Estrellas naranjas

Introducción a la arteriopatía coronaria (coronariopatía)

Revisión completa: feb 2024 PorRanya N. Sweis, MD, MS, Northwestern University Feinberg School of Medicine | Arif Jivan, MD, PhD, Northwestern University Feinberg School of Medicine | Revisión de colegas realizada porJonathan G. Howlett, MD, Cumming School of Medicine, University of Calgary
Última actualización: ene 2026
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Datos clave

La arteriopatía coronaria (coronariopatía) es una enfermedad en la que el aporte de sangre al miocardio (músculo cardíaco) está bloqueado en parte o en su totalidad.

El miocardio necesita una irrigación constante de sangre con gran contenido en oxígeno. Las arterias coronarias, que se ramifican desde la aorta justo después de que esta salga del corazón, aportan esta sangre. La arteriopatía coronaria que provoca un estrechamiento en una o más de estas arterias puede bloquear el flujo sanguíneo, causando dolor torácico (angina) o un ataque al corazón (también llamado infarto de miocardio, o IM).

En los países de altos ingresos, la arteriopatía coronaria es la principal causa de muerte tanto en hombres como en mujeres, y representa cerca de un tercio de todos los fallecimientos. La arteriopatía coronaria, en particular la ateroesclerosis coronaria (literalmente, «endurecimiento de las arterias»), implica depósitos de grasa en las paredes de las arterias y puede progresar hasta estrechar e incluso bloquear el flujo sanguíneo en la arteria. La tasa de mortalidad aumenta con la edad y, en total, es más alta en los hombres que en las mujeres, sobre todo en edades comprendidas entre los 35 y los 55 años. Después de los 55 años, la mortalidad disminuye en el sexo masculino, mientras que en las mujeres continúa ascendiendo. Después de los 70 a 75 años, la tasa de mortalidad de las mujeres es similar a la de los hombres de la misma edad.

Aporte de sangre al corazón

Como ocurre con cualquier otro tejido del organismo, el músculo del corazón debe recibir sangre rica en oxígeno, y sus productos de desecho deben eliminarse también a través de esta. La arteria coronaria derecha y la arteria coronaria izquierda, que se ramifican de la aorta inmediatamente después de que esta sale del corazón, aportan al músculo cardíaco sangre rica en oxígeno. La arteria coronaria derecha se ramifica en la arteria marginal y en la arteria interventricular posterior, situada en la superficie posterior del corazón. La arteria coronaria izquierda (que se denomina normalmente arteria coronaria principal izquierda) se ramifica en las arterias circunfleja y descendente anterior izquierda. Las venas cardíacas recogen la sangre que contiene productos de desecho del músculo cardíaco y la descargan en una gran vena localizada en la parte posterior del corazón, denominada seno coronario, que devuelve la sangre a la aurícula derecha.

Causas de la arteriopatía coronaria

La arteriopatía coronaria casi siempre se debe a la acumulación gradual de depósitos de colesterol y de otras sustancias grasas (denominadas ateromas o placas ateroscleróticas) en la pared de una arteria coronaria. Este proceso se denomina ateroesclerosis y puede afectar a muchas arterias, no solo a las del corazón.

La razón más frecuente para la reducción anormal del flujo sanguíneo al corazón es

  • Ateroesclerosis

Entre otras causas de la reducción anormal del flujo sanguíneo al corazón se encuentran

  • El espasmo de una arteria coronaria, que puede ocurrir de manera espontánea o por el uso de ciertas drogas, como la cocaína y la nicotina

  • Disfunción endotelial, lo que significa que un vaso sanguíneo coronario no se dilata en respuesta a la necesidad de aumentar el flujo sanguíneo (como durante el ejercicio), lo que da como resultado un menor flujo de sangre del que el corazón necesita

  • Defectos congénitos (por ejemplo, anomalías de las arterias coronarias)

  • Disección de la arteria coronaria (un desgarro que se extiende por el revestimiento de una arteria coronaria)

  • Lupus eritematoso sistémico (lupus)

  • Inflamación de las arterias (arteritis)

  • Un coágulo de sangre que ha viajado desde una cavidad cardíaca hasta una de las arterias coronarias

  • Daño físico (debido a una lesión o a radioterapia)

Cuando un ateroma crece, puede formar una protuberancia dentro de la arteria, de modo que el interior (lumen) se estreche y el flujo sanguíneo quede bloqueado en parte. Con el tiempo, se acumula calcio en el ateroma. A medida que un ateroma obstruye cada vez más una arteria coronaria, el aporte de sangre con gran contenido de oxígeno al miocardio se vuelve insuficiente. Es más probable que esta irrigación sea inadecuada al realizar un esfuerzo, momento en que el miocardio requiere más sangre. Un aporte insuficiente de sangre al miocardio (sea por el motivo que sea) recibe el nombre de isquemia miocárdica. Si el corazón no recibe la sangre que necesita, ya no puede contraerse ni bombear la sangre con normalidad.

Un ateroma, aunque no interrumpa en gran medida el flujo sanguíneo, puede romperse de forma repentina. La rotura de un ateroma a menudo desencadena la formación de un coágulo de sangre (trombo). Dicho coágulo obstruye aún más el flujo sanguíneo en la arteria, o incluso puede llegar a interrumpirlo por completo y causar una isquemia miocárdica aguda. Las consecuencias de tal isquemia aguda se denominan síndromes coronarios agudos. Estos síndromes engloban la angina inestable y 2 tipos de infarto de miocardio, según la localización y el grado de interrupción del flujo. En un ataque al corazón, muere el área del músculo cardíaco irrigada por la arteria bloqueada (lo que se denomina infarto de miocardio).

Factores de riesgo de la arteriopatía coronaria

Algunos factores que contribuyen a la arteriopatía coronaria no pueden modificarse. Entre estos factores se incluyen los siguientes

  • Edad avanzada

  • Sexo masculino

  • Antecedentes familiares de arteriopatía coronaria prematura (es decir, que un pariente cercano haya padecido esta enfermedad antes de los 55 años en el caso de un pariente masculino o antes de los 65 años en el caso de un pariente femenino)

Otros factores de riesgo sí pueden modificarse o tratarse. Por ejemplo

  • Concentraciones sanguíneas altas de colesterol de lipoproteínas de baja densidad (low-density lipoprotein, LDL) (véase Dislipidemia)

  • Concentraciones altas de lipoproteína a en sangre

  • Concentraciones bajas de colesterol de las lipoproteínas de alta densidad (high-density lipoprotein, HDL) en sangre

  • Diabetes mellitus

  • Tabaquismo

  • Hipertensión arterial

  • Obesidad

  • Inactividad física

  • Alimentación

  • Concentraciones sanguíneas elevadas de proteína C reactiva (PCR)

Fumar incrementa más del doble el riesgo de sufrir arteriopatía coronaria e infarto de miocardio. Se cree que ser fumador pasivo también aumenta el riesgo.

Los factores de riesgo relacionados con la dieta incluyen comer alimentos con poco contenido en fibra, en vitaminas C, D y E y en fitoquímicos (presentes en frutas y verduras, se cree que contribuyen al mantenimiento de la salud). En algunos casos, el riesgo también aumenta si la alimentación no incluye una cantidad adecuada de aceites de pescado (ácidos grasos poliinsaturados omega-3).

Ciertos trastornos metabólicos, como el hipotiroidismo, la hiperhomocisteinemia (una concentración muy elevada en sangre del aminoácido homocisteína) y las concentraciones elevadas de apolipoproteína B (apo B), que desempeña un papel importante en el control de las grasas por parte del organismo, son también factores de riesgo.

Aún no se ha confirmado si la infección con ciertos microorganismos contribuye al desarrollo de arteriopatía coronaria.

Tratamiento de la arteriopatía coronaria (coronariopatía)

Los médicos intentan hacer 3 cosas por las personas con arteriopatía coronaria. Intentan

  • Reducir la carga de trabajo del corazón

  • Facilitar el flujo de sangre por las arterias coronarias

  • Ralentizar la formación de ateroesclerosis o revertirla

La carga de trabajo cardíaco se puede reducir controlando la presión arterial y administrando ciertos medicamentos, como los betabloqueantes o los bloqueantes de los canales de calcio, que evitan que el corazón trabaje de manera excesiva (véase Tratamiento farmacológico de la arteriopatía coronaria [coronariopatía]).

El flujo de sangre a través de las arterias coronarias puede mejorarse mediante fármacos que promueven la relajación de las arterias coronarias (por ejemplo, nitratos, bloqueadores de canales de calcio y ranolazina), o bien estirando físicamente las arterias estrechadas (mediante una intervención coronaria percutánea) o eliminando la necesidad de pasar por las zonas bloqueadas (mediante injertos de revascularización coronaria). En ocasiones, los coágulos de sangre de las arterias coronarias pueden disolverse administrando fármacos (véase Apertura de las arterias).

Modificar la dieta, hacer ejercicio y tomar ciertos medicamentos puede ayudar a revertir la ateroesclerosis. Estas medidas son las mismas que las utilizadas para la prevención de la ateroesclerosis.

Intervención coronaria percutánea (ICP)

La intervención coronaria percutánea o ICP (también llamada angioplastia coronaria transluminal percutánea - ACTP) está indicada para personas con síndrome coronario agudo (SCA) o para algunas personas con angina que no se controla de forma adecuada mediante el tratamiento farmacológico.

En la ICP, el médico inserta una aguja en una arteria de la muñeca (arteria radial) o en la arteria principal del muslo (arteria femoral). A continuación, se introduce una guía larga por la aguja hacia el interior de la arteria, y se avanza a través de la aorta hasta la arteria coronaria estrechada. Se introduce un catéter con un globo en el extremo a lo largo de la guía hasta el interior de la arteria coronaria estrechada. El catéter se coloca de manera que el globo quede a la altura del estrechamiento. A continuación se infla el globo durante algunos segundos. El globo hinchado estira la arteria y comprime el ateroma que la estrecha, con lo que la arteria en cuestión se ensancha. El inflado y desinflado del globo puede repetirse varias veces.

Para ayudar a mantener abierta la arteria coronaria, los médicos suelen introducir un tubo hecho de alambre o de malla fabricada (un stent) en el interior de la arteria. La mayoría de las veces, los médicos usan stents recubiertos con un medicamento (llamados stents liberadores de fármacos). El medicamento se libera lentamente para ayudar a prevenir que la arteria coronaria vuelva a obstruirse, un problema común con los stents que no están recubiertos (llamados stents metálicos). Sin embargo, aunque estos stents liberadores de fármacos son muy útiles para mantener la arteria abierta, las personas que tienen un stent liberador de fármacos tienen un riesgo ligeramente mayor de desarrollar un coágulo de sangre en el stent que las personas que tienen un stent metálico. Para reducir el riesgo de tales coágulos, se administra a las personas que llevan un stent aspirina (ácido acetilsalicílico) además de otro agente antiagregante plaquetario (medicamentos que evitan que las plaquetas se agrupen para formar coágulos) durante al menos 3 a 12 meses después de la inserción del stent. A menudo, los antiagregantes plaquetarios se administran antes de colocar el stent. Si la arteria se vuelve a bloquear, ya sea debido a un coágulo o por otras causas, se puede realizar una segunda ICP.

En muchas personas, se prefiere realizar una intervención coronaria percutánea en vez de llevar a cabo un injerto de revascularización coronaria, ya que el primer procedimiento es menos invasivo y requiere un tiempo de recuperación menor. Sin embargo, puede que la zona afectada de la arteria coronaria no reúna las condiciones para realizar una ICP a causa de su localización, su longitud, la cantidad de calcio acumulado u otros motivos. Además, las personas con varias zonas de estrechamiento u otros trastornos pueden sobrevivir más tiempo después del injerto de revascularización coronaria que después de la intervención coronaria percutánea. Por lo tanto, se debe estudiar con mucho cuidado si este procedimiento es el adecuado para un determinado paciente.

Qué es la intervención coronaria percutánea

Se inserta un catéter, con un globo en el extremo, en el interior de una arteria de gran calibre (a veces la arteria femoral, pero con mayor frecuencia se utiliza la arteria radial de la muñeca) y se desplaza por las arterias comunicantes y por la aorta hasta la arteria coronaria estrechada o bloqueada. El globo se infla para comprimir el ateroma contra la pared arterial y así abrir la luz arterial. Por lo general, se coloca un tubo colapsado hecho de una malla de alambre (stent) sobre el globo desinflado, en el extremo del catéter, y se introduce junto con el catéter. Cuando el catéter llega hasta el ateroma, el globo se infla y se despliega el stent. Luego se retira el catéter con el globo y el stent se mantiene en su lugar para que mantenga abierta la luz arterial.

El paciente suele estar despierto durante la intervención, pero puede que reciba algún medicamento para que se relaje. Durante la ICP se supervisa estrechamente al paciente, ya que el inflado del globo bloquea durante unos instantes el flujo sanguíneo en la arteria coronaria afectada. Esta obstrucción puede producir dolor torácico y cambios en la actividad eléctrica del corazón (detectados mediante ECG) en algunas personas.

Injertos de revascularización coronaria (bypass coronario)

Los injertos de revascularización coronaria se denominan también cirugía de revascularización, revascularización miocárdica o bypass coronario. En esta técnica, se utiliza una arteria o una vena de otra parte del cuerpo para conectar la aorta (arteria principal que transporta sangre desde el corazón al resto del organismo) con una arteria coronaria más allá del lugar de la obstrucción. De esta manera, el flujo sanguíneo es redireccionado, dejando a un lado (mediante un salto o una derivación) la estrechez o la obstrucción de la arteria. Por lo general, las venas se extraen de la pierna. Las arterias se suelen tomar de debajo del esternón o del antebrazo. Los injertos de arteria casi nunca desarrollan arteriopatía coronaria, y más del 97% de ellos todavía funcionan de forma adecuada 10 años después de realizar la cirugía de revascularización (bypass). En cambio, los injertos de vena se pueden estrechar poco a poco debido a un ateroma. Un año después, alrededor del 15% se han bloqueado por completo y, 5 años después, un tercio o más puede estar completamente obstruido.

La cirugía dura varias horas, dependiendo del número de vasos sanguíneos a injertar. Un modificador numérico (por ejemplo, triple o cuádruple) antes de la revascularización hace referencia al número de arterias (por ejemplo, 3 o 4) que se revascularizan. La persona recibe anestesia general. A continuación, se realiza una incisión en el centro del tórax desde el cuello hasta la zona superior del estómago y se separa el esternón. Este tipo de cirugía se denomina cirugía a corazón abierto. A veces se utiliza un equipo especial que permite el uso de incisiones más pequeñas que no dividen el esternón.

Por lo general, se paraliza el corazón para que no se mueva y sea más fácil intervenir. Para ello, se utiliza una máquina de circulación extracorpórea (corazón-pulmón) que introduce oxígeno en la sangre y la bombea por el organismo. Cuando solo se injertan uno o dos vasos sanguíneos, se puede dejar que el corazón lata por sí mismo. Este procedimiento se denomina procedimiento de revascularización (bypass) sin circulación extracorpórea o a corazón latiente. La estancia hospitalaria suele ser de unos 5 días, por lo general menos si no se utilizó circulación extracorpórea en la intervención quirúrgica. Sin embargo, los resultados a largo plazo son los mismos con ambos procedimientos.

Los riesgos de la cirugía incluyen el accidente cerebrovascular y el infarto de miocardio. Si la persona tiene un corazón de tamaño normal que funciona correctamente, nunca ha tenido infartos de miocardio y no existen factores de riesgo adicionales, el riesgo de sufrir un infarto de miocardio durante la intervención quirúrgica es inferior al 5%, un accidente cerebrovascular, del 1 al 2%, y muerte, menos del 1%. El riesgo es algo mayor si la capacidad de bombeo del corazón es limitada (insuficiencia ventricular izquierda), existe daño miocárdico debido a un infarto de miocardio anterior o hay otros problemas cardiovasculares. Sin embargo, si se sobrevive a la cirugía, las perspectivas de supervivencia a largo plazo son mejores.

En ocasiones, tras un procedimiento de injerto de revascularización coronaria, se observan cambios en la cognición o en el comportamiento. Estos cambios pueden ser leves o muy graves, y algunos pueden durar entre semanas y años. El riesgo es mayor en las personas de edad avanzada. El riesgo puede disminuir si no se utiliza una máquina de circulación extracorpórea.

Otras técnicas

En la cirugía de revascularización mínimamente invasiva (a veces este tipo de cirugía se denomina procedimiento de ojo de cerradura), las incisiones torácicas pueden ser mucho más pequeñas.

En algunas técnicas mínimamente invasivas se emplea la robótica. El cirujano, sentado frente a la pantalla de una computadora, utiliza brazos robóticos del tamaño de un lápiz para realizar la operación. Los brazos sostienen los instrumentos quirúrgicos especialmente diseñados para realizar movimientos complejos, imitando de esta manera las manos del cirujano. A través de un endoscopio, el cirujano observa una imagen tridimensional aumentada de la intervención quirúrgica. Esta intervención requiere hacer 3 incisiones de alrededor de 2,5 cm cada una: una para cada brazo del robot y otra para la cámara conectada al endoscopio. De este modo, no es necesario abrir el esternón del paciente. La duración de la intervención y la estancia hospitalaria suelen ser más cortas que con la cirugía tradicional a corazón abierto.

Injertos de revascularización coronaria (bypass coronario)

Los injertos de revascularización coronaria consisten en conectar una arteria o parte de una vena a una arteria coronaria, de modo que la sangre tenga una vía alternativa para llegar de la aorta al miocardio. Es decir, se construye un puente por encima de la zona estrechada o bloqueada. Se prefiere una arteria a una vena, ya que las arterias tienen menos tendencia a volver a bloquearse. En un tipo de injerto de revascularización se secciona una de las dos arterias mamarias internas y uno de los extremos cortados se acopla a una arteria coronaria más allá de la zona obstruida. El otro extremo de esta arteria se liga. Si no se puede usar una arteria o si existe más de una obstrucción, se utiliza un segmento de una vena, por lo general, de la vena safena, que se extiende desde la ingle hasta el tobillo. Un extremo del segmento (injerto) se conecta a la aorta, y el otro, a una arteria coronaria más allá de la zona obstruida. A veces, se utiliza un injerto venoso además del injerto de la arteria mamaria.

Prevención de la arteriopatía coronaria

La modificación de los factores de riesgo de ateroesclerosis puede ayudar a prevenir la arteriopatía coronaria. Algunos de estos factores están interrelacionados, de manera que al modificar uno de ellos, también se modifica el otro.

Tabaquismo

Es fundamental dejar de fumar. Al abandonar este hábito, el riesgo de arteriopatía coronaria disminuye a la mitad, si se compara con aquellas personas que continúan fumando. No importa durante cuánto tiempo haya fumado la persona antes de dejar de fumar. Dejar de fumar también disminuye el riesgo de muerte tras una cirugía de revascularización coronaria (bypass) o tras un infarto de miocardio. También es importante evitar ser fumador pasivo.

Dieta

Es beneficioso realizar algunos cambios:

  • Menos grasa saturada

  • Ausencia de grasas trans

  • Más frutas y verduras

  • Más fibra

  • Consumo moderado (o nulo) de alcohol

  • Menos hidratos de carbono simples (tales como azúcar, pan blanco y harina blanca)

Se recomienda limitar la cantidad de grasa a no más del 25 al 35% de las calorías diarias para promover un buen estado de salud. Sin embargo, algunos expertos opinan que la grasa debe limitarse al 10% de las calorías diarias con el fin de disminuir el riesgo de arteriopatía coronaria. Una alimentación con bajo contenido en grasas también contribuye a reducir las concentraciones de colesterol total y de colesterol LDL (el «malo»), otro factor de riesgo de la arteriopatía coronaria. El tipo de grasa que se consume es tan importante como la cantidad. Por lo tanto, es recomendable comer pescado azul, como el salmón, de forma habitual, ya que contiene una gran cantidad de grasas omega-3 (grasas saludables) y evitar por completo las grasas trans más perjudiciales. En Estados Unidos y en algunos otros países, las grasas trans han sido prohibidas en los productos de alimentos envasados, los restaurantes de comida rápida y los restaurantes en general.

Comer por lo menos 5 raciones de frutas y verduras a diario puede disminuir el riesgo de arteriopatía coronaria. Estos alimentos contienen muchos fitoquímicos. De todas formas, no se ha determinado con certeza que los fitoquímicos sean responsables de la reducción del riesgo, porque las personas que se alimentan de este modo también tienden a comer menos grasa, más fibra y más alimentos que contienen vitaminas C, D y E. Se cree que la ingesta de alimentos que contienen gran cantidad de un determinado grupo de fitoquímicos denominados flavonoides (se encuentran en la uva roja y en la morada, en el vino tinto y en el té negro) ayuda a reducir el riesgo de arteriopatía coronaria. No obstante, no se ha podido determinar con exactitud la relación entre la causa y el efecto. Algún otro factor podría explicar el riesgo aparentemente menor.

También es recomendable consumir alimentos con un gran contenido de fibra. Existen 2 tipos de fibra: soluble e insoluble.

  • La fibra soluble (que se disuelve en líquido) se encuentra en el salvado de avena, la avena, las judías o frijoles, los guisantes, el salvado de arroz, la cebada, las frutas cítricas, las fresas y la pulpa de manzana. Ayuda a reducir las concentraciones de colesterol. Puede reducir o estabilizar las altas concentraciones de azúcar (glucosa) en sangre e incrementar los niveles bajos de insulina. De este modo, la fibra soluble contribuye a reducir el riesgo de arteriopatía coronaria en personas diabéticas.

  • La fibra insoluble (que no se disuelve en líquido) se encuentra en la mayoría de los cereales y de sus derivados, así como en frutas y en verduras como la piel de manzana, la col o repollo, la remolacha, la zanahoria, la col de Bruselas, el nabo y la coliflor. También favorece la digestión.

No obstante, la ingestión excesiva de fibra puede interferir en la absorción de ciertas vitaminas y minerales.

La alimentación debe contener las cantidades diarias recomendadas de vitaminas y minerales. Los suplementos vitamínicos no se consideran un sustituto aceptable de una alimentación saludable. Existe cierta controversia acerca de la función de los suplementos en la reducción del riesgo de arteriopatía coronaria. No se ha observado que tomar suplementos de vitamina E o de vitamina C ayude a prevenir la arteriopatía coronaria. Tomar ácido fólico o vitaminas B6 y B12 puede reducir las concentraciones de homocisteína, pero en los estudios realizados no se ha podido demostrar que tomar estos suplementos disminuya el riesgo de padecer arteriopatía coronaria.

Limitar la cantidad de carbohidratos de azúcares simples (como la harina blanca refinada, el arroz blanco y los alimentos procesados) y aumentar la proporción de cereales integrales puede ayudar a reducir el riesgo de arteriopatía coronaria porque reduce el riesgo de obesidad y, posiblemente, de diabetes, que también son factores de riesgo de la arteriopatía coronaria.

En general, las personas deben mantener un peso saludable y comer una variedad de alimentos. Se han propuesto varias dietas específicas para reducir el riesgo de enfermedad cardíaca o accidente cerebrovascular. La dieta mediterránea parece reducir el riesgo de arteriopatía coronaria, así como el riesgo de posteriores ataques al corazón en personas que ya padecen enfermedades cardíacas. Según la American Heart Association, la dieta mediterránea se compone de abundantes frutas, verduras, frutos secos, semillas, pan y otros cereales, patatas, frijoles y aceite de oliva. Los productos lácteos, los huevos, el pescado y las aves de corral se consumen en cantidades entre bajas y moderadas. En esta dieta, el pescado y las aves de corral se consumen con mayor frecuencia que la carne roja. También se centra en alimentos de origen vegetal, mínimamente procesados, con fruta como un postre común en lugar de dulces. El vino se puede consumir en cantidades bajas o moderadas, por lo general con las comidas.

Existen 3 tipos de grasas:

  • Saturadas

  • Monoinsaturadas

  • Poliinsaturadas

«Saturadas» hace referencia al número de átomos de hidrógeno que hay en una molécula de grasa.

Las grasas saturadas contienen todos los átomos de hidrógeno que pueden. Suelen ser sólidas a temperatura ambiente. Las grasas saturadas están presentes en la carne, en los productos lácteos y en los aceites vegetales hidrogenados artificialmente. Cuanto más sólido es el producto, mayor es la proporción de grasas saturadas. Una alimentación con un gran contenido de grasas saturadas favorece la arteriopatía coronaria.

Las grasas insaturadas (monoinsaturadas y poliinsaturadas) no contienen tantos átomos de hidrógeno como podrían. Las grasas monoinsaturadas podrían contener un átomo de hidrógeno más. Por lo general, son líquidas a temperatura ambiente, pero comienzan a solidificarse en la nevera. Dos ejemplos de esto son el aceite de oliva y el aceite de canola o colza.

Las grasas poliinsaturadas podrían contener más de un átomo de hidrógeno adicional. Estas grasas suelen ser líquidas tanto a temperatura ambiente como en el refrigerador. Tienden a ponerse rancias a temperatura ambiente. El aceite de maíz es un ejemplo. Otras grasas poliinsaturadas son las grasas omega-3, que se encuentran en los pescados grasos de aguas profundas (como la caballa, el salmón y el atún), y las grasas omega-6, presentes en los aceites vegetales.

Las grasas trans se producen en un proceso llamado hidrogenación, en el que los átomos de hidrógeno se añaden artificialmente a las grasas poliinsaturadas ("trans" se refiere al lugar donde se añaden los átomos de hidrógeno a la molécula de grasa). Los aceites que contienen grasas trans se pueden utilizar para fabricar productos alimenticios que no se vuelvan rancios y para fabricar productos grasos sólidos, como la margarina. Las grasas trans se utilizaban anteriormente en alimentos comerciales horneados y fritos, como galletas dulces, galletas saladas, rosquillas, papas fritas y otros alimentos similares. En Estados Unidos y en muchos otros países se ha prohibido el uso de grasas trans como ingrediente.

Las grasas trans aumentan los niveles de colesterol de las lipoproteínas de baja densidad (LDL, el «malo») y disminuyen los niveles de colesterol de las lipoproteínas de alta densidad (HDL, el «bueno»), y estos efectos parecen aumentar el riesgo de arteriopatía coronaria. Por lo tanto, es aconsejable evitar comer productos que contengan grasas trans. Las grasas trans ahora aparecen en las etiquetas de los alimentos. Además, si la grasa hidrogenada o parcialmente hidrogenada es la primera grasa en la lista de ingredientes, el producto contiene grasas trans. En algunos restaurantes también se incluye información sobre los platos del menú que contienen grasas trans.

El aspecto de una margarina o aceite también puede ayudar a identificar los alimentos que contienen estas grasas: cuanto más blanda o más líquida, menor es el contenido de grasas trans. Por ejemplo, el contenido de grasas trans de la margarina que viene en tarrinas es menor que el de la margarina en barra.

Algunos productos de margarina contienen un esterol o estanol vegetal, que puede reducir los niveles de colesterol total y LDL. Los fitoestanoles (estanoles vegetales) y los fitoesteroles (esteroles vegetales) pueden tener este efecto, ya que no se absorben bien en el tubo digestivo e interfieren en la absorción del colesterol. Estos productos han sido aprobados como alimentos saludables para el corazón cuando forman parte de una alimentación sana. Están compuestos por grasas insaturadas, contienen menos grasa saturada que la mantequilla y no tienen grasas trans. A pesar de eso, son caros.

Se desconoce la combinación ideal de tipos de grasas. Sin embargo, es probable que sea deseable una alimentación rica en grasas monoinsaturadas o grasas omega-3 y baja en grasas trans.

Inactividad física

Las personas que son físicamente activas tienen menos probabilidades de padecer arteriopatía coronaria e hipertensión arterial. El ejercicio que mejora la resistencia (ejercicios aeróbicos como caminar con energía, montar en bicicleta o correr) o la fuerza muscular (entrenamiento de resistencia con pesas o con aparatos de pesas) ayuda a prevenir la arteriopatía coronaria. Caminar solamente 30 minutos por día produce un efecto beneficioso. Si no se está preparado físicamente o no se ha practicado ejercicio en mucho tiempo, debe consultarse con el médico antes de iniciar un programa de ejercicio.

Obesidad

Cambiar de alimentación e iniciar una actividad física contribuye a controlar la obesidad. Consumir menos alcohol también ayuda, puesto que el alcohol tiene un alto contenido calórico. Perder aunque solo sean entre 4,5 y 9 kg puede reducir el riesgo de arteriopatía coronaria.

Niveles altos de colesterol

Las concentraciones altas de colesterol total y de colesterol LDL (el «malo») se pueden disminuir haciendo ejercicio y dejando de fumar, así como reduciendo la cantidad de grasas en la alimentación. Se pueden administrar fármacos que reduzcan las concentraciones de colesterol total y de colesterol LDL en sangre (fármacos hipolipemiantes). Los beneficios de reducir las concentraciones de colesterol son mayores cuando existen otros factores de riesgo, como tabaquismo, hipertensión arterial, obesidad e inactividad física.

El aumento de la concentración de colesterol HDL (el bueno) hasta niveles saludables también ayuda a reducir el riesgo de arteriopatía coronaria. Los mismos cambios en el estilo de vida que reducen las concentraciones de colesterol total y LDL pueden ayudar a aumentar las concentraciones de colesterol HDL. Ciertos medicamentos también pueden aumentar las concentraciones de HDL, pero no está claro si el uso de medicamentos para aumentar las concentraciones de HDL es útil. También contribuye adelgazar cuando se tiene un exceso de peso.

Hipertensión arterial

Disminuir la hipertensión arterial reduce el riesgo de arteriopatía coronaria. El tratamiento de la hipertensión arterial comienza con cambios en el estilo de vida: seguir una dieta saludable baja en sal y, si es necesario, perder peso y aumentar la actividad física. Puede que también sea necesario administrar un tratamiento farmacológico.

Diabetes mellitus

El buen control de la diabetes mellitus reduce el riesgo de algunas complicaciones de la diabetes, pero los efectos de dicho control sobre el desarrollo de la arteriopatía coronaria son menos claros. Asimismo, controlar la diabetes disminuye el riesgo de complicaciones de la arteriopatía coronaria.

Aspirina (ácido acetilsalicílico)

La aspirina (ácido acetilsalicílico), que antiguamente se había recomendado para personas que nunca habían sufrido una arteriopatía coronaria, no se recomienda actualmente en la mayoría de estos casos.

Información del fármaco para el tema

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