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Infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH)

Por J. Allen McCutchan, MD, MSc, University of California at San Diego

La infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) es un trastorno vírico que, progresivamente, destruye ciertos glóbulos blancos (leucocitos) y puede causar el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida).

  • El VIH se transmite a través del contacto con líquidos corporales que contengan el virus o células infectadas por él.

  • El VIH destruye ciertos tipos de glóbulos blancos (leucocitos), lo cual debilita las defensas del organismo frente a infecciones y cánceres.

  • Cuando las personas se infectan por primera vez pueden presentar síntomas como fiebre, erupciones cutáneas, inflamación de ganglios linfáticos y fatiga, que duran entre pocos días y varias semanas.

  • Muchas de las personas infectadas se mantienen sanas durante más de una década.

  • Alrededor de la mitad de las personas no tratadas enferman y desarrollan el sida, que se define por la presencia de infecciones graves y cánceres en un periodo de tiempo inferior a unos 10 años.

  • Tarde o temprano, la mayoría de los pacientes no tratados desarrollan sida.

  • Los análisis de sangre para detectar los anticuerpos del VIH y determinar la cantidad de virus presentes confirman el diagnóstico.

  • La toma de fármacos contra el VIH (fármacos antirretrovirales), por lo general tres o más a la vez, puede detener la reproducción del VIH, fortalecer el sistema inmunitario y, por lo tanto, hacer que la persona afectada sea menos propensa a la infección, pero no puede, salvo en raras excepciones, eliminar el VIH, que persiste en un forma inactiva.

La infección por VIH puede estar causada por uno de dos retrovirus: el VIH-1 o el VIH-2. El VIH-1 ha causado una epidemia mundial, mientras que el VIH-2 permanece limitado al África occidental.

El VIH destruye progresivamente algunos tipos de glóbulos blancos (leucocitos) llamados linfocitos CD4+. Los linfocitos ayudan a defender el organismo contra las células extrañas, los microorganismos infecciosos y el cáncer (ver Inmunidad adquirida : Linfocitos). Así, cuando el VIH destruye los linfocitos CD4+, las personas afectadas se vuelven vulnerables al ataque de muchos otros microorganismos infecciosos. Muchas de las complicaciones de la infección por VIH, incluida la muerte, suelen ser resultado de estas infecciones y no directamente de la infección por VIH.

El síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) es la forma más grave de infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). La infección por VIH se considera sida cuando se desarrolla por lo menos una enfermedad grave sobreañadida o el número (recuento) de linfocitos CD4+ disminuye de forma sustancial.

El VIH-1 se originó en África Central durante la primera mitad del siglo XX, cuando un virus estrechamente relacionado con los chimpancés infectó por primera vez a los seres humanos. La propagación mundial del VIH-1 tuvo lugar a finales de la década de 1970, y el sida fue identificado por primera vez en el año 1981. En 2011 vivían en todo el planeta más de 34 millones de personas con infección por VIH, de las cuales 1,7 millones murieron y 2,5 millones se infectaron por primera vez. La mayoría de las nuevas infecciones (95%) tienen lugar en el mundo en desarrollo. Más de la mitad de los casos son mujeres, y una de cada siete infecciones se da en niños menores de 15 años. En muchos países africanos se está produciendo un número menor de nuevas infecciones en comparación con los datos de hace una década, en parte gracias a los esfuerzos internacionales para proporcionar tratamiento y estrategias para la prevención.

¿Sabías que...?

  • No se ha documentado ningún caso de transmisión del VIH a través de la tos, los estornudos ni las picaduras de mosquito.

Transmisión de la infección

La transmisión de la infección por el VIH requiere el contacto con fluidos corporales que contengan el virus o células infectadas con él. El VIH puede aparecer prácticamente en cualquier fluido corporal, pero su transmisión ocurre sobre todo a través de la sangre, el semen, el flujo vaginal y la leche materna. A pesar de que las lágrimas, la orina y la saliva pueden contener bajas concentraciones de VIH, la transmisión a través de estos fluidos es extremadamente infrecuente, si es que ocurre. El VIH no se transmite por contacto casual (por ejemplo, tocar, sostener o dar un beso seco) ni por contacto directo no sexual en el trabajo, la escuela o el hogar. No se ha detectado ningún caso de transmisión del VIH a través de la tos o los estornudos de una persona infectada, ni de una picadura de mosquito. La transmisión desde un médico o un dentista infectados a un paciente es extremadamente infrecuente.

El VIH suele transmitirse de las siguientes maneras:

  • Mediante relaciones sexuales con una persona infectada, cuando la membrana mucosa que reviste la boca, la vagina, el pene o el recto queda expuesta a líquidos corporales como el semen o el flujo vaginal que contiene el VIH, como ocurre durante un contacto sexual sin protección.

  • Mediante una inyección de sangre contaminada, como puede ocurrir si se comparten agujas o si un profesional de la salud se pincha accidentalmente con una aguja contaminada con el VIH.

  • Por transmisión de una madre infectada a su hijo, ya sea antes del parto, durante el parto o después del nacimiento a través de la leche materna

  • Mediante procedimientos médicos, como la transfusión de sangre que contiene el VIH, procedimientos que se realizan con instrumentos inadecuadamente esterilizados o por el trasplante de órganos o tejidos infectados (ver Introducción al trasplante)

La probabilidad de transmisión del VIH aumenta cuando la piel o una membrana mucosa están desgarradas o dañadas, incluso mínimamente.

En Estados Unidos, Europa y Australia, el VIH comenzó a transmitirse sobre todo por contacto sexual entre la población homosexual masculina y por compartir jeringuillas entre personas que se inyectaban drogas, pero la transmisión por contacto heterosexual es responsable de alrededor de un cuarto de los casos. En África, el Caribe y Asia, la transmisión se produce principalmente entre heterosexuales y en la misma proporción entre hombres y mujeres. En Estados Unidos, menos del 25% de los adultos infectados por VIH son mujeres. Antes de 1992, muchas mujeres estadounidenses con VIH se infectaron al inyectarse drogas utilizando jeringuillas contaminadas, pero actualmente la mayoría se infectan por contacto heterosexual.

A través de la actividad sexual

El riesgo de transmisión del VIH es mayor durante el coito vaginal o anal con o sin eyaculación si no se utiliza preservativo o si se utiliza incorrectamente. El VIH también puede transmitirse durante el sexo oral, aunque en este caso la transmisión es menos probable que cuando se realiza sexo vaginal o anal.

El riesgo de infección por VIH aumenta cuando el semen o los fluidos vaginales contienen una gran cantidad de VIH y/o cuando hay desgarros o llagas, incluso las más pequeñas, en la piel o en las membranas que recubren los genitales, la boca o el recto. Por lo tanto, la transmisión es mucho más probable en los casos siguientes:

  • Las primeras semanas después de la infección, porque en ese momento la sangre y los fluidos corporales contienen grandes cantidades de VIH

  • Cuando se realizan actividades sexuales vigorosas que dañan la piel o de las membranas que recubren los órganos genitales, la boca o el recto

  • La realización del acto sexual cuando alguno de los miembros de la pareja sufre una infección por herpes genital, sífilis u otra enfermedad de transmisión sexual (ETS, ver Introducción a las enfermedades de transmisión sexual (ETS)) que pueda producir úlceras o desgarros en la piel o inflamación de los genitales

Los fármacos contra el VIH (antirretrovirales) pueden reducir la cantidad de VIH en el semen y en los fluidos vaginales. Así pues, estos fármacos pueden reducir en gran medida la probabilidad de transmisión.

Niveles de riesgo de transmisión del VIH en las relaciones sexuales

Riesgo

Actividad

Ninguno (salvo en presencia de úlceras)

Beso seco

Frotamiento y masaje corporal

Uso de dispositivos sexuales insertados que no son compartidos con otros

Estimulación genital por parte de la pareja si no existe contacto con semen ni con fluido vaginal

Baño o ducha compartida

Contacto con heces u orina si la piel está intacta

Teórico (riesgo extremadamente bajo, salvo en presencia de úlceras)

Beso húmedo

Sexo oral realizado a un varón (felación) si no se produce eyaculación y se usa preservativo

Sexo oral realizado a una mujer (cunnilingus) si se utiliza un método de barrera

Contacto oral-anal

Penetración vaginal o anal con la mano con o sin guante

Uso de dispositivos sexuales de inserción compartidos que se desinfectan

Bajo

Felación a un hombre infectado, con o sin ingestión de semen, si no se utiliza preservativo o si se usa incorrectamente (el riesgo es menor en caso de felación a un hombre no infectado por parte de una persona infectada)

Cunnilingus sin utilización de un método de barrera

Coito vaginal o anal si el preservativo se usa adecuadamente (por ejemplo, usando solo lubricantes a base de agua y sin derramamiento de semen)

Uso de dispositivos sexuales de inserción que son compartidos y no desinfectados

Alto

Coito vaginal o anal con o sin eyaculación si no se utiliza preservativo o si se utiliza incorrectamente

A través de agujas u otros instrumentos

Los profesionales de la salud que se pinchan accidentalmente con una aguja contaminada por el VIH tienen una probabilidad de aproximadamente 1 entre 300 de contraer el virus, a no ser que se traten tan pronto como sea posible después de la exposición. Este tratamiento reduce el riesgo de infección a menos de 1 en 1.500. El riesgo de infección aumenta si la aguja penetra profundamente o si se trata de una aguja hueca que contiene sangre contaminada por el VIH (como una aguja que haya sido usada para extraer sangre o para inyectar drogas en la calle) en vez de ser una aguja que solo esté recubierta de sangre (como la utilizada para suturar una herida).

Las salpicaduras de fluidos infectados en los ojos o la boca tienen una probabilidad inferior a 1 entre 1000 de causar infección.

De madre a hijo

La infección por VIH en un gran número de mujeres en edad fértil ha conducido a un aumento de la infección por VIH en los niños (ver Infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) en niños).

La infección por VIH se puede transmitir de una madre infectada a su hijo de la manera siguiente:

  • Al feto a través de la placenta

  • Al bebé durante su paso a través del canal del parto

  • Al bebé después del nacimiento a través de la leche materna

Si las madres infectadas no son tratadas, alrededor del 25% al 35% de sus bebés tienen probabilidad de ser infectados al nacer y, si amamantan, cerca de otro 10% a 15% de los bebés corren riesgo de ser infectados.

El tratamiento de las mujeres infectadas con fármacos contra el VIH puede reducir drásticamente el riesgo de transmisión. Las mujeres embarazadas infectadas deben recibir tratamiento durante el 2º y 3r trimestre del embarazo, durante el parto y durante la lactancia. La realización de un parto por cesárea y el tratamiento farmacológico del bebé durante varias semanas después del nacimiento también reducen el riesgo. Las madres infectadas no deben amamantar si viven en países donde la alimentación con fórmula es segura y asequible. Sin embargo, en los países donde las enfermedades infecciosas y la desnutrición son causas frecuentes de muerte en los lactantes, y cuando no está disponible leche maternizada segura y asequible, la Organización Mundial de la Salud recomienda que las madres amamanten. En estos casos, la protección frente a infecciones potencialmente mortales proporcionada por la lactancia materna puede contrarrestar el riesgo de transmisión del VIH.

A través de transfusiones de sangre o trasplantes de órganos

En casos poco frecuentes, la infección por VIH se transmite a través de transfusiones de sangre o trasplantes de órganos.

Desde 1985, en la mayoría de los países desarrollados toda la sangre recogida para transfusión es analizada para la detección del VIH, y cuando es posible, algunos hemoderivados se tratan con calor para eliminar el riesgo de infección por VIH. El riesgo actual de infección por VIH mediante una sola transfusión de sangre (que en la mayoría de los países desarrollados se analiza cuidadosamente para detectar VIH y otros virus transmitidos a través de la sangre) se estima en menos de 1 entre 2 millones en los Estados Unidos. Sin embargo, en muchos países en desarrollo, no se efectúa un cribado de la sangre y sus productos derivados para el VIH o bien no se produce un cribado lo bastante estricto. En dichos lugares, el riesgo sigue siendo considerable.

Ha habido transmisión del VIH cuando los órganos (riñones, hígado, corazón, páncreas, hueso y piel) de donantes infectados han sido utilizados inadvertidamente para trasplantes. Es poco probable que ocurra cuando se trasplantan córneas o ciertos tejidos especialmente tratados (como los huesos).

Inseminación artificial

La transmisión del VIH también es posible cuando se utiliza el esperma de un donante infectado para inseminar a una mujer. En Estados Unidos, se han tomado medidas para reducir dicho riesgo. Las muestras de semen fresco ya no se utilizan. El esperma de los donantes se congela durante 6 meses o más. En ese momento se vuelven a realizar pruebas a los donantes para ver si están infectados por VIH antes de utilizar su esperma.

Mecanismos de infección

Una vez dentro del organismo, el VIH se adhiere a varios tipos de glóbulos blancos (leucocitos), de los cuales los más importantes son los linfocitos T colaboradores que activan y coordinan otras células del sistema inmunitario. En su superficie, estos linfocitos tienen un receptor llamado CD4, que permite al VIH unirse a ellos. Por ello, estos linfocitos colaboradores se denominan CD4+.

El VIH almacena su información genética como ácido ribonucleico (ARN). Una vez dentro del linfocito CD4+, el virus utiliza una enzima llamada transcriptasa inversa (retrotranscriptasa) para hacer una copia de su ARN, pero la copia se realiza como ácido desoxirribonucleico (ADN). El VIH muta fácilmente en este punto debido a que la transcriptasa inversa es propensa a cometer errores durante la conversión del ARN del VIH a ADN. Estas mutaciones hacen que el VIH sea más difícil de controlar, ya que aumentan la posibilidad de producir VIH que puede resistir los ataques del sistema inmunitario de la persona y/o los fármacos antirretrovirales.

La copia del ADN del VIH se incorpora al ADN de los linfocitos infectados. La propia maquinaria genética del linfocito reproduce (replica) el VIH. Finalmente, el linfocito es destruido. Cada linfocito infectado produce miles de nuevos virus, que a su vez infectan a otros linfocitos y los destruyen. Al cabo de unos cuantos días o semanas, la sangre y los fluidos genitales contienen una gran cantidad de VIH, y el número de linfocitos CD4+ puede reducirse considerablemente. Dado que la cantidad de VIH en la sangre y los fluidos genitales es tan grande justo después de la infección por VIH, las personas que hayan sido infectadas recientemente pueden transmitir el VIH a otras personas con gran facilidad.

Ciclo vital simplificado del virus de la inmunodeficiencia humana

Como todos los virus, el VIH se reproduce (replica) utilizando la maquinaria genética de la célula que infecta, por lo general un linfocito CD4+.

  • El VIH se une primero a su célula diana y penetra en ella.

  • El VIH libera ARN, el código genético del virus, en la célula. Para que el virus pueda replicarse, su ARN debe ser convertido en ADN. El ARN se convierte por acción de una enzima llamada transcriptasa inversa (producida por el VIH). El VIH muta fácilmente en este punto porque la transcriptasa inversa es propensa a cometer errores durante la conversión del ARN vira en ADN.

  • El ADN viral entra en el núcleo de la célula.

  • Con la ayuda de una enzima denominada integrasa (también producida por el VIH), el ADN del virus se integra con el ADN de la célula.

  • El ADN de la célula infectada produce ahora ARN vírico, así como las proteínas necesarias para ensamblar un nuevo VIH.

  • Se ensambla un nuevo virus a partir de ARN y de pequeñas porciones de proteína.

  • El virus sale a través de la membrana de la célula, envolviéndose en un fragmento de la membrana celular y llevándose al salir un pedacito de ella.

  • Para ser capaces de infectar otras células, el virus que ha abandonado la célula debe madurar. Alcanza la madurez cuando otra enzima del VIH (la proteasa del VIH) escinde proteínas estructurales en el virus, lo que provoca su reordenación.

Los fármacos utilizados para tratar la infección por VIH se han desarrollado basándose en el ciclo de vida del VIH. Estos fármacos inhiben las tres enzimas (transcriptasa inversa, integrasa y proteasa) que utiliza el virus para replicarse o para adherirse y penetrar en las células.

Cuando la infección por VIH destruye los linfocitos CD4+, se debilita el sistema inmunitario, que protege contra muchas infecciones y cánceres. Este debilitamiento es parte de la razón por la que el organismo humano es incapaz de eliminar la infección por VIH una vez desencadenada. Sin embargo, el sistema inmunitario está capacitado para presentar cierta respuesta. En un periodo de entre 1 y 2 meses después de haber contraído la infección, el organismo produce linfocitos y anticuerpos que ayudan a disminuir la cantidad de VIH en la sangre y a mantener la infección bajo control. Por esta razón, la infección por VIH no tratada puede no causar síntomas o causar solo algunos síntomas leves durante una media de 10 años (de 2 a más de 15 años).

Recuento de linfocitos CD4

El número de linfocitos CD4+ en la sangre (recuento de CD4) ayuda a determinar hasta qué punto el sistema inmunitario protege al organismo de infecciones y a establecer la gravedad de los daños causados por el VIH. La mayoría de las personas sanas tienen entre 500 y 1000 linfocitos CD4 por microlitro de sangre. Por lo general, la cantidad de linfocitos CD4+ se reduce durante los primeros meses de la infección. Al cabo de entre 3 y 6 meses, la cantidad de CD4 se estabiliza, pero si no se recibe tratamiento suele continuar disminuyendo a una velocidad que varía de lenta a rápida.

Si el número de CD4 cae por debajo de unas 200 células por microlitro de sangre, el sistema inmunitario tiene menor capacidad para combatir ciertas infecciones (por ejemplo, la neumonía por Pneumocystis jirovecii). La mayoría de estas infecciones son muy poco frecuentes en personas sanas. No obstante, son frecuentes en personas con un sistema inmunitario debilitado; se denominan infecciones oportunistas porque se aprovechan de la debilidad del sistema inmunitario. Un número de linfocitos CD4 por debajo de 50 células por microlitro de sangre es especialmente peligroso, ya que pueden aparecer otras infecciones oportunistas que rápidamente causan una grave pérdida de peso, ceguera o la muerte. Estas infecciones incluyen infecciones por citomegalovirus (ver Infección por citomegalovirus (CMV)) e infecciones complejas por Mycobacterium avium (ver Infecciones que se asemejan a la tuberculosis (TB)).

Carga viral

La cantidad de VIH en la sangre (específicamente el número de copias de ARN del VIH) se denomina carga viral. La carga viral representa la rapidez con que se replica el VIH. Cuando las personas se infectan por primera vez, la carga viral aumenta rápidamente. Posteriormente, después de entre 3 y 6 meses, incluso sin tratamiento, cae a un nivel inferior (conocido como concentración vírica estabilizada) y se mantiene bastante constante. Este nivel varía mucho de persona a persona, desde unos pocos cientos a más de un millón de copias por microlitro de sangre. La carga viral también indica:

  • Lo contagiosa que es la infección

  • La rapidez con que probablemente disminuirá el número de linfocitos CD4

  • La rapidez con la que es probable que aparezcan los síntomas

Cuanto mayor sea la concentración vírica estabilizada, más rápidamente desciende el recuento de CD4 a los niveles bajos (menos de 200) que aumentan el riesgo de infecciones oportunistas, incluso en personas asintomáticas.

Durante un tratamiento eficaz, la carga viral disminuye a niveles muy bajos o indetectables (menos de 20 o 40 copias por microlitro de sangre). Sin embargo, el VIH inactivo (latente) sigue presente en las células y, si se interrumpe el tratamiento, el VIH empieza a replicarse y la carga viral aumenta. Un aumento de la carga viral durante el tratamiento puede indicar que el VIH ha desarrollado resistencia al tratamiento farmacológico, que la persona no está tomando los medicamentos recetados, o ambas cosas.

¿Sabías que...?

  • Algunas personas se infectaron con el VIH varios años antes de desarrollar síntomas.

Síntomas

En el primer momento de la infección, muchas personas no tienen síntomas aparentes, pero al cabo de entre 1 y 4 semanas algunos afectados sufren fiebre, erupciones cutáneas, inflamación de los ganglios linfáticos, fatiga y varios síntomas menos frecuentes. Los síntomas de la infección inicial (primaria) por VIH duran entre 3 y 14 días. Los síntomas desaparecen, pero los ganglios linfáticos suelen permanecer aumentados de tamaño, y se notan como pequeños bultos indoloros en el cuello, las axilas o las ingles.

Las personas pueden estar infectadas por VIH durante años, incluso varias décadas, antes de presentar síntomas. Sin embargo, los primeros síntomas pueden ser los del sida. El sida se define como la aparición de infecciones oportunistas muy graves o cánceres; se trata de enfermedades que generalmente solo aparecen en personas con un número de linfocitos CD4 por debajo de 200 células por microlitro de sangre. Antes de que se desarrolle el sida, muchas personas se sienten bien, aunque algunas desarrollan una variedad de síntomas como pérdida de peso, fatiga, fiebre o diarrea recurrentes y anemia.

Las infecciones oportunistas específicas y los cánceres que se desarrollan causan muchos de los síntomas. Por ejemplo, la candidiasis (una infección causada por el hongo Candida, ver Candidiasis) puede provocar la aparición de manchas blancas en la boca o la vagina. La culebrilla (herpes zóster, ver Herpes zóster) puede provocar dolor y una erupción. Infecciones oportunistas más graves pueden provocar varios síntomas en función del órgano afectado:

  • Pulmones: fiebre, tos o dificultad respiratoria (disnea)

  • Encéfalo: dolor de cabeza (cefalea), debilidad, pérdida de coordinación o deterioro de la funcionalidad mental

  • Tubo digestivo: dolor, diarrea o hemorragia

El VIH también puede causar síntomas cuando infecta directamente y daña órganos como los siguientes:

  • Encéfalo: Daño cerebral con pérdida de memoria, dificultad para pensar y concentrarse, o ambos, que a largo plazo puede provocar demencia, así como debilidad, temblores o dificultad para caminar.

  • Riñones: Insuficiencia renal con hinchazón en las piernas y en la cara, fatiga y cambios en la micción (más frecuente en las personas de ascendencia africana que en las caucásicas), pero a menudo estos síntomas no se presentan hasta que la infección es grave.

  • Corazón: Insuficiencia cardíaca con dificultad respiratoria (disnea), tos, sibilancias y fatiga (poco frecuente)

  • Órganos genitales: Disminución de los niveles de hormonas sexuales, lo cual puede producir fatiga y disfunción sexual en los hombres.

El VIH probablemente es la causa directa de una pérdida sustancial de peso (consunción por sida) en algunas personas. La consunción en las personas con sida también puede estar causada por una serie de infecciones o por una infección persistente no tratada del sistema digestivo.

El sarcoma de Kaposi, un cáncer causado por un herpesvirus de transmisión sexual (ver Sarcoma de Kaposi), se manifiesta en forma de manchas en la piel, indoloras, abultadas y de color entre rojo y morado. Suele aparecer en hombres que mantienen relaciones homosexuales.

A veces se desarrollan cánceres del sistema inmunitario (linfomas, por lo general linfoma no hodgkiniano), que en ocasiones aparecen por primera vez en el cerebro. Cuando el cerebro se ve afectado, este tipo de cáncer causa debilidad de un brazo o una pierna, dolor de cabeza, confusión o alteraciones de la personalidad.

Tener sida aumenta el riesgo de otros cánceres. Entre estos se encuentran el cáncer de cérvix, ano, testículos y pulmón, así como el melanoma y otros cánceres de piel. Los hombres homosexuales son propensos a desarrollar cáncer de recto debido al mismo virus del papiloma humano (VPH) que causa el cáncer del cuello uterino en las mujeres.

Por lo general, la muerte se produce por una acumulación de efectos de las infecciones oportunistas o de los cánceres, la consunción y la demencia.

Infecciones oportunistas más frecuentes asociadas al sida

Infección

Descripción

Síntomas

esofagitis por cándida

Infección del esófago producida por levaduras

Dolor al tragar y ardor en el pecho

Neumonía por Pneumocystis jirovecii

Infección pulmonar por el hongo Pneumocystis jirovecii

Dificultad para respirar, tos, fiebre

Toxoplasmosis

Infección por el parásito Toxoplasma gondii, generalmente en el cerebro

Cefalea, confusión mental, letargia, convulsiones

Tuberculosis

Infección de los pulmones y algunas veces de otros órganos por la bacteria de la tuberculosis

Tos, fiebre, sudores nocturnos, pérdida de peso, dolor torácico

Infección por el complejo Mycobacterium avium

Infección intestinal o pulmonar causada por bacterias similares a las de la tuberculosis

Fiebre, pérdida de peso, diarrea, tos

Criptosporidiosis

Infección intestinal por el parásito Cryptosporidium

Diarrea, dolor abdominal, pérdida de peso

Meningitis criptocócica

Infección de los tejidos que recubren el encéfalo por la levadura Cryptococcus

Cefalea, fiebre, confusión mental

Infección por citomegalovirus

Infección de los ojos o del tracto intestinal por citomegalovirus

Ojos: vista nublada o ceguera

Tracto intestinal: diarrea, pérdida de peso

Diagnóstico

Los médicos suelen preguntar sobre factores de riesgo de contraer la infección por VIH, como exposición profesional, actividades sexuales de alto riesgo y consumo de drogas inyectadas, y sobre síntomas relacionados (como fatiga, erupciones cutáneas y pérdida de peso). Se realiza una exploración física para buscar signos de infecciones oportunistas y detectar si hay ganglios linfáticos inflamados y manchas blanquecinas en la boca (indicativas de candidiasis oral), así como signos de sarcoma de Kaposi en la piel o en la boca. El diagnóstico precoz es importante porque posibilita a su vez el tratamiento precoz. El tratamiento precoz permite a las personas infectadas a vivir más tiempo, más sanas y con menor probabilidad de transmitir el VIH a otras personas.

Existen pruebas de cribado sencillas y precisas que detectan anticuerpos contra el VIH. Las pruebas pueden realizarse en una muestra de sangre en el laboratorio o en una muestra de sangre o saliva en el consultorio médico. Si se sospecha una infección por VIH se efectúan pruebas de detección del VIH. Además, los médicos recomiendan que todos los adultos y adolescentes, especialmente las mujeres embarazadas, se sometan a una prueba de detección, con independencia de su riesgo aparente. Si una personas con bajo riesgo obtiene un resultado negativo de la prueba, esta no se repite a menos que haya un cambio de estado de su riesgo. Para las personas con mayor riesgo, especialmente las personas sexualmente activas que tienen varios compañeros y que no practican sexo seguro, la prueba se debe repetir cada 6 a 12 meses.

Si los resultados del cribado son positivos, deben confirmarse mediante una prueba más precisa y específica, como el Western blot (un tipo de ensayo de inmunotransferencia). Con frecuencia estas pruebas no son positivas en el periodo comprendido entre las primeras semanas y los 2 meses posteriores a la infección inicial por VIH, ya que todavía no se están produciendo anticuerpos contra el VIH. Las pruebas son las siguientes:

  • Ensayo de inmunoadsorción enzimática (ELISA, por sus siglas en inglés): esta prueba se utiliza con frecuencia para detectar anticuerpos contra el VIH, pero requiere un complejo equipamiento.

  • Pruebas de cribado rápidas: Estas pruebas, cada vez más utilizadas para la detección de anticuerpos, son más rápidas y simples que el ELISA, pueden hacerse en prácticamente cualquier entorno y además proporcionan resultados inmediatos.

  • Western blot (inmunotransferencia): Generalmente se realiza para confirmar el diagnóstico cuando el resultado de las pruebas de cribado es positivo. Es más difícil de realizar que las pruebas de cribado, pero es más preciso.

Otras pruebas, como las que se utilizan para medir la carga viral (la cantidad de ARN del VIH en la sangre) o el antígeno p24 (que detecta una de las proteínas presentes en el VIH), detectan el VIH en la sangre en una fase anterior a la detectada mediante las pruebas que detectan anticuerpos contra el VIH.

Cualquier persona que considere la posibilidad de haberse infectado por el VIH puede solicitar la realización de una prueba. La realización y los resultados de estas pruebas son confidenciales.

Si se diagnostica la infección por VIH, deben hacerse regularmente análisis de sangre para determinar el número de linfocitos CD4 y la carga viral. Si el recuento de CD4 es bajo, la persona es más propensa a desarrollar infecciones graves y otras complicaciones del VIH, como ciertos tipos de cáncer. La carga viral ayuda a predecir la rapidez con que disminuirá el número de linfocitos CD4 en los próximos años. Estas dos medidas ayudan a los médicos a determinar la rapidez con que empezar el tratamiento con antirretrovirales, qué efectos es más probable que ejerza el tratamiento y si son necesarios otros medicamentos para prevenir complicaciones infecciosas. Con un tratamiento eficaz, la carga viral disminuye a niveles muy bajos en cuestión de semanas, y el recuento de linfocitos CD4 inicia una lenta recuperación hacia valores normales.

El sida se diagnostica cuando el número de linfocitos CD4+ cae por debajo de 200 células por microlitro de sangre o cuando aparecen una consunción extrema o ciertas infecciones oportunistas o cánceres.

Prevención

En la actualidad no existe ninguna vacuna eficaz contra el VIH que pueda prevenir la infección por VIH o retardar la progresión del sida en las personas que ya están infectadas.

La transmisión del VIH a través de sus vías más frecuentes (el contacto sexual y compartir agujas) es evitable casi por completo. Sin embargo, en ocasiones las medidas necesarias para la prevención, como son la abstinencia sexual o el uso de preservativo de forma habitual (ver Cómo usar el preservativo), así como el acceso a agujas limpias, no gozan de gran aceptación personal o social. Muchas personas tienen dificultad para cambiar sus adicciones o comportamientos sexuales, por lo que siguen exponiéndose al riesgo de infección por VIH. Además, las prácticas de sexo seguro no son infalibles; por ejemplo, los preservativos pueden tener fugas o romperse.

Los preservativos de látex ofrecen una buena protección frente al VIH (así como frente a otras enfermedades de transmisión sexual) pero no son infalibles. No deben utilizarse lubricantes a base de petróleo (como la vaselina), ya que pueden disolver el látex y reducir así la efectividad del condón.

Existen otras medidas que pueden ser útiles. En el caso de los hombres, la circuncisión (un procedimiento barato e inocuo), reduce a la mitad el riesgo de contraer la infección durante el coito vaginal con una mujer infectada. No está demostrado que la circuncisión reduzca el riesgo de infección con VIH en otras circunstancias.

Precauciones generales

Puesto que el VIH no se transmite por el aire ni por un contacto fortuito (como roces, caricias o besos secos), los hospitales y las clínicas no aíslan a los pacientes infectados por el VIH salvo que tengan otra infección contagiosa. Las superficies contaminadas con VIH pueden limpiarse y desinfectarse fácilmente, pues el virus se inactiva por el calor y por la acción de desinfectantes de uso habitual, como el peróxido de hidrógeno (agua oxigenada) y el alcohol. Las personas que en su trabajo tengan más probabilidades de tener contacto con sangre u otros fluidos corporales deben utilizar guantes protectores de látex, mascarillas y pantallas oculares protectoras. Estas precauciones deben adoptarse respecto a los fluidos corporales de cualquier persona, y no solo para las infectadas por el VIH, y por esta razón se denominan precauciones generales. Las precauciones generales se toman por dos razones:

  • Es posible que las personas con VIH no sepan que están infectadas

  • Los virus que causan otras enfermedades graves (como la hepatitis B y C) se pueden transmitir a través de los fluidos corporales

Tratamiento preventivo antes de la exposición

Tomar un fármaco antirretroviral antes de la exposición al VIH puede reducir el riesgo de infección por VIH. Este tratamiento preventivo se denomina profilaxis previa a la exposición (PrEP según sus siglas en inglés). Sin embargo, la PrEP es cara y sólo es eficaz si la persona toma el fármaco todos los días que está expuesta al VIH. Por lo tanto, la PrEP sólo se recomienda para personas que tienen un alto riesgo de infección. Entre estas personas se encuentran los hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres y los hombres y mujeres homosexuales que tienen varias parejas sexuales y que no pueden o no quieren usar condones regularmente.

Las personas que hacen uso de la PrEP no están exentas de utilizar otros métodos para prevenir la infección por el VIH, incluyendo el uso regular del condón y no compartir agujas para inyectarse drogas y sustancias recreativas.

Tratamiento preventivo después de la exposición

Las personas que hayan estado expuestas al VIH por una salpicadura de sangre, jeringuillas o contacto sexual pueden reducir el riesgo de infección tomando medicamentos antirretrovirales durante 4 semanas. Dichos fármacos son más eficaces si el tratamiento se inicia tan pronto como sea posible después de la exposición. Actualmente se recomienda tomar dos o tres fármacos.

Normalmente, los médicos y la persona que estaba expuesta deciden conjuntamente si utilizar o no estos fármacos preventivos. La decisión se basa en el riesgo estimado de infección y en los posibles efectos secundarios de los fármacos. Si desconocen si la fuente de exposición está infectada por VIH, consideran cuál es la probabilidad de que lo esté. Sin embargo, incluso cuando se sabe que la fuente de exposición está infectada por VIH, el riesgo de infección después de la exposición varía, dependiendo del tipo de exposición. Por ejemplo, el riesgo asociado a una salpicadura de sangre es menor que el asociado a un pinchazo de aguja.

Tratamiento

Fármacos antirretrovirales

Se utilizan varias clases de medicamentos antirretrovirales combinados para tratar la infección por VIH. Estos fármacos bloquean la entrada del VIH a las células humanas o bloquean la actividad de una de las enzimas que el VIH necesita para replicarse en el interior de las células humanas.

Los fármacos se agrupan en clases según la forma de actuación contra el VIH:

  • Los inhibidores de la transcriptasa inversa evitan que la transcriptasa inversa del VIH lleve a cabo la conversión del ARN viral en ADN. Existen tres tipos de estos fármacos: nucleosídicos, nucleotídicos y no nucleosídicos.

  • Los inhibidores de la proteasa bloquean la activación por parte de la proteasa de ciertas proteínas en virus recién producidos. El VIH resultante es inmaduro y defectuoso, y no infecta nuevas células.

  • Los inhibidores de entrada (fusión) evitan que el VIH penetre en las células. Para entrar en las células humanas, el VIH debe unirse a un receptor CD4 y a otro receptor, como el CCR-5. Un tipo de inhibidor de la entrada son los inhibidores de CCR-5, que bloquean el receptor CCR-5 y evitan que el VIH penetre en las células humanas.

  • Los inhibidores de la integrasa impiden que el ADN viral se integre en el ADN humano.

Estos fármacos impiden la replicación del VIH en las células y reducen drásticamente la cantidad de VIH en la sangre en un periodo que va de unos pocos días a algunas semanas. Si la replicación es lo bastante lenta, la destrucción de los linfocitos CD4+ por el VIH se reduce y el número de CD4 empieza a aumentar. En consecuencia, puede revertirse gran parte del daño causado al sistema inmunitario por el VIH. Los médicos detectan este cambio mediante el recuento de linfocitos CD4, que empieza a volver a sus valores normales a lo largo de semanas o meses. El recuento de CD4 sigue aumentando durante varios años, pero a un ritmo más lento.

¿Sabías que...?

  • Los fármacos usados para tratar la infección por VIH solo son beneficiosos si se toman de manera constante y durante el resto de la vida.

El VIH invariablemente desarrolla resistencia a cualquiera de estos fármacos si se usan solos. La resistencia se desarrolla entre unos días y varios meses después de haber iniciado el tratamiento, dependiendo del fármaco y del virus. El VIH adquiere resistencia a los fármacos a causa de las mutaciones que se producen en la replicación. El tratamiento es más eficaz cuando se administran tres o más fármacos combinados, por lo general en una de las siguientes combinaciones:

  • Tres inhibidores de la transcriptasa inversa (dos nucleosídicos más un no nucleosídico).

  • Dos inhibidores de la transcriptasa inversa más uno o dos inhibidores de la proteasa.

Estas combinaciones de fármacos se denominan tratamiento antirretroviral combinado (CART por sus siglas en inglés). Se utiliza el CART por las siguientes razones:

  • Las combinaciones son más eficaces que cada fármaco por separado para reducir la cantidad de VIH en la sangre.

  • Las combinaciones ayudan a evitar la aparición de resistencias a los fármacos.

  • Algunos medicamentos para el VIH (como el ritonavir) aumentan las concentraciones sanguíneas de otros fármacos contra el VIH (incluidos la mayor parte de los inhibidores de la proteasa) porque retrasan su eliminación del organismo e incrementan así su efectividad.

El CART puede aumentar el recuento de CD4 en personas infectadas por el VIH, fortaleciendo así su sistema inmunitario y prolongando su vida.

Las combinaciones de fármacos antirretrovirales pueden tener efectos secundarios desagradables y graves. Sin embargo, si se examina regularmente a la persona afectada y se le hacen análisis de sangre también de forma regular, se pueden prevenir muchos problemas graves (como anemia, hepatitis, problemas renales y pancreatitis). Los análisis de sangre pueden detectar los efectos secundarios antes de que se agraven y permiten a los médicos cambiar los fármacos antirretrovirales cuando sea necesario. En la mayoría de los casos, los médicos pueden encontrar una combinación de fármacos con efectos secundarios mínimos.

Producen alteraciones del metabolismo de las grasas, probablemente sobre todo los inhibidores de la proteasa. La grasa se acumula en el abdomen y en los pechos de las mujeres (llamada obesidad central) y se pierde en la cara, los brazos y las piernas. El organismo se vuelve menos sensible a los efectos de la insulina (llamada resistencia a la insulina) y aumentan las concentraciones sanguíneas de colesterol y triglicéridos (dos tipos de grasas de la sangre). Esta combinación de problemas (conocida como síndrome metabólico, ver Síndrome metabólico) provoca el aumento del riesgo de infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares.

Muchos fármacos causan exantemas (reacciones cutáneas). Algunas reacciones cutáneas pueden ser muy peligrosas, en especial si el fármaco que provoca la reacción es la nevirapina o el abacavir.

Los inhibidores de la transcriptasa inversa nucleosídicos pueden dañar las mitocondrias (las estructuras situadas en el interior de las células que generan energía). Sus efectos secundarios incluyen anemia, dolor en los pies causado por una lesión en los nervios (neuropatía), lesión hepática que en casos poco frecuentes evoluciona a insuficiencia hepática grave, y lesión cardíaca que puede derivar en insuficiencia cardíaca. Estos medicamentos considerados por separado difieren en su tendencia a causar tales problemas. Siempre que sea posible, los médicos no utilizan los fármacos con los efectos secundarios más perjudiciales, como la estavudina y la didanosina.

El CART puede provocar una pérdida de densidad ósea, lo que resulta en osteopenia u osteoporosis (ver Osteoporosis). La mayoría de las personas con estos trastornos no presentan ningún síntoma, pero corren un mayor riesgo de fracturarse un hueso.

Dado que muchos fármacos interactúan con los fármacos contra el VIH, es muy importante asegurarse de que el médico sepa qué medicamentos se están tomando. Además, otras sustancias, como el zumo de pomelo o la hierba medicinal llamada hierba de San Juan, afectan la forma en que el organismo procesa algunos fármacos contra el VIH. El zumo de pomelo incrementa los niveles de saquinavir, lo que aumenta el riesgo de efectos secundarios. La hierba de San Juan provoca que el cuerpo procese los inhibidores de la proteasa y los inhibidores de la transcriptasa inversa no nucleósidos con mayor rapidez, y por lo tanto los hace menos eficaces.

Cuando el CART tiene éxito, a veces provoca el síndrome inflamatorio de reconstitución inmunitaria (SIRI). En este síndrome, los síntomas de diferentes infecciones empeoran porque las respuestas inmunitarias mejoran (se reconstituyen), aumentando la inflamación en los focos de infección (ver Defensas contra la infección : Inflamación). A veces los síntomas empeoran porque persisten fragmentos de virus muertos, lo que desencadena la respuesta inmunitaria. Este síndrome se produce normalmente durante los primeros meses de tratamiento y generalmente remite por sí solo. Si no lo hace, la administración de corticoesteroides durante un breve periodo de tiempo suele ser eficaz. Es más probable que el SIRI provoque síntomas y que estos sean más graves cuando se inicia el CART poco después del comienzo del tratamiento de una infección oportunista. Por lo tanto, para algunas (aunque no todas) las infecciones oportunistas, el CART se retrasa hasta que el tratamiento de la infección oportunista ha reducido o eliminado la infección.

El tratamiento farmacológico es beneficioso solo si los medicamentos se toman según lo pautado. La omisión de dosis permite al virus replicarse y desarrollar resistencia. El tratamiento no puede (con muy escasas excepciones) eliminar el virus del organismo, aunque a menudo el nivel de VIH se reduce tanto que no puede detectarse en la sangre o en otros fluidos o tejidos. Un nivel indetectable es el objetivo del tratamiento. Si se interrumpe el tratamiento, aumenta la presencia de VIH y el recuento de linfocitos CD4 empieza a caer.

El mejor momento para iniciar el tratamiento farmacológico no está claro, en especial en personas que no están enfermas y cuyo número de linfocitos CD4 siga cercano a la normalidad. Sin embargo, los médicos están de acuerdo en que las personas con un recuento de CD4 inferior a 500 o una carga viral alta deben recibir tratamiento, incluso aunque no presenten síntomas. Muchos médicos comienzan el tratamiento cuando el recuento de CD4 está por encima de 500, sobre todo si la persona está embarazada, tiene hepatitis B o sufre problemas renales debidos a la infección por el VIH.

Antes de empezar un régimen de tratamiento, se explica a la persona afectada la necesidad de seguir las indicaciones para la toma de los medicamentos, de no saltarse ninguna dosis y de seguir el tratamiento de por vida. Se exige tomar los fármacos según las indicaciones y de por vida. Algunas personas se saltan dosis o dejan de tomar los fármacos durante un tiempo (lo que se denomina tomarse unas vacaciones de medicamentos). Estas prácticas son peligrosas, ya que permiten que el VIH desarrolle resistencia a los fármacos. Tomar los antirretrovirales de manera irregular suele dar lugar a la aparición de resistencias, y por eso los profesionales de la salud deben tratar de asegurarse de que las personas están dispuestas a adherirse al régimen de tratamiento y de que son capaces de hacerlo. Para simplificar la pauta farmacológica y ayudar a las personas a tomar los medicamentos según las indicaciones, los médicos suelen recetar un tratamiento que combina tres o más fármacos en un único comprimido que se puede tomar una vez al día.

Fármacos para la infección por VIH

Fármaco*

Algunos efectos secundarios

Inhibidores de la entrada (fusión)

Enfuvirtida

Erupción cutánea dolorosa en el lugar de la inyección; reacciones alérgicas (hipersensibilidad) que incluyen erupción, fiebre, escalofríos, náuseas e hipotensión; entumecimiento y hormigueo en las manos y los pies (neuropatía periférica); insomnio y pérdida de apetito.

Mayor riesgo de neumonía

Maraviroc (inhibidor de CCR-5)

Irrigación sanguínea inadecuada (isquemia) al corazón o infartos de miocardio

Inhibidores de la integrasa

Elvitegravir

Náuseas y diarrea

Raltegravir

Ninguno

Inhibidores no nucleósidos de la transcriptasa reversa

Todos estos fármacos

Erupción cutánea (en algunos casos grave o potencialmente mortal) y alteraciones de la función hepática

Efavirenz

Mareo, somnolencia, pesadillas, confusión, agitación, distracciones o pérdidas de memoria, y euforia

Etravirina

Erupciones cutáneas graves o potencialmente mortales

Nevirapina

Disfunción hepática grave o potencialmente mortal y erupciones cutáneas, especialmente durante las primeras 18 semanas de tratamiento

Rilpivirina

Depresión, dolor de cabeza (cefalea) e insomnio

Inhibidores nucleosídicos y nucleotídicos de la transcriptasa inversa

Todos estos fármacos

Acidosis láctica (acumulación de ácido láctico, un producto metabólico de desecho) que puede ser letal, y lesión hepática

Abacavir

Una reacción alérgica grave, a veces mortal, con fiebre, erupción cutánea, náuseas, vómitos, dificultad respiratoria (disnea), dolor de garganta y tos

Pérdida de apetito, náuseas y vómitos

Didanosina (ddl)

Lesión de nervios periféricos, inflamación potencialmente mortal del páncreas (pancreatitis), náuseas, diarrea e hipertrofia del hígado

Emtricitabina

Cefalea, náuseas, diarrea y oscurecimiento de la piel (hiperpigmentación), en especial en las palmas de las manos y las plantas de los pies

Lamivudina (3TC)

Cefalea, cansancio y lesión de los nervios periféricos

Estavudina (d4T)

Lesión de los nervios periféricos y pérdida de grasa en la cara, los brazos y las piernas

En raras ocasiones, inflamación del páncreas potencialmente mortal

Tenofovir

Diarrea leve a moderada, náuseas y vómitos, lesión renal y flatulencia

Zalcitabina (ddC)

Lesión de los nervios periféricos, inflamación potencialmente letal del páncreas y aftas orales

Zidovudina (AZT)

Anemia, susceptibilidad a las infecciones (resultante del daño causado a la médula ósea), cefalea, insomnio, debilidad y dolores musculares

En raras ocasiones, inflamación del páncreas

Inhibidores de la proteasa

Todos estos fármacos

Náuseas, vómitos, diarrea, molestias abdominales, aumento de la concentración de azúcar y colesterol en sangre (frecuente), aumento de la grasa abdominal, disfunción hepática, cambio de color y deformación de las uñas (uñas encarnadas) y tendencia al sangrado (en personas hemofílicas, hemorragia)

Amprenavir

Erupción

Darunavir

Dolor de cabeza, síntomas similares a los del resfriado, erupción cutánea grave, fiebre y reacciones alérgicas

Fosamprenavir

Erupción

Indinavir

Cálculos renales

Lopinavir

Hormigueo en la boca, alteración del gusto

Nelfinavir

Efectos secundarios de la clase de fármaco

Ritonavir

Hormigueo en la boca, alteración del gusto

Saquinavir

Efectos secundarios de la clase de fármaco

Tipranavir

Inflamación hepática potencialmente mortal y hemorragia cerebral

*Todos los fármacos, excepto la enfuvirtida, se toman por vía oral. La enfuvirtida se inyecta de forma subcutánea.

Los efectos secundarios que figuran para la clase de fármacos pueden producirse cuando se usa cualquier medicamento incluido en esa clase.

Prevención de las infecciones oportunistas

Si el recuento de linfocitos CD4 es bajo, se prescriben sistemáticamente medicamentos para evitar las infecciones oportunistas.

  • Si el número de linfocitos CD4 cae por debajo de 200 células por microlitro de sangre, o si la persona en cuestión sufre candidiasis en la boca y/o en la garganta, se administra el antibiótico trimetoprima-sulfametoxazol para prevenir la neumonía por Pneumocystis jirovecii. Este antibiótico también evita la toxoplasmosis, que puede provocar daño encefálico.

  • Si el recuento de linfocitos CD4 cae por debajo de 50 células por microlitro de sangre, se utilizan la azitromicina, administrada semanalmente, o bien claritromicina tomada a diario para evitar las infecciones por el complejo Mycobacterium avium. Si la persona no puede tomar ninguno de estos medicamentos, se le administra rifabutina.

  • Si la meningitis criptocócica, la neumonía, la candidiasis oral o una infección por Candida en la vagina recidivan, puede administrarse un antifúngico, el fluconazol, durante un largo periodo de tiempo.

  • Si las infecciones por herpes simple en la boca, los labios, los genitales o el recto son recurrentes, las personas afectadas pueden requerir un tratamiento prolongado con fármacos antivirales (como el aciclovir).

Otros fármacos

Otros fármacos pueden ser beneficiosos para tratar el debilitamiento, la pérdida de peso y la obesidad central que pueden aparecer como resultado de una infección por VIH.

  • El megestrol y el dronabinol (un derivado de la marihuana) estimulan el apetito. Muchas personas consideran que la marihuana natural es aún más eficaz, por lo que su uso con este fin ha sido legalizado en algunos países.

  • Los esteroides anabolizantes (como la testosterona) pueden ayudar a recuperar los músculos.

  • La hormona del crecimiento y la tesamorelina (un fármaco inyectable que libera hormona del crecimiento) reducen la obesidad de origen central que puede ser consecuencia del VIH y su tratamiento.

Si se desarrolla resistencia a la insulina, los fármacos para aumentar la sensibilidad a la insulina pueden ser beneficiosos. Si las concentraciones sanguíneas de colesterol y triglicéridos aumentan, se pueden utilizar fármacos hipolipemiantes (estatinas) para disminuirlas.

El descenso de los niveles de testosterona en los hombres puede compensarse con inyecciones o parches dérmicos de esta hormona.

Pronóstico

La exposición al VIH no siempre causa la infección y algunas personas que han tenido exposiciones repetidas durante muchos años no han resultado infectadas. Además, muchas personas infectadas por el VIH se mantienen sanas durante más de una década. Una pequeña proporción de infectados por el VIH se han mantenido sanos durante 20 años sin tratamiento. No se sabe aún con certeza por qué algunas personas enferman antes que otras, pero ciertos factores genéticos parecen influir tanto en la vulnerabilidad a la infección como en la progresión de esta hacia el sida.

Si las personas infectadas no reciben tratamiento, la mayoría desarrollan sida, como se muestra a continuación:

  • En los primeros años tras la infección: del 1 al 2% cada año

  • A partir de entonces y anualmente: 5%

  • Entre los 10 y 11 años: 50%

  • A largo plazo: más del 95%, y posiblemente todos si viven lo bastante

Sin embargo, con un tratamiento eficaz, el nivel de ARN del VIH disminuye a niveles indetectables, los recuentos de CD4 aumentan de forma espectacular y la persona puede seguir llevando una vida activa y productiva. El riesgo de enfermedad y muerte disminuye pero sigue siendo superior al de las personas de la misma edad que no están infectadas con el VIH. Sin embargo, si la persona no puede tolerar o tomar fármacos regularmente, la infección por VIH y la deficiencia inmunitaria progresan, causando síntomas graves y complicaciones.

Por lo general, la infección por el VIH no causa directamente la muerte. En cambio, conduce a una pérdida sustancial de peso (consunción por sida), infecciones oportunistas, cánceres y otros trastornos, los cuales conducen a la muerte.

Se ha considerado que la curación es imposible, aunque continúa realizándose intensa investigación acerca de cómo eliminar todo el VIH latente en las personas infectadas.

Situaciones terminales

Dado que la muerte rara vez ocurre repentinamente en personas con sida, los afectados suelen tener tiempo para planificar el tipo de cuidados que desean si su salud empeora. Sin embargo, es conveniente registrar con tiempo este tipo de planes en un documento legal, que debe incluir instrucciones claras sobre el tipo de cuidados que se desean (ver Voluntades anticipadas). También se deben preparar otros documentos legales, como poderes y testamentos. Estos documentos son particularmente importantes en el caso de hombres homosexuales, ya que pueden desear proteger los bienes y derechos (incluyendo las visitas y la toma de decisiones) de sus parejas.

Cuando se acercan al final de la vida, muchas personas sufren dolor y otros síntomas molestos (como agitación) y por lo general pierden el apetito. Los centros de cuidados paliativos (ver Cuidados paliativos) están especialmente equipados para hacer frente a este tipo de problemas. Pueden proporcionar apoyo y atención integral, que se centra en el control de los síntomas, la ayuda a las personas moribundas para mantener su independencia y el apoyo a sus cuidadores.

Más información

Recursos en este artículo

* Esta es la versión para el público general. *