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Introducción a los tumores cerebrales

Por

Steven A. Goldman

, MD, PhD, University of Rochester Medical Center;


Nimish A. Mohile

, MD, University of Rochester Medical Center

Última revisión completa sep. 2018
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Datos clave
NOTA: Esta es la versión para el público general. MÉDICOS: Hacer clic aquí para la versión para profesionales
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Recursos de temas

Un tumor cerebral es un crecimiento no canceroso (benigno) o canceroso (maligno) en el cerebro. Puede tener su origen en el propio cerebro o haberse propagado (metástasis) a este desde otra parte del organismo.

  • Los síntomas consisten en dolor de cabeza, cambios de personalidad (como sentirse repentinamente deprimido, ansioso o desinhibido), pérdida del equilibrio, dificultad para concentrarse, convulsiones e incoordinación.

  • Las pruebas de diagnóstico por la imagen a menudo detectan tumores cerebrales, pero a veces es necesario realizar una biopsia del tumor.

  • El tratamiento consiste en cirugía, radioterapia, quimioterapia, o una combinación de las anteriores.

Los tumores cerebrales son ligeramente más frecuentes entre los hombres que entre las mujeres. Solo los meningiomas, que no son cancerosos, son más frecuentes en las mujeres. Los tumores cerebrales se suelen desarrollar en la edad adulta, pero se pueden presentan a cualquier edad. Son cada vez más frecuentes entre las personas mayores.

Un tumor cerebral, ya sea canceroso o no, siempre es grave, debido a que el cráneo es rígido y no deja espacio al tumor para expandirse. Además, si los tumores se desarrollan cerca de partes del cerebro que controlan las funciones vitales, pueden causar problemas, como debilidad, dificultad para caminar, pérdida del equilibrio, pérdida parcial o total de la visión, dificultad para entender o usar el lenguaje y problemas relacionados con la memoria.

Los tumores cerebrales causan problemas por razones distintas:

  • Invadiendo y destruyendo directamente el tejido cerebral

  • Haciendo presión de manera directa sobre tejidos cercanos

  • Aumentando la presión en el interior del cráneo (presión intracraneal o presión endocraneal) dado que el tumor ocupa espacio y el cráneo no se puede expandir para acomodarlo

  • Provocando la acumulación de líquidos en el cerebro

  • Bloqueando la circulación normal del líquido cefalorraquídeo a través de los espacios intercerebrales

  • Provocando hemorragias

Clasificación de los tumores cerebrales

Hay dos tipos principales de tumores cerebrales:

  • Primarios: se originan en las células del interior del cerebro o en las que están próximas a este. Pueden ser benignos o malignos.

  • Secundarios: estos tumores son metástasis, es decir, se originan en otra parte del cuerpo y se diseminan hacia el cerebro. Por tanto, siempre son malignos.

Tumores primarios

Los tumores primarios comprenden

Los gliomas representan más de 65% de todos los tumores cerebrales primarios.

¿Sabías que...?

  • Los tumores que se diseminan (hacen metástasis) al cerebro desde otras partes del cuerpo son aproximadamente 10 veces más frecuentes que los tumores que comienzan en el cerebro.

Los tumores benignos reciben su nombre según las células o tejidos específicos en los cuales se originan. Por ejemplo, los hemangioblastomas se originan en los vasos sanguíneos («hema» se refiere a los vasos sanguíneos y los hemangioblastos son las células que forman los tejidos de los vasos sanguíneos). Algunos tumores benignos se originan en células del embrión (células embrionarias), en etapas tempranas del desarrollo fetal. Estos tumores son congénitos.

Tumores secundarios

Las metástasis cerebrales son unas 10 veces más frecuentes que los tumores primarios. Más del 80% de las personas con metástasis cerebrales tienen más de una metástasis.

La metástasis procedentes de otras partes del cuerpo aparecen en una única zona del cerebro o en diversas zonas. Muchos tipos de cáncer pueden diseminarse al cerebro. Entre estos factores se incluyen los siguientes

Los linfomas cerebrales se están volviendo más frecuentes entre las personas cuyo sistema inmunológico está debilitado (como las que padecen sida), las de edad avanzada y, por razones desconocidas, entre personas con un sistema inmunológico normal.

Tabla
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Algunos tumores que se originan en el encéfalo o en sus alrededores*

Tipo de tumor

Origen

Estatus

Porcentaje de todos los tumores cerebrales primarios

Personas afectadas

Astrocitoma (un tipo de glioma)

Células del tejido que sostiene las neuronas (los neurogliocitos)

Maligno o benigno (algunos astrocitomas inicialmente benignos se vuelven malignos)

(Véase nota.)

Niños y adultos

Cordoma

Células embrionarias que se desarrollan en la médula espinal

Benigno pero invasivo

Menos del 1%

Niños y adultos

Puede ser congénito

Craniofaringioma

Células embrionarias procedentes de la hipófisis

La mayoría son benignos

Menos del 1%

Niños y adultos

Puede ser congénito

Quistes dermoides y tumores epidermoides

Células embrionarias de la piel

Benigno

Menos del 1%

Niños y adultos

Quistes dermoides: pueden ser congénitos

Ependimoma

Células del tejido que recubre los espacios intercerebrales (ventrículos)

La mayoría son benignos

Aproximadamente 2-3% (casi el 10% de los tumores cerebrales en niños)

Niños

Poco frecuente en adultos

Tumores de células germinativas (incluyendo germinomas)

Células embrionarias cerca de la glándula pineal

Maligno o benigno

1%

Niños

Germinomas: pueden ser congénitos

Glioblastoma (un tipo de glioma)

Células gliales inmaduras (llamadas células progenitoras)

Maligno

Aproximadamente 15%

Adultos

Hemangioblastoma

Células embrionarias que se desarrollan en los vasos sanguíneos

Benigno

1‒2%

Niños y adultos

Meduloblastoma

Células embrionarias del cerebelo

Maligno

Casi el 20% de los tumores cerebrales infantiles

Niños y, con muy poca frecuencia, adultos

Meningioma

Células de las capas de tejido que recubre el encéfalo (meninges)

Benigno, pero puede reaparecer

Alrededor del 35%

Adultos

Oligodendroglioma (un tipo de glioma)

Células que envuelven las fibras nerviosas cerebrales formando la vaina de mielina (llamadas oligodendrocitos) y las células a partir de las que se originan

Maligno pero de crecimiento lento (a menudo acaba convirtiéndose en un oligodendroglioma anaplásico)

2–10%

Niños y adultos

Tumores de la glándula pineal

Células de la glándula pineal o tejidos cercanos

Maligno o benigno

Menos del 1%

Niños

Adenoma de hipófisis

Células hipofisarias

Benigno

10%

Niños y adultos

Tumor neuroectodérmico primitivo

Células inmaduras que recubren los espacios intercerebrales (ventrículos)

Por lo general benigno pero a veces se convierte en maligno

Menos del 1%

Niños y adultos jóvenes

Neurocitoma

Células inmaduras que recubren los espacios dentro del cerebro

Por lo general benigno pero a veces se convierte en maligno

Menos del 1%

Niños y adultos jóvenes

Se da el porcentaje de todos los tumores cerebrales primarios a menos que se indique lo contrario.

Los astrocitomas, los ependimomas, el glioblastoma multiforme, los meduloblastomas y los oligodendrogliomas son gliomas, que representan el 65% de todos los tumores cerebrales primarios.

Síntomas

Los síntomas se presentan tanto en los tumores cerebrales no cancerosos (benignos) como en los cancerosos (malignos). Los tumores benignos crecen lentamente y pueden alcanzar un gran tamaño antes de la aparición de los síntomas.

Un tumor cerebral ocasiona muchos síntomas distintos, que aparecen de forma súbita o evolucionan de manera gradual. Los primeros síntomas y su evolución dependen del tamaño del tumor, su velocidad de crecimiento y su localización. En algunas partes del cerebro, incluso un tumor pequeño tiene efectos catastróficos. En otras partes, los tumores alcanzan un tamaño relativamente grande antes de que aparezcan síntomas. Conforme el tumor crece, empuja y comprime, pero habitualmente no destruye el tejido nervioso, que compensa estos cambios. Es por eso que los síntomas no se manifiestan inicialmente.

Muchos síntomas se producen al aumentar la presión intracraneal:

  • Dolor de cabeza (cefaleas)

  • Deterioro de la funcionalidad mental

  • Problemas debidos a la presión sobre estructuras específicas del cerebro o cerca de este, como el nervio óptico

El dolor de cabeza es el síntoma más frecuente y, a menudo, el primero. Sin embargo, algunas personas con tumores cerebrales no sufren cefaleas y la mayoría de las cefaleas no tienen su origen en un tumor cerebral. Un dolor de cabeza debido a un tumor cerebral suele repetirse cada vez con más frecuencia a medida que pasa el tiempo. A menudo empeora cuando la persona se tumba. El dolor de cabeza puede ser más intenso cuando la persona se despierta del sueño y luego disminuye en momentos posteriores del día. Si comienza a presentarse dolor de cabeza con estas características en una persona que no había tenido dolores de cabeza anteriormente, la causa puede ser un tumor cerebral.

Con frecuencia, el aumento de la presión intracraneal también causa deterioro de las funciones mentales y empeoramiento del estado de ánimo. Se producen cambios en la personalidad. Por ejemplo, la persona se muestra introvertida, malhumorada y, con frecuencia, poco productiva en el trabajo. Se siente también, a veces, soñolienta, confusa e incapaz de pensar. Estos síntomas son, por lo general, más evidentes para sus familiares y compañeros de trabajo que para la propia persona. La depresión y la ansiedad, en especial cuando aparecen de forma súbita, pueden ser el síntoma inicial de un tumor cerebral. Puede presentarse también un comportamiento estrafalario. Se vuelven desinhibidas o adoptan comportamientos que nunca antes habían tenido. En las personas mayores, ciertos tumores cerebrales producen síntomas que pueden confundirse con los de la demencia.

Más tarde, a medida que la presión intracraneal aumenta, se presentan náuseas, vómitos, letargo, somnolencia en aumento, fiebre intermitente e incluso coma. La vista puede volverse borrosa repentinamente cuando la persona afectada cambia de postura.

Según cuál sea la zona del cerebro afectada (véase la página Disfunción según su localización), el tumor tiene alguno de los efectos siguientes:

  • Causa debilidad o parálisis de un brazo, una pierna o un lado del cuerpo

  • Afecta la capacidad de sentir calor, frío, o bien la presión de un leve contacto o de un objeto afilado

  • Se pierde la capacidad de expresar o comprender el lenguaje

  • Si el tumor comprime el tronco del encéfalo (tronco cerebral o tallo cerebral), aumentan o disminuyen las frecuencias del pulso y la respiración

  • Se reduce el estado de alerta

  • Afectación de la capacidad auditiva, olfativa y visual (con síntomas como visión doble y pérdida de la visión)

Por ejemplo, un tumor hipofisario presiona los nervios ópticos cercanos (2º par craneal), que intervienen en la visión, y afecta así la visión periférica. Cualquiera de los síntomas anteriores sugiere una afección grave y requiere atención médica inmediata.

Otros síntomas frecuentes de un tumor cerebral son el vértigo, la pérdida del equilibrio y la incoordinación. Algunos tumores cerebrales, generalmente tumores primarios, causan convulsiones.

Si un tumor obstruye el flujo del líquido cefalorraquídeo a través de los espacios intercerebrales (ventrículos), se acumula líquido y se dilatan (un trastorno denominado hidrocefalia). El resultado es el aumento de la presión intracraneal. Además de otros síntomas de presión intracraneal alta, la hidrocefalia dificulta levantar la vista. En los lactantes y niños muy pequeños aumenta el tamaño de la cabeza.

Si aumenta considerablemente la presión intracraneal, el cerebro es empujado hacia abajo, ya que el cráneo no se puede expandir. Se puede producir, como consecuencia, una hernia cerebral. Los dos tipos más habituales de hernia cerebral son los siguientes

  • Hernia transtentorial: la parte superior del encéfalo (cerebro) es empujada a través de un orificio estrecho (la tienda del cerebelo o escotadura tentorial) por el tejido relativamente rígido que separa el cerebro de las partes inferiores del encéfalo (el cerebelo y el tronco del encéfalo). En las personas con este tipo de hernia se produce pérdida del estado consciente. Además, el lado del cuerpo opuesto al tumor se paraliza.

  • Hernia amigdalina: un tumor que se origina en la parte inferior del encéfalo empuja la zona más baja del cerebelo (la amígdala cerebelosa) a través del orificio situado en la base del cráneo (agujero magno o agujero occipital). Como consecuencia, el tronco del encéfalo, que controla la respiración, la frecuencia cardíaca y la presión arterial, está comprimido y funciona de forma inadecuada. Una hernia amigdalina causa un estado de coma y la muerte si no es diagnosticada y tratada de inmediato.

Las personas con metástasis cerebrales también tienen síntomas relacionados con el cáncer original. Por ejemplo, si el cáncer se originó en los pulmones, se expectora mucosidad sanguinolenta. Con las metástasis es frecuente la pérdida de peso.

Los síntomas empeoran con el tiempo, a menos que se trate el tumor. Con el tratamiento, sobre todo en el caso de tumores benignos, algunas personas se recuperan completamente. Para otras, la esperanza de vida se reduce, a veces en gran medida. El pronóstico depende del tipo de tumor y de su localización.

El encéfalo

El encéfalo

Diagnóstico

  • Resonancia magnética nuclear o tomografía computarizada

  • A veces, una punción lumbar

  • En ocasiones, biopsia

El médico considera la posibilidad de un tumor cerebral en las personas que han sufrido por primera vez una convulsión o presentan los síntomas característicos. Aunque el médico, por lo general, detecta una disfunción del cerebro durante una exploración física, se requieren otros procedimientos para diagnosticar un tumor cerebral.

La resonancia magnética nuclear es la mejor prueba de diagnóstico por imagen para detectar un tumor cerebral. La tomografía computarizada (TC) es una buena alternativa. Con esta técnica se pueden identificar la mayoría de los tumores cerebrales. Antes de la realización de estas pruebas, se inyecta en una vena una sustancia que permite que el tumor sea más fácil de visualizar (un medio de contraste para resonancia magnética o un medio de contraste para tomografía computarizada). Estas pruebas también muestran con mucho detalle el tamaño del tumor y su localización exacta. Una vez se detecta un tumor cerebral, se llevan a cabo otros procedimientos diagnósticos para determinar su tipo específico.

A veces se realiza una punción lumbar con la que se obtiene líquido cefalorraquídeo para su examen al microscopio. Este procedimiento se realiza cuando existe sospecha de que el tumor ha invadido las capas de los tejidos que recubren el encéfalo (meninges). Estos tumores pueden bloquear la absorción de líquido cefalorraquídeo. Una punción lumbar también puede ayudar cuando el diagnóstico o el tipo de tumor no está claro. El líquido cefalorraquídeo puede contener células cancerosas. Sin embargo, en las personas que tienen un tumor grande que aumenta la presión intracraneal no es posible la punción lumbar. En estos casos la extracción de líquido cefalorraquídeo durante una punción lumbar puede causar un desplazamiento del tumor y provocar así una hernia cerebral.

Algunas pruebas especializadas pueden ayudar a establecer el diagnóstico. Por ejemplo, también puede examinarse la sangre y el líquido cefalorraquídeo para verificar si contienen sustancias secretadas por tumores (llamados marcadores tumorales) y para detectar anomalías genéticas características de determinados tumores. La identificación de determinadas anomalías genéticas puede ayudar a predecir qué tratamientos serán más efectivos.

Por lo general, es necesaria una biopsia (extracción de una muestra del tumor para su examen al microscopio) para identificar el tipo de tumor e incluso precisar si es canceroso. La biopsia suele practicarse durante una intervención quirúrgica en la que se extirpa todo el tumor o parte del mismo. Si el tumor es difícil de alcanzar, se puede practicar una biopsia estereotáctica. Para este procedimiento, se sujeta un marco al cráneo. El marco proporciona puntos de referencia que pueden ser identificados en una resonancia magnética nuclear o en una tomografía computarizada. Estos puntos de referencia permiten guiar la aguja de la biopsia de forma precisa hacia el tumor.

Tratamiento

  • Cirugía, radioterapia, quimioterapia, o una combinación de las anteriores

  • A veces, fármacos para reducir la presión intracraneal

El tratamiento de un tumor cerebral depende de su localización y del tipo de tumor de que se trate.

Tratamientos específicos para los tumores cerebrales

Los tratamientos para los tumores cerebrales comprenden los siguientes:

  • Craneotomía (cirugía del cerebro)

  • Radiocirugía

  • Implantes

  • Derivaciones

  • Técnicas estereotácticas

La craneotomia (extirpación quirúrgica del tumor) se realiza cuando es posible. Este procedimiento consiste en abrir el cráneo. Algunos tumores cerebrales se extirpan sin lesionar el cerebro o produciendo un daño insignificante. Sin embargo, otros crecen en zonas donde la extirpación con cirugía tradicional resulta muy difícil o imposible sin destruir estructuras vitales.

Para este procedimiento, se rasura parte del cuero cabelludo. Después se practica una incisión en la piel. Se utiliza un taladro de alta velocidad y una sierra especial para extraer un pequeño fragmento del hueso situado sobre el tumor. El tumor se localiza y se extirpa utilizando uno de las siguientes métodos:

  • Se utiliza un bisturí para extirpar el tumor.

  • Se utiliza un láser para evaporar el tumor.

  • Se utiliza un dispositivo que emite ondas de ultrasonidos para desintegrar el tumor, de modo que los fragmentos puedan ser succionados (aspirados).

El láser y los dispositivos de ultrasonidos se utilizan para eliminar los tumores difíciles de extirpar. El hueso suele colocarse de nuevo en su lugar, y la incisión se cierra mediante sutura.

La cirugía tradicional a veces causa lesiones cerebrales que dan lugar a síntomas como parálisis parcial, alteraciones en la sensibilidad, debilidad y discapacidad mental. Sin embargo, es indispensable extirpar un tumor, tanto si es maligno o benigno, si su crecimiento compromete estructuras cerebrales importantes. Incluso cuando es imposible la curación, la cirugía sirve para reducir el tamaño del tumor, aliviar los síntomas y permitir que el médico valore si están justificados otros tratamientos, como radioterapia o quimioterapia.

La radiocirugía no es realmente una intervención quirúrgica, ya que no requiere ninguna incisión. Para destruir un tumor se utiliza la irradiación dirigida. Este tipo de irradiación se produce con diversos aparatos, como el bisturí de rayos gamma y el acelerador lineal.

  • Para utilizar un bisturí de rayos gamma, se sujeta al cráneo un marco para imágenes. Mientras la persona permanece tumbada sobre una camilla deslizante, se coloca sobre el marco un casco grande con agujeros. A continuación, se desliza la cabecera de la camilla hacia el interior de una esfera que contiene cobalto radiactivo. La radiación pasa a través de los agujeros del casco y es dirigida con precisión hacia el tumor.

  • Un acelerador lineal rodea la cabeza de la persona, que está tumbada sobre una camilla deslizante. El acelerador lineal gira alrededor de la persona y dirige la radiación con precisión hacia el tumor desde diferentes ángulos.

En algunos casos se insertan implantes en el cerebro.

Uno de los tipos de implantes consiste en láminas impregnadas con un fármaco antineoplásico (quimioterápico). Después de la extirpación del tumor y antes de cerrar el cráneo y suturar la incisión, estas láminas se pueden colocar en el espacio donde se encontraba el tumor. A medida que las láminas se disuelven gradualmente, van liberando el fármaco para destruir cualquier célula cancerosa que haya quedado.

Otro de los tipos de implantes es radiactivo. Los implantes radioactivos se introducen directamente en el tumor a través de un tubo delgado (catéter) insertado a través de una incisión. Los implantes se retiran al cabo de pocos días o meses o se dejan instalados. A diferencia de las personas a quienes se les ha administrado radioterapia externamente, las personas con implantes radiactivos son ellas mismas radiactivas durante un tiempo (es decir, emiten radiación). Por ello deben tomar precauciones siguiendo las recomendaciones de su médico. Después de este procedimiento, puede ser necesaria cirugía para extirpar las células cancerosas muertas.

Se pueden colocar quirúrgicamente derivaciones si un tumor hace que aumente la presión dentro del cráneo. Una derivación consiste en un segmento delgado de cánula que se introduce en uno de los espacios del cerebro (ventrículos) o algunas veces dentro del espacio localizado alrededor de la médula espinal que contiene líquido cefalorraquídeo (espacio subaracnoideo). El otro extremo de la cánula se suele dirigir por debajo de la piel desde la cabeza hasta el abdomen. El exceso de líquido cefalorraquídeo se evacúa desde el cerebro hasta el abdomen, donde es absorbido. La derivación contiene una válvula de dirección única que se abre cuando hay demasiado líquido en el cerebro. Las derivaciones pueden ser temporales (hasta la extirpación del tumor) o permanentes.

Las técnicas estereotácticas son procedimientos para localizar tumores de forma muy precisa. Se obtiene una imagen tridimensional mediante computadora. Esta imagen se obtiene sujetando al cráneo del paciente un ligero marco de metal con una serie de varillas. Se administra un anestésico local para adormecer la zona y se fijan los pasadores al cráneo perforando la piel. La imagen obtenida mediante tomografía computarizada (TC) muestra las varillas como puntos, de modo que se obtienen unos puntos de referencia que ayudan a localizar el tumor. En un procedimiento similar se usa un marco de plástico y la resonancia magnética (MRI) se emplea para mostrar dónde está el tumor.

Pueden utilizarse de forma alternativa técnicas que no requieran la sujeción de un marco craneal. Por ejemplo, se pueden pegar con cinta adhesiva marcadores especiales en el cráneo para proporcionar puntos de referencia. La ubicación de estos marcadores se introduce en una computadora que contiene imágenes del tumor cerebral.

Las técnicas estereotácticas se pueden emplear para

  • Localizar un sitio para la biopsia

  • Localizar tumores durante la cirugía

  • Determinar dónde insertar los implantes o un láser para destruir las células tumorales

Las técnicas estereotácticas también se pueden utilizar para ayudar al diagnóstico.

Tumores no cancerosos (benignos)

La extirpación quirúrgica es a menudo segura y cura al paciente. Sin embargo, en las personas mayores, los tumores muy pequeños deben dejarse en su sitio mientras no produzcan síntomas. En algunos casos, se administra radioterapia para destruir cualquier célula tumoral que haya quedado después de la intervención quirúrgica.

La radiocirugía es efectiva en el tratamiento de tumores benignos, como los meningiomas y los neurinomas del acústico. Es esta la razón por la cual, para este tipo de tumores, se emplea frecuentemente la radiocirugía en lugar de la cirugía tradicional. La radiocirugía dirige haces de radiación altamente enfocados hacia el tumor de forma precisa. No comporta incisión. Para enfocar la radiación con mayor precisión, se utilizan técnicas estereotácticas, que comportan la sujeción de un marco al cráneo para proporcionar puntos de referencia.

Tumores cerebrales cancerosos (malignos)

Generalmente se utiliza una combinación de cirugía, radioterapia y quimioterapia. Primero se extirpa la mayor parte del tumor que pueda ser extirpada sin peligro, y luego se inicia la radioterapia. La radioterapia se administra en el lapso de varias semanas. La radiocirugía se emplea cuando no es posible utilizar la cirugía tradicional, especialmente para el tratamiento de metástasis.

En tumores muy agresivos, se administra quimioterapia con radioterapia. La combinación de radioterapia y quimioterapia pocas veces tiene efecto curativo, pero reduce el tumor lo suficiente como para mantenerlo bajo control durante varios meses e incluso años.

Después de la radioterapia, se utiliza quimioterapia continua para tratar ciertos tipos de tumores cancerosos del cerebro; parece ser particularmente eficaz para tratar el oligodendroglioma anaplásico.

Aumento de la presión intracraneal

Este trastorno extremadamente grave requiere atención médica inmediata. Si la persona afectada está en estado de coma o tiene dificultad respiratoria, es posible que esté apareciendo una hernia. Para ayudar a esas personas a respirar, se inserta un tubo de plástico a través de la nariz o la boca hacia la tráquea y se conecta a un respirador (un procedimiento denominado intubación endotraqueal). Este procedimiento también ayuda a reducir la presión intracraneal hasta que se pueden aplicar otros tratamientos. Lo habitual es que se administren fármacos como el manitol y los corticoesteroides inyectados para reducir la presión y evitar la hernia. Estos fármacos reducen la inflamación alrededor del tumor. En días, a veces horas, los corticoesteroides suelen restablecer las funciones perdidas a causa del tumor y alivian el dolor de cabeza, incluso si el tumor es de gran tamaño.

Si el tumor está obstruyendo el flujo de líquido cefalorraquídeo a través de los espacios intercerebrales, se utiliza un dispositivo para evacuar el líquido, disminuyendo así el riesgo de hernia. El dispositivo consta de un pequeño tubo (catéter) conectado a un manómetro que mide la presión intracraneal. El tubo se introduce por un orificio diminuto que se hace trepanando el cráneo. Se utiliza un anestésico local (normalmente asociado a un sedante) o un anestésico general. Al cabo de algunos días se retira el tubo o se convierte en un drenaje permanente (derivación). Durante este periodo, el médico extirpa quirúrgicamente todo el tumor o parte del mismo, o utiliza la radiocirugía o la radioterapia para reducir el tamaño del tumor y así disminuir la obstrucción.

Metástasis

El enfoque terapéutico de las metástasis cerebrales depende en gran manera de la zona donde se ha originado el cáncer. A menudo, se hace una radioterapia dirigida a las metástasis cerebrales. La extirpación quirúrgica antes de la radioterapia puede producir efectos positivos en las personas que tienen una sola metástasis. A veces se recurre a la radiocirugía.

Problemas del enfermo terminal

Las personas con tumores cancerosos en el cerebro tienen una expectativa de vida limitada y es probable que se vuelvan incapaces de tomar decisiones sobre sus cuidados médicos. En consecuencia es aconsejable que establezcan voluntades anticipadas. Estas voluntades ayudarán al médico a determinar qué tipo de atención desea la persona en caso de que no esté en condiciones de tomar decisiones relativas a la atención médica. El tratamiento que se enfoca en aliviar los síntomas lo más posible (cuidados paliativos), en lugar de curar a la persona, puede ser más apropiado.

Muchos centros de tratamiento oncológico, en especial los que cuentan con una unidad de cuidados paliativos, proporcionan asesoría y servicios de salud a domicilio.

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