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Compresión de la médula espinal

Por

Michael Rubin

, MDCM, New York Presbyterian Hospital-Cornell Medical Center

Última revisión completa feb. 2020
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Datos clave
NOTA: Esta es la versión para el público general. MÉDICOS: Hacer clic aquí para la versión para profesionales
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Ciertas lesiones y trastornos comprimen la médula espinal, causando dolor de espalda o cuello, hormigueo, debilidad muscular y otros síntomas.

  • La médula espinal puede ser comprimida por un hueso, sangre (hematomas), pus (abscesos), tumores (cancerosos o no) o un disco roto o una hernia discal.

  • Los síntomas, como dolor de espalda o cuello, sensaciones anormales, debilidad muscular o deterioro del control de la vejiga y del intestino, pueden ser leves o graves.

  • El diagnóstico se basa en los síntomas y en los resultados de la exploración física, la RMN y otras pruebas de diagnóstico por la imagen.

  • Los corticoesteroides se utilizan a menudo para reducir la inflamación en o alrededor de la médula espinal, y por lo tanto ayudar a reducir la presión sobre la médula espinal.

  • Dependiendo de la causa, se realiza cirugía y/o radioterapia para aliviar la presión.

Normalmente, la médula espinal está protegida por la columna vertebral, pero ciertas lesiones y trastornos ejercen presión sobre ella (la comprimen) e interrumpen su función normal. Estas lesiones y trastornos también comprimen las raíces nerviosas espinales, que pasan a través de los espacios entre los huesos de la espalda (vértebras), o el haz de nervios que se extiende hacia abajo desde la médula espinal (cola de caballo).

La compresión de la médula espinal puede ocurrir

  • De repente, causando síntomas en cuestión de minutos, a lo largo de unas pocas horas o días e incluso hasta semanas

  • Lenta y gradualmente, causando síntomas que empeoran durante meses e incluso años

Causas

Las causas de la compresión de la médula espinal pueden ser las siguientes:

  • Huesos: si las vértebras están rotas (fracturadas), dislocadas o crecen de forma anómala (como ocurre en la espondilosis cervical) pueden comprimir la médula espinal. Las vértebras debilitadas por el cáncer o por la osteoporosis se rompen después de un leve traumatismo o incluso sin traumatismo.

  • Tejido conjuntivo: el tejido conjuntivo que recubre el conducto raquídeo a menudo se agranda y se endurece con la edad. Este cambio estrecha el conducto raquídeo y comprime la médula. (El conducto raquídeo es la vía de paso que discurre por el centro de la columna y contiene la médula espinal.)

  • Una acumulación de sangre (hematoma): la sangre se acumula en el interior o alrededor de la médula espinal. La causa más frecuente de un hematoma medular es un traumatismo, aunque muchos otros procesos causan hematomas. Entre ellos se incluyen las conexiones anormales entre los vasos sanguíneos (malformaciones arteriovenosas), los tumores, las enfermedades hemorrágicas y la utilización de anticoagulantes (que interfieren en la coagulación de la sangre) o de trombolíticos (que rompen los coágulos de sangre).

  • Tumores: un cáncer extendido (metastatizado) a la columna vertebral o al espacio alrededor de la médula espinal es una causa frecuente de compresión. En raras ocasiones, la compresión se debe a un tumor en el interior de la columna. El tumor puede ser canceroso o no.

  • Una acumulación de pus (absceso): el pus puede acumularse fuera de la médula espinal, o con menos frecuencia en ella, y puede comprimirla.

  • Un disco roto o una hernia de disco: una hernia de disco comprime las raíces nerviosas espinales (la parte de los nervios espinales próxima a la médula espinal) y en algunos casos la propia médula espinal.

La compresión puede evolucionar en cuestión de minutos o unas pocas horas o durante días o semanas. Por lo general es consecuencia de

  • Un traumatismo (la causa más frecuente), que a menudo provoca la fractura o luxación de una vértebra

  • Tumores que se han diseminado desde otras partes del cuerpo

  • Abscesos

  • Hematomas

  • Discos rotos

Sin embargo, los huesos que se han debilitado lentamente (por ejemplo, por cáncer u osteoporosis) pueden fracturarse de repente y causar una compresión repentina o empeorar la ya existente (véase Fracturas por compresión de la columna vertebral).

La compresión puede evolucionar gradualmente, durante meses o años. Las causas habituales comprenden

  • Algunos tumores de crecimiento lento

  • Espondilosis cervical (degeneración de las vértebras y los discos cervicales)

Síntomas

Una compresión ligera causa síntomas leves si solo interrumpe algunos impulsos nerviosos que transitan, en ambas direcciones, por la médula espinal. Estos síntomas pueden incluir

  • Molestias o dolor en la espalda o en el cuello

  • Debilidad muscular leve

  • Hormigueo

  • Otras alteraciones de la sensibilidad

  • En los varones, la dificultad para iniciar y mantener una erección (disfunción eréctil)

Si se ha comprimido la médula espinal en la zona lumbar, el dolor puede irradiarse hacia una pierna y a veces hasta el pie. Si está afectada la médula espinal cervical, el dolor puede irradiarse hacia los brazos. Si la causa es un cáncer, un absceso o un hematoma, la espalda o cuello tienen sensibilidad al tacto en la zona afectada. A veces se pierde toda sensación. Se pueden perder los reflejos, como el impulso de orinar. Si la compresión aumenta, los síntomas empeoran.

Una compresión importante puede bloquear la mayoría de los impulsos nerviosos, causando

  • Debilidad muscular severa

  • Entumecimiento

  • Retención de orina

  • Pérdida del control de la vejiga y los intestinos

Si todos los impulsos nerviosos se bloquean, sucede lo siguiente:

  • Parálisis (que puede causar problemas respiratorios si se comprime la médula espinal cervical)

  • Pérdida total de la sensibilidad en la zona controlada por la parte de la médula espinal que queda por debajo de la zona comprimida

Una vez que la compresión comienza a causar síntomas, el daño puede empeorar, dependiendo de la causa, en cuestión de minutos o a lo largo de horas o días.

Diagnóstico

  • Exploración física

  • Resonancia magnética nuclear o mielografía con tomografía computarizada

Las personas con síntomas que sugieren una compresión de la médula espinal requieren atención médica inmediata porque un diagnóstico y un tratamiento tempranos revierten o disminuyen la pérdida de la función.

Debido a que la médula espinal está organizada de manera específica, los médicos determinan qué parte de la médula está afectada basándose en los síntomas y en los resultados de una exploración física. Por ejemplo, si las piernas (pero no los brazos) están débiles y entumecidas y las funciones de la vejiga y los intestinos están alteradas, la columna vertebral puede estar dañada a la altura del tórax medio o de la zona lumbar. La localización del dolor y de la sensibilidad al tacto a lo largo de la columna vertebral también ayudan a determinar el lugar de la lesión.

Si es posible, se realiza inmediatamente una resonancia magnética nuclear (RMN), y si no se dispone de ella se realiza una mielografía con tomografía computarizada (TC). Estas pruebas suelen mostrar el lugar donde la médula espinal está comprimida e indican la causa. También detectan una fractura o una luxación de una vértebra, una hernia discal, un crecimiento óseo anormal, un área hemorrágica, un absceso o un tumor. La mielografía por TC consiste en realizar una TC de la columna vertebral después de practicar una punción lumbar para inyectar una pequeña cantidad de un medio de contraste radiopaco, que se puede visualizar en las radiografías, en el espacio que rodea la médula. De esta forma se determina si la compresión bloquea completamente el flujo normal del líquido cefalorraquídeo a través de este espacio.

Si se cree que la causa es una fractura o una luxación debida a un traumatismo, también se realizan radiografías. Estas proporcionan información rápidamente y permiten evaluar el problema al momento.

Las causas de la compresión pueden confirmarse durante la cirugía para aliviar la presión sobre la médula espinal.

Si la RMN o la mielografía por TC detectan una masa anormal no identificable que causa la compresión, primero se decide si tiene que ser eliminada. Si no es así, suele hacerse una biopsia. Se puede extraer una muestra de tejido para analizarla mediante la inserción de una aguja en la masa (generalmente guiada por TC), o a veces mediante un procedimiento quirúrgico.

Tratamiento

  • Por lo general, la cirugía

  • A veces corticoesteroides por vía intravenosa

  • En los tumores, por lo general la radioterapia (con o sin cirugía)

  • En los abscesos o hematomas, a veces el drenaje

Si la pérdida de la función es parcial o muy reciente (habitualmente cuando la compresión se produce de forma súbita), la compresión debe ser aliviada de inmediato. Cuando la compresión se detecta y trata rápidamente, antes de que las vías nerviosas se destruyan, el tratamiento evita la lesión permanente de la médula espinal y la función suele recuperarse. Habitualmente se necesita cirugía para aliviar la compresión o para insertar barras de acero, tornillos y/o agujas y así estabilizar la columna vertebral.

Otros tratamientos varían dependiendo de la causa.

Para ciertos trastornos (como tumores o traumatismos contusos) se administran lo más pronto posible altas dosis de corticoesteroides, como dexametasona o metilprednisolona, por vía intravenosa. Los corticoesteroides reducen la hinchazón en el interior o alrededor de la médula espinal, que puede estar contribuyendo a la compresión. Inmediatamente después de administrar los corticoesteroides se extirpan los tumores quirúrgicamente y/o se tratan con radioterapia.

La cirugía se realiza en los siguientes casos:

  • Los síntomas empeoran a pesar del tratamiento.

  • Se requiere una biopsia.

  • La columna vertebral es inestable.

  • Los tumores están presentes o reaparecen después de la radioterapia.

  • Los médicos sospechan que la causa es un absceso o un hematoma.

Si la causa es el cáncer, el tratamiento suele consistir en un corticoesteroide (como la dexametasona) y en cirugía y/o radioterapia. El corticoesteroide ayuda a aliviar la hinchazón y la presión sobre la médula espinal.

Si un absceso causa síntomas de disfunción de la médula espinal (como parálisis o pérdida del control del intestino o de la vejiga), un neurocirujano drena quirúrgicamente el absceso lo más pronto posible. También se administran antibióticos. Si no se han desarrollado síntomas de disfunción de la médula espinal, es probable que todo lo necesario consista en vaciar el pus a través de una aguja, administrar antibióticos, o ambas cosas.

Si la causa es un hematoma, de inmediato se drena quirúrgicamente la sangre acumulada. A las personas que tienen trastornos hemorrágicos o que están tomando anticoagulantes se les administran inyecciones de vitamina K y se les realizan transfusiones de plasma para eliminar o reducir la tendencia al sangrado.

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