Estrellas naranjas

Infección renal

(Pielonefritis)

Revisión completa: mar 2026 PorTalha H. Imam, MD, University of Riverside School of Medicine | Revisión de colegas realizada porChristina A. Muzny, MD, MSPH, Division of Infectious Diseases, University of Alabama at Birmingham
Última actualización: may 2026
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Datos clave

La pielonefritis es una infección bacteriana de uno o de ambos riñones.

  • La infección puede extenderse por el tracto urinario a los riñones o (menos frecuentemente) los riñones pueden infectarse por las bacterias que circulan en el torrente sanguíneo.

  • Los síntomas son escalofríos, fiebre, dolor de espalda, náuseas y vómitos.

  • Si el médico sospecha que la persona en cuestión sufre pielonefritis, se realizan análisis de orina y pruebas de diagnóstico por la imagen.

  • La infección se trata con antibióticos.

Las vías urinarias están constituidas por los riñones, los uréteres (los conductos que transportan la orina desde los riñones hasta la vejiga), la vejiga y la uretra (el tubo a través del cual sale la orina del cuerpo).

Esta enfermedad es más frecuente en mujeres que en hombres.

(Véase también Introducción a las infecciones urinarias.)

Causas de la infección renal

La pielonefritis suele estar causada por bacterias. Raras veces está causada por hongos o virus.

Escherichia coli (E. coli) es un tipo de bacteria que suele habitar en el intestino grueso. Causa alrededor del 80% de los casos de pielonefritis entre las personas que no están hospitalizadas ni viven en una residencia geriátrica.

Por lo general, las bacterias se desplazan de la zona genital por la uretra a la vejiga, luego por los uréteres y llegan hasta el interior de los riñones. En una persona con vías urinarias sanas, se suele evitar que la infección ascienda por los uréteres y penetre en los riñones gracias a la eliminación de las bacterias por la acción del chorro de orina y por el cierre de los uréteres a la entrada de la vejiga. Sin embargo, cualquier bloqueo (obstrucción) del flujo de orina (como una anomalía estructural, un cálculo renal, un agrandamiento de la glándula prostática o el reflujo de la orina desde la vejiga hasta el interior de los uréteres) aumenta la probabilidad de que sobrevenga una pielonefritis.

En algunas personas, las bacterias llegan a los riñones desde otra parte del organismo a través del torrente sanguíneo. Por ejemplo, la bacteria E. coli puede extenderse a los riñones por el torrente sanguíneo.

El riesgo de pielonefritis aumenta durante el embarazo ya que durante el mismo, el engrosamiento del útero hace que aumente la presión sobre los uréteres y se obstruye parcialmente la circulación normal del flujo de orina. El embarazo también aumenta el riesgo de reflujo de orina por los uréteres al causar dilatación de estos conductos y al reducir las contracciones musculares que fuerzan la orina a descender por los uréteres hasta el interior de la vejiga.

El riesgo de pielonefritis aumenta en las personas que tienen un trasplante de riñón.

El riesgo y la gravedad de la pielonefritis también se incrementan en las personas con diabetes, o con un sistema inmunitario debilitado (que reduce la capacidad del organismo de combatir las infecciones).

Algunas personas padecen infecciones prolongadas (nefropatía por reflujo o pielonefritis crónica). Casi todas ellas sufren considerables anomalías subyacentes, tales como una obstrucción del tracto urinario, cálculos renales grandes que persisten o, con mayor frecuencia, reflujo de orina desde la vejiga hacia los uréteres (lo que se produce sobre todo en niños pequeños). La pielonefritis crónica puede hacer que las bacterias se liberen en el torrente sanguíneo, a veces causando una infección en el riñón opuesto o en otras partes del organismo. La pielonefritis crónica puede dañar los riñones gravemente.

Síntomas de la infección renal

Los síntomas de la pielonefritis suelen empezar repentinamente con escalofríos, fiebre, dolor en la zona lumbar a uno u otro lado, dolor abdominal, náuseas y vómitos.

Alrededor de un tercio de las personas que sufren pielonefritis también presentan síntomas de cistitis (infección de la vejiga), como micción frecuente y dolorosa. Los riñones, uno o ambos, aparecen aumentados de tamaño y doloridos y los médicos obtienen una respuesta dolorosa a la palpación en la región lumbar del lado afectado. En algunas ocasiones los músculos del abdomen están fuertemente contraídos. La irritación provocada por la infección o por el paso de un cálculo renal (si lo hay) puede causar espasmos ureterales. En caso de espasmos de los uréteres, las personas pueden presentar episodios de dolor intenso (cólico renal).

En adultos mayores y en personas cuya vejiga funciona de manera anómala debido a un daño neurológico (vejiga neurógena) o que tienen un catéter vesical insertado durante un período prolongado, es posible que la pielonefritis no cause ningún síntoma que parezca indicar un problema en las vías urinarias. En cambio, en estas personas la pielonefritis puede manifestarse como una disminución de la función mental (delirio o confusión) o como una infección del torrente sanguíneo (sepsis).

En los casos de pielonefritis crónica, el dolor es impreciso y la fiebre es intermitente o inexistente.

Diagnóstico de la infección renal

  • Análisis de orina

  • Cultivo de orina

  • Pruebas de diagnóstico por la imagen

Los médicos suelen diagnosticar la pielonefritis basándose en síntomas característicos como escalofríos, fiebre, dolor en la zona lumbar y micción frecuente y dolorosa.

Se recoge (en un envase esterilizado) una muestra de orina del chorro medio, de modo que no se contamine con las bacterias de la vagina o del extremo del pene. A veces, se sumerge una tira de papel reactivo en la orina para realizar 2 pruebas rápidas y sencillas con el fin de detectar sustancias que normalmente no se encuentran en la orina. Estas tiras permiten la detección de nitritos que liberan las bacterias. La tira reactiva también puede detectar la esterasa leucocitaria (una enzima que se encuentra en ciertos glóbulos blancos), lo que puede indicar que el cuerpo está luchando contra la infección (véase Análisis de orina y cultivo de orina).

Además, se puede examinar la muestra de orina al microscopio para determinar la cantidad de glóbulos rojos (eritrocitos) y glóbulos blancos (leucocitos) y detectar la posible presencia de bacterias. En algunos casos se realizan cultivos de orina, en el laboratorio, cultivando las bacterias obtenidas de una muestra de orina para identificar el número y el tipo de bacterias presentes. Si hay infección, por lo general se detecta una gran cantidad de un tipo concreto de bacterias.

Por lo general, no se necesitan pruebas de diagnóstico por la imagen para diagnosticar la pielonefritis. Sin embargo, en algunos casos, se pueden solicitar pruebas de diagnóstico por la imagen como ecografías, tomografías computarizadas (TC) o urografías intravenosas (UIV). Estos estudios se pueden llevar a cabo en:

  • Personas con fuerte dolor de espalda (característico del cólico renal [dolor por cálculos renales])

  • Personas que no responden al tratamiento antibiótico en un plazo de 72 horas

  • Personas cuyos síntomas reaparecen poco después de finalizar el tratamiento con antibióticos

  • Personas con pielonefritis crónica o recurrente

  • Personas cuyos resultados de los análisis de sangre indican daño renal

  • Hombres (porque rara vez desarrollan pielonefritis)

Las ecografías o las tomografías computarizadas pueden revelar cálculos renales, anomalías estructurales u otras causas de obstrucción en el tracto urinario.

También pueden llevarse a cabo análisis de sangre para determinar si existe un exceso de glóbulos blancos (lo que sugeriría la presencia de una infección), bacterias en la sangre o daño renal.

Prueba analítica

Tratamiento de la infección renal

  • Antibióticos

  • En ocasiones cirugía

El tratamiento antibiótico empieza en cuanto el médico considera que pueda tratarse de pielonefritis y después de haber tomado muestras para las pruebas o análisis de laboratorio. La elección del antibiótico o de su posología puede modificarse a partir de los resultados de las pruebas de laboratorio, del grado de afectación del paciente, de si las bacterias comunes en la comunidad pueden tratarse con antibióticos comunes (y con qué antibióticos), y de si la infección se inició en el hospital, donde las bacterias suelen ser más resistentes a los antibióticos. La elección del antibiótico o su dosificación se puede ver modificada por otros factores, como si existe afectación del sistema inmunitario de la persona o bien si esta presenta una anomalía de las vías urinarias (como una obstrucción).

En ocasiones, las personas no necesitan hospitalizarse y pueden recibir tratamiento ambulatorio con antibióticos por vía oral. El tratamiento ambulatorio suele tener éxito en las personas que presentan:

  • Ausencia de nauseas o vómitos

  • Ausencia de signos de deshidratación o sepsis

  • Ausencia de otros trastornos que debiliten el sistema inmunitario, tales como ciertos tipos de cáncer, diabetes mellitus o infección avanzada por el VIH (también llamada sida)

  • Ausencia de obstrucción o anomalía en el tracto urinario y ausencia de cálculos renales

  • Ningún indicio de infección muy grave, como hipotensión arterial o confusión

  • Dolor controlado con analgésicos por vía oral

De lo contrario, las personas suelen ser tratadas inicialmente en el hospital. Las personas embarazadas pueden requerir hospitalización. A las personas hospitalizadas se les administran inicialmente antibióticos por vía intravenosa durante unos 3 días. Por lo general, luego se les permite regresar a su propio hogar, donde pueden cambiar a antibióticos tomados por vía oral.

El tratamiento antibiótico de la pielonefritis se administra durante unas 1 a 2 semanas. Sin embargo, la terapia con antibióticos puede continuar hasta 6 semanas para los hombres en quienes la infección se deba a prostatitis, ya que es más difícil de erradicar. Una vez concluido el tratamiento antibiótico, se suele obtener una muestra final de orina para asegurarse de que la infección ha sido erradicada.

La cirugía es necesaria solo si las pruebas de diagnóstico por la imagen muestran que algo está bloqueando las vías urinarias, como una anomalía estructural o un cálculo renal de tamaño especialmente grande. La extirpación del riñón infectado puede ser necesaria para las personas con pielonefritis crónica que vayan a someterse en breve a un trasplante de riñón. La diseminación de la infección en el riñón trasplantado es particularmente arriesgada porque la persona toma medicamentos inmunosupresores, que evitan el rechazo del riñón trasplantado, pero también debilitan la capacidad del organismo para combatir infecciones.

Pronóstico de la infección renal

La mayoría de las personas se recuperan por completo.

Una recuperación lenta y el riesgo de complicaciones son más probables si la persona requiere hospitalización, si el microorganismo que provocó la infección es resistente a los antibióticos de uso común o si la persona afectada sufre un trastorno que debilita el sistema inmunitario (como ciertos tipos de cáncer, diabetes mellitus o infección avanzada por el VIH) o un cálculo renal.

Prevención de la infección renal

A las personas que sufren episodios frecuentes de pielonefritis o cuya infección reaparece después de haber finalizado el tratamiento con antibióticos se les puede aconsejar tomar un antibiótico diferente a largo plazo para prevenir la infección recurrente. No se conoce la duración ideal de esta terapia. Si la infección reaparece después de suspender este antibiótico, es posible que las personas necesiten tomar un antibiótico de forma indefinida.

Las personas embarazadas o que puedan quedar embarazadas mientras toman un antibiótico para tratar la pielonefritis deben consultar a su médico acerca de qué antibióticos son seguros durante el embarazo.

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