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Comentario: rompamos los mitos de la esclerosis múltiple

18/04/2017 Michael C. Levin, MD, Multiple Sclerosis Research Chair, Professor of Neurology, University of Saskatchewan

Aunque la esclerosis múltiple (EM) es una de las enfermedades más comunes que afectan al sistema nervioso central, existen ciertas ideas erróneas y estereotipos anticuados en relación con esta afección.

Esto se debe a que se dispone de poca información sobre las causas de la EM y la enfermedad afecta de manera diferente a cada paciente. Cada año se diagnostican unos 10 000 casos nuevos y los síntomas pueden diferir considerablemente entre un paciente y otro.

Este gran abanico de síntomas y experiencias implica que los pacientes y sus seres queridos suelen depender de la experiencia personal de otros para saber qué les espera, lo cual conlleva muchos mitos sobre la enfermedad. Si se rompen algunos de los mitos más habituales, podemos mejorar la comprensión de la enfermedad y ayudar a quienes la padecen a tener conversaciones más fundamentadas con sus seres queridos y sus médicos.

En primer lugar, hagamos un resumen rápido de la esclerosis múltiple. La EM es una enfermedad en la que se dañan o destruyen porciones de mielina (la sustancia que cubre la mayoría de fibras nerviosas) y las fibras nerviosas subyacentes del cerebro, el nervio óptico y la médula espinal. Se trata de un trastorno autoinmunitario, lo cual significa que el sistema inmunitario ataca al propio cuerpo.

Los médicos han identificado al menos cuatro tipos de esta enfermedad. Dentro de estos tipos, la EM suele dividirse en dos amplias categorías:

  • Remitente-recurrente: los pacientes alternan periodos con síntomas graves y periodos de remisión con pocos o ningún síntoma. Se trata de la forma más habitual de esclerosis múltiple.
  • Progresiva: los pacientes experimentan un empeoramiento gradual de la enfermedad sin periodos obvios de remisión ni sin síntomas.

Analicemos con más detenimiento algunos de los mitos más comunes de la esclerosis múltiple y desvelemos la realidad.

Mito n.º 1: todos los pacientes con esclerosis múltiple acaban en silla de ruedas.

Desmentido. La progresión de la esclerosis múltiple varía enormemente entre pacientes, pero estudios a gran escala han demostrado que se requieren entre 15 y 20 años de media entre el desarrollo de la enfermedad y la necesidad de utilizar un bastón para caminar. El tratamiento continuo puede incluso retrasar esta progresión aún más. Tres de cada cuatro personas con esclerosis múltiple no necesitan nunca una silla de ruedas. Alrededor de un 40 % no ven alteradas sus actividades habituales.

Mito n.º 2: las mujeres con esclerosis múltiple no deberían quedarse embarazadas.

Desmentido. De hecho, las tasas de recidiva descienden durante el embarazo, muy probablemente debido a la producción de hormonas. Es habitual que se produzcan recidivas tras el embarazo pero, en la mayoría de los casos, las tasas no son superiores a las que presentaba la paciente antes del embarazo.

Mito n.º 3: los pacientes con esclerosis múltiple deberían evitar hacer ejercicio.

Desmentido. No hay ningún motivo por el que los pacientes con esclerosis múltiple no puedan hacer ejercicio y, en algunos casos, los estiramientos pueden ayudar a reducir los espasmos musculares. El calor suele empeorar los síntomas, por lo que debe evitarse un sobrecalentamiento durante el ejercicio.

Mito n.º 4: la esclerosis múltiple es difícil de detectar y diagnosticar.

Desmentido (más o menos). Aunque existen muchos pacientes que sufren durante años antes de que se les diagnostique la esclerosis múltiple, los efectos de la enfermedad en el sistema nervioso central (el cerebro y la columna vertebral) son, generalmente, fáciles de detectar con técnicas de diagnóstico por la imagen.

Detectar la afección mediante técnicas de diagnóstico por la imagen no suele ser complicado, pero reconocer la necesidad de llevar a cabo estas pruebas puede tomar cierto tiempo. Muchos de los síntomas iniciales son comunes y no son específicos de la EM. Los pacientes con esclerosis múltiple progresiva suelen experimentar primero dificultades para caminar y entumecimiento por debajo de la cintura. En los casos de esclerosis múltiple remitente-recurrente, los síntomas iniciales pueden incluir la pérdida de visión en un ojo y entumecimiento de ambas piernas. Con demasiada frecuencia, los pacientes esperan hasta experimentar un tercer o cuarto episodio sintomático antes de acudir a un médico. Cuando finalmente acuden a la consulta, es posible que los síntomas hayan desaparecido.

Mito n.º 5: todo el mundo tiene las mismas probabilidades de padecer esclerosis múltiple.

Desmentido. La esclerosis múltiple, al igual que la mayoría de trastornos autoinmunitarios, es mucho más frecuente en mujeres que en hombres, con un cociente aproximado de 2:1. No obstante, la esclerosis múltiple progresiva es ligeramente más frecuente en los hombres.

Existen varios factores que pueden incrementar el riesgo de padecer esclerosis múltiple, entre otros, concentraciones bajas de vitamina D, el tabaquismo y la obesidad. No se trata de elementos causales, pero sí aumentan ligeramente los riesgos. Los factores genéticos también tienen un papel. Las posibilidades de padecer esclerosis múltiple son ligeramente superiores si la persona tiene familiares que ya presentan esta afección. Por último, se producen muy pocos casos cerca del ecuador y la enfermedad es más común en personas que han pasado los primeros años de vida más al norte, en climas más fríos. Esto podría estar relacionado con la exposición al sol, que afecta a las concentraciones de vitamina D.

Mito 6: existe una cura para la esclerosis múltiple

Desmentido. Por desgracia, actualmente no se dispone de una cura para la esclerosis múltiple. Los médicos suelen recetar tratamientos breves con corticosteroides para ayudar a tratar las crisis y reagudizaciones, pero estos fármacos no tienen apenas efecto, si es que tienen alguno, en la progresión de la enfermedad.

Sin embargo, siguen desarrollándose nuevas opciones de tratamiento constantemente. En las últimas dos décadas se han introducido más de una docena de tratamientos y medicamentos nuevos. Estos tratamientos retrasan la progresión de la enfermedad y permiten a los pacientes vivir vidas más plenas y más sanas.