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Diagnóstico de cáncer

Por

Robert Peter Gale

, MD, PhD, Imperial College London

Última revisión completa jul. 2018
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Datos clave
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Se sospecha la existencia de un cáncer a partir de los síntomas, de los hallazgos de la exploración física y, a veces, de los resultados obtenidos en las pruebas de cribado. En ocasiones, las radiografías realizadas por otros motivos, como una lesión, muestran anomalías que podrían indicar la presencia de cáncer. La confirmación de que existe un cáncer requiere otras pruebas (denominadas pruebas diagnósticas).

Una vez establecido el diagnóstico de cáncer, se estadifica. La estadificación es un modo de describir el avance del cáncer e incluye criterios como el tamaño del tumor y si se ha extendido a los tejidos cercanos o distantes, como los ganglios linfáticos u otros órganos.

Cribado del cáncer

Las pruebas de cribado se emplean para detectar la posibilidad de la presencia de una enfermedad antes de que se manifiesten sus síntomas. Estas pruebas no suelen ser definitivas; los resultados se confirman o se descartan con la ayuda de exámenes y de pruebas adicionales. Las pruebas diagnósticas se llevan a cabo en cuanto se sospecha la presencia de cáncer.

Aunque las pruebas de cribado pueden ayudar a salvar vidas, a veces son muy costosas y pueden tener repercusiones físicas o psicológicas. Los resultados de las pruebas de cribado pueden ser falsamente positivos o falsamente negativos:

  • Resultados positivos falsos (falsos positivos): resultados que sugieren la presencia de cáncer cuando en realidad no la hay

  • Resultados negativos falsos (falsos negativos): resultados que no muestran indicios de cáncer pese a que sí lo hay

Los resultados positivos falsos generan un estrés psicológico innecesario y conllevan la realización de otras pruebas costosas y con riesgos. Estos resultados negativos falsos tranquilizan al paciente examinado y le comunican una falsa sensación de seguridad. Por estas razones, solo hay un número reducido de pruebas de cribado que se consideran lo bastante dignas de confianza como para usarlas de forma rutinaria.

Antes de llevarlas a cabo, se evalúa en cada caso concreto si existe un riesgo mayor de padecer cáncer, por edad, sexo, antecedentes patológicos personales y familiares o estilo de vida. Al igual que otros organismos, la Sociedad Americana contra el Cáncer (American Cancer Society) ha establecido unas directrices de detección del cáncer que se aplican en muchas partes del mundo. A veces, las recomendaciones varían entre los diferentes organismos, según la valoración que los grupos de expertos hacen de la fortaleza relativa y de la importancia de las pruebas científicas disponibles.

Algunas pruebas de cribado forman parte de las exploraciones físicas de rutina. Por ejemplo, se palpan la glándula tiroidea o los ganglios linfáticos para detectar posibles crecimientos. Los dentistas examinan la boca y la lengua buscando signos de cáncer de boca.

En las mujeres, dos de las pruebas de cribado que más se utilizan son la prueba de Papanicoláu (citología cervicovaginal), para detectar el cáncer del cuello uterino, y la mamografía, para detectar el cáncer de mama. Ambas pruebas han dado resultados satisfactorios en cuanto a la reducción de la mortalidad asociada a estos tipos de cáncer en ciertos grupos de edad.

En los hombres, la concentración sanguínea de antígeno prostático específico (PSA) permite detectar el cáncer de próstata. La concentración de PSA es alta si existe cáncer de próstata, aunque también lo es cuando la hipertrofia de la próstata es benigna. Así, el principal inconveniente de su uso como prueba de cribado es el gran número de resultados positivos falsos que presenta, lo que, por lo general, lleva a la realización de pruebas más invasivas, como la biopsia de próstata. Y los médicos actualmente se están dando cuenta de que no todos los cánceres de próstata que se detectan en la biopsia causarán problemas. Aún no se ha podido establecer si es aconsejable incluir la prueba del PSA en las pruebas de rutina para detectar el cáncer de próstata, ya que distintos organismos realizan recomendaciones diferentes. Los hombres mayores de 50 años deben consultar con su médico sobre la realización de esta prueba.

Una prueba frecuente de detección del cáncer de colon consiste en comprobar la presencia de sangre en las heces que no se ve a simple vista (sangre oculta). La presencia de sangre oculta en las heces indica que algo no funciona de forma adecuada en alguna parte del tubo digestivo. Se puede deber a cáncer, aunque existen muchos otros trastornos que también dan lugar a pequeñas cantidades de sangre en las heces, como las úlceras, las hemorroides, la diverticulosis (pequeñas bolsas en la pared del colon) y los vasos sanguíneos anómalos en la pared intestinal. Además, al tomar aspirina (ácido acetilsalicílico) u otros fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE) o incluso al comer carnes rojas, el resultado puede ser temporalmente positivo. Los resultados positivos obtenidos en algunas pruebas más antiguas pueden ser debidos, algunas veces, a la ingesta de ciertas frutas y verduras crudas (nabos, coliflor, brócoli, melón, rábanos y chirivías). Las pruebas de detección de sangre oculta desarrolladas más recientemente emplean una técnica distinta y son mucho más sensibles a este tipo de errores. Para detectar el cáncer de colon, también se utilizan procedimientos ambulatorios, como la sigmoidoscopia, la colonoscopia y un tipo especial de tomografía computarizada (TC) del colon (colonoscopia virtual o colonografía por TC).

Algunas veces se ha recomendado el autoexamen de rutina para detectar signos de cáncer. Sin embargo, excepto, posiblemente, para el cáncer testicular, las pruebas de detección sistemática en el hogar con autoexámenes no han demostrado ser eficaces para identificar el cáncer, por lo que incluso si las personas realizan exámenes en el hogar, también es importante seguir las recomendaciones para las pruebas de detección sistemática.

Algunas pruebas de detección sistemática pueden realizarse en el hogar, como revisar las heces para detectar la presencia de sangre colocando una pequeña cantidad de heces en una tarjeta especial y enviándolas por correo a un laboratorio para su procesamiento. Un resultado anormal debe dar lugar a una visita inmediata al médico para su confirmación.

Los marcadores tumorales son sustancias secretadas al torrente sanguíneo por ciertos tumores. Al principio, se creía que medir las concentraciones de estos marcadores sería una excelente manera de detectar un posible cáncer asintomático. Sin embargo, a menudo los marcadores tumorales también están presentes en la sangre en cierta medida aunque no se padezca cáncer. Encontrar un marcador tumoral no significa necesariamente que haya cáncer, por lo que su papel en el cribado es muy limitado.

Tabla
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Recomendaciones para el cribado del cáncer*

Procedimiento

Frecuencia

Cáncer de piel

Exploración física

Forma parte de las exploraciones de rutina

No se recomienda realizar pruebas especiales de cribado (como las fotografías de todo el cuerpo)

Cáncer de pulmón

Tomografía computarizada helicoidal de dosis bajas

No se recomienda que forme parte de las evaluaciones de rutina

Anualmente en personas que fuman o que dejaron de fumar hace menos de 15 años y que tienen entre 55 y 74 años de edad

Cáncer de recto y de colon

Análisis de heces para detectar sangre oculta, análisis inmunohistoquímico o análisis de ADN en las heces

Una vez al año después de los 50 años† de edad

Exploración sigmoidoscópica o colonoscópica

Cada 5 años a partir de los 50 años de edad (sigmoidoscopia)

Cada 10 años a partir de los 50 años de edad (colonoscopia)

Colonoscopia virtual

Cada 5 años, a partir de los 50 años de edad

Cáncer de próstata

Análisis de sangre para el antígeno prostático específico

El beneficio de la revisión es incierto, por lo que los hombres mayores de 50 años deben consultar los posibles riesgos y beneficios con el médico

Los hombres afroamericanos y los hombres cuyo padre o hermano desarrollaron cáncer de próstata antes de los 65 años deben tener esta consulta médica a los 45 años

Cáncer de cuello uterino

Prueba de Papanicoláu (citología cervicovaginal) y de ADN del virus del papiloma humano

Prueba de Papanicoláu cada 3 años entre los 21 y los 29 años de edad

Prueba de Papanicoláu más prueba de ADN del virus del papiloma humano cada 5 años entre los 30 y los 65 años de edad o prueba de Papanicoláu cada 3 años

Ninguna prueba después de los 65 años de edad si los resultados de las pruebas anteriores fueron normales y la prueba más reciente fue hace menos de 5 años

Cáncer de mama

Mamografía‡

Mujeres de 40 a 44 años de edad: opción de comenzar el cribado anual

Mujeres de 45 a 54 años: anualmente.

Mujeres ≥ 55: cada 2 años; el cribado continúa mientras la mujer tenga buena salud y se espere que viva por lo menos 10 años más

*Las recomendaciones para el cribado dependen de muchos factores. Estas recomendaciones, basadas principalmente en las de la Sociedad Americana contra el Cáncer, están dirigidas a casos en los que no hay síntomas y existe un riesgo de cáncer promedio. Si el riesgo es mayor, como cuando hay antecedentes familiares contundentes de ciertos tipos de cáncer o ya se ha padecido un cáncer con anterioridad, se recomienda realizar pruebas de cribado con más frecuencia o comenzar a efectuarlas a una edad más temprana. También son recomendables otras pruebas de cribado que no se mencionan aquí. Además, otras organizaciones, como los U.S. Preventive Services Task Force (Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos), realizan recomendaciones ligeramente distintas. El médico puede ayudar a los pacientes a decidir cuándo comenzar las pruebas de cribado y a qué análisis someterse.

† Algunos expertos recomiendan comenzar el cribado a los 45 años debido a una tasa creciente de cáncer de colon y recto en personas menores de 50 años.

‡ Se recomienda una resonancia magnética nuclear (RMN) una vez al año, además de la mamografía, a partir de los 30 años de edad cuando existe un riesgo alto de cáncer de mama.

Diagnóstico de cáncer

Por lo general, cuando se sospecha la existencia de cáncer, se realiza alguna prueba de diagnóstico por la imagen, como una radiografía, una ecografía o una tomografía computarizada (TC). Por ejemplo, si existe tos crónica y adelgazamiento, se realiza una radiografía de tórax. Pero si hay cefaleas recurrentes y alteraciones visuales, se realiza una resonancia magnética nuclear (RMN) o una TC cerebral. Aunque estas pruebas pueden mostrar la presencia, la ubicación y el tamaño de una masa anómala, no pueden confirmar que la causa sea un cáncer.

Biopsia

El cáncer se confirma al detectar células malignas en el examen microscópico de muestras de la zona sospechosa, obtenidas de una porción de tumor que se ha extraído mediante biopsia por punción o mediante cirugía. Por lo general, la muestra debe ser una porción de tejido, aunque a veces es adecuado analizar la sangre (como en la leucemia). La obtención de una muestra de tejido se llama biopsia.

Las biopsias se pueden realizar cortando un pequeño trozo de tejido con un bisturí, pero a menudo la muestra se obtiene con una aguja hueca. Para efectuar estas pruebas, no es necesario ingresar en el hospital (procedimiento ambulatorio). Se puede utilizar la ecografía o la TC para guiar la aguja hasta la ubicación correcta. Puesto que las biopsias pueden ser dolorosas, se suele administrar anestesia local para adormecer la zona.

Marcadores tumorales

Si los hallazgos de la exploración física o de las pruebas de diagnóstico por la imagen indican la presencia de cáncer, puede ser útil medir la concentración de los marcadores tumorales (sustancias secretadas en el torrente sanguíneo por determinados tumores) para confirmar o descartar el diagnóstico de cáncer. Cuando se diagnostican ciertos tipos de cáncer, los marcadores tumorales permiten supervisar la efectividad del tratamiento y detectar posibles recidivas. En algunos tipos de cáncer, la concentración de un marcador tumoral disminuye después de administrar el tratamiento y aumenta si el cáncer reaparece.

Algunos marcadores tumorales no se pueden medir en la sangre, sino que se pueden encontrar en las células tumorales. Estos marcadores se determinan al examinar el tejido de una muestra de biopsia. HER2 y EGFR son ejemplos de marcadores tumorales encontrados en células tumorales.

Tabla
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Algunos marcadores tumorales*

Marcador tumoral

Descripción

Comentarios sobre la prueba

Alfa-fetoproteína (AFP)

La concentración sanguínea de AFP suele ser alta cuando existe cáncer de hígado (carcinoma hepatocelular). Además, la concentración de este marcador también es alta en presencia de ciertos tipos de cáncer de ovario o de testículos.

La prueba puede ser útil para supervisar el tratamiento y quizás para establecer el diagnóstico de cáncer cuando existe cirrosis (daño hepático debido al alcohol o la hepatitis vírica).

Gonadotropia coriónica humana-beta (β-HCG)

Esta hormona se produce durante el embarazo, pero también se encuentra en mujeres que tienen un cáncer originado en la placenta y en hombres con cáncer testicular.

Esta prueba es útil al diagnosticar estos tipos de cáncer y al supervisar el tratamiento.

ß22)-microglobulina

La concentración puede ser alta en presencia de mieloma múltiple y de algunos linfomas.

No se recomienda incluir esta prueba en el cribado del cáncer.

Calcitonina

La calcitonina es producto de ciertas células de la glándula tiroidea (células C), su concentración sanguínea es alta en presencia de cáncer medular tiroideo.

Esta prueba permite detectar la presencia de cáncer y supervisar la respuesta al tratamiento del cáncer medular tiroideo.

Antígeno carbohidrato 125 (CA-125)

La concentración es alta en mujeres con una serie de trastornos ginecológicos, incluido el cáncer ovárico.

No se recomienda incluir esta prueba en el cribado del cáncer.

Antígeno carbohidrato 19-9 (CA 19-9)

La concentración es alta cuando existe cáncer en el tubo digestivo, sobre todo, en el páncreas.

Esta prueba permite evaluar la respuesta al tratamiento y diagnosticar tumores de origen desconocido.

Antígeno carbohidrato 27.29 (CA27.29)

La concentración es alta en presencia de cáncer de mama.

Esta prueba permite supervisar el tratamiento.

Antígeno carcinoembrionario (CEA)

La concentración es alta en presencia de cáncer de colon, aunque también lo puede ser cuando existen otros tipos de cáncer o cuando se padecen enfermedades inflamatorias benignas.

Tras una cirugía para tratar el cáncer de colon, esta prueba permite supervisar el tratamiento y detectar posibles recidivas.

Antígeno prostático específico (PSA)

La concentración es alta cuando existe hipertrofia benigna de la próstata y, a menudo, mucho más elevada en presencia de cáncer de próstata. Si se observa una concentración elevada de PSA en la sangre de un hombre, es necesario que se efectúen más pruebas y evaluaciones.

Las pruebas permiten diagnosticar el cáncer y detectar posibles recidivas tras el tratamiento.

Tiroglobulina

La concentración es alta en presencia de cáncer tiroideo o de trastornos tiroideos benignos.

No se recomienda incluir esta prueba en las evaluaciones de rutina, pero sí es útil al supervisar el tratamiento del cáncer tiroideo.

*Puesto que los tejidos benignos también producen marcadores tumorales, no se suelen medir estos últimos para detectar un posible cáncer en personas sanas. Las excepciones son el PSA para el cáncer de próstata y la AFP cuando existe riesgo de hepatocarcinoma. En las familias con carcinoma medular tiroideo hereditario, una enfermedad poco frecuente, resulta útil como prueba de cribado medir la concentración de calcitonina en la sangre.

Estadiaje del cáncer

Al diagnosticar un cáncer, las pruebas de estadificación permiten determinar la extensión del cáncer en cuanto a la localización, el tamaño, el crecimiento en el interior de las estructuras cercanas y la diseminación a otras partes del cuerpo. Cuando se padece cáncer, se suele estar impaciente y ansioso durante las pruebas de estadificación, ya que se desea empezar el tratamiento cuanto antes. Sin embargo, la estadificación permite establecer el tratamiento más apropiado y determinar el pronóstico.

Durante la estadificación, se realizan gammagrafías u otras pruebas de diagnóstico por la imagen, como las radiografías, la tomografía computarizada (TC), la resonancia magnética nuclear (RMN), el escáner óseo con sustancias radiactivas o la tomografía por emisión de positrones (PET, por sus siglas en inglés). La elección de las pruebas de estadificación depende del tipo de cáncer. La TC ayuda a detectar tumores en muchas partes del cuerpo, entre ellas, el cerebro, los pulmones y algunas zonas del abdomen, incluidas las glándulas suprarrenales, los ganglios linfáticos, el hígado y el bazo. La RMN es especialmente útil para detectar el cáncer cerebral, óseo y medular.

Suele ser necesario efectuar biopsias para confirmar la presencia del tumor a efectos de la estadificación, lo que, en algunos casos, se lleva a cabo junto con el tratamiento quirúrgico inicial. Por ejemplo, durante una laparotomía (una intervención abdominal) para extirpar un cáncer de colon, se extraen los ganglios linfáticos cercanos para detectar la extensión del cáncer. Durante la intervención quirúrgica del cáncer de mama, con el fin de detectar la extensión del cáncer, se realiza una biopsia de los ganglios linfáticos situados en la axila o se extraen (los primeros ganglios linfáticos a los que es probable que el cáncer se disemine, denominados ganglios centinela). Los indicios de diseminación, junto con las características del tumor primario, permiten determinar si es necesario aplicar otro tratamiento.

Cuando la estadificación se basa solo en los resultados de la biopsia inicial, en la exploración física y en las pruebas de diagnóstico por la imagen, se denomina clínica. Si se utilizan los resultados de una intervención quirúrgica o de biopsias adicionales, el estadio se denomina patológico o quirúrgico. Los estadios clínico y patológico (quirúrgico) pueden diferir.

Además de las pruebas de diagnóstico por la imagen, se suele analizar la sangre para saber si el cáncer ha comenzado a afectar al hígado, a los huesos o a los riñones.

Gradación del cáncer

La gradación es una medida de la rapidez con la que el cáncer está creciendo o diseminándose (lo que se llama agresividad). El grado del cáncer puede ayudar a los médicos a establecer el pronóstico. El grado se determina al examinar la muestra de tejido obtenida durante una biopsia. El grado se establece según el nivel de anormalidad del aspecto de las células cancerosas al examinarlas al microscopio. Las células con aspecto más anormal son más agresivas. Se han desarrollado escalas de gradación para muchos tipos de cánceres.

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