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Anemia hemolítica autoinmunitaria

Por

Evan M. Braunstein

, MD, PhD, Johns Hopkins School of Medicine

Última modificación del contenido mar. 2019
Información: para pacientes
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La anemia hemolítica autoinmunitaria es causada por autoanticuerpos que reaccionan con los eritrocitos a temperaturas 37 °C (anemia hemolítica por anticuerpos calientes) o < 37 °C (enfermedad por crioaglutininas). Por lo general, la hemólisis es extravascular. La prueba de antiglobulina (de Coombs directa) directa confirma el diagnóstico y puede sugerir la causa. El tratamiento depende de la causa y puede consistir en corticosteroides, esplenectomía, inmunoglobulina IV, inmunosupresores, evitación de transfusiones de sangre (excepto en casos de anemia que amenaza la vida del paciente), evitación de desencadenantes (p. ej., frío) y de fármacos.

Etiología

La anemia hemolítica autoinmune es causada por anomalías extrínsecas al eritrocito.

Anemia hemolítica por anticuerpos calientes

La anemia hemolítica por anticuerpos calientes es la forma más común de anemia hemolítica autoinmunitaria; es más frecuente en mujeres. Los autoanticuerpos de la anemia hemolítica por anticuerpos calientes suelen reaccionar a temperaturas 37° C. La anemia hemolítica autoinmune se puede clasificar como

Algunos fármacos (eg, alfa-metildopa, levodopa, véase Tabla Fármacos que causan anemia hemolítica por anticuerpos cálidos) estimulan la producción de autoanticuerpos contra antígenos Rh (tipo alfa-metildopa de la anemia hemolítica autoinmune). Otros fármacos estimulan la producción de autoanticuerpos contra el complejo antibiótico-membrana eritrocítica, como parte de un mecanismo transitorio de hapteno; el hapteno puede ser estable (p. ej., penicilina en alta dosis, cefalosporinas) o inestable (p. ej., quinidina, sulfamidas).

En la anemia hemolítica por anticuerpos calientes, la hemólisis se produce, fundamentalmente, en el bazo y no se debe a la lisis directa de los eritrocitos. A menudo es grave y puede ser fatal. La mayoría de los autoanticuerpos de la anemia hemolítica por anticuerpos calientes son IgG. Gran parte corresponde a panaglutininas, y su especificidad es limitada.

Enfermedad por crioaglutininas

La enfermedad por crioaglutininas (enfermedad por anticuerpos fríos) es causada por autoanticuerpos que reaccionan a temperaturas < 37° C. Las causas incluyen

  • Idiopático (generalmente asociado con una población clonal de células B)

  • Infecciones (especialmente neumonías por micoplasmas o mononucleosis infecciosa) (los anticuerpos están dirigidos contra el antígeno I)

  • Trastornos linfoproliferativos (los anticuerpos generalmente se dirigen contra el antígeno I)

Las infecciones tienden a causar enfermedad aguda, mientras que la enfermedad idiopática (la forma frecuente en los adultos mayores) tiende a ser crónica. En gran medida, la hemólisis tiene lugar en el sistema de fagocitos mononucleares del hígado y el bazo. Por lo general, la anemia es leve (hemoglobina > 7,5 g/dL [70,5 g/L]). Los autoanticuerpos de la enfermedad por crioaglutininas suelen ser IgM. La amplitud térmica de anticuerpos es más importante que su título: cuanto más alta es la temperatura (es decir, más cercana a la temperatura corporal normal) a la que estos anticuerpos reaccionan con los eritrocitos, mayor es la hemólisis.

Criohemoglobinuria paroxística

La criohemoglobinuria paroxística (síndrome de Donath-Landsteiner) es un tipo raro de enfermedad por crioaglutininas. La CHP es más frecuente entre los niños. La hemólisis se debe a la explosición al frío, que incluso puede ser localizada (p. ej., por beber agua fría, lavarse las manos con agua fría). Un anticuerpo IgG se une al antígeno P sobre los eritrocitos a bajas temperaturas y causa hemólisis intravascular y hemoglobinuria después del calentamiento. La mayoría de las veces, aparece después de una enfermedad viral inespecífica o en pacientes por lo demás sanos, aunque afecta a algunos con sífilis congénita o adquirida. La gravedad y rapidez de evolución de la anemia es variable, pero puede ser fulminante. En los niños, esta enfermedad a menudo se resuelve por sí misma.

Tabla
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Fármacos que pueden causar anemia hemolítica por anticuerpos calientes

Mecanismo

Fármacos

Autoanticuerpo contra antígenos Rh

Cefalosporinas

Diclofenaco

Ibuprofeno

Interferón alfa

Levodopa

Ácido mefenámico

Alfa-metildopa

Procainamida

Tenipósido

Tioridazina

Tolmetina

Hapteno estable

Cefalosporinas

Fluoresceína sódica

Penicilinas

Tetraciclina

Tolbutamida

Hapteno inestable o mecanismo desconocido

Ácido p-aminosalicílico

Anfotericina B

Antazolina

Cefalosporinas

Clorpropamida

Diclofenaco

Dietilestilbestrol

Doxepina

Hidroclorotiazida

Isoniacida

Probenecid

Quinidina

Quinina

Rifampicina

Sulfonamidas

Tiopental

Tolmetina

Signos y síntomas

Los síntomas de anemia hemolítica por anticuerpos calientes tienden a ser secundarios a la anemia. Si el trastorno es grave, puede causar fiebre, dolor torácico, síncope o insuficiencia cardíaca. Es típica la esplenomegalia leve.

La enfermedad por crioaglutininas se manifiesta por anemia hemolítica aguda o crónica. Pueden haber otros signos o síntomas criopáticos (p. ej., acrocianosis, síndrome de Raynaud, alteraciones oclusivas asociadas con frío).

Los síntomas de criohemoglobinuria paroxística pueden consistir en dolor intenso en la espalda y las piernas, cefalea, vómitos, diarrea y eliminación de orina de color marrón oscuro; puede haber hepatoesplenomegalia.

Diagnóstico

  • Frotis periférico, recuento de reticulocitos, lactato deshidrogenasa (LDH)

  • Prueba de antiglobulina directa

Debe sospecharse anemia hemolítica autoinmune en cualquier paciente con anemia hemolítica (como lo sugiere la presencia de anemia y reticulocitosis). El frotis periférico generalmente muestra microesferocitos (y el recuento de reticulocitos es alto). Las pruebas de laboratorio de rutina sugieren una hemólisis extravascular (p. ej., esquistocitos ausentes en la muestra), a menos que la anemia sea súbita y grave o que la causa sea criohemoglobinuria paroxística. La esferocitosis y la concentración de hemoglobina corpuscular media (MCHC) elevada son típicas.

La anemia hemolítica autoinmunitaria se diagnostica por la detección de autoanticuerpos mediante la prueba de antiglobulina directa (de Coombs directa). Se agrega suero con antiglobulinas a los eritrocitos lavados del paciente; la aglutinación indica la presencia de inmunoglobulina o complemento (C) unido a los eritrocitos. En la anemia hemolítica por anticuerpos cálidos, la IgG casi siempre está presente y también puede hallarse C3 (C3b y C3d). En la enfermedad de anticuerpos fríos, C3 está presente mientras que la IgG generalmente está ausente. La prueba tiene una sensibilidad ≤ 98% para la anemia hemolítica autoinmune; puede haber resultados falsos negativos si la densidad de anticuerpos es muy baja o si los autoanticuerpos son IgA o IgM. En la mayoría de los casos de anemia hemolítica por anticuerpos cálidos, el anticuerpo es una IgG identificada solo como panaglutinina, lo que significa que no se puede determinar la especificidad del anticuerpo por el antígeno. En la enfermedad por anticuerpos fríos, el anticuerpo suele ser una IgM dirigida contra el hidrato de carbono I/i en la superficie del eritrocito. Los títulos de anticuerpos suelen poder determinarse pero no siempre se correlacionan con la actividad de la enfermedad. La prueba directa de antiglobulina (Coombs directa) puede ser positiva en ausencia de anemia hemolítica autoinmune y, por lo tanto, debe pedirse solo en el entorno clínico adecuado. Una prueba de antiglobulina directa falsamente positiva puede deberse a la presencia de anticuerpos clínicamente irrelevantes.

La prueba indirecta de antiglobulina (Coombs indirecta) es una prueba complementaria que consiste en mezclar el plasma del paciente con eritrocitos normales para determinar si dichos anticuerpos son libres en el plasma. Una prueba de antiglobulina indirecta positiva y una prueba directa negativa indican un aloanticuerpo causado por embarazo, transfusiones previas o reactividad cruzada con lectina más que hemólisis inmunitaria. Ni siquiera la identificación de un anticuerpo caliente define la hemólisis, porque 1/10.000 donantes de sangre sanos tiene un resultado positivo.

Prueba de la antiglobulina directa (de Coombs directa)

La prueba de antiglobulina directa (de Coombs directa) se utiliza para determinar si hay anticuerpos de unión a eritrocitos (IgG) o complemento (C3) en las membranas eritrocíticas. Se incuban los eritrocitos del paciente con anticuerpos contra IgG y C3 humanos. Si hay IgG o C3 unidos a la membrana de los eritrocitos, se produce la aglutinación—un resultado positivo. Un resultado positivo sugiere la presencia de autoanticuerpos contra los glóbulos rojos. Puede ocurrir un falso positivo y no siempre equivale a hemólisis. Por lo tanto, los resultados siempre deben correlacionarse con los signos y los síntomas clínicos.

Prueba de la antiglobulina directa (de Coombs directa)

Prueba de la antiglobulina indirecta (de Coombs indirecta)

La prueba de la antiglobulina (de Coombs indirecta) indirecta se utiliza para detectar anticuerpos IgG contra eritrocitos en el plasma del paciente. Se incuba el plasma del paciente con eritrocitos reactivos; después, se agrega suero de Coombs (anticuerpos contra IgG humana o anti-IgG humana). Si se produce aglutinación, hay anticuerpos IgG (autoanticuerpos o aloanticuerpos) contra los eritrocitos. Esta prueba también se utiliza para determinar la especificidad de un aloanticuerpo.

Prueba de la antiglobulina indirecta (de Coombs indirecta)

Una vez identificada la anemia hemolítica autoinmune por la prueba de la antiglobulina, los estudios complementarios deben diferenciar entre una anemia hemolítica por anticuerpos calientes y una enfermedad por crioaglutininas, así como el mecanismo responsable de la anemia hemolítica por anticuerpos calientes. A menudo, es posible efectuar esta determinación observando el patrón de la reacción de antiglobulina directa. Hay 3 patrones posibles:

  • La reacción es positiva con anti-IgG y negativa con anti-C3. Este patrón es frecuente en la anemia hemolítica autoinmunitaria idiopática y en la anemia hemolítica autoinmunitaria asociada con fármacos o de tipo alfa-metildopa, en general una anemia hemolítica por anticuerpos calientes.

  • La reacción es positiva con anti-IgG y anti-C3. Este patrón es frecuente en pacientes con lupus eritematoso sistémico y anemia hemolítica autoinmunitaria idiopática, en general una anemia hemolítica por anticuerpos calientes, y es raro en los casos asociados con fármacos.

  • La reacción es positiva con anti-C3 pero negativa con anti-IgG. Este patrón se observa en la enfermedad por crioaglutininas (donde el anticuerpo es, con mayor frecuencia, IgM). También puede ocurrir en la anemia hemolítica por anticuerpos calientes, cuando la IgG es de baja afinidad, en algunos casos asociados con fármacos, y en la criohemoglobinuria paroxística.

Otros estudios pueden sugerir la causa de la anemia hemolítica autoinmunitaria, pero no son definitivos. En la enfermedad por crioaglutininas, los eritrocitos se agrupan en el frotis periférico, y los recuentos celulares automatizados suelen revelar un aumento del volumen corpuscular medio y un valor bajo falso de hemoglobina debido a esta agrupación; al calentar el tubo con la mano y volver a contar, los valores son significativamente más cercanos a los normales. A menudo, la anemia hemolítica por anticuerpos calientos puede diferenciarse de la enfermedad por crioaglutinimas por la temperatura a la que es positiva la prueba de antiglobulina directa; una prueba que es positiva a temperaturas 37° C indica anemia hemolítica por anticuerpos calientes, mientras que una que es positiva a temperaturas más bajas indica enfermedad por crioaglutininas.

Si se sospecha criohemoglobinuria paroxística (CHP), debe efectuarse la prueba de Donath-Landsteiner, que es específica para este trastorno. En esta prueba, el suero del paciente se incuba con glóbulos rojos normales a 4 °C durante 30 min para permitir la fijación del complemento y luego se calienta a la temperatura corporal. La hemólisis de los eritrocitos durante esta prueba sugiere criohemoglobinuria paroxística (CHP). Debido a que el anticuerpo PCH fija el complemento a bajas temperaturas, la prueba de antiglobulina directa (Coombs directa) es positiva para C3 y negativa para IgG. Sin embargo, el anticuerpo en la CHP es una IgG contra el antígeno P.

Tratamiento

  • Transfusión de sangre para la anemia grave potencialmente letal

  • En la anemia hemolítica por anticuerpos calientes, suspensión de fármacos y a veces inmunoglobulina IV

  • En la anemia hemolítica por anticuerpos calientes idiopática, corticosteroides y, en casos refractarios, rituximab, inmunoglobulina IV o esplenectomía

  • En la enfermedad por crioaglutininas, evitar el frío y tratar el trastorno subyacente

  • Para la CGP, evitar el frío, inmunosupresores y tratamiento de la sífilis, si está presente. En los niños, esta enfermedad a menudo se resuelve por sí misma.

La transfusión de sangre es el tratamiento más importante para pacientes sintomáticos que desarrollan rápidamente anemia grave que pone en riesgo la vida. En esta situación, la transfusión nunca debe evitarse debido a la falta de unidades "compatibles". En general, los pacientes que no han tenido una transfusión de sangre previa o han estado embarazadas tienen un bajo riesgo de hemólisis de sangre AB0-compatible. Incluso si las células transfundidas se hemolizan, la transfusión de sangre puede salvar la vida hasta que se pueda realizar una terapia más definitiva.

El tratamiento depende del mecanismo específico de la hemólisis.

Anemias hemolíticas por anticuerpos calientes

En las anemias hemolíticas por anticuerpos calientes inducidas por fármacos, la suspensión del fármaco reduce la velocidad de hemólisis. En la anemia hemolítica autoinmunitaria de tipo alfa-metildopa, la hemólisis suele detenerse en el término de 3 semanas; sin embargo, puede persistir una prueba de la antiglobulina positiva durante > 1 año. En la anemia hemolítica autoinmunitaria mediada por hapteno, la hemólisis cede cuando el fármaco es eliminado del plasma. Los corticosteroides y/o las infusiones de inmunoglobulina pueden usarse como terapias de segunda línea.

En la AHAI idiopática por anticuerpos cálidos, los corticosteroides (p. ej., prednisona 1 mg/kg por vía oral 1 vez al día) son el tratamiento estándar de primera línea. Una vez que se alcanzan valores estables de eritrocitos, se disminuyen gradualmente los corticosteroides con control de la hemólisis mediante pruebas de laboratorio (p. ej., mediante hemoglobina y recuento de reticulocitos). El objetivo es desintoxicar por completo al paciente de los corticosteroides o mantener la remisión con la dosis de corticosteroides más baja posible. Alrededor de dos tercios de los pacientes responden al tratamiento con corticosteroides. En los pacientes que presentan una recidiva tras la interrupción de los corticosteroides o en aquellos refractarios a ellos, se suele utilizar rituximab como fármaco de segunda línea.

Otros tratamientos incluyen el uso de fármacos inmunosupresores adicionales y/o esplenectomía. Alrededor de un tercio a la mitad de los pacientes muestran una respuesta sostenida después de la esplenectomía.

En casos de hemólisis fulminante, se puede indicar inmunosupresión con un pulso de altas dosis de corticosteroides o ciclofosfamida. En la hemólisis menos grave pero no controlada, las infusiones de inmunoglobulina han permitido un control transitorio.

El tratamiento a largo plazo con inmunosupresores (incluida ciclosporina) ha resultado eficaz en pacientes en los que los corticoides y la esplenectomía han sido inútiles.

La presencia de anticuerpos panaglutinantes en una anemia hemolítica por anticuerpos calientes dificulta las pruebas de compatibilidad con la sangre del donante. Además, las transfusiones podrían sobreagregar un aloanticuerpo al autoanticuerpo, lo que acelera la hemólisis. Por lo tanto, se deben evitar las transfusiones cuando la anemia no es potencialmente letal, pero no se debe suspender en pacientes con anemia hemolítica autoinmune grave, particularmente cuando el recuento de reticulocitos es bajo.

Enfermedad por crioaglutininas

En muchos casos, evitar todo entorno frío y otros factores desencadenantes de la hemólisis puede ser todo lo que se necesita para prevenir la anemia sintomática.

En los casos con enfermedad linfoproliferativa, el tratamiento se centra en la enfermedad subyacente. El rituximab se usa con frecuencia, y los regímenes de quimioterapia que se utilizan para tratar los trastornos linfoproliferativos pueden ser eficaces.

En casos graves, la plasmaféresis es un tratamiento temporal eficaz. Deben administrarse transfusiones con moderación, y calentar la sangre a través de un calentador en línea.

La esplenectomía no suele ser útil. y los inmunosupresores solo tienen una eficacia modesta.

Criohemoglobinuria paroxística

En la criohemoglobinuria paroxística (CHP), el tratamiento consiste en evitar estrictamente la exposición al frío. Los inmunosupresores han sido eficaces, pero su uso debe reservarse para los pacientes con casos idiopáticos o progresivos.

La esplenectomía no es útil.

El tratamiento de una sífilis concomitante puede curar la criohemoglobinuria paroxística.

Conceptos clave

  • La anemia hemolítica autoinmune se divide en la anemia hemolítica por anticuerpos calientes y la enfermedad por crioaglutininas basado en la temperatura a la que los autoanticuerpos reaccionan con los glóbulos rojos.

  • La hemólisis tiende a ser más grave en la anemia hemolítica por anticuerpos calientes y puede ser fatal.

  • La inmunoglobulina o el complemento ligado a los glóbulos rojos del paciente se demuestra por la aparición de aglutinación después de añadir suero antiglobulina a los glóbulos rojos lavados (prueba de antiglobulina directa positiva).

  • El patrón de la reacción a las antiglobulinas directas puede ayudar a distinguir entre una anemia hemolítica por anticuerpos calientes y una enfermedad por crioaglutininas y a veces identifica el mecanismo responsable de la anemia hemolítica por anticuerpos calientes.

  • El tratamiento está dirigido a la causa (incluida la interrupción de los fármacos, la evitación del frío, el tratamiento del trastorno subyacente).

  • Los corticosteroides siguen siendo el tratamiento de primera línea para la enfermedad hemolítica idiopática por anticuerpos cálidos.

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