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Trastorno bipolar en niños y adolescentes (enfermedad maníaco-depresiva)

Por

Josephine Elia

, MD, Sidney Kimmel Medical College of Thomas Jefferson University

Última revisión completa mar. 2019
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En el trastorno bipolar (anteriormente llamado enfermedad maníaco-depresiva) se alternan periodos de intensa euforia y excitación con periodos de depresión y desesperación. El estado de ánimo entre estos dos periodos es normal.

  • Los niños pueden pasar rápidamente de estar agitados, felices y activos a estar deprimidos, aislados e indolentes, así como a presentar comportamientos violentos e irascibles.

  • Los médicos basan el diagnóstico en los síntomas y en los resultados de las pruebas psiquiátricas.

  • El diagnóstico del trastorno bipolar en los niños pequeños es muy controvertido.

  • El tratamiento puede consistir en la administración de estabilizadores del estado ánimo para tratar las fases maníacas y de antidepresivos para tratar la depresión, además de las sesiones de psicoterapia.

Normalmente, los niños tienen cambios bastante rápidos de humor, que van de estar felices y activos a estar tristes y encerrados en sí mismos. Estos cambios raramente indican un trastorno mental. El trastorno bipolar es mucho más grave que los cambios normales de humor y el estado de ánimo se mantiene durante mucho más tiempo, a menudo durante semanas o meses.

El trastorno bipolar es poco frecuente en niños. En el pasado, a menudo se diagnosticaba un trastorno bipolar cuando un niño pequeño (de 4 a 11 años) se mostraba fuertemente irritable muchas veces al día. Se cree que estos niños, por el contrario, tienen un trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo.

El trastorno bipolar comienza de forma característica a mitad de la adolescencia o durante los primeros años de juventud. El trastorno bipolar en los adolescentes es similar al que se presenta en los adultos.

La causa es desconocida, pero la predisposición a desarrollar trastorno bipolar puede ser hereditaria. Su origen puede estar asociado a alteraciones químicas cerebrales. En los niños con el trastorno, el estrés puede desencadenar un episodio. Además, algunos otros trastornos, como el hipertiroidismo o el trastorno de déficit de atención/hiperactividad pueden causar algunos síntomas similares. Ciertos fármacos y toxinas del medio ambiente (como el plomo) pueden causar síntomas similares.

Estudios recientes también indican que existe un mayor riesgo de desarrollar ciertos trastornos psicóticos (a saber, trastorno bipolar y esquizofrenia) entre los adolescentes que consumen productos de cannabis. Este mayor riesgo no se explica por factores genéticos. Existe la preocupación de que la reciente legalización de la marihuana pueda dar a los adolescentes (y a sus padres) una falsa sensación de inocuidad sobre el consumo de esta sustancia.

Síntomas

En muchos niños, el primer síntoma del trastorno bipolar consiste en uno o más episodios de depresión.

Los síntomas principales son episodios de euforia y excitación (manía) que se alternan con episodios depresivos, que pueden aparecer con mayor frecuencia. Los niños pueden experimentar intensos cambios de humor.

Durante un episodio maníaco se altera el sueño y los niños se vuelven agresivos. Pueden tener un estado de ánimo muy positivo o ser muy irritables. Pueden hablar rápidamente. El curso de su pensamiento puede acelerarse. Pueden tener pensamientos de grandeza. Por ejemplo, los niños afectados pueden estar convencidos de tener un talento extraordinario o de haber realizado un descubrimiento importante. Su juicio puede verse afectado, y los adolescentes pueden comportarse de manera irresponsable, por ejemplo, aumentando la promiscuidad o conduciendo de forma temeraria. Los niños más pequeños pueden tener estados de ánimo dramáticos, aunque suelen durar tan sólo unos momentos. El rendimiento escolar suele deteriorarse.

Durante un episodio depresivo, los niños con trastorno bipolar presentan los mismos síntomas que los que sufren solo de depresión. Se sienten tristes en exceso y pierden el interés en sus actividades habituales. Sus movimientos y pensamientos se vuelven más lentos y se producen alteraciones del sueño, durmiendo más de lo habitual. Se sienten a veces abrumados por sentimientos frecuentes de desesperanza y culpa.

Los niños con trastorno bipolar parecen normales entre episodios sucesivos, a diferencia de los niños con trastorno de déficit de atención/hiperactividad, que presentan un estado constante de hiperactividad.

Los síntomas suelen empezar de forma gradual. Sin embargo, antes de que aparezca la enfermedad, los niños por lo general han sido muy temperamentales y difíciles de manejar.

Diagnóstico

  • Síntomas

  • Pruebas para detectar otras causas

Los médicos basan su diagnóstico del trastorno bipolar en la descripción de los episodios típicos que hacen los niños y sus padres. El médico trata de determinar si algo, como un estrés intenso, ha desencadenado el episodio.

Diferenciar el trastorno bipolar de otros trastornos es importante. Por ejemplo, tanto el trastorno bipolar (en un episodio maníaco) como el déficit de atención/hiperactividad pueden hacer que el niño sea muy activo, pero el médico generalmente pueden diferenciarlos porque la mayoría de los niños con déficit de atención/hiperactividad, a diferencia de los que sufren un trastorno bipolar, no tienen intensos cambios de humor.

Los médicos determinan si el niño afectado está tomando algún fármaco que pueda contribuir a la aparición de los síntomas. También comprueban si existen signos de otras enfermedades que puedan contribuir a la presencia de síntomas o causarlos. Por ejemplo, pueden realizar análisis de sangre para detectar una posible hiperactividad de la glándula tiroidea.

Tratamiento

  • Fármacos estabilizadores del ánimo y antidepresivos

  • Psicoterapia

En el trastorno bipolar, los episodios de manía y de agitación se tratan con fármacos estabilizadores del estado de ánimo. Los estabilizadores del estado de ánimo incluyen

  • Litio

  • Medicamentos antipsicóticos que estabilizan el estado de ánimo (como aripiprazol, quetiapina y risperidona)

  • Anticonvulsivos que estabilizan el estado de ánimo (como carbamacepina y valproato).

Los episodios de depresión se tratan con psicoterapia y antidepresivos. Los antidepresivos pueden desencadenar un cambio desde depresión a manía y por lo tanto generalmente se utilizan junto con un fármaco estabilizador del estado de ánimo.

La psicoterapia individual y familiar ayuda a los niños y a las familias a enfrentar las consecuencias de la enfermedad. En los adolescentes, que son propensos a no seguir el tratamiento farmacológico, la psicoterapia les ayuda a seguirlo. Si los adolescentes presentan síntomas entre leves y moderados y siguen su régimen de fármacos, suelen tener buen pronóstico.

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