Manual Msd

Please confirm that you are not located inside the Russian Federation

honeypot link

Trastornos temporomandibulares

Por

Gary D. Klasser

, DMD, Louisiana State University School of Dentistry

Última revisión completa jul. 2020
Hacer clic aquí para la versión para profesionales
Datos clave
Recursos de temas

Las articulaciones temporomandibulares son las conexiones entre los huesos temporales del cráneo y la mandíbula (inferior). Existen dos articulaciones temporomandibulares, una a cada lado de la cara, justo delante de las orejas. Los ligamentos, tendones y músculos que sostienen las articulaciones son los elementos que permiten el movimiento mandibular.

  • Los trastornos temporomandibulares suelen ser causados por problemas en la musculatura o las articulaciones de la mandíbula, o en el tejido fibroso que las conecta.

  • La persona afectada tiene dolor de cabeza y respuesta dolorosa al tacto de los músculos masticadores; también puede notarse chasquidos en las articulaciones de la mandíbula.

  • En general, los médicos o dentistas pueden diagnosticar estos trastornos mediante la historia clínica y la exploración clínica, pero a veces es necesaria una prueba de diagnóstico por la imagen.

  • El tratamiento suele incluir medidas de autoayuda y medidas dirigidas por el médico, terapia con dispositivos bucales (férulas) y alivio del dolor.

La articulación temporomandibular es una de las más complejas del cuerpo: se abre y se cierra como una bisagra y se desliza hacia delante, hacia atrás y lateralmente. Durante la masticación puede tener que aguantar una gran presión según la posición y la salud de la dentadura superior e inferior, que actúan como el tope de una puerta durante el cierre de la articulación. La articulación temporomandibular contiene un fragmento de tejido fibroso denso denominado disco articular El disco sirve de almohadilla entre la mandíbula y el cráneo, evitando así la fricción entre ambos.

Los trastornos temporomandibulares, denominados anteriormente trastornos de la ATM (articulación temporomandibular), son más frecuentes entre las mujeres veinteañeras y entre los 40 y los 50 años; en casos excepcionales, los bebés nacen con anomalías de la articulación temporomandibular. Los trastornos temporomandibulares incluyen problemas con las articulaciones, los músculos y las bandas de tejido fibroso que los conectan (fascias).

La luxación mandibular, que constituye una emergencia dental, se caracteriza por una boca completamente abierta y un dolor que hace difícil volver a la posición de boca cerrada (dientes juntos).

Causas

Con frecuencia la causa de la disfunción temporomandibular es una combinación de tensión muscular y problemas anatómicos dentro de las articulaciones. A veces también interviene un componente psicológico, así como otros factores. Los síntomas pueden aparecer al apretar y hacer rechinar los dientes (bruxismo), al sufrir enfermedades sistémicas (como osteopenia, trastornos autoinmunitarios o trastornos óseos genéticos), infecciones, lesiones, desalineación dental incluso por el hecho de mascar chicle constantemente. Las causas específicas son

  • Fatiga muscular y uso excesivo, lo que lleva al síndrome de dolor miofascial

  • Trastorno de la articulación temporomandibular interna

  • Artritis

  • Anquilosis

  • Hipermovilidad

Síndrome de dolor miofascial

El dolor muscular y la opresión alrededor de la mandíbula (síndrome de dolor miofascial) es el trastorno más común que afecta a la región temporomandibular. El dolor y la limitación en el grado de abertura de la mandíbula se deben, principalmente, a la fatiga o la sobrecarga musculares, consecuencia en algunos casos de problemas de mala alineación de las arcadas dentales superior e inferior; sin embargo, con mayor frecuencia se deben a lesiones en la cabeza o en el cuello, estrés emocional, trastornos del sueño o incluso dolor de muelas. También puede producirse dolor al tratar de abrir la mandíbula excesivamente. Del mismo modo, el dolor y la contractura muscular pueden deberse a apretar o rechinar los dientes mientras se está despierto o dormido, a causa de un estrés psicológico o un estrés relacionado con trastornos del sueño. Durante el sueño, se aprietan y rechinan los dientes con mucha más fuerza que cuando se está despierto. El dolor muscular y la tensión son más comunes en las mujeres, y suelen afectar a mujeres alrededor de los veinte años y a las que están en la menopausia o a punto de entrar en ella.

La articulación temporomandibular

La articulación temporomandibular

Trastorno de la articulación temporomandibular interna

En la forma más frecuente de afección articular interna de la ATM, el disco interior de la articulación está situado por delante de su posición normal. El disco se puede desplazar fuera de su sitio cuando los ligamentos que lo mantienen en su lugar se alargan o, a menudo, se estiran debido a una lesión en la articulación (esguince del ligamento).

La afección articular interna de la ATM puede producirse con reducción o sin ella; la reducción significa que las partes de una articulación han vuelto a su posición normal. El desplazamiento del disco con reducción es más frecuente que el desplazamiento sin reducción y ocurre aproximadamente en la tercera parte de la población adulta. En la afección articular interna con reducción, el disco se sitúa por delante de su posición normal solo cuando la boca está cerrada. A medida que se abre la boca y la mandíbula se desliza hacia delante, el disco vuelve a su posición normal, emitiendo a menudo un chasquido o un "clic". Al cerrarse la boca, el disco se desliza de nuevo hacia delante. En la afección articular interna de la ATM sin reducción, el disco nunca vuelve a su posición normal, lo que limita el grado de apertura de la boca. La afección de la ATM puede causar inflamación alrededor de la articulación (capsulitis). Los trastornos internos de la ATM pueden o no ser dolorosos.

Artritis

Puede aparecer artritis en la articulación temporomandibular a consecuencia de artrosis, artritis reumatoide, artritis infecciosa o un traumatismo, en particular si este causa una hemorragia dentro de la articulación. Tales lesiones son bastante frecuentes en niños que hayan sufrido un golpe directamente en el mentón o en un lado del mentón.

La artrosis, un tipo de artritis degenerativa del cartílago de las articulaciones, es más frecuente en personas de más de 50 años. En la artrosis de la articulación temporomandibular (ATM), la articulación entre el disco fibroso y el hueso del interior de la articulación se remodela y cambia de forma (cambios degenerativos). Cuando el disco se ha desplazado o se ha perforado puede producirse artrosis.

La artritis reumatoide, una enfermedad en la que el cuerpo ataca a sus propias células (enfermedad autoinmunitaria) y produce inflamación, afecta a la articulación temporomandibular en cerca de un 17% de los individuos con este tipo de artritis. La articulación temporomandibular por lo general se encuentra entre las últimas articulaciones afectadas por la artritis reumatoide.

La artritis infecciosa está causada por una infección que se ha extendido desde una zona cercana de la cabeza o del cuello, o que ha sido transportada por el torrente sanguíneo hasta la articulación desde otra parte del organismo.

La artritis traumática, es decir, la artritis causada por una lesión (por ejemplo, cuando la mandíbula se extendió ampliamente durante una extracción dental complicada), es poco frecuente.

Anquilosis

La anquilosis es la pérdida de movimiento articular a causa de una fibrosis (cicatrización) o una fusión de los huesos que se insertan en la articulación o a causa de la calcificación (depósito de calcio en los tejidos) de los ligamentos que la rodean. La mayor parte de las veces, la anquilosis aparece a consecuencia de una lesión o una infección, pero puede estar presente de nacimiento o ser consecuencia de la artritis reumatoide.

Hipermovilidad

La hipermovilidad (laxitud mandibular) se produce por el estiramiento excesivo de los ligamentos que sostienen la articulación, haciendo como si hubiera una doble articulación. En la hipermovilidad, la luxación suele producirse por la forma de las articulaciones, la pérdida de tono del ligamento (laxitud) y la tensión muscular. Puede producirse al tratar de abrir demasiado la boca, o a causa un golpe en la mandíbula.

Síntomas

Los síntomas de un trastorno temporomandibular incluyen cefalea, sensibilidad a la presión de los músculos masticatorios y chasquido, crujido o bloqueo de las articulaciones. A veces el dolor parece manifestarse en las proximidades de la articulación más que en esta. Las alteraciones funcionales de la articulación temporomandibular pueden ocasionar dolores de cabeza recurrentes que no responden al tratamiento habitual. Otros síntomas incluyen dolor o rigidez en el cuello y en los hombros, mareo, dolor u obstrucción en los oídos y perturbaciones del sueño.

Las personas con trastornos temporomandibulares suelen tener dificultades para abrir completamente la boca. Por ejemplo, la mayoría de las personas sin el mencionado trastorno pueden colocar en posición vertical, y sin esfuerzo, las puntas de sus dedos índice, del corazón y el anular en el espacio entre los incisivos superiores e inferiores. Este espacio suele ser notablemente más pequeño en las personas con dichos trastornos (con excepción de la hipermovilidad).

Síndrome de dolor miofascial

Las personas con dolor muscular sienten dolor y contractura en ambos lados de la cara cuando se despiertan o después de periodos de gran tensión nerviosa durante el día. El hecho de apretar y rechinar los dientes mientras se está dormido, así como la presencia de un trastorno de la respiración durante el sueño, como la apnea obstructiva del sueño, pueden hacer que la persona se despierte con dolor de cabeza, que puede disminuir lentamente durante el día. Sin embargo, algunas personas presentan síntomas cuando están despiertas, incluyendo cefalea, si continúan apretando y rechinando los dientes mientras están despiertas. Al abrir la mandíbula, puede moverse ligeramente (desviarse) hacia un lado u otro, y puede no abrirse por completo. Los músculos masticatorios suelen estar doloridos y ser sensibles al tacto.

Trastorno de la articulación temporomandibular interna

La afección articular interna relacionada con el desplazamiento del disco anterior con reducción suele causar un chasquido o un ruido seco en la articulación al abrir completamente la boca, o cuando la mandíbula se desplaza de un lado a otro. En ocasiones dichos sonidos pueden llegar a ser oídos por otras personas. En muchas personas, tales ruidos articulares son los únicos síntomas. Sin embargo, algunas sufren también dolor, en especial al masticar alimentos duros. En un pequeño porcentaje de personas, estos ruidos evolucionan hacia el bloqueo de las articulaciones.

La afección articular interna relacionada con el desplazamiento del disco anterior sin reducción no produce los mencionados sonidos, pero dificulta a la persona afectada abrir la boca por completo. Por lo general, causa dolor y una sensación de que la articulación está fuera de su sitio. Por lo general, este tipo de trastorno articular comienza repentinamente en personas cuya articulación hace "clic" continuamente (desplazamiento anterior del disco con reducción). En ocasiones la persona descubre que no es capaz de abrir totalmente la mandíbula cuando se despierta. Transcurridos entre 6 y 12 meses, el dolor puede disminuir y el grado de abertura de la boca suele recuperarse.

Artritis

Dado que la artrosis aparece principalmente cuando el disco está fuera de su sitio o tiene perforaciones, la persona experimenta una sensación de fricción áspera en las articulaciones temporomandibulares al abrir y cerrar la boca y a menudo también escucha el sonido de dicha fricción. Puede aparecer rigidez, dolor leve o una combinación de los anteriores. Cuando la artrosis es grave, la punta superior de la rama ascendente del maxilar se aplana y no se puede abrir por completo la boca. La mandíbula también puede desplazarse hacia el lado afectado, y es posible que la persona sea incapaz de volver a colocarla en posición correcta. La persona puede notar un cambio en la forma en que encajan los dientes superiores e inferiores del lado no afectado.

La artritis reumatoide causa dolor, hinchazón y limitación de la movilidad. Suele afectar casi por igual a ambas articulaciones temporomandibulares, lo que rara vez ocurre en otros tipos de trastornos de esta articulación. Cuando la artritis reumatoide es grave, especialmente en niños, la parte superior del maxilar puede degenerar y acortarse, lo que provoca deformidades en la cara. Dicha degeneración puede conducir a una repentina alineación defectuosa de muchas o de todas las piezas dentales superiores e inferiores. Si el daño es grave, lo cual es muy poco frecuente, a la larga el maxilar se fusionará con el cráneo (anquilosis).

En la artritis infecciosa, la zona por encima y alrededor de la articulación temporomandibular se inflama, y el movimiento de la mandíbula es doloroso y limitado.

La artritis traumática causa dolor, sensibilidad al tacto y limitación de movimiento.

Anquilosis

En general, la fusión de los ligamentos y del hueso alrededor de la articulación (anquilosis extraarticular) no es dolorosa, pero limita la apertura de la boca a unos 2,5 cm o menos. La fusión de los huesos dentro de la articulación (anquilosis intrarticular) causa dolor y limita de forma más grave el movimiento mandibular.

Hipermovilidad

En una persona con hipermovilidad, la mandíbula puede deslizarse hacia delante, hasta desencajarse por completo (luxación), lo cual provoca dolor e incapacidad de cerrar la boca. La luxación puede producirse de repente y de forma repetida.

Diagnóstico

  • Exploración realizada por un dentista o un médico

  • A veces, pruebas de diagnóstico por la imagen

  • En caso de artritis infecciosa, aspiración de líquido

  • A veces, polisomnografía (estudio del sueño)

El odontólogo o médico casi siempre diagnostica una afección temporomandibular en función únicamente de la historia clínica y dental del paciente y de la exploración física. El examen consiste en presionar levemente un lado de la cara o en introducir el meñique en la oreja del paciente y presionar con suavidad hacia delante mientras este abre y cierra las mandíbulas, con la intención de detectar la presencia de chasquidos o ruidos secos. Además, el médico palpa con suavidad los músculos masticatorios para detectar dolor o sensibilidad al tacto, y observa si el maxilar se desplaza al morder. Se le indica a la persona que abra la boca tanto como pueda pero sin forzarla. Una persona de tamaño promedio puede abrir la boca por lo menos unos 4 cm.

El médico realizará otras pruebas si sospecha la presencia de una afección articular interna. La resonancia magnética nuclear (RMN) es en la actualidad el método que utilizan los médicos para evaluar si existe una afección articular interna o por qué una persona no responde al tratamiento.

El médico sospecha la presencia de artrosis al escuchar un ruido crujiente/chirriante cuando la persona abre la boca (crepitación). Las radiografías y/o una tomografía computarizada (TC) pueden confirmar el diagnóstico.

Puede sospecharse la presencia de artritis infecciosa si la zona por encima y alrededor de la articulación temporomandibular está inflamada, y si el movimiento articular está limitado y causa dolor. También sirve de indicio una infección en otra parte del cuerpo. Para confirmar el diagnóstico de artritis infecciosa, el médico puede introducir una aguja en la articulación temporomandibular para extraer líquido (aspiración), que luego se analiza para determinar la presencia de bacterias.

Si la causa es la hipermovilidad, la persona suele ser capaz de abrir la boca con una apertura de más de tres dedos de anchura. En ese caso la mandíbula puede estar luxada de forma crónica. Si la anquilosis es la causa, el grado de movilidad de la mandíbula tiende a estar notablemente reducido.

Si los síntomas de dolor muscular y rigidez continúan, el médico puede ordenar pruebas para descartar un trastorno del sueño. Esta prueba se denomina polisomnografía.

Tratamiento

  • Tratamiento con prótesis bucales y analgésicos

  • Medidas de autoayuda

  • A veces, fisioterapia

  • En ciertas ocasiones, intervención quirúrgica

  • A veces, otros fármacos (como relajantes musculares, somníferos o toxina botulínica)

El tratamiento varía de forma considerable según la causa. Dos tratamientos comunes son la terapia con una prótesis bucal (también llamada terapia con férula o protector bucal) y los analgésicos, como los medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (AINE), para aliviar el dolor.

Síndrome de dolor miofascial

El uso de una prótesis bucal suele ser el principal tratamiento para el dolor y la tensión de la musculatura mandibular. En el caso de las personas que se dan cuenta de que aprietan o hacen rechinar los dientes, las prótesis bucales pueden ayudarles a acabar con el hábito. Para ello se diseña una prótesis bucal fina de plástico que encaje sobre la arcada superior o inferior y se ajusta para que permita una mordida uniforme. La prótesis bucal, habitualmente utilizada mientras se duerme (protector nocturno), reduce a menudo el rechinamiento y los crujidos, permitiendo el reposo y la recuperación de los músculos mandibulares. En el caso del dolor cuando se está despierto, una prótesis bucal permite que los músculos de la mandíbula permanezcan relajados y que la mordida sea estable, lo cual reduce las molestias. De la misma manera, la prótesis bucal también puede evitar lesiones en las piezas dentales que están sometidas a una presión excesiva debida al hecho de rechinar o apretar los dientes. Las prótesis bucales diurnas se utilizan solo hasta que remiten los síntomas, por lo general en menos de 8 semanas. Su uso durante más tiempo puede justificarse según la gravedad de los síntomas.

Medidas de autoayuda

Se deben tomar medidas de autoayuda para aliviar el dolor y restaurar la funcionalidad normal.

  • El hecho de cambiar a una dieta con alimentos más blandos, cortar los alimentos en trozos más pequeños, masticar lentamente y no abrir tanto la boca reduce la tensión muscular y el estrés en las articulaciones temporomandibulares.

  • El hecho de mantener separados los dientes superiores e inferiores mientras se está despierto contribuye a romper el hábito de apretar o rechinar los dientes, disminuyendo también la tensión muscular y la tensión sobre las articulaciones temporomandibulares.

  • El desarrollo de algún sistema para ayudar a recordar que se debe corregir la mala postura contribuirá a la recuperación de los músculos de la mandíbula y del cuello/hombro.

  • El hecho de seguir un comportamiento adecuado para dormir, incluyendo acostarse cada día a la misma hora en un ambiente tranquilo y cómodo, reduce el dolor y permite que el cuerpo se cure.

  • La aplicación de calor húmedo a los músculos fatigados también es beneficiosa.

Fisioterapia

Así mismo, es posible que se prescriba fisioterapia, que puede incluir tratamientos con ultrasonidos, biorretroalimentación electromiográfica (en la cual la persona aprende a relajar la musculatura), y ejercicios de relajación y estiramiento (en los que la mandíbula se estira hasta abrirla después de haber rociado con refrigerante la piel sobre la zona dolorosa, o después de haberla insensibilizado con hielo). Estimulación nerviosa eléctrica transcutánea (TENS, véase la barra lateral) Fisioterapia para los músculos mandibulares) también puede ayudar. La gestión del estrés (en ocasiones combinada con biorretroalimentación electromiográfica, (véase barra lateral Fisioterapia para los músculos mandibulares), y el apoyo psicológico resultan útiles para algunas personas.

Terapia con fármacos

La terapia farmacológica también puede ser beneficiosa. Por ejemplo, se pueden recetar fármacos relajantes musculares, como la ciclobenzaprina, para aliviar la tensión y el dolor. En ocasiones, se puede tomar temporalmente una benzodiacepina (medicamento contra la ansiedad que también relaja los músculos) a la hora de acostarse para ayudar a aliviar los síntomas. Sin embargo, los fármacos no curan el trastorno; tampoco suelen recomendarse a personas de edad avanzada, y solo se prescriben durante un breve periodo, por lo general durante un mes o menos. Los analgésicos como el acetaminofeno (paracetamol) u otros fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE) también contribuyen a aliviar el dolor. No es habitual la prescripción de analgésicos opiáceos, porque el tratamiento puede llegar a ser prolongado, y estos fármacos pueden causar adicción. Las pastillas para dormir (sedantes) pueden usarse de vez en cuando y durante un corto periodo de tiempo para ayudar a las personas que tienen problemas para dormir a causa del dolor. Las personas que sufren un trastorno del sueño, como una apnea obstructiva del sueño, deben preguntar a su médico antes de consumir ningún tipo de benzodiazepinas o sedantes (incluyendo los que se venden sin receta médica) o de relajante muscular, ya que este tipo de fármacos pueden empeorar el trastorno. La toxina botulínica inyectada en el músculo o los anestésicos inyectados en las zonas reflexógenas musculares se han utilizado para aliviar los espasmos musculares y el dolor.

En algunos casos de dolor crónico, los antidepresivos pueden ser eficaces.

Al margen del tipo de tratamiento, la mayoría de las personas experimentan un alivio significativo aproximadamente en 3 meses. Si los síntomas no son graves, muchas personas se recuperan sin tratamiento.

icon

Fisioterapia para los músculos mandibulares

  • Los ultrasonidos son un método para suministrar calor intenso a las zonas dolorosas. Cuando los vasos sanguíneos se calientan mediante ultrasonidos, se dilatan y la sangre puede transportar con mayor rapidez los productos de desecho musculares que pueden causar dolor.

  • La biorretroalimentación electromiográfica controla la actividad muscular con un registro gráfico. La persona intenta relajar todo el cuerpo o un músculo específico mientras observa el registro gráfico. De este modo, el paciente aprende a controlar o a relajar determinados músculos.

  • Los ejercicios de contracción y estiramiento conllevan rociar el área dolorida con un refrigerante para la piel, o aplicar hielo en dicha zona, de modo que puedan estirarse los músculos mandibulares.

  • La neuroestimulación eléctrica transcutánea (TENS) de los nervios consiste en la utilización de un dispositivo que estimula las fibras nerviosas que no transmiten el dolor. Se cree que los impulsos resultantes bloquean los impulsos dolorosos que el paciente ha estado sintiendo.

Trastorno de la articulación temporomandibular interna

La afección articular interna, con o sin reducción, requiere tratamiento solo si la persona sufre dolor mandibular o dificultad para mover la mandíbula. Se prescriben a menudo AINE para el dolor. Si la persona solicita tratamiento en cuanto aparezcan los síntomas, el odontólogo o médico puede, de forma manual, hacer que el disco vuelva a su posición normal. Si la persona ha padecido el trastorno durante menos de 3 a 6 meses, se puede colocar una férula reposicionante anterior, que mantiene el maxilar inferior hacia delante y el disco en posición, permitiendo que se tensen los ligamentos de sostén y desaparezca el dolor. Transcurridos entre 2 y 4 meses, cuando se considere que el disco permanecerá ya en su sitio, la prótesis bucal se ajusta para que la mandíbula vuelva a su posición normal. Sin embargo, cuanto más tiempo se desplaza el disco, menos probable es que su reposicionamiento tenga éxito.

Una persona con afección articular interna, con o sin reducción, debe evitar abrir mucho la boca (por ejemplo al bostezar o al morder un bocadillo grueso), ya que las articulaciones afectadas no están tan protegidas, al realizar estas actividades, como lo estaría una articulación normal. Es recomendable que las personas con este trastorno corten los alimentos en trozos pequeños y que sus comidas sean de fácil masticación.

A veces el disco deslizado se detiene en la parte anterior de la articulación temporomandibular, impidiendo la apertura completa de la mandíbula. En estos casos debe desplazarse manualmente el disco de su posición e incluso alejarlo para facilitar el movimiento completo de la articulación. Para aumentar poco a poco la movilidad de la mandíbula se utilizan unos dispositivos de movimiento pasivo mandibular que la estiran; dichos dispositivos se emplean varias veces al día. Uno de ellos es un instrumento de tipo tornillo roscado, parecido al gato para automóviles, que se coloca entre los incisivos y caninos y se hace girar con el fin de empujar gradualmente el disco hacia delante y creando, de este modo, una abertura bucal más amplia. Si no se dispone de este instrumento, el médico puede utilizar una pila de depresores linguales, colocándola entre los incisivos y caninos y añadiendo un depresor adicional en el centro de la pila para aumentar poco a poco la abertura bocal.

Si no es posible tratar la afección articular interna por medios no quirúrgicos, puede ser necesario que un cirujano oral y maxilofacial lleve a cabo un procedimiento quirúrgico. Sin embargo, la necesidad de cirugía tradicional es infrecuente desde la aparición de procedimientos como la artroscopia. Todos los procedimientos quirúrgicos se utilizan en combinación con la terapia con dispositivos orales, las medidas de autoayuda y la supervisión por parte de un dentista o un médico.

Artritis

Una persona con artrosis en una articulación temporomandibular necesita el máximo reposo de la mandíbula, el uso de una prótesis bucal u otro dispositivo para controlar la tensión muscular y la administración de un analgésico para el dolor (como paracetamol [acetaminofeno] o un AINE). El dolor desaparece normalmente a los 6 meses, con o sin tratamiento. La mayoría de los síntomas mejoran, incluso sin necesidad de aplicar ningún tratamiento, probablemente porque la banda de tejido detrás del disco cicatriza y funciona como el disco original. Por lo general, la movilidad mandibular es suficiente para una actividad normal, aunque su abertura no sea tan amplia como antes. El aparato bucal se lleva generalmente mientras se duerme, pero a veces también se lleva mientras se está despierto.

La farmacoterapia para la artritis reumatoideArtritis reumatoide : Fármacos para la artritis reumatoide de la articulación temporomandibular es la misma que se utiliza para el tratamiento de la artritis reumatoide de cualquier otra articulación. En caso de dolor intenso, pueden administrarse AINE. Es de particular importancia mantener la movilidad y evitar la anquilosis (fusión de la articulación). Habitualmente, la mejor forma de lograr estos objetivos es realizar ejercicios mandibulares dirigidos por un fisioterapeuta. Para aliviar los síntomas, sobre todo la contractura muscular, se recomienda el uso nocturno de una prótesis bucal. Si la fusión articular impide cualquier movimiento de la mandíbula, el paciente puede necesitar una intervención quirúrgica y, en raras ocasiones, una prótesis articular para restablecer la movilidad mandibular.

La artritis infecciosa se trata con antibióticos, hidratación adecuada, control del dolor y restricción de movimientos. La penicilina suele ser el antibiótico usado al principio, hasta que los resultados de los análisis determinen el tipo de bacteria presente y se pueda administrar el antibiótico más adecuado. El pus que pueda estar presente en la articulación suele extraerse con una aguja. Una vez que la infección esté controlada, se realizan ejercicios de apertura de la mandíbula para ayudar a prevenir la formación de cicatrices y la limitación de movimiento.

La artritis traumática se trata con antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y corticoesteroides (fármacos que reducen la inflamación y alivian sus síntomas, como hinchazón, enrojecimiento y dolor), aplicación de calor, una dieta blanda y restricción del movimiento mandibular.

Anquilosis

En ocasiones, los ejercicios de abertura de la mandíbula pueden ayudar, pero las personas con fusión ósea generalmente necesitan una intervención quirúrgica para restaurar el movimiento de la mandíbula y luego se requieren ejercicios durante meses o años para mantener la corrección quirúrgica.

Hipermovilidad

La prevención y el tratamiento de la luxación debida a la hipermovilidad son los mismos que se emplean en otras causas de luxación mandibular. Cuando se produce una luxación, a veces se requiere ayuda de otra persona para volver a colocar la mandíbula en su sitio. Sin embargo, muchas personas con luxaciones repetidas aprenden a colocarse ellas mismas la articulación en su sitio, relajando de modo consciente los músculos y desviando poco a poco el maxilar inferior hasta que encaje de nuevo en su posición. Para prevenir las luxaciones recurrentes, los médicos pueden inyectar una sustancia en la articulación (por ejemplo, sangre) que causa cicatrices y reduce la movilidad. En ocasiones se requiere cirugía para remodelar el hueso o tensar los ligamentos que rodean la articulación temporomandibular para evitar luxaciones repetidas.

NOTA: Esta es la versión para el público general. MÉDICOS: Hacer clic aquí para la versión para profesionales
Hacer clic aquí para la versión para profesionales
Obtenga los
¡Descargue la aplicación  de los Manuales MSD! ANDROID iOS
¡Descargue la aplicación  de los Manuales MSD! ANDROID iOS
¡Descargue la aplicación  de los Manuales MSD! ANDROID iOS

Evalúe sus conocimientos

Dislocación de la mandíbula
¿Cuál de los siguientes tratamientos puede ser necesario para las personas que tuvieron más de una dislocación de mandíbula?
¡Descargue la aplicación  de los Manuales MSD! ANDROID iOS
¡Descargue la aplicación  de los Manuales MSD! ANDROID iOS
¡Descargue la aplicación  de los Manuales MSD! ANDROID iOS

También de interés

¡Descargue la aplicación  de los Manuales MSD! ANDROID iOS
¡Descargue la aplicación  de los Manuales MSD! ANDROID iOS
¡Descargue la aplicación  de los Manuales MSD! ANDROID iOS
ARRIBA