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Introducción a los antibióticos

Por

Brian J. Werth

, PharmD, University of Washington School of Pharmacy

Última revisión completa nov 2018
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Los antibióticos son fármacos que se utilizan para tratar las infecciones bacterianas. Son ineficaces contra las infecciones víricas y la mayoría del resto de infecciones. Los antibióticos acaban con los microorganismos o detienen su reproducción, facilitando su eliminación por parte de las defensas naturales del organismo.

  • Aunque los médicos intentan utilizar antibióticos para infecciones bacterianas específicas, a veces empiezan el tratamiento antibiótico sin esperar a tener los resultados de las pruebas que permitan identificar la bacteria específica.

  • Las bacterias pueden desarrollar resistencia a los efectos de los antibióticos.

  • Los antibióticos pueden tener efectos secundarios, tales como malestar estomacal, diarrea y, en las mujeres, candidiasis vaginal.

  • Algunas personas son alérgicas a determinados antibióticos.

Los antibióticos son fármacos que se utilizan para tratar las infecciones bacterianas. Son ineficaces contra las infecciones víricas y la mayoría del resto de infecciones. Los antibióticos acaban con los microorganismos o detienen su reproducción, facilitando su eliminación por parte de las defensas naturales del organismo.

Los antibióticos se agrupan en clases según su estructura química. Sin embargo, los antibióticos pertenecientes a cada clase concreta a menudo afectan el cuerpo de manera diferente y pueden ser efectivos contra diferentes bacterias.

Las clases de antibióticos comprenden las siguientes:

Los carbapenémicos, las cefalosporinas, los monobactámicos y las penicilinas son subclases de los antibióticos betalactámicos, una clase de antibióticos que se caracteriza por una estructura química llamada anillo betalactámico.

Cloranfenicol, clindamicina, daptomicina, fosfomicina, metronidazol, nitrofurantoina, y tigeciclina son otros antibióticos que no encajan en las clases enumeradas anteriormente.

Elección de un antibiótico

Cada antibiótico es eficaz solo frente a determinadas bacterias en el proceso de selección del antibiótico para el tratamiento de una infección, el médico debe determinar cuál es la bacteria responsable del proceso. Por ejemplo, algunas infecciones solo pueden estar producidas por ciertos tipos de bacterias. Algunas veces se prevé que un determinado antibiótico será eficaz frente a la totalidad de bacterias que, con mayor probabilidad, son las causantes de la infección, de manera que no es necesario realizar más pruebas.

En las infecciones causadas por diferentes tipos de bacterias, o por bacterias en las que la acción de los antibióticos no sea predecible, deben solicitarse pruebas de laboratorio para identificarlas en muestras de sangre, de orina o de tejido obtenidos de la persona afectada por la infección (ver Diagnóstico de las enfermedades infecciosas). Se realizan pruebas con las bacterias infecciosas para determinar su sensibilidad a diversos antibióticos; dado que tales pruebas suelen tardar 1 día o 2 en proporcionar resultados, no sirven para orientar la elección inicial del antibiótico. En tales casos, los médicos suelen comenzar el tratamiento con un antibiótico que es eficaz contra la bacteria que tiene mayor probabilidad de causar la infección. Cuando obtienen los resultados de las pruebas, los médicos cambian el antibiótico si es necesario.

Los antibióticos eficaces en el laboratorio no necesariamente funcionan en el organismo de una persona infectada. La efectividad del tratamiento depende de

  • La bondad de la absorción del medicamento en el torrente sanguíneo (para medicamentos tomados por boca)

  • La cantidad de fármaco que llega a los focos de infección en el organismo

  • La rapidez con la que el organismo elimina el fármaco

Estos factores varían en cada individuo, según los otros fármacos que esté tomando, otras enfermedades que padezca y la edad.

A la hora de escoger un antibiótico, los médicos también tienen en cuenta lo siguiente:

  • La naturaleza y la gravedad de la infección

  • El estado del sistema inmunológico de la persona (hasta qué punto puede ayudar al medicamento a combatir la infección)

  • Los posibles efectos secundarios del fármaco

  • La posibilidad de alergias u otras reacciones graves al fármaco

  • El coste del fármaco

Los médicos también consideran la dificultad que supone para los afectados el hecho de tomar antibióticos durante todo el tiempo prescrito, es decir, completar el ciclo de tratamiento. Por ejemplo, es menos probable que las personas completen el tratamiento si el medicamento debe tomarse con mucha frecuencia o solo en momentos específicos (como antes de las comidas, durante las comidas o después de las comidas).

A veces se requiere utilizar combinaciones de antibióticos para tratar las siguientes afecciones:

  • Infecciones graves, en especial durante los primeros días, cuando aún se desconoce la sensibilidad de la bacteria a los antibióticos

  • Ciertas infecciones en las que la bacteria ofrece rápidamente resistencia a un solo antibiótico

  • Las infecciones causadas por más de un tipo de bacteria, cuando cada bacteria es sensible a un antibiótico distinto

Resistencia a los antibióticos

Las bacterias, al igual que el resto de seres vivos, sufren modificaciones a lo largo del tiempo en respuesta a los cambios ambientales. A causa del uso generalizado y abusivo que se ha hecho de los antibióticos, las bacterias están expuestas a dichos fármacos de forma constante, y aunque muchas de ellas mueren tras exponerse a los antibióticos, algunas presentan resistencia a sus efectos farmacológicos. Por ejemplo, hace 50 años, Staphylococcus aureus (una causa frecuente de infecciones cutáneas) era muy sensible a la penicilina. Pero con el paso del tiempo, algunas cepas de esta bacteria desarrollaron una enzima capaz de descomponer la penicilina, lo que anula la eficacia del fármaco. Algunos investigadores desarrollaron una nueva forma de penicilina que la enzima no podía descomponer, pero al cabo de pocos años las bacterias se adaptaron y se volvieron resistentes incluso a esta penicilina modificada. Otras bacterias también han desarrollado resistencia a los antibióticos.

La investigación médica continúa trabajando en el desarrollo de fármacos para combatir las bacterias, Sin embargo, la gente pueden contribuir a evitar el desarrollo de resistencias en las bacterias teniendo en cuenta

  • El hecho de tomar antibióticos solo cuando sea necesario (es decir, solo se deben tomar antibióticos en caso de infecciones bacterianas, no para las de origen vírico, como el resfriado o la gripe)

  • El hecho de no solicitar a los médicos que receten antibióticos para infecciones víricas, como el resfriado común o la gripe

¿Sabías que...?

  • Si la causa de la infección es un virus, tomar antibióticos es inútil y puede contribuir a la aparición de resistencia en las bacterias.

Toma de antibióticos

En las infecciones bacterianas graves, los antibióticos suelen administrarse inicialmente mediante inyección (generalmente intravenosa, aunque a veces intramuscular). Una vez controlada la infección, se pueden tomar por vía oral.

Las infecciones de menor gravedad se tratan desde el principio con antibióticos por vía oral.

Edad y salud: antibióticos

Cuando los médicos prescriben antibióticos a personas de edad avanzada, pueden empezar con una dosis más baja de lo habitual, porque los riñones tienden a no funcionar tan bien a medida que se envejece. En tales casos, es posible que los riñones no sean capaces de eliminar los antibióticos del cuerpo con la eficacia requerida, lo que aumenta el riesgo de efectos secundarios.

Los médicos también tienen en cuenta lo siguiente:

  • Otros fármacos que se estén tomando, ya que las personas de edad avanzada suelen tomar muchos medicamentos y existe el riesgo de interacciones farmacológicas

  • Si el régimen de antibióticos es complejo y difícil de seguir

  • Si la persona afectada tiene familiares o cuidadores que puedan ayudarle a tomar el antibiótico del modo prescrito

  • Si la persona en cuestión vive en una residencia de ancianos, ya que las causantes de infecciones pueden ser bacterias diferentes en estos casos

Los antibióticos deben tomarse hasta que las bacterias causantes de la infección hayan sido eliminadas del organismo, lo que puede requerir la continuación del tratamiento durante varios días después de la desaparición de los síntomas. Es poco frecuente que se suministren antibióticos durante menos de 5 días. (Ciertas infecciones sin complicaciones del tracto urinario son una excepción). Una interrupción demasiado precoz del tratamiento puede dar lugar a una recidiva de la infección.

El personal médico, de enfermería o farmacéutico puede explicar cómo se debe tomar el antibiótico prescrito y cuáles son los posibles efectos secundarios. Algunos antibióticos deben tomarse en ayunas; otros deben tomarse con alimentos. El metronidazol, un antibiótico de uso habitual, provoca una reacción desagradable si se toma con alcohol. Algunos antibióticos también pueden interaccionar con otros fármacos que la persona esté tomando, posiblemente reduciendo su eficacia o aumentando los efectos secundarios del antibiótico o de los otros fármacos. Algunos antibióticos producen sensibilidad de la piel a la luz solar.

Tomar antibióticos para evitar infecciones.

Los antibióticos se utilizan a veces para prevenir infecciones (profilaxis). Por ejemplo, los antibióticos profilácticos se pueden administrar a

  • Personas que hayan estado en contacto con alguien afectado de meningitis para evitar su aparición

  • Algunas personas con válvulas cardíacas anómalas o artificiales antes de someterse a procedimientos dentales o quirúrgicos para evitar que las bacterias infecten las válvulas dañadas o artificiales (ya que dichos procedimientos permiten que la bacteria penetre en el organismo)

  • Personas que vayan a ser sometidas a una intervención quirúrgica con gran riesgo de introducción de una infección (como la cirugía mayor ortopédica o intestinal)

La terapia profiláctica con antibióticos se acostumbra a emplear solo durante un breve periodo de tiempo con objeto de evitar que las bacterias desarrollen resistencia al antibiótico.

La profilaxis con antibióticos también se administra a personas con un sistema inmunitario deficiente, como las que padecen leucemia, reciben quimioterapia contra un cáncer o tienen el sida, porque estas personas son particularmente propensas a las infecciones graves. Pueden necesitar tomar antibióticos durante mucho tiempo.

Toma de antibióticos durante el embarazo y la lactancia

En general, se emplean antibióticos durante el embarazo solo cuando los beneficios del tratamiento superan los riesgos. Algunos antibióticos son más inocuos (inofensivos) que otros. Las penicilinas, las cefalosporinas y la eritromicina son algunos de los antibióticos más inocuos (inofensivos) para tomar durante el embarazo. Las tetraciclinas no se utilizan durante el embarazo. (Véase también Consumo de medicamentos u otras drogas durante el embarazo.)

La mayoría de los antibióticos pasan a la leche materna en cantidades lo suficientemente grandes como para afectar a un bebé amamantado y, a veces, no se pueden usar en mujeres que están amamantando. A veces se debe decidir entre dejar de amamantar o dejar de tomar el medicamento.

Si aparece una infección durante el embarazo o durante la lactancia, las mujeres deben hablar con su médico sobre los beneficios y riesgos del tratamiento. (Véase también Uso de medicamentos durante la lactancia.)

Tratamiento antibiótico a domicilio

Por lo general, los antibióticos se administran por vía oral y la duración del tratamiento no supone ningún problema. Sin embargo, el tratamiento de algunas infecciones, como muchas de las que afectan al hueso (osteomielitis) o al corazón (endocarditis), pueden requerir la administración de antibióticos por vía intravenosa durante mucho tiempo, a menudo entre 4 y 6 semanas. Si la persona no padece otros trastornos que requieran hospitalización y se siente relativamente bien, se le puede administrar el antibiótico por vía intravenosa en casa.

Cuando los antibióticos deben ser administrados durante largo tiempo, los pequeños catéteres intravenosos (IV) que se introducen en algunas venas del brazo o de la mano (como los que se usan en la mayoría de los procedimientos rutinarios en el hospital) no son adecuados; estos catéteres no duran más de 3 días. En su lugar, se emplea un tipo especial de catéter IV. Este catéter se puede insertar:

  • Directamente en una vena central grande, por lo general en el cuello o en el tórax (llamado catéter central) o bien en

  • una vena pequeña del brazo para enhebrarlo después hacia una vena central de gran calibre (llamado catéter central insertado periféricamente o CCIP)

Algunos dispositivos para la infusión de antibióticos IV son lo bastante sencillos como para que la persona y sus familiares aprendan a manejarlos por sí mismas. En otros casos, será necesario que una enfermera acuda al domicilio del paciente para administrarle cada dosis. En cualquier caso, se requiere una supervisión cuidadosa para garantizar la administración correcta del antibiótico y monitorizar la aparición de posibles complicaciones y efectos secundarios.

Si el antibiótico se administra en el domicilio a través de un catéter intravenoso, aumenta el riesgo de contraer una infección en el punto de inserción del catéter y en el torrente sanguíneo. Lo siguiente puede indicar una infección relacionada con el catéter:

  • Dolor, enrojecimiento y pus en el lugar de inserción del catéter

  • Escalofríos y fiebre (incluso sin la presencia de problemas en el lugar de inserción)

Efectos secundarios de los antibióticos

Los efectos secundarios frecuentes de los antibióticos son

Algunas reacciones adversas son más graves y, dependiendo del antibiótico, alteran la función de los riñones, el hígado, la médula ósea u otros órganos. A veces, para detectar estos efectos en la función renal y de otros órganos se realizan análisis de sangre.

La colitis, una inflamación del intestino grueso, aparece en algunas personas que toman antibióticos, especialmente cefalosporinas, clindamicina, fluoroquinolonas o penicilinas. Este tipo de colitis, llamada colitis inducida por Clostridium difficile tiene su origen en toxinas producidas por la bacteria Clostridium difficile. Estas bacterias son resistentes a muchos antibióticos y crecen de forma incontrolada en los intestinos cuando otras bacterias presentes habitualmente en dicho órgano son destruidas por los antibióticos. La colitis inducida por Clostridium difficile puede ser difícil de tratar y puede ser potencialmente mortal, especialmente en personas mayores.

Reacciones alérgicas a los antibióticos

Los antibióticos también causan reacciones alérgicas. Las reacciones alérgicas leves consisten en la aparición de una erupción con prurito o una ligera sibilancia al respirar. Las reacciones alérgicas graves (anafilaxia) pueden ser mortales y suelen incluir síntomas como inflamación de la garganta, dificultad para respirar y disminución de la presión arterial.

Muchas personas comunican a su médico que son alérgicas a un antibiótico, cuando en realidad tan solo han experimentado algún efecto secundario no relacionado con una alergia (ver Alergias a medicamentos). La distinción es importante porque a los pacientes alérgicos a un antibiótico no se les debe administrar dicho fármaco ni ninguno de los estrechamente relacionados con él. Sin embargo, quienes hayan experimentado leves reacciones adversas pueden, por lo general, seguir tomando fármacos relacionados o incluso continuar con el mismo medicamento. El médico determinará la trascendencia de cualquier reacción desagradable producida por un antibiótico.

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