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Ateroesclerosis

Por

George Thanassoulis

, MD, MSc, McGill University;


Mehdi Afshar

, MD, University of Toronto

Última revisión completa jul. 2019
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Datos clave
NOTA: Esta es la versión para el público general. MÉDICOS: Hacer clic aquí para la versión para profesionales
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La ateroesclerosis es un trastorno caracterizado por la aparición de placas de material graso (ateromas o placas ateroescleróticas) en las paredes de las arterias de mediano y de gran calibre, lo cual produce una disminución o una obstrucción del flujo sanguíneo.

  • Está causada por una agresión repetida a las paredes de las arterias.

  • Muchos factores contribuyen a generar esta lesión, incluida la hipertensión, el humo del tabaco, la diabetes y las concentraciones elevadas de colesterol en la sangre.

  • La obstrucción de los vasos sanguíneos debida a la ateroesclerosis es una causa frecuente de infarto de miocardio (ataque al corazón) y accidente cerebrovascular.

  • Por lo general, el primer síntoma que aparece es el dolor o los calambres cuando el flujo sanguíneo es insuficiente para suplir la necesidad de oxígeno de los tejidos.

  • Para prevenir la ateroesclerosis, se debe abandonar el tabaco, comer alimentos más saludables, hacer ejercicio de forma periódica y supervisar la presión arterial, las concentraciones de colesterol y la diabetes.

  • Cuando la ateroesclerosis evoluciona hasta una complicación potencialmente mortal, como un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular (ictus), es necesario administrar un tratamiento de urgencia.

En la mayoría de los países desarrollados, la ateroesclerosis es la principal causa de enfermedad y de muerte. En 2016 los trastornos cardiovasculares, principalmente las arteriopatías coronarias (por ateroesclerosis que afecta las arterias que irrigan el corazón) y los accidentes cerebrovasculares (por ateroesclerosis que afecta las arterias que irrigan el cerebro, véase la figura Irrigación cerebral) fueron responsables de casi 18 millones de muertes en todo el mundo, lo que convierte a la ateroesclerosis en la principal causa mundial de muerte.

La ateroesclerosis puede afectar a las arterias de medio y de gran calibre del cerebro, del corazón, de los riñones, de otros órganos vitales y de las piernas. Es el tipo más importante y más frecuente de arterioesclerosis.

Arterioesclerosis

La arterioesclerosis es un término que significa «endurecimiento (esclerosis) de las arterias» y designa varios trastornos en los que la pared de una arteria se vuelve más gruesa y menos elástica. Existen tres tipos:

  • Ateroesclerosis

  • Arterioloesclerosis

  • Arterioesclerosis de Mönckeberg

La ateroesclerosis, el tipo más frecuente, consiste en un endurecimiento relacionado con las placas, que son depósitos de sustancias grasas; afecta a las arterias de mediano y de gran calibre.

La arterioloesclerosis hace referencia al endurecimiento de las arteriolas, que son arterias de pequeño calibre; afecta en especial a las capas interna y media de las paredes de las arteriolas. Las paredes se engrosan y, en consecuencia, se estrechan las arteriolas. Como resultado, los órganos abastecidos por las arteriolas afectadas no reciben suficiente sangre. Los riñones suelen resultar afectados. Este trastorno se manifiesta sobre todo en presencia de hipertensión arterial o de diabetes. Cualquiera de estas afecciones puede lesionar las paredes de las arteriolas y dar lugar a un engrosamiento.

La arterioesclerosis de Mönckeberg afecta a las arterias de pequeño y de mediano calibre. El calcio se acumula en el interior de las paredes arteriales y las vuelve rígidas, aunque no estrechas. Este trastorno fundamentalmente inofensivo suele afectar a hombres y mujeres mayores de 50 años.

Causas

El desarrollo de la ateroesclerosis es complejo, pero el primer signo consiste en lesiones leves pero repetitivas en el revestimiento interior (endotelio) de la arteria, producidas mediante mecanismos diversos. Entre estos mecanismos se encuentran

  • Las tensiones físicas debidas al flujo sanguíneo turbulento (como ocurre cuando las arterias se ramifican, particularmente en las personas con presión arterial elevada [hipertensión])

  • Las tensiones inflamatorias que afectan el sistema inmunológico (como en el caso de las personas que fuman cigarrillos)

  • Anomalías químicas en el torrente sanguíneo (como colesterol elevado o niveles elevados de azúcar en sangre, como ocurre en la diabetes mellitus)

Las infecciones debidas a algunas bacterias o virus (como Chlamydia pneumoniae o citomegalovirus) también pueden aumentar la inflamación en el revestimiento interno de la arteria (endotelio) y conducir a ateroesclerosis.

Formación de la placa

La ateroesclerosis comienza cuando la pared arterial lesionada libera señales químicas que provocan que ciertos tipos de glóbulos blancos (monocitos y células T) se fijen a la pared de la arteria y se introduzcan en ella. Allí se transforman en células espumosas que recogen el colesterol y otros materiales grasos, provocando el crecimiento de células musculares lisas en la pared arterial. Con el tiempo, estas células espumosas cargadas de grasa se acumulan y forman depósitos en forma de parches (ateromas, también llamadas placas), cubiertos con una capa fibrosa en el revestimiento de la pared arterial. A lo largo del tiempo, el calcio se acumula en estas placas, que pueden estar dispersas en arterias de mediano y gran calibre, pero suelen comenzar en las ramificaciones de las arterias.

Cómo se desarrolla la ateroesclerosis

La pared de una arteria se compone de varias capas. El revestimiento o capa interna (endotelio) es liso y no presenta lesiones. La ateroesclerosis comienza cuando este revestimiento se lesiona o se enferma. A continuación, ciertos glóbulos blancos (leucocitos) llamados monocitos y células T se activan, salen del torrente sanguíneo y atraviesan el revestimiento de la arteria hasta llegar a la pared arterial. Dentro del revestimiento se transforman en células espumosas, que recogen materiales grasos, sobre todo, colesterol.

Con el tiempo, las células del músculo liso se desplazan desde la capa media hasta el revestimiento de la pared arterial y se multiplican. En dicho revestimiento también se acumulan materiales de tejido conjuntivo y elástico, como pueden ser los restos celulares, los cristales de colesterol y el calcio. Esta acumulación de células repletas de grasa, células de músculo liso y otros materiales forman un depósito llamado ateroma o placa ateroesclerótica. A medida que crecen, algunas placas engrosan la pared arterial y sobresalen en el conducto arterial. Estas placas pueden estrechar o bloquear una arteria, lo que da lugar a una disminución o a una obstrucción del flujo sanguíneo. Otras placas no obstruyen tanto la arteria, pero pueden partirla, lo que provoca un coágulo sanguíneo que la bloquea de forma repentina.

Cómo se desarrolla la ateroesclerosis
Cómo se desarrolla la ateroesclerosis

Rotura de la placa

Las placas pueden crecer en la abertura (luz) de la arteria y provocar su estrechamiento gradual. Cuando esto sucede, los tejidos irrigados por la arteria no reciben suficiente sangre ni oxígeno. Las placas también pueden crecer hacia dentro de la pared arterial, donde no bloquean el flujo sanguíneo. Ambos tipos de placas pueden abrirse (romperse) y exponer su contenido a la corriente sanguínea, lo cual desencadena la formación de coágulos de sangre. Estos coágulos pueden bloquear de forma repentina todo el flujo de sangre que recorre la arteria, lo que supone la principal causa de infarto de miocardio o de accidente cerebrovascular (ictus). A veces, los coágulos se desprenden, se desplazan por el torrente sanguíneo y bloquean una arteria en otras partes del cuerpo. Del mismo modo, pueden desprenderse trozos de la placa y obstruir otras arterias.

Factores de riesgo de la ateroesclerosis

Algunos factores de riesgo de la ateroesclerosis pueden modificarse (véase Prevención de la arteriopatía coronaria).

Los factores de riesgo modificables son

  • Consumo de tabaco

  • Niveles elevados de colesterol en sangre

  • Hipertensión arterial

  • Diabetes

  • Obesidad

  • Inactividad física

  • Consumo diario bajo de frutas y verduras frescas

Los factores de riesgo no modificables son

  • Los antecedentes familiares de ateroesclerosis prematura (es decir, tener un pariente cercano masculino que padeció la enfermedad antes de los 55 años o tener un pariente cercano femenino que padeció la enfermedad antes de los 65 años)

  • Edad avanzada

  • Sexo masculino

Existen muchos factores de riesgo que todavía se están estudiando, como los niveles elevados de proteína C reactiva (una proteína inflamatoria) en la sangre, los niveles elevados de algunos componentes del colesterol (como la apolipoproteína B o la lipoproteína [a]) y los factores psicosociales (tales como la ansiedad y un nivel socioeconómico bajo).

Tabaquismo y ateroesclerosis

Uno de los factores de riesgo más importantes que se pueden modificar es el tabaquismo. (las demás formas de tabaco, como el tabaco de mascar y el tabaco en polvo, también aumentan el riesgo). El riesgo que corre un fumador de padecer algunas formas de ateroesclerosis como la arteriopatía coronaria guarda una relación directa con la cantidad de tabaco que fuma a diario. El riesgo de un infarto de miocardio es tres veces mayor en los hombres y seis veces mayor en las mujeres que fumaron 20 o más cigarrillos por día en comparación con los no fumadores. Cuando ya existe un riesgo alto de padecer una cardiopatía, el consumo de tabaco es sumamente peligroso.

El tabaquismo disminuye la concentración de colesterol de las lipoproteínas de alta densidad (high-density lipoprotein, HDL), el colesterol «bueno», y aumenta la concentración de colesterol de las lipoproteínas de baja densidad (low-density lipoprotein, LDL), el colesterol «malo». Al fumar, aumentan las concentraciones de monóxido de carbono en la sangre, lo que a su vez incrementa el riesgo de que se produzcan lesiones en el revestimiento de las paredes arteriales. El tabaquismo también produce una constricción de las arterias, que ya se habían estrechado a causa de la ateroesclerosis, por lo que disminuye aun más la cantidad de sangre que llega a los tejidos. Por otro lado, fumar aumenta la tendencia de la sangre a coagularse (las plaquetas se adhieren con más facilidad), de manera que aumenta el riesgo de arteriopatía periférica (ateroesclerosis que afecta a arterias diferentes de las que irrigan el corazón y el cerebro), arteriopatía coronaria, accidente cerebrovascular y obstrucción de un injerto arterial implantado durante una cirugía de revascularización coronaria (bypass) o una cirugía para revascularizar una arteria obstruida en cualquier otro lugar del organismo.

Al dejar de fumar, el riesgo se reduce a la mitad, independientemente de cuánto tiempo se haya fumado con anterioridad. Dejar de fumar también disminuye el riesgo de muerte tras una cirugía de revascularización coronaria (bypass) o tras un infarto de miocardio como el riesgo de enfermedad y de muerte en presencia de arteriopatías periféricas. Los beneficios de abandonar el tabaco comienzan de inmediato y aumentan a lo largo del tiempo.

Fumar de forma pasiva (inhalar el humo del cigarrillo de otra persona que está fumando) también eleva el riesgo, por lo que debe evitarse.

¿Sabías que...?

  • El tabaquismo es un factor de riesgo importante de padecer ateroesclerosis.

Concentraciones de colesterol

Tener una concentración elevada de colesterol LDL es otro factor de riesgo importante que puede modificarse. Comer alimentos que contienen muchas grasas saturadas (véase Tipos de grasas) hace que las concentraciones de colesterol LDL aumenten, cuando existe predisposición. Estos niveles también se incrementan a medida que se envejece y, por lo general, son más altos en los hombres que en las mujeres, aunque en estas últimas se elevan en la menopausia. Algunos trastornos hereditarios provocan concentraciones altas de colesterol o de otras grasas, que pueden ser tan elevadas que, si no se tratan, pueden provocar la muerte prematura por arteriopatía coronaria (coronariopatía).

Disminuir las concentraciones de colesterol LDL mediante la administración de fármacos reduce de forma significativa el riesgo de sufrir infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares (ictus), y de morir. Existen muchos tipos de fármacos que reducen la concentración de lípidos (hipolipemiantes) (véase la tabla Fármacos hipolipemiantes). Las estatinas constituyen el tipo más frecuente.

No todos los niveles elevados de colesterol aumentan el riesgo de ateroesclerosis. Una concentración elevada de colesterol HDL (colesterol unido a las HDL), el «bueno», reduce el riesgo de ateroesclerosis.

La concentración ideal de colesterol total, que incluye tanto el colesterol LDL como el colesterol HDL y los triglicéridos, es de 140 a 200 mg/dL (de 3,6 a 5,2 mmol/L). El riesgo de sufrir un infarto de miocardio es más del doble cuando el valor del colesterol total se aproxima a los 300 mg/dL (7,8 mmol/L), pero disminuye cuando la concentración de colesterol LDL es inferior a 130 mg/dL (3,4 mmol/L), y la de colesterol HDL, superior a 40 mg/dL (1 mmol/L).

Las personas con riesgo elevado, como las que sufren diabetes o cardiopatía ateroesclerótica o han sufrido un infarto de miocardio, un accidente cerebrovascular o cirugía de revascularización (bypass) deben recibir estatinas en dosis elevadas con el objetivo de reducir la concentración de colesterol LDL tanto como sea posible. Sin embargo, el porcentaje de colesterol HDL en relación con el colesterol total es un indicador de riesgo más fiable que el nivel de colesterol total o de colesterol LDL. El colesterol HDL debe constituir más del 25% del colesterol total. Las concentraciones altas de triglicéridos suelen estar asociadas a niveles bajos de colesterol HDL. Sin embargo, las pruebas efectuadas indican que cuando únicamente están elevadas las concentraciones de triglicéridos, también aumenta ligeramente el riesgo de ateroesclerosis.

Hipertensión arterial

La hipertensión arterial no controlada es un factor de riesgo de infarto de miocardio y de accidente cerebrovascular (ictus) causados por ateroesclerosis. El riesgo de enfermedad cardiovascular empieza a aumentar cuando los niveles de presión arterial son superiores a 110/75 mm Hg. Reducir la hipertensión arterial disminuye el riesgo de forma clara. Por lo general, se intenta que la presión arterial sea inferior a 140/90 mm Hg y, con frecuencia, menos de 130/80 mm Hg en aquellas personas con riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular, tales como aquellas con diabetes, o de enfermedad renal.

Diabetes mellitus

Las personas que sufren diabetes mellitus son propensas a desarrollar un trastorno que afecta las arterias de pequeño calibre (como las de los ojos, los nervios y los riñones), lo que provoca pérdida de visión, daño neurológico y enfermedad renal crónica. Las personas con diabetes también son propensas a sufrir ateroesclerosis en las arterias de gran calibre. La ateroesclerosis tiende a aparecer en una edad más temprana y de forma más generalizada que en el caso de las personas no diabéticas. El riesgo de desarrollar ateroesclerosis es de 2 a 6 veces mayor en presencia de diabetes, sobre todo, en las mujeres. Estas últimas, a diferencia de las que no sufren esta afección, no cuentan con ninguna protección frente a la ateroesclerosis antes de la menopausia. Las personas diabéticas tienen el mismo riesgo de muerte que las que han sufrido un infarto de miocardio con anterioridad, por lo que se intenta ayudarlas mediante una supervisión minuciosa de otros factores de riesgo (como las concentraciones altas de colesterol o la hipertensión).

Obesidad

La obesidad, en particular la abdominal (de predominio troncal), aumenta el riesgo de arteriopatía coronaria (ateroesclerosis de las arterias que suministran sangre al corazón). La obesidad abdominal eleva el riesgo de otros factores de riesgo de ateroesclerosis: hipertensión arterial, diabetes de tipo 2 y concentraciones altas de colesterol. Adelgazar reduce el riesgo de todos estos trastornos.

Inactividad física

La inactividad física aumenta el riesgo de desarrollar arteriopatía coronaria, ya que numerosos datos indican que la práctica habitual de ejercicio, incluso moderado, reduce el riesgo y la mortalidad. El ejercicio también permite modificar otros factores de riesgo de la ateroesclerosis, dado que disminuye la presión arterial y las concentraciones de colesterol, favorece la pérdida de peso y reduce la resistencia a la insulina.

Dieta

Un conjunto considerable de datos confirma que el consumo periódico de vegetales y frutas puede disminuir el riesgo de padecer una arteriopatía coronaria. No se sabe con certeza si las frutas y las verduras son beneficiosas debido a las sustancias (productos fitoquímicos) que contienen o si se debe a que, al comer muchas frutas y verduras, se consumen menos grasas saturadas y, por lo tanto, se ingieren más fibra y vitaminas. Los fitoquímicos denominados flavonoides (presentes en las uvas púrpuras y en las rojas, en el vino tinto, en el té negro y en las cervezas oscuras) tienen un efecto especialmente protector. Sus altas concentraciones en el vino tinto podrían explicar por qué los franceses tienen una incidencia relativamente baja de arteriopatía coronaria, a pesar de que fuman más e ingieren más grasas que lo habitual en otros países occidentales. Pero no hay estudios que demuestren que comer alimentos con un contenido alto en flavonoides o tomar suplementos en lugar de alimentos evita la ateroesclerosis.

El mayor contenido en fibra de algunas verduras ayuda a disminuir el nivel de colesterol total y las concentraciones tanto de insulina como de glucosa en sangre. Sin embargo, una cantidad excesiva de fibra interfiere en la absorción de ciertos minerales y vitaminas. En general, los alimentos con un contenido alto en fitoquímicos y vitaminas también tienen mucha fibra.

La grasa es una parte esencial de la alimentación. La idea de que comer menos grasa es importante para mantener una dieta saludable es cierta solo parcialmente porque el tipo de grasa también es importante. Los principales tipos de grasas son

  • Grasas saturadas y grasas trans

  • Grasas no saturadas (poliinsaturadas y monoinsaturadas, véase Tipos de grasas)

Las grasas pueden ser blandas (o líquidas) o sólidas a temperatura ambiente. Las grasas blandas, como los aceites y algunas margarinas, tienden a contener más grasas poliinsaturadas y monoinsaturadas. Las grasas sólidas, como la mantequilla y la manteca vegetal, suelen tener concentraciones altas de grasas saturadas y de grasas trans. Estas últimas tienen una tendencia mayor a causar ateroesclerosis. Por lo tanto, siempre que sea posible, se debe limitar la cantidad que se ingiere y, en su lugar, elegir alimentos con grasas monoinsaturadas o poliinsaturadas. Las grasas saturadas y las grasas trans se encuentran en la carne roja, en la comida rápida y en muchos artículos de «comida basura», en los productos lácteos con gran contenido de grasa (como el queso, la mantequilla y la crema) y en margarinas duras. Sin embargo, las pruebas experimentales sobre los peligros de las grasas trans naturales siguen sin dar lugar a conclusiones claras. Las grasas monoinsaturadas se encuentran en el aceite de oliva y en el de canola o colza, en margarinas blandas sin grasas trans, en los frutos secos y en las aceitunas. Las grasas poliinsaturadas se encuentran en los frutos secos, en las semillas, en los aceites y en la mayonesa.

Dos tipos de grasas poliinsaturadas, el omega-3 y el omega-6, son esenciales para una alimentación saludable. Las primeras se encuentran en pescados grasos como el salmón, huevos con omega-3, aceite de canola o colza y frutos secos, mientras que las segundas están presentes en algunos frutos secos y en semillas, así como en los aceites de maíz, de girasol y de cártamo.

Comer alimentos saludables ayuda a reducir el riesgo de ateroesclerosis. Sin embargo, no está tan claro que los suplementos dietéticos como vitaminas, fitoquímicos, oligoelementos o la coenzima Q10 contribuyan a que el riesgo sea menor.

Consumo de alcohol

Se ha observado que, cuando se bebe una cantidad moderada de alcohol, el riesgo de arteriopatía coronaria es menor que cuando se consume demasiada cantidad o que cuando no se toma nada. El alcohol aumenta el colesterol HDL (colesterol «bueno») y también reduce el riesgo de inflamación y de formación de coágulos de sangre, ayudando a proteger el organismo de los subproductos de la actividad celular. Sin embargo, si se excede el consumo moderado (más de 14 copas por semana para los hombres y más de 9 copas por semana para las mujeres), puede ocasionar importantes problemas de salud y aumentar el riesgo de muerte. En este caso, se debe tomar menos alcohol. Las personas que no beben alcohol no deberían empezar a hacerlo.

Concentraciones altas de homocisteína en sangre (hiperhomocisteinemia)

Si la concentración de homocisteína (un aminoácido) en sangre es muy alta, por lo general debido a un trastorno hereditario, existe un riesgo mayor de padecer una arteriopatía coronaria, sobre todo, a una edad temprana. Sin embargo, no está claro por qué los niveles elevados de homocisteína se asocian con la ateroesclerosis. No se ha observado que la administración de fármacos que disminuyen la concentración de homocisteína reduzca el riesgo de muerte.

Síntomas

Los síntomas dependen de

  • Dónde se localiza la arteria afectada

  • Si se trata de un estrechamiento gradual o de un bloqueo repentino de dicha arteria afectada

Síntomas de un estrechamiento gradual

En el caso de un estrechamiento gradual, no se suelen presentar síntomas de ateroesclerosis hasta que la luz de la arteria se haya reducido en más del 70%.

El primer síntoma consiste en dolor o calambres en los momentos en que el flujo de sangre no es suficiente para satisfacer la demanda de oxígeno por parte de los tejidos. Por ejemplo, se puede sentir alguna molestia o dolor torácico al hacer ejercicio, ya que el suministro de oxígeno al corazón no es el adecuado. Este dolor torácico (angina) desaparece en cuestión de minutos al dejar de realizar el esfuerzo. Del mismo modo, se pueden sentir calambres en las piernas al andar (claudicación intermitente) porque no llega suficiente oxígeno a los músculos de las piernas. Si las arterias que irrigan uno o ambos riñones se estrechan, puede producirse insuficiencia renal o hipertensión de alto riesgo.

Síntomas de bloqueo repentino de la arteria

Si las arterias que irrigan el corazón (arterias coronarias) se bloquean de forma repentina, puede generarse un infarto de miocardio. El bloqueo en las arterias que irrigan el cerebro puede causar un accidente cerebrovascular. La obstrucción de las arterias en las piernas puede causar gangrena de un dedo del pie, del pie o de la pierna.

Diagnóstico

  • Análisis de sangre para buscar factores de riesgo para la ateroesclerosis

  • Pruebas de diagnóstico por la imagen para buscar placas peligrosas

El modo en que se diagnostica la ateroesclerosis depende de la presencia o no de síntomas.

Personas con síntomas

En el caso de que haya síntomas indicativos de obstrucción arterial, existen pruebas que permiten determinar la ubicación y la extensión del bloqueo. Estas pruebas varían según el órgano que esté implicado. Por ejemplo, si se sospecha obstrucción de una arteria del corazón, se suelen realizar una electrocardiografía (ECG), análisis de sangre para detectar determinadas sustancias (marcadores cardíacos) que indican la existencia de daño cardíaco y, a veces, una prueba de esfuerzo o un cateterismo cardíaco.

Cuando existen arterias ateroescleróticas en algún órgano, también suele haber ateroesclerosis en las arterias de otros órganos. Por lo tanto, cuando se detecta un bloqueo ateroesclerótico en una arteria (por ejemplo, en la pierna), se suelen realizar más pruebas para buscar obstrucciones en otras arterias, como las del corazón.

También se analizan determinados factores de riesgo. Por ejemplo, se miden las concentraciones de glucosa, colesterol y triglicéridos en sangre. Estas pruebas forman parte de las exploraciones anuales de rutina de las personas adultas.

Puesto que algunas placas que se han formado en las arterias tienen una tendencia mayor a romperse y a provocar un coágulo que otras, a veces se realizan pruebas que ayudan a detectar este tipo de placas peligrosas. Ninguna prueba es definitiva, pero las más comunes son: angiografía con tomografía computarizada (TC), ecografía intravascular (que utiliza una sonda de ultrasonido situada en la punta de un catéter que se inserta en el interior de una arteria) durante un cateterismo cardíaco, y una coronariografía (angiografía coronaria), entre otras varias pruebas de diagnóstico por la imagen, además de análisis de sangre.

Personas sin síntomas (cribado)

En las personas con algunos factores de riesgo para la ateroesclerosis pero sin síntomas, los médicos suelen indicar análisis de sangre para medir los niveles de glucosa, colesterol y triglicéridos en la sangre. Estas pruebas forman parte de las exploraciones anuales de rutina de las personas adultas.

Se recomienda que, como medida preventiva, si existen factores de riesgo, se realicen pruebas de diagnóstico por la imagen que permitan detectar una posible obstrucción ateroesclerótica aun cuando no hayan síntomas. Entre estas pruebas se encuentran una TC de haz de electrones del corazón y una ecografía de las arterias del cuello (arterias carótidas). La TC también permite detectar placas endurecidas (calcificadas) en las arterias coronarias. El resultado de esta prueba se denomina a veces índice de calcio. La ecografía de las arterias carótidas puede detectar engrosamiento de la pared arterial, lo que indicaría ateroesclerosis. Sin embargo, muchos médicos piensan que la realización de estas pruebas no cambiaría las recomendaciones que darían a los pacientes si solo se analizaran los factores de riesgo, más fáciles de reconocer.

Prevención y tratamiento

  • Cambios en el estilo de vida para reducir el riesgo de complicaciones

  • A veces, medicamentos

Para ayudar a prevenir la ateroesclerosis es necesario

Comer alimentos saludables ayuda a reducir el riesgo de ateroesclerosis. Una dieta baja en grasas saturadas, carbohidratos refinados y alcohol y alta en frutas, verduras y fibra reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Una dieta saludable y la práctica de ejercicio pueden promover la pérdida de peso si una persona tiene sobrepeso u obesidad.

Las personas que fuman deben dejar de hacerlo. Al dejar de fumar, el riesgo se reduce a la mitad, independientemente de cuánto tiempo se haya fumado con anterioridad.

Las personas que sufren hipertensión arterial deberían reducirla mediante cambios en el estilo de vida y medicamentos. Si se padece diabetes, debe vigilarse rigurosamente la concentración de azúcar (glucosa) en sangre.

Si el riesgo de ateroesclerosis es alto, también puede ser beneficioso tomar ciertos medicamentos. En este sentido, los medicamentos siguientes son útiles: las estatinas, que reducen el colesterol (incluso si las concentraciones de colesterol son normales o apenas ligeramente elevadas) y, en algunos casos, la aspirina (ácido acetilsalicílico) u otros antiagregantes plaquetarios (medicamentos que evitan que las plaquetas se peguen unas a otras y obstruyan los vasos sanguíneos). La aspirina (ácido acetilsalicílico) y otros medicamentos antiplaquetarios pueden causar sangrado, por lo que estos medicamentos solo deben tomarse si los pacientes presentan un riesgo muy elevado de ateroesclerosis. También ayudan a reducir el riesgo de ateroesclerosis algunos medicamentos que se administran para tratar la hipertensión y algunos medicamentos indicados para la diabetes.

Tratamiento de las complicaciones de la ateroesclerosis

Si la ateroesclerosis es tan grave que llega a causar complicaciones, debe tratarse. Las complicaciones incluyen

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