La coagulación excesiva (trombofilia) es un trastorno en el cual la sangre coagula con demasiada facilidad o de forma excesiva.
El aumento de la coagulación sanguínea puede deberse a trastornos hereditarios o adquiridos.
Los síntomas dependen de en qué vasos sanguíneos se formen los coágulos.
Se miden los niveles sanguíneos de las proteínas que controlan la coagulación.
Las personas afectadas pueden necesitar tratamiento con anticoagulantes.
(Véase también Cómo coagula la sangre).
La mayoría de los trastornos que causan trombofilia aumentan el riesgo de formación de coágulos de sangre en las venas. Algunos incrementan este riesgo tanto en las arterias como en las venas.
Causas de la coagulación excesiva
Algunos de los trastornos que causan trombofilia son hereditarios. Muchos son resultado de ciertos cambios en la cantidad o la función de ciertas proteínas de la sangre que controlan la coagulación. Por ejemplo:
Resistencia a la proteína C activada (mutación del factor V Leiden)
Déficit de antitrombina
Déficit de proteína C
Déficit de proteína S
Déficit de proteína Z
Mutación 20210 de la protrombina (una mutación específica en el gen de la protrombina que provoca que el organismo produzca un exceso de protrombina, una proteína relacionada con el proceso de coagulación de la sangre)
Elevados factores de coagulación VIII, IX y XI
Otros trastornos que causan trombofilia se adquieren después del nacimiento. Estos trastornos son coagulación intravascular diseminada (a menudo en personas con cáncer), y síndrome antifosfolipídico (a veces ocurre en personas con lupus eritematoso sistémico), que aumentan el riesgo de coagulación debido a la sobreactivación de los factores de coagulación de la sangre. La hiperhomocisteinemia (una elevación anormal de la homocisteína, causada con mayor frecuencia por carencias de vitamina B6, vitamina B12 o ácido fólico) es una posible causa de trombofilia.
Muchos otros factores que aumentan el riesgo de coagulación implican condiciones que provocan que la persona no se mueva lo suficiente, haciendo que la sangre se acumule en las venas. Son ejemplos de ello una parálisis, permanecer sentado durante largo tiempo (especialmente en espacios reducidos, como un coche o un avión), reposo prolongado en cama, haberse sometido a una intervención quirúrgica recientemente y el infarto de miocardio. La insuficiencia cardíaca, un síndrome en el cual la sangre no se bombea suficientemente a través del torrente sanguíneo, es un factor de riesgo. Otras situaciones o trastornos que incrementan la presión en las venas en las piernas, como la obesidad y el embarazo, también aumentan el riesgo. El riesgo es aún mayor en personas que tienen trombofilia y uno de estos otros factores de riesgo.
Síntomas de la coagulación excesiva
La mayoría de los trastornos hereditarios no aumentan el riesgo de coagulación hasta la edad adulta, aunque los coágulos pueden formarse a cualquier edad.
Los síntomas dependen de la localización del coágulo sanguíneo. Un coágulo de sangre en una vena profunda de una pierna (llamado trombosis venosa profunda) causa dolor en la pantorrilla o en el muslo, así como calor, enrojecimiento e hinchazón de la pierna. Si el coágulo de sangre viaja a los pulmones (llamado embolia pulmonar), la persona afectada presenta dificultad respiratoria y dolor en el pecho (a menudo provocado por la respiración). Con menor frecuencia, los coágulos pueden formarse en las venas profundas del brazo, el abdomen (trombosis de la vena porta, mesentérica o hepática) o el cerebro (trombosis del seno venoso cerebral).
Los coágulos sanguíneos también pueden desarrollarse en venas superficiales cerca de la superficie de la piel (llamada tromboflebitis superficial o trombosis venosa superficial). Habitualmente las personas desarrollan hinchazón, dolor, enrojecimiento y calor confinado a la vena superficial afectada bajo la superficie de la piel.
Los coágulos sanguíneos en las venas profundas de la pierna o el brazo pueden causar hinchazón crónica y decoloración de la piel o úlceras en la extremidad afectada (llamado síndrome postrombótico).
Cuando los coágulos obstruyen el flujo sanguíneo en las arterias, los tejidos tienen una reducción del aporte sanguíneo y sufren daños o son destruidos, lo que es muy probable que cause un ataque cardíaco o un accidente cerebrovascular. Los coágulos en las arterias de las piernas o los brazos hacen que la pierna o el brazo se noten fríos, doloridos y a veces entumecidos.
Los trastornos de la coagulación sanguínea pueden hacer que las mujeres tengan abortos espontáneos recurrentes, por lo general en el segundo o tercer trimestre del embarazo.
Diagnóstico de coagulación excesiva
Análisis de sangre para identificar la causa específica de los coágulos de sangre
Pruebas para identificar la ubicación de los coágulos de sangre
Las personas que desarrollan un coágulo sanguíneo sin una causa obvia (como parálisis, reposo prolongado en cama, cirugía reciente) tienen más probabilidades de presentar una tendencia hereditaria a la coagulación sanguínea (trombofilia), particularmente si son menores de 50 años de edad. También se sospecha la existencia de un trastorno hereditario en los casos en que la persona con un coágulo incipiente tiene antecedentes familiares de coagulación excesiva.
Para identificar el trastorno hereditario específico que produce la trombofilia se realizan análisis de sangre que determinan la cantidad o la actividad de las diferentes proteínas que controlan el proceso de la coagulación.
Otras pruebas según dónde aparece el coágulo. Si se sospecha un coágulo en la pierna, se realiza una ecografía para detectar una obstrucción en una vena de la pierna. Si se sospecha una embolia pulmonar, se realiza una angiografía por tomografía computarizada de los pulmones o una gammagrafía especial de los pulmones.
Tratamiento de la coagulación excesiva
Anticoagulantes
Las personas que repentinamente desarrollan un coágulo de sangre reciben tratamiento con anticoagulantes. Los anticoagulantes son medicamentos que detienen la formación de coágulos de sangre. Incluyen heparina, warfarina y los anticoagulantes orales directos (DOAC por sus siglas en inglés) dabigatrán, rivaroxaban, apixaban y edoxaban.Las personas que repentinamente desarrollan un coágulo de sangre reciben tratamiento con anticoagulantes. Los anticoagulantes son medicamentos que detienen la formación de coágulos de sangre. Incluyen heparina, warfarina y los anticoagulantes orales directos (DOAC por sus siglas en inglés) dabigatrán, rivaroxaban, apixaban y edoxaban.
Las personas que son hospitalizadas con un coágulo sanguíneo reciben usualmente heparina de bajo peso molecular (HBPM) o heparina no fraccionada (HNF) por vía venosa durante varios días antes de cambiar a un anticoagulante oral directo o a warfarina por vía oral. Las personas que no requieren hospitalización pueden comenzar con algunos (pero no todos) los anticoagulantes orales directos sin recibir primero heparina u otros anticoagulantes intravenosos. Las mujeres embarazadas solo reciben heparina, porque la warfarina puede causar defectos congénitos o hemorragias graves en el recién nacido. Del mismo modo, los DOAC (por las siglas en inglés de Anticoagulantes Orales Directos) no se consideran seguros para su uso durante el embarazo.
Las personas que toman warfarina requieren pruebas frecuentes de la sangre y puede ser necesario ajustar su dosis para asegurarse de que el nivel de anticoagulación sea correcto. Los anticoagulantes orales directos (DOAC) no requieren pruebas frecuentes de coagulación de la sangre y son alternativas eficaces a la warfarina oral.
A las personas que han tenido coágulos venosos profundos sin una causa clara o coágulos sanguíneos recurrentes a menudo se les aconseja tomar un anticoagulante como warfarina o un anticoagulante oral directo durante el resto de sus vidas. Las decisiones sobre anticoagulación a largo plazo en personas individuales necesitan tomar en cuenta el riesgo de sangrado.
Los trastornos hereditarios que causan trombofilia no se pueden curar.
La hiperhomocisteinemia se trata con complementos de las vitaminas deficitarias, pero no se dispone de pruebas claras de que el tratamiento reduzca el riesgo de coagulación.
El uso de otros tratamientos depende de la ubicación del coágulo de sangre.



