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Introducción a las dislocaciones (luxaciones)

Por

Danielle Campagne

, MD, University of San Francisco - Fresno

Última revisión completa jul. 2019
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NOTA: Esta es la versión para el público general. MÉDICOS: Hacer clic aquí para la versión para profesionales
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Una luxación es la separación completa de los huesos que forman una articulación. En la subluxación, los huesos de una articulación están parcialmente fuera de su lugar. A menudo, una articulación dislocada (luxada) permanece dislocada hasta que el médico la vuelve a colocar en su lugar (reducción), pero a veces se desplaza por sí sola.

  • La mayoría de las lesiones articulares son el resultado de traumatismos o de un uso excesivo.

  • La zona lesionada duele (especialmente cuando se usa), generalmente está hinchada, y puede estar contundida, distorsionada, angulada o fuera de su posición.

  • También pueden presentarse o desarrollarse otras lesiones, como fracturas, daño a los vasos sanguíneos y nervios, síndrome compartimental, infecciones y problemas articulares de larga duración.

  • Los médicos a veces pueden diagnosticar dislocaciones según los síntomas, las circunstancias que causan la lesión y los resultados de un examen físico, pero a veces se necesitan radiografías u otras pruebas de diagnóstico por imágenes.

  • El tratamiento consiste en colocar los huesos en su lugar (reducción), generalmente mediante manipulación, e inmovilizarlos, pero a veces se necesita cirugía.

  • Muchas luxaciones (dislocaciones) no causan problemas de larga duración, pero algunas debilitan o rompen los ligamentos y tendones que estabilizan la articulación.

  • Cuando se inmoviliza una articulación, ésta puede volverse rígida y los músculos pueden acortarse o atrofiarse (consumirse).

Las articulaciones forman parte del sistema musculoesquelético, que está formado por los huesos, los músculos y los tejidos que los conectan (ligamentos, tendones y otros tejidos conjuntivos, llamados en conjunto partes blandas). El sistema musculoesquelético proporciona al cuerpo su forma y su estabilidad, y le permite moverse.

En las luxaciones, los huesos que forman la articulación están completamente separados. En la subluxación, los huesos están parcialmente fuera de posición y no separados por completo. Las luxaciones pueden ir acompañadas de lesiones en otros tejidos del sistema musculoesquelético, como las siguientes:

  • Fracturas: Los huesos se pueden agrietar o romper. Por lo general, los tejidos que rodean los huesos fracturados también están lesionados.

  • Esguinces: los ligamentos (que unen los huesos entre sí) pueden haberse desgarrado.

  • Esguinces: los músculos se pueden desgarrar.

  • Rotura de tendón: los tendones (que unen el músculo al hueso) se pueden romper.

Las luxaciones, fracturas, esguinces y distensiones (las denominadas colectivamente lesiones musculoesqueléticas) varían mucho tanto en gravedad como en el tipo de tratamiento necesario.

Las luxaciones pueden ser abiertas (la piel está desgarrada) o cerradas (la piel no está desgarrada).

Las luxaciones generalmente afectan una extremidad, pero pueden ocurrir en otras partes del cuerpo, como la mandíbula, el cuello o la columna vertebral.

El pronóstico y el tratamiento de las luxaciones varían mucho según su ubicación y su gravedad.

Causas

La causa más frecuente de las luxaciones y otras lesiones de los tejidos musculoesqueléticos es un traumatismo. El traumatismo incluye

  • Un traumatismo directo, como sucede en caídas o accidentes de tráfico

  • Las lesiones por desgaste, como ocurre durante las actividades diarias o como resultado de movimientos vibratorios o sacudidas

  • El uso excesivo, como sucede con el sobreentrenamiento deportivo

La gravedad de una luxación depende en parte del tipo y la intensidad del traumatismo que la ha provocado.

Algunas luxaciones se producen durante la práctica de determinados deportes (véase Lesiones deportivas).

Algunos trastornos aumentan la probabilidad de luxaciones. Un ejemplo es el síndrome de Ehlers-Danlos, un trastorno hereditario muy poco frecuente del tejido conjuntivo que hace que las articulaciones sean inusualmente flexibles. Las personas con este trastorno son propensas a sufrir luxaciones y esguinces.

Síntomas

Cuando se produce una luxación, los huesos pueden estar claramente fuera de su posición. La articulación puede verse deformada o curvada. Un hueso puede sobresalir de forma anormal, provocando que la piel que lo rodea se estire y sobresalga.

Las luxaciones causan los síntomas siguientes:

  • Dolor

  • Hinchazón

  • Incapacidad para usar la parte lesionada con normalidad

  • Hematomas o decoloración

  • Posibleme pérdida de la sensibilidad (entumecimiento o sensaciones anómalas)

La zona que rodea la luxación duele, sobre todo cuando la persona afectada trata de cargar peso sobre la parte lesionada o trata de utilizarla. Es sensible al tacto.

Con frecuencia, la parte lesionada (como un brazo, una pierna, una mano, un dedo de la mano o un dedo del pie) no se puede mover con normalidad.

Se pueden formar hematomas alrededor de la articulación luxada. Aparecen cuando existe un sangrado por debajo de la piel. Al principio, el moratón es de color negro violáceo y, lentamente, con el transcurso de los días, se va tornando entre verde y amarillo a medida que la sangre se descompone y el organismo la reabsorbe.

Debido a que los movimientos de la parte lesionada son dolorosos, el paciente generalmente no quiere realizar movimientos. Si el paciente no puede hablar (como en el caso de niños pequeños o ancianos), la negativa a mover una parte del cuerpo puede ser el único signo de una luxación.

Complicaciones

Las luxaciones pueden ir acompañadas de otros problemas (complicaciones) o bien provocarlas. Sin embargo, las complicaciones graves no son frecuentes. El riesgo de complicaciones graves aumenta si la piel se rompe o si se lesionan los vasos sanguíneos o los nervios. Una luxación, a menos que se reduzca de forma precoz, es más propensa a lesionar los vasos sanguíneos y los nervios que una fractura.

Algunas complicaciones (como la lesión de los vasos sanguíneos y los nervios y las infecciones) se producen durante las primeras horas o días después de la lesión. Otras (como los problemas con las articulaciones y los defectos de consolidación) se desarrollan con el tiempo.

Fracturas

La lesión que produce la luxación también puede haber provocado una fractura. En muy pocos casos, las fracturas provocan que los músculos lesionados cercanos se hinchen tanto que se reduzca u obstruya el suministro de sangre hacia el miembro lesionado. Si no se restablece el flujo de sangre, la extremidad finalmente se siente fría y se vuelve azul y los tejidos de la extremidad se dañan o mueren. Este trastorno se denomina síndrome compartimental.

Lesiones de los vasos sanguíneos

Una luxación de cadera o rodilla puede interrumpir el flujo de sangre a la pierna. Por lo tanto, los tejidos de la pierna no pueden obtener sangre suficiente (lo que se denomina isquemia) y pueden morir (lo que se denomina necrosis). Una cadera luxada (dislocada) es propensa a la necrosis, especialmente si la luxación no se reduce rápidamente. En una luxación de cadera, se produce un estrechamiento de los vasos sanguíneos que irrigan el extremo superior del fémur (la parte de la articulación de la cadera denominada cabeza femoral). Como resultado, esta parte del fémur no recibe suficiente sangre. Cuando la rodilla está luxada (dislocada), es posible que la parte inferior de la pierna no reciba suficiente sangre. Si la falta de sangre produce la muerte de una gran cantidad de tejido, parte de la pierna puede tener que ser amputada. Ciertas lesiones del codo pueden interrumpir el flujo sanguíneo al antebrazo, causando problemas similares. La interrupción del suministro de sangre puede no causar ningún síntoma hasta varias horas después de la lesión.

Hemorragia

Las luxaciones graves o traumáticas pueden dañar los tejidos que las rodean y causar hemorragias internas. Un hueso luxado (dislocado) puede perforar la piel y causar una hemorragia externa.

Lesión neurológica

A veces los nervios se estiran, se lesionan o se aplastan cuando se luxa una articulación. Un traumatismo directo puede contundir o aplastar un nervio. Un aplastamiento provoca una lesión más importante que una contusión. Estas lesiones suelen curarse por sí mismas a lo largo de semanas, meses o años, en función de la gravedad de la enfermedad.

Con muy poca frecuencia, los nervios se desgarran. Los nervios lacerados no sanan por sí solos y pueden necesitar una reparación quirúrgica.

Algunas lesiones nerviosas nunca sanan por completo.

Infecciones

Si al producirse la fractura se desgarra la piel la herida puede infectarse, y la infección puede propagarse al hueso (lo que se denomina osteomielitis). La osteomielitis es muy difícil de curar.

Problemas articulares

Algunas veces, una luxación lesiona el cartílago situado en los extremos de los huesos de la articulación (las denominadas superficies articulares). Normalmente, este tejido de protección liso y resistente permite que las articulaciones se muevan sin problemas. El cartílago lesionado suele cicatrizar, lo que produce artrosis, que a su vez provoca rigidez en las articulaciones y limita su rango de movimiento. La rodilla, el codo y el hombro son particularmente propensos a desarrollar rigidez después de una luxación, especialmente en personas mayores. Además, la lesión que causa la luxación puede debilitar o desgarrar los tejidos que la estabilizan, como los ligamentos y los tendones.

Generalmente es necesaria la fisioterapia para prevenir la rigidez y ayudar a que la articulación se mueva lo más normalmente posible. Suele ser necesario el tratamiento quirúrgico para reparar el cartílago dañado. Después de la cirugía, es menos probable que se produzca una incongruencia articular (un escalón), y si se produce tiende a ser menos grave. A veces se necesita cirugía para reparar las roturas de ligamentos o de tendones.

Diagnóstico

  • Evaluación médica

  • Radiografías para identificar las fracturas

  • A veces resonancia magnética nuclear o tomografía computarizada

Si se produce una luxación de forma brusca, se debe decidir si se acude a un servicio de urgencias, si se avisa al médico de familia o si se espera para ver si el problema (dolor, hinchazón u otros síntomas) mejora o desaparece por sí solo.

Se debe llevar al paciente al servicio de urgencias, a menudo en ambulancia, si presenta cualquiera de los siguientes casos:

  • El problema es evidentemente grave (por ejemplo, si es el resultado de un accidente de tráfico o si el paciente no puede mover la parte del cuerpo afectada).

  • Se sospecha una luxación grave u otra lesión grave de las partes blandas.

  • Se sospecha que el paciente tiene una fractura (una posible excepción es la sospecha de una fractura del extremo de un dedo del pie).

  • Sufre varias lesiones.

  • Tiene síntomas de presentar alguna complicación, por ejemplo, pérdida de sensibilidad en la parte del cuerpo afectada, incapacidad para mover con normalidad la parte afectada, piel fría o azulada, o pérdida de fuerza en la parte afectada.

  • No puede cargar peso ni utilizar la parte del cuerpo afectada.

  • Inestabilidad de la articulación lesionada.

Debe llamarse al médico si

  • La lesión causa dolor o hinchazón, pero la extremidad lesionada no parece fracturada o gravemente lesionada.

Si nada de lo anterior es aplicable y la lesión parece menor, se puede llamar al médico o esperar y ver si el problema desaparece por sí solo.

Si las lesiones son el resultado de un accidente grave, la primera prioridad del médico es

  • Descartar la presencia de lesiones y complicaciones graves, como un flujo sanguíneo interrumpido, una pérdida significativa de sangre, una herida abierta, daño neurológico y síndrome compartimental, que puede aparecer cuando se reduce o se bloquea el suministro de sangre a una extremidad lesionada

Si alguna de estas lesiones y complicaciones están presentes, el médico las trata según sea necesario, y luego continúa con la exploración física.

Descripción de la lesión

El médico pide a la persona afectada (o a alguien que presenciara la situación) que describa lo que pasó. A menudo, el paciente no recuerda cómo se produjo una lesión o no lo puede describir con precisión. Saber cómo tuvo lugar la lesión puede ayudar al médico a determinar de qué tipo de lesión se trata. Además, el médico pregunta en qué dirección se forzó la articulación en el momento de la lesión.

El médico también pregunta cuándo empezó el dolor. Si se inicia inmediatamente después de la lesión, la causa puede ser una luxación, una fractura o un esguince grave. Si el dolor comenzó horas a días después, la lesión suele ser menor. Si el dolor es más intenso de lo esperado para el traumatismo o si empeora de forma progresiva durante las primeras horas después de la lesión, se puede haber desarrollado un síndrome compartimental o puede haberse interrumpido el flujo sanguíneo.

Exploración física

La exploración física incluye los siguientes aspectos (en orden de prioridad):

  • Comprobar la presencia de daños en los vasos sanguíneos cercanos a la parte del cuerpo lesionada

  • Comprobar la presencia de lesiones en los nervios próximos a la zona lesionada

  • Comprobar la presencia de heridas abiertas, articulaciones que se ven deformadas, hinchazón, hematomas y movimiento de la articulación deteriorado

  • Examinar y mover la parte lesionada

  • Explorar las articulaciones situadas por encima y por debajo de la parte lesionada

Para verificar si hay signos de daño en los vasos sanguíneos y alteración del flujo sanguíneo, los médicos comprueban los pulsos y el color y la temperatura de la piel. Cuando el flujo sanguíneo se interrumpe (como puede ocurrir en el síndrome compartimental), los pulsos eventualmente desaparecen o se vuelven débiles y la piel se vuelve pálida y fría. Los médicos miden la presión arterial, que es baja en personas que han perdido mucha sangre.

Para comprobar la presencia de lesiones nerviosas, los médicos determinan si la persona puede mover los músculos normalmente. Si no puede mover los músculos afectados, los nervios que controlan esos músculos (llamados nervios motores) pueden haberse dañado. El médico también evalúa la sensibilidad de la piel (si la persona afectada puede sentir con normalidad) y pregunta al paciente si tiene sensaciones anómalas, como una sensación de pinchazos, hormigueo o entumecimiento. Si la sensibilidad parece anormal o reducida, pueden haberse dañado los nervios responsables de la sensibilidad de la piel (llamados nervios sensoriales).

El médico palpa con cuidado la zona lesionada para determinar si los huesos se han desplazado de su lugar habitual y si la zona es dolorosa al tacto. El médico también comprueba si hay inflamación y hematomas. Además, pregunta si el paciente puede utilizar, apoyar y mover la parte lesionada.

Los médicos prueban la estabilidad de una articulación moviéndola suavemente, pero si es posible una fractura o dislocación, primero se realizan radiografías para determinar si es seguro mover la articulación. El médico comprueba si existe crepitación cuando se mueve la parte lesionada. Estos sonidos pueden indicar una fractura. El movimiento de la articulación afectada también puede ayudar al médico a determinar la gravedad de la lesión.

El médico también comprueba las articulaciones localizadas por encima y por debajo de la articulación lesionada.

Se pueden realizarpruebas de esfuerzo para evaluar la estabilidad de una articulación lesionada. Sin embargo, si se sospecha una fractura o una luxación, la prueba de esfuerzo se pospone hasta que se realicen radiografías para detectar estas lesiones. En una prueba de esfuerzo de una articulación, los médicos mueven suavemente la articulación en una dirección que habitualmente es perpendicular a su amplitud normal de movimiento. Si la articulación se palpa muy inestable, los médicos sospechan una luxación (o una lesión grave del ligamento).

Si el dolor o los espasmos musculares interfieren con el examen, se puede administrar al paciente un calmante y/o un relajante muscular por vía oral o mediante una inyección, o bien se le puede inyectar un anestésico local en la zona lesionada. Los médicos también pueden inmovilizar la articulación lesionada hasta que el espasmo se detenga (por lo general al cabo de unos cuantos días) y luego examinarla.

Pruebas

Las pruebas de diagnóstico por la imagen utilizadas para el diagnóstico de las luxaciones y otras lesiones musculoesqueléticas incluyen

  • Radiografías

  • Resonancia magnética nuclear (RMN)

  • Tomografía computarizada (TC)

Las radiografías son útiles para diagnosticar las luxaciones, así como las fracturas. Las radiografías no son útiles para detectar lesiones de ligamentos, tendones, o músculos, ya que únicamente muestran los huesos (y el líquido que se acumula alrededor de una articulación lesionada).

Se suelen tomar radiografías desde dos ángulos distintos como mínimo para mostrar cómo están alineados los huesos.

Para detectar las fracturas imperceptibles que pueden acompañar a una luxación, se puede realizar una TC o una RMN.

Se pueden realizar otras pruebas para determinar la presencia de otras lesiones que pueden ser consecuencia de una luxación:

Tratamiento

  • Tratamiento de cualquier complicación grave

  • Alivio del dolor

  • Protección, reposo, hielo, compresión y elevación (PRICE, por sus siglas en inglés)

  • Realineamiento (reducción) de los fragmentos que están fuera de lugar

  • Inmovilización, por lo general con una férula o un yeso

  • En ciertas ocasiones, intervención quirúrgica

Las complicaciones graves de las luxaciones requieren tratamiento inmediato. Sin tratamiento, las lesiones pueden empeorar, llegando a ser más dolorosas, siendo más probable que ocasionen una pérdida de función. Además, algunas complicaciones, como el síndrome compartimental, requieren atención de emergencia. Sin tratamiento, estas complicaciones pueden causar problemas graves o incluso la muerte.

Si una persona cree que tiene una fractura u otra lesión grave, debe acudir a un centro de urgencias. Si no puede caminar o presenta varias lesiones, debe ser trasladado en ambulancia. Hasta que pueda conseguirse asistencia médica, se debe hacer lo siguiente:

  • Evitar que la extremidad lesionada se mueva (inmovilizarla) y proporcionarle apoyo con una férula improvisada, un cabestrillo o una almohada

  • Elevar la extremidad, si es posible por encima de la altura del corazón, para limitar la inflamación

  • Aplicar hielo (cubierto por una toalla o un trapo) a la zona lesionada para controlar el dolor y la inflamación

Tratamiento de las lesiones graves

En el servicio de urgencias, los médicos determinan la presencia de lesiones que requieran tratamiento inmediato.

Si las arterias están dañadas, los médicos las reparan quirúrgicamente a menos que sean pequeñas y el flujo sanguíneo no esté afectado. El objetivo es asegurarse de que la parte lesionada no se vea privada de sangre. Si existe síndrome compartimental, es preciso tratarlo.

También se reparan quirúrgicamente los nervios cortados, pero esta cirugía se puede retrasar hasta varios días después de la lesión, si es necesario. Si los nervios están comprimidos o contundidos, pueden sanar por sí solos.

Si la piel se rompe, la herida se cubre con un apósito estéril, y se le administra al paciente una vacuna para prevenir el tétanos y antibióticos para prevenir la infección. Además, la herida se limpia, por lo general después de utilizar un anestésico local para adormecer la zona.

La mayoría de las luxaciones moderadas y graves, en particular las que son muy inestables, se inmovilizan de inmediato con una férula. Esta medida ayuda a reducir el dolor y prevenir más lesiones en los tejidos blandos producidas por luxaciones inestables.

Alivio del dolor

El dolor se trata, por lo general con analgésicos opiáceos y/o antiinflamatorios no esteroideos (AINE).

PRICE

A las personas con una luxación les puede resultar beneficioso el método PRICE. PRICE hace referencia a la combinación de Protección, Reposo, hielo (Ice en inglés), Compresión (presión) y Elevación.

La protección ayuda a prevenir lesiones añadidas que podrían empeorar la original. Habitualmente se aplica una férula u otro dispositivo.

El reposo evita una lesión mayor y puede acelerar la curación. La persona afectada debe limitar su actividad y evitar apoyar y/o utilizar la parte del cuerpo lesionada. Por ejemplo, puede necesitar el uso de muletas o no participar en deportes de contacto.

El hielo y la compresión minimizan la inflamación y el dolor. El hielo se aplica mediante una bolsa de plástico, toalla, o un paño que se mantiene durante 15 a 20 minutos cada vez, tan a menudo como sea posible durante las primeras 24 a 48 horas. Por lo general, la compresión se aplica a la herida mediante un vendaje elástico o una férula.

La elevación de la extremidad lesionada ayuda a drenar el líquido de la lesión y por lo tanto a reducir la inflamación. La extremidad lesionada se eleva por encima del nivel del corazón durante los primeros 2 días.

Después de 48 horas, el paciente puede aplicar periódicamente calor (por ejemplo, con una almohadilla térmica) durante 15 a 20 minutos cada vez. El calor puede aliviar el dolor. Sin embargo, no está claro si es preferible aplicar calor o hielo, y lo que funciona mejor puede variar de un sujeto a otro.

Reducción

Las luxaciones se vuelven a colocar en su posición normal (lo que se denomina realineación o reducción).

La reducción se suele llevar a cabo sin necesidad de cirugía (lo que se denomina reducción cerrada) mediante manipulación de los fragmentos (por ejemplo traccionando y/o girando la extremidad). Después de realizar la reducción, el médico suele solicitar radiografías para determinar si las partes lesionadas están en su posición normal.

Algunas luxaciones deben ser realineadas quirúrgicamente (lo que se denomina reducción abierta).

La reducción es dolorosa, por tanto, generalmente, antes del procedimiento se administra al paciente analgésicos, sedantes y/o un anestésico. Los tipos de fármacos que se utilizan dependen de la gravedad de la lesión y de cómo se debe llevar a cabo la reducción:

  • Reducción cerrada de dislocaciones menores (tales como las de los dedos de la mano o del pie): puede que únicamente sea necesario inyectar un anestésico local, como la lidocaína, cerca de la parte lesionada.

  • Reducción cerrada de dislocaciones mayores (como las del brazo, el hombro o la pierna): pueden administrarse un sedante y analgésicos intravenosos. El sedante adormila el sujeto, pero no le sumerge en un estado de inconsciencia. También se puede administrar un anestésico local mediante una inyección. Por ejemplo, si el paciente tiene una luxación de hombro, se puede inyectar lidocaína en la articulación del hombro.

  • Reducción abierta: se administra al paciente anestesia general mediante inyección o mediante una mascarilla, de forma que pierda la consciencia. Este procedimiento se realiza en el quirófano.

Inmovilización

Después de realinear la lesión, se debe evitar que esta se desplace (es decir, necesita ser inmovilizada).

Por lo general después de una reducción cerrada de una fractura se utiliza un yeso, una férula o un cabestrillo. Algunas luxaciones articulares requieren solo un cabestrillo o una férula, que se aplica después de volver a colocar la articulación en su posición normal.

La inmovilización reduce el dolor y ayuda a la curación al prevenir que se produzcan más lesiones en los tejidos circundantes. La inmovilización es útil para la mayoría de las luxaciones moderadas o graves. Se inmobilizan las articulaciones situadas a ambos lados de la lesión.

Si la inmovilización dura demasiado tiempo (por ejemplo, durante más de un par de semanas en adultos jóvenes), la articulación puede volverse rígida, a veces de forma permanente, y los músculos pueden acortarse (provocando contracturas) o disminuir su volumen (atrofiarse). Se pueden formar coágulos de sangre. Estos problemas pueden desarrollarse rápidamente, y las contracturas pueden llegar a ser permanentes, por lo general en las personas mayores. En consecuencia, el médico recomienda el movimiento tan pronto como sea posible.

Los yesos se utilizan generalmente para las lesiones que deben mantenerse inmovilizadas durante semanas.

Para aplicar un yeso, el médico envuelve la zona lesionada en una tela, a la que después aplica una capa de un material de algodón suave para proteger la piel de la presión y el roce. Sobre este vendaje se aplica unas vendas de yeso o de fibra de vidrio que se endurecen cuando se secan. El yeso se moldea bien y es menos probable que roce contra el cuerpo. Las inmovilizaciones con fibra de vidrio son más fuertes, más ligeras y más duraderas. Después de aproximadamente una semana disminuye la hinchazón. A continuación, la férula de yeso a veces puede ser reemplazada por una inmovilización con fibra de vidrio que en esta fase se adapta más fácilmente a la extremidad.

A los pacientes a los que se les coloca un yeso se les proporcionan instrucciones específicas para su cuidado. Si un yeso no se cuida adecuadamente, pueden aparecer problemas. Por ejemplo, si se moja un yeso, el acolchado protector bajo el yeso puede empaparse, siendo imposible secarlo por completo. Como resultado, la piel puede reblandecerse y erosionarse, y pueden formarse úlceras. Además, si un yeso se moja, puede reblandecerse y, por lo tanto, no proteger e inmovilizar la zona lesionada.

Es necesario dar instrucciones al paciente para que mantenga le extremidad inmovilizada elevada el mayor tiempo posible, a nivel o por encima del nivel del corazón, sobre todo durante las primeras 24 a 48 horas. También debe flexionar y extender los dedos de forma regular. Estas estrategias ayudan a que la sangre abandone la extremidad lesionada y a prevenir, de esta forma, la hinchazón.

Con muy poca frecuencia, la escayola o el yeso causa dolor, presión o entumecimiento que persisten o empeoran con el tiempo. Si sufre este tipo de dolor, debe informar al médico de inmediato. Estos síntomas pueden deberse a una úlcera por presión o a un síndrome compartimental en desarrollo. En estos casos, el médico puede tener que retirar el yeso y colocar otro.

Cuidado del yeso (escayola)

  • Durante el baño, se envuelve el molde de yeso en una bolsa de plástico y se sella muy cuidadosamente la parte superior con bandas de goma o esparadrapo; también puede utilizarse un recubrimiento impermeable especialmente diseñado para proteger un molde de yeso del agua. Existen fundas de protección comercializadas, cómodas de usar, y más fiables. Si un molde de yeso se moja, el alcochamiento interior puede retener la humedad. Parte de esta humedad puede eliminarse con un secador de pelo. Si no es posible, debe cambiarse el molde de yeso para evitar el desprendimiento de la piel.

  • Nunca se debe introducir un objeto dentro del molde de yeso (por ejemplo, para rascarse).

  • Hay que vigilar la piel que rodea el molde de yeso a diario y acudir al médico ante cualquier enrojecimiento o llaga.

  • Revise los bordes del yeso todos los días, y si están ásperos, coloque esparadrapo, gasas, algodón u otro material blando para acolcharlos y que no lesionen la piel.

  • Durante el reposo, hay que colocar cuidadosamente el molde de yeso sobre una almohada pequeña o una almohadilla para prevenir que el borde del molde pellizque la piel o se clave en ella.

  • Se debe elevar regularmente el miembro enyesado, siguiendo las recomendaciones del médico, para evitar la inflamación.

  • Si el molde de yeso ocasiona dolor persistente o se nota excesivamente apretado, debe contactarse inmediatamente con el médico. Estos síntomas puede ser consecuencia de la aparición de úlceras por presión o de hinchazón, lo que puede requerir la retirada inmediata del molde de yeso.

  • Es necesario contactar con el médico si el yeso desprende mal olor o si aparece fiebre. Estos síntomas pueden indicar una infección.

  • Si el molde de yeso ocasiona un dolor que empeora a medida que pasa el tiempo o un entumecimiento o debilidad de nueva aparición, debe contactarse con el médico. Estos síntomas pueden indicar un síndrome compartimental.

Se puede utilizar una férula para inmovilizar algunas luxaciones estables, sobre todo si la inmovilización debe mantenerse solo algunos días. Durante el tratamiento inicial, las férulas también se usan para inmovilizar inmediatamente las luxaciones moderadas y grave, particularmente las muy inestables, hasta que la persona pueda ser evaluada a fondo. La férula permite que el paciente se aplique hielo y que tenga mayor movilidad que el yeso.

Una férula (también llamada tablilla) es una tabla alargada y estrecha fabricada con yeso, fibra de vidrio o aluminio que se aplica con bandas elásticas o cinta adhesiva. Dado que la tablilla no rodea completamente el miembro, permite cierta expansión debida a la hinchazón. Por lo tanto, una férula no aumenta el riesgo de desarrollar un síndrome compartimental. Algunas lesiones que en último término van a necesitar un yeso se inmovilizan en primer lugar con una férula hasta que disminuye la inflamación.

Un cabestrillo, por sí mismo, puede proporcionar algo de apoyo. Puede ser útil un cabestrillo cuando la inmovilización completa tiene efectos indeseables. Por ejemplo, si se mantiene una inmovilización estricta del hombro los tejidos alrededor de la articulación pueden llegar a desarrollar una rigidez, a veces en días, impidiendo que el hombro tenga movilidad (lo que se denomina hombro congelado). El cabestrillo limita el movimiento del hombro y del codo, pero permite los movimientos de la mano.

Se puede añadir al cabestrillo una banda de tejido o una tira que pase por la espalda para evitar el vaivén exterior del brazo, especialmente durante la noche. La banda (sistema antirrotatorio) se envuelve alrededor del tronco y del brazo lesionado.

Técnicas habituales para inmovilizar una articulación

Técnicas habituales para inmovilizar una articulación

Cirugía

En algunos casos, las luxaciones no se pueden reducir mediante reducción cerrada y se requiere cirugía para realinear la articulación a su posición normal. Una vez la articulación se ha realineado, a menudo no es necesaria una cirugía adicional.

A veces se requiere cirugía para tratar las fracturas que acompañan a las luxaciones, estabilizar la articulación o retirar restos de la articulación.

Rehabilitación y pronóstico

Muchas luxaciones y lesiones relacionadas se curan bien y causan pocas complicaciones. Sin embargo, algunas no se curan por completo a pesar de que se haya hecho un diagnóstico acertado y se haya seguido el tratamiento adecuado.

El tiempo requerido para que la fractura se cure oscila entre semanas y meses, dependiendo de

  • Tipo de lesión

  • Localización de la lesión

  • La edad del sujeto

  • Otros trastornos presentes

Por ejemplo, los niños se curan mucho más rápido que los adultos, y ciertos trastornos (incluyendo los que causan problemas de circulación, como la diabetes y la enfermedad vascular periférica) retrasan la velocidad de cicatrización.

Generalmente el sujeto siente molestias al realizar algunas actividades, incluso después de que las fracturas ya estén lo suficientemente curadas como para cargar todo el peso corporal sobre la zona afectada. Algunos pacientes también notan dolor y rigidez en la zona lesionada cuando el clima es frío.

La inmovilización aumenta la rigidez articular, y los músculos se debilitan y se atrofian ya que no se utilizan. Si se inmoviliza un miembro con un yeso, la articulación afectada se vuelve más rígida cada semana, y, finalmente, el paciente no puede extender y flexionar completamente su extremidad. Estos problemas pueden desarrollarse rápidamente y convertirse en permanentes, siendo más frecuentes en personas mayores.

Para prevenir o minimizar la rigidez y ayudar a las personas a mantener la fortaleza muscular, los médicos o fisioterapeutas pueden recomendar el ejercicio diario, que incluye ejercicios de amplitud de movimiento y ejercicios de fortalecimiento muscular. Mientras se cura la fractura, la persona afectada puede ejercitar el resto del cuerpo siguiendo las instrucciones de su médico o su fisioterapeuta.

Una vez que la lesión se ha consolidado lo suficiente y la articulación ya no está inmovilizada, el paciente puede empezar a ejercitar la extremidad lesionada. Al realizar ejercicios, se debe prestar atención a las sensaciones procedentes del miembro lesionado y evitar realizar ejercicios demasiado enérgicos. Si los músculos están demasiado débiles para que el paciente los ejercite, el fisioterapeuta puede mover los miembros del paciente (lo que se denomina ejercicios pasivos). Sin embargo, en última instancia, para recuperar la fuerza plena de una extremidad lesionada, el paciente debe mover sus músculos (lo que se denomina ejercicios activos).

Los ejercicios para aumentar la amplitud de movimiento y la fuerza muscular y para fortalecer y estabilizar la articulación lesionada pueden contribuir a evitar la reaparición de las lesiones y ayudan a prevenir el deterioro a largo plazo.

Edad y salud: luxaciones

Las personas mayores de 65 años tienen más probabilidades de sufrir una luxación articular, en parte porque son más propensas a las caídas, una causa común de luxaciones. Las personas mayores son más propensas a caerse por las razones siguientes:

  • Algunos de los cambios normales relacionados con la edad afectan el equilibrio, la visión, la sensibilidad (principalmente en los pies) y la fuerza muscular, haciendo que las caídas sean más probables. Estos cambios también dificultan que las personas mayores se protejan cuando caen.

  • Algunas personas mayores se sienten mareadas o aturdidas cuando se sientan o se ponen de pie porque su presión arterial desciende en exceso.

  • Además, tienen más probabilidad de sufrir efectos secundarios con los fármacos (como somnolencia, pérdida del equilibrio y mareo), lo que hace que las caídas sean más probables.

Otras lesiones tienden a acompañar una luxación con mayor frecuencia en las personas mayores. Por ejemplo, es más probable que una luxación del hombro cause un desgarro del manguito de los rotadores en personas mayores que en personas más jóvenes.

En las personas mayores, la recuperación suele ser más complicada y más lenta que en los jóvenes porque

  • Las personas de edad avanzada suelen tener menos fuerza general, menos flexibilidad y más problemas de equilibrio que las personas más jóvenes. Por lo tanto, compensar las limitaciones causadas por una luxación resulta más duro, y volver a realizar las actividades diarias es más difícil.

  • Cuando las personas mayores están inactivas o inmovilizadas (por yesos o férulas), pierden tejido muscular más rápidamente que los adultos jóvenes. Por lo tanto, la inmovilización puede ocasionar debilidad muscular. A veces, los músculos se acortan de forma permanente, y se forman cicatrices en los tejidos situados alrededor de la articulación, como ligamentos y tendones. Este trastorno (denominado contracturas articulares) limita el movimiento de la articulación.

  • Las personas mayores son más propensas a sufrir otros trastornos (como artritis o mala circulación) que pueden interferir con la recuperación o enlentecer la curación.

Incluso las fracturas de menor importancia pueden deteriorar significativamente la capacidad de las personas mayores para llevar a cabo las actividades diarias normales, como comer, vestirse, bañarse e incluso caminar, sobre todo si utilizaban un andador antes de la lesión.

Inmobilización: la inmobilización (por ejemplo, cuando es necesario el reposo en cama) es un motivo de preocupación que afecta particularmente a las personas de edad avanzada.

La inmovilización en personas mayores es más probable que cause

Se desarrollan úlceras de decúbito cuando se interrumpe o se reduce el flujo de sangre a una zona. En los ancianos el flujo sanguíneo a una extremidad ya puede estar reducido. Cuando la extremidad lesionada se apoya sobre un yeso, el propio peso de la extremidad puede reducir aún más el flujo sanguíneo y se pueden formar úlceras de decúbito (o por presión). Si se requiere reposo en cama, se pueden formar úlceras por presión en las zonas de la piel que quedan apoyadas sobre la cama. Estas áreas deben ser inspeccionadas de forma minuciosa para detectar cualquier signo que indique que la piel se está lesionando.

Debido a que la inmovilización es más probable que cause problemas en las personas de edad avanzada, el tratamiento de las luxaciones y otras lesiones musculoesqueléticas se centra en ayudar a que los ancianos retomen sus actividades cotidianas tan pronto como sea posible.

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