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Leucemia linfoblástica aguda

(Leucemia linfocítica aguda)

Por

Ashkan Emadi

, MD, PhD, University of Maryland;


Jennie York Law

, MD, University of Maryland

Última revisión completa may. 2020
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Datos clave
NOTA: Esta es la versión para el público general. MÉDICOS: Hacer clic aquí para la versión para profesionales
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La leucemia linfoblástica aguda es una enfermedad que puede ser mortal, en la cual las células que normalmente se convierten en linfocitos se transforman en cancerosas y rápidamente reemplazan a las células normales que se encuentran en la médula ósea.

  • Las personas afectadas pueden tener síntomas como fiebre, debilidad y palidez, debido a que tienen muy pocas células normales en la sangre.

  • Generalmente se realizan análisis de sangre y un examen de la médula ósea.

  • Se administra quimioterapia, que a menudo es efectiva.

La leucemia linfoblástica aguda (LLA) aparece a cualquier edad, pero es el cáncer más frecuente en los niños, representando el 75% de todas las leucemias en menores de 15 años. La LLA afecta con mayor frecuencia a los niños de entre 2 y 5 años de edad. En los adultos es relativamente más frecuente a partir de los 45 años de edad.

En la LLA, las células leucémicas muy inmaduras se acumulan en la médula ósea, destruyendo y reemplazando a las que producen glóbulos sanguíneos normales. Las células leucémicas son transportadas por el torrente sanguíneo hacia el hígado, el bazo, los ganglios linfáticos, el cerebro y los testículos, donde pueden continuar su crecimiento y división. Sin embargo, las células LLA pueden acumularse en cualquier lugar en el cuerpo. Pueden extenderse a la membrana que recubre el cerebro y la médula espinal (meningitis leucémica), y también producen anemia, insuficiencia hepática y renal, y lesiones en otros órganos.

Síntomas

Los primeros síntomas de la LLA son el resultado de la incapacidad de la médula ósea para producir suficientes glóbulos sanguíneos normales.

  • La fiebre y la sudoración excesiva pueden indicar una infección. Un alto riesgo de infección resulta de un número muy bajo de glóbulos blancos (leucocitos) normales.

  • La debilidad, el cansancio y la palidez, indicios de anemia, se deben a la falta de glóbulos rojos (eritrocitos). Algunas personas pueden presentar dificultad respiratoria, taquicardia o dolor torácico.

  • El déficit en el número de plaquetas (trombocitos) provoca tendencia a presentar hematomas y sangrados, a veces en forma de hemorragia nasal o sangrado de las encías. En algunos casos, las personas pueden sangrar en el interior de su cerebro o su abdomen.

Otros síntomas se producen cuando las células leucémicas invaden otros órganos.

  • Las células leucémicas en el cerebro pueden causar dolores de cabeza, vómitos, accidente cerebrovascular y alteraciones de la visión, el equilibrio, la audición y los músculos faciales.

  • Las células leucémicas en la médula ósea pueden producir dolor óseo y articular.

  • Cuando las células leucémicas agrandan el hígado y el bazo, se experimenta sensación de plenitud abdominal y a veces dolor.

¿Sabías que...?

  • Aproximadamente el 80% de los niños que padecen leucemia linfoblástica aguda se curan.

Diagnóstico

  • Análisis de sangre

  • Examen de la médula ósea

Los análisis de sangre, como el hemograma completo, proporcionan la primera evidencia de LLA. El número total de glóbulos blancos (leucocitos) puede ser bajo, normal o alto, pero la cantidad de glóbulos rojos (eritrocitos) y de plaquetas está casi siempre por debajo de sus valores normales. Además, en la sangre hay presencia de glóbulos blancos inmaduros (blastos).

Para confirmar el diagnóstico, y para diferenciar una LLA de otros tipos de leucemia, casi siempre se realiza un examen de la médula ósea. El análisis de los blastos permite detectar anomalías cromosómicas, lo que ayuda a los médicos a determinar el tipo exacto de la leucemia y qué medicamentos utilizar para tratarla.

Se realizan análisis de sangre y orina para detectar otras anomalías, como las anomalías electrolíticas.

Igualmente pueden ser necesarias pruebas de diagnóstico por la imagen. Se realiza una tomografía computarizada (TC) o una resonancia magnética nuclear (RMN) si la persona tiene síntomas que indican la presencia de células leucémicas en el cerebro. Puede hacerse una tomografía computarizada (TC) de tórax para determinar si hay células leucémicas en el área que rodea los pulmones. Asimismo, puede realizarse una TC, una RMN o una ecografía del abdomen cuando los órganos internos están aumentados de tamaño. Se puede hacer un ecocardiograma (ecografía del corazón) antes de comenzar la quimioterapia porque ésta algunas veces afecta al corazón.

Pronóstico

Antes de que se dispusiera de tratamiento, la mayoría de las personas con LLA morían en los meses siguientes al diagnóstico. Actualmente, casi el 80% de los niños y entre un 30 y un 40% de los adultos con esta enfermedad se curan. En la mayoría de los casos, el primer curso de quimioterapia consigue el control de la enfermedad (remisión completa). Los niños de 3 a 9 años de edad tienen el mejor pronóstico; los lactantes y los adultos de edad avanzada no tienen tan buena respuesta al tratamiento. El número de glóbulos blancos (leucocitos) en el momento del diagnóstico, si la leucemia se ha diseminado o no al cerebro y las anomalías cromosómicas específicas en las células leucémicas también condicionan el pronóstico.

Tratamiento

El tratamiento consiste en

  • Quimioterapia

  • Otros medicamentos, como la inmunoterapia y/o la terapia dirigida

  • En casos contados, trasplante de células madre o radioterapia

La quimioterapia es altamente efectiva, y se administra en varias fases:

  • Inducción

  • Tratamiento del cerebro

  • Consolidación e intensificación

  • Mantenimiento

La quimioterapia de inducción es la fase inicial del tratamiento. El objetivo de la quimioterapia de inducción es lograr la remisión mediante la destrucción de las células leucémicas, para que las células normales vuelvan a crecer en la médula ósea. Las personas que reciben quimioterapia pueden requerir hospitalización durante unos días o algunas semanas, según la rapidez con que se recupere la médula ósea.

Habitualmente se utilizan varias combinaciones de fármacos, y las dosis se repiten durante varios días o semanas. La combinación específica depende de los resultados de las pruebas diagnósticas. Una de estas combinaciones consiste en administrar prednisona (un corticoesteroide) por vía oral y dosis semanales de vincristina (un quimioterápico) junto con una antraciclina (generalmente daunorubicina), asparaginasa y a veces ciclofosfamida, por vía intravenosa. En algunos pacientes con leucemia linfocítica aguda (LLA) se pueden emplear nuevos fármacos como la inmunoterapia (un tratamiento que utiliza el sistema inmunológico de una persona para destruir células cancerosas) y la terapia dirigida (medicamentos que atacan los mecanismos biológicos innatos de una célula cancerosa).

El tratamiento del cerebro suele comenzar durante la inducción y puede continuar durante todas las fases del tratamiento. Dado que existe una probabilidad de que la LLA se extienda hasta el cerebro, el tratamiento se centra en la leucemia que se ha propagado a este órgano o en prevenir la propagación hasta él de células leucémicas. Cuando hay células leucémicas en las membranas que recubren el cerebro y la médula espinal (meninges), el tratamiento consiste en inyectar metotrexato, citarabina, corticoesteroides o una combinación de ellos directamente en el líquido cefalorraquídeo o bien administrar por vena (vía intravenosa) dosis elevadas de dichos fármacos. Esta quimioterapia puede combinarse con radioterapia en el cerebro.

En las fases de consolidación e intensificación se sigue tratando la enfermedad de la médula ósea. Algunos fármacos que fueron utilizados durante la fase de inducción, u otros adicionales, pueden administrarse varias veces durante un periodo de muchas semanas. Para algunas personas con gran riesgo de sufrir recaídas debido a las anomalías cromosómicas específicas que se encuentran en sus células leucémicas, se recomienda el trasplante de células madre una vez se produce la remisión.

La posterior quimioterapia de mantenimiento, que normalmente consiste en el uso de un menor número de fármacos, a veces en dosis más bajas, suele continuar durante 2 a 3 años.

Las personas mayores con LLA pueden no ser capaces de tolerar el régimen intensivo utilizado para las personas más jóvenes. En estas personas, los regímenes de inducción más suaves solos (sin consolidación, intensificación o mantenimiento posteriores) son una opción. A veces, la inmunoterapia o una forma más suave de trasplante de células madre pueden ser una opción en algunas personas mayores.

Durante todas las fases anteriores pueden ser necesarias transfusiones de sangre y de plaquetas para tratar la anemia y prevenir el sangrado, así como antimicrobianos para tratar las infecciones. El empleo de líquidos intravenosos y el tratamiento con alopurinol o rasburicasa también puede ayudar al cuerpo a eliminar sustancias perjudiciales, tales como el ácido úrico, que se liberan cuando las células leucémicas son destruidas.

Recidiva

Las células leucémicas pueden reaparecer al cabo de un tiempo (recaída) en la sangre, la médula ósea, el cerebro o los testículos. Su reaparición rápida en la médula ósea es particularmente grave. En caso de recaída, de nuevo se administra quimioterapia, y aunque la mayoría de las personas responden positivamente a la repetición del tratamiento, la enfermedad tiene una alta tendencia a recidivar, en especial en los lactantes y en los adultos. Cuando las células leucémicas reaparecen en el cerebro, se inyecta un fármaco antineoplásico (quimioterápico) en el líquido cefalorraquídeo una o dos veces por semana. Si la leucemia reaparece en los testículos, se administra radioterapia en los testículos combinada con quimioterapia.

Para las personas que han sufrido una recaída, la quimioterapia en dosis altas junto con un trasplante alogénico de células madre (células progenitoras) (el término "alogénico" significa que las células madre o progenitoras proceden de otra persona) ofrece la mejor probabilidad de curación. Sin embargo, el trasplante solo puede hacerse si las células madre se obtienen de una persona que tiene un tipo de tejido compatible (compatibilidad HLA; del inglés "human leukocyte antigen", antígeno leucocitario humano). El donante suele ser un hermano o una hermana, aunque a veces se utilizan células compatibles de donantes no emparentados, o células parcialmente compatibles de miembros de la familia o de donantes no emparentados, o células madre de cordón umbilical. El trasplante de células progenitoras (células madre) rara vez se realiza en personas mayores de 65 años, porque hay menos probabilidades de éxito y aumenta el riesgo de que los efectos adversos sean mortales.

Las nuevas terapias con anticuerpos monoclonales (proteínas que se unen específicamente a las células de la leucemia y las marcan para su destrucción) también se están empleando en personas con LLA recidivante. Existe una terapia aún más nueva que se puede usar en algunas personas con LLA recidivante que se llama terapia de linfocitos T receptores de antígeno quimérico (CAR-T, por sus siglas en inglés). Esta terapia consiste en modificar un tipo de linfocitos (linfocitos T, también llamados células T) de la persona que padece leucemia, de manera que las nuevas células T reconozcan y ataquen a las células de la leucemia.

El tratamiento adicional que se requiere después de una recaída, en las personas que no son candidatas a un trasplante de células madre, a menudo es mal tolerado y no suele ser efectivo, y con frecuencia hace que las personas se sientan aún más enfermas. No obstante, pueden obtenerse remisiones. Para los pacientes que no respondan al tratamiento deben considerarse los cuidados del final de la vida (paliativos) y de otros aspectos.

Más información

El siguiente es un recurso en inglés que puede ser útil. Tenga en cuenta que el MANUAL no se hace responsable del contenido de este recurso.

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