Las intervenciones médicas (como pruebas y tratamientos médicos) casi siempre conllevan algunos riesgos. Estos riesgos podrían afectar la calidad de vida. Los pacientes y los profesionales de la salud deben sopesar los beneficios de las pruebas y los tratamientos contra los posibles efectos negativos sobre la calidad de vida (véase también Toma de decisiones médicas) y explicárselos a cada persona afectada.
Entre los beneficios potenciales de las intervenciones médicas se encuentran los siguientes:
Alivio de los síntomas (por ejemplo, tener menos dolor o molestias, o sentir menos fatiga)
Mejora de la calidad de vida (como ser más capaz de realizar las actividades cotidianas)
Prevención de complicaciones
Retraso de la progresión de la enfermedad
Aumento de la esperanza de vida
Curación
Los efectos negativos potenciales de las intervenciones médicas comprenden los siguientes:
Molestia
Coste
Síntomas o complicaciones, como molestias, fatiga prolongada, pérdida de fuerza muscular, movilidad reducida e incontinencia
Necesidad de pruebas o tratamientos adicionales
Muerte
Al momento de elegir si realizarse una prueba diagnóstica, las personas deben hablar con su médico sobre lo que esta implica (como el coste o las molestias), sus riesgos y cómo se utilizarán los resultados para orientar las decisiones del tratamiento. Es posible que algunas personas decidan no someterse a una prueba si no tienen intención de actuar en función de los resultados.
Cuando es muy probable que los tratamientos logren beneficios y es muy poco probable que tengan efectos negativos, las decisiones son relativamente fáciles de tomar. Sin embargo, cuando hay efectos negativos potencialmente significativos, las personas deben trabajar con sus médicos para tomar decisiones que tengan en cuenta la calidad de vida. Por ejemplo, la terapia agresiva contra el cáncer puede prolongar la vida pero tener efectos negativos graves (incluyendo náuseas y vómitos crónicos o fatiga) que reducen en gran medida la calidad de vida. En este caso, la preferencia de la persona por una peor calidad de vida durante el tratamiento a cambio de prolongar potencialmente la duración de la vida y su tolerancia al riesgo y a la incertidumbre pueden modificar o crear nuevos objetivos de atención médica y ayudar a determinar qué intervenciones médicas utilizar.
La perspectiva de la persona sobre la calidad de vida también puede afectar a las decisiones de tratamiento cuando diferentes opciones (como la cirugía frente a los medicamentos) pueden tener diferentes beneficios, efectos negativos o ambos. Los profesionales de la salud pueden ayudar a las personas afectadas a comprender lo que podría suceder con las diversas opciones de tratamiento, lo que les permite tomar decisiones más informadas con respecto a las pruebas y los tratamientos médicos.
A la hora de tomar decisiones médicas, la esperanza de vida a menudo es más importante que la edad. Por ejemplo, las personas con una esperanza de vida limitada pueden no vivir lo suficiente como para beneficiarse del tratamiento agresivo de un trastorno progresivo lento (por ejemplo, prostatectomía radical para un cáncer de próstata localizado de crecimiento lento). Sin embargo, la calidad de vida es una consideración importante en las decisiones médicas, por lo que incluso las personas con una esperanza de vida limitada pueden considerar recibir tratamientos invasivos si pueden mejorar su calidad de vida (por ejemplo, una cirugía de reemplazo articular).
Con los avances en las tecnologías digitales, los dispositivos de monitorización (como los monitores remotos y los relojes inteligentes) o de asistencia (como los vehículos autónomos) pueden ayudar a los adultos mayores a ser más independientes. Sin embargo, al igual que con cualquier otra intervención, las personas deben evaluar si desean utilizar tecnologías digitales teniendo en cuenta los riesgos, los beneficios, el coste, la facilidad de uso y las cuestiones de privacidad.
Con independencia de los objetivos generales del tratamiento, los profesionales de la salud deben considerar simultáneamente la necesidad de aliviar o minimizar los síntomas, como el dolor, las náuseas y la dificultad respiratoria. El hecho de tener que vivir con tales síntomas puede afectar significativamente la calidad de vida de una persona.



