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Quimioterapia

Por

Robert Peter Gale

, MD, PhD, Imperial College London

Última revisión completa jul. 2018
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La quimioterapia conlleva el uso de fármacos para destruir las células cancerosas. Aunque lo ideal sería que los fármacos destruyeran solo las células cancerosas sin dañar las sanas, la mayoría no son tan selectivos. En cambio, los fármacos están preparados de modo que causen más daño a las células cancerosas que a las sanas, por lo general, influyendo en la capacidad de la célula para multiplicarse. El crecimiento rápido e incontrolado es una característica de las células cancerosas. Sin embargo, puesto que las células sanas también necesitan multiplicarse y que algunas lo hacen con mucha rapidez (como las de la médula ósea y las del revestimiento de la boca y de los intestinos), todos los fármacos antineoplásicos afectan a las células sanas y tienen efectos secundarios.

La quimioterapia se utiliza para curar el cáncer. También puede disminuir la posibilidad de que el cáncer regrese, ralentizar el crecimiento de un cáncer o reducir el tamaño de los tumores que causan dolor u otros problemas.

Aunque un solo fármaco antineoplásico sea eficaz contra algunos tipos de cáncer, a menudo se administran varios al mismo tiempo (poliquimioterapia).

Una nueva estrategia para limitar los efectos secundarios y aumentar la efectividad consiste en la administración de fármacos «con diana molecular». Estos medicamentos destruyen las células cancerosas atacando vías específicas y procesos vitales para la supervivencia y para la proliferación de estas células. Por ejemplo, las células cancerosas necesitan vasos sanguíneos que aporten nutrientes y oxígeno. Algunos fármacos bloquean la formación de vasos sanguíneos de las células cancerosas o el patrón de vías de señalización que controla la multiplicación celular. El imatinib, el primero de estos fármacos, es sumamente eficaz en la leucemia mieloide (o mielógena) crónica y en ciertos tipos de cáncer del tubo digestivo. El erlotinib y el gefitinib se dirigen a los receptores situados en la superficie de las células del carcinoma pulmonar no microcítico. Se ha demostrado que los fármacos con diana molecular son eficaces al tratar diversos tipos de cáncer, entre los que se incluyen el de mama y el de riñón.

El número de medicamentos utilizados para tratar el cáncer está aumentando rápidamente, en particular a medida que la investigación lleva al desarrollo de inmunoterapias para el cáncer. El National Cancer Institute (instituto nacional para el cáncer) mantiene una lista actualizada de los medicamentos empleados para tratar el cáncer. La lista proporciona un breve resumen de los usos de cada medicamento y enlaces a información adicional.

No todos los tipos de cáncer se curan tras administrar quimioterapia. El tipo de cáncer determina qué fármacos deben emplearse, en qué combinación y con qué dosis. La quimioterapia se utiliza como tratamiento único o combinado con radioterapia, con cirugía o con ambas (véase también Principios del tratamiento oncológico.).

Quimioterapia de dosis altas

En un intento de mejorar el efecto antitumoral de los fármacos antineoplásicos, puede aumentarse la dosis y reducirse el intervalo temporal entre los ciclos de aplicación del tratamiento (quimioterapia intensa). La quimioterapia intensa, que acorta los periodos de descanso, se utiliza de modo estándar para tratar el cáncer de mama.

La quimioterapia de dosis altas se utiliza a menudo para tratar las recidivas después de un tratamiento antineoplásico con la dosis normal, sobre todo, para el mieloma, el linfoma y la leucemia. Sin embargo, la quimioterapia de dosis altas puede causar lesiones en la médula ósea que ponen en peligro la vida. Por lo tanto, este tipo de quimioterapia se suele combinar con estrategias que protegen la médula ósea. En el tratamiento de rescate de la médula ósea, antes de la quimioterapia se extraen células de la médula ósea que se vuelven a inyectar después de la quimioterapia. En algunos casos, las células madre se aíslan del torrente sanguíneo y no de la médula ósea, y se infunden de nuevo después de la quimioterapia para que la médula ósea recupere su funcionalidad.

Efectos secundarios de la quimioterapia

La quimioterapia suele causar náuseas, vómitos, inapetencia, adelgazamiento, fatiga y un número bajo de células sanguíneas, lo que conduce a anemia y a un riesgo mayor de contraer infecciones. También se suele perder el cabello y existen otros efectos secundarios que varían según el tipo de fármaco.

Náuseas y vómitos

Por lo general, estos síntomas se previenen o alivian administrando fármacos (antieméticos). Las náuseas disminuyen ingiriendo pequeñas cantidades de comida cada vez y evitando los alimentos con gran contenido de fibra, que provocan gases, o que estén muy calientes o muy fríos. En algunas regiones, se receta marihuana para aliviar las náuseas y los vómitos causados por la quimioterapia.

Número bajo de células sanguíneas

La citopenia, una carencia de uno o de más tipos de células sanguíneas, es consecuencia del efecto tóxico que los fármacos antineoplásicos (quimioterápicos) tienen sobre la médula ósea (donde se producen las células sanguíneas). Por ejemplo, una persona puede desarrollar números anormalmente bajos de

Cuando se padece anemia, se observa palidez y se siente fatiga o debilidad. Si la anemia empeora, aparecen mareos, sed, sudoración o incluso dificultad respiratoria y dolor torácico. Si la anemia se vuelve grave, se transfunde un concentrado de glóbulos rojos (eritrocitos). También se puede administrar un factor de crecimiento de los glóbulos rojos, la eritropoyetina, pero se prefiere la transfusión porque existe un riesgo menor de coágulos sanguíneos.

Cuando se padece neutropenia, el riesgo de contraer una infección es mayor. Cuando la temperatura corporal es superior a 38º C en presencia de neutropenia, se considera una urgencia. En este caso, se debe evaluar la posibilidad de que haya una infección, que puede requerir antibióticos e incluso hospitalización. Casi nunca se transfunden glóbulos blancos, porque, cuando se hace, sobreviven solo unas pocas horas y producen muchos efectos secundarios. En cambio, pueden administrarse determinadas sustancias (por ejemplo, el factor estimulante de colonias de granulocitos) que estimulan la producción de glóbulos blancos.

Si se padece trombocitopenia, es probable que aparezcan hematomas y se sangre con facilidad. Si la trombocitopenia es grave, se transfunden plaquetas para que disminuya el riesgo de hemorragia.

Otros efectos secundarios frecuentes

A menudo, aparece inflamación e incluso úlceras en las membranas mucosas, como el revestimiento de la boca. Las úlceras bucales son dolorosas y dificultan la deglución. Existen diversas soluciones orales (que, por lo general, contienen un antiácido, un antihistamínico y un anestésico local) que contribuyen a aliviar el malestar. En contadas ocasiones, es necesario administrar un apoyo nutricional mediante una sonda de alimentación que se coloca directamente en el estómago o en el intestino delgado, o incluso por vía intravenosa.

La quimioterapia puede provocar inapetencia y puede que se necesiten complementos nutricionales.

La diarrea es otro efecto secundario de algunos fármacos antineoplásicos, pero se pueden administrar antidiarreicos según sea necesario.

Depresión

La depresión puede ser el resultado de la terapia del cáncer, así como del cáncer mismo.

Daño orgánico y otros tipos de cáncer

A veces, los fármacos antineoplásicos dañan otros órganos, como los pulmones, el corazón o el hígado. Por ejemplo, las antraciclinas (como la doxorubicina), un tipo de inhibidor de la topoisomerasa, dañan el corazón cuando se administra en dosis totales altas.

Cuando se recibe quimioterapia, en particular con agentes alquilantes, se presenta un riesgo mayor de desarrollar leucemia varios años después del tratamiento. Ciertos medicamentos, sobre todo los agentes alquilantes, causan infertilidad en algunas mujeres y en la mayoría de los hombres que los reciben.

Síndrome de lisis tumoral y síndrome de liberación de citoquinas (citocinas)

Puede aparecer síndrome de lisis tumoral después de la quimioterapia porque, al destruir las células cancerosas, estas pueden liberar sus contenidos en el torrente sanguíneo. Estos contenidos pueden dañar los riñones o el corazón. El síndrome de lisis tumoral aparece sobre todo en las leucemias agudas y en los linfomas no hodgkinianos (linfoma no Hodgkin), pero también puede ocurrir después del tratamiento de otros tipos de cáncer. En ocasiones, este síndrome se puede prevenir administrando alopurinol antes y durante la quimioterapia. También se pueden administrar líquidos por vía intravenosa para que los riñones eliminen estos productos tóxicos con rapidez.

El síndrome de liberación de citoquinas (citocinas) está relacionado con el síndrome de lisis tumoral, pero es distinto. El síndrome de liberación de citoquinas (citocinas) ocurre cuando se activan grandes cantidades de glóbulos blancos y liberan sustancias inflamatorias llamadas citoquinas (citocinas). Es una complicación frecuente de las terapias basadas en células como las que usan células CAR-T y algunos anticuerpos monoclonales. Los síntomas consisten en fiebre, fatiga, pérdida de apetito, dolor muscular y articular, náuseas, vómitos, diarrea, erupciones cutáneas, respiración acelerada, dolor de cabeza, confusión y alucinaciones. En general, el tratamiento para el síndrome de liberación leve de citoquinas (citocinas) es de apoyo e implica el alivio de síntomas como fiebre, dolor muscular o fatiga. La terapia con oxígeno, líquidos y medicamentos para elevar la presión arterial y medicamentos para disminuir la inflamación puede ser necesaria en personas con síndrome de liberación de citoquinas (citocinas) más grave.

NOTA: Esta es la versión para el público general. MÉDICOS: Hacer clic aquí para la versión para profesionales
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