El trastorno de angustia se caracteriza por crisis de angustia recurrentes, frecuentes (por lo menos, 1 vez/semana). Las crisis de angustia son episodios delimitados que duran entre 15 y 20 minutos; durante las crisis, los niños presentan síntomas somáticos, síntomas cognitivos o ambos. El diagnóstico se realiza por criterios clínicos. El tratamiento consiste en benzodiazepinas o inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y terapia conductista.
(Véase también Crisis de dolor y ataque de pánico en adultos).
El trastorno de pánico es un tipo de trastorno de ansiedad caracterizado por ataques de pánico recurrentes e inesperados. Un ataque de pánico es un período breve de miedo intenso o malestar que alcanza su máxima intensidad en minutos y se acompaña de una serie de síntomas físicos y cognitivos. Las crisis de angustia pueden producirse solas o como parte de otros trastornos de ansiedad (p. ej., agorafobia, ansiedad por separación), otros trastornos psiquiátricos (p. ej., trastorno obsesivo-compulsivo [TOC]) o ciertos trastornos médicos (p. ej., asma). Las crisis de angustia pueden desencadenar una crisis asmática, y viceversa.
La prevalencia de por vida del trastorno de pánico entre adolescentes en los Estados Unidos de 13 a 18 años es del 2,3% (1, 2). Las crisis de pánico se reportan con mayor frecuencia en adolescentes mujeres que en hombres. El trastorno de angustia es mucho menos frecuente en niños prepuberales que en adolescentes.
Referencias
1. Walter HJ, Bukstein OG, Abright AR, et al. Clinical practice guideline for the assessment and treatment of children and adolescents with anxiety disorders. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry 59(10):1107-1124, 2020. doi: https://doi.org/10.1016/j.jaac.2020.05.005
2. Merikangas KR, He JP, Burstein M, et al. Lifetime prevalence of mental disorders in U.S. adolescents: results from the National Comorbidity Survey Replication--Adolescent Supplement (NCS-A). J Am Acad Child Adolesc Psychiatry. 2010;49(10):980-989. doi:10.1016/j.jaac.2010.05.017
Síntomas y signos del trastorno de pánico
Los síntomas de un ataque de pánico incluyen un aumento repentino de miedo intenso, acompañado de síntomas somáticos (p. ej., palpitaciones, sudoración, temblores, falta de aire o ahogo, dolor en el pecho, náuseas, mareos). En comparación con aquellos de los adultos, las crisis de angustia en niños y adolescentes suelen ser de presentación más espectacular (p. ej., chillidos, llanto, hiperventilación). Los niños mayores y los adolescentes (que pueden expresar claramente sus sentimientos) a menudo describen una sensación de catástrofe inminente. Estas manifestaciones pueden ser alarmantes para los padres y otras personas.
Por lo general, las crisis de angustia aparecen espontáneamente, pero a lo largo del tiempo los niños comienzan a atribuirlas a ciertas situaciones o ambientes. Entonces, los niños afectados intentan evitar esas situaciones, lo que puede llevar a la agorafobia. Las conductas de evitación se consideran agorafobia si alteran mucho el funcionamiento, como ir a la escuela, a un centro comercial o participar en otras actividades habituales.
Diagnóstico del trastorno de pánico
Evaluación de condiciones médicas generales
Evaluación psiquiátrica
Criterios del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth edition, Text Revision (DSM-5-TR)
El trastorno de angustia se diagnostica sobre la base de un antecedente de ataques de pánico recurrentes, en general después de realizar un examen físico para excluir causas médicas de síntomas somáticos (1). Por lo tanto, es principalmente un diagnóstico de exclusión. Muchos niños son sometidos a considerables estudios diagnósticos antes de que se sospeche un trastorno de angustia. La presencia de otros cuadros, en especial asma, también puede complicar el diagnóstico. Se requieren pruebas exhaustivas de detección sistemática para otros trastornos (p. ej., trastorno obsesivo compulsivo [TOC], trastorno de ansiedad social), porque cualquiera de estos trastornos puede ser el problema primario que causa crisis de angustia como síntoma.
En los adultos, los criterios diagnósticos importantes de trastorno de angustia incluyen preocupación acerca de futuras crisis, sus implicaciones y los cambios de conducta. En cambio, los niños y los adolescentes más jóvenes suelen carecer de la consciencia y la previsión necesarias para presentar estas características, excepto que pueden modificar conductas para evitar situaciones que consideran relacionadas con la crisis de angustia.
Referencia del diagnóstico
1. American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition, Text Revision (DSM-5-TR), Washington: American Psychiatric Association, 2022.
Tratamiento del trastorno de pánico
Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) para el manejo a largo plazo
Benzodiazepinas para el manejo agudo a corto plazo (hasta que los ISRS hagan efecto)
Terapia cognitivo-conductual
El tratamiento del trastorno de pánico suele ser una combinación de farmacoterapia y terapia cognitivo conductual. En los niños, puede ser difícil comenzar la terapia conductista hasta que las crisis de angustia hayan sido controladas adecuadamente con fármacos.
Los ISRS son el tratamiento recomendado para el manejo a largo plazo; sin embargo, la mejoría puede tardar varias semanas (1). Las benzodiazepinas actúan rápidamente en el manejo de la ansiedad aguda que ocurre en los ataques de pánico y han sido eficaces en la fase inicial del tratamiento hasta el inicio de acción de los ISRS (2). Aunque hay datos limitados sobre benzodiazepinas en el trastorno de pánico, el lorazepam ha demostrado ser eficaz y bien tolerado cuando se usa a corto plazo en el manejo de la ansiedad relacionada con procedimientos (que puede presentarse de manera similar a episodios de pánico) (3). El lorazepam puede administrarse preferentemente según sea necesario al inicio de un episodio de pánico, o si es necesario, por vía oral 2 a 3 veces/día hasta que los ISRS prescritos en forma concurrente resulten eficaces.
Referencias del tratamiento
1. Chawla N, Anothaisintawee T, Charoenrungrueangchai K, et al. Drug treatment for panic disorder with or without agoraphobia: systematic review and network meta-analysis of randomised controlled trials. BMJ. 2022;376:e066084. Published 2022 Jan 19. doi:10.1136/bmj-2021-066084
2. Renaud J, Birmaher B, Wassick SC, Bridge J. Use of selective serotonin reuptake inhibitors for the treatment of childhood panic disorder: a pilot study. J Child Adolesc Psychopharmacol. 1999;9(2):73-83. doi:10.1089/cap.1999.9.73
3. Kuang H, Johnson JA, Mulqueen JM, Bloch MH. The efficacy of benzodiazepines as acute anxiolytics in children: A meta-analysis. Depress Anxiety. 2017;34(10):888-896. doi:10.1002/da.22643
Pronóstico del trastorno de pánico
El pronóstico es bueno con tratamiento. Sin tratamiento, los adolescentes pueden abandonar la escuela, retraerse de la sociedad y recluirse o tornarse suicidas.
A menudo, el trastorno de angustia presenta exacerbaciones y remisiones en cuanto a su gravedad a lo largo del tiempo. Los estudios longitudinales indican que el trastorno de pánico es una afección crónica caracterizada por remisiones y recaídas intermitentes durante muchos años, con factores como la depresión comórbida y otros trastornos de ansiedad que aumentan la gravedad y la probabilidad de recaída (1). Algunos pacientes presentan períodos prolongados de remisión espontánea de los síntomas, sólo para presentar una recaída años más tarde.
Referencia del pronóstico
1. Nay W, Brown R, Roberson-Nay R. Longitudinal course of panic disorder with and without agoraphobia using the National Epidemiologic Survey on Alcohol and Related Conditions (NESARC). Psychiatry Res. 2013;208(1):54-61. doi:10.1016/j.psychres.2013.03.006
Conceptos clave
Los ataques de pánico se caracterizan por una crisis súbita de miedo intenso, acompañada de síntomas somáticos.
Los ataques de pánico en niños y adolescentes suelen ser de presentación más espectacular (p. ej., con chillidos, llanto e hiperventilación) que en los adultos.
El trastorno de pánico es una afección crónica que frecuentemente fluctúa en gravedad; la ansiedad y la depresión concurrentes pueden desencadenar una recidiva de los ataques de pánico.
Tratar el trastorno de pánico a largo plazo con ISRS para controlar los síntomas; un breve curso de benzodiacepinas puede ser útil hasta que los ISRS y la terapia cognitivo-conductual adquieran eficacia.



