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Exploración física del recién nacido

Por

Deborah M. Consolini

, MD, Sidney Kimmel Medical College of Thomas Jefferson University

Última revisión completa sep. 2019
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El médico, por lo general, realiza una exploración física completa del recién nacido dentro de las primeras 24 horas de vida. La exploración empieza con una serie de mediciones, que incluyen el peso, la talla y el perímetro cefálico. El peso medio al nacer es de 7 libras (3,2 kilogramos) y la talla media es de 20 pulgadas (51 centímetros), aunque hay un amplio intervalo considerado normal. El médico examina la piel del bebé, la cabeza y el cuello, el corazón y los pulmones, el abdomen y los genitales, y evalúa el sistema nervioso y los reflejos del recién nacido. Los médicos también hacen pruebas de cribado sistemático para detectar problemas que no pueden ver durante la exploración física (ver Pruebas de cribado del recién nacido).

Piel

El médico también examina la piel y valora su color. La piel suele ser rojiza, aunque los dedos de las manos y de los pies suelen presentar un matiz azulado debido a la escasa circulación de sangre durante las primeras horas. A veces aparecen pequeñas manchas de color rojizo-púrpura (llamadas petequias) en partes del cuerpo que fueron presionadas con fuerza durante el parto. Sin embargo, la presencia de petequias en todo el cuerpo puede ser signo de un trastorno y requiere valoración médica. A menudo aparecen sequedad y descamación de la piel en cuestión de días, especialmente en los pliegues de la muñeca y el tobillo.

Muchos recién nacidos desarrollan una erupción alrededor de 24 horas después del nacimiento. Esta erupción, llamada eritema tóxico, consiste en manchas rojas planas y por lo general una especie de grano en el centro. Es inofensiva y desaparece al cabo de 7 a 14 días.

Cabeza y cuello

El médico examina la cabeza, la cara y el cuello del recién nacido con el fin de detectar posibles anomalías. Algunas de las anomalías ocurren durante el parto. Otras anomalías pueden tener su origen en una malformación congénita.

Un parto en presentación cefálica deja la cabeza del bebé levemente deformada durante algunos días. Los huesos que forman el cráneo se superponen y esto permite que la cabeza se comprima para facilitar el parto. Es frecuente algo de inflamación y contusión del cuero cabelludo. A veces la hemorragia de uno de los huesos del cráneo y de su capa más externa produce una pequeña protuberancia en la cabeza que desaparece al cabo de pocos meses (denominada cefalohematoma). Cuando el bebé nace de nalgas (presentación de nalgas) o los genitales o los pies salen primero, la cabeza no suele deformarse; sin embargo, puede haber en este caso inflamación y contusiones en las nalgas, los genitales o los pies. Habitualmente, se evita ahora el alumbramiento con presentación de nalgas. Cuando el bebé está de nalgas, los médicos suelen recomendar una cesárea (parto quirúrgico de un bebé a través de una incisión en el abdomen y en el útero de la madre), que reduce el peligro para el bebé.

La presión durante el parto vaginal puede causar hematomas en la cara del recién nacido. Además, la compresión sufrida en el canal del parto hace que inicialmente la cara parezca asimétrica. Esta asimetría a veces se produce cuando uno de los nervios que inerva los músculos de la cara se lesiona durante el parto. En las siguientes semanas el recién nacido suele recuperarse de forma gradual.

El parto también puede causar hemorragias subconjuntivales en los ojos del recién nacido (vasos sanguíneos de la superficie ocular rotos). Estas hemorragias son frecuentes y no necesitan tratamiento, desapareciendo por lo general en menos de 2 semanas.

El médico examina las orejas y evalúa si están bien formadas y situadas donde corresponde. Por ejemplo, unas orejas de implantación baja o mal formadas pueden indicar que el recién nacido sufre un trastorno genético y/o pérdida de audición.

También se examina la boca para detectar posibles problemas. En raras ocasiones, los recién nacidos nacen con dientes, que pueden necesitar ser eliminados, o un labio leporino o un paladar hendido. Los médicos comprueban si el recién nacido tiene un épulis (un tumor no canceroso en las encías), ya que estos crecimientos pueden causar problemas de alimentación y pueden obstruir las vías respiratorias.

Se explora el cuello en búsqueda de inflamación, bultos, retorcimientos o espasmos.

Corazón y pulmones

(Véase también Defectos cardíacos congénitos.)

El médico ausculta con un fonendoscopio el corazón y los pulmones para detectar posibles anomalías. Los médicos son capaces de escuchar sonidos anómalos, como un soplo cardíaco o una congestión pulmonar. El médico evalúa el color de la piel del recién nacido. Una tonalidad azul de la cara y el torso puede ser un signo de cardiopatía congénita o enfermedad pulmonar. Se controlan la frecuencia y la intensidad del pulso. Los médicos observan la respiración del recién nacido y cuentan el número de respiraciones por minuto. Los ruidos y/o aleteos de las fosas nasales al respirar o el hecho de respirar demasiado rápido o demasiado lentamente pueden ser signos de problemas.

Abdomen y genitales

El médico examina la conformación general del abdomen, analizando además el tamaño, la forma y la posición de los órganos internos como los riñones, el hígado y el bazo. Un aumento en el tamaño de los riñones puede indicar un bloqueo del flujo urinario.

El médico examina los genitales del bebé para comprobar que la uretra está abierta y que su emplazamiento es correcto. El médico también comprueba que los genitales son claramente masculinos o femeninos. En el varón, los testículos deben estar situados en el escroto. En la niña, los labios son prominentes debido a la exposición a las hormonas de la madre y se mantienen inflamados durante las primeras semanas. Las secreciones vaginales del bebé que contienen sangre y moco son normales. El médico examina el ano para asegurarse de que el orificio está situado correctamente y no está cerrado.

Sistema nervioso

El médico examina el nivel de alerta, el tono muscular y la capacidad de mover los brazos y las piernas por igual del recién nacido. Un movimiento desigual podría ser un signo de una anomalía nerviosa (como una parálisis del nervio).

Los médicos comprueban los reflejos del recién nacido mediante diversas maniobras. Los reflejos más importantes del recién nacido son el reflejo de Moro y los reflejos de búsqueda y succión.

Tres reflejos habituales de los recién nacidos

En el reflejo de Moro, cuando los recién nacidos se sorprenden, lloran y estiran los brazos abiertos, con los dedos extendidos, y levantan las piernas.

En el reflejo de búsqueda, cuando se toca uno de los lados de la boca los recién nacidos giran la cabeza hacia ese lado y abren la boca. Este reflejo les permite encontrar el pezón.

En el reflejo de succión, al colocar un objeto en la boca de los recién nacidos (como por ejemplo un chupete), estos empiezan a succionar inmediatamente.

Músculos y huesos

El médico examina la flexibilidad y movilidad de brazos, piernas y caderas y comprueba que el recién nacido no se haya roto ningún hueso durante el parto (en especial la clavícula), que no tenga ninguna extremidad no formada o ausente o luxación de cadera.

Se examina la columna vertebral para detectar malformaciones o deformidades (tales como la espina bífida).

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