Las conductas del sueño están determinadas culturalmente y suelen considerarse un problema cuando se alejan de las costumbres o normas aceptadas. En culturas donde los niños duermen separados de sus padres en la misma casa, los trastornos del sueño son uno de los problemas más comunes a los que se enfrentan padres e hijos.
Por lo general, los lactantes se adaptan a la conducta de sueño día-noche entre los 4 y 6 meses de edad. Los problemas de sueño más allá de estas edades adoptan muchas formas, como dificultad para conciliar el sueño por la hoche, despertarse con frecuencia durante la noche y depender de la alimentación o de ser acunado antes de poder dormirse. Estos problemas están relacionados con expectativas parentales, el temperamento y los ritmos biológicos del niño y las interacciones entre los padres y el hijo.
Los factores que influyen en los patrones de sueño varían según la edad. En los lactantes, los patrones biológicos congénitos son centrales. Las alteraciones del sueño se vuelven frecuentes a partir de los 9 meses porque:
Aparece la ansiedad por separación.
Los niños pueden moverse en forma independiente y controlar su ambiente.
Pueden dormir siestas prolongadas en las últimas horas de la tarde.
Pueden ser sobrestimulados mientras juegan antes de acostarse.
Las pesadillas tienden a volverse más frecuentes.
Los despertares parciales del sueño son comunes en todos los grupos etarios. Los lactantes a los que siempre se tiene en brazos, se mece o se pasea en automóvil para ayudarlos a conciliar el sueño tendrán dificultades para aprender a dormirse solos y pueden llegar a despertarse frecuentemente durante la noche. Estos problemas se pueden evitar si los lactantes se colocan siempre en su cuna o su moisés cuando están somnolientos pero aún despiertos y se les permite quedarse dormidos solos. En deambuladores y niños mayores, los factores emocionales y los hábitos establecidos se tornan más importantes. Las situaciones estresantes (p. ej., una mudanza, una enfermedad, el nacimiento de un hermano) pueden provocar trastornos agudos del sueño en niños mayores.
Sueño seguro
Se recomienda que todos los lactantes duerman en posición supina durante todos los períodos de sueño para reducir el riesgo de muerte súbita e inesperada del lactante (SUID) y de síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL). Las posiciones en decúbito prono o lateral para dormir colocan a los lactantes en alto riesgo de muerte súbita inesperada del lactante (SUID), sobre todo para aquellos a los que se los colocó de costado y se los encontró sobre su estómago (1). Véase también Prevención de la MSIL y del SMSL.
El colecho es cuando el padre y el niño duermen muy próximos (en la misma superficie o superficies diferentes) con el fin de poder verse, oírse o tocarse uno al otro. Las disposiciones para el colecho pueden incluir
Compartir la cama (el bebé duerme en la misma superficie que el padre)
Compartir la habitación (el lactante duerme en la misma habitación que los padres en estrecha proximidad)
La práctica de compartir la cama entre los padres y el lactante es común, pero muy controvertida. A menudo hay razones culturales y personales de por qué los padres eligen compartir la cama, que incluyen la conveniencia para la alimentación, la vinculación, la creencia de que su propia vigilancia es la única manera de mantener a su hijo seguro, y creer que compartir la cama les permite mantener la vigilancia, incluso mientras duermen. Sin embargo, compartir la cama se ha asociado con un mayor riesgo de muerte súbita e inesperada del lactante por asfixia, estrangulamiento y atrapamiento. La American Academy of Pediatrics no recomienda compartir la cama, bajo ninguna circunstancia, con lactantes (de 0 a 12 meses de edad) (2).
Compartir la habitación sin compartir la cama permite una proximidad estrecha con el lactante y facilita la alimentación, es reconfortante y permite la monitorización; es más seguro que compartir la cama o dormir en solitario (el bebé duerme en una habitación separada); y se asocia con un menor riesgo de muerte súbita inesperada del lactante y síndrome de muerte súbita del lactante (1). Por estas razones, compartir la habitación sin compartir la cama es el único arreglo para dormir recomendado para los padres y los niños en los primeros 6 meses de vida (2).
Referencias
1. Moon RY, Carlin RF, Hand I; TASK FORCE ON SUDDEN INFANT DEATH SYNDROME and THE COMMITTEE ON FETUS AND NEWBORN. Evidence Base for 2022 Updated Recommendations for a Safe Infant Sleeping Environment to Reduce the Risk of Sleep-Related Infant Deaths. Pediatrics. 2022;150(1):e2022057991. doi:10.1542/peds.2022-057991
2. Moon RY, Carlin RF, Hand I; TASK FORCE ON SUDDEN INFANT DEATH SYNDROME AND THE COMMITTEE ON FETUS AND NEWBORN. Sleep-Related Infant Deaths: Updated 2022 Recommendations for Reducing Infant Deaths in the Sleep Environment. Pediatrics. 2022;150(1):e2022057990. doi:10.1542/peds.2022-057990
Evaluación
Anamnesis
La anamnesis se enfoca en el ambiente que rodea al niño al dormir, la regularidad de la hora de acostarse, las rutinas al acostarse y las expectativas de los padres. Puede ser útil una descripción detallada del día promedio del niño. La anamnesis debe buscar factores de estrés en la vida del niño, como dificultades en la guardería o la escuela, así como exposición a programas de televisión inadecuados y bebidas cafeinadas (p. ej., gaseosas). Los informes sobre horarios irregulares para acostarse, un ambiente ruidoso o caótico, o intentos frecuentes del niño para manipular a los padres mediante las conductas del sueño sugieren la necesidad de modificaciones del estilo de vida. La frustración extrema de los padres puede dificultar la constancia y la firmeza en las rutinas a la hora de dormir.
Un diario del sueño compilado durante varias noches puede ayudar a identificar patrones de sueño inusuales y trastornos del sueño (p. ej., sonambulismo, terrores nocturnos).
El interrogatorio cuidadoso de niños mayores y adolescentes acerca de la escuela, amigos, ansiedades, síntomas depresivos y estado psicológico general suele revelar el origen del trastorno del sueño.
Examen físico y estudios complementarios
Por lo general, el examen físico y los estudios diagnósticos aportan escasa información útil.
Tratamiento
Intervenciones conductuales para el sueño
Medidas de apoyo para ayudar a los niños a dormirse solos
Aprender a conciliar el sueño es una tarea importante del desarrollo. La función del médico en el tratamiento es dar explicaciones y presentar opciones a los padres, que deben implementar cambios para que el niño adopte un patrón de sueño aceptable.
Todos los niños se despiertan durante la noche, pero aquellos que han aprendido a conciliar el sueño solos vuelven a dormirse. A menudo, los lactantes se calman si se los envuelve, con ruido ambiente suave y se los mece. Sin embargo, acunar siempre a los lactantes para dormir no les permite aprender cómo conciliar el sueño por sí mismos, que es una tarea importante de desarrollo.
Las intervenciones conductuales que resultan eficaces para el entrenamiento del sueño incluyen (1):
Extinción no modificada: acostar al niño e ignorarlo (salvo por motivos de seguridad), lo que conduce a la extinción de comportamientos no deseados como el llanto y los gritos.
Extinción gradual: ignorar al niño durante un período establecido antes de responder; prolongar progresivamente el tiempo de espera antes de la respuesta.
Avance gradual de la hora de acostarse: comenzar con una hora que coincida con el inicio natural del sueño del niño; adelantarla de forma gradual hasta alcanzar la deseada.
Despertares programados: despertar al niño antes de que lo haga de forma espontánea y reconfortarlo como si hubiera ocurrido por sí solo.
Todas las intervenciones conductuales del sueño implican educar a los cuidadores sobre las habilidades para calmarse por sí mismos y la creación de una rutina positiva a la hora de acostarse.
Como alternativa a acunarlo, el padre o la madre pueden sentarse tranquilamente al lado de la cuna hasta que el lactante se duerma; con el tiempo, el bebé aprende a tranquilizarse y dormirse sin ser acunado.
En los niños mayores, un período de relajación con actividades tranquilas, como leer a la hora de acostarse, favorece el sueño. Mantener una rutina constante a la hora de acostarse resulta beneficioso para todos los niños. Pedir a los niños que ya se expresan verbalmente con fluidez que relaten los acontecimientos del día a menudo elimina las pesadillas y los despertares nocturnos. Alentarlos a practicar ejercicio durante el día, evitar los programas de televisión y las películas de terror, y negarse a permitir que la hora de acostarse se convierta en un elemento de manipulación también puede ayudar a prevenir problemas de sueño. Por último, minimizar o evitar el tiempo frente a pantallas, el uso de medios digitales y la exposición a luz azul antes de dormir contribuye a mejorar el sueño (2, 3).
Si la causa son situaciones estresantes, brindar tranquilidad y apoyo puede resultar útil. Permitir que los niños duerman en la cama de sus padres a menudo prolonga el problema en lugar de resolverlo.
Referencias del tratamiento
1. Morgenthaler TI, Owens J, Alessi C, et al. Practice parameters for behavioral treatment of bedtime problems and night wakings in infants and young children. Sleep. 2006;29(10):1277-1281.
2. Munzer T, Milkovich LM, Madigan S, et al. Digital Ecosystems, Children, and Adolescents: Technical Report. Pediatrics. 2026;157(2):e2025075321. doi:10.1542/peds.2025-075321
3. Martin KB, Bednarz JM, Aromataris EC. Interventions to control children's screen use and their effect on sleep: A systematic review and meta-analysis. J Sleep Res. 2021;30(3):e13130. doi:10.1111/jsr.13130



