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* Esta es la versión para el público general. *

Las preocupaciones legales y éticas al final de la vida

Por Elizabeth L. Cobbs, MD, George Washington University;Washington DC Veterans Administration Medical Center ; Karen Blackstone, MD, George Washington University;Washington DC Veterans Administration Medical Center ; Joanne Lynn, MD, MA, MS

  • Las voluntades anticipadas indican a los familiares y a los profesionales de la salud las decisiones de la persona sobre la atención médica que desea recibir en caso de que no esté en condiciones de tomarlas.

  • En algunos países una ley específica autoriza a los ciudadanos enfermos en fase terminal a poner fin a su vida mediante la autoadministración voluntaria de un fármaco mortal prescrito por un médico para este fin. Este es el caso, por ejemplo, del estado de Oregón (EE.UU.), donde tiene vigencia una ley del derecho a morir dignamente.

Voluntades anticipadas

Las personas en fase terminal pueden dar instrucciones por escrito llamadas voluntades o instrucciones anticipadas (ver Voluntades anticipadas) sobre el tipo de atención que desean y no desean recibir en el momento de la muerte. Las voluntades anticipadas son acuerdos legales por escrito que deberán ser respetados en el futuro cuando la persona ya no pueda manifestar su voluntad. Por ejemplo, las voluntades anticipadas pueden prohibir la reanimación (las acciones para reanimar a una persona cuyo corazón ha dejado de latir) o la alimentación por sonda, si así lo estipula la persona. Las voluntades anticipadas pueden adoptar la forma de un testamento vital donde se expresen las preferencias sobre la atención médica, o un poder legal permanente para asuntos médicos, por el cual la persona en cuestión designa a un representante legal para que tome las decisiones sobre su atención médica, o ambas cosas.

Las personas a punto de morir deben disponer del documento de Órdenes Médicas para el Tratamiento de Soporte vital (POLST en Estados Unidos, ver Órdenes médicas para el tratamiento de soporte vital (POLST en EE.UU.)). En estos documentos se anotan las órdenes del médico que reflejan las preferencias del afectado respecto a la atención médica (sobre todo si se desea recibir dicha atención o no). Estos documentos se guardan en la historia clínica de la persona y en su domicilio y se utilizan para informar al personal médico de emergencia sobre cuáles son las preferencias de la persona moribunda. Por ejemplo, estos documentos pueden contener las indicaciones del médico en cuanto a si la persona moribunda debe recibir reanimación cardiorrespiratoria (RCR, ver Tratamiento de primeros auxilios y ver Reanimación), si debe ser llevada a un hospital o si debe recibir tratamientos agresivos (como transfusiones de sangre o quimioterapia) para aliviar los síntomas, incluso si la muerte es inevitable. De acuerdo con lo que establezca la legislación en cada país, para programar una atención médica que se ajuste a las preferencias del afectado se tienen en cuenta los acuerdos (menos formales) a los que llegaron la persona y sus familiares y el equipo médico durante la planificación anticipada de la atención terminal.

Suicidio

Aunque son realmente muy pocas las personas que realizan alguna acción para quitarse la vida, muchos enfermos en fase terminal piensan alguna vez en esta posibilidad, más aún desde que ha adquirido relevancia el debate público sobre el suicidio asistido médicamente. Comentar con el médico la idea del suicidio contribuye a exteriorizar este tipo de cuestiones y a menudo permite aliviar o corregir ciertos problemas que llevan a pensar en el suicidio. El médico puede aplicar un tratamiento más eficaz contra el dolor, la depresión y otros síntomas preocupantes. Otros miembros del equipo terapéutico, por ejemplo un sacerdote o un miembro de una confesión religiosa, pueden tranquilizar al afectado y a su familia explicándoles que se les comprende y ayudándoles a encontrar un sentido a lo que está ocurriendo. Sin embargo, algunas personas optan por el suicidio para aliviar una situación intolerable o para tener el control de cuándo y cómo desean morir. La mayoría de las personas consideran que tienen las capacidades necesarias para rechazar tratamientos que puedan prolongar su vida, incluidas la alimentación mediante sonda y la ventilación asistida. La decisión de renunciar al tratamiento de soporte vital, renunciar a la administración de alimentos y líquidos cuando se está a punto de morir o renunciar a la toma de múltiples medicamentos o grandes dosis de estos para aliviar los síntomas no se considera suicidio.

La Ley de Muerte Digna fue aprobada en Oregon en 1997. En este Estado de los EE.UU. esta ley ha legitimado la prescripción de una combinación de fármacos que podrán tomar los enfermos terminales capacitados (una figura con una definición legal específica) cuando decidan morir. Esta misma legislación incluye algunas medidas para prevenir los posibles abusos:

  • Un periodo de espera obligatorio

  • Asesoramiento

  • Una segunda opinión médica

Desde 1997, tres Estados más, Washington, Vermont y Montana, han aprobado leyes similares. En otros Estados se están considerando leyes similares.

* Esta es la versión para el público general. *