada de la vagina con un hisopo

Mujeres sexualmente activas de 24 años o menores, y mujeres de más de 24 años con factores de riesgo (como múltiples parejas sexuales o una enfermedad de transmisión sexual)

Todas las embarazadas durante la primera visita prenatal

Hombres que han mantenido relaciones sexuales con hombres durante el año anterior

Anual

Colonoscopia, sigmoidoscopia, análisis para verificar la presencia de sangre en las heces (análisis de sangre oculta en materia fecal [FOBT] o prueba inmunoquímica fecal [FIT]) o ADN del cáncer (FIT-DNA)

Adultos entre 50 (45 en personas de ascendencia africana) y 75 años de edad

Los adultos menores de 50 años deben consultar con su médico sobre la detección individual según su perfil de factores de riesgo (como antecedentes familiares o ciertos trastornos intestinales)

Las personas con riesgo promedio: FOBT o FIT anualmente; FIT-DNA cada 1-3 años; colonoscopia cada 10 años; colonografía por tomografía computarizada cada 5 años; o bien sigmoidoscopia flexible cada 5 años o cada 10 años junto con FIT cada año

Revisión con el dentista

Todos (las revisiones regulares deben comenzar cuando aparece el primer diente o antes del primer cumpleaños del niño)

Cada 3-12 meses para los niños y adolescentes menores de 18 años

Cada 12-24 meses a partir de los 18 años de edad

Preguntas, incluyendo cuestionarios estandarizados

Adultos y niños a partir de 11 años

Una sola vez y periódicamente en situaciones de mucho estrés (por ejemplo, divorcio, cambio de trabajo o de estilo de vida, o muerte de un familiar)

Análisis de sangre para medir el nivel de hemoglobina A1C o el nivel de azúcar en sangre

Los adultos mayores de 45 años o con sobrepeso, con tensión arterial elevada o niveles altos de colesterol y/o otras grasas (lípidos) en sangre, o que han tenido niveles de azúcar en sangre elevados en el pasado

Niños menores de 18 años con sobrepeso y con 2 o más factores de riesgo específicos (antecedentes familiares, miembros de ciertos grupos étnicos, antecedentes de diabetes materna)

Cada 3 años, dependiendo de los factores de riesgo y los resultados de las pruebas anteriores

Prueba de ADN a partir de una muestra de orina o de una muestra tomada de la vagina con un hisopo

Mujeres sexualmente activas de 24 años o menos y mujeres de más de 24 años con factores de riesgo (como múltiples parejas sexuales o una enfermedad de transmisión sexual)

Todas las embarazadas durante la primera visita prenatal

Hombres que han mantenido relaciones sexuales con hombres durante el año anterior

Una sola vez y periódicamente si cambian las circunstancias (como una nueva pareja sexual o un embarazo)

Examen de audición

Adultos a partir de los 65 años de edad

Anual

Algunas veces otras pruebas, en función de los resultados de las pruebas anteriores

Mujeres embarazadas

En la primera visita prenatal

Análisis de sangre en busca de infección por el virus de la hepatitis B

Mujeres embarazadas, contactos de los familiares cercanos, consumidores de fármacos y sustancias por vía intravenosa, hombres que mantienen relaciones homosexuales, y muchos otros factores de riesgo.

En la primera visita prenatal

Análisis de sangre en busca de infección por el virus de la hepatitis C

Las personas nacidas entre 1945 y 1965, y las personas que tienen factores de riesgo (como los adictos a drogas intravenosas)

Una vez

Presión arterial elevada (hipertensión)

Medición de la presión arterial

Adultos y niños a partir de 3 años

En cada visita médica de control o anualmente

Análisis de sangre o de saliva en busca de infección por el virus

Toda la población entre 15 y 65 años, las personas mayores de 65 años con factores de riesgo de infección por VIH, y todas las mujeres embarazadas

Por lo menos una vez, y si se produce una nueva actividad de alto riesgo (por ejemplo, tener más de una pareja sexual, consumir drogas inyectables y, en hombres, practicar el sexo con otros hombres)

Tomografía computarizada (TC) de baja dosis

Personas entre 55 y 80 años de edad con un historial de tabaquismo de 30 paquetes por año que actualmente fuman o han dejado de hacerlo solo en los últimos 15 años

Anualmente

Densitometría ósea (DXA, por sus siglas en inglés, o absorciometría dual de rayos X) para medir la densidad ósea

Todas las mujeres mayores de 65 años y las mujeres menores de 65 años si están en riesgo de fractura debido a osteoporosis

Al menos una vez

Sobrepeso en adultos y niños

Medición de la altura y el peso

Cálculo del índice de masa corporal (IMC)

Todos los adultos y los niños a partir de 6 años

Cada visita médica de control o anualmente

Errores refractivos (visión deficiente)

Pruebas de visión (las exploraciones de cribado no requieren un optometrista ni un oftalmólogo)

Todos

Niños: Al menos una vez y en las revisiones normales a partir de los 3-5 años de edad

Adultos: cada 2 a 4 años para las personas de 18 a 64 años

Cada 1-2 años, a partir de los 65 años de edad

Análisis de sangre para la infección

Adultos con factores de riesgo (por ejemplo, tener múltiples parejas sexuales, haber padecido anteriormente una enfermedad de transmisión sexual, o, en el caso de hombres, practicar sexo con otros hombres), así como todas las mujeres embarazadas

Una sola vez y periódicamente si cambian las circunstancias (como una nueva pareja o un embarazo)

Cuestionario

Todos los adolescentes y adultos

Cada visita médica de control

*Basado en las recomendaciones de diversas autoridades principales de Estados Unidos, aunque existen diferencias en sus recomendaciones. Además, las personas con mayor riesgo de sufrir una enfermedad generalmente se controlan con más frecuencia. No todas las recomendaciones están incluidas en esta tabla.

Las medidas de cribado que se pueden hacer en el domicilio incluyen medir regularmente el peso y, una vez al año, revisar la piel para detectar alteraciones y úlceras sangrantes. Se puede pedir a otra persona (como el cónyuge) que revise la piel de las áreas que son difíciles de ver, como la espalda o detrás de las orejas. Algunos médicos sugieren que los hombres verifiquen la presencia de bultos en los testículos, aunque la prueba científica de la eficacia de hacerlo no está clara.

FIT = prueba inmunoquímica fecal; FOBT = prueba de sangre oculta en heces; RMN = resonancia magnética nuclear.

Terapia farmacológica preventiva

La terapia farmacológica preventiva (también llamada quimioprofilaxis o quimioprevención) es el uso de fármacos para prevenir la enfermedad. Para que esta terapia sea recomendable, la persona debe estar en situación de riesgo de contraer la enfermedad y tener un riesgo bajo de padecer efectos secundarios asociados a los fármacos considerados.

La quimioprofilaxis está claramente indicada en casos como, por ejemplo, la prevención de una infección en personas afectadas por determinadas enfermedades (como el sida), la prevención del dolor de cabeza en personas que padecen migrañas y en otras muchas situaciones específicas. Aunque la quimioprofilaxis solo es efectiva en situaciones determinadas, algunas de estas circunstancias son frecuentes, por lo que este tipo de terapia es útil para muchas personas. Por ejemplo, para los adultos con riesgo de arteriopatía coronaria o accidente cerebrovascular suele ser recomendable la aspirina (ácido acetilsalicílico). A los recién nacidos se les aplican unas gotas oculares para prevenir la infección gonocócica en los ojos. En las mujeres con alto riesgo de desarrollar cáncer de mama, la terapia quimiopreventiva suele ser beneficiosa (por ejemplo, con el fármaco tamoxifeno).

Tres niveles de prevención

Hay tres niveles de prevención: primaria, secundaria y terciaria.

En la prevención primaria se impide el desarrollo de una enfermedad. Las vacunas, los consejos para cambiar comportamientos de alto riesgo y a veces la quimioprofilaxis (o quimioprevención) son tipos de prevención primaria.

En la prevención secundaria la enfermedad se detecta y se trata pronto, a menudo antes de que aparezcan los síntomas, lo que minimiza las consecuencias graves.

La prevención secundaria puede incluir programas de cribado, como la mamografía para detectar el cáncer de mama y la densitometría ósea (DXA, por sus siglas en inglés, o absorciometría dual de rayos X) para detectar la osteoporosis. También puede incluir la localización de las parejas sexuales de una persona a quien se haya diagnosticado una enfermedad de transmisión sexual (localización de contactos) y tratarlas, si es necesario, para minimizar la propagación de la enfermedad.

En la prevención terciaria se trata una enfermedad ya existente, generalmente crónica, para evitar complicaciones o daños mayores. Por ejemplo, la prevención terciaria para las personas con diabetes se centra en un control de la glucemia, un excelente cuidado de la piel, una exploración frecuente de los pies y la realización de ejercicio físico con regularidad para prevenir enfermedades del corazón y de los vasos sanguíneos. La prevención terciaria para una persona que ha tenido un accidente cerebrovascular (ictus) puede implicar tomar aspirina para prevenir un segundo accidente cerebrovascular.

La prevención terciaria puede incluir la prestación de servicios de apoyo y rehabilitación para evitar el deterioro y maximizar la calidad de vida, tales como la rehabilitación tras una lesión, un ataque al corazón o un accidente cerebrovascular.

La prevención terciaria también incluye la prevención de complicaciones en las personas discapacitadas, como las úlceras por presión en aquellas que están confinadas en la cama.

Tabla
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Algunas estrategias para prevenir los principales problemas de salud *

Problema de salud

Medidas preventivas

No fumar (para prevenir el cáncer de pulmón y muchos otros tipos de cáncer).

Seguir una dieta equilibrada, con alto contenido en fibra, fruta y verduras y con pocas grasas (en especial pocas grasas saturadas y pocos ácidos grasos trans) y limitada en calorías (para prevenir el cáncer de mama y el cáncer colorrectal).

Reducir el consumo de salazones o ahumados (para prevenir el cáncer de estómago).

Evitar la exposición excesiva al sol y utilizar cremas solares con un factor de protección solar alto (para prevenir el cáncer de piel).

Asegurarse de que los niños reciben la vacuna contra el VPH (virus del papiloma humano) (para prevenir el cáncer de cuello uterino y el cáncer de garganta).

Considerar el empleo de fármacos recomendados para prevenir el cáncer (como el tamoxifeno para las mujeres con alto riesgo de cáncer de mama).

Someterse a las pruebas de detección sistemática recomendadas.

No fumar.

Evitar la exposición a sustancias tóxicas (especialmente en las instalaciones industriales).

Diabetes (tipo 2)

Hacer ejercicio de forma regular.

Seguir una dieta equilibrada.

Mantener el peso corporal recomendado.

Mantener normales los niveles de lípidos mediante una dieta adecuada y, si fuera necesario, tratamiento farmacológico.

Mantener la presión arterial normalizada mediante dieta, ejercicio, reducción del estrés y, si fuera necesario, mediante fármacos.

No fumar.

Mantener normales los niveles de colesterol y de otras grasas (lípidos) mediante una dieta adecuada y tratamiento farmacológico (en caso necesario).

Mantener la presión arterial normalizada mediante dieta, ejercicio, reducción del estrés y fármacos (si es necesario).

Seguir una dieta equilibrada, con alto contenido en fibra, fruta, verdura y baja en grasas (en especial grasas saturadas y ácidos grasos trans), y en calorías.

Mantener el peso corporal recomendado.

No fumar.

Llevar a cabo ejercicio físico de forma regular e incluir ejercicio aeróbico (como caminar con energía, montar en bicicleta o correr) y ejercicios de fortalecimiento muscular (como el entrenamiento de resistencia con pesas o con aparatos de pesas).

Tomar aspirina (ácido acetilsalicílico) y fármacos hipolipemiantes según lo recomendado (para la mayoría de los adultos con riesgo alto de enfermedad coronaria arterial).

No consumir cocaína.

Presión arterial elevada (hipertensión)

Seguir una dieta equilibrada, con alto contenido en fibra, fruta y verdura, y baja en grasas (en especial grasas saturadas y ácidos grasos trans) y en calorías.

Hacer ejercicio con regularidad e incluir ejercicios aeróbicos y ejercicios de fortalecimiento muscular.

Mantener en los niveles adecuados el colesterol mediante dieta, ejercicio y fármacos (si es necesario).

Mantener el peso corporal recomendado (mediante dieta y ejercicio físico).

No fumar.

Vacunarse anualmente contra la gripe (sobre todo los niños, las personas mayores o ancianas y quienes padecen trastornos cardíacos, pulmonares o del sistema inmunitario).

Moderar o evitar el consumo de alcohol.

Vacunación contra la hepatitis A y B (para todos los niños y para los adultos con factores de riesgo de la enfermedad).

Realizar ejercicios de fortalecimiento y estiramiento muscular.

Permanecer activo a nivel físico.

Mantener el peso corporal recomendado.

Consumo de las cantidades adecuadas de calcio y de vitamina D (en la dieta o mediante suplementos).

Realizar ejercicios de carga de peso (por ejemplo, caminar, correr, jugar al tenis, y bailar) cada día por lo menos durante 30 minutos.

Tomar, según prescripción médica, fármacos para fortalecer los huesos.

Limitar el consumo de cafeína y alcohol (a una consumición al día).

No fumar.

Existen dos vacunas contra la neumonía:

La vacuna antineumocócica conjugada (PCV 13), indicada para todos los bebés y niños menores de 2 años, todos los adultos de 65 años o más y las personas de 2 a 64 años con ciertas afecciones médicas.

La vacuna antineumocócica de polisacáridos (PPSV 23), indicada para todos los adultos de 65 años o más, las personas de 2 a 64 años que tienen un mayor riesgo de contraer enfermedades debido a ciertas afecciones médicas y los adultos entre 19 y 64 años que fuman cigarrillos.

Practicar la abstinencia o evitar la promiscuidad sexual.

Usar preservativo y realizar sexo seguro.

Dependiendo de su actividad sexual, hable con su médico sobre si debe tomar medicamentos preventivos contra la infección por VIH.

Cepillarse los dientes y utilizar hilo dental habitualmente.

Limitar la frecuencia con que se consumen dulces.

Someterse regularmente a revisiones odontológicas.

Tomar suplementos de flúor en caso necesario (por ejemplo, si el agua que consumen habitualmente niños en edad preescolar mayores de 6 meses es deficiente en flúor).

*Además de estas medidas preventivas hay que someterse a las pruebas de detección sistemática recomendadas (ver Algunas pruebas de cribado recomendadas* ,†).

Una copa = 350 mL de cerveza, 150 mL de vino o 45 mL de licor (como el whisky).

NOTA: Esta es la versión para el público general. MÉDICOS: Hacer clic aquí para la versión para profesionales
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