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Trastornos de adaptación

Por

John W. Barnhill

, MD, Weill Cornell Medical College and New York Presbyterian Hospital

Última modificación del contenido abr. 2020
Información: para pacientes

Los trastornos de adaptación producen una marcada angustia y el deterioro de los síntomas emocionales y/o conductuales causados por un factor de estrés identificable.

Las personas a menudo se entristecen, se enojan o se deprimen cuando suceden eventos desagradables. Dichas reacciones no se consideran un trastorno a menos que la reacción sea más intensa que lo que se suele esperar en la cultura de la persona, o cuando la capacidad de la persona para funcionar se ve significativamente afectada.

Los factores estresantes pueden ser un evento único y aislado (p. ej., perder un trabajo), múltiples eventos (p. ej., contratiempos financieros y románticos), o problemas continuos (p. ej., cuidar a un miembro de la familia con una discapacidad significativa). Los factores estresantes no tienen que ser eventos traumáticos abrumadores como en el trastorno de estrés postraumático (TEPT).

La muerte de un ser querido puede precipitar un trastorno de adaptación. Sin embargo, los médicos deben tener en cuenta la gran variedad de reacciones de duelo que se consideran típicas en diferentes culturas y solo diagnosticar un trastorno si la respuesta de duelo supera las reacciones esperadas.

Los trastornos de adaptación son frecuentes y se identifican en alrededor del 5 al 20% de las consultas ambulatorias de salud mental.

Signos y síntomas

Los síntomas de un trastorno de adaptación generalmente comienzan poco después del evento estresante y no continúan más allá de 6 meses después de que el estrés se ha detenido.

El trastorno de adaptación produce numerosas manifestaciones, dentro de las cuales las más frecuentes incluyen

  • Estado de ánimo deprimido

  • Ansiedad

  • Mala conducta

Los pacientes pueden tener varias manifestaciones.

También hay mayor riesgo de intento de suicidio y de suicidio consumado (véase Comportamiento suicida).

Diagnóstico

  • Criterios clínicos

El diagnóstico se basa en los criterios recomendados por la Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, quinta edición (DSM-5).

Los pacientes deben tener

  • Síntomas emocionales o conductuales dentro de los 3 meses siguientes a la exposición a un factor estresante

Los síntomas deben ser clínicamente significativos, como se refleja ante la presencia de ≥ 1 de los siguientes:

  • Angustia marcada que está fuera de proporción con el factor estresante (teniendo en cuenta factores culturales y de otro tipo)

  • Los síntomas afectan de manera significativa el funcionamiento social u ocupacional

El trastorno de estrés postraumático (TEPT) y el trastorno de estrés agudo forman parte del diagnóstico diferencial pero tienen diferentes marcos temporales y descriptores más específicos de los factores estresantes y la respuesta del paciente. Los pacientes que tienen una discapacidad o angustia significativa después de un evento traumático, pero que no cumplen con los criterios para el TEPT o trastorno de estrés agudo pueden tener un trastorno de adaptación.

Tratamiento

  • Autocuidado
  • Psicoterapia

Los trastornos de adaptación son perturbadores y pueden asociarse con tasas elevadas de suicidio. Merecen una evaluación completa y un plan de tratamiento sólido. Al mismo tiempo, existe evidencia limitada que respalde los tratamientos para los trastornos de adaptación. Los médicos han trabajado con éxito con una amplia variedad de psicoterapias individuales y grupales, incluida la psicoterapia breve, la terapia cognitiva conductual y la psicoterapia de apoyo. Otros médicos han desarrollado intervenciones psicológicas dirigidas a problemas específicos, como el duelo.

No existe evidencia que avale el manejo farmacológico de los trastornos de adaptación. Las benzodiacepinas a menudo se usan para tratar síntomas como el insomnio y la ansiedad, pero también pueden empeorar la evolución del trastorno por estrés agudo y el trastorno por estrés postraumático. Los médicos también pueden tratar la depresión y la ansiedad subsindrómicas con inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, pero, nuevamente, no hay evidencias que avalen este enfoque.

Autocuidado

El autocuidado es crucial durante y después de una crisis o un traumatismo. El autocuidado puede dividirse en 3 componentes:

  • Seguridad personal

  • Salud física

  • Mindfulness

La seguridad personal es fundamental. Después de un solo episodio traumático, las personas están en mejores condiciones para procesar la experiencia cuando saben que ellos y sus seres queridos están a salvo. Sin embargo, puede ser difícil obtener una seguridad completa durante las crisis en curso, como el abuso doméstico, la guerra o una pandemia infecciosa. Durante estas dificultades, las personas deben buscar la guía de expertos para determinar el modo en que tanto ellos como sus seres queridos pueden estar tan seguros como sea posible.

La salud física puede ponerse en riesgo durante y después de las experiencias traumáticas. En la medida de lo posible, la persona en riesgo debe tratar de mantener un horario saludable de alimentación, sueño y ejercicio. Los fármacos que sedan e intoxican (p. ej., alcohol) deben usarse con moderación en caso de que se consuman.

Un abordaje atento al autocuidado tiene como objetivo reducir el estrés, el aburrimiento, la ira, la tristeza y el aislamiento que las personas traumatizadas normalmente experimentan. Si las circunstancias lo permiten, las personas en riesgo deben hacer y seguir un horario diario normal, por ejemplo, levantarse, ducharse, vestirse, salir y caminar, prepararse y comer comidas en forma regular.

La participación de la comunidad puede ser crucial, incluso si el mantenimiento de la conexión humana es difícil durante una crisis.

Es útil practicar pasatiempos familiares, así como actividades que suenan divertidas y distractoras: hacer un dibujo, ver una película, cocinar.

El estiramiento y el ejercicio son fabulosos, pero puede ser igualmente útil sentarse quieto y contar las propias respiraciones o escuchar cuidadosamente los sonidos circundantes. Las personas pueden preocuparse por el trauma o la crisis, por lo que es útil elegir pensar en otras cosas: leer una novela o involucrarse en un acertijo. Por lo general, las emociones desagradables pueden sentirse "congeladas" durante y después de un trauma, y puede ser un alivio encontrar actividades que cambian el estado de ánimo: reír, ver una película divertida, hacer algo tonto, dibujar con crayones.

Bajo estrés, las personas pueden tener mal genio, incluso con las personas que les importan. La amabilidad espontánea puede ser una solución beneficiosa para todos: enviar una buena nota, hacer galletas a alguien y ofrecer una sonrisa no solo puede ser una agradable sorpresa para el receptor, sino que tales acciones pueden reducir la desesperanza y la pasividad que tienden a ser parte de la experiencia traumática del emisor del mensaje.

Información: para pacientes
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