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Trastorno facticio impuesto a uno mismo

Por

Joel E. Dimsdale

, MD, University of California, San Diego

Última revisión completa Set. 2019
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El trastorno facticio consiste en pretender tener o producir síntomas físicos o psicológicos sin que haya una razón externa aparente.

  • La causa es desconocida, pero el estrés y un trastorno grave de la personalidad pueden contribuir a su desarrollo.

  • Los síntomas pueden ser espectaculares y convincentes.

  • La persona puede ir de médico en médico o de hospital en hospital en busca de tratamiento.

  • El médico diagnostica el trastorno una vez ha descartado otros trastornos posibles y ha encontrado pruebas concluyentes de que los síntomas han sido simulados.

  • No existen tratamientos claramente efectivos, pero la psicoterapia puede ayudar.

El trastorno facticio impuesto a uno mismo se denominaba anteriormente síndrome de Münchausen. El trastorno facticio también se puede imponer a otra persona (véase Trastorno facticio impuesto a otra persona).

Las personas con trastorno facticio impuesto a uno mismo simulan repetidamente sufrir un trastono. Si realmente sufren un trastorno, exageran o mienten acerca de los síntomas, pretendiendo que están más enfermos o afectados de lo que lo están en realidad. Sin embargo, este trastorno es más complejo que la simple falta de honradez. Se trata de un problema de salud mental asociado a graves dificultades emocionales.

La causa del trastorno ficticio autoimpuesto es desconocida, pero puede estar relacionada con el estrés y con un trastorno grave de la personalidad, normalmente un trastorno de personalidad límite. La persona puede tener una historia temprana de abusos emocionales y físicos, puede haber sufrido una grave enfermedad durante la infancia o haber tenido un familiar gravemente enfermo. Las personas afectadas parecen tener problemas de identidad y/o autoestima, así como relaciones inestables. Fingir una enfermedad puede ser una manera de aumentar o proteger la autoestima atribuyendo la culpa de la enfermedad a problemas sociales o de trabajo, relacionándose con médicos y centros médicos prestigiosos o apareciendo ante los demás como alguien único, heroico o médicamente bien informado y sofisticado.

Las personas con este trastorno pueden parecer simuladores porque sus acciones son conscientes e intencionadas. Sin embargo, a diferencia de los simuladores, las personas con trastorno facticio no están motivadas por recompensas externas (como conseguir pagos de la compañía de seguros u obtener una baja laboral).

Síntomas

La persona con un trastorno facticio autoimpuesto puede referir síntomas físicos que sugieren un trastorno concreto, como por ejemplo dolor torácico que puede parecer un infarto de miocardio. O puede presentar síntomas que podrían provenir de diversos trastornos, como sangre en la orina, diarrea o fiebre. A menudo saben mucho acerca del trastorno que pretenden sufrir, por ejemplo, que el dolor de un infarto de miocardio se puede propagar desde el tórax hasta el brazo o la mandíbula izquierdos. Pueden alterar registros médicos para proporcionar pruebas de que sufren un trastorno. A veces se provocan el síntoma. Por ejemplo, se pueden pinchar un dedo y poner la sangre en una muestra de orina. O se pueden inyectar bacterias bajo la piel para producir fiebre y llagas.

Las personas con este trastorno son por lo general bastante inteligentes y emprendedoras. No solo saben cómo simular enfermedades de forma convincente, sino que también disponen de sofisticados conocimientos sobre las ciencias médicas. Pueden manipular su atención médica de forma que sean hospitalizadas y sometidas a numerosas pruebas y tratamientos, incluidas las intervenciones de cirugía mayor. Sus mentiras son conscientes, pero no lo son ni sus motivaciones ni la búsqueda de atención que procuran, ambas llevadas a cabo de manera inconsciente. A menudo van de médico en médico y de hospital en hospital para obtener un tratamiento.

Este trastorno puede persistir durante toda la vida.

Diagnóstico

  • Evaluación médica

En primer lugar el médico descarta la existencia de trastornos físicos y mentales mediante la elaboración de la historia clínica, una exploración física completa y la realización de pruebas diagnósticas. La mayor parte del tiempo, la descripción que hace la persona de los síntomas es convincente y a veces engaña a los médicos. No obstante, los médicos pueden sospechar la presencia del trastorno basándose en lo siguiente:

  • La historia clínica es espectacular pero inconsistente.

  • El tratamiento empeora los síntomas en lugar de aliviarlos.

  • Cuando los resultados de las pruebas resultan ser negativos o después del tratamiento de un grupo de síntomas, la persona desarrolla síntomas distintos o bien acude a otro hospital para recibir atención.

  • La persona posee un amplio conocimiento de la práctica médica.

  • Y se muestra deseosa y ansiosa porque le realicen pruebas diagnósticas y procedimientos quirúrgicos.

  • Tiene un historial de visitas frecuentes a muchos médicos y hospitales diferentes.

  • Se resiste a dejar que los médicos hablen con miembros de la familia y con médicos que le hayan tratado anteriormente.

El diagnóstico de trastornos facticios autoimpuestos se realiza cuando se confirman todos los aspectos siguientes:

  • Se han descartado otros trastornos.

  • Los médicos observan o descubren pruebas de exageración, simulación, falsificación, producción autoinducida de síntomas o alteraciones de la historia clínica.

  • La persona no tiene incentivos externos obvios para simular o exagerar los síntomas.

Los médicos pueden derivar a la persona a un psiquiatra u otro profesional de la salud mental.

Si el trastorno se diagnostica de forma temprana, se pueden evitar pruebas de riesgo, procedimientos quirúrgicos y tratamientos innecesarios.

Tratamiento

  • Ningún tratamiento claramente eficaz

No existen tratamientos claramente eficaces. Si la persona recibe tratamiento por el trastorno que está fingiendo, puede sentir alivio temporal pero luego normalmente refiere síntomas adicionales y exige más tratamientos. Una parte importante del tratamiento consiste en evitar tratamientos innecesarios.

La psicoterapia, en particular la terapia cognitivo-conductual, puede ser beneficiosa. Se centra en cambiar el pensamiento y la conducta de la persona. También le puede ayudar a identificar y trabajar temas subyacentes que están causando el trastorno.

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