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Tratamiento con oxígeno (oxigenoterapia)

Por

Andrea R. Levine

, MD, University of Maryland School of Medicine;


Jason Stankiewicz

, MD, University of Maryland Medical Center

Última revisión completa mar. 2020
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NOTA: Esta es la versión para el público general. MÉDICOS: Hacer clic aquí para la versión para profesionales
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El oxígeno es un gas que constituye alrededor del 21% del aire que respiramos. Los pulmones toman el oxígeno del aire y lo transfieren al torrente sanguíneo (véase Intercambio de oxígeno y dióxido de carbono). Se necesita oxígeno para quemar el combustible y liberar energía, como en el motor de un automóvil. Del mismo modo, todos los tejidos vivos necesitan oxígeno para proporcionar energía al cuerpo. Sin el oxígeno suficiente, las células funcionan mal y finalmente mueren.

Muchas enfermedades, en particular las enfermedades pulmonares, reducen la cantidad de oxígeno en el torrente sanguíneo. En tales casos, la administración de oxígeno adicional puede resultar eficaz. Los médicos solían administrar oxígeno adicional a muchas personas enfermas. Sin embargo, las pruebas científicas han demostrado que el oxígeno no es útil a menos que la concentración de oxígeno de una persona sea realmente baja. En realidad, respirar demasiado oxígeno puede dañar los pulmones al cabo de un tiempo.

Para asegurarse de que el oxígeno se administra solo a las personas que lo necesitan, los médicos controlan la concentración de oxígeno en el torrente sanguíneo mediante un análisis de sangre o un sensor colocado en la punta del dedo (pulsioximetría). Una vez determinado el nivel de oxígeno, se ajusta su flujo (cuánto oxígeno necesita la persona afectada por minuto) mediante la oximetría.

Cuándo se utiliza oxígeno

Algunas personas que padecen enfermedad pulmonar crónica necesitan solo un breve periodo de tratamiento con oxigenoterapia cuando su enfermedad pulmonar atraviesa un periodo crítico. (Véase también Introducción a la rehabilitación pulmonar.) Otras personas cuyas concentraciones de oxígeno en la sangre son consistentemente bajas (como algunas personas con EPOC grave), pueden requerir oxigenoterapia constante.

La oxigenoterapia a largo plazo aumenta el tiempo de supervivencia de las personas con concentraciones de oxígeno muy bajas. Cuantas más horas al día de tratamiento con oxígeno, mejores son los resultados. Cuando el tratamiento con oxígeno se realiza durante 12 horas diarias, el tiempo de supervivencia aumenta (respecto a la no utilización de oxígeno). Las personas afectadas sobreviven aún más si se usa el oxígeno continuamente (24 horas al día). Sin embargo, en personas con concentraciones de oxígeno moderadas o ligeramente bajas debidas a una enfermedad pulmonar crónica, el uso a largo plazo de oxígeno no disminuye el riesgo de muerte. Aparte de los efectos sobre la mortalidad, el uso de oxígeno a largo plazo puede disminuir la dificultad respiratoria y reducir el sobreesfuerzo cardíaco que causa la enfermedad pulmonar. Tanto la calidad del sueño como la actividad física tienden a mejorar.

Algunas personas con enfermedad pulmonar crónica presentan valores bajos de oxígeno solo cuando realizan ejercicio físico. En este caso se puede limitar el uso de oxígeno a los periodos de esfuerzo. Otras personas presentan niveles bajos de oxígeno solo cuando duermen. En este caso se puede limitar el uso de oxígeno a las horas nocturnas.

Sistemas de suministro de oxígeno

La oxigenoterapia de larga duración dispone de tres sistemas de aplicación distintos:

  • Concentradores de oxígeno

  • Sistemas de oxígeno líquido

  • Sistemas de gas comprimido

Un concentrador de oxígeno es un dispositivo impulsado eléctricamente que separa el oxígeno del nitrógeno en el aire, permitiendo que una persona con enfermedad pulmonar reciba oxígeno purificado. La persona no necesita recibir suministros de oxígeno porque el sistema extrae oxígeno del aire de la sala. Aunque muchos de los dispositivos también funcionan con pilas, las personas afectadas deberían disponer de un suministro de oxígeno en caso de un fallo eléctrico o de batería.

Con un sistema de oxígeno líquido, el oxígeno se almacena en forma de líquido muy frío. Se puede almacenar mucho más oxígeno en forma de líquido que como gas, por lo que un recipiente de un tamaño determinado puede contener mucho más oxígeno líquido. A medida que se libera oxígeno líquido, vuelve a convertirse en gas y la persona puede respirarlo.

Con un sistema de gas comprimido, el oxígeno se almacena en un tanque metálico bajo presión y se libera a medida que la persona respira.

Los sistemas líquidos y de gas comprimido instalados dentro del hogar requieren grandes recipientes para almacenar el oxígeno. Estos tanques son rellenados periódicamente por una empresa de atención domiciliaria. Fuera del hogar se pueden emplear tanques pequeños y portátiles de oxígeno comprimido o líquido o bien un concentrador de oxígeno portátil. Cada sistema tiene sus ventajas e inconvenientes.

Las fuentes de oxígeno deben quedar bien cerradas cuando no estén en uso. El oxígeno es un gas inflamable y puede causar una explosión, por lo tanto es muy importante mantener los tanques lejos de cualquier fuente de ignición, como cerillas, calentadores o secadores de pelo. Nadie debe fumar en la casa cuando se está utilizando oxígeno.

Administración de oxígeno

El oxígeno se administra habitualmente a través de un tubo nasal doble (cánula) ya sea con flujo continuo o con un sistema a demanda. Para mejorar la eficiencia y aumentar la movilidad del paciente que requiere grandes cantidades de oxígeno complementario se pueden utilizar numerosos dispositivos, como cánulas reservorio y catéteres transtraqueales.

Cuando la persona espira, la cánula reservorio almacena oxígeno en una pequeña cámara y luego devuelve el oxígeno cuando la persona inspira.

Los sistemas a demanda solo suministran oxígeno cuando son activados por el usuario (por ejemplo, cuando inspira o cuando pulsa el dispositivo). No suministran oxígeno de forma continua. Algunos tienen pequeños depósitos o reservorios.

Un catéter transtraqueal es un pequeño catéter que se inserta a través de la piel directamente en la tráquea. Así, el oxígeno entra directamente en la tráquea. Por lo general, el médico o un terapeuta respiratorio instruye a la persona sobre el modo más adecuado de usar el oxígeno.

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