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Diabetes mellitus

Por

Erika F. Brutsaert

, MD, New York Medical College

Última revisión completa may. 2019
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Datos clave
NOTA: Esta es la versión para el público general. MÉDICOS: Hacer clic aquí para la versión para profesionales
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La diabetes mellitus es un trastorno en el que la glucemia (concentración de azúcar o glucosa en sangre) es excesivamente alta porque el organismo no segrega suficiente insulina para satisfacer su propia demanda.

  • La micción y la sed aumentan y se adelgaza sin pretenderlo.

  • La diabetes causa daños neurológicos y sensibilidad alterada.

  • También daña los vasos sanguíneos e incrementa el riesgo de infarto de miocardio, de accidente cerebrovascular (ictus, infarto cerebral, derrame cerebral), de enfermedad renal crónica y de pérdida de visión.

  • El diagnóstico se realiza midiendo la glucemia.

  • Las personas con diabetes deben seguir una dieta saludable que sea baja en carbohidratos refinados (incluido el azúcar), grasas saturadas y alimentos procesados. También necesitan practicar ejercicio y, por lo general, tomar medicamentos que reduzcan la glucemia.

La diabetes mellitus es un trastorno en el cual la cantidad de azúcar en la sangre es más elevada de lo normal. Se suele utilizar el término «diabetes mellitus», y no sencillamente «diabetes», para designar esta enfermedad con el fin de distinguirla de la diabetes insípida. La diabetes insípida es un trastorno relativamente poco frecuente que no afecta a la glucemia, pero que también origina un mayor volumen de orina (poliuria).

Azúcar en sangre

Los tres principales nutrientes que componen la mayoría de los alimentos son los carbohidratos, las proteínas y la grasa. Los azúcares son uno de los tres tipos de carbohidratos, junto con el almidón y la fibra.

Existen muchos tipos de azúcares. Algunos son simples y otros complejos. La sacarosa (azúcar de mesa) está constituida por dos azúcares más simples llamados glucosa y fructosa. La lactosa (azúcar de la leche) está formada por glucosa y por un azúcar simple llamado galactosa. Los carbohidratos de los almidones, como el pan, la pasta, el arroz y otros alimentos similares son cadenas largas formadas por distintas moléculas de azúcar simple. Antes de que el organismo pueda absorber la sacarosa, la lactosa, los carbohidratos y otros azúcares complejos, las enzimas del tubo digestivo deben descomponerlos en azúcares simples.

Por lo general, cuando el cuerpo absorbe los azúcares simples, los transforma todos en glucosa, que es un combustible importante del organismo. La glucosa es el azúcar que se desplaza por el torrente sanguíneo y que las células recogen. El cuerpo también puede producir glucosa a partir de grasas y proteínas. «Azúcar» en sangre quiere decir, en realidad, glucosa en sangre.

¿Sabías que...?

  • «Azúcar» en sangre quiere decir, en realidad, glucosa en sangre.

Insulina

La insulina, una hormona secretada por el páncreas (un órgano situado detrás del estómago que también produce enzimas digestivas), regula la cantidad de glucosa presente en la sangre. La glucosa del torrente sanguíneo estimula al páncreas para que produzca insulina. Esta insulina ayuda a que la glucosa pase de la sangre a las células. Una vez en el interior de las células, se convierte en energía de uso inmediato o se almacena como grasa o como glucógeno hasta que sea necesaria.

En condiciones normales, la glucemia varía a lo largo del día aumenta después de cada comida y vuelve a los niveles previos a la comida durante las 2 horas siguientes. Cuando los niveles de glucosa vuelven a los anteriores a la comida, la producción de insulina disminuye. La variación en la glucemia suele encontrarse dentro de un intervalo reducido, alrededor de 70 a 110 miligramos por decilitro (mg/dL) o 3,9 a 6,1 milimoles por litro (mmol/L) de sangre en condiciones normales. Si se ingiere una gran cantidad de carbohidratos, la glucemia aumenta, como también lo hace después de cumplir los 65 años de edad, sobre todo después de comer.

Si el organismo no produce la insulina necesaria para transportar la glucosa a las células o si las células dejan de reaccionar con normalidad ante la insulina (llamada resistencia a la insulina), la alta concentración sanguínea de glucosa resultante (hiperglucemia) sumada a una cantidad inadecuada de glucosa en las células, da lugar a los síntomas y a las complicaciones de la diabetes.

Tipos de diabetes

Prediabetes

La prediabetes es un trastorno en el que la concentración de glucosa en sangre es demasiado alta para ser considerada normal, pero no lo suficiente para ser catalogada como diabetes. Se padece prediabetes cuando la glucemia en ayunas se encuentra entre 100 mg/dL (5,6 mmol/L) y 125 mg/dL (6,9 mmol/L) o cuando la glucemia 2 horas después de una prueba de tolerancia a la glucosa se encuentra entre 140 mg/dL (7,8 mmol/L) y 199 mg/dL (11,0 mmol/L). La prediabetes conlleva un mayor riesgo de diabetes en el futuro, así como de cardiopatías. Perder del 5% al 10% del peso corporal mediante una alimentación adecuada y ejercicio reduce de forma considerable el riesgo de padecer diabetes en el futuro.

Diabetes de tipo 1

En la diabetes de tipo 1 (antes denominada diabetes insulinodependiente o diabetes de inicio juvenil), el sistema inmunitario del organismo ataca las células del páncreas productoras de insulina, y más del 90% de estas células son destruidas de forma permanente. El páncreas, por lo tanto, produce poca o ninguna insulina. Solo en torno al 5-10% de todas las personas con diabetes padecen la enfermedad de tipo 1. En la mayoría de ellas, la enfermedad se manifiesta antes de los 30 años, aunque también puede aparecer más tarde.

Los científicos creen que un factor ambiental (posiblemente una infección vírica o un factor nutricional en la infancia o en los primeros años de la edad adulta) provoca que el sistema inmunitario destruya las células pancreáticas productoras de insulina. Una predisposición genética hace que algunas personas sean más vulnerables que otras a los factores ambientales.

Diabetes de tipo 2

En la diabetes de tipo 2 (antes denominada diabetes no dependiente de la insulina o diabetes de inicio adulto), el páncreas a menudo continúa produciendo insulina, algunas veces incluso a niveles superiores a los normales, en especial al principio de la enfermedad. Sin embargo, el organismo desarrolla resistencia a los efectos de la insulina, por lo que no hay suficiente insulina para satisfacer los requerimientos corporales. A medida que la diabetes de tipo 2 progresa, la capacidad de producir insulina del páncreas disminuye.

La diabetes de tipo 2 solía ser poco habitual en niños y en adolescentes, pero la incidencia es cada vez mayor. Sin embargo, lo habitual es que comience a partir de los 30 años y se vuelva más frecuente con la edad. Alrededor del 26% de las personas mayores de 65 años padece diabetes de tipo 2. Ciertos grupos de ascendencias presentan un riesgo mayor de padecer diabetes de tipo 2: los afroamericanos, los americanos de origen asiático, los indios americanos y las personas con antepasados españoles o latinoamericanos que viven en Estados Unidos presentan un riesgo hasta dos y tres veces mayor que las personas de ascendencia caucásica. También existe una predisposición hereditaria a sufrir diabetes de tipo 2.

La obesidad es el principal factor de riesgo de la diabetes de tipo 2; entre el 80% y el 90% de las personas con este trastorno tienen sobrepeso u obesidad. Dado que la obesidad produce resistencia a la insulina, las personas obesas necesitan grandes cantidades de insulina para mantener una concentración normal de glucosa en la sangre.

Ciertos trastornos y algunos fármacos alteran la forma en que el organismo utiliza la insulina, lo que da lugar a una diabetes de tipo 2.

Algunos ejemplos de estados (condiciones) habituales que dan lugar a una utilización deficiente de la insulina son

La diabetes también aparece cuando se produce una cantidad excesiva de hormona del crecimiento (acromegalia) y cuando existen ciertos tumores secretores de hormonas. Igualmente, la pancreatitis grave o recurrente y otros trastornos que dañan directamente el páncreas pueden producir diabetes.

Síntomas

Los dos tipos de diabetes pueden producir síntomas muy similares si la concentración de glucosa en sangre es significativamente elevada.

Los síntomas de hiperglucemia (niveles sanguíneos de glucosa elevados) incluyen

  • Aumento de la sed

  • Aumento de la micción

  • Aumento del hambre

La glucosa pasa a la orina cuando su concentración sanguínea aumenta de 160 mg/dL a 180 mg/dL (8,9 a 10,0 mmol/L). Si la concentración de glucosa en la orina alcanza valores incluso más altos, los riñones secretan una cantidad adicional de agua para diluir la abundancia de glucosa. Dado que los riñones producen demasiada orina, existe poliuria (micción abundante y frecuente), que, a su vez, provoca polidipsia (sed excesiva). Puede haber adelgazamiento debido a la pérdida excesiva de calorías en la orina. A modo de compensación, se siente un hambre exagerada.

Otros síntomas de diabetes son

  • Visión borrosa

  • Somnolencia

  • Náuseas

  • Disminución de la resistencia durante el ejercicio

Diabetes de tipo 1

En la diabetes de tipo 1, los síntomas suelen comenzar bruscamente y de modo notorio. A partir de ella, puede desarrollarse rápidamente un trastorno denominado cetoacidosis diabética, una complicación en la que el cuerpo produce un exceso de ácido. Además de los síntomas habituales de la diabetes consistentes en la sed y la micción excesiva, los síntomas iniciales de la cetoacidosis diabética incluyen además náuseas, vómitos, fatiga y, sobre todo en los niños, dolor abdominal. La respiración se vuelve rápida y profunda, debido a que el organismo intenta corregir la acidez de la sangre (véase Acidosis), y el aliento tiene un olor afrutado y parecido al del producto utilizado para limpiar la laca de uñas. Sin tratamiento, la cetoacidosis diabética evoluciona hasta el coma y la muerte, a veces en cuestión de horas.

Tras el inicio de la diabetes tipo 1, algunas personas tienen una fase, larga pero temporal, en la que sus niveles de glucosa son casi normales (fase de luna de miel), debido a una recuperación parcial de la producción de insulina.

Diabetes de tipo 2

En la diabetes de tipo 2 puede no haber síntomas durante años o décadas antes del diagnóstico. Los síntomas son leves. Al principio, el aumento de la micción y de la sed es leve, pero empeora de forma gradual a lo largo de semanas o de meses. Finalmente, se siente una fatiga extrema, es probable que la visión sea borrosa y puede haber deshidratación.

A veces, durante las primeras fases de la diabetes, la concentración de glucosa en sangre es extremadamente baja, un trastorno denominado hipoglucemia.

Dado que en la diabetes de tipo 2 se produce algo de insulina, no suele desarrollarse cetoacidosis, ni siquiera si no se recibe tratamiento durante mucho tiempo. Con muy poca frecuencia, la concentración de glucosa en sangre aumenta de forma considerable (incluso más de 1000 mg/dL [55,5 mmol/L]). Estas altas concentraciones suelen ser el resultado de algún tipo de estrés sobreañadido, como en el caso de una infección o de la ingesta de algún fármaco. Cuando las concentraciones de glucosa en sangre son muy elevadas, aparece deshidratación grave que puede ocasionar confusión mental, somnolencia y convulsiones, una afección denominada estado hiperglucémico hiperosmolar. En la actualidad, la mayoría de los diagnósticos de diabetes de tipo 2 se deben a análisis rutinarios de glucosa en sangre que se realizan antes de que la hiperglucemia sea sumamente grave.

Complicaciones de la diabetes

La diabetes daña los vasos sanguíneos, haciendo que se estrechen y por lo tanto se restrinja el flujo sanguíneo. Dado que los vasos sanguíneos de todo el cuerpo se ven afectados, las personas pueden presentar muchas complicaciones de la diabetes. Muchos órganos pueden verse afectados, en particular los siguientes:

La presencia de altos niveles de glucosa en la sangre también provoca alteraciones en el sistema inmunitario del cuerpo, por lo que las personas con diabetes mellitus son particularmente susceptibles a infecciones bacterianas y fúngicas.

Diagnóstico

  • Determinación de la concentración de la glucosa en la sangre (glucemia).

El diagnóstico de diabetes se basa en la presencia de concentraciones sanguíneas de glucosa (glucemia) inusualmente altas. Se lleva a cabo una detección sistemática, o cribado, dirigido a las personas consideradas de riesgo de diabetes, pero que no presentan síntomas.

¿Sabías que...?

  • Muchas personas tienen diabetes de tipo 2 sin saberlo.

Determinación de los niveles de glucosa en sangre

También se comprueba la glucemia si se refieren síntomas de diabetes, como aumento de la sed, de la micción o del apetito. De forma adicional, se mide la glucemia si existen trastornos que pueden ser complicaciones de la diabetes, como infecciones frecuentes, úlceras en los pies e infecciones por levaduras.

Para medir la glucemia, se obtiene una muestra de sangre en ayunas, es decir, sin haber comido nada desde la noche anterior. Sin embargo, es posible tomar muestras de sangre después de la comida. En este caso, se considera normal cierto aumento en la glucemia, pero incluso entonces los valores no deben ser muy altos. El valor de la glucemia en ayunas no debe superar los 125 mg/dL (6,9 mmol/L). Incluso después de comer, este valor no debe superar los 199 mg/dL (11,0 mmol/L).

Hemoglobina A1C

También se mide la concentración sanguínea de una proteína, la hemoglobina A1C (llamada hemoglobina glucosilada o glicosilada). La hemoglobina es una sustancia de color rojo, que transporta el oxígeno en los glóbulos rojos (eritrocitos). Cuando la sangre está expuesta a hiperglucemia durante un tiempo, la glucosa se une a la hemoglobina y forma hemoglobina glucosilada. La concentración de hemoglobina A1C (fracción de la hemoglobina sujeta a A1C) refleja la tendencia de la glucemia a largo plazo y no su comportamiento ante cambios rápidos.

Medir la hemoglobina A1C permite diagnosticar la diabetes si el análisis se realiza en un laboratorio certificado (no con instrumentos domésticos ni en un consultorio privado). Si la concentración de hemoglobina A1C es del 6,5% o más, se padece diabetes, pero si la concentración se encuentra entre el 5,7% y el 6,4%, se diagnostica prediabetes.

Prueba de tolerancia oral a la glucosa

Se puede realizar otro tipo de análisis de sangre, una prueba de tolerancia oral a la glucosa, en ciertas situaciones, como cuando se efectúan pruebas de cribado de la diabetes gestacional en mujeres embarazadas o si se trata de personas de edad avanzada que tienen síntomas de diabetes, pero cuya glucemia en ayunas es normal. No obstante, no es una prueba que se realice de forma rutinaria para detectar la diabetes ya que es muy engorrosa.

Consiste en obtener una muestra de sangre para medir la glucemia en ayunas y, a continuación, dar a beber al paciente una solución especial que contiene una cantidad alta y precisa de glucosa. Durante las 2 o 3 horas siguientes se obtienen varias muestras de sangre, que se analizan para determinar si la glucemia aumenta de forma anómala.

Pruebas de detección de la diabetes

A menudo, la glucemia se comprueba en el transcurso de una exploración física periódica. La comprobación anual de la glucemia es especialmente importante a edad avanzada, ya que la frecuencia de la diabetes aumenta en este grupo etario. Es posible tener diabetes, en particular del tipo 2, e ignorarlo.

No existen pruebas de rutina para realizar el cribado de la diabetes tipo 1, ni siquiera en personas con alto riesgo de desarrollarla (como hermanos/as o hijos/as de personas con diabetes tipo 1). Sin embargo, es particularmente importante hacer las pruebas de detección en personas con riesgo de diabetes tipo 2, incluyendo

  • Personas de más de 45 años de edad

  • Tener prediabetes

  • Personas con sobrepeso o obesas

  • Tener un estilo de vida sedentario

  • Personas con la presión arterial alta y/o un trastorno de los lípidos, como el colesterol alto

  • Tener enfermedad cardiovascular

  • Personas con antecedentes familiares de diabetes

  • Mujeres que presentaron diabetes durante el embarazo o tuvieron un bebé que pesó más de 4 kg al nacer

  • Personas de ascendencia afroamericana, nativa americana, latinoamericana o asiático-americana.

Las personas con estos factores de riesgo deben ser examinadas para descartar la presencia de diabetes al menos una vez cada tres años. El riesgo de diabetes se puede estimar usando calculadoras de riesgo en línea. Los médicos pueden medir los niveles de hemoglobina A1C y de glucosa en sangre en ayunas, o hacer una prueba de tolerancia oral a la glucosa. Si los resultados de las pruebas están en la frontera entre lo normal y lo anormal, los médicos hacen las pruebas de detección más a menudo, al menos una vez al año.

Tratamiento

  • Dieta

  • Ejercicio

  • Pérdida de peso

  • Educación

  • En la diabetes tipo 1, inyecciones de insulina

  • En la diabetes tipo 2, a menudo fármacos de administración oral y, a veces, inyecciones de insulina u otros fármacos

La alimentación, el ejercicio y la educación son los pilares del tratamiento de la diabetes y, a menudo, las primeras recomendaciones que se dan cuando se diagnostica diabetes leve. En personas con sobrepeso, es importante adelgazar. Las personas que continúan presentando concentraciones elevadas de glucosa en sangre a pesar de los cambios en el estilo de vida o cuya glucemia es muy elevada o sufren diabetes de tipo 1 (sin importar el valor de la glucemia) también necesitan tomar medicamentos.

Puesto que es menos probable que aparezcan complicaciones de la diabetes si la glucemia se controla de forma estricta, el objetivo del tratamiento consiste en mantener los valores glucémicos lo más cerca posible del intervalo normal.

El tratamiento de la hipertensión arterial y de las concentraciones altas de colesterol, que contribuyen a causar problemas circulatorios, también evita algunas de las complicaciones de la diabetes. A las personas que presentan factores de riesgo para cardiopatía se les recomienda tomar a diario una dosis baja de aspirina (ácido acetilsalicílico). A todas las personas con diabetes que tengan entre 40 y 75 años se les administran estatinas (un fármaco para reducir los niveles de colesterol) independientemente de los valores a los que se encuentren dichos niveles. Las personas menores de 40 años o mayores de 75 años con un riesgo elevado de enfermedad cardíaca también deberían tomar una estatina.

Es útil llevar o usar una identificación médica (como una pulsera o una etiqueta) para alertar a los profesionales de la salud de que se padece diabetes. De esta forma, pueden administrar de inmediato un tratamiento para salvar la vida, sobre todo, en caso de traumatismos o de alteraciones del estado mental.

La cetoacidosis diabética y el estado hiperglucémico hiperosmolar constituyen una urgencia médica, porque pueden causar coma y la muerte. El tratamiento es similar para ambos y se centra en la administración de líquidos intravenosos e insulina.

Objetivos del tratamiento de la diabetes

Los expertos recomiendan que las personas mantengan sus niveles de glucosa en sangre

  • Entre 80 y 130 mg/dL (4,4 y 7,2 mmol/L) en ayunas (antes de las comidas)

  • Por debajo de 180 mg/dL (10,0 mmol/L) 2 horas después de las comidas

La concentración de hemoglobina A1C debe ser inferior al 7%.

Dado que un tratamiento agresivo para lograr lo anterior aumenta el riesgo de que la glucemia baje demasiado (hipoglucemia), estos objetivos se modifican en los casos en que no es deseable que aparezca hipoglucemia, como en las personas de edad avanzada.

Otros objetivos consisten en mantener la presión arterial sistólica por debajo de 140 mm Hg y la presión arterial diastólica inferior a 90 mm Hg. Para las personas diabéticas que sufren cardiopatías o que presentan un riesgo elevado de sufrirlas, el objetivo es que la presión arterial sea inferior a 130/80 mm Hg.

Tratamiento general de la diabetes

Si se padece diabetes, es muy beneficioso leer información sobre este trastorno y entender que tanto la alimentación como el ejercicio influyen en la glucemia, además de conocer la manera de evitar complicaciones. El personal de enfermería que haya recibido formación en diabetes puede informar sobre la alimentación, el ejercicio, el control de la glucemia y el tratamiento farmacológico.

Si se padece diabetes, se debe dejar de fumar y consumir solo cantidades moderadas de alcohol (hasta una bebida al día en el caso de las mujeres y dos en el de los hombres).

Dieta para personas con diabetes

La alimentación es muy importante en ambos tipos de diabetes mellitus, por lo que es recomendable alimentarse de forma sana y equilibrada y esforzarse por mantener un peso saludable. Si se padece diabetes, es muy beneficioso acudir a un nutricionista o a un experto en diabetes que ayude a elaborar un plan de alimentación óptimo. Este plan incluye evitar azúcares simples y alimentos procesados, aumentar la fibra dietética, limitar las porciones de alimentos ricos en carbohidratos y las de alimentos grasos (especialmente grasas saturadas). Las personas que estén tomando insulina deben evitar dejar pasar periodos largos entre comidas para prevenir la hipoglucemia. Aunque las proteínas y las grasas de la dieta contribuyen a la cantidad de calorías ingeridas por una persona, sólo el número de carbohidratos tiene un efecto directo en los niveles sanguíneos de glucosa. La American Diabetes Association ofrece muchos consejos útiles sobre los tipos de dieta (tips on diet), incluyendo recetas. Incluso cuando se sigue una dieta adecuada, es necesario tomar medicamentos para reducir el colesterol para disminuir el riesgo de enfermedades cardíacas.

Las personas con diabetes tipo 1 y ciertas personas con diabetes tipo 2 pueden usar el recuento de carbohidratos o el sistema de intercambio de carbohidratos para equilibrar la dosis de insulina y el contenido de carbohidratos ingeridos. El recuento de la cantidad de carbohidratos en una comida se utiliza para calcular la cantidad de insulina que la persona se administra antes de comer. Sin embargo, la proporción entre carbohidratos e insulina (la cantidad de insulina administrada por cada gramo de carbohidrato en la comida) es diferente para cada persona, y las personas con diabetes necesitan trabajar en estrecha colaboración con un dietista que tenga experiencia en el trabajo con personas con diabetes para llegar a dominar la técnica. Algunos expertos han aconsejado el uso del índice glucémico (una medida del impacto que tiene la ingesta de un alimento que contenga carbohidratos en los niveles sanguíneos de glucosa) para distinguir entre los carbohidratos de metabolismo rápido y los de metabolismo lento, aunque existen pocas pruebas que apoyen este enfoque.

Ejercicio para personas diabéticas

Practicar una cantidad adecuada de ejercicio (al menos 150 minutos por semana repartidos en unos tres días) contribuye a controlar el peso y a mejorar las concentraciones de glucosa en sangre. Dado que la glucemia disminuye durante el ejercicio, se debe estar alerta por si aparecen síntomas de hipoglucemia. En ocasiones, al practicar ejercicio durante un tiempo prolongado, es necesario tomar un pequeño aperitivo, disminuir la dosis habitual de insulina, o ambos.

Pérdida de peso para personas con diabetes

Muchas personas, especialmente las personas con diabetes tipo 2, tienen sobrepeso u obesidad. El hecho de alcanzar y mantener un peso saludable permite a algunas personas con diabetes de tipo 2 evitar o retrasar la necesidad de tratamiento farmacológico. La pérdida de peso también es importante en estas personas porque el exceso de peso contribuye a las complicaciones de la diabetes. Cuando las personas con diabetes tienen problemas para perder peso valiéndose únicamente de dieta y ejercicio, el médico puede recetarles medicamentos para perder peso o recomendar que se sometan a una cirugía bariátrica (cirugía para adelgazar).

Prevención de complicaciones de la diabetes

El cuidado adecuado de los pies y los exámenes oculares regulares pueden ayudar a prevenir o retrasar la aparición de las complicaciones relacionadas con la diabetes. Las personas con diabetes se vacunan contra Streptococcus pneumoniae, y los médicos suelen recomendar que reciban la vacuna anual contra la gripe, dado que dichas personas están en riesgo de infección.

¿Sabías que...?

Tratamiento farmacológico de la diabetes

Existen muchos fármacos utilizados para tratar la diabetes. Las personas con diabetes tipo 1 requieren inyecciones de insulina para reducir los niveles de glucosa en la sangre. La mayoría de las personas con diabetes tipo 2 necesitan medicamentos por vía oral para reducir los niveles de glucosa en sangre, pero algunas también requieren insulina u otros fármacos inyectables.

Supervisión del tratamiento de la diabetes

Controlar la glucemia es una parte esencial del tratamiento antidiabético. La monitorización de la glucemia proporciona la información necesaria para hacer los ajustes requeridos en los medicamentos, la dieta y los regímenes de ejercicio. Resulta muy perjudicial esperar a que aparezcan síntomas de hipoglucemia o de hiperglucemia.

Muchos factores provocan cambios en la glucemia:

  • Dieta

  • Ejercicio

  • Estrés

  • Enfermedades

  • Fármacos o sustancias

  • Distintos momentos del día

La glucemia puede dispararse después de comer alimentos con muchos carbohidratos sin que se fuera consciente de su contenido. El malestar psíquico, las infecciones y muchos fármacos tienden a provocar hiperglucemia. Es común que la glucemia sea más alta en las primeras horas de la mañana debido a la liberación normal de hormonas (hormona del crecimiento y cortisol), una reacción denominada fenómeno del alba o del amanecer. La glucosa en sangre aumenta de forma significativa cuando el organismo libera determinadas hormonas en respuesta a una hipoglucemia (efecto de Somogyi). El ejercicio puede disminuir considerablemente la glucemia.

Control de los niveles de glucosa en la sangre (glucemia)

La glucemia se mide fácilmente en casa o en cualquier lugar.

En la mayoría de los casos, se usa una punción digital para el análisis de glucosa para controlar la glucemia. La mayoría de los dispositivos de medición (glucómetros) requieren una gota de sangre que se obtiene pinchando la punta del dedo con una pequeña lanceta. Esta lanceta tiene una aguja minúscula con la que se pincha el dedo o que puede alojarse en un dispositivo con un resorte que la introduce en la piel de manera más fácil y rápida. En general, se considera que el pinchazo solo causa molestias mínimas. Después, se coloca una gota de sangre en una tira reactiva. La tira contiene sustancias químicas que experimentan cambios dependiendo del nivel de glucosa. El glucómetro lee estos cambios e informa del resultado en un monitor digital. Algunos dispositivos permiten que la muestra de sangre se obtenga de otros lugares, como la palma de la mano, el antebrazo, el brazo, el muslo o la pantorrilla. Los glucómetros son más pequeños que una baraja de naipes.

En los sistemas de monitorización continua de la glucosa se coloca un pequeño sensor de glucosa debajo de la piel. El sensor mide los niveles de glucosa en sangre cada pocos minutos. Hay dos tipos de monitorización continua de la glucosa, con diferentes propósitos:

  • Profesional

  • Personal

Los sistemas de monitorización continua de la glucosa profesionales recaban información continua sobre la glucemia durante un período de tiempo (de 72 horas hasta 14 días). Los proveedores de atención médica usan esta información al recomendar el tratamiento. Los sistemas de monitorización continua de la glucosa profesionales no proporcionan datos a la persona con diabetes.

Los sistemas de monitorización continua de la glucosa personales son utilizados por la persona y proporcionan en tiempo real los datos de glucemia, en un pequeño monitor portátil o en un teléfono inteligente conectado. Se pueden configurar alarmas en el sistema de sistemas de monitorización continua de la glucosa para que suenen cuando los valores de la glucemia bajen o suban demasiado, de manera que se puedan detectar con rapidez posibles cambios preocupantes en la glucemia.

Anteriormente, los sistemas de monitorización continua de la glucosa debían ser calibrados frecuentemente mediante punciones digitales para el análisis de glucosa. Además, sus resultados no eran lo suficientemente precisos, por lo que siempre había que hacer una prueba de punción digital para verificar una lectura en el sistemas de monitorización continua de la glucosa antes de calcular una dosis de insulina (por ejemplo, antes de las comidas o para corregir una hiperglucemia). Sin embargo, los avances tecnológicos recientes han mejorado los sistemas de monitorización continua de la glucosa y garantizan seguir haciéndolo en un futuro próximo. Actualmente se pueden usar hasta 14 días seguidos, a menudo no requieren calibración y se pueden usar para la dosificación de insulina sin confirmación de glucosa por punción digital. Por último, en la actualidad existen sistemas en los que el dispositivo de monitorización continua de la glucosa se comunica con las bombas de insulina para detener la entrega de insulina cuando los niveles de glucosa en sangre empiezan a disminuir (suspensión en el nivel umbral) o para administrar insulina diariamente (sistema de bucle cerrado híbrido).

Son particularmente útiles en determinadas circunstancias, como cuando la glucemia cambia de manera rápida y frecuente (sobre todo, si en ocasiones los valores pueden llegar a ser muy bajos) en presencia de diabetes de tipo 1, y estos cambios se detectan con dificultad en la prueba de punción en el dedo.

En la mayoría de los casos, se debe llevar un registro de la glucemia e informar al médico o al personal de enfermería, quienes asesorarán sobre la mejor forma de adaptar la dosis de insulina o del antihiperglucemiante oral. Por lo general, se aprende a ajustar la dosis de insulina por cuenta propia cuando sea necesario. Es posible que algunas personas con diabetes tipo 2 leve o temprana que estén bien controladas con uno o dos fármacos sólo necesiten controlarse la glucemia mediante punción digital de vez en cuando.

Aunque se pueden realizar análisis de orina para detectar la presencia de glucosa, no es un buen método para supervisar el tratamiento ni para ajustarlo. Los análisis de orina pueden conducir a error porque es probable que la cantidad de glucosa en la orina no refleje la concentración de glucosa en sangre en un determinado momento. La glucemia puede disminuir o aumentar notablemente sin que se detecte ningún cambio en los niveles de glucosa en la orina.

Hemoglobina A1C

El tratamiento se supervisa mediante un análisis de sangre denominado determinación de la hemoglobina A1C (fracción de la hemoglobina sujeta a glucosilación). Si existe hiperglucemia, los cambios se detectan en la hemoglobina, la proteína que transporta el oxígeno en la sangre. Estas alteraciones son directamente proporcionales a la glucemia durante un periodo prolongado. Cuanto mayor sea la concentración de hemoglobina A1C, más elevados han sido los niveles de glucosa. De este modo, a diferencia de la medición de glucosa en la sangre que revela el valor en un momento determinado, la medición de la hemoglobina A1C pone de manifiesto si se ha controlado la glucemia en los meses anteriores.

Cuando se padece diabetes, el objetivo consiste en alcanzar un nivel de hemoglobina A1C inferior al 7%. Alcanzar este nivel es difícil, aunque cuanto más bajo sea el valor de la hemoglobina A1C, menor es la probabilidad de sufrir complicaciones. Los médicos pueden recomendar un objetivo ligeramente más alto o más bajo para ciertas personas, en función de su estado de salud en particular. Sin embargo, los valores superiores al 9% denotan un escaso control, y los que son superiores al 12% muestran un control muy deficiente. Se suele recomendar que la hemoglobina A1C se mida cada 3 a 6 meses.

Fructosamina

La fructosamina, un aminoácido que se ha unido con la glucosa, también es útil para medir la glucemia durante unas pocas semanas, y se suele utilizar cuando los resultados de la hemoglobina A1C no son fiables, como en los casos en los que existen formas anómalas de hemoglobina.

Trasplante pancreático

Las personas con diabetes tipo 1 a veces reciben un trasplante del páncreas entero o sólo de las células productoras de insulina procedentes de un páncreas donante. Este procedimiento puede permitir que las personas con diabetes mellitus tipo 1 mantengan niveles normales de glucosa. Sin embargo, dado que deben administrarse fármacos inmunosupresores para evitar que el cuerpo rechace las células trasplantadas, el trasplante de páncreas suele llevarse a cabo únicamente en personas que tengan complicaciones graves causadas por la diabetes o que vayan a recibir otro órgano trasplantado (como por ejemplo un riñón) y por lo tanto requieran medicamentos inmunosupresores de todos modos.

Personas con dificultad para mantener los niveles de glucemia

El término diabetes lábil se ha utilizado para referirse a personas que sufren oscilaciones drásticas recurrentes en los niveles de glucosa en la sangre, a menudo sin razón aparente. Sin embargo, este término ya no se usa. Las personas con diabetes tipo 1 pueden presentar oscilaciones más frecuentes en los niveles de glucemia, dado que no producen insulina. Las infecciones, el retraso en el movimiento de los alimentos a través del estómago y otros trastornos hormonales también pueden contribuir a las oscilaciones de la glucemia. En todas las personas que tienen dificultad para controlar la glucemia, los médicos buscan otros trastornos que pudieran estar causando el problema, y también proporcionan formación adicional a las personas afectadas acerca de cómo controlar la diabetes y tomarse la medicación.

Personas mayores con diabetes

Las personas mayores deben seguir los mismos principios generales de control de la diabetes que los jóvenes: educación, alimentación, ejercicio y tratamiento farmacológico. Sin embargo, puede que el riesgo de hipoglucemia (una baja concentración de glucosa en sangre) asociada a un control estricto de la glucemia sea en realidad peligroso para las personas con múltiples problemas médicos.

Es más difícil controlar la diabetes a una edad avanzada. Cuando la vista no es buena, resulta más difícil leer los glucómetros y las escalas de dosificación en las jeringas de insulina. Se pueden tener problemas al manejar la jeringa, ya sea por artritis, por enfermedad de Parkinson o porque se ha sufrido un accidente cerebrovascular (ictus, infarto cerebral, derrame cerebral).

Educación

Además de aprender a conocer la diabetes en sí misma, las personas de edad avanzada deben aprender a coordinar el manejo de la diabetes junto con el de otros trastornos. Es especialmente importante que aprendan a prevenir complicaciones, como la deshidratación, la erosión de la piel y los trastornos circulatorios, y a controlar los factores que contribuyen a las complicaciones de la diabetes, como la hipertensión y los niveles altos de colesterol. Estos problemas son más frecuentes al envejecer, se tenga diabetes o no.

Dieta

Muchas personas mayores tienen dificultad para seguir una dieta saludable y equilibrada, que les permita controlar la glucemia y el peso. No es fácil cambiar las preferencias por ciertos alimentos y los hábitos dietéticos. Algunas personas de edad avanzada tienen otros trastornos que también guardan relación con la alimentación y no saben cómo integrar las recomendaciones dietéticas de los diversos trastornos.

En ocasiones, no pueden controlar lo que comen porque alguien cocina para ellos en casa, en una residencia geriátrica o en otra institución. Si no son ellas mismas las que se preparan la comida, es necesario que quienes compran y cocinan entiendan también la dieta que necesitan. Suele ser beneficioso que tanto ellas como sus cuidadores consulten con un nutricionista el plan de alimentación más viable y saludable.

Ejercicio

Las personas de edad avanzada pueden tener dificultades para incluir el ejercicio en su vida cotidiana, sobre todo si no han sido activas o si tienen algún trastorno que limita su movimiento, como la artritis. Sin embargo, es posible incorporar el ejercicio en la rutina habitual. Por ejemplo, pueden caminar en vez de conducir o subir las escaleras en lugar de tomar el ascensor. Además, muchas organizaciones comunitarias ofrecen programas de ejercicios diseñados para ellas.

Fármacos o sustancias

A algunas personas ancianas les resulta difícil tomar los antidiabéticos, sobre todo la insulina. Si los trastornos de la visión u otras afecciones les impiden llenar correctamente la jeringa, el cuidador puede prepararlas con antelación y guardarlas en el refrigerador. Si las dosis de insulina que se inyectan son estables, se pueden adquirir jeringas precargadas. Los bolígrafos de insulina precargados son más adecuados para personas con limitaciones físicas. Algunos de estos dispositivos tienen números grandes y selectores de fácil manipulación.

Control de los niveles de glucosa en la sangre (glucemia)

En las personas de edad avanzada, una visión deficiente, la limitación de la destreza manual por artritis, los temblores, los accidentes cerebrovasculares u otras limitaciones físicas dificultan la supervisión de la glucemia. Pero se pueden usar monitores especiales. Algunos tienen grandes pantallas numéricas que son más fáciles de leer; otros proporcionan instrucciones y resultados audibles, y los últimos miden la glucemia a través de la piel y no requieren que se extraiga una muestra de sangre. Se puede consultar a un especialista en diabetes al elegir el medidor más adecuado.

Hipoglucemia

La complicación más frecuente al tratar la hiperglucemia es la hipoglucemia. El riesgo es mayor en las personas de edad avanzada que se encuentran débiles, cuya enfermedad requiere hospitalización frecuente o que toman varios fármacos. De todos los antidiabéticos disponibles, las sulfonilureas de acción prolongada son las que presentan una probabilidad mayor de causar hipoglucemia. Cuando se toman estos fármacos, también existe una tendencia mayor a presentar síntomas graves debidos a la hipoglucemia, como desmayos y caídas y dificultad para pensar o para utilizar determinadas partes del cuerpo.

La hipoglucemia en las personas mayores puede ser menos evidente que en las personas más jóvenes. La confusión causada por la hipoglucemia se puede confundir con la demencia o el efecto sedante de los medicamentos. Además, las personas que tienen dificultad para comunicarse (como en caso de demencia o después de un accidente cerebrovascular) pueden no ser capaces de informar a nadie de sus síntomas.

Prevención

Diabetes de tipo 1

Ningún tratamiento previene la aparición de la diabetes mellitus tipo 1. Algunas drogas pueden inducir la remisión de la diabetes tipo 1 temprana en algunas personas, posiblemente porque evitan que el sistema inmune destruya las células del páncreas. Sin embargo, estos medicamentos provocan efectos secundarios que limitan su utilización.

Diabetes de tipo 2

La diabetes tipo 2 se puede prevenir con cambios en el estilo de vida. Las personas con sobrepeso que simplemente pierdan el 7 por ciento de su peso corporal y que aumenten la actividad física (por ejemplo, caminar 30 minutos al día) pueden disminuir el riesgo de diabetes mellitus en más del 50%. La metformina y la acarbosa, fármacos que se utilizan para tratar la diabetes, pueden reducir el riesgo de diabetes en personas con alteraciones en la regulación de la glucosa.

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