Ateroesclerosis

PorAttila Feher, MD, PhD, Yale University School of Medicine
Revisado porJonathan G. Howlett, MD, Cumming School of Medicine, University of Calgary
Revisado/Modificado Modificado oct 2025
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Datos clave

La aterosclerosis es una afección en la que se acumulan depósitos de grasa (ateromas o placas ateroscleróticas) en las paredes de las arterias medianas y grandes, lo que lleva a una reducción o un bloqueo del flujo sanguíneo. Esto puede afectar el corazón, el cerebro, los riñones, las extremidades y otras partes del cuerpo. La ateroesclerosis de las arterias que suministran sangre al corazón causa la enfermedad arterial coronaria, que es la principal causa de muerte en el mundo.

  • Está causada por una agresión repetida a las paredes de las arterias. Muchos factores contribuyen a este daño, incluyendo la hipertensión, el tabaquismo, la diabetes y el colesterol elevado.

  • El primer signo puede ser dolor o calambres cuando los tejidos no reciben suficiente oxígeno.

  • Para prevenir la ateroesclerosis, se debe dejar de fumar, comer alimentos saludables, hacer ejercicio de forma periódica y mantener el control de la presión arterial, el colesterol y la diabetes. La medicación puede ser necesaria en algunas personas.

Causas de la ateroesclerosis

El desarrollo de la ateroesclerosis es complejo, pero el primer signo consiste en lesiones leves pero repetitivas en el revestimiento interior de las arterias (endotelio), producidas mediante mecanismos diversos. Entre estos mecanismos se encuentran:

  • Las tensiones físicas debidas al flujo sanguíneo alterado (especialmente donde las arterias se ramifican, particularmente en las personas con presión arterial elevada)

  • Estrés relacionado con la inflamación que involucra el sistema inmunológico (como el tabaquismo) o con infecciones debidas a ciertos tipos de bacterias o virus

  • Anomalías químicas en el torrente sanguíneo (como colesterol elevado o niveles elevados de azúcar en sangre, como ocurre en la diabetes mellitus)

Véase Factores de riesgo de la ateroesclerosis para obtener más información sobre las causas específicas.

Formación de la placa

La ateroesclerosis comienza cuando la pared arterial lesionada libera señales químicas que provocan que ciertos tipos de glóbulos blancos (monocitos y células T) se fijen a la pared de la arteria. Estas células se desplazan hacia la pared de la arteria y se transforman en células espumosas, que acumulan colesterol y otros materiales grasosos. Las células espumosas desencadenan el crecimiento de otras células, como las células musculares lisas en la pared arterial. Con el tiempo, estas células espumosas se acumulan. y forman depósitos en forma de parches (ateromas, también llamadas placas), cubiertos con una capa fibrosa en el revestimiento de la pared arterial. A lo largo del tiempo, el calcio se acumula en estas placas. Las placas pueden estar dispersas en arterias de mediano y gran calibre, pero suelen comenzar en las ramificaciones de las arterias.

Cómo se desarrolla la ateroesclerosis

La pared de una arteria se compone de varias capas. El revestimiento o capa interna (endotelio) es liso y no presenta lesiones. La ateroesclerosis comienza cuando este revestimiento se lesiona o se enferma. A continuación, ciertos glóbulos blancos (leucocitos) llamados monocitos y células T se activan, salen del torrente sanguíneo y atraviesan el revestimiento de la arteria hasta llegar a la pared arterial. Dentro del revestimiento se transforman en células espumosas, que recogen materiales grasos, sobre todo, colesterol.

Con el tiempo, las células del músculo liso se desplazan desde la capa media hasta el revestimiento de la pared arterial y se multiplican. En dicho revestimiento también se acumulan materiales de tejido conjuntivo y elástico, como pueden ser los restos celulares, los cristales de colesterol y el calcio. Esta acumulación de células repletas de grasa, células de músculo liso y otros materiales forman un depósito llamado ateroma o placa aterosclerótica. Esta placa está cubierta por una capa fibrosa. A medida que crecen, algunas placas engrosan la pared arterial y sobresalen en el conducto arterial. Estas placas pueden estrechar o bloquear una arteria, lo que da lugar a una disminución o a una obstrucción del flujo sanguíneo. Otras placas no bloquean mucho la arteria, pero la capa fibrosa puede abrirse, liberando el material dentro de la placa y desencadenando un coágulo de sangre que bloquea súbitamente la arteria.

Rotura de la placa

Las placas pueden crecer dentro de la arteria, estrechándola. Cuando esto sucede, los tejidos irrigados por la arteria no reciben suficiente sangre ni oxígeno. Las placas también pueden crecer hacia dentro de la pared arterial, donde no bloquean el flujo sanguíneo. Ambos tipos de placas pueden abrirse (romperse), exponiendo el material interno a la sangre y provocando la formación de coágulos sanguíneos. Estos coágulos pueden bloquear de forma repentina todo el flujo de sangre que recorre la arteria, lo que supone la principal causa de infarto de miocardio o de accidente cerebrovascular (ictus). A veces, estos coágulos sanguíneos o fragmentos de la placa pueden desprenderse, desplazarse por el torrente sanguíneo y bloquear una arteria en otras partes del cuerpo.

Factores de riesgo de la ateroesclerosis

(Véase también Prevención de la arteriopatía coronaria.)

Los factores de riesgo no modificables son:

  • Edad avanzada

  • Sexo masculino (aunque la ateroesclerosis se diagnostica cada vez más en mujeres)

  • Antecedentes familiares: Tener un pariente cercano masculino que tuvo un accidente cerebrovascular o un infarto de miocardio antes de los 55 años, o tener un pariente cercano femenino que tuvo un accidente cerebrovascular o un infarto de miocardio antes de los 65 años

  • Ascendencia del sur de Asia

Los factores de riesgo modificables son:

  • Factores relacionados con el estilo de vida

    • Tabaquismo

    • Inactividad física

    • Dietas altas en sal, ciertos tipos de grasas y azúcar; dietas bajas en frutas y verduras

    • Estrés crónico, ira y hostilidad, depresión y ansiedad

    • Ingesta abundante de alcohol

  • Niveles anormales de colesterol

  • Otras enfermedades que afectan el corazón, los riñones y el metabolismo

    • Diabetes o prediabetes (un precursor de la diabetes que implica concentraciones anormales de azúcar en la sangre o resistencia a la acción de la insulina en el cuerpo)

    • Hipertensión arterial

    • Obesidad

    • Nefropatía crónica

  • Inflamación

    • Concentración elevada de proteína C reactiva (una proteína asociada a la inflamación)

    • Enfermedades autoinmunes o inflamatorias, como artritis reumatoide, lupus eritematoso sistémico, psoriasis, vasculitis

    • Algunas mutaciones similares al cáncer en células madre formadoras de sangre

  • Infecciones

    • VIH

    • Chlamydia pneumoniae

    • Citomegalovirus

    • Helicobacter pylori

    • Enfermedad periodontal

    • Síndrome respiratorio agudo severo coronavirus-2 (COVID-19)

    • Gripe

    • Virus respiratorio sincitial (VRS)

Niveles anormales de colesterol

Una concentración elevada de colesterol LDL (por las siglas en inglés de Lipoproteína de baja densidad) es un factor de riesgo modificable importante. Comer alimentos que contienen muchas grasas saturadas (véase Tipos de grasas) hace que las concentraciones de colesterol LDL aumenten, cuando existe predisposición. Estos niveles también se incrementan a medida que se envejece y, por lo general, son más altos en los hombres que en las mujeres, aunque en estas últimas se elevan en la menopausia. Algunos trastornos hereditarios provocan concentraciones altas de colesterol o de otras grasas. Las personas con estos trastornos hereditarios pueden tener niveles extremadamente altos de colesterol LDL y (si no se tratan) morir de arteriopatía coronaria a una edad temprana.

Medición de apolipoproteína B (ApoB) en la sangre. La ApoB, el componente proteico del colesterol LDL, también es útil para estimar el riesgo de ateroesclerosis. La ApoB es responsable de transportar el colesterol por la sangre, lo que conduce a más placa en las arterias.

No todos los niveles elevados de colesterol aumentan el riesgo de ateroesclerosis. Una concentración más elevada de colesterol HDL (por las siglas en inglés de Lipoproteína de alta densidad, también llamado "colesterol bueno") disminuye el riesgo de ateroesclerosis.

La lipoproteína(a) es otra partícula que contiene colesterol y que también contribuye a los infartos de miocardio y a los accidentes cerebrovasculares.

Las concentraciones elevadas de triglicéridos también aumentan ligeramente el riesgo de ateroesclerosis.

La tabla proporciona concentraciones de colesterol total, colesterol LDL y colesterol HDL que ayudan a reducir el riesgo de desarrollar ateroesclerosis.

Enfermedades que afectan el corazón, los riñones y el metabolismo (síndrome cardiovascular-renal-metabólico)

La hipertensión no controlada es un factor de riesgo para la ateroesclerosis, así como para eventos como infarto de miocardio y accidente cerebrovascular causados por ateroesclerosis. El riesgo de enfermedad cardiovascular empieza a aumentar cuando los niveles de presión arterial son superiores a 115/75 mm Hg.

Las personas que sufren diabetes mellitus son propensas a desarrollar un trastorno que afecta las arterias de pequeño calibre (como las de los ojos, los nervios y los riñones), lo que provoca pérdida de visión, daño neurológico y enfermedad renal crónica. Las personas con diabetes también son propensas a sufrir ateroesclerosis en las arterias de gran calibre.

La obesidad, en particular la abdominal (de predominio troncal), aumenta el riesgo de arteriopatía coronaria. La obesidad abdominal eleva el riesgo de otros factores de riesgo de ateroesclerosis: hipertensión arterial, diabetes de tipo 2 y concentraciones altas de colesterol.

Inflamación

La inflamación es una respuesta normal a una lesión o infección. Sin embargo, cuando la inflamación es prolongada, daña los vasos sanguíneos, aumentando el riesgo de ateroesclerosis. Por lo tanto, las condiciones que contribuyen a la inflamación a largo plazo son factores de riesgo para la ateroesclerosis.

Las concentraciones elevadas de proteína C reactiva son una indicación de inflamación y están asociadas a un mayor riesgo de eventos cardiovasculares.

Las enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide, el lupus eritematoso sistémico y la enfermedad de Addison, también están asociadas con un mayor riesgo de desarrollar ateroesclerosis.

La hematopoyesis clonal de potencial indeterminado es una condición en la que ocurren mutaciones genéticas en las células sanguíneas en personas que no tienen otras anomalías de las células sanguíneas. Las personas afectadas tienen casi el doble de riesgo de desarrollar enfermedad arterial coronaria o sufrir un infarto de miocardio a una edad temprana.

Infecciones

La infección también puede desempeñar un papel en el desarrollo de la ateroesclerosis. Las personas con infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) corren un mayor riesgo de desarrollar infarto de miocardio y otras complicaciones ateroscleróticas por varias razones. Las personas con infección por VIH son más propensas a tener factores de riesgo tradicionales para la ateroesclerosis, como sexo masculino, niveles más altos de colesterol, presión arterial alta, diabetes y tabaquismo. El virus VIH también afecta directamente a las células de los vasos sanguíneos e influye en cómo el cuerpo procesa el colesterol.

Otras infecciones como Chlamydia pneumoniae, citomegalovirus, Helicobacter pylori, COVID-19, aquellas asociadas con enfermedad periodontal y otras pueden causar daño al revestimiento de los vasos sanguíneos, aumentando el riesgo de ateroesclerosis.

Factores de estilo de vida

Uno de los factores de riesgo más importantes que se pueden modificar es el tabaquismo. El uso de otras formas de tabaco, como rapé y tabaco de mascar, o incluso la exposición al humo como fumador pasivo, también aumenta el riesgo. El riesgo que corre un fumador de padecer algunas formas de ateroesclerosis como la arteriopatía coronaria guarda una relación directa con la cantidad de tabaco que fuma a diario. El tabaquismo disminuye la concentración de colesterol de las lipoproteínas de alta densidad (high-density lipoprotein, HDL), el colesterol «bueno», y aumenta la concentración de colesterol de las lipoproteínas de baja densidad (low-density lipoprotein, LDL). Al fumar, aumentan las concentraciones de monóxido de carbono en la sangre, lo que a su vez incrementa el riesgo de que se produzcan lesiones en el revestimiento de las paredes arteriales. El tabaquismo también produce una constricción de las arterias, que ya se habían estrechado a causa de la ateroesclerosis, por lo que disminuye aun más la cantidad de sangre que llega a los tejidos. Por otro lado, fumar aumenta la tendencia de la sangre a coagularse (las plaquetas se adhieren con más facilidad), de manera que aumenta el riesgo de arteriopatía periférica (ateroesclerosis que afecta a arterias diferentes de las que irrigan el corazón y el cerebro), arteriopatía coronaria, accidente cerebrovascular y obstrucción de un injerto arterial implantado durante una cirugía de revascularización coronaria (bypass) o una cirugía para revascularizar una arteria obstruida en cualquier otro lugar del organismo.

Otros factores relacionados con el estilo de vida que aumentan el riesgo de ateroesclerosis son inactividad física, dietas bajas en frutas y verduras y altas en azúcar, sal y grasas saturadas y estrés crónico u hostilidad. Elconsumo de alcohol también es un factor de riesgo, con estudios que actualmente muestran que no existe un nivel de consumo de alcohol que no aumente el riesgo (en contraste con estudios anteriores que mostraban un efecto protector de niveles bajos de consumo de alcohol).

¿Sabías que...?

  • El tabaquismo es uno de los factores de riesgo más importantes de padecer ateroesclerosis.

Otros factores de riesgo

Muchas condiciones aumentan la probabilidad de que se desarrolle un coágulo de sangre, especialmente en el sitio de una placa aterosclerótica.

La ateroesclerosis también puede ser consecuencia de una lesión en las paredes internas de los vasos sanguíneos inducida por radioterapia, por ejemplo, después de que una persona reciba radioterapia en el tórax para el tratamiento del cáncer. La quimioterapia administrada para el cáncer también puede causar daño al corazón. En algunos casos, el daño cardíaco causado por la quimioterapia puede no hacerse evidente durante años después del tratamiento del cáncer.

Las mujeres que tienen menopausia temprana corren un mayor riesgo de desarrollar enfermedad cardíaca. Algunos datos científicos indican que las mujeres jóvenes con complicaciones relacionadas con el embarazo, incluyendo preeclampsia, corren un mayor riesgo de desarrollar ateroesclerosis.

Síntomas de la ateroesclerosis

Los síntomas dependen de:

  • Dónde se localiza la arteria afectada

  • Si se trata de un estrechamiento gradual o de un bloqueo repentino de dicha arteria afectada

Síntomas de un estrechamiento gradual

El primer síntoma consiste en dolor o calambres en los momentos en que el flujo de sangre no es suficiente para satisfacer la demanda de oxígeno por parte de los tejidos. Por ejemplo, se puede sentir alguna molestia o dolor torácico al hacer ejercicio, ya que el suministro de oxígeno al corazón no es el adecuado. Este dolor torácico (angina) puede desaparecer en cuestión de minutos al dejar de realizar el esfuerzo. Del mismo modo, se pueden sentir calambres en las piernas al andar (claudicación intermitente) porque no llega suficiente oxígeno a los músculos de las piernas. Si las arterias que irrigan uno o ambos riñones se estrechan, puede producirse insuficiencia renal o hipertensión de alto riesgo.

Síntomas de bloqueo repentino de la arteria

Si las arterias que irrigan el corazón (arterias coronarias) se bloquean de forma repentina, puede generarse un infarto de miocardio. El síntoma más común de un infarto de miocardio es el dolor en el pecho; sin embargo, las personas también pueden tener dificultad para respirar, náuseas, vómitos, sudoración, palpitaciones o incluso muerte súbita. La obstrucción de las arterias que irrigan el cerebro puede causar un accidente cerebrovascular, que puede ocasionar entumecimiento, debilidad, confusión o dificultad para hablar. La obstrucción de las arterias de las piernas puede causar dolor intenso, sensación de frío, entumecimiento o alteración de la coloración de un dedo del pie, un pie o una pierna.

Diagnóstico de la ateroesclerosis

  • Análisis de sangre para buscar factores de riesgo para la ateroesclerosis

  • Pruebas de imagen (como tomografía computarizada [TC], resonancia magnética [RM], ecografía) para buscar placas o arterias obstruidas

El modo en que se diagnostica la ateroesclerosis depende de la presencia o no de síntomas.

Personas con síntomas

En el caso de que haya síntomas indicativos de obstrucción arterial, existen pruebas que permiten determinar la ubicación y la extensión del bloqueo. Estas pruebas varían según el órgano que esté implicado. Por ejemplo, si se sospecha obstrucción de una arteria del corazón, se suelen realizar una electrocardiografía (ECG), análisis de sangre para detectar biomarcadores cardíacos, y a veces una prueba de esfuerzo o un cateterismo cardíaco.

Cuando existen arterias ateroscleróticas en algún órgano, también suele haber aterosclerosis en las arterias de otros órganos. Por lo tanto, cuando se detecta un bloqueo aterosclerótico en una arteria (por ejemplo, en la pierna), se pueden realizar más pruebas para buscar obstrucciones en otras arterias, como las del corazón.

También se analizan determinados factores de riesgo. Por ejemplo, se miden las concentraciones de glucosa, colesterol y triglicéridos en sangre. Los médicos también pueden hacer estas pruebas como parte del examen anual de rutina en adultos.

Prueba analítica

Personas sin síntomas (cribado)

En niños sin factores de riesgo significativos, se recomienda que el cribado de obesidad comience a los 2 a 6 años, el cribado de presión arterial a los 3 años, y el cribado de lípidos a los 9 a 11 años.

En las personas con algunos factores de riesgo para la ateroesclerosis pero sin síntomas, los médicos suelen indicar análisis de sangre para medir los niveles de glucosa, colesterol y triglicéridos en la sangre. Estas pruebas forman parte de las exploraciones anuales de rutina de las personas adultas.

Algunos médicos recomiendan el uso de TC para detectar placa endurecida (calcificada) en las arterias coronarias, y para medir la cantidad de calcio en las arterias que suministran sangre al corazón. El resultado de esta prueba se denomina índice de calcio.

Prevención y tratamiento de la ateroesclerosis

  • Cambios en el estilo de vida para reducir el riesgo de ateroesclerosis, sus complicaciones o la muerte

  • A veces medicación, procedimientos basados en catéter o cirugía

Para ayudar a prevenir la ateroesclerosis es necesario:

Las personas que fuman activamente o consumen tabaco deben dejar de hacerlo, con independencia del tiempo que hayan estado fumando. Los beneficios de abandonar el tabaco comienzan de inmediato y aumentan a lo largo del tiempo. Una combinación de terapia de reemplazo de nicotina u otro medicamento con asesoramiento puede ayudar.

Hacer cambios dietéticos saludables puede ayudar a reducir el riesgo de ateroesclerosis. Estos cambios son:

  • Aumentar la cantidad de frutas, verduras, legumbres (frijoles), frutos secos, granos integrales y pescado que se consumen.

  • Comer menos grasas saturadas y trans (por ejemplo, mantequilla, grasas en carnes rojas y alimentos fritos, aceite de coco y palma), reemplazándolas por grasas más saludables (por ejemplo, aceite de oliva, aceite de pescado, aguacates, frutos secos)

  • Reducir la ingesta de sal

  • Reducir azúcares simples, carbohidratos refinados, bebidas azucaradas y carnes procesadas

  • Limitar el consumo de alcohol

Algunas recomendaciones específicas incluyen:

  • Ingesta de fibra: 30 a 45 gramos por día, preferiblemente de granos integrales

  • Consumo de frutas: Al menos 200 gramos por día (≥ 2 a 3 porciones)

  • Consumo de verduras: Al menos 200 gramos por día (≥ 2 a 3 porciones)

  • Frutos secos: 30 gramos de frutos secos sin sal al día

  • Consumo de carne roja: Reducción a menos de 350 a 500 gramos por semana

  • Consumo de pescado: 1 a 2 veces por semana.

La grasa es una parte esencial de la alimentación. La idea de que comer menos grasa es importante para mantener una dieta saludable es cierta solo parcialmente porque el tipo de grasa también es importante. Las grasas pueden ser blandas (o líquidas) o sólidas a temperatura ambiente. Las grasas blandas, como los aceites y algunas margarinas, tienden a contener más grasas poliinsaturadas y monoinsaturadas. Las grasas sólidas, como la mantequilla y la manteca vegetal, suelen tener concentraciones altas de grasas saturadas y de grasas trans. Este tipo de grasas tienen una tendencia mayor a causar ateroesclerosis. Por lo tanto, siempre que sea posible, se debe limitar la cantidad que se ingiere y, en su lugar, elegir alimentos con grasas monoinsaturadas o poliinsaturadas. Las grasas saturadas y las grasas trans se encuentran en la carne roja, en muchos artículos de comida rápida, en los productos lácteos con gran contenido de grasa (como el queso, la mantequilla y la crema) y en margarinas duras. Las grasas monoinsaturadas se encuentran en el aceite de oliva y en el de canola o colza, en margarinas blandas sin grasas trans, en los frutos secos y en las aceitunas. Las grasas poliinsaturadas se encuentran en pescados grasos y en ciertos frutos secos, semillas y aceites.

La inactividad física aumenta el riesgo de desarrollar enfermedad de las arterias coronarias, y el ejercicio regular, incluso en grado moderado, reduce este riesgo y disminuye el riesgo de muerte. El ejercicio en combinación con cambios en la dieta también permite modificar otros factores de riesgo de la ateroesclerosis, dado que disminuye la presión arterial y las concentraciones de colesterol, favorece la pérdida de peso y reduce la resistencia a la insulina.

Las personas que sufren hipertensión arterial deberían reducirla mediante cambios en el estilo de vida (incluida la reducción de sodio) y medicamentos. Si se padece diabetes, debe vigilarse rigurosamente la concentración de azúcar en sangre. Incluso en personas sin diabetes, reducir el consumo de azúcar puede disminuir el riesgo de ateroesclerosis.

Incluso una pequeña cantidad de consumo de alcohol está asociada con un mayor riesgo de enfermedad aterosclerótica, desafiando la creencia de que niveles bajos o moderados de consumo de alcohol pueden proteger contra enfermedades cardíacas. Para aquellos que continúan bebiendo alcohol, el consumo debe limitarse a menos de aproximadamente 1 bebida diaria para mujeres y 2 bebidas diarias para hombres, y se debe evitar el consumo excesivo de alcohol.

Las personas con riesgo elevado de ateroesclerosis podrían necesitar medicación. Los medicamentos útiles incluyen aquellos que reducen el colesterol (estatinas, ezetimiba, evolocumab y alirocumab) y, en algunos casos, aspirina u otros medicamentos que impiden que las plaquetas se adhieran entre sí y formen coágulos de sangre en los vasos sanguíneos. Las estatinas pueden causar dolor y debilidad muscular, y las personas pueden necesitar ser monitorizadas por estos y otros efectos adversos. Las personas con riesgo elevado de ateroesclerosis podrían necesitar medicación. Los medicamentos útiles incluyen aquellos que reducen el colesterol (estatinas, ezetimiba, evolocumab y alirocumab) y, en algunos casos, aspirina u otros medicamentos que impiden que las plaquetas se adhieran entre sí y formen coágulos de sangre en los vasos sanguíneos. Las estatinas pueden causar dolor y debilidad muscular, y las personas pueden necesitar ser monitorizadas por estos y otros efectos adversos.La aspirina y otros medicamentos dirigidos a las plaquetas pueden causar sangrado. También ayudan a reducir el riesgo de ateroesclerosis algunos medicamentos que se administran para tratar la hipertensión y algunos medicamentos indicados para la diabetes.

Tratamiento de los síntomas y complicaciones de la ateroesclerosis

Si la ateroesclerosis es tan grave que llega a causar síntomas o complicaciones, deben tratarse las complicaciones mismas.

A veces, cuando las placas están bloqueando una arteria, necesitan ser tratadas con procedimientos basados en catéter (o cirugía con apertura del vaso sanguíneo para restaurar el flujo sanguíneo). Durante la cateterización, puede ser necesario colocar un stent, un pequeño tubo de malla, para mantenerlo abierto y asegurar un flujo sanguíneo adecuado. Los médicos pueden realizar una cirugía de bypass de arteria coronaria en la que toman un vaso sanguíneo saludable de otra parte del cuerpo (como las piernas o el brazo) y lo usan para crear un nuevo camino alrededor de una arteria bloqueada en el corazón para mejorar el flujo sanguíneo.

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