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Asma

Por

Victor E. Ortega

, MD, PhD, Center for Genomics and Personalized Medicine Research, Wake Forest School of Medicine;


Frank Genese

, DO, Wake Forest School of Medicine

Última revisión completa ago. 2019
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Datos clave
NOTA: Esta es la versión para el público general. MÉDICOS: Hacer clic aquí para la versión para profesionales
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El asma es una enfermedad caracterizada por el estrechamiento de las vías respiratorias, por lo general reversible, en respuesta a ciertos estímulos.

  • Los síntomas más frecuentes son tos, sibilancias y ahogo que aparecen en respuesta a un desencadenante específico.

  • Se confirma el diagnóstico de asma mediante pruebas respiratorias (de función pulmonar).

  • Para prevenir crisis, las personas afectadas deben evitar las sustancias que desencadenan el asma y tomar fármacos que ayuden a mantener abiertas las vías respiratorias.

  • Durante una crisis asmática, es necesario tomar un fármaco que abra rápidamente las vías respiratorias.

El asma es cada vez más frecuente (afecta a unos 25 millones de personas en el mundo). No se conoce la razón de este incremento.

Aunque el asma es una de las enfermedades crónicas más común en los niños, también puede desarrollarse en adultos, incluso a edad avanzada. En Estados Unidos, el asma afecta a más de 6 millones de niños (véase Asma infantil) y se da con mayor frecuencia en varones antes de la pubertad y, en mujeres, después de la pubertad. El asma puede resolverse en los niños con el tiempo. Sin embargo, a veces, el asma que parece remitir reaparece años después.

También es más frecuente en personas de ascendencia africana y en puertorriqueños. Aunque el número de afectados por asma ha crecido, el índice de mortalidad de la enfermedad ha disminuido.

La característica más importante del asma es el estrechamiento de las vías respiratorias, que puede ser revertido. Las vías respiratorias de los pulmones (los bronquios) son esencialmente tubos con paredes musculares. Las células que revisten los bronquios poseen unas estructuras microscópicas, denominadas receptores. Estos receptores perciben la presencia de sustancias específicas y estimulan los músculos subyacentes a contraerse o relajarse, alterando así el flujo de aire. Hay muchos tipos de receptores, pero en el asma hay 2 tipos que son principalmente importantes:

  • Los receptores beta-adrenérgicos responden a compuestos químicos como la epinefrina, que relajan los músculos y ensanchan (dilatan) las vías respiratorias, lo que aumenta el flujo de aire.

  • Los receptores colinérgicos responden a un producto químico denominado acetilcolina y hacen que los músculos se contraigan y que, consiguientemente, disminuya el flujo de aire.

Causas

Las causas del asma son desconocidas, pero es probable que tenga su origen en interacciones complejas entre muchos genes, condiciones ambientales y nutrición. Las condiciones y circunstancias ambientales en torno al embarazo, el nacimiento y la primera infancia se han relacionado con el desarrollo del asma en la infancia y más tarde en la edad adulta. El riesgo parece aumentar si la madre de la persona afectada se quedó embarazada a una edad temprana o si estuvo mal nutrida durante el embarazo. El riesgo también puede ser mayor si el bebé nació prematuramente, tuvo un peso bajo al nacer o no fue amamantado. Las condiciones ambientales, como la exposición a alérgenos domésticos (como ácaros del polvo, cucarachas y caspa de mascotas) y otros alérgenos ambientales, también se han asociado con la aparición de asma en niños mayores y adultos. Las dietas bajas en vitaminas C y E y en ácidos grasos omega-3 también se han relacionado con el asma, al igual que la obesidad; sin embargo, no existen pruebas científicas de que los complementos dietéticos de estas sustancias prevengan la aparición de asma.

En los países desarrollados, las familias menos numerosas (con menos niños), los ambientes interiores más limpios y el uso de vacunas y antibióticos puede reducir la capacidad del organismo para desarrollar resistencia a los alérgenos ambientales y explicar, en parte, el aumento de la incidencia de asma en estos países (la hipótesis de la higiene).

La causa del estrechamiento de las vías respiratorias es a menudo una sensibilidad anómala de los receptores colinérgicos, que desencadena una contracción en los músculos de las vías respiratorias cuando no deben hacerlo. Se cree que ciertas células de las vías respiratorias, particularmente los mastocitos, son las responsables del inicio de la respuesta. Los mastocitos localizados en los bronquios liberan sustancias, como la histamina y los leucotrienos, que provocan lo siguiente:

  • Contracción del músculo liso

  • Aumento de la secreción de moco

  • Desplazamiento de determinados glóbulos blancos a la zona

Los eosinófilos, otro tipo de células que se encuentran en las vías respiratorias de las personas que padecen asma, liberan sustancias adicionales, que contribuyen al estrechamiento de la vía respiratoria.

Durante una crisis de asma (a veces denominada brote o exacerbación), los músculos lisos de los bronquios se contraen y causan un estrechamiento de los mismos (denominado broncoconstricción). Los tejidos que revisten las vías respiratorias se hinchan como consecuencia de la inflamación y de la secreción de mucosidad en el interior de las vías respiratorias. La capa superior del revestimiento de las vías respiratorias puede dañarse y depositar células, estrechando aún más la vía. Este estrechamiento obliga a la persona a realizar un mayor esfuerzo para respirar. En el caso del asma, el estrechamiento es reversible, lo que significa que con un tratamiento apropiado o por sí mismas, las contracciones musculares de las vías respiratorias se detienen, la inflamación desaparece (con lo que las vías respiratorias se ensanchan de nuevo) y el flujo de aire hacia dentro y hacia fuera de los pulmones recupera la normalidad.

Cómo se estrechan las vías respiratorias

Durante una crisis de asma, el músculo liso se contrae, estrechando la vía respiratoria. La capa media se hincha debido a la inflamación y se produce una cantidad excesiva de mucosidad. En algunos segmentos de las vías respiratorias, el moco forma un tapón que las obstruye parcial o totalmente.

Cómo se estrechan las vías respiratorias

Desencadenantes del asma

Los bronquios de las personas que padecen asma se estrechan como respuesta a ciertos estímulos (desencadenantes) que no suelen afectar a las vías respiratorias de las personas sin asma. Estos desencadenantes pueden ser

  • Alérgenos

  • Infecciones

  • Irritantes

  • Ejercicio físico (denominada asma inducida por el ejercicio)

  • Estrés y ansiedad

  • Aspirina (ácido acetilsalicílico)

Muchos alérgenos inhalados, como el polen, las partículas de los ácaros del polvo doméstico, las secreciones de cucaracha, las partículas procedentes de plumas y la caspa de animales, pueden desencadenar una crisis de asma. Estos alérgenos se combinan con la inmunoglobulina E (IgE, un tipo de anticuerpo) en la superficie de los mastocitos lo que desencadena la liberación de las sustancias químicas que causan asma. (Este tipo de asma se conoce como asma alérgica). Aunque las alergias por alimentos rara vez cursan con asma, ciertos alimentos (como mariscos y cacahuetes) pueden inducir crisis graves en personas especialmente sensibles a ellos.

Los desencadenantes infecciosos suelen ser infecciones respiratorias virales, como resfriados, bronquitis y, con menor frecuencia, neumonía.

Algunos de los irritantes que pueden provocar una crisis de asma son el humo del tabaco, la marihuana o la cocaína, gases (como los de los perfumes, los productos de limpieza o la contaminación del aire), el aire frío y el ácido gástrico en las vías respiratorias causado por la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE). La contaminación del aire se ha relacionado con las crisis asmáticas.

Algunas personas que padecen asma pueden desarrollar un estrechamiento de las vías respiratorias al hacer ejercicio. Este tipo de estrechamiento de las vías respiratorias puede deberse al hecho de respirar un aire más seco y más frío a través de la boca durante el ejercicio físico.

El estrés y la ansiedad pueden provocar en los mastocitos la liberación de histamina y leucotrienos, que estimulan el nervio vago (que se conecta con la musculatura de las vías respiratorias), causando contracción y estrechamiento de los bronquios.

El llanto o la risa fuerte pueden desencadenar los síntomas en algunos casos.

La aspirina (ácido acetilsalicílico) y los fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE) son un desencadenante para casi un 30% de las personas con asma grave, pero actúan como desencadenantes en menos del 10% de las personas con asma en general.

Síndrome de disfunción reactiva de las vías aéreas

El síndrome de disfunción reactiva de las vías respiratorias (reactive airways dysfunction syndrome, RADS), es un trastorno de inicio rápido y persistente similar al asma que sufren algunas personas sin antecedentes de asma. Es una forma de enfermedad pulmonar ambiental causada por una única y significativa exposición al óxido de nitrógeno o a compuestos orgánicos volátiles (presentes en lejías y otros productos de limpieza). Las personas muestran síntomas similares a los del asma, como tos, sibilancias y dificultad respiratoria. El tratamiento es parecido al tratamiento habitual para el asma.

Síntomas

Las crisis de asma varían en frecuencia e intensidad. Algunas personas que padecen asma no presentan síntomas la mayor parte del tiempo, solo episodios de ahogo leves, breves y ocasionales. Otras en cambio, tosen y tienen sibilancias casi continuamente y además sufren crisis graves después de una infección vírica, el ejercicio físico o la exposición a otros desencadenantes.

La sibilancia es el sonido que se produce cuando la persona exhala. En muchas personas, es posible que el único síntoma sea la tos (tos como variante de asma). Algunas personas que padecen asma producen una flema (esputo) clara y a veces pegajosa (mucoide).

En algunas personas, las crisis asmáticas ocurren principalmente por la noche (asma nocturno). Las crisis que ocurren durante la noche pueden indicar un asma mal controlado.

¿Sabías que...?

  • La tos puede ser el único síntoma del asma.

Síntomas de una crisis asmática

Las crisis de asma se producen con más frecuencia en las primeras horas de la mañana, cuando el efecto de los fármacos ingeridos el día anterior va disminuyendo y el organismo es menos capaz de prevenir el estrechamiento de las vías respiratorias.

Una crisis de asma puede comenzar de repente con respiración sibilante, tos y ahogo. Otras veces, una crisis de asma puede comenzar lentamente, con síntomas que se agravan de forma gradual. En ambos casos, los individuos con asma experimentan en primer lugar ahogo, tos o una opresión en el pecho. La crisis puede desaparecer en pocos minutos o puede durar horas o incluso días. El prurito en el pecho o en el cuello puede ser un síntoma inicial, especialmente en niños. Una tos seca por la noche o durante el ejercicio es a veces el único síntoma.

El ahogo puede volverse grave durante una crisis de asma y, por consiguiente, crear ansiedad. Instintivamente, la persona se sienta y se inclina hacia delante, usando los músculos del cuello y del tórax para ayudarse a respirar, pero a pesar de todo sigue necesitando aire. El sudor es una reacción frecuente al esfuerzo y la ansiedad. La frecuencia cardíaca, por lo general, se acelera y la persona puede sentir un martilleo en el pecho.

Durante una crisis grave de asma, la persona solo puede pronunciar unas palabras entre esfuerzos para respirar. Sin embargo, la respiración sibilante puede disminuir ya que es escaso el aire que entra y sale de los pulmones. La confusión, el sopor y la piel de color azulado (cianosis) son señales de la disminución grave de oxígeno en la sangre, lo que requiere un tratamiento de urgencia. Por lo general, la persona se restablece completamente, incluso de una crisis grave de asma. En raras ocasiones, las personas desarrollan una crisis asmática con suficiente rapidez como para perder la consciencia antes de poder buscar ayuda. Estas personas deben llevar una identificación (por ejemplo una pulsera o un colgante de alerta médica) y contar con un teléfono móvil para llamar a un servicio de emergencias.

Clasificación

A diferencia de la presión arterial elevada (en la que un factor, el valor de la presión arterial, define la gravedad del trastorno y la eficacia del tratamiento), el asma causa una serie de síntomas y anomalías en las pruebas. Además, los síntomas del asma habitualmente empeoran y mejoran con el tiempo. Los médicos evalúan la gravedad del asma y, una vez comenzado el tratamiento, efectúan un seguimiento de control de los síntomas, ya que esta información les ayuda a determinar si la persona afectada necesita medicamentos adicionales.

Gravedad del asma

La gravedad es una medida de lo dañina que es una enfermedad. La gravedad del asma se evalúa por lo general antes de comenzar el tratamiento, porque las personas que han respondido bien a éste presentan pocos síntomas. La gravedad del asma se clasifica como

  • Intermitente: los síntomas se presentan dos días a la semana o menos y no interfieren con las actividades cotidianas

  • Persistente leve: los síntomas se presentan más de dos veces por semana, pero solo limitan ligeramente las actividades cotidianas

  • Persistente moderada: los síntomas se presentan a diario y limitan algunas actividades cotidianas

  • Persistente grave: los síntomas se presentan a lo largo del día e interfieren excesivamente con las actividades cotidianas

Es importante recordar que la clasificación de la gravedad no predice la gravedad de la crisis que pueda sufrir una persona. Incluso una persona que sufre asma leve con largos períodos asintomáticos o síntomas leves y una funcionalidad pulmonar normal puede sufrir una crisis asmática grave y potencialmente mortal.

Estatus asmático

La forma más grave de asma se denomina estatus asmático. Es un estrechamiento grave, intenso y prolongado de las vías respiratorias resistente al tratamiento. En el estatus asmático, los pulmones ya no tienen la capacidad de proporcionar un nivel adecuado de oxígeno ni eliminar el dióxido de carbono de forma adecuada.

Sin oxígeno, muchos órganos comienzan a funcionar de forma inadecuada. La retención de dióxido de carbono produce acidosis, un estado de acidez elevada en la sangre, que afecta la función de casi todos los órganos. La presión arterial se reduce considerablemente hasta niveles de riesgo. Las vías aéreas están tan contraídas que dificultan tanto la salida de aire de los pulmones como su entrada.

El estatus asmático puede requerir de una vía aérea artificial introducida por la boca y la garganta de la persona que se dirige hacia el interior de la principal vía respiratoria que conduce a los pulmones (la tráquea) y de un ventilador mecánico para ayudar a la respiración. Se necesitan dosis más altas de lo normal de diversos fármacos.

Control del asma

El control es el grado en que se minimizan los síntomas, los efectos en la vida diaria y los riesgos de las crisis asmáticas graves mediante el tratamiento. El control del asma es similar a la gravedad, pero se evalúa después de que haya comenzado el tratamiento. El objetivo es que todas las personas tengan un asma bien controlado con independencia de la gravedad de la enfermedad. El control del asma se clasifica como

  • Asma bien controlado: los síntomas se presentan dos veces por semana o con menor frecuencia

  • Asma mal controlado: los síntomas se presentan más de dos veces por semana, pero no todos los días

  • Asma muy mal controlado: los síntomas se presentan a diario

Discapacidad

La discapacidad se refiere a las limitaciones que imponen los síntomas en la vida diaria. La discapacidad debida al asma se determina mediante las preguntas siguientes:

  • Con qué frecuencia se experimentan los síntomas

  • Cuántas veces se despierta la persona afectada durante la noche

  • Con qué frecuencia se utiliza un agonista beta-2 de acción inmediata para aliviar los síntomas

  • Con qué frecuencia afecta el asma a la actividad normal

Para determinar la gravedad, el control y la incapacidad que produce el asma también se utilizan otros factores, como las medidas de la funcionalidad pulmonar, la frecuencia con la que se producen los despertares nocturnos, las respuestas a los cuestionarios estandarizados y los medicamentos empleados para tratar el asma.

Riesgo

El riesgo se refiere a la probabilidad de futuras crisis asmáticas, disminución de la funcionalidad pulmonar y efectos secundarios relacionados con los medicamentos que se toman para controlar el asma. Los médicos controlan el riesgo con mediciones espirométricas (que miden la funcionalidad pulmonar) a lo largo del tiempo, así como factores como la frecuencia con que la persona necesita recibir ciertos corticoesteroides orales o ser hospitalizada para controlar los síntomas del asma.

Diagnóstico

  • Evaluación de los síntomas por un médico

  • Pruebas respiratorias, incluyendo l'espirometría

Los médicos sospechan de asma a partir del relato de los síntomas característicos por parte de la persona. Confirman el diagnóstico mediante pruebas respiratorias (pruebas de función pulmonar). La más importante de estas pruebas es la medida de la cantidad de aire que una persona puede exhalar en un segundo. Estas pruebas se realizan antes y después de administrar a la persona un fármaco inhalado, denominado fármaco beta-adrenérgico (o agonista beta-adrenérgico), que revierte la constricción de las vías respiratorias. Si los resultados de la prueba son significativamente mejores después de que la persona haya tomado el fármaco, se considera posible el diagnóstico de asma.

Si las vías respiratorias no se estrechan durante la prueba, puede confirmarse el diagnóstico mediante un test de provocación. En el test de provocación, la función pulmonar se mide antes y después de que la persona inhale una sustancia (generalmente metacolina, pero también se utiliza histamina, adenosina o bradiquinina), que tiene la capacidad de estrechar las vías respiratorias. La sustancia se administra en dosis muy bajas, que no afectarían a una persona con los pulmones sanos, pero que en las personas asmáticas producen estrechamiento de las vías respiratorias.

La medición repetida de la función pulmonar a lo largo del tiempo permite establecer la gravedad de la obstrucción respiratoria y la efectividad del tratamiento.

Para hacer la prueba de asma inducido por el ejercicio, un examinador usa las pruebas de función pulmonar para medir la cantidad de aire que la persona puede exhalar en 1 segundo antes y después de los ejercicios que realiza sobre una cinta de correr o una bicicleta estática. Si el volumen de aire disminuye más del 15%, es posible que el asma sea inducido por el ejercicio.

Las pruebas de funcionalidad pulmonar también pueden ser útiles cuando el diagnóstico de asma es incierto y las sibilancias y la dificultad respiratorias pueden deberse a otro trastorno, como una enfermedad pulmonar intersticial, una enfermedad pulmonar obstructiva crónica o una obstrucción de la vía aérea superior.

La radiografía de tórax no suele ser útil en el diagnóstico del asma. El médico utiliza las radiografías de tórax cuando está considerando otros diagnósticos. Sin embargo, a menudo se solicita una radiografía de tórax cuando el paciente asmático necesita ser hospitalizado a causa de un ataque grave.

Identificación de los desencadenantes del asma con pruebas de alergia

A menudo, es difícil determinar cuál es el elemento que desencadena el asma en una persona en particular.

Las pruebas para detectar alergias son apropiadas cuando se sospecha que alguna sustancia susceptible de ser evitada (por ejemplo, la exposición a la caspa de gato) es la causante de las crisis. Las pruebas cutáneas pueden ayudar a identificar los alérgenos que desencadenan los síntomas de asma. Sin embargo, una respuesta alérgica a una prueba cutánea no significa necesariamente que el alérgeno que se está probando sea el causante del asma. El propio individuo debe darse cuenta de si las crisis se producen tras la exposición a este alérgeno. Cuando los médicos sospechan de un alérgeno en particular, se puede hacer un análisis de sangre que mide la concentración de anticuerpos producidos contra la sustancia que provoca reacciones alérgicas (el test de radioalergoabsorbancia o RAST) para determinar el grado de sensibilización de la persona hacia el alérgeno.

Cómo evaluar una crisis de asma

Dado que las personas que sufren un ataque de asma grave tienen con frecuencia niveles bajos de oxígeno en la sangre, los médicos pueden controlar dicho nivel usando un sensor que se ajusta en un dedo de la mano o en el lóbulo de una oreja (oximetría). En las crisis graves, los médicos también necesitan medir los niveles de dióxido de carbono en la sangre, para lo cual suele ser necesario obtener una muestra de sangre arterial o, solo en ciertas ocasiones, venosa. Sin embargo, los niveles de dióxido de carbono a veces se pueden monitorizar controlando la respiración de la persona mediante un sensor colocado en la nariz o la boca.

Los médicos también pueden comprobar la función pulmonar, por lo general con un espirómetro (una boquilla y un tubo conectado a un dispositivo de grabación que se utiliza para medir el flujo de aire en los pulmones) o con un medidor de flujo espiratorio máximo. En general, la radiografía de tórax solo se necesita en las crisis graves de asma, para descartar otros problemas graves (como el colapso pulmonar).

Diagnóstico del asma en las personas mayores

Las personas mayores tienen más probabilidades de sufrir otras enfermedades pulmonares que también causan dificultad respiratoria (como enfermedad pulmonar obstructiva crónica), por lo que los médicos deben determinar qué parte de la dificultad respiratoria de la persona está relacionada con el asma y es reversible con la terapia antiasmática adecuada. A menudo, en estos casos, el diagnóstico comporta un breve ensayo con medicamentos que se usan para tratar el asma para ver si mejora el estado de la persona afectada.

Tratamiento

  • Fármacos para reducir la inflamación

  • Fármacos para dilatar las vías respiratorias

Pueden utilizarse una serie de medicamentos para prevenir y tratar el asma en adultos o en niños (véase también Tratamiento del asma en niños). Los médicos pueden usar el término "tratamiento de rescate" para describir el tratamiento de un ataque agudo y el término "tratamiento de mantenimiento" para describir los tratamientos destinados a prevenir los ataques. La mayoría de los fármacos administrados para prevenir las crisis de asma también se utilizan para tratar un ataque de asma, pero a dosis más elevadas o con diferente formulación. Algunas personas necesitan usar más de un medicamento para evitar y tratar sus síntomas. Los medicamentos para prevenir y tratar el asma se explican con más detalle en otra parte del libro.

La terapia se basa en 2 clases de fármacos:

  • Fármacos antiinflamatorios

  • Broncodilatadores

Los antiinflamatorios suprimen la inflamación causante del estrechamiento de las vías respiratorias. Entre los antiinflamatorios se encuentran los corticoesteroides (que pueden ser inhalados, ingeridos por vía oral o administrados por vía intravenosa), los modificadores de leucotrienos y los estabilizadores de los mastocitos.

Los broncodilatadores ayudan a relajar y ensanchar (dilatar) las mismas. Los broncodilatadores son los fármacos beta-adrenérgicos (tanto los utilizados para el alivio de los síntomas como los utilizados en el control de la enfermedad a largo plazo), anticolinérgicos y metilxantinas.

Inmunomoduladores, medicamentos que alteran directamente el sistema inmunitariose utilizan a veces para las personas con asma grave, pero la mayoría de las personas no necesitan inmunomoduladores. Estos fármacos bloquean sustancias en el cuerpo que causan inflamación.

La educación sobre la manera de prevenir y tratar las crisis asmáticas es beneficiosa para las personas que tienen asma y, por extensión, para sus familiares. El uso adecuado de los inhaladores es esencial para la efectividad del tratamiento. Es necesario que el paciente conozca

  • Qué puede desencadenar un ataque

  • Lo que ayuda a prevenir un ataque

  • Cómo usar correctamente los fármacos

  • Cuándo buscar asistencia médica

Seguimiento del asma en el hogar

Algunas personas utilizan un medidor de flujo espiratorio máximo manual para evaluar su respiración y determinar cuándo es necesario pedir ayuda antes de que los síntomas se vuelvan graves. Las personas que experimentan frecuentemente crisis de asma graves deben saber cómo encontrar ayuda de forma rápida.

El flujo espiratorio máximo (la máxima velocidad con la que el aire puede ser expulsado de los pulmones) se puede medir utilizando un pequeño dispositivo de medición manual denominado medidor de flujo espiratorio máximo. Esta prueba se puede usar en casa para evaluar la gravedad del asma. Por lo general, las velocidades de flujo espiratorio más bajas se presentan entre las 4 y las 6 de la mañana y las más altas, a las 4 de la tarde. Sin embargo, una diferencia de más del 30% entre las velocidades alcanzadas en esos momentos del día se considera una evidencia de asma moderada a grave. Las personas con asma entre moderado y grave, en particular las que necesitan tratamiento diario para controlar los síntomas, usan con frecuencia un medidor de flujo máximo para tomar medidas y compararlas con su mejor marca personal; esto les ayuda a identificar signos de empeoramiento del asma o la aparición de una crisis asmática.

Las personas con asma deben tener un plan de tratamiento por escrito, ideado en colaboración con su médico. Este plan les permite tomar el control de su propio tratamiento y ha demostrado que logra disminuir el número de veces que necesitan recurrir a las urgencias hospitalarias por crisis de asma.

Tratamiento de las crisis asmáticas

Una crisis de asma puede producir temor, tanto a la persona que lo experimenta, como a los que están a su alrededor. Incluso cuando este es relativamente leve, los síntomas provocan ansiedad y alarma. Una crisis grave de asma es una emergencia con riesgo mortal que exige atención médica inmediata. Si no se trata adecuada y rápidamente, una crisis grave de asma puede llegar a causar la muerte.

Una crisis aguda en una persona cuyo asma ha sido controlado mediante fármacos se llama exacerbación o brote.

Ataques leves

Las personas que tienen asma leve son, por lo general, capaces de tratarse a sí mismos sin asistencia de un profesional de la salud. Normalmente utilizan un inhalador para administrarse una dosis de un fármaco beta-adrenérgico de acción rápida, como el salbutamol (albuterol), buscan aire fresco (lejos del humo del tabaco u otros irritantes) y reposan sentados. Pueden usar el inhalador 3 veces (dejando 20 minutos entre una aplicación y otra) si es necesario. Una crisis suele ceder en 5 o 10 minutos. Si una crisis no remite después de utilizar el inhalador 3 veces, o tiende a empeorar, es probable que se requiera tratamiento adicional supervisado por un médico.

Ataques severos

Las personas con síntomas graves normalmente deben ir a un servicio de urgencias. Para las crisis graves, los médicos administran un tratamiento frecuente (o, a veces, continuo, es decir, sin pausa) de fármacos broncodilatadores beta-adrenérgicos inhalados administrados mediante un dispositivo denominado nebulizador. Algunas veces, los médicos administran estos fármacos broncodilatadores en combinación con fármacos anticolinérgicos. También se les administran corticoesteroides, como la prednisona, por boca (vía oral) o por vena (vía intravenosa). Durante la crisis es posible que necesiten oxígeno adicional.

Las personas con una crisis de asma grave suelen ser hospitalizadas cuando la función pulmonar no mejora después de habérseles administrado fármacos beta-adrenérgicos mediante inhalación y corticoesteroides por vía oral o intravenosa. También se procede a la hospitalización si tienen concentraciones muy bajas de oxígeno en la sangre o concentraciones de dióxido de carbono muy elevadas.

Los antibióticos pueden ser necesarios cuando existe sospecha de infección pulmonar bacteriana. Sin embargo, la mayoría de estas infecciones son originadas por virus para los que, a excepción de unos pocos, no existe ningún tratamiento.

Los pacientes que pasan por crisis graves de asma pueden necesitar ser intubados y conectados a un respirador mecánico.

Prevención de las crisis asmáticas

El asma es una enfermedad crónica que no puede curarse, pero a menudo las crisis individuales pueden prevenirse. Los esfuerzos preventivos dependen de la frecuencia y de los estímulos que desencadenen las crisis.

Identificar y eliminar o evitar los estímulos que desencadenan los ataques por lo general puede evitar que éstos se produzcan.

  • Humos irritantes: las personas que tienen asma deben evitar el humo del tabaco y otros humos irritantes y tratar de evitar la exposición a personas con infecciones de las vías respiratorias altas.

  • Ácaros del polvo doméstico: cuando el polvo y los alérgenos son los desencadenantes y las barreras (como los protectores de colchón que reducen la cantidad liberada al aire de partículas procedentes de los ácaros del polvo doméstico) pueden ser de mucha ayuda. La exposición a los ácaros del polvo doméstico se puede reducir retirando la moqueta y las cortinas y manteniendo durante el verano una humedad relativa baja (preferiblemente, por debajo del 50%) mediante el uso de aire acondicionado.

  • Caspa de animales: a menudo hay que prescindir de animales de pelo, con mayor frecuencia perros y gatos, para reducir la exposición general a la caspa de estos animales. Otras medidas que pueden ser de ayuda incluyen limitar el acceso del animal doméstico a ciertas habitaciones de la casa o, si es posible, mantenerlo en el exterior. También es conveniente bañarlo todas las semanas.

  • Fármacos: evitar la aspirina (ácido acetilsalicílico) y los fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE) ayuda a prevenir las crisis en aquellas personas cuyo asma se desencadena por estos fármacos. Los fármacos que bloquean los efectos beneficiosos de los fármacos beta-adrenérgicos (denominados betabloqueantes) pueden empeorar el asma. La tartrazina, un colorante amarillo utilizado en algunos fármacos orales y en alimentos, también puede provocar una crisis.

  • Ejercicio: con frecuencia, las crisis provocadas por el ejercicio se pueden prevenir tomando con antelación un medicamento para el asma.

  • Frío: al realizar actividades al aire libre cuando hace frío, las personas que tienen asma deben protegerse con un pasamontañas o una bufanda que cubra la nariz y la boca para que el aire respirado penetre cálido y húmedo.

  • Sulfitos: los sulfitos, que se agregan como conservantes a los alimentos, pueden desencadenar crisis en personas susceptibles a sufrirlos, tras ingerir ciertos alimentos o beber cerveza o vino tinto. Los sulfitos pueden evitarse prestando una especial atención a la elección de los elementos de la dieta.

La desensibilización de alérgenos mediante el uso de vacunas para las alergias puede ayudar a prevenir ataques en personas cuyo asma está producido por alergias. En los sujetos cuyo asma se desencadena por la aspirina o los AINES también se puede usar un programa de desensibilización supervisado por un médico.

Ciertos fármacos, tales como corticoesteroides inhalados u orales, modificadores de los leucotrienos, fármacos beta-adrenérgicos de acción prolongada, metilxantinas, antihistamínicos o estabilizadores de los mastocitos se utilizan para prevenir ataques en la mayoría de las personas con asma. Una minoría de personas con asma padece una forma grave de la enfermedad que permanece incontrolada, lo que provoca crisis repetidas a pesar del tratamiento con una combinación de terapias. Estas personas pueden beneficiarse del tratamiento con medicamentos inmunomoduladores que bloquean sustancias que causan inflamación alérgica.

Pronóstico

Muchos niños superan el asma, pero las sibilancias pueden persistir hasta la edad adulta o el asma puede reaparecer al cabo de unos años. El sexo femenino, el tabaquismo, la edad más temprana de inicio y la alergia a los ácaros del polvo doméstico aumentan el riesgo de que el asma persista o regrese.

Aunque una persona puede morir como consecuencia de una crisis asmática grave, la mayoría de estas muertes son evitables con el tratamiento. Por lo tanto, el pronóstico es bueno con un acceso adecuado al tratamiento y una buena adherencia al mismo.

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