Manual Msd

Please confirm that you are not located inside the Russian Federation

Cargando

Hipertensión arterial

(Hipertensión)

Por

George L. Bakris

, MD, University of Chicago School of Medicine

Última revisión completa oct. 2019
Hacer clic aquí para la versión para profesionales
Datos clave
NOTA: Esta es la versión para el público general. MÉDICOS: Hacer clic aquí para la versión para profesionales
Hacer clic aquí para la versión para profesionales
Recursos de temas

La hipertensión arterial se define como una elevación continuada de la presión en las arterias.

  • A menudo no es posible identificar la causa de la hipertensión, pero algunas veces se produce a consecuencia de una enfermedad renal subyacente o de un trastorno hormonal.

  • La obesidad, un estilo de vida sedentario, fumar, un consumo abusivo de alcohol o un exceso de sodio (sal) en la dieta son factores que pueden desempeñar un papel activo en el desarrollo de la hipertensión en personas que tienen una tendencia hereditaria al desarrollo de dicha enfermedad.

  • En la mayoría de los afectados la hipertensión arterial no causa síntomas.

  • Los médicos establecen el diagnóstico después de medir la presión arterial dos o más veces.

  • Se aconseja perder peso, dejar de fumar y reducir la cantidad de sodio y de grasas presentes en la dieta.

  • Se prescribe un tratamiento con medicamentos antihipertensores.

Mucha gente asocia la palabra hipertensión con tensión excesiva, nerviosismo o estrés. En términos médicos, la hipertensión se refiere a la presión arterial elevada de forma permanente, independientemente de la causa. Dado que no suele causar síntomas durante muchos años, hasta que un órgano vital resulta dañado, la hipertensión se conoce como «el asesino silencioso». La hipertensión arterial no controlada aumenta el riesgo de trastornos como accidentes cerebrovasculares, aneurismas, insuficiencia cardíaca, infarto de miocardio y enfermedad renal crónica.

Se estima que en Estados Unidos hay alrededor de 75 millones de personas con hipertensión. En Estados Unidos, la hipertensión es más frecuente en personas de ascendencia africana (un 41% de los adultos de dicha ascendencia sufren hipertensión, en comparación con el 28% de los de otras ascendencias). También se presenta con mucha frecuencia en personas cuyos antepasados provienen de China, Japón y otras zonas del este de Asia o del Pacífico (como los coreanos, tailandeses, polinesios, micronesios, filipinos y maorís). Las consecuencias de la hipertensión son peores para las personas de ascendencia africana y asiática. Estudios estadísticos realizados en Estados Unidos indican que la hipertensión es más frecuente en personas de edad avanzada, aproximadamente en las dos terceras partes de las personas de 65 años o más, mientras que tan solo afecta a aproximadamente una cuarta parte de las personas entre 20 y 74 años de edad. Las personas con presión arterial normal a los 55 años de edad tienen un riesgo del 90% de desarrollar hipertensión en algún momento de su vida. La hipertensión es dos veces más frecuente entre las personas obesas que entre las que no lo son.

El número de personas que padecen este trastorno es más elevado de lo que muestran las estadísticas, por ejemplo en Estados Unidos se estima que solo el 81% de las personas afectadas reciben un diagnóstico de hipertensión. Entre las personas con diagnóstico de hipertensión, alrededor del 73% reciben tratamiento farmacológico y apenas el 51% de estas últimas reciben un tratamiento adecuado.

Edad y salud: hipertensión arterial

Los cambios debidos al envejecimiento pueden contribuir a la hipertensión arterial sin causa conocida (hipertensión primaria). Cuando las personas envejecen, las grandes arterias se endurecen gradualmente y las arteriolas pueden llegar a bloquearse parcialmente. Algunos expertos piensan que esta rigidez combinada con el estrechamiento de las arteriolas puede explicar en parte por qué la presión arterial aumenta con la edad.

Cuando se toma la presión arterial, se registran dos valores el valor más alto refleja la mayor presión en las arterias, que se alcanza cuando el corazón se contrae (durante la sístole). El valor más bajo refleja la menor presión en las arterias, que se alcanza justo antes de que el corazón comience a contraerse de nuevo (durante la diástole). La tensión arterial se expresa como presión sistólica/presión diastólica, por ejemplo 120/80 mm Hg (milímetros de mercurio). Este resultado se leería como « 120 y 80 ».

Clasificación de la presión arterial

En adultos, la presión arterial se clasifica como presión arterial normal, presión arterial elevada (hipertensión arterial) en fase 1 (leve) o presión arterial elevada (hipertensión arterial) en fase 2. Sin embargo, cuanto más elevada es la presión arterial, mayor es el riesgo de complicaciones, incluso dentro de niveles normales, de modo que estos límites son algo arbitrarios.

Tabla
icon

Clasificación de la presión arterial en adultos*

Clasificación

Presión arterial (mm Hg)

Presión arterial normal

Menos de 120/80

Presión arterial elevada

120-129/menos de 80

Hipertensión arterial en fase 1

130–139 (presión arterial sistólica)

o

80-89 (presión arterial diastólica)

Hipertensión arterial en fase 2

140 (presión arterial sistólica) o superior

o

90 (presión arterial diastólica) o superior

*Las personas cuyas presiones sistólica y diastólica se ubican en categorías diferentes se considera que se encuentran en la categoría más alta de la presión arterial.

La información se basa en las 2017 Guidelines for the Prevention, Detection, Evaluation, and Management of High Blood Pressure in Adults issued by the American College of Cardiology and the American Heart Association (Directrices 2017 para la Prevención, detección, evaluación y control de la presión arterial elevada en adultos emitidas por el Colegio estadounidense de cardiología y la Asociación estadounidense del corazón).

Una urgencia hipertensiva leve se produce cuando la tensión arterial supera los 120 mm Hg, pero aún no ha causado ningún daño orgánico evidente para el afectado o sus médicos. Una urgencia hipertensiva leve no suele dar síntomas.

Una urgencia hipertensiva grave es una forma de hipertensión especialmente peligrosa. La tensión arterial es como mínimo 120 mm Hg y existen signos de daño progresivo en uno o más órganos vitales (normalmente cerebro, corazón y riñones) acompañado, a menudo, por una diversidad de síntomas. Sin embargo, las urgencias hipertensivas graves son muy poco frecuentes, aunque se dan mucho más en personas de ascendencia africana que en personas de ascendencia caucásica, en hombres que en mujeres y en personas de bajo nivel socioeconómico que en personas de alto nivel socioeconómico. Si no se trata, una urgencia hipertensiva grave puede ser mortal.

Control de la presión arterial por parte del organismo

El organismo posee muchos mecanismos para controlar la presión arterial. El cuerpo puede cambiar

  • La cantidad de sangre bombeada por el corazón

  • El diámetro de las arterias

  • El volumen de sangre en el torrente sanguíneo

El corazón puede bombear mayor cantidad de sangre al hacerlo de forma más enérgica o más rápida, con el fin de aumentar la presión arterial. Las arteriolas pueden estrecharse (constricción), forzando a la sangre que proviene de cada latido cardíaco a pasar por un espacio más estrecho de lo normal. Dado que el espacio en las arterias es más estrecho, el paso de la misma cantidad de sangre por ellas aumenta la presión arterial. Las venas se pueden contraer para reducir su capacidad de retener sangre, lo cual fuerza la entrada de mayor cantidad de sangre en las arterias. Como consecuencia, se produce un aumento de la presión arterial. También se puede agregar líquido al torrente sanguíneo para incrementar el volumen de sangre y aumentar así la presión arterial.

Para disminuir la presión arterial, el corazón puede bombear con menos potencia o rapidez, las arteriolas y las venas pueden ensancharse (dilatarse) y se puede eliminar líquido del torrente sanguíneo.

Estos mecanismos están regidos por la rama simpática del sistema nervioso autónomo (la parte del sistema nervioso que regula los procesos internos del organismo que no requieren esfuerzo consciente) y por los riñones. La rama simpática emplea diferentes medios para aumentar temporalmente la presión arterial durante la respuesta de lucha o huida (la reacción física del organismo frente a una amenaza).

  • La rama simpática estimula las glándulas suprarrenales para que liberen las hormonas epinefrina (adrenalina) y norepinefrina ( noradrenalina). Estas hormonas estimulan el corazón para que lata más rápido y más enérgicamente, además de estimular la contracción de la mayoría de las arteriolas y la dilatación de algunas de ellas. Las arteriolas que se dilatan son las que están situadas en las zonas donde se necesita una mayor irrigación sanguínea (como en los músculos esqueléticos, controlados por el esfuerzo consciente).

  • La rama simpática también estimula los riñones para que disminuya la excreción de sodio y agua, de modo que aumente el volumen sanguíneo. El organismo controla la transferencia de sodio entre el interior y el exterior de las células, para evitar un exceso de sodio en el interior de éstas. Una cantidad excesiva de sodio en el interior de las células puede hacer que el organismo se vuelva demasiado sensible a la estimulación por la división simpática.

Los riñones también responden de forma directa a los cambios en la presión arterial. Si la presión arterial aumenta, los riñones incrementan la eliminación de sodio y agua, de modo que el volumen sanguíneo disminuye y así la presión arterial retorna a sus valores normales. Del mismo modo, si la presión arterial disminuye, los riñones reducen la eliminación de sodio y agua, de modo que el volumen sanguíneo aumenta y así la presión arterial retorna a sus valores normales. Los riñones pueden incrementar la presión arterial mediante la secreción de una enzima denominada renina, que finalmente estimula la producción de la hormona angiotensina II.

La angiotensina II contribuye a aumentar la presión arterial al

  • Provocar la contracción de las arteriolas

  • Desencadenar la división simpática del sistema nervioso autónomo

  • Desencadenando la liberación de otras dos hormonas, la aldosterona y la vasopresina (también denominada hormona antidiurética), que hacen que los riñones incrementen la retención de sodio y de agua.

Los riñones suelen producir sustancias que provocan la dilatación de las arteriolas que hay en su interior. Esto último contribuye a equilibrar los efectos de las hormonas que provocan la constricción de las arteriolas.

La presión arterial varía de modo natural a lo largo de la vida de una persona. Los lactantes y los niños suelen tener una presión arterial mucho más baja que los adultos. En casi todas las personas que viven en países industrializados, la presión arterial aumenta con la edad. La presión sistólica aumenta hasta la edad de 80 años por lo menos y la presión diastólica aumenta hasta la edad de 55 a 60 años, luego se estabiliza o incluso disminuye. Sin embargo, en el caso de personas que viven en algunos países en vías de desarrollo, ni la presión sistólica ni la diastólica aumentan con el envejecimiento, y la hipertensión es prácticamente inexistente, posiblemente porque el consumo de sodio es bajo y el nivel de actividad física es mayor.

Regulación de la presión arterial: sistema renina-angiotensina-aldosterona

El sistema renina-angiotensina-aldosterona consiste en una secuencia de reacciones diseñadas para ayudar a regular la presión arterial.

  • Cuando la presión arterial disminuye (para la sistólica, a 100 mm Hg o menos), los riñones liberan la enzima renina en el torrente sanguíneo.

  • La renina escinde el angiotensinógeno, una proteína grande que circula por el torrente sanguíneo, en dos fragmentos. El primer fragmento es la angiotensina I.

  • La angiotensina I, que es relativamente inactiva, es dividida a su vez en fragmentos por la enzima convertidora de la angiotensina (ECA). El segundo fragmento es la angiotensina II, una hormona muy activa.

  • La angiotensina II provoca la constricción de las paredes musculares de las arteriolas, aumentando la presión arterial. La angiotensina II también desencadena la liberación de la hormona aldosterona por parte de las glándulas suprarrenales y de la vasopresina (hormona antidiurética) por parte de la hipófisis (glándula pituitaria).

  • La aldosterona y la vasopresina (hormona antidiurética) provocan la retención de sodio por parte de los riñones. La aldosterona también provoca que los riñones retengan potasio. El incremento de los niveles de sodio provoca retención de agua, aumentando así el volumen de sangre y la presión arterial.

Regulación de la presión arterial: sistema renina-angiotensina-aldosterona

La actividad afecta a la presión arterial temporalmente, ya que la presión es mayor cuando la persona está activa y menor cuando descansa. La presión arterial también varía según la hora del día: es más alta por la mañana y más baja por la noche durante el sueño. Estas variaciones son normales. Cuando una alteración provoca una elevación transitoria de la presión arterial, se desencadena alguno de los mecanismos de compensación del organismo con el fin de neutralizar dicho cambio y mantener la presión arterial en niveles normales. Por ejemplo, un incremento del volumen de sangre bombeada por el corazón, que tiende a aumentar la presión arterial, provoca que los vasos sanguíneos se dilaten y que los riñones aumenten la eliminación de sal y agua, lo que tiende a reducir la presión arterial.

Causas

La presión arterial alta puede ser

  • Primaria

  • Secundaria

Hipertensión primaria

La hipertensión arterial de causa desconocida se denomina hipertensión primaria (anteriormente se denominaba hipertensión esencial). Entre el 85 y el 95% de las personas con hipertensión sufren hipertensión primaria. Probablemente, la elevación de la presión arterial se debe a una combinación de diversas alteraciones producidas en el corazón y en los vasos sanguíneos. Por ejemplo, la cantidad de sangre bombeada por minuto (gasto cardíaco) puede aumentar, y la resistencia al flujo sanguíneo también puede incrementarse porque los vasos sanguíneos estén contraídos. También puede aumentar el volumen sanguíneo. Las razones de estas alteraciones no se conocen por completo, pero al parecer implican una anomalía hereditaria que afecta a la constricción de las arteriolas, que ayudan a controlar la presión arterial. Otros cambios, como la acumulación excesiva de sodio en el interior de las células y un descenso en la producción de sustancias que dilatan las arteriolas, pueden contribuir a aumentar la presión arterial.

Hipertensión secundaria

Cuando existe una causa conocida, la afección se denomina hipertensión secundaria. Entre el 5 y el 15% de las personas con hipertensión arterial tienen hipertensión secundaria.

En muchas de estas personas, la hipertensión es consecuencia de

  • Un trastorno renal

Muchos trastornos renales pueden provocar hipertensión arterial, ya que el papel de los riñones es importante para controlar la presión arterial. Por ejemplo, una lesión renal por inflamación o por otros trastornos puede alterar la capacidad de los riñones para eliminar suficiente sodio y agua del organismo, con lo que aumenta el volumen sanguíneo y la presión arterial. Otra de las dolencias renales que provocan hipertensión es la estenosis de la arteria renal (un estrechamiento de la arteria que irriga uno de los riñones), que puede ser debida a ateroesclerosis, infección renal (pielonefritis), glomerulonefritis, tumores renales, enfermedad renal poliquística, lesión en un riñón y radioterapia que afecta un riñón.

En algunos pacientes, la hipertensión secundaria se debe a otro trastorno, como

  • Trastornos hormonales

  • Uso de ciertos fármacos

Los trastornos hormonales que causan hipertensión arterial incluyen: el hiperaldosteronismo (sobreproducción de aldosterona, a menudo como consecuencia de un tumor en una de las glándulas suprarrenales), el síndrome de Cushing (un trastorno caracterizado por altas concentraciones de cortisol), el hipertiroidismo (hiperactividad de la glándula tiroidea) y, en raras ocasiones, un feocromocitoma (un tumor localizado en una glándula suprarrenal y que produce las hormonas epinefrina y norepinefrina).

Los fármacos y sustancias que pueden causar o empeorar la presión arterial elevada incluyen el alcohol (su consumo excesivo), la cocaína, los corticoesteroides, los medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (AINE), los anticonceptivos orales (píldoras anticonceptivas) y los simpaticomiméticos (ciertos descongestionantes que se encuentran en remedios para el resfriado, como la pseudoefedrina y la fenilefrina).

La arterioesclerosis afecta al control corporal de la presión arterial y aumenta el riesgo de hipertensión. En la arterioesclerosis las arterias se vuelven rígidas, lo que impide su dilatación, que permitiría que la presión arterial volviera a niveles normales.

Otros trastornos que pueden causar hipertensión son la coartación de la aorta, la preeclampsia, la porfiria intermitente aguda y el envenenamiento por plomo agudo.

Factores agravantes

La obesidad, un estilo de vida sedentario, fumar, el abuso del alcohol o el exceso de sodio en la dieta son factores que pueden desempeñar un papel activo en el desarrollo de la hipertensión en personas con tendencia hereditaria al desarrollo de dicha enfermedad. Además, la apnea del sueño puede contribuir al desarrollo de la hipertensión, o agravarla si ya está presente.

El estrés suele provocar el aumento temporal de la presión arterial pero, por lo general, esta vuelve a la normalidad cuando el estrés desaparece. Un ejemplo es la «hipertensión de bata blanca», en la cual el estrés ocasionado por la visita al médico produce un aumento suficiente de la presión arterial como para indicar un diagnóstico de hipertensión en alguien que, en otras circunstancias, tendría una presión arterial normal. Las personas con "hipertensión de bata blanca" parecen tener un riesgo ligeramente mayor de desarrollar presión arterial elevada permanente, pero es probable que no necesiten tratamiento a menos que su presión arterial en la consulta del médico sea muy elevada.

Síntomas

En la mayoría de las personas, la hipertensión arterial es asintomática, a pesar de la coincidencia de ciertos síntomas que son amplia pero erróneamente atribuidos a la hipertensión arterial: dolor de cabeza, hemorragias nasales, mareo, rubor facial y cansancio. Aunque las personas con hipertensión pueden presentar estos síntomas, ocurren con la misma frecuencia en individuos con una presión arterial normal.

La hipertensión arterial grave o de larga duración no tratada puede producir síntomas porque puede causar daños en el cerebro, los ojos, el corazón y los riñones. Los síntomas son: dolor de cabeza, cansancio, náuseas, vómitos, ahogo e inquietud. A veces, una hipertensión arterial grave provoca la hinchazón del cerebro (edema), lo cual tiene como resultado náuseas, vómitos, empeoramiento del dolor de cabeza, sopor, confusión, convulsiones, somnolencia e incluso coma. Este trastorno se denomina encefalopatía hipertensiva.

La hipertensión arterial grave aumenta la carga de trabajo del corazón y puede causar dolor torácico y/o ahogo. Una presión arterial muy alta puede provocar el desgarro de la gran arteria que transporta la sangre desde el corazón (la aorta), produciéndose dolor torácico o abdominal. Si una persona presenta estos síntomas sufre hipertensión grave y, por lo tanto, requiere tratamiento de urgencia.

Si la hipertensión es debida a un feocromocitoma, los síntomas pueden incluir cefalea intensa, ansiedad, sensación de pulso rápido o irregular (palpitaciones), sudor excesivo, temblor y palidez. Estos síntomas son consecuencia de las concentraciones elevadas de las hormonas epinefrina y norepinefrina, segregadas por el feocromocitoma.

¿Sabías que...?

  • Ciertos síntomas, como dolores de cabeza, hemorragias nasales, mareos, rubor facial y fatiga, se suelen atribuir a la hipertensión, pero en realidad se producen con la misma frecuencia en las personas que no tienen la presión arterial alta.

Complicaciones de la hipertensión arterial.

La hipertensión arterial de larga duración puede dañar el corazón y los vasos sanguíneos, y aumentar el riesgo de

Cuando la hipertensión arterial es persistente, el corazón aumenta de tamaño y sus paredes se engrosan porque tiene que trabajar con más fuerza para bombear la sangre. Las paredes engrosadas son más rígidas que las normales. Consiguientemente, las cavidades del corazón no se expanden de forma normal y es más difícil que se llenen de sangre, lo que ocasiona un aumento adicional de la carga del corazón. Estas alteraciones del corazón pueden provocar arritmias o insuficiencia cardíaca.

La hipertensión provoca el aumento del grosor de las paredes de los vasos sanguíneos y también los hace más propensos a desarrollar endurecimiento de las arterias (ateroesclerosis). Las personas cuyos vasos sanguíneos tienen las paredes engrosadas y que sufren ateroesclerosis, presentan un riesgo mayor de sufrir un accidente cerebrovascular, un infarto de miocardio, una demencia vascular o una insuficiencia renal. El accidente cerebrovascular y el infarto de miocardio se consideran enfermedades cardiovasculares ateroescleróticas (ECVAE).

Diagnóstico

  • Medición de la presión arterial

Para las lecturas más precisas, aquellas que se utilizan para establecer el diagnóstico de hipertensión arterial en lugar de un control casual, la presión arterial debe medirse siguiendo un procedimiento específico (véase Medición de la presión arterial). La presión arterial se mide después de que la persona haya permanecido sentada durante 5 minutos. La persona no debe haber practicado ejercicio, tomado cafeína o fumado durante al menos 30 minutos antes de la medición. Una lectura de 130/80 mm Hg o más se considera alta, pero el diagnóstico no se puede basar en una sola medición. A veces, ni varias lecturas elevadas son suficientes para establecer el diagnóstico, debido a que, por ejemplo, las lecturas pueden variar demasiado entre ellas. Cuando se registra una lectura inicial elevada, la presión arterial debe determinarse de nuevo en la misma consulta y luego dos veces al día por lo menos durante dos días más, para asegurarse de que persiste la hipertensión.

Medición de la presión arterial

Varios instrumentos pueden medir la presión arterial rápidamente y con pocas molestias. Por regla general se utiliza un tensiómetro (o esfigmomanómetro). Este dispositivo consiste en un manguito hinchable de caucho blando conectado a una pera también de caucho que sirve para inflar el manguito y un medidor que registra la tensión del manguito. El medidor puede ser un dial o bien una columna de vidrio llena de mercurio. La tensión arterial se mide en milímetros de mercurio (mm Hg) dado que el primer instrumento que se utilizó para medirla fue una columna de mercurio.

Cuando se utiliza un esfigmomanómetro, la persona se sienta en una silla (no en una camilla de exploración) con las piernas sin cruzar, los pies sobre el suelo y la espalda apoyada. Tiene un brazo descubierto (si la camisa o la blusa está remangada, hay que cerciorarse de que no se oprime el brazo), que se mantiene doblado y descansado sobre una mesa de modo que esté más o menos al nivel del corazón. El manguito se coloca alrededor del brazo. Es importante utilizar un manguito que se adapte al tamaño del brazo. Si el manguito queda demasiado apretado, la lectura de la presión será demasiado alta. Si el manguito queda demasiado suelto, la lectura será demasiado baja.

El médico, mientras ausculta con el fonendoscopio (estetoscopio) colocado sobre la arteria por debajo del manguito, aprieta la perilla para hincharlo hasta que comprime la arteria lo suficiente como para detener temporalmente el flujo de sangre, por lo general hasta una presión que es unos 30 mm Hg más alta que la presión sistólica habitual de la persona (la presión ejercida cuando el corazón late). Luego se deshincha poco a poco el manguito. La presión a la cual el médico comienza a escuchar un pulso en la arteria es la tensión sistólica. El manguito continúa deshinchándose y, en un momento dado, deja de escucharse el sonido de la sangre que fluye. La presión en este punto es la presión diastólica (la presión ejercida cuando el corazón se relaja, entre dos latidos cardíacos).

Algunos instrumentos miden la presión automáticamente, sin utilizar un tensiómetro o una pera de caucho. Estos dispositivos se ajustan alrededor de la parte superior del brazo, del dedo o de la muñeca. En las personas de más de 50 años, la presión arterial medida en la parte superior del brazo es la más precisa. A veces es necesaria una medición exacta de la presión arterial, por ejemplo, para una persona hospitalizada en una unidad de cuidados intensivos. En estos casos, se introduce un catéter en una arteria para medir directamente la presión arterial.

Se comercializan instrumentos para que las personas con hipertensión arterial puedan controlarse su presión arterial en el propio domicilio.

Medición de la presión arterial

Si todavía hay duda, se puede utilizar un monitor de la presión arterial durante 24 horas. Se trata de un dispositivo portátil que funciona con pilas y se lleva sobre la cadera, conectado a un manguito para el control de presión arterial, que se coloca en el brazo. Este monitor registra de forma continua la presión arterial a lo largo del día y la noche durante un periodo de 24 o 48 horas. Las lecturas no solo indican la presencia de hipertensión arterial, sino también su gravedad.

La seudohipertensión, la presión arterial que se mide como elevada cuando en realidad no lo es, ocurre en personas con arterias muy rígidas (más comúnmente, en personas mayores). Se produce cuando la arteria del brazo es demasiado rígida para que la comprima el manguito y, por consiguiente, no puede medirse con precisión la presión arterial.

La hipertensión latente se produce cuando la medida de la presión arterial da un valor normal cuando en realidad es elevada. La hipertensión latente afecta hasta el 10% de las personas con hipertensión arterial. Detectar este tipo de hipertensión puede ser imposible a menos que se mida la presión arterial en el propio domicilio o si se sospecha que la causa de una complicación (por ejemplo, la insuficiencia cardíaca) ha sido la hipertensión arterial.

Cuando se ha diagnosticado hipertensión arterial, se suelen evaluar sus efectos sobre órganos vitales, en especial los vasos sanguíneos, el corazón, el cerebro y los riñones. El médico también debe investigar la causa de la hipertensión. El número y el tipo de pruebas que se practican para descubrir si hay lesiones en los órganos y para determinar la causa de la hipertensión arterial varían de una persona a otra. En general, la valoración rutinaria de un paciente supone la elaboración del historial clínico, una exploración física, una electrocardiografía (ECG), un análisis de sangre (que incluya el nivel de hematócrito [el porcentaje de glóbulos rojos en el volumen sanguíneo total], los niveles de potasio y sodio y pruebas de la función renal), y análisis de orina.

La exploración física consiste en el examen de la zona abdominal por encima de los riñones para determinar si hay dolor a la palpación (hipersensibilidad) y la colocación de un fonendoscopio sobre el abdomen para auscultar la presencia de algún soplo periférico (ruido que produce el flujo sanguíneo turbulento en su paso por una arteria estrechada) en la arteria que irriga cada riñón.

Con un oftalmoscopio se examina la retina de cada ojo. La retina es el único lugar del organismo donde los médicos pueden observar directamente los efectos de la hipertensión arterial sobre las arteriolas. Se cree que las alteraciones en las arteriolas de la retina son similares a las de las arteriolas y otros vasos sanguíneos de cualquier otra parte del organismo, como los riñones. La determinación del grado de deterioro de la retina (retinopatía hipertensiva) permite a los médicos clasificar la gravedad de la hipertensión arterial.

Se utiliza un fonendoscopio para auscultar los tonos (o ruidos) cardíacos. La auscultación de un tono cardíaco anómalo, denominado cuarto tono cardíaco, es una de las primeras alteraciones cardíacas causadas por la hipertensión. Este tono se produce porque la aurícula izquierda del corazón tiene que contraerse con más fuerza para llenar el ventrículo izquierdo agrandado y rígido, que bombea la sangre a todo el organismo con excepción de los pulmones.

Suele realizarse una electrocardiografía (ECG) para detectar alteraciones cardíacas, en particular un engrosamiento (hipertrofia) del músculo cardíaco o agrandamiento del corazón. Si se sospecha la presencia de hipertrofia, la persona puede someterse a una ecocardiografía.

El daño renal puede detectarse mediante análisis de orina y sangre. En los análisis de orina se puede detectar una lesión renal en su etapa inicial. La presencia de células sanguíneas y albúmina (la proteína más abundante en la sangre) en la orina puede indicar tal daño. Los síntomas de lesión renal (como letargo, falta de apetito y cansancio) no suelen aparecer hasta haberse perdido del 70 al 80% de la función renal.

Diagnóstico de la causa

Cuanto más elevada sea la presión arterial y más joven sea la persona, más amplia debe ser la investigación de la posible causa, aun cuando esta se identifica en menos del 10% de las personas. Una valoración más completa incluye radiografía, ecografía y gammagrafía de los riñones y de su irrigación sanguínea, así como una radiografía de tórax. Los análisis de sangre y de orina se realizan para medir los niveles de ciertas hormonas, como la epinefrina, la aldosterona y el cortisol.

Las observaciones o los síntomas anómalos de la exploración física pueden sugerir la causa. Por ejemplo, un soplo periférico en la arteria que irriga uno de los riñones puede indicar estenosis (estrechamiento) de la arteria renal. Diferentes combinaciones de síntomas pueden indicar concentraciones elevadas de las hormonas epinefrina y norepinefrina, producidas por un feocromocitoma. La presencia de un feocromocitoma se confirma cuando se detectan en la orina productos de la degradación de estas hormonas. Otras causas poco frecuentes de hipertensión arterial se pueden detectar con ciertas pruebas habituales. Por ejemplo, la medición de la concentración de potasio en sangre facilita la detección del hiperaldosteronismo.

Tratamiento

  • Dieta y ejercicio

  • Medicamentos para reducir la presión arterial

La hipertensión primaria no tiene curación, pero se puede controlar para evitar las complicaciones. Todas las personas con presión arterial elevada o cualquier etapa de la hipertensión deberían cambiar su estilo de vida. La decisión de recetar medicamentos se basa en el nivel de presión arterial real y en si la persona afectada sufre enfermedad cardiovascular ateroesclerótica (ECVAE) o tiene un riesgo superior al 10% de desarrollarla en los próximos 10 años.

Tabla
icon

Tratamiento para la hipertensión arterial

Presión arterial (mm Hg)

Riesgo bajo de ECVAE*

Riesgo elevado de ECVAE*

Presencia de ECVAE*

Presión arterial elevada (120-129 sistólica, más de 80 diastólica)

Cambios en el estilo de vida

Revisión al cabo de 3-6 meses

Cambios en el estilo de vida

Revisión al cabo de 3-6 meses

Cambios en el estilo de vida

Revisión al cabo de 3-6 meses

Hipertensión en fase 1 (130-139 sistólica, 80-89 diastólica)

Cambios en el estilo de vida

Revisión al cabo de 3-6 meses

Tratamiento con 1 fármaco que reduce la presión arterial†

Revisión al cabo de 1 mes

Tratamiento con 1 fármaco que reduce la presión arterial†

Revisión al cabo de 1 mes

Hipertensión en fase 2 (140 o más de sistólica O 90 o más de diastólica)‡

Tratamiento con 2 fármacos que reducen la presión arterial

Revisión al cabo de 1 mes

Tratamiento con 2 fármacos que reducen la presión arterial

Revisión al cabo de 1 mes

Tratamiento con 2 fármacos que reducen la presión arterial

Revisión al cabo de 1 mes

*ECVAE = enfermedad cardiovascular ateroesclerótica, que incluye arteriopatía coronaria, insuficiencia cardíaca y accidente cerebrovascular.

Menos del 10% se considera riesgo bajo. El riesgo elevado es un 10% o más.

†Se recomiendan cambios en el estilo de vida para todas las personas que reciben terapia con medicamentos.

‡Para las personas con lecturas de la presión arterial de 140-159/90-100, los médicos prescriben dos medicamentos (de diferentes clases) para el tratamiento inicial y vuelven a examinar a la persona con frecuencia.

Los médicos recomiendan que las personas con hipertensión arterial se controlen ellas mismas la presión en su domicilio. El hecho de autocontrolarse la presión arterial probablemente contribuye a que las personas sigan las recomendaciones del médico respecto al tratamiento.

Objetivos del tratamiento

El objetivo de la terapia antihipertensiva, en la mayor parte de los casos, es disminuir la presión arterial por debajo de 130/80 mm Hg. Sin embargo, si la disminución de la presión arterial a menos de 130/80 mm Hg causa problemas, como desmayos, sensación de desvanecimiento, pérdida de memoria o mareos, el médico puede recomendar una presión arterial objetivo más elevada, si bien no debe exceder los valores 140/90. Para algunas personas, como por ejemplo las personas con riesgo elevado de sufrir enfermedades del corazón, puede ser apropiado alcanzar una presión sistólica más baja.

Cambios en el estilo de vida

A las personas con sobrepeso que padecen hipertensión arterial se les aconseja perder peso. Con una pérdida de apenas 4,5 kg de peso ya se puede disminuir la presión arterial. En las personas obesas, diabéticas o con colesterol elevado, los cambios en la dieta (incorporando una dieta más rica en frutas, verduras y productos lácteos descremados y con un bajo contenido total de grasas saturadas) son importantes para reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Los fumadores deben dejar de fumar.

Si se reduce la ingestión de alcohol y de sodio (manteniendo un consumo adecuado de calcio, magnesio y potasio) es posible que no sea necesario el tratamiento farmacológico de la hipertensión arterial. Se debe reducir la ingestión diaria de alcohol a no más de dos copas (un total diario de 1 L de cerveza, 240 mL de vino o 60 mL de whisky u otros licores) en varones y una copa en mujeres. El consumo diario de sodio debe reducirse a menos de 2,5 g, o la ingestión de cloruro de sodio (sal común), a 6 g.

El ejercicio aeróbico moderado es útil. Las personas con hipertensión primaria no tienen que restringir sus actividades si su hipertensión arterial está controlada. La práctica regular de ejercicio físico contribuye a reducir la presión arterial y el peso, y mejora el funcionamiento del corazón y la salud en general (véase también Beneficios del ejercicio).

Terapia con fármacos

Los fármacos que se emplean en el tratamiento de la hipertensión se denominan antihipertensores. Con la amplia variedad de antihipertensores comercializados, casi siempre se puede controlar la hipertensión, pero el tratamiento debe ajustarse a cada caso particular. El tratamiento es más eficaz cuando existe una buena comunicación entre la persona y el médico y ambos colaboran en cuanto al programa de tratamiento.

Los distintos tipos de antihipertensores disminuyen la presión arterial mediante mecanismos diferentes, de modo que se pueden emplear distintas estrategias de tratamiento. En algunos casos, los médicos utilizan un plan de tratamiento farmacológico escalonado: inicialmente administran un único tipo de antihipertensor y añaden otros tipos solo si es necesario. En otros casos, los médicos prefieren una actuación secuencial: prescriben un único antihipertensor y, si este es ineficaz, suspenden su uso y administran otro tipo de fármaco. Para personas con presión arterial de 140/90 mm Hg o superior, suele iniciarse el tratamiento con dos fármacos a la vez. A la hora de elegir un antihipertensor, los médicos toman en consideración factores como los siguientes

  • Edad, sexo y ascendencia

  • Gravedad de la hipertensión arterial

  • Presencia de otros trastornos como diabetes o colesterol elevado

  • Posibles reacciones adversas, que varían entre unos fármacos y otros

  • Precio de los fármacos o las pruebas necesarias para detectar la posibilidad de determinadas reacciones adversas

En la mayoría de casos (más del 74%) se acaban necesitando dos o más fármacos para conseguir reducir la presión a niveles óptimos.

La mayoría de las personas tolera los fármacos antihipertensores que se les han prescrito sin problemas. Sin embargo, cualquier fármaco antihipertensor puede provocar reacciones adversas. Así pues, cuando aparecen, el paciente debe informar al médico para que pueda ajustar la dosis o cambiar de fármaco. Por lo general, para controlar la presión arterial, es preciso tomar un antihipertensor de por vida.

Tratamiento de la hipertensión secundaria

Si es posible, se debe tratar la causa de la hipertensión arterial. El tratamiento de la enfermedad renal a veces puede normalizar la presión arterial o por lo menos reducirla, de modo que el tratamiento con antihipertensores sea más eficaz. Una arteria renal estrechada se puede dilatar mediante la inserción de un catéter con un balón en la punta, que luego se infla (angioplastia). También se puede practicar una intervención quirúrgica de derivación (bypass) del segmento angosto de la arteria que irriga el riñón. Frecuentemente este tipo de cirugía cura la hipertensión. Los tumores que causan hipertensión arterial, como el feocromocitoma, por lo general se pueden extirpar quirúrgicamente.

Si el paciente todavía presenta hipertensión a pesar de tomar tres medicamentos diferentes, en algunas ocasiones el médico inserta un catéter en cada arteria renal (en Europa). El catéter produce ondas de radio que destruyen los nervios simpáticos a lo largo de las arterias renales. Los primeros estudios sobre este procedimiento parecieron mostrar que reducía la presión arterial. Sin embargo, un estudio mucho más grande y más completo no mostró que el procedimiento fuera eficaz. Este tratamiento no está disponible en los Estados Unidos.

Otro tratamiento para la hipertensión arterial es lo que se conoce como terapia con marcapasos. Se implanta un electrodo en el cuello, donde estimula ciertas terminaciones nerviosas que ayudan a regular la presión arterial. Este tratamiento, aunque es eficaz, aún no está disponible en los Estados Unidos, pero está disponible en Europa y en Canadá.

Tratamiento de las urgencias hipertensivas leves y graves

En las urgencias hipertensivas graves, la presión arterial debe disminuirse rápidamente. Este tipo de urgencias reciben tratamiento hospitalario en las unidades de cuidados intensivos. La mayoría de los fármacos que se utilizan para disminuir la presión arterial de forma rápida, como el fenoldopam, el nitroprusiato, la nicardipina o el labetalol, se administran por vía intravenosa.

Pronóstico

La hipertensión arterial no tratada aumenta el riesgo de que el paciente desarrolle una enfermedad cardíaca (como insuficiencia cardíaca, infarto de miocardio o muerte súbita de origen cardíaco), insuficiencia renal o un accidente cerebrovascular a una edad temprana. La hipertensión arterial es el factor de riesgo más importante para desarrollar accidentes cerebrovasculares. También es uno de los tres factores de riesgo modificables más importantes para los infartos de miocardio (los otros dos son el tabaquismo y los niveles elevados de colesterol en sangre).

Los tratamientos que hacen descender la hipertensión arterial disminuyen de forma considerable el riesgo de accidente cerebrovascular y de insuficiencia cardíaca. También disminuyen el riesgo de infarto de miocardio, aunque no de una forma tan considerable.

NOTA: Esta es la versión para el público general. MÉDICOS: Hacer clic aquí para la versión para profesionales
Hacer clic aquí para la versión para profesionales
Obtenga los

También de interés

Videos

Ver todo
Introducción a la angina pectoris
Video
Introducción a la angina pectoris
Modelos 3D
Ver todo
Sistema de conducción cardíaca
Modelo 3D
Sistema de conducción cardíaca

REDES SOCIALES

ARRIBA