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Introducción a la hepatitis crónica

Por

Anna E. Rutherford

, MD, MPH, Harvard Medical School

Última revisión completa nov. 2017
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Datos clave
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La hepatitis crónica se define como una inflamación del hígado que se prolonga durante un periodo de tiempo de por lo menos 6 meses.

  • Los virus de las hepatitis B y C y ciertos fármacos son, entre otras, causas frecuentes.

  • Muchas personas no presentan síntomas, pero padecen ligeros trastornos, como una sensación de malestar general, falta de apetito y cansancio.

  • La hepatitis crónica puede provocar cirrosis con hipertensión portal e insuficiencia hepática.

  • Una biopsia permite confirmar el diagnóstico.

  • Se pueden emplear fármacos como los antivíricos o los corticoesteroides y, en algunos casos en que la enfermedad está muy avanzada, se requiere un trasplante hepático.

La hepatitis crónica, aunque ocurre con mucha menor frecuencia que la hepatitis aguda, puede durar años e incluso décadas. En muchas personas es bastante leve y no causa ninguna lesión hepática significativa. Sin embargo, en algunas personas, la inflamación continuada deteriora lentamente el hígado, conduciendo finalmente a una cirrosis (cicatrización grave del hígado), a una insuficiencia hepática y, a veces, a un cáncer hepático.

Causas

Las causes más frecuentes de hepatitis crónica son

El virus de la hepatitis C causa del 60 al 70% de los casos y por lo menos el 75% de las hepatitis C agudas se vuelven crónicas.

Entre el 5 y el 10% de los casos de hepatitis B, algunos con coinfección por hepatitis D, se vuelven crónicos. (La hepatitis D no se produce por sí misma. Se presenta sólo como una coinfección con la hepatitis B.) La hepatitis B aguda se vuelve crónica en hasta el 90% de los recién nacidos infectados y en un 25 al 50% de los niños pequeños.

En raras ocasiones, el virus de la hepatitis E causa hepatitis crónica en personas con un sistema inmunitario debilitado, como aquellas que están tomando fármacos para inhibir el sistema inmunitario después de un trasplante de órganos, las que están tomando fármacos para tratar el cáncer o las que tienen una infección por VIH.

El virus de la hepatitis A no provoca la forma crónica de la enfermedad.

La esteatohepatitis no alcohólica ocurre por lo general en personas con exceso de peso (obesidad), diabetes y/o niveles anormales de colesterol y otras grasas (lípidos) en la sangre. Todas estas enfermedades hacen que el organismo sintetice más grasa o que se ralentice el procesado (metabolismo) y la excreción de la grasa. En consecuencia, la grasa se acumula y se almacena en el interior de las células hepáticas (lo que se denomina hígado graso). El hígado graso puede provocar inflamación crónica y cirrosis.

El alcohol, tras ser absorbido en el tubo digestivo, se procesa (metaboliza) principalmente en el hígado. Conforme se metaboliza se producen sustancias que pueden dañar el tejido hepático. La hepatitis alcohólica ocurre por lo general en personas que beben mucho durante muchos meses o años. La hepatitis alcohólica se caracteriza por hígado graso e inflamación hepática generalizada que puede provocar la muerte de las células hepáticas. Si las personas afectadas continúan bebiendo, se puede formar tejido cicatricial en el hígado que puede acabar reemplazando a una gran cantidad de tejido hepático normal, lo que da lugar a cirrosis.

En la hepatitis autoinmunitaria, la inflamación crónica se parece a la inflamación que se origina cuando es el organismo quien ataca a sus propios tejidos (una reacción autoinmunitaria). La hepatitis autoinmunitaria es más frecuente en mujeres que en varones.

Ciertos fármacos pueden causar hepatitis crónica, particularmente cuando se toman durante periodos prolongados. Entre ellos, se encuentran la isoniazida, la metildopa y la nitrofurantoína.

Con menor frecuencia, la hepatitis crónica es consecuencia de

No se sabe exactamente por qué un virus o un fármaco específico causan hepatitis crónica en algunas personas y no en otras, ni por qué varía su gravedad.

¿Sabías que...?

  • Es posible no sospechar de una hepatitis crónica hasta después de la aparición de una cirrosis.

Síntomas

En aproximadamente los dos tercios de las personas, la hepatitis crónica aparece de forma gradual, a menudo sin que se haya observado ningún síntoma de alteración hepática hasta que aparece la cirrosis. En el tercio restante, se desarrolla después de un episodio de hepatitis vírica aguda que persiste o reaparece (con frecuencia varias semanas más tarde).

Los síntomas de la hepatitis crónica incluyen a menudo una vaga sensación de enfermedad (malestar), inapetencia y cansancio. A veces las personas afectadas también presentan febrícula y molestias en la parte superior del abdomen. La ictericia es infrecuente.

A menudo, los primeros síntomas específicos son los de enfermedad hepática crónica o cirrosis. Entre estos factores se pueden contar los siguientes

  • Agrandamiento del bazo

  • Capilares en forma de araña visibles en la piel (llamados angiomas aracnifoides)

  • Enrojecimiento de las palmas de las manos

  • Acumulación de líquido dentro del abdomen (ascitis)

  • Deterioro de la funcionalidad cerebral (encefalopatía hepática)

La funcionalidad cerebral se deteriora porque el hígado gravemente dañado no puede eliminar las sustancias tóxicas de la sangre como lo hace normalmente. Estas sustancias se acumulan seguidamente en la sangre y alcanzan el cerebro. En condiciones normales, el hígado las elimina de la sangre, las descompone y posteriormente las excreta a la bilis (líquido amarillo verdoso que ayuda en la digestión) o a la sangre como subproductos inocuos (ver Funciones del hígado). El tratamiento de la encefalopatía hepática puede evitar que el deterioro de la funcionalidad cerebral se vuelva permanente.

La hipertensión portal aparece porque la gran cantidad de tejido cicatricial existente en el hígado bloquea la sangre que fluye a través de éste. Como resultado, la sangre de la vena que irriga el hígado (vena porta) retrocede y la presión en esta vena aumenta.

La sangre no se puede coagular como lo hace normalmente porque el hígado dañado ya no puede sintetizar la cantidad suficiente de proteínas que intervienen en la coagulación de la sangre.

Algunas personas presentan ictericia, picor y heces de color claro. La ictericia y el picor aparecen porque el hígado dañado no puede eliminar la bilirrubina de la sangre como lo hace normalmente. La bilirrubina entonces se acumula en la sangre y se deposita en la piel. La bilirrubina es un pigmento amarillo que se produce como desecho durante la degradación normal de los glóbulos rojos sanguíneos. Las heces son de color claro porque el flujo de bilis fuera del hígado está bloqueado y se elimina menos bilirrubina en las heces. La bilirrubina es lo que le da a las heces su color marrón característico.

La hepatitis autoinmunitaria puede causar otros síntomas que afectan otros sistemas del cuerpo. Los síntomas pueden consistir en interrupción de la menstruación, dolor e hinchazón articular, pérdida de apetito y náuseas. Las personas con hepatitis autoinmunitaria también pueden sufrir otros trastornos autoinmunitarios, como diabetes mellitus tipo I, colitis ulcerosa, enfermedad celíaca o trastornos autoinmunitarios que causan anemia o inflamación de la glándula tiroidea o los riñones.

En muchas personas la hepatitis crónica no progresa durante años, mientras que en otras empeora gradualmente. El pronóstico depende, en parte, de cuál sea el virus causante de la enfermedad:

  • La hepatitis C crónica, si no se trata, causa cirrosis en el 20-30% de las personas afectadas. Sin embargo, la cirrosis puede tardar décadas en desarrollarse. El riesgo de cáncer hepático suele aumentar solo cuando existe cirrosis.

  • La hepatitis B crónica tiende a empeorar, a veces rápidamente, pero en ocasiones a lo largo de décadas, dando lugar a una cirrosis. La hepatitis B crónica también aumenta el riesgo de cáncer de hígado con independencia de que aparezca cirrosis. Algunas veces, la hepatitis B crónica se resuelve por sí sola, sin tratamiento.

  • La coinfección crónica por hepatitis B y D causa cirrosis hasta en el 70% de los casos, si no se trata.

  • La hepatitis autoinmunitaria se trata eficazmente en la mayoría de las personas afectadas, pero en algunos casos puede derivar en cirrosis.

  • La hepatitis crónica causada por un fármaco puede resolverse completamente una vez se suspende la administración del mismo.

Diagnóstico

  • Análisis de sangre

  • Biopsia

Los médicos pueden sospechar hepatitis crónica cuando

  • La persona presenta los síntomas característicos.

  • Los análisis de sangre (realizados por otros motivos) detectan concentraciones de enzimas hepáticas elevadas.

  • La persona ha tenido hepatitis aguda anteriormente.

Asimismo, en los nacidos entre 1945 y 1965 debe evaluarse, al menos una vez, la presencia de hepatitis C, independientemente de si presentan o no síntomas. Se recomienda este tipo de prueba debido a que la hepatitis C es frecuente en este grupo de edad y, a menudo, pasa desapercibida.

Las pruebas de la hepatitis crónica suelen comenzar con análisis de sangre para evaluar el funcionamiento del hígado y determinar si está dañado (pruebas de funcionalidad hepática). Las pruebas de funcionalidad hepática comportan la medida de las concentraciones de enzimas hepáticas y de otras sustancias producidas por el hígado. Estas pruebas pueden contribuir a confirmar o descartar el diagnóstico de hepatitis, identificar la causa y determinar la gravedad de la lesión hepática.

Los análisis de sangre también se realizan para ayudar a los médicos a identificar cuál es el virus de la hepatitis causante de la infección. Si no se identifica el virus, se necesitan otros análisis de sangre para verificar si hay otras causas, como una hepatitis autoinmunitaria.

No obstante, puede ser necesaria una biopsia hepática para confirmar el diagnóstico. La biopsia hepática también permite al médico lo siguiente:

  • Determinar la gravedad de la inflamación

  • Determinar si se ha desarrollado alguna cicatriz o cirrosis

  • Posiblemente ayuda a identificar la causa de la hepatitis.

Se pueden realizar otras pruebas para determinar la extensión del daño hepático y detectar otros problemas hepáticos. Las pruebas incluyen

  • Pruebas de diagnóstico por la imagen especializadas, como la elastografía por ecografía y la elastografía por resonancia magnética

  • Análisis de sangre para medir las sustancias (denominadas marcadores) que indican la presencia de fibrosis y su extensión

Cribado del cáncer de hígado

Las personas con hepatitis B crónica deben someterse cada 6 meses a una prueba de cribado para el cáncer hepático. Se emplean dos pruebas:

  • Ecografía

  • Algunas veces, medición de las concentraciones de alfafetoproteína en sangre

una proteína producida normalmente por las células hepáticas inmaduras de los fetos y que permite la detección de cáncer hepático ya que su nivel suele aumentar cuando existe dicho cáncer.

Las personas con hepatitis C crónica son controladas de modo similar, pero solo si tienen cirrosis.

Tratamiento

  • Tratamiento de la causa (como medicamentos antivíricos para la hepatitis B o C)

  • Tratamiento de las complicaciones

El tratamiento de la hepatitis crónica se centra en tratar la causa y controlar las complicaciones, como la ascitis y la encefalopatía hepática.

Si la causa es un fármaco, se suspende su administración. Si la causa es otro trastorno, se le da tratamiento.

Hepatitis B y C

Si la hepatitis B crónica o la hepatitis C crónica está empeorando o la concentración de enzimas hepáticas es alta, suelen administrarse fármacos antivíricos.

En algunas personas, la hepatitis B tiende a reaparecer una vez se detiene el tratamiento farmacológico y puede hacerlo de forma aún más grave, por lo que posiblemente, estas personas necesitarán tomar un antivírico de forma indefinida.

El tratamiento de la hepatitis C crónica puede durar entre 8 y 24 semanas. El tratamiento de la hepatitis C puede eliminar el virus del cuerpo y de este modo detener la inflamación e impedir la cicatrización, que puede conducir a la cirrosis.

Esteatohepatitis no alcohólica

El tratamiento de la esteatohepatitis no alcohólica se centra en controlar las condiciones que contribuyen a su aparición. Por ejemplo, el tratamiento puede incluir

Hepatitis autoinmunitaria

La hepatitis autoinmunitaria suele tratarse con corticoesteroides, como la prednisona, y a veces con azatioprina, un fármaco que deprime el sistema inmunológico. Estos fármacos reducen la inflamación, alivian los síntomas y mejoran la supervivencia a largo plazo. No obstante, es posible que la cirrosis en el hígado empeore gradualmente.

La interrupción del tratamiento suele desembocar en una recidiva de la inflamación, de manera que la mayoría de las personas tienen que tomar los medicamentos indefinidamente. Sin embargo, la toma de corticoesteroides durante mucho tiempo puede tener efectos secundarios importantes. Por lo tanto, los médicos suelen reducir gradualmente la dosis del corticoesteroide para que las personas puedan dejar de tomarlo. Después, toman azatioprina o micofenolato (otros fármacos que deprimen el sistema inmunológico) indefinidamente.

Tratamiento de las complicaciones

Independientemente de la causa o el tipo de hepatitis crónica, la cirrosis, la insuficiencia hepática y sus complicaciones requieren tratamiento.

El tratamiento de la ascitis consiste en restringir el consumo de sal y tomar un medicamento que ayude a los riñones a eliminar más sodio y agua en la orina (un diurético).

El tratamiento de la encefalopatía hepática comporta la toma de medicamentos que ayudan al organismo a eliminar las sustancias tóxicas que pueden causar el deterioro de la funcionalidad cerebral.

Trasplante de hígado

El trasplante de hígado se plantea en personas con insuficiencia hepática grave.

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