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Abscesos abdominales

Por

Parswa Ansari

, MD, Hofstra Northwell-Lenox Hill Hospital, New York

Última revisión completa abr. 2020
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Un absceso es una bolsa de pus, generalmente causada por una infección bacteriana.

  • La mayoría de las personas tienen dolor abdominal constante y fiebre.

  • La tomografía computarizada u otra prueba de diagnóstico por la imagen pueden distinguir un absceso de otros problemas.

  • El tratamiento incluye el drenaje del pus del absceso y la administración de antibióticos.

(Véase también Dolor abdominal agudo.)

Los abscesos abdominales se pueden formar debajo del diafragma, en la parte media del abdomen, en la pelvis o detrás de la cavidad abdominal. También pueden formarse en el interior o alrededor de cualquier órgano abdominal como los riñones, el bazo, el páncreas, el hígado o la próstata. Los abscesos que no se tratan pueden crecer y dañar los vasos sanguíneos y los órganos cercanos. A veces, las bacterias entran en el torrente sanguíneo (septicemia) y se diseminan a órganos y tejidos distantes. Dicha difusión puede ser fatal.

El aparato digestivo

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Causas

En algunas ocasiones los abscesos abdominales son causados por la perforación del intestino debida al cáncer, una úlcera o a una lesión.

Son causas más frecuentes la propagación de la infección o la inflamación provocadas por afecciones tales como apendicitis, diverticulitis, enfermedad de Crohn, pancreatitis o enfermedad inflamatoria pélvica.

A veces, los abscesos se forman tras una lesión o una intervención quirúrgica abdominal.

Síntomas

Los síntomas específicos de los abscesos abdominales dependen de la localización del absceso, pero la mayoría de las personas tienen molestias o dolor constantes, sensación de malestar general y a menudo fiebre. Otros síntomas incluyen náuseas, falta de apetito y pérdida de peso.

Se puede formar un absceso debajo del diafragma cuando el líquido infectado, por ejemplo de un apéndice perforado, se desplaza hacia arriba por la presión de los órganos abdominales y la succión producida por los movimientos del diafragma durante la respiración. Los síntomas pueden incluir tos, dolor al respirar, dolor torácico y dolor en un solo hombro. En este caso, el dolor que se siente en un hombro es un ejemplo de dolor referido (dolor que se siente en una zona del cuerpo que no se corresponde exactamente con la zona en la que se encuentra el problema). El dolor referido se produce porque el hombro y el diafragma comparten los mismos nervios, lo que hace que el cerebro interprete el origen del dolor de manera incorrecta (ver figura ¿En qué consiste el dolor referido?).

Los abscesos localizados en la parte media del abdomen pueden originarse por la perforación del apéndice o del intestino, una enfermedad inflamatoria intestinal, una enfermedad diverticular o una herida abdominal. La zona del abdomen donde se encuentra el absceso suele ser dolorosa.

Un absceso en la parte inferior del abdomen puede descender hacia el muslo o el área alrededor del recto (llamada fosa perirrectal).

Los abscesos pélvicos pueden deberse a los mismos trastornos que provocan los abscesos en la parte media del abdomen o a infecciones ginecológicas. Los síntomas incluyen dolor abdominal, diarrea causada por irritación intestinal y necesidad urgente o frecuente de orinar por irritación de la vejiga.

Los abscesos localizados detrás de la cavidad abdominal (llamados abscesos retroperitoneales) se forman detrás del peritoneo, la membrana que reviste la cavidad abdominal y sus órganos. Las causas, similares a las de los abscesos en el abdomen, incluyen la inflamación e infección del apéndice (apendicitis) y del páncreas (pancreatitis). El dolor, por lo general localizado en la parte inferior de la espalda, empeora cuando la persona flexiona la pierna sobre la cadera.

Los abscesos en el páncreas, aunque poco frecuentes, se suelen formar después de un episodio de pancreatitis aguda. Los síntomas como fiebre, dolor abdominal, náuseas y vómitos suelen comenzar una semana o más después de la recuperación de la pancreatitis.

Los abscesos hepáticos pueden ser causados por bacterias o por amebas (parásitos unicelulares). Las bacterias pueden llegar al hígado desde una vesícula biliar infectada, desde una herida (sea o no penetrante), desde una infección abdominal (como un absceso en las inmediaciones) o desde una infección diseminada a través del torrente sanguíneo procedente de cualquier otra parte del organismo. Las amebas (parásitos microscópicos) procedentes de una infección intestinal llegan al hígado a través de los vasos sanguíneos. Los síntomas del absceso hepático son pérdida de apetito, náuseas y fiebre. El enfermo puede tener o no tener dolor abdominal.

Los abscesos en el bazo son causados por una infección que alcanza el bazo a través del torrente sanguíneo, una lesión del bazo o la diseminación de una infección desde un absceso vecino, como por ejemplo uno localizado por debajo del diafragma. Se siente dolor en el lado izquierdo del abdomen, la espalda o el hombro izquierdo.

Diagnóstico

  • Pruebas de diagnóstico por la imagen

  • aspiración con aguja

El médico puede fácilmente equivocarse en el diagnóstico de un absceso porque los primeros síntomas suelen ser imprecisos y leves y pueden confundirse con problemas menos serios y más frecuentes.

Cuando el médico sospecha la presencia de un absceso, suele realizar una tomografía computarizada (TC) del abdomen y de la pelvis o, a veces, una ecografía, radiografías del abdomen y del tórax o una resonancia magnética nuclear (RMN). Estas pruebas pueden ayudar a distinguir un absceso de otros problemas, así como a determinar el foco, el tamaño y la localización de un absceso.

Para establecer un diagnóstico definitivo y tratar el absceso, a veces los médicos insertan una aguja a través de la piel para extraer una muestra de pus del absceso (aspiración con aguja) y colocan un drenaje. Para guiar la posición de la aguja, el médico utiliza una TC o una ecografía. A continuación, la muestra se examina en el laboratorio para identificar el microorganismo responsable de la infección, lo que permite escoger el antibiótico más eficaz.

En algunas ocasiones se realiza una gammagrafía para ayudar a identificar abscesos. Para la exploración se utiliza un radionúclido para marcar una sustancia que se acumula en una parte específica del cuerpo. En función de la parte del cuerpo que se valorará se utilizan diferentes sustancias.

Pronóstico

Los abscesos abdominales pueden causar la muerte en cerca del 10 al 40% de los casos. La causa del absceso y el estado clínico general de una persona afectan el pronóstico más que la naturaleza específica y la ubicación del absceso.

Tratamiento

  • Drenaje de pus

  • Antibióticos

En la práctica totalidad de los abscesos abdominales, el pus debe drenarse, bien por cirugía bien mediante una aguja y una pequeña sonda flexible (catéter). Para guiar la posición de la aguja y el catéter, el médico utiliza una TC o una ecografía. Una vez que el médico está seguro de que la aguja y el catéter han alcanzado el absceso, la aguja se retira pero se deja el catéter en su lugar. El pus drena a través del catéter, por lo general durante varios días o semanas.

Por lo general, se utilizan antibióticos junto con el drenaje para evitar que la infección se propague y para ayudar a eliminar completamente la infección. Los análisis del pus realizados en el laboratorio identifican al microorganismo responsable de la infección, lo que permite escoger el antibiótico más eficaz. Es raro que los antibióticos curen un absceso sin drenaje.

Si el absceso no se puede alcanzar de modo seguro con una aguja y el catéter, puede ser necesaria la cirugía. Una vez drenado el absceso, el foco de la infección también se trata quirúrgicamente. Por ejemplo, si el absceso es causado por una perforación (agujero) en el colon, los médicos pueden extirpar esa parte del colon.

Es importante mantener una nutrición adecuada. Si las personas no pueden comer debido al absceso o a la causa del absceso, pueden recibir alimento a través de un tubo (lo que se denomina nutrición enteral por sonda) o a través de una vena (lo que recibe el nombre de nutrición parenteral).

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